Capítulo 8: Visitas
Edward dio tres vueltas más en la cama antes de dirigir la mirada al reloj. Faltaban quince minutos para las once de la mañana. Había pasado una noche horrenda, una especie de alternancia entre desvelo y pesadillas, así que agradeció que fuera domingo, su único día libre en la semana. Juntó fuerzas y se levantó de un salto, sabiendo que no evitaría de otra forma permanecer unas dos horas más acostado, devoró un panecillo para apaciguar un poco el hambre antes del almuerzo y salió a la calle.
En casa de Hughes lo esperaban al medio día, así que para no llegar tan temprano decidió matar el tiempo sentándose un rato en el parque. Suspiró, somnoliento, mientras se acomodaba el cabello aún alborotado. Era una mañana bastante calurosa, y el cielo despejado parecía predecir que la tarde sería menos soportable todavía. A unos cuantos metros suyo, una mujer joven acompañaba dos niños pequeños, quienes importándoles poco las altas temperaturas, corrían divertidos tras una pelota. Sus cabellos eran de un color castaño oscuro, ondulados y brillantes, al igual que los de su madre, y por sus grandes semejanzas familiares y sus risas claras y contagiosas, parecían más bien salidos de un alegre cuento infantil, de esos que inventan los padres a sus hijos antes de dormir. Se les quedó mirando, embobado, y sin saber exactamente por qué, tuvo ganas de llorar. "Lo siento, Al, lo siento" susurró para sí, contemplándose las manos, sucias, embarradas. Se sintió diminuto e inútil bajo el sol ardiente. Imbécil.
—¿Edward?
Gracia estaba de pie frente suyo, llevando una bolsa del mercado en sus brazos.
—¿Qué haces¡Te calcinarás si te quedas más tiempo aquí sentado!
Edward fingió una sonrisa lo mejor que pudo.
—Ah... es que salí temprano de casa y no quería ir antes de la hora que Hughes me había dicho. Aunque ahora que me doy cuenta, creo que se me hizo algo tarde.
—No hay problema—le dijo la mujer, risueña.—La comida aún no está lista, pero al menos dentro de la casa estará más fresco. Ven.
Caminaron unas cuantas cuadras hablando nimiedades, hasta llegar a la residencia de los Hughes. Allí, Maes se entretenía ayudando a su hija a armar un rompecabezas. Gracia pretendió enfadarse con él por no haber vigilado la comida como le había pedido.
—Lo siento, supongo que me distraje—se disculpó, rascándose la nuca.—¿Cómo estas, chico?
—Disfrutando de mi feriado—respondió en tono cansino mientras se sentaba en uno de los sillones.
—Ese asunto de la pandilla te tiene de los pelos¿verdad?—le preguntó, tomando asiento a su lado.
Gracia les sirvió algo fresco de tomar y luego se dirigió a la cocina, seguida por Elysia.
—Ya se nos escaparon tres veces, y no tenemos ni un solo dato acerca de su paradero. Más bien parece una pandilla de espectros. Al menos, la última vez creo que logramos que no se salieran con la suya, aunque fue raro.
—¿A qué te refieres?
—Bueno... de la nada nos avisaron que algunos de los tipos que buscábamos aparecerían en los alrededores del Laboratorio 5, un sitio que era utilizado hace muchos años para investigaciones del Ejército, pero ahora está abandonado. Lo extraño fue que nos dieron órdenes explícitas de que no entráramos al Laboratorio, sino que los esperásemos afuera. Y bueno, nos dirigimos allí en el automóvil de Havoc, y apenas nos dividimos para buscarlos por los alrededores, los encontramos. Huyeron enseguida. Entonces llegó ese tal... Basque Gran creo que se llama, y se nos ordenó retirarnos de inmediato. La verdad no entiendo para qué nos encargan investigar acerca de esto y luego pretenden ocultarnos todo. Roy parecía un poco alterado también.
Hughes lo escuchaba con atención, asintiendo con la cabeza de vez en cuando, y al terminar, se encogió de hombros.
—Entiendo...—se volteó en dirección a la cocina para asegurarse que su esposa aún estuviera allí, y luego dijo:—Hay algo muy sospechoso en todo este asunto. Creo que es más grave de lo que parece. El Departamento de Investigaciones también se está encargando.
—¿Tu departamento? Creí que querían involucrar a la menor cantidad de gente posible.
—Bueno—carraspeó.—Me expresé mal. En realidad yo lo estoy investigando un poco por mi cuenta. Ayer descubrí una extraña llamada no identificada que se recibió en la oficina del Fürer minutos antes que los enviaran a ustedes.
—No sabía que tuvieses acceso a semejante información—se sorprendió Edward.
—Shh—Hughes bajó la voz.—No se supone que la tenga. Pero créeme cuando te digo que algo me huele mal, y no es cualquier tontería.
Iban a continuar hablando, pero Gracia se acercó con el almuerzo y ambos supieron que era hora de callar. Mientras comían, Edward sonreía en silencio, escuchando a su amigo relatar las nuevas cosas que había aprendido Elysia. Éste aseguraba que era una niñita muy inteligente en comparación a los de su edad.
—¿Y tú qué nos cuentas, Ed?—le preguntó Gracia en un momento.—Te ves bastante cansado.
Le contó entonces que las cosas con el Fénix de Plata no estaban yendo del todo bien. Sentía muchas ganas de confesarles que su mayor preocupación tenía que ver con que había descubierto que uno de los integrantes de la pandilla que debía detener se veía y oía igual a su hermano pequeño, y que ese asunto le estaba carcomiendo los sesos, aunque prefirió guardárselo. Suponía que ellos serían oyentes más comprensivos de lo que había sido Roy, pero había decidido no compartir aquello con nadie más, pues luego de meditarlo por varios días había llegado a aceptar la posibilidad de que sólo se tratase de una pasada cruel que le estaba jugando la mente a causa del estrés sufrido esos días.
—¿Hace cuánto que no visitas tu pueblo? Quizás te haría bien distenderte un poco. Deberías pedirle a Roy que te conceda algunos días libres cuando las cosas se calmen un poco.
—Bueno...—respondió, revolviéndose en su asiento.—A decir verdad, hace más de un año que no voy. No me trae buenos recuerdos ir a Rizembul.
—Oh, entiendo. Igual creo que deberías tomarte unas vacaciones. Eres joven, podrías conocer a alguna chica bonita.
—No, gracias—refunfuñó.—No necesito más problemas.
Hughes rió.
—Bueno, vives quejándote de la actitud de Roy, pero tú tampoco te quedas atrás.
Edward permaneció pensativo unos instantes, mientras contemplaba cómo algunas migas del pastel que acababan de comer se volaban a causa de la potencia del ventilador. Hubiese gustado quedarse un rato más, pero sabía que era el único día en que Hughes podía disfrutar en familia, así que tomó sus cosas y saludó a todos. Gracia le dijo que podía volver cuando quisiese.
Una vez en su casa, buscó un bloc de hojas y una pluma, y se sentó frente al escritorio. La temperatura no había descendido un solo grado, así que abrió la ventana y encendió un pequeño ventilador de pie y se acomodó, tronándose los dedos. Sobre el primer renglón de una de las hojas escribió lentamente un nombre: Winry.
Luego se detuvo, manteniendo la punta de la pluma aún sobre la última letra escrita. Levantó la vista y miró hacia la calle, preguntándose qué diría su vieja amiga de la infancia al recibir una carta suya después de tanto tiempo sin noticias. Sonrió con nostalgia cuando un agradable recuerdo de la época en que jugaban juntos, Alphonse, Winry y él en el jardín de su casa, le vino a la memoria. Su sonrisa se borró casi al instante.
Bruscamente, se puso de pie, arrugó el papel y lo arrojó a la basura.
Continuará...
Oh, bueno. Parece que a muchos no les convenció la idea del Codiciax"Alphonse". ¡Pero qué poca tolerancia a las cosas nuevas! Igual está bien, no será el único lemon ni la única pareja... aunque a mí personalmente me encanta xD
Gracias por los reviews, nos leemos en el próximo capítulo.
¡Saludos!
