SIN CONTROL
Capítulo 16
.–¡Blaise! –exclamó Hermione, entrando en la habitación y despertando a su marido, aparentemente muy a gusto abrazado al pequeño Christian, que ni se inmutó ante el grito de su madre.
.–¿Qué ocurre¿Ha pasado algo malo¿Están todos bien¿Y Christian? –preguntó incorporándose bruscamente. Luego tomó conciencia de que Christian dormía plácidamente a su lado y de que su mujer llevaba una sonrisa tan feliz que era totalmente improbable que hubiera pasado algo malo. Miró a su hijo y le acarició el cabello. 'Lo que daría yo por tener un sueño como el tuyo' pensó. ¿Por qué Hermione tenía que despertarle siempre así¿Y por qué siempre a él?
.–Tranquilo, cariño, todo está bien. Solo que… –hizo una pequeña pausa, como si no se creyera lo que iba a decir, y luego añadió– ¡Recibimos una carta de Pansy! –Blaise abrió los ojos en demasía–. ¡Se casa!
Entonces Hermione pensó que a amante le había dado un síncope. Se había quedado pálido, con la boca abierta, y los ojos empezaban a humedecérsele debido a que los mantenía abiertos de par en par. Hasta que, después de unos minutos, consiguió abrir la boca y pronunciar un sonido medianamente coherente.
.–Un momento, un momento. Rebobina. ¿Recibimos carta de Pansy? –Hermione asintió, una hermosa sonrisa adornando sus labios–. ¿Se casa? –nuevo asentimiento–. ¿Con quién coño se casa?
La mujer se encogió de hombros.
.–Con un tal Bill Weasley. Pero… ¡Me ha pedido que sea su madrina¡Yo!
La mujer se lanzó sobre su esposo y le besó con ansias, deseando hacer el amor con él en ese mismo momento. Así se lo dijo y, en apenas cinco segundos, el hombre ya había llevado a su hijo a la habitación contigua y se había dedicado a invertir el tiempo en cosas mucho más placenteras con su esposa que ir al trabajo.
Sirius y Remus se habían pasado casi toda la noche anterior viendo fotos, riendo y recordando momentos del instituto. Se lo habían pasado tan bien allí… Habían estado tan unidos…
En ese momento Remus dormía, pero Sirius, mirando el techo desde que se había despertado, una hora antes, no podía evitar recordar los días que habían pasado, él y Moony, junto a James y Lily. El maldito Prongs no imaginaba lo mucho que le echaba de menos. Sonrió melancólico, y no pudo evitar recordar el día que se conocieron, hacía ya 31 años, en el autobús que les llevaría al instituto.
Flash backSe montó el autobús algo inseguro. Era su primer año, y seguro que estaba lleno de niños mucho mayores que él. Sabía que no le insultarían, pues él provenía de una familia de gran status social: La familia Black. Probablemente la más rica, junto a los Malfoy y los Potter, de toda Inglaterra.
Se sentó junto a un chico que aparentaba 13 años, su misma edad. Tenía el pelo negro azabache y alborotado, y llevaba unas gafas redondas que cubrían sus ojos castaños. Parecía simpático.
.–Hola –le dijo el chico en cuanto se sentó. Realmente parecía muy simpático–. ¿Cómo te llamas?
.–Sirius –contestó él sin mirarle–. Sirius Black –al fin posó sus ojos grises en los marrones de su compañero–. ¿Y tú?
El de pelo alborotado le miró, y luego, sonrió.
.–James, James Potter –hizo una pequeña pausa en la que miró el respaldo de la silla de delante y luego dijo–: Eres de primero¿no?
Sirius no dijo nada, pero miró a su alrededor y supo de inmediato por qué casi nadie en el autobús hablaba. ¡Eran todos de primero! Asintió a la pregunta que le había hecho su compañero y continuó mirando a los niños que iban a compartir curso con él. La minoría hablaban entre ellos, pero hubo dos que le llamaron especialmente la atención. Le dio un suave codazo a su nuevo amigo y, cuando éste se inclinó sobre él para ver qué pasaba, Sirius señaló al primero que había visto. Tenía la ganchuda nariz metida en un libro de Química y el grasiento pelo negro le caía sobre el rostro, cubriéndoselo.
.–¿Quién es ese? –preguntó en un susurro. James se encogió de hombros.
.–No lo sé, pero creo que se llama Severus –ante la mirada sorprendida del de ojos grises añadió–: Oí que un hombre le llamaba así. Creo que era su padre, porque tenía la nariz igual que él.
Sirius asintió, dándose por enterado, y señaló al otro chico, que estaba sentado delante y leía una novela.
.–¿Y él¿Sabes quién es? –preguntó.
James negó ésta vez.
.–No, pero parece muy solo¿por qué no hablamos con él? –Sirius asintió, y entonces el de gafas percibió algo–. Solo hay un sitio libre. ¿Por qué no hablas tú con él? Luego me lo puedes presentar.
El primogénito de los Black se levantó y se acercó al chico que leía. Sirius lo vio extrañamente hermoso. Tenía unos ojos dorados increíblemente extraños, y su cabello castaño claro, casi rubio, los cubría parcialmente, haciéndolo ver hermoso. El chico dejó a un lado el libro y le miró cálidamente, instándole a sentarse.
.–Hola –dijo sentándose–. ¿Cómo te llamas?
Estaba siendo agradable. Incluso a James, que era tan asquerosamente rico como él, le había tratado con frialdad. Sin embargo, no podía evitarlo; ese chico le inspiraba un instinto de protección que nunca nadie había despertado en él. Si, en ese momento, su madre le viera charlando tan amigablemente con un chico que, a las claras, era de menor status social que él, le daría un síncope. ¡Su familia tenía que codearse con lo mejor, diría. Y Sirius, al imaginárselo, no pudo evitar reír. El chico de ojos dorados le miró con el entrecejo fruncido.
.–Perdona –le dijo–¿te estás riendo de mí?
Las carcajadas de Sirius cesaron al instante.
.–¡No¡Claro que no! –hizo una pausa en la que intentó sacarse a su madre de la cabeza para no reír de nuevo y continuó–. Pero dime¿cómo te llamas?
El chico no tardó en responder.
.–Remus, me llamo Remus Lupin.
Sirius sonrió.
Fin flash back
Sonrió. Ese día había conocido a Moony y a Prongs, dos de las personas más importantes de su vida. Si en esa mañana no les hubiera conocido, no sabía qué habría sido de él. En ese momento no sería la persona más feliz del mundo al tener a Remus junto a él, y tampoco hubiera conocido a Lily y a Harry.
Estrechando aún más fuerte a su amante contra su cuerpo, sonrió feliz, aspirando el tan característico aroma a libros que siempre acompañaba a su pareja, y cerró los ojos, dispuesto a dormirse de nuevo.
Despertó abrazado a su amante y miró su rostro. Tenía los ojos cerrados, con esas hermosas pestañas rubias, apenas visibles, que hacían sombra en sus mejillas levemente sonrojadas. Sus labios estaban curvados en una feliz sonrisa, y el brazo que rodeaba su pecho terminaba en una mano que parecía reacia a soltar su hombro.
Cogiendo la mano de su amante, la colocó alrededor de su cintura, de modo que él pudiera moverse hasta quedar de lado, dispuesto a no perder ni un detalle del rostro de su amado. Sus pómulos eran altos, marcados y hermosos, su nariz respingada y sus labios increíblemente finos, pero aun así hermosos, sus facciones suaves aunque angulosas, aristocráticas.
Acarició la suave mejilla con la yema de sus dedos y se acercó para besarla con suavidad, demorando sus labios un ratito.
Draco abrió los ojos despacio, sonriendo levemente ante la suavidad del despertar. Harry sonrió también y le besó en la punta de la nariz.
.–Buenos días –dijo luego. Y pasó los dedos por entre los desordenados mechones rubios, ordenándolos.
.–Hola –dijo Draco en un susurro. Luego sonrió ampliamente y se abrazó al moreno, haciendo más firme el brazo en su cintura. Escondió la cara en el cuello de su novio, huyendo de los rayos solares que entraban por la ventana abierta. Harry acarició su cuello y su espalda con una de sus grandes manos, mandando sensaciones demasiado escalofriantes a todo su sistema nervioso.
.–¿Qué tal dormiste, pequeño? –Draco sonrió contra su cuello, y el susurro de sus labios envió corrientes eléctricas a todo el sistema nervioso de Harry.
.–Como nunca.
El moreno sonrió, feliz, y miró a su novio como quien mira a una divinidad. Era tan bello… Suspiró. No entendía cómo no se había dado cuenta antes de cuánto le amaba. Le acarició suavemente la mejilla, haciendo que Draco atrapase su mano con la propia, cerrando los ojos ante lo cariñoso del contacto.
.–Te quiero –murmuró. Se vio respondido con las mismas palabras y besado suave y lentamente en los labios.
Harry delineó los labios de su amante con la lengua, suavemente, despacio, deseando ser correspondido prontamente. Draco abrió sus labios de inmediato, gimiendo suavemente y dejando que esa deliciosa lengua explorara todos los rincones de su boca.
Y, finalmente, en la habitación que ambos jóvenes ocupaban solo se escucharon gemidos… de nuevo.
Un mes y medio después estaban en Estados Unidos, esperando a que Pansy llegara a recogerlos.
Un gritito emotivo se dejó escuchar por encima de las voces que llenaban el aeropuerto y las cinco personas que esperaban a su amiga se giraron hacia el lugar de donde provenía la voz.
Una mujer rubia, algo más baja que Hermione, corría rápidamente hacia ellos. Unos metros por detrás de ella iba un joven pelirrojo, andando más calmado pero a largos pasos.
Fue entonces cuando el cuello de Blaise fue envuelto por unos finos brazos y sintió unos sollozos contra su pecho, mientras las lágrimas de esa mujer le mojaban la camisa. Él la abrazó también, rodeando con un brazo su cintura y acariciando su cabello con la mano del otro.
Los minutos siguientes fueron muy confusos. Múltiples abrazos, multitud de lágrimas derramadas y los nombres de los cinco amigos repetidos hasta la saciedad. Incansables, felices.
Finalmente, cuando se separaron, la rubia mujer miró a todos sus amigos hasta detenerse en un hermoso niño, de ojos verdes aceituna y pelo castaño, al que ya había abrazado sin ser consciente de ello. El crío estaba agarrado a la pierna de Hermione, escondiendo la cara entre los pliegues de su falda. Pansy se arrodilló frente a él y le acarició la mejilla que no estaba cubierta. El niño se escondió aún más mientras sus pequeños puños apretaban la falda. Hermione también se agachó, de modo que el niño soltó la prenda y se abrazó a ella, escondiendo la carita en su cuello.
El hombre pelirrojo se posicionó tras Pansy y le colocó las manos en los hombros, suavemente, para luego colocarse en cuclillas tras ella, dándole apoyo mientras Hermione hablaba con el niño.
Harry y Blaise, que no habían visto la foto de la invitación, miraron a aquél extraño hombre. Bueno, al menos parecía que quería a Pansy, o eso demostraba su suave abrazo. Ambos supieron al instante que nunca les gustaría pelearse con ese pelirrojo. Era altísimo y corpulento, y Harry y Blaise, comparados con él, eran bajitos y esquizofrénicos. No, definitivamente no pelearían con él.
El niño, después de hablar con su madre, miró a la mujer arrodillada frente a él y, tímidamente, se acercó y depositó un pequeño beso en su mejilla para luego abrazarla despacito. Pansy le abrazó también, cuidando de no estrecharle muy fuerte, y alzó unos azules ojos anegados en lágrimas hacia su amiga, que le sonreía.
.–Tienes un hijo precioso, Hermione.
La castaña asintió y se levantó, siendo rodeada por Blaise al instante. Pansy se separó del niño y le miró, haciendo que bajase la cabeza con las mejillas rojas, avergonzado.
.–¿Cómo te llamas, pequeño? –preguntó suavemente.
.–Christian –repuso el niño en apenas un susurro vergonzoso.
.–Yo me llamo Pansy –la rubia hizo una pequeña pausa–. ¿Cuántos añitos tienes?
El castaño levantó la cabeza, roja como la grana, y la miró. Luego levantó sus manitas y le mostró seis dedos, sonriente.
.–Ya tengo seis años –hizo una pequeña pausa y añadió–: El tío Harry dice que soy mayor.
Y mostró una radiante sonrisa, enseñando sus diminutos dientes blancos. Pansy no pudo evitar abrazarle de nuevo, se veía tan lindo… Entonces el niño se separó y volvió a mostrar sus dientes.
.–El tío Draco se ríe de mí porque se me ha caído un diente –señaló un pequeño espacio entre dos de sus dientecitos–. Me llama desdentao.
Una estruendosa carcajada se dejó escuchar y Draco cogió al niño en brazos, alzándole y dando vueltas mientras hacía pedorretas contra su tripa y el crío reía estruendosamente.
.–¡Tío Draco! –exclamó entre carcajadas–. ¡Déjame!
Por sus suaves y sonrojadas mejillas ya corrían múltiples lágrimas, producto de las risas que ocasionaban las extrañas cosquillas de su "tío". Finalmente, el rubio le posó de nuevo en el suelo, frente a Pansy, y Christian, incapaz de sostenerse en sus temblorosas piernas, cayó de culo al suelo, abriendo los ojos en demasía, sorprendido.
.–Tío Draco es bobo, Christian –le dijo su padre escondiéndose bien tras Hermione, donde se mantenía protegido del aludido–. Con lo listo que eres, hijo, deberías haberte dado cuenta ya.
La cristalina carcajada del niño, feliz, se dejó escuchar cuando Draco corrió hacia Blaise y comenzó a perseguirle por todo el aeropuerto. Pansy se acercó a Harry y Hermione, llevando de la mano a su novio, que aún no había dicho ni una palabra.
.–Nunca cambiarán¿verdad? –comentó, primero mirando a sus dos amigos, que corrían y jugaban por todo el lugar seguidos de la mirada divertida del niño de ojos verdes, y luego a Harry y a Hermione, que negaron con sendas sonrisas en la cara. Pansy se giró hacia su prometido y, luego de mirarle intensamente y besarle con brevedad en los labios, volvió la mirada hacia sus dos amigos–. Este es Bill Weasley, mi prometido.
El hombre pelirrojo se acercó a besar la mejilla de Hermione y a darles la mano a los hombres, incluidos Blaise y Draco, que por fin habían dejado de hacer el bobo. Bill se arrodilló luego frente al niño y, sonriendo cálidamente, le preguntó si le daba un beso. Christian meditó unos segundos, pero la sonrisa del de ojos azules debió de gustarle, pues finalmente le besó, algo tímidamente, en la tersa mejilla.
La casa que Pansy y Bill compartían era enorme. Con tres pisos y un gigantesco jardín.
La pareja les enseñó las habitaciones y, finalmente, cada uno eligió la que deseaba. Hermione y Blaise escogieron una bastante grande, con una cama de matrimonio y otra más pequeña junto a ella, seguramente para Christian.
Sin embargo, cuando entraron en el dormitorio contiguo, el crío comenzó al saltar. Había una pequeña cama que vestía sábanas de aviones, y por toda la habitación había varias clases de juguetes. Un avión con una bombilla en su interior colgaba del techo, y una televisión de fácil manejo se encontraba en una esquina, frente a un pequeño sillón con forma de león.
Christian recorrió la sala ilusionado, tocando con la punta de sus dedos todos los juguetes de la habitación, hasta llegar al sillón.
.–Mamá –dijo–, no me gustan los leones, ni el rojo.
Bill sonrió. Aquella habitación era la que utilizaba el hijo de su hermano Charlie cuando pasaba una temporada con él y Pansy. Tenía nueve años y le encantaban el rojo y los leones.
.–Entonces¿qué te gusta? –preguntó afable.
.–Las serpientes y el verde, como a papá –Blaise sonrió cuando su hijo se acercó a él y se abrazó a su pierna.
Bill también se rió. Dylan, el hijo de su hermano, no se llevaría bien con ese niño. O al menos eso creía.
Harry y Draco, para la extrañeza de Pansy, pidieron dormir en el mismo dormitorio, y eligieron uno con una enorme cama de matrimonio, con dos mesillas a los costados, una cómoda, un armario y un pequeño sofá. Dijeron que no necesitaban nada más, a pesar de que había habitaciones más completas que esa.
Cuando se sentaron en la sala, después de haber visto toda la casa, Pansy aún tenía el ceño fruncido a causa de que sus amigos, además de haber ido sin pareja, desearan dormir juntos. Finalmente, no pudo aguantar más la curiosidad.
.–Draco… yo… ¿por qué…?
El rubio, al ver su indecisión, decidió intervenir.
–Quieres saber por qué he pedido dormir con Harry¿no? –ella asintió–. Verás, es que yo… yo…
–Draco no lo ha pasado muy bien estas últimas semanas. Desde que murió su padre –la mujer se llevó una fina mano a los labios, sorprendida–. Hemos dormido juntos todo este tiempo.
El rubio asintió. En cierto modo, Harry tenía razón: Habían dormido juntos desde que murió su padre. Pero Draco, al contrario de lo que había dicho su novio, había sido muy feliz esas semanas.
Al ver las lágrimas que se agolpaban en los ojos de su amiga, procedió a contarle todo lo relativo a la muerte de su padre.
Apenas media hora después, Pansy lloraba abrazada a su novio. Siempre se había llevado muy bien con Lucius y, al enterarse así, de golpe y porrazo, de que estaba muerto…
Esa noche se acostaron pronto. Estaban bastante cansados por el viaje y Christian se había quedado dormido en los brazos de su madre apenas terminó de cenar.
Harry y Draco se estaban metiendo en la cama, ya con los pantalones de los pijamas puestos, cuando el moreno recordó algo. Debió venirle a la cabeza de sopetón, pues en cuando su culo tocó el colchón se levantó de nuevo, como si quemara, y exclamó:
.–¡No les hemos llamado!
No hacía falta que dijera nada más, su amante supo de inmediato que se refería a Sirius, Remus y su propia madre, Narcisa. Se levantó también.
.–¡Mierda! –exclamó.
Cogieron los teléfonos móviles y marcaron casi al mismo tiempo. Sin embargo, Sirius contestó antes.
.–¡Harry¿Dónde demonios os habéis metido¡Nos teníais preocupados! –exclamó el hombre.
.–Lo siento, Sirius. Se nos olvidó llamar –hizo una minúscula pausa en la que miró el rostro temeroso de su amado, al que, por lo visto, su madre no había contestado–. Oye, padrino¿está Narcisa con vosotros?
.–Sí, está aquí. Vino esta tarde porque Draco no la llamaba y creyó que tú sí nos habías llamado a nosotros –Harry adivinó el ceño fruncido de su padrino–. ¿Qué tal está Pansy?
Hablaron durante unos minutos más, y luego Harry se acercó a su rubio, que ya estaba metido en la cama. Le besó suavemente y se acostó junto a él, abrazándole contra su cuerpo. Draco acomodó la cabeza contra su pecho y le rodeó la cintura, a la vez que el moreno cubría sus hombros.
.–Tranquilo, tu madre está con ellos. Esta noche se quedará allí –dijo éste.
El rubio sólo asintió y, después de besarle brevemente en el pecho, cerró los ojos.
Ala, aquí está el chap. de esta semana, jeje. Espero que os haya gustado y que os parezca bien que haya juntado a Pansy con Bill, porque la verdad es que no me decidía por una pareja para ella, así que le coloqué a Bill después de mucho comerme la cabeza. Espero que estéis conformes con ello. Mil besos y billones de abrazos para todos mis lectores y los que se pasean por aquí de vez en cuando.
Contestación a los rr del chap. anterior:
Amaríssima: Ola! Me alegra que te guste, de verdad ;D Pero… quién es Pia Barros? Intentaré leer algo en cuanto me digas quién es, ok? Bueno, qué decirte? Que me alegro muchísimo de que te guste mi fic, que estoy súper orgullosa por ello y que… a mí también me encantan tus comentarios. Me motivan… más de lo que deberían, jeje. Mil besos y gracias por leer y escribir. Bye!
Reviews? Me los merezco?
·PaddyPau·
Miembro de muchas órdenes
