SIN CONTROL
Capítulo 9.–No… –repitió.
.–No ¿qué, Harry? No ¿qué? –preguntó molesto, soltándose bruscamente del agarre. Luego se metió en el cuarto de baño deprisa, con su ropa en brazos.
Cuando, cinco minutos después, salió de nuevo, esta vez vestido, Harry se encontraba aún en el medio de la habitación, en la misma posición en que él le había dejado, con ojitos tristes y corazón roto. Haciéndole caso omiso, aunque se le rompiera el alma, se dirigió a la puerta y, cuando había sujetado el pomo y estaba a punto de salir, escuchó la voz de su amigo.
.–No te vayas, Draco, por favor. No quiero que te vayas –suplicó triste.
.–¿Y para qué quieres que me quede, Harry¿Para volver a acostarte conmigo y luego no decirme lo que sientes¿Para eso quieres que me quede? –repuso el rubio, resentido.
.–No, no quiero eso. Quiero que te quedes porque eres mi amigo, mi mejor amigo. No quiero perderte – dijo Harry. Los ojos llorosos, el alma encogida. El corazón roto.
.–¿Amigos¿Eso somos¿Asquerosos amigos? No, no solo somos amigos. Los amigos no follan, Harry. ¿Y entonces¿Qué somos¿Qué es lo que soy cuando dejo que me folles¿Soy tu amigo¿O tu puta? Sí, yo creo que eso es lo que soy. Tu puta –hizo una pausa en la que miró a su amigo con ojos fríos y duros–. Pues ¿sabes qué? Que tu puta ya se cansó de ti. Ya no volverás a verme, quédate tranquilo.
Y salió de la habitación. Cinco minutos después ya montaba en el coche, en dirección a la casa de su madre, donde seguramente ella se encontraba.
Harry corrió detrás de él hasta la puerta del apartamento pero, cuando ésta se cerró en sus narices, se dejó caer hasta quedar arrodillado frente a ella, llorando. Entonces, lo único que pudo decir fue:
.–¡Draco, vuelve! –pero Draco no volvió.
Abrió la puerta y entró llamando a su madre. ¿Cómo podía ser tan gilipollas? Por estar con Harry se había olvidado por completo del lamentable estado de su padre, y Narcisa debía estar destrozada.
.–¡Mamá! –exclamó al entrar en el estudio. Su madre estaba sentada tras el escritorio de Lucius y, sobre éste, había colocado un álbum de fotos, el cual observaba como si fuese su posesión más valiosa. Pequeñas e imperceptibles lágrimas corrían por sus mejillas, y los temblores de su cuerpo eran bastante visibles. Se acercó a ella y, rodeando el escritorio, la abrazó por detrás–. Mamá… –susurró ésta vez.
La rubia mujer se giró apenas para depositar un amoroso beso en la mejilla de su hijo, y luego continuó observando las fotos que tan celosamente había guardado durante el transcurso de sus vidas.
.–El médico dice que será difícil que salga de ésta. Está en coma –dijo la mujer entre lágrimas.
.–¿Se lo han llevado al hospital? –preguntó Draco. Sabía que su madre odiaba que la separasen de Lucius, y mucho más si se lo llevaban al hospital.
.–No, está aquí, en casa. En la habitación en que estuvo tu hermana antes de morir –contestó Narcisa, sus ojos vidriosos ante el recuerdo de su difunta hija. La habitación en concreto parecía de hospital. Lucius había mandado instalar todo tipo de máquinas, todo por su pequeña y dulce princesita. Pero la niña no había sobrevivido a la enfermedad —más concretamente Meningitis—, había sido imposible. Y Draco, que por ese entonces contaba con 13 años de edad, lo había pasado realmente mal.
.–¿Y papá ha permitido que le pusieran en la habitación de Norah? –preguntó el rubio, mezcla en su voz de molestia y sorpresa.
.–Cuando le trajeron estaba inconsciente, ha recibido dos disparos cerca del corazón, Draco. No tiene fuerzas ni para abrir los ojos, mucho menos para quejarse –suspiró la rubia mujer. El rubio la abrazó más fuerte y señaló las fotos.
.–¿Recuerdas cuando hicimos esa foto? –preguntó sonriente. Narcisa sintió llorosa–. Norah cumplió cinco años¿te acuerdas?
.–¿Cómo olvidarlo? Era maravilloso veros juntos, os queríais tanto…
.–Aún la quiero, mamá, nunca dejaré de quererla –una lágrima del rubio cayó sobre el hombro desnudo de su madre, que vestía un camisón con finos tirantes.
En la foto salían Norah y Draco, abrazados fuertemente. Ambos sonreían, felices de estar juntos. Draco nunca olvidaría ese día. Habían estado jugando toda la tarde, revolcándose por el suelo. Ese era el motivo de que tuvieran el pelo revuelto y la ropa llena de hierba y tierra. Pero aun así estaban tan contentos… Aquellos revolcones les costaron una buena reprimenda de la criada, que había tenido que lavar las ropas a mano, y luego de su madre, que se había tirado una hora bañándoles, ya que encima habían querido bañarse juntos. Aun así Narcisa tuvo que reconocer que se había reído mucho viéndoles jugar tan contentos.
La mujer no pudo evitar recordar el día que Norah murió. Nunca había visto a Lucius derrumbarse, hasta ese día.
'Habían sido avisados de que la pequeña niña convulsionaba horrorosamente en su cama.
Lucius acababa de salir de la casa, pero entró inmediatamente nada más escuchar el grito de la criada.
Su esposa jamás le había visto tan desesperado. Corría escaleras arriba en dirección a la habitación que había habilitado para su pequeña, su princesa. Había tropezado varias veces en la escalera, pero ningún obstáculo le impediría llegar hasta su hija. Abrió la puerta de par en par y la vio, siendo sujetada por los brazos de un asustado Draco de 13 años. Incluso Narcisa había sentido, en ese momento, el dolor y la desesperación de su marido, tan grandes y desesperados que atravesaban lo terrenal.
Rápidamente, Lucius se acercó a su hija y, quitando con prisa todos los cables que la conectaban a las máquinas, la cogió en brazos y salió corriendo con ella. Estaba helada. Llegaron al jardín y, cuando Lucius se detuvo, la niña solo pudo decir una palabra antes de quedar completamente inerte.
.–Pa–pi… –luego murió. Sus preciosos ojos, antaño grises, se quedaron en blanco, y el cuerpo flexible de la pequeña niña se puso rígido.
Al principio Lucius no reaccionó. Se negaba vigorosamente a aceptarlo.
.–Norah… cariño, despierta… vamos princesa… muéstrale esa preciosa sonrisa a papá… venga, Norah… –susurraba desesperado.
Pero la niña no volvió a abrir los ojos y, al ser consciente de eso, a Lucius solo le quedaba una opción: dejar salir a su dolor en forma de lágrimas.
Se dejó caer al suelo, de rodillas, aún con su niña en brazos, y solo pudo hacer una cosa: Soltar un grito desgarrador, agónico, de tortura y dolor. De negación. Había perdido a Norah… su Norah… su pequeña princesita…
Solo entonces permitió que su mujer y su hijo, que habían estado con él en todo momento, se acercaran. Lloró con ellos sobre el pequeño cuerpo y luego depositó suaves besos, húmedos por las lágrimas, en el pálido y congelado rostro de su hijita. Y supo que siempre la guardaría en su corazón.'
.–¿Puedo verle? –preguntó Draco suavemente al oído de su madre. Ella pareció no escucharle.
.–¿Sabes? Siempre he tenido el presentimiento, desde que Norah murió, de que tu padre quería ir con ella, y ahora sé que tenía razón. Habría podido evitar esos disparos¿entiendes? Habría podido y no lo hizo. La gente que lo vio ha dicho que cerró los ojos, extendió los brazos y dejó que las balas se incrustasen en su pecho –hizo una pausa en la que dejó escapar amargas lágrimas y algún que otro sollozo furtivo–. ¿Por qué lo hizo, Draco¿Por qué, si pudo evitar esos disparos, dejó que le alcanzaran¿Por qué? Yo amo a tu padre, hijo. Lo amo y no quiero que se vaya y me deje sola. ¿Por qué lo hizo, maldita sea?
Y entonces se desplomó. Dejó que las lágrimas corrieran libres mientras violentos sollozos sacudían su delgado cuerpo. Draco solo pudo abrazarla, algo torpemente, y acariciar su suave cabella rubio, calmándola. Y cuando finalmente se durmió, agotada, Draco la tomó en brazos y la subió a la habitación que había compartido durante veintiún años con su padre, acostándola luego en la cama.
Después de casi una hora, Harry aún seguía en la posición en que había quedado luego de que Draco se marchara.
Estaba destrozado. ¿Por qué Draco le había dicho esas cosas tan horribles¿De verdad se había cansado de él? Quiso morirse en ese momento. Draco no podía haberle abandonado, no para siempre.
Se levantó tambaleante y se dirigió al salón para servirse una copa. Después de esa llegó otra, y otra, y otra. Y acabó como casi todos los días en ese último mes. Sentado en el sofá, borracho como una cuba.
Entonces llamaron a la puerta. Se levantó con la ilusión de que fuera Draco, e imaginó que le pedía perdón y le abrazaba. Abrió la puerta ilusionado… para descubrir que era Sirius. Se dio la vuelta y volvió al salón tambaleándose por el alcohol ingerido.
.–¿Qué quieres? –preguntó con la voz pastosa, enfadado.
.–¿Tengo que querer algo para venir a ver a mi ahijado? –preguntó el adulto con el ceño fruncido. Siguió al chico hasta la sala y se sentó junto a él en el sofá. Fue entonces que se dio cuenta de lo que Harry había hecho–. Bebiste¿verdad?
.–Sí¿y qué? –preguntó el de ojos verdes, de nuevo bruscamente.
.–¿Qué pasó?
.–¿Tiene que haber pasado algo para que haya bebido? –preguntó, imitando la anterior cuestión de su padrino con burla.
Black cerró los ojos un momento y gruñó. Cuando volvió a mostrar sus orbes grises éstas tenían un brillo furibundo.
.–No sé qué coño te pasa últimamente, pero no te soporto –dijo con dureza–. Cuando estés dispuesto a comportarte como la persona civilizada que eras me llamas¿vale?
Y se levantó, dispuesto a largarse de allí cuanto antes. Sin embargo, no llegó a la puerta del salón. Harry se había levantado corriendo y ahora se hallaba arrodillado frente a él, tomándole la mano y envuelto en lágrimas.
.–Sirius… no te vayas… por favor… –suplicó.
.–Entonces cuéntame lo que te pasa –Harry bajó la cabeza, sus mejillas llenas de las gotas saladas. Sirius se agachó junto a él y le obligó a mirarle–. ¿Me lo contarás?
Un asentimiento y el adulto le ayudó a levantarse y le llevó al sofá. Cuando se sentaron le abrazó suavemente y le instó a que le contase lo que ocurría.
Y Harry le contó todo lo que había ocurrido con Draco desde que éste había vuelto de Italia. Le contó que se había acostado con él esa misma noche y que su amigo le odiaba. Pero no quiso contarle, no al menos de momento, lo que tanto le había costado aceptar: que estaba enamorado de él.
Abrió la puerta suavemente y se acercó al hombre que descansaba en la cama. Sentándose en la silla que había junto al lecho le observó. Tenía los ojos cerrados y su respiración era pausada, algo trabajosa, anunciando que no le quedaba mucho tiempo.
Acarició su cabello, tan rubio como el suyo propio, y sonrió tristemente. Sabía que lo dicho por su madre apenas minutos antes era verdad: su padre sólo quería irse con Norah, era lo único que había deseado durante once años, y ni Draco ni Narcisa podían impedírselo, aunque les doliera en el alma.
Y Draco no tenía deseos de hacerlo. Sabía que si lo intentase, la próxima vez sería aún peor, y no soportaría que su padre sufriera demasiado.
Se levantó e, inclinándose sobre Lucius, le besó suavemente en la frente y luego, en su oído, susurró:
.–Te quiero, papá…
Se alejó de él y se acercó al lugar donde estaban conectadas todas las máquinas. Levantando una tapa de vidrio pulsó el interruptor y, de inmediato, todos los aparatos se desconectaron. Todos, menos el electrocardiograma, que unos minutos después mostró una línea completamente recta y dejó escuchar un pitido constante, doloroso, terrible.
Draco no aguantó más, se dejó caer de rodillas junto a la cama y se abrazó al cuerpo laxo de su padre, llorando desconsoladamente. Le había dejado morir¿cómo había podido hacerlo¿De dónde había sacado el valor?
.–Lo siento, papá… –susurró, dolido y enfadado consigo mismo.
Entonces la puerta se abrió y Draco se abalanzó sobre la persona que había entrado, abrazándola con arrojo.
Hola! Os gustó? Aquí está el capítulo nueve ;D Espero que os haya gustado. Mil besazos!
Reviews? Los merezco?
Vamos con las contestaciones:
Wakatta: Ola! Va, tranquila por no haberlo leído antes, aun así lo hiciste, no? Jajajaja xD Tanto te gustó para que quieras llevarlo a casa? Me alegro, pero espero que te haya gustado más este último, que no veas cómo lloraba yo a la hora de escribirlo, jajaja xD Soy patética. Bueno, espero que te gustase este chap. y que actualices pronto Fidelio, que me muero de ganas de leerlo. Por cierto, sabes que yo tampoco tengo internet? Me llevo el fic corregido a un ciber y lo publico, es lo único que puedo hacer ;; Ala, cielo, cuídate mucho, ok? Te quiero! Muackk
Muchas gracias por los reviews y nos vemos en el próximo cap.!
·PaddyPau·
