Dedicado a Zaratustra y a Daia Black por dar tanto la plasta con el lemon de Sirius y Remus. ¡Pesadas! xD Ala, disfrutad del chap.
SIN CONTROL
Capítulo 8
Habían pasado dos meses. Harry y Draco apenas se veían, el rubio se pasaba la mayoría del día con Luca, con el que vivía y del que había hablado a Harry cuando el médico había salido de la habitación del hospital, después de que le dieran el alta.
Harry se había molestado mucho al saber que Draco tenía pareja, y desde entonces no le había llamado ni había ido a verle, no se sentía con ánimos para hacerlo. Se había sentido profundamente traicionado, y lo que más le molestaba era que no sabía por qué. Sólo sabía que Draco se había acostado con él teniendo pareja pero… ¿por qué lo había hecho¿Por qué se había ido a la cama con él si amaba tantísimo a Luca?
Se dejó caer en la cama, aún vestido, y cerró los ojos dispuesto a dormirse.
Intentaba que su vida continuase igual que siempre. Pero no podía hacerlo. Cada día en el trabajo todo transcurría normal, pero al llegar a casa volvía a la rutina. Bebía durante horas y luego dormía sin descanso, intentando huir de las pesadillas que le acechaban durante el día.
Llamaron al timbre y se levantó, molesto. Se acercó a la puerta y abrió sin comprobar quién era. Simplemente le diría que se largase, que quería estar solo. Pero no esperaba que quien llamaba tan insistentemente fuera Draco, un Draco envuelto en lágrimas.
.-¿Qué te ocurre? –preguntó preocupado. Suerte que ese día había llegado cansado y sin ánimos de ponerse a beber, si no nada hubiera salido bien. Habría golpeado al rubio por dejarle tanto tiempo fuera de su vida y le habría echado de su casa sin pensar en las consecuencias.
.-Vamos, Rem… -instó Sirius, tomando a su pareja de la cintura-. Ven conmigo a esa fiesta… porfa…
.-No, Sirius, no tengo ganas –se pegó aún más al cuerpo de su amante y, después de regalarle un húmedo beso, susurró-. ¿Por qué no te quedas en casa conmigo? Seguro que te lo pasas mejor que en esa estúpida fiesta…
Y le besó, con pasión, con lujuria, intentando atraerle a su terreno. Finalmente lo consiguió. Sirius le devolvió el beso ansiosamente, uniendo sus caderas una y otra vez, en un movimiento desesperado.
Fueron avanzando de espaldas, a trompicones, hasta que llegaron al sofá del salón.
Remus fue tumbado de espaldas en él y, apenas segundos después, sin ni siquiera tiempo para echar de menos a su pareja, Sirius se tumbó sobre él, regalándole la dulce sensación de su cuerpo musculoso contra el suyo.
Nada más que sus cuerpos entraron en contacto comenzaron a besarse con desesperación, sintiendo que el mundo se acabaría si ellos lo querían así. Sus lenguas se enredaban con locura, peleándose entre ellas por el control de la boca de su rival. Sirius ganó el primer asalto, pero apenas se separaron y tomaron el mínimo de aire Remus exigió la revancha, perdiendo de nuevo. Entonces el moreno rió, y fue castigado con un señor mordisco en la base de su cuello que le hizo aullar como un lobo en celo.
Ahí fue cuando la locura comenzó; Sirius juró que se vengaría de su pareja y, demostrándole lo que haría, comenzó a bajar por su cuerpo en una caricia rápida de besos, lametones y mordiscos que terminaron en la base del pene del castaño. Entonces Sirius succionó los testículos de su amante haciéndole gemir y alzó la cabeza mostrando una sonrisita triunfante.
.–¿Preparado para tu castigo, Moony? –preguntó con una sonrisa predadora. El castaño gimió, esa sonrisa no auguraba nada bueno. Al contrario, auguraba un buen rato de sufrimiento sexual para él–. Vas a pasar un rato inolvidable.
El hombre no dijo nada, simplemente cerró los ojos esperando la avalancha de risas por parte de su amante, avalancha que no tardó mucho en llegar.
.–Tranquilo, Moony, ni que fuera a matarte –le dijo riendo. El castaño le miró desconfiado.
.–Ah¿pero es que no vas a hacerlo? –preguntó temeroso. El hombre sobre él rió con fuerza.
.–Técnicamente sí, pero de placer –dijo comenzando a besar el cuello de su novio, que gimió al sentir la punta de la lengua de Sirius deslizándose por la tan sensible piel del lugar.
Poco a poco los besos fueron descendiendo hasta llegar al pecho, donde succionaron los pezones del de ojos miel, que deliraba del más puro placer al sentir a su amante estimulándole de ese modo.
Las manos de Remus viajaban entre el cabello de Sirius, acariciándolo y tironeando de los mechones cuando el placer era superior a él. Las succiones dejaban que su piel ardiera incontrolablemente, haciéndole sentir increíblemente excitado. Su erección hacía rato que había despertado, y cuando Sirius hundió la lengua en su ombligo la sintió dar una punzada y empezar a doler como nunca había dolido antes.
.–Hazlo ya, Sirius… –suplicó, y el moreno no se vio capaz a contenerse mucho más, pero aun así no hizo lo que su amante le pedía, sino que continuó bajando, llegando hasta su dureza y hundiéndola en su boca, sintiendo que su amante se retorcía bajo él como nunca lo había hecho antes. Succionó suavemente, haciendo gemir a su pareja por las increíbles sensaciones que despertaba en su interior al hundir en su boca el miembro hinchado y ansioso de su pareja.
Pero no fue mucho lo que tardó en desesperarse él mismo.
Apenas cinco minutos más tarde, al sentir como su amante contraía sus músculos, a punto de derramarse decidió que tenía que unirse al placer. Cogió un preservativo de los que siempre llevaba en el pantalón y se lo dio a su novio para que se lo pusiera. Apenas unos segundos después, sin siquiera hacer una pausa para controlar sus respiraciones agitadas, ambos se movían a un compás enloquecedor.
Las piernas de Remus estaban sobre los hombros de Sirius mientras las manos del moreno las sujetaban para que no se movieran de su lugar. Los brazos de Remus rodeando el cuello de su amante y sus lenguas enredándose con locura, sintiendo como todo a su alrededor desaparecía para quedar solo ellos dos, besándose, amándose como locos.
Sirius fue el primero en terminar, soltando un estruendoso gemido que sonó sospechosamente como el nombre de su amado. Remus terminó después, dejando que sus piernas se deslizaran por los hombros de Sirius al tiempo que todo el aire que había retenido en sus pulmones se deslizaba de su boca.
El moreno apoyó la cabeza en el pálido pecho de Remus y, después de depositar un beso en él, susurró:
.-Te quiero…
Recibió por contestación las mismas palabras y luego ambos se quedaron dormidos, muertos de cansancio.
El rubio le miró y, sin poder contenerse, se lanzó sobre él. Sollozaba sin control, y murmuraba frases entrecortadas que Harry no llegaba a entender.
.-¿Qué te pasa, Draco? –preguntó el moreno cada vez más preocupado, abrazándole con dulzura.
.-Harry… yo… mi padre… –el rubio no sabía cómo decirlo, las palabras le salían entrecortadas por los sollozos. Se dio cuenta de que poco a poco estaba siendo conducido, por Harry, hasta el salón del apartamento, y minutos después estaba sentado junto a su amigo, siendo abrazado por él y llorando en su hombro-. Te necesito, Harry.
El aludido le abrazó más fuerte, estrechándole entre sus brazos y besándole el pelo, intentando calmarle con sus suaves caricias.
Draco no dejaba de llorar, y cuando, media hora más tarde, Harry lo tomó entre sus brazos y lo llevó a su habitación, él se agarró a su cuello, gimiendo palabras sin sentido que Harry entendía apenas sin esfuerzo. Fue tumbado sobre la gran cama del moreno y, cuando éste intentó soltarse de su agarre, Draco lo abrazó más fuerte, haciendo que cayera sobre él.
.-No me dejes solo… –murmuró con voz rota, y Harry asintió. Se tendió junto a él y le instó a colocar la cabeza sobre su pecho, acariciando sus hebras platinadas con dulzura.
.-Tranquilo, pequeño, no te dejaré –susurró Harry, besando una vez más el cabello de Draco y estrechándole entre sus brazos.
Durante un rato estuvieron en silencio, Harry enredando sus dedos en las hebras rubias y Draco acariciando el pecho sobre el que se apoyaba, por encima de la camiseta de manga corta que Harry vestía. Luego de unos minutos, Draco rompió el silencio.
.-Hazme el amor, Harry…
El moreno se quedó mudo, pero luego asimiló las palabras de su amigo y se removió en la cama, nervioso.
.-Yo… Draco… –no pudo decir más, su voz le había abandonado y, por lo visto, no tenía pensado volver.
El rubio pareció no haberle escuchado, subió su cabeza hasta rozar sus labios y lo besó con cuidado, tanteando el terreno. Al ver que Harry no hacía nada, lamió suavemente sus labios, intentando que su amigo le diese permiso para besarlo más profundamente. Finalmente la boca se abrió sumisa y él dejó entrar a su lengua, juguetona, aunque sin recibir aún ninguna respuesta.
Harry estaba bloqueado, parecía que su cuerpo se negaba a obedecer las órdenes que le enviaba su cerebro, aunque finalmente tuvo que hacerlo.
Con movimientos suaves se separó de su amigo y le miró suplicante, con sus verdes ojitos brillantes.
.-Draco no… por favor… ya te hice daño la última vez… Por Dios… no me hagas repetirlo… –suplicó cerrando fuertemente los ojos.
.-No tienes por qué hacerme daño… ahora ya sabes como es… solo hazme tuyo… –y le besó de nuevo, con más ternura que antes, intentando liberarle de todos sus miedos.
Y Harry no se resistió más, le contestó al beso, con timidez, tomando la delegada cintura de su amante entre sus manos, acariciándola suavemente con las yemas de sus dedos.
Draco había enredado sus manos en el cabello de Harry, tironeando suavemente de los negros mechones, mientras las dos lenguas se unían en una batalla sin fin.
Las manos de Harry viajaron, con timidez, hasta el trasero de Draco, y lo apretaron entre ellas; su lengua acarició la de su compañero con más pasión, y la contraria respondió con ardor, entrelazándose la una con la otra en una danza de locura.
Fue entonces cuando Harry sintió las manos de Draco en el borde inferior de su camiseta, y luego el tacto de sus palmas por su vientre y por su pecho. Tuvo que alzar los brazos para que su amigo pudiese desnudarle con facilidad.
Él también llevó sus manos hacia los primeros botones de la camisa de Draco, y los desabrochó con calma, sin dejar de besarle.
Continuaron desnudándose y, solo cuando se sintieron completamente libres, se permitieron observarse. Draco se sentó a horcajadas sobre Harry y le miró, con los ojos llenos de un amor que no dejaría escapar y de un deseo demasiado fuerte para ser contenido. A la vez, los ojos del moreno le observaron, con lujuria, con cariño. Entonces, el rubio se inclinó hacia delante y Harry le besó con ansia, recorriendo cada centímetro de su piel pálida con sus manos.
Y rodaron por la cama hasta que Draco quedó bajo el cuerpo de su amante, y entonces se besaron con más desespero aún, arrastrando las manos sudorosas por el cuerpo de su compañero. Las manos de Harry se detuvieron en las piernas de Draco, y le instó a colocarlas sobre sus hombros, mientras él, con poca experiencia aún, besaba y lamía sus pezones erectos.
Harry había leído sobre eso —después de la primera vez— y más o menos sabía lo que tenía que hacer. Lo primero era lubricarle y prepararle, si no era con lubricante, con saliva, así que se dispuso a hacerlo.
Continuó besando y lamiendo el cuerpo de su amante, en caricias descendentes, hasta llegar a la cumbre de su excitación, que hundió en su boca como si del más delicioso dulce se tratase, mientras Draco se deshacía en suspiros y gemiditos torturados.
.-Te necesito, Harry… ahora… aquí… –susurró, tocando levemente su entrada y gimiendo con fuerza.
El moreno colocó dos de sus dedos entre los labios del rubio y éste los lamió y succionó con fruición, cuando Harry los notó lo suficientemente húmedos le penetró con ellos. Draco se retorció levemente y gimió, ansiando algo más profundo.
Pero Harry decidió torturarle un poco más. Movió sus dedos en círculos, y luego comenzó a meterlos y sacarlos suavemente, procurando que tocaran la próstata de su amante en cada entrada, haciéndole gemir sin control.
Entonces Draco le tomó del cuello con fuerza y le atrajo hacia él para besarle, encendiendo como nunca el deseo del hombre moreno, que sacó los dedos de su interior y le penetró, con mucho cuidado de no dañarle. Tanto que hasta que Draco no rodeó su cintura con las piernas e hizo que sus caderas chocasen con fuerza, no le llenó por completo.
Y comenzó la cadencia absoluta, un ir y venir de cuerpos entrelazados enloquecedor, que les robaba la cordura. Al principio, poco a poco, cada vez más rápido y fuerte, y luego la mano de Harry se desplazó entre ambos cuerpos hasta encontrar la excitación de su amante y envolverla con ella.
Comenzó a moverse más rápidamente, acompasando los movimientos de su mano con los de sus caderas.
Y, finalmente, ambos terminaron, y se descargaron juntos. Harry en el interior de Draco, y éste entre sus vientres. Y, antes de que Harry saliese de él, dijo:
.-Te quiero… –y se durmió. Estaba tan agotado que no le había dado tiempo ni siquiera a reponerse de su orgasmo. Había sido un día demasiado ajetreado para él. Harry quedó impactado, pero aun así salió de su interior, se tumbó a su lado y le abrazó. Al menos esa noche le tendría para él sólo.
Cuando despertó a la mañana siguiente estaba solo. Sabía lo que había dicho la noche anterior, y quiso morir por ello. ¿Por qué diablos había tenido que confesarlo¿Por qué? Harry no volvería a acercarse a él, y sabía que tenía motivos. ¿Desde cuando tu mejor amigo se te declara? Desde nunca. Y Draco sabía que tampoco debería haber ocurrido. Dios. Se quiso dar mil patadas por estúpido. Se había dejado llevar por el cariño del momento y ahora… se arrepentía profundamente. Harry se enfadaría con él y no volvería a hablarle, estaba seguro de eso. Y se odiaba por ello.
Apartó las sábanas de la cama para levantarse pero, cuando la puerta de la habitación se abrió despacio, se volvió a cubrir. La única persona que podía haber allí era Harry y, aunque no sabía por qué, le daba vergüenza que le viera desnudo.
El moreno entró en la habitación con una bandeja en las manos y, al verle despierto, sonrió. Había decidido pasar por alto la confesión de la noche anterior. Lo más probable era que Draco no se acordase de nada, y él no quería recordárselo. Estaba seguro de que su amigo había estado confundido y no era su intención confundirlo más aún.
Se acercó a la cama y se sentó a los pies de ésta, colocando la bandeja sobre su regazo y mirándola ausentemente, sin saber aún qué decir.
Finalmente alzó el rostro y fijó sus ojos esmeralda en los grises de su amigo y amante, que le observaban extrañados y algo asustados. Harry se preguntó por qué. Le sonrió tímidamente y señaló con un dedo la bandeja.
.–Te traje el desayuno –dijo con voz aguda, parecía nervioso–. Estabas dormido y… yo… pues…
.–Gracias, Harry –le cortó, dándole a entender que no hacía falta que le diera explicaciones–, pero creo que será mejor que me vaya –añadió en un tono más bajo, levantándose y arrastrando consigo una sábana que le tapase las caderas.
Harry se levantó también y le tomó del brazo suavemente, procurando no hacerle ningún daño.
.–No… –susurró.
Hola! Espero que os haya gustado, aunque es un poco… cómo decirlo? Deprimente? Jajaja xD Bueno, quejas o reclamaciones abajo. Muchos besos a todos!
Contestación a los reviews:
SaRuKoUcHiHa: Me alegra que te guste, de verdad. Y capítulos no sé, aún no está terminado, así que habrá que esperar para decirlo ;) Muchas gracias por tu rr! Bikos!
·PaddyPau·
Miembro de muchas órdenes
