SIN CONTROL

Capítulo 17

Al fin llegó el gran día. La boda se celebraría en la gran mansión que Bill y Pansy compartían, y asistirían a ella la numerosa familia del pelirrojo y los amigos íntimos de la pareja, entre otros.

Bill se encontraba en una de las habitaciones de invitados; Pansy y él no habían dormido juntos, pues la noche anterior se habían celebrado las despedidas de solteros y habían llegado cada uno por su lado. El pelirrojo se había puesto ya el traje pero, debido al incontrolable temblor de sus manos, no era capaz de anudarse la corbata correctamente. Draco, Harry y Blaise se hallaban con él, y el rubio, solícito, se acercó para ayudarle. El de ojos color aceituna se reía de los nervios del hombre, y Harry, tranquilo, paseaba su mirada esmeralda por el dormitorio.

.–Se arrepentirá, se arrepentirá, se arrepentirá… –se repetía Weasley una y otra vez, nervioso.

Harry negó con la cabeza y habló por primera vez desde la noche. Había estado taciturno, pensando en las miradas que la streapper de la noche anterior le había mandado a su novio y en que Draco tampoco se había quedado corto al devolvérselas.

.–No te preocupes, Bill. Pansy no es así. Blaise, cállate –dijo luego. Se dirigió hacia la puerta y, antes de salir, añadió–: Voy fuera.

Los tres hombres se miraron confusos y, cuando Draco fue a pasar por delante de Bill y Blaise —después de haber anudado la corbata del pelirrojo correctamente— para seguir a su novio, Blaise le agarró del brazo.

.–Déjale, Draco –le dijo.

.–No me da la gana –contestó éste de malos modos, sabedor de que después se arrepentiría. Sin embargo, se soltó del agarre bruscamente y se dirigió hacia la puerta, que se cerró con estruendo tras él.


.–¿Se puede saber que cojones te pasa? –preguntó bruscamente. Después de un buen rato buscando, lo había encontrado al fin junto a la piscina; sentado en una silla, con los codos apoyados en las rodillas, las manos entrelazadas y la mirada clavada en el agua.

.–Nada –respondió el moreno secamente, levantándose.

.–¿Cómo que nada? –repuso Malfoy. Había cruzado los brazos y tenía el ceño fruncido.

.–Como que nada, Draco –se dio la vuelta y, antes de comenzar a andar, añadió–: Déjame en paz; quiero estar solo.

Y se marchó, dejando a su novio solo y mosqueado. El rubio gruñó y, descruzando los brazos, se dio la vuelta.

.–Muy bien, Harry. De puta madre –dijo, su voz sonando venenosa–. Cuando quieras hablarme me llamas¿vale?

A pesar de la distancia que los separaba, el moreno pareció escucharle.

.–Entonces permanece sentado –repuso el moreno en la lejanía.

.–Muy bien.

.–Genial.

.–Que te cagas.

Se alejaron el uno del otro, andando en direcciones opuestas; sin dirigirse ni una sola mirada, sin pensar siquiera en el otro.


Pansy y Hermione se hallaban en la habitación de la rubia. Christian estaba con ellas, y Ginny, la hermana menor de Bill, también.

La novia estaba nerviosa. Mucho. Aún no se había puesto el vestido y quedaba un cuarto de hora escaso para que la ceremonia comenzase. Suerte que, entre Hermione y Ginny, la habían maquillado en apenas minutos.

Se levantó de la silla y se acercó a la cama, donde el vestido reposaba prolijamente doblado. Lo tomó con manos temblorosas y, con ayuda de Hermione, se lo metió por la cabeza. La pelirroja Weasley fue la encargada de subir la cremallera.

Pansy no dejaba de temblar. Con la ayuda de las otras dos mujeres se puso los zapatos, y luego Hermione se tuvo que ir al encuentro de Bill.

Ginny y Christian —que llevaría las arras— se quedaron con la rubia mujer.

El pelirrojo ya estaba en el altar. Temblaba casi imperceptiblemente y enrollaba sus manos para no delatar a sus nervios. Sin embargo, sonrió al mirar a Hermione; Harry le había dicho que Blaise estaba en las mismas condiciones que él el día de su boda, y eso le calmó de cierto modo.

Al fin la música comenzó a sonar y Pansy salió por la puerta de la casa, dirigiéndose, acompañada por un hombre alto, pecoso y pelirrojo, hacia el altar, ubicado en el centro del enorme jardín; Christian iba tras ellos, andando orgulloso con la cabeza levantada y buscando a su padre con los ojos. Cuando pasó junto a él, Blaise le hizo un gesto con los pulgares y el niño amplió su sonrisa, aún más orgulloso de sí mismo.

El pelirrojo, supuso Hermione que hermano de Bill, dejó a Pansy junto a éste y se ubicó al lado de la novia.

Y la ceremonia comenzó, con Pansy y Bill agarrados de las manos y sonriendo felices y con Harry y Draco sentados en extremos opuestos de distintas hileras de sillas. Hermione se preguntó qué les ocurriría, pues en circunstancias normales se habrían sentado juntos.


Los novios bailaban en la pista. Hermione y Blaise también, y Christian jugaba con el hombre que había llevado a Pansy hasta el altar.

Pero… ¿y Harry¿Dónde demonios se había metido? Llevaba buscándolo desde que había terminado la ceremonia, pero no le encontraba por ninguna parte. Ni en el interior de la casa, ni en el exterior. Estaba preocupado. ¿Le habría pasado algo¿Por qué estaba tan enfadado con él?

Decidió preguntarle por su paradero a la matriarca de los Weasley, que había charlado con el moreno antes de la ceremonia y tenía aspecto bonachón. Se acercó a ella.

.–Eh… disculpe, señora Weasley –ella le miró–. Eh… ¿ha visto al hombre moreno que se sentó junto a usted en la boda?

La mujer negó con la cabeza.

.–No, no le he visto desde que terminó la ceremonia –mentira, le había visto desaparecer con uno de sus gemelos detrás de unos arbustos, pero el moreno, cuando la descubrió mirando, le hizo un gesto para que mantuviera silencio, y ella sabía que si no lo hacía su hijo tendría problemas con ese rubio de pose altiva.

.–Muchas gracias, señora –dijo con una sonrisa triste. Y, antes de alejarse de ella, añadió–: Disculpe las molestias.

¿Dónde estaba? Fue la primera pregunta que se hizo. Sin embargo, minutos después todas sus dudas quedaron resueltas.

Su novio salió de detrás de unos arbustos, más despeinado de lo normal, con el traje desordenado y una sonrisa tonta en los labios, como cuando estaba ebrio o habían tenido una deslumbrante noche de sexo. Y tras él salió un pelirrojo en sus mismas condiciones y con la misma sonrisa estúpida en la boca. Y entonces supo que Harry no estaba ebrio. Si le había engañado había sido por su propio pie, así que bajó la cabeza y se quedó mirando el suelo mientras se dirigía a su dormitorio en la mansión. Se acostaría un rato, necesitaba no pensar en Harry.


Sonrió pero, cuando su mirada se cruzó con la figura de Draco, que se alejaba cabizbajo, su sonrisa se borró de inmediato.

Seguro que le había visto. En ese momento tomaba conciencia de lo que había hecho. ¡Se había acostado con otro, por el amor de Dios¿En qué demonios había estado pensando¡Él quería a Draco!

Fred le sonrió y él le devolvió el gesto algo tristemente.

.–¿Qué te pasa? –le preguntó el pelirrojo.

.–Lo siento, Fred, pero esto no debería haber pasado –dijo con determinación.

Fred sólo asintió.

.–Es por el tal Draco¿verdad? –Harry le miró sorprendido y él se apresuró a aclarar–. No dejaste de repetir su nombre.

.–Lo siento –repitió el moreno.

.–Tranquilo, no pasa nada –le tranquilizó el Weasley–. Al fin y al cabo solo fue un polvo¿no?

Ambos rieron para aligerar el ambiente, pero, a pesar de ello, Harry miró anhelante hacia el lugar por donde se había ido Draco, y Fred, al verle, le empujó suavemente. El moreno le miró confundido.

.–Ve tras él –le instó el pelirrojo como única explicación.

El joven Potter sólo asintió y comenzó a andar siguiendo el camino que su pareja había utilizado, que conducía a dos lugares: a la casa y al bosque junto a ella; y Harry siguió éste último sendero.


Se había quedado dormido, acurrucado sobre su propio cuerpo. Se sentía como un niño, indefenso y asustado. Indefenso porque su amor por Harry le hacía parecer vulnerable, y asustado porque temía que su novio le abandonase, a pesar de que le había repetido cientos de veces que le quería.

Lloraba en sueños, y a Harry se le encogió el corazón al verle. ¿Por qué tenía que verse tan miserable?

Cuando despertó ya no se encontraba solo, Harry estaba allí, con él. Se había sentado en la cama, a su lado, y le miraba con ojos tiernos. Draco se separó de él y los ojos verdes se entristecieron, pero no le importó.

.–¿Qué haces aquí? –preguntó con brusquedad.

.–Te vi entrar en la casa –dijo Harry.

.–¿Cuándo¿Cuando te divertías con tu querido amigo Weasley? –no pudo evitarlo, una lágrima se deslizó inclemente por su mejilla.

Sí, en ese momento estuvo seguro: Draco le había visto. Intentó en vano acercarse a él, siendo inmediatamente repelido por su pareja.

.–Draco… lo siento… yo…

.–¿Por qué lo hiciste? –le cortó el rubio.

.–Estaba… dolido contigo. Lo siento.

.–Un lo siento no lo arregla todo. ¿Por qué estabas dolido¿Te he hecho algo acaso¿Me he puesto a follar con todo lo que se mueve a tus espaldas? –el moreno negó con la cabeza–. ¿Entonces? No te entiendo, de verdad, por más que lo intento no te entiendo.

.–Yo… Draco… lo siento mucho, de veras… no… yo pensé… –Draco tenía el entrecejo fruncido, señal de que no entendía nada y ni siquiera Harry se entendía a sí mismo, así que se aclaró antes de hablar nuevamente–. Pensé… que habías estado con la streapper de ayer.

.–¿Qué? –preguntó Draco, confuso–. Perdona pero creo que me he perdido¿podrías repetirlo? –preguntó de nuevo. Sin embargo, luego se lo pensó mejor–. No, mejor no lo digas, no quiero escucharlo. ¿Puedes dejarme solo¿O también es mucho pedir?

.–Draco… yo… perdóname, por favor. De veras que lo siento…

.–No quiero escuchar disculpas ahora¿vale? Necesito estar solo. Vete.

Y Harry tuvo que hacerlo. Se dio la vuelta y, con el corazón en un puño, salió de la habitación.


Llamaron a la puerta y dejó escapar un débil "Pasa" con voz ronca.

Fue Hermione la que apareció al otro lado, mirándole con rostro serio y los ojos llenos de tristeza.

.–¿Qué te ocurre, Draco? –preguntó luego de entrar y cerrar la puerta tras ella.

.–¿Has hablado con Harry? –la mujer asintió–. Entonces ya debes saber lo que me ocurre.

Ella se sentó ajunto a él y limpió las lágrimas que aún corrían por sus mejillas.

.–Sí, sé lo que ha pasado con Fred y todo eso pero¿crees que merece a pena que termines tu relación con Harry por eso?

Draco negó con la cabeza, y dos tristes lágrimas se deslizaron por sus mejillas.

.–¿Entonces¿Por qué no hablas con él?

.–Me ha jodido, Hermione. Confiaba en él y me engañó. No puedo perdonarle, al menos no aún.

La mujer le miró a los ojos y asintió, comprendiendo sus motivos. Se levantó y le besó suavemente en la frente antes de salir de la habitación.


Esa noche, Draco despertó al sentir cómo la cama se hundía bajo un nuevo peso. Se quedó quieto, sintiendo el cuerpo cálido y fuerte de Harry contra su espalda y sus brazos rodeándolo. Disfrutó durante unos minutos esa familiar sensación, cerrando fuertemente los ojos para que sus lágrimas no se desbordaran.

Luego se levantó, separando las manos de Harry de su cuerpo con brusquedad, y fue a acostarse, luego de quitar una manta de la cama, al sofá junto a ésta.

Escuchó cómo Harry se movía en la cama y se apoyaba en sus brazos para mirarle.

.–¿Tampoco quieres dormir conmigo ahora? –preguntó con voz lastimera. No recibió respuesta alguna y su voz se volvió más ruda–. ¿Tanto asco te doy?

Draco siguió sin responder, y Harry se levantó y le volteó con violencia. Ya se había cansado.

.–¿No me piensas responder o qué¿Ah¿Ya no quieres dormir conmigo? –preguntó mientras le zarandeaba. El rubio no se movía, parecía un muñeco de trapo, inanimado, y Harry le arrojó sobre la cama, con violencia. Luego continuó gritando–. ¡Pues no te preocupes¡No tendrás que dormir conmigo porque yo no dormiré aquí!

Se vistió apresuradamente y, como un huracán, se largó.

Draco tardó unos minutos en reaccionar y, cuando lo hizo, se metió de nuevo en su cama. Minutos después dormía.


Harry salió de la habitación furioso. Se dirigió a paso rápido hacia el jardín de la casa y, al llegar allí, se sentó a los pies de un árbol ubicado junto a la piscina. No había nadie más allí y, al sentirse solo, dejó que su furia se transformara en tristeza, y ésta en lágrimas.

Lloró durante largo rato, en silencio, escondido tras el frondoso árbol y contemplando las transparentes aguas de la piscina, alumbradas con faros desde dentro.

Se arrepentía tanto de lo que había hecho… Fred le caía muy bien, sí, pero amaba a Draco y por un maldito calentón estaba a punto de perderlo, si es que no lo había perdido ya.

De repente, en su soledad, sintió como unos labios presionaban contra su cuello, pero el olor que lo envolvía no era familiar. Y de repente, quien fuera el que le había besado, se puso frente a él.

No era Draco, era Fred. Sintió los labios del pelirrojo contra los suyos y cómo le besaba, pero no respondió. Le separó sujetándole de los hombros y le besó suavemente en la frente.

.–Amo a Draco, Fred. No podemos repetirlo. No quiero que lo repitamos –dijo suavemente–. Lo siento.

El otro hombre le miró durante unos segundos.

.–Tranquilo, Harry, pasamos un buen rato¿no? –el aludido asintió–. No tienes de qué disculparte. Además… yo soy George.

Harry no pudo evitar deshacerse en carcajadas. ¡Malditos gemelos! Les había conocido el día anterior y ya había sido la víctima de más de una de sus bromas.

Pero aun así le había extrañado que Fred le abordase de nuevo cuando después de su revolcón habían hablado de no repetirlo debido a los sentimientos del moreno.

.–Ahora tendrás que repetirle lo mismo a mi hermano, Harry, y él no te lo va a poner tan fácil. Pero… ¡cosa tuya! No haberte liado con él –la mirada del moreno se ensombreció. George se arrodilló frente a él y puso las manos en las rodillas flexionadas del moreno–. Te arrepientes¿verdad? Por ese novio tuyo, ese tal Draco.

El de ojos verdes asintió.

.–Mucho. No sabes cuánto. Draco se enteró¿sabes? Se enteró. Ni siquiera me habla… –fue entonces cuando recordó el motivo por el que estaba allí– ni siquiera quiere dormir conmigo.

.–No te preocupes, Harry… ya se le pasará –consoló el pelirrojo.

.–No, George, no lo hará. Le he engañado, y eso es algo que duele. Te lo digo por experiencia propia.

El gemelo pareció cavilar unos segundos, y luego le miró de nuevo.

.–Y si él te engañó antes y tú le perdonaste¿por qué no te perdona él ahora? Debería hacerlo.

Harry negó con la cabeza, sonriendo tristemente.

.–No, George, él no me engañó, no al menos desde que somos pareja. Me engañó una mujer.

Fred soltó una especie de exclamación comprensiva y ambos se pusieron a echar pestes sobre las mujeres.


Entró de nuevo en la habitación y, cuando Draco le vio y se dio la vuelta en la cama, se acercó y se sentó a su lado.

.–Hola –dijo despacio. El rubio le miró con los ojos entrecerrados por sobre su hombro.

.–¿Qué coño quieres ahora? –preguntó, de nuevo bruscamente.

Era ya muy de mañana, y Harry había dormido en la habitación de Christian, con el niño abrazado a su cuerpo y anhelando sentir los brazos de Draco rodeando su pecho.

.–Te amo –dijo.

.–¿Qué?


Hola! Os gustó? Espero que sí, y también que no me matéis por dejaros así, jeje, pero al fin y al cabo solo os quedan dos semanas por esperar, no tardo mucho en actualizar (dentro de lo que cabe). Bueno, espero que os haya gustado (a pesar de los cuernos y demás) y que sigáis leyendo. Mil besazos a todos!

Reviews? Los merezco?

Yeire

Miembro de muchas órdenes