SIN CONTROL

Capítulo 12

'El moreno le miró expectante, esperando a que terminase. Llevaba varios años esperando, aunque no ansiando, que ese momento llegase. Un momento que significaba mucho, porque Luca perdería lo que más amaba en el mundo y Draco quedaría libre. Por fin. Ese momento significaba que Draco había aceptado que estaba enamorado de Harry.

.–Luca, yo… –aún no se decidía a decirlo, pero el italiano ya había comenzado a romperse por dentro, y no podría aguantarlo mucho más sin derrumbarse. No pudo soportarlo.

.–¡Dilo ya¿quieres¿Por qué diablos no me dejas ya¿Por qué me atormentas¿Tanto te cuesta dejar la jodido orgullo a un lado y decir que amas a tu mejor amigo? –gritó desesperado–. ¡Te he oído¡Cuando hacemos el amor, cuando te masturbas¡Siempre es Harry¿Por qué él, Draco¿Por qué no puedes olvidarle y quererme como yo te quiero a ti¿Por qué¿He hecho algo malo¡Dímelo¡Dime si he hecho algo!

Luca lloraba de amor y dolor, Draco lloraba de pena y también de dolor. Dolor porque, aunque no le amaba, quería muchísimo al italiano, y le dolía más que nada hacerle sufrir.

.–¡NO¡No es culpa tuya¿Vale¡Soy yo¡Es culpa mía¡PERO YA NO PUEDO MÁS, LUCA¿No te das cuenta? Te estoy haciendo daño…

Se habían levantado cuando Luca había comenzado a gritar, y en ese momento Draco comenzó a vestirse atropelladamente, para luego salir del apartamento a la velocidad del rayo.

Fin flash back

.–¡Oh! Muy bien. Y ahora¿quieres decirme qué diablos quieres? –preguntó bruscamente al ver que Draco se quedaba callado después de su escueta respuesta.

El rubio le miró con ojos tristes y asintió lentamente, pero no dijo nada hasta unos minutos después, luego de un tenso silencio.

.–Yo… –comenzó– Harry, yo… No puedo.

Harry frunció el ceño y cruzó los brazos, molesto por la negativa del rubio.

.–¿Cómo que no puedes? Y si no puedes¿por qué cojones me encierras? No lo entiendo. Tienes algo muy importante que decirme y luego no eres capaz de hacerlo. ¿De qué coño vas, tío? –dijo bruscamente–. No te entiendo, cada día menos, la verdad.

.–¿De veras quieres saberlo? –preguntó Draco, repentinamente furioso. El moreno asintió con expresión retadora–. ¡Muy bien¡De puta madre¡Te lo diré¿Sabes lo que pasa¡Que te quiero¡Eso es lo que pasa¿Es lo que querías saber? Pues ya lo sabes¿contento?

Harry había descruzado los brazos y le miraba ansioso, casi suplicando que lo dijera de nuevo. Había sido brusco e inesperado, pero nunca el moreno había deseado algo tan fervientemente. Había imaginado miles de veces esa escena, y en ese momento se había quedado sin habla. ¿Por qué? Ni idea. Simplemente no podía decir nada, no le salía ninguna palabra.

.–Adiós –susurró Draco. Se dio la vuelta y salió corriendo del apartamento.

Harry se quedó parado varios minutos y, cuando por fin pudo reaccionar, corrió tras él… sin alcanzarle.

.–¡DRACO! –gritó entonces, pero no recibió contestación alguna.


Narcisa ya se había dormido, de nuevo entre lágrimas, y Sirius se dirigía entonces a la habitación que compartía con su pareja, a la que suponía dormida, pues habían pasado varias horas desde que había recibido su llamada, y ya era tarde.

Remus se hallaba vestido sólo con el pantalón del pijama, recogiendo la ropa que había usado durante el día.

El moreno se acercó a él y le rodeó con los brazos, pegándole a su pecho.

.–Hola… –susurró el de ojos dorados–, no te oí llegar.

Sirius asintió dándose por enterado, mas no dijo nada. Remus no sabía a qué hora iba a volver a casa, y era tan tarde que el moreno había tenido mucho cuidado de no hacer ruido.

.–¿Cómo es que aún no estás acostado? –preguntó en el mismo tono que el castaño.

.–Estuve leyendo y se me pasó el tiempo –contestó éste sonriendo. Siempre le pasaba lo mismo, a ambos les pasaba.

Sirius también sonrió. Se separó de él y, sacando su pijama, comenzó a cambiarse. Remus era muy ordenando, cada vez que se cambiaba de ropa lo recogía todo; su pareja, al contrario, cuando se cambiaba lo dejaba todo por ahí, y no lo recogía nadie hasta que al día siguiente venía la asistenta y lo hacía por él. Cuando tuvo puesto el pantalón de su pijama azul se tumbó en la cama, se arropó hasta la cintura y cogió el libro que tenía sobre la mesilla: La Conspiración, de Dan Brown. Todo el mundo pensaba que no leía, más que nada por la imagen que presentaba, pero lo cierto era que le encantaba hacerlo, y Remus lo sabía bien. Cuando terminaba un libro comenzaba otro, y todos los días tras volver del trabajo leía hasta que caía rendido en la cama, muerto de cansancio si no era ante los toques excitantes de su pareja.

.–¿Has visto a Harry? –le preguntó Remus un rato después. Sirius le miró a los ojos y negó con la cabeza.

.–Hoy no. Le vi ayer. Fui a su casa a decirle que Lucius estaba en coma –dijo luego de un rato; al ver la mirada preocupada de su pareja añadió–: No te preocupes, sabe cuidarse bien.

.–Lo sé –Remus se tumbó junto a él y se acomodó en su pecho. Entonces Sirius comenzó a leer en voz alta, y el castaño cerró los ojos y sonrió suavemente. Amaba que su pareja le leyese.


Había pasado una semana y aún no sabía dónde estaba Draco. Iba cada día a su apartamento y nunca contestaba nadie; también iba a Malfoy Manor, y la sirvienta le decía siempre que no había parecido por allí. Había ido al hospital donde trabajaba Severus y el hombre, aunque reticente, le había dicho que el rubio estaba en su casa, pero cuando Harry volvía al apartamento, de nuevo nadie le abría. Estaba comenzando a preocuparse. ¿Por qué Draco le rehuía¿Porque no había dicho nada ante su declaración? Y si no era por eso¿por qué entonces?

Cerró la puerta de su apartamento decaído y, con expresión triste, se sentó en el sofá y encendió la televisión.

.–¿Por qué, Draco? –preguntó al aire–. ¿Por qué no dejas que te vea, aunque tenga que ser de lejos¿Por qué no dejas que te escuche, aunque sea solo para gritarme?

En ese momento sonó el teléfono, y Harry, desesperado, casi se lanzó sobre él, anhelando que fuera su amigo. Descolgó el auricular y esperó a que fuera el otro el que hablase.

.–¿Harry? –preguntó la voz de su amiga en el aparato.

.–Hola, Hermione –dijo, algo decaído porque, una vez más, quien le hablaba no era Draco. Su amiga notó la decepción impregnada en su voz.

.–¿Qué te ocurre? –preguntó preocupada–. Pareces decaído.

.–Me gustaría contarte algo, pero no quiero hacerlo por teléfono –repuso él. Se lo pensó durante unos minutos, y luego añadió–¿Podrías venir?

La chica mantuvo silencio durante unos segundos, pero luego le dio su afirmación, añadiendo que sólo podría ir en un par de horas.

.–Muy bien, Mione, entonces nos vemos luego –dijo el moreno.

.–Adiós.


Notaba la respiración suave en su pecho, claro indicio de que su amante se había quedado profundamente dormido mientras él le leía, como hacía casi siempre. No porque se aburriera, sino porque le relajaba de tal manera el sonido de su voz que no podía evitar hacerlo. Él mismo se lo había confesado centenares de veces.

Le besó suavemente en los labios, cerró el libro —siempre poniendo un marca páginas para no perderse— y se acomodó mejor en la cama, dispuesto a dormirse él también. Con el movimiento descendente de su cuerpo la cabeza de Remus ascendió ligeramente, quedando al final acomodada en el hueco entre su hombro y su cuello. Le producía cosquillas la respiración pausada del castaño en su cuello, pero a la vez le relajaba increíblemente.

.–Te amo… –susurró besándole en la frente y cerrando los ojos. Minutos después estaba también profundamente dormido.


.–Hola, Hermione –dijo al abrir la puerta. Le cedió el paso y cerró tras ella, instándola luego a entrar en la sala.

.–Hola, Harry –contestó ella al tiempo que se sentaba en el sofá–. ¿Qué tal estás? –su amigo asintió dándole a entender que estaba bien y ella, muerta de curiosidad, no pudo evitar preguntar–¿Qué es eso que te gustaría contarme?

.–Verás, Mione, yo… yo… ¿has visto a Draco? –preguntó ansioso, cambiando abruptamente de tema y dejando de mirar al suelo para mirarla a los ojos.

Hermione le miró sorprendida. ¿Desde cuando su amigo tartamudeaba o cambiaba de tema de ese modo?

.–No, Harry, no lo he visto. ¿Se puede saber qué te pasa?

.–Es que… yo… Hermione, yo… le quiero –terminó en un susurro ahogado.

.–¿A quien, Harry¿A quien quieres? –preguntó confundida, no entendía absolutamente nada de lo que decía su amigo, pero deseaba con todas sus fuerzas que fuera lo que ella había pensado centenares de veces.

El moreno se quedó callado unos minutos, intentando imaginar la reacción de su amiga. Finalmente decidió que se lo diría sin rodeos. Era su amiga y le entendería, si es que no le apoyaba; de eso estaba seguro.

.–A Draco, Herms, quiero a Draco. Me he enamorado de él –confesó. La castaña no dijo nada durante unos segundos. No sabía si reír o llorar. ¡Por fin¡Por fin ese pedazo de tozudo lo admitía!

.–¡Ya era hora, pedazo de burro! –le regañó, pero luego su mirada de felicidad cambió a una de total preocupación–. ¿Se lo has dicho?

Harry negó con la cabeza, aunque luego dijo:

.–Pero… él me dijo que me quiere y yo… no tuve oportunidad de decirle nada, yo… no sé qué hacer, Hermione. No le encuentro por ninguna parte. Hace una semana que no le veo… y le he buscado, pero es como si se lo hubiera tragado la tierra o como… como si huyera de mí.

.–Harry… yo… la verdad es que no sé qué decirte, yo… –suspiró–. Ante todo quiero que sepas que, si comenzáis una relación, yo voy a apoyaros, y Blaise también, eso no lo dudes. Me siento orgullosa de ti.

La chica se levantó y, sin decir nada más, le abrazó. El moreno la estrechó fuertemente entre sus brazos, dándole las gracias en susurros y sintiendo cómo las tibias lágrimas de ella mojaban la piel de su cuello.


Llamaron al timbre en el piso de abajo y él se levantó raudo, no quería que despertaran a su amante, que últimamente apenas había descansado, en mayor parte por culpa del trabajo.

Corrió escaleras abajo y, sin mirar a ver quien era el que llamaba, abrió la puerta, y los ojos verdes de su ahijado le miraron divertidos por su aspecto.

Se apartó de la puerta y le dejó espacio para pasar. Entró tras él en el salón y le miró cuando ambos estaban sentados, uno enfrente del otro, en cómodos sillones. Luego miró el reloj y se giró de nuevo hacia su ahijado.

.–¿Qué te pasa? –preguntó–. ¿Y qué haces aquí tan temprano?

Harry miró también el reloj y un furioso rubor cubrió sus mejillas. Las siete de la mañana.

.–Lo siento, Sirius, no miré la hora –se disculpó–. Tengo que contaros algo. Remus está en la cama¿no?

Sirius asintió.

.–Anoche nos acostamos tarde.

.–Bueno… es que yo… quería decíroslo a los dos a la vez y… no sé, quizá debería volver más tarde.

.–¿Por qué no me lo cuentas a mí? Cuando Remus despierte se lo diré.

Harry cerró los ojos y asintió; sin embargo, no dijo nada. ¿Cómo lo decía¿Cómo se lo tomaría su padrino¿Y Remus? No quería decepcionarlos, ni tampoco que se avergonzaran de él pero… pensándolo mejor… ¿no estaban ellos enamorados el uno del otro¿acaso era algo antinatural? No, no lo era, al menos no en su entorno. Finalmente habló, con algo de miedo quizás.

.–Yo… yo… no sé cómo decirlo… yo… –Sirius le interrumpió con una mirada de comprensión y una sonrisa pícara.

.–¿De quien estás enamorado? –preguntó. Harry abrió los ojos en demasía, sorprendido.

.–¿Cómo diablos lo sabes? –preguntó impactado. Su padrino sonrió más marcadamente y le guiñó un ojo.

.–Harry… eres mi ahijado, has vivido conmigo casi desde que naciste¿crees que no te conozco? –preguntó con suavidad, una suave sonrisa bailando aún en sus labios–. Ahora dime¿quién es ella?

El joven le miró, esta vez abatido. Sirius esperaba que su ahijado se enamorase de una mujer. ¿Cómo podía él negárselo? Finalmente sí le decepcionaría, aunque… ya no le costaba nada decirlo.

.–Yo… Sirius… no es ella, es él –dijo, y ahí fue cuando el hombre le miró sorprendido… y orgulloso. Harry se sintió feliz por la reacción de aquél que había sido como su padre desde que recordaba.

.–¿Es un hombre? –preguntó ilusionado, Harry asintió , furiosamente ruborizado–. ¿Quién es, Harry¿Es Draco?

Sirius sonreía encantado, y Harry le miraba más avergonzado de lo que lo había estado en su vida.

.–Sí, Paddy… es Draco –dijo sonrojándose aún más y agachando la cabeza. A Sirius le brillaron los ojos, pero no dijo nada. Simplemente se levantó y abrazó al chico fuertemente, demostrándole así su alegría.

.–No sabes lo mucho que me alegra, Harry, no lo sabes. Pero dime¿se lo has dicho ya?

Harry negó con la cabeza.

.–No sé dónde está. Llevo buscándolo toda la semana. ¿Tú le has visto? –parecía preocupado.

.–Ahora que lo dices, no. No lo he visto. Le vi en el entierro, pero estaba medio escondido entre dos árboles, no quiso que me acercara –repuso Sirius.

.–Yo ni siquiera le vi en el entierro –dijo Harry, tristemente.

Sirius tan solo le abrazó de nuevo, intentando consolarle.


Hola! Os gustó? Sé que fue un poco… deprimente y malo pero… aquí tenéis el capítulo 12 (aunque algo corto), ya van muchos, eh? Jejeje. Claro, que aún quedan más. Vais a tener fic para dar, tomar y regalar xD Venga, espero que os haya gustado (aunque sea un poquito) y que dejéis algún que otro rr (solo sea para consolarme… snif, snif) Mil besazos a todos y gracias por los reviews!

Reviews? Los merezco?

Vamos con las contestaciones a los reviews que tan amablemente me dejasteis:

Amarissima: Ola! Me alegra que te gustase el chap., por eso lo escribí. Besos!

·PaddyPau·

Miembro de muchas órdenes