SIN CONTROL

Capítulo 18

.–Que te amo –repitió.

.–¿Y a qué coño viene eso ahora? –mientras hablaba se vestía rápidamente, dispuesto a dar por concluida esa estúpida conversación en cuanto terminase.

.–A demostrarte que me arrepiento de lo que hice.

.–Me da igual que estés arrepentido¿entiendes? Eso se demuestra con hechos, no con palabras –terminó de abrocharse el pantalón y salió del dormitorio poniéndose la camisa.


Habían pasado ya dos semanas de la boda, y Draco aún estaba enfadado con Harry. Ni siquiera le miraba, y mucho menos se acercaba a él.

Estaban ya en el avión, y Draco se sentó solo en el asiento más alejado de sus amigos y, sobre todo, de Harry.

Harry fue el primero en bajar, seguido de Christian, junto al que se había sentado, Blaise, Hermione y finalmente Draco, que había dormido todo el viaje deseando no ver a su pareja, que se sentaba delante de él con el niño.

El moreno fue abrazado por Sirius y Remus nada más acercarse, y lloró silenciosamente, sin que nadie aparte de ellos dos se enterase, en el hueco entre el hombro y el cuello del castaño.

A Draco le abrazó su madre, estrechamente, como si en vez de un mes hubiera estado cinco años sin verle, como le abrazó a su vuelta de Italia.

Y, por último, Blaise, Hermione y Christian fueron abrazados calurosamente por los padres de los dos adultos.


Abrió la puerta del apartamento y, dejando la maleta en el hall, subió las persianas y abrió las ventanas y puertas de todas las habitaciones de la casa.

Tan solo había dos dormitorios, mas la sala de estar —unida a la cocina— y el cuarto de baño.

Cuando entró en su habitación no pudo reprimir un suspiro melancólico. La cama que había compartido con Harry en esos meses. Le echaba tanto de menos…

Volvió a por la maleta que se había llevado al viaje y colocó sus cosas en el armario y los cajones. Luego cogió el teléfono, necesitaba hablar con alguien.

El moreno italiano respondió con voz triste pero, cuando escuchó la voz de Draco al otro lado del auricular, se alegró notablemente.

.–¡Draco! –exclamó. El rubio sonrió. Había hablado varias veces más con Luca después de su ruptura y se habían hecho muy buenos amigos–. ¿Qué tal estás?

La sonrisa de Draco se borró de inmediato. Estaba mal, muy mal. Su amor por Harry lo estaba consumiendo.

.–Yo… bueno, bien –no quiso decirle nada por teléfono, mejor hablar con él cara a cara–. ¿Podemos vernos?

Luca asintió repetidas veces, aunque luego cayó en la cuenta de que Draco no le veía.

.–¡Claro! –exclamó. El de ojos grises se permitió formar una triste sonrisa en sus labios.

.–Te espero en mi casa¿vale? Dentro de media hora –se escuchó un efusivo asentimiento de Luca y ambos colgaron en teléfono.


Después de pasar un largo rato con Sirius y Remus se dirigió a su apartamento. Hacía meses que no pasaba por allí. Su gata había vuelto a la casa, y estaba repantigada en su cama, completamente dormida.

Dejó la pequeña maleta que se había llevado encima de la cama y abrió el armario. Vacío. Un vuelco en su corazón. Su ropa estaba en casa de Draco, y él no quería verle y sufrir una vez más su rechazo. Sin embargo, tendría que ir a por sus cosas.

Se tumbó en la cama y se abrazó a sí mismo. Sabía que Draco y él habían roto por su culpa, y sabía también que se lo merecía, pero no podía hacer nada, ya no. Era demasiado tarde.

La hermosa gata negra, que Harry había encontrado en la calle y adoptado, despertó y se acercó a él. Aún era una cría, pero había veces en que salía de la casa y no volvía hasta días o semanas, incluso meses, más tarde.

Su pelaje negro azabache era agradablemente sedoso al tacto, y acariciarle le producía a Harry una agradable sensación por todo el cuerpo. Amaba a esa gata con locura, había sido su única compañera durante los años que Draco había pasado en Italia, y en ese momento estaba seguro de que lo sería también.

El moreno pasó su mano por el lomo del animal y éste ronroneó satisfecho. Le encantaba que Harry le acariciase, era tan cariñoso con ella…

.–Creo que tendré que ir a buscar mi ropa, Axis –dijo el joven Potter sin dejar de acariciarla.

La gata maulló, y Harry rascó ese lugar tras la oreja que a Axis le agradaba tanto. Los ojos del animal, violetas veteados de verde, le miraron escrutadoramente; eran unos ojos curiosos; él jamás había visto unos iris con un color parecido, pero le encantaba.


Acarició una última vez a su gata y se levantó, decidido a ir al apartamento de su ex-amante.

Draco había bebido, mucho. Antes de que Luca apareciera en su casa y mientras le contaba lo que había ocurrido con Harry. Y estaba borracho, más que nunca. Tanto que casi no sabía ni lo que hacía.

Por eso se inclinó hacia Luca y le besó. Por eso estaban prácticamente desnudos en ese momento. Draco respondía con fervor a cada beso de Luca. Y sin embargo lo hacía por despecho. Y Luca se entregaba como nunca, amando a pesar de que sabía que no era amado, que Draco sólo estaba con él para dañar a Harry.

.–Te quiero, Harry –dijo el rubio —sin ser del todo consciente de que el hombre que yacía bajo él no era su amado—, las palabras saliendo de lo más profundo de su corazón. Luca cerró los ojos bajo el rubio, deseando no haber escuchado pero sin decir nada por miedo a que Draco le dejara. Algunas lágrimas rebeldes se deslizaron, al estar tumbado, por sus sienes, y acabaron perdiéndose entre su pelo.

El rubio besaba y lamía el estómago del italiano, imaginando que era Harry el dueño de la piel que recorría con tanta ansia.

Acababa de meterse la erección del italiano en la boca cuando la puerta se abrió, mas sólo Luca escuchó los pasos que se dirigían hacia donde ellos estaban. Y fue Harry el que apareció por la puerta y Luca el que, con un susurro y un toque en el hombro, alertó a Draco.

El rubio alzó los ojos sin soltar el miembro de su amante y miró a su amado. Las preciosas esmeraldas estaban húmedas y tormentosas, pero Draco no se conmovió en lo más mínimo. Continuó lamiendo el pene de Luca sin apartar sus ojos de los de Potter, que ya derramaban amargas lágrimas que se perdían en la comisura de sus labios.

Harry intentó moverse, largarse de allí y hacer desaparecer el espantoso dolor que le había causado esa visión. Parecía que un hierro candente se apretaba contra su corazón, que apretaba y dolía y quería morir allí mismo, dejar de sufrir por fin. Y si cerraba los ojos, los gemidos de Luca le taladraban los oídos y le obligaban a volver a mirar. Y volvía a quebrarse.

.–¡Draco! –jadeó Luca cuando el rubio, sin dejar de mirar los ojos de Harry y deleitarse con sus lágrimas, comenzó a succionar más fuerte la erección de su amante italiano, haciéndole llegar en el momento siguiente al tan desesperadamente deseado orgasmo.

Y luego Draco le volteó y, sin demasiada preparación, le penetró.

Sin embargo, no apartó los ojos de los de su ex-novio ni por un mísero segundo, pues sabía que eran sus orbes grises las que le mantenían ahí, pegado al suelo, casi sin respirar ni pestañear, llorando, sufriendo, provocando que Draco se sintiera monstruoso por estar haciéndole eso, por estar vengándose de él de una manera tan vil.

No obstante, no dejó de enterrarse en ese cuerpo que se asemejaba tanto al del hombre que le miraba. Le penetraba una y otra vez, cada vez más rápida y fuertemente, mirando los ojos rojos y nublados del moreno, sintiendo como el alma de aquél que amaba tanto se quebraba cada vez más, a medida que las embestidas se hacían más bruscas.

Y, cuando terminó, creyó haber escuchado dos palabras que le dolieron más que si fueran un millón.

.–Te odio…

Fue un susurro, y sin embargo dolió como si lo hubiera gritado, como si hubiera proclamado a los cuatro vientos ese sentimiento. Y la avalancha continuó.

.–No quiero volver a verte…

Y cada frase le dolió más.

.–Me das asco…

Y, sin salir de Luca, se derrumbó.

.–No puedo creer que hayas cambiado tanto…

Y las lágrimas salieron sin piedad, hundiéndole.

.–No quiero tener nada que ver contigo…

Y, cuando el moreno se dio la vuelta y salió de la sala, Draco se desprendió de Luca, se puso su ropa interior y le siguió. Le pilló en la entrada, cogiendo su maleta y abriendo luego la puerta. Sin embargo, antes de que saliera, Draco se interpuso en su camino, apoyándose en la puerta y cerrándola a su vez con el movimiento. Harry le miró con dolor y rencor.

.–Quítate –dijo con voz cansada. Draco negó con la cabeza, lágrimas corriendo por sus sonrojadas mejillas–. He dicho que te quites.

.–Harry…

.–¡Cállate¡He dicho que te quites! –gritó el moreno sin dejar de llorar. Su cuerpo se sacudía por los sollozos que, sin embargo, eran absolutamente silenciosos.

El rubio negó de nuevo y, sin muchos miramientos, Harry le empujó con fuerza, pillándole desprevenido y tirándole al suelo, haciendo que el rubio se diera contra el mueble del recibidor.

Sin siquiera detenerse a ver si estaba herido, el moreno abrió la puerta y se largó.

Draco se levantó algo aturdido y, sin reparar siquiera en que tenía una pequeña herida sangrante en la frente —consecuencia de haberse dado contra la esquina del mueble— salió corriendo tras Harry, vestido con sus bóxers y cubierto en sudor mientras las lágrimas corrían por sus mejillas y un pequeño hilillo de sangre se deslizaba por su frente.

Las puertas del ascensor ya se cerraban cuando él llegó a su encuentro, y no tuvo valor de hacer nada después de verle tan derrumbado como estaba. Simplemente le dejó marchar, sabiendo que se arrepentiría de por vida de haberlo hecho.

Cuando entró en la casa Luca se ponía su abrigo, dispuesto a marcharse también, y Draco no se lo impidió. Solo le paró unos segundos para decirle:

.–Lo siento, Luca.

El moreno asintió y, después de besarle suavemente en la frente, salió de la casa.


Cuando entró en su apartamento Axis se acercó a él y se frotó contra su pierna, dándole la bienvenida. La gata se puso tras él y le empujó levemente con el morro, instándole a andar.

.–¿Qué pasa, pequeña? –preguntó con la voz ahogada y ronca producto del llanto que aún no cesaba. Ella maulló y, dándole un último empujón, se colocó frente a él, guiándole.

En el salón se encontraba Sirius, repantigado en un sillón, dormitando con una copa de whisky en su mano, peligrosamente inclinada.

Harry se secó las lágrimas rápidamente, deseando que su padrino no se diese cuenta de que había llorado. Sin embargo, cuando su tutor abrió los ojos y le miró se dio cuenta de inmediato.

.–¿Por qué has llorado, Harry? –preguntó con suavidad.

.–No he llorado –rebatió el joven, quizás algo bruscamente.

.–Harry… –regañó el de ojos grises frunciendo el ceño– tienes los ojos inyectados en sangre y las mejillas enrojecidas¿debería creerte?

El aludido no pudo evitarlo: se sentó junto a él y se abrazó a su pecho, esta vez, sin reprimir los sollozos.

No hablaron de lo que le pasaba, pues Sirius intuía que Harry no quería hacerlo y él no deseaba presionarle.

Sin embargo, Harry no tardó mucho en comenzar a hablar. Le contó lo que había pasado en América y lo que Draco acababa de hacerle. Sirius le abrazaba más fuerte con cada palabra que Harry, entre sollozos, pronunciaba, y cuando el de ojos verdes terminó de relatarle lo que acababa de pasar, apretó los dientes, haciéndolos rechinar.

.–Voy a matarle –pronunció peligrosamente.

El moreno negó con la cabeza, despacio, suplicando sin palabras.

.–No… por favor, Sirius… no le hagas nada… por favor –susurró con voz rota.

El aludido le abrazó con más fuerza, sin decir nada, y le besó en la cabeza.


Draco se había dirigido a su dormitorio, sin recoger la sala, y se había acostado en la cama, dando rienda suelta a su dolor.

Su frente ya no sangraba, aunque aún tenía sangre seca en algunos lugares, pero él no se había preocupado ni de curar la herida ni de lavarse. El corte no era muy profundo y apenas le dolía, solamente sentía el palpitar de la sangre en su cabeza.

Se sentía fatal. Su corazón palpitaba aún más fuerte que su frente, y todo porque sabía que Harry no merecía lo que le había hecho, a pesar de que mientras lo hacía había sentido que era lo más correcto que podía haber hecho.

.–Harry… –susurró. Odiaba hacerle daño, pero había estado tan cegado por el dolor y el rencor que no se detuvo a pensar en ningún momento las consecuencias que tendrían sus actos. Simplemente había pensado en la satisfacción que le producía ver a Harry llorar después de todo el dolor que le había causado.

Se acurrucó sobre sí mismo y dejó que sus lágrimas corrieran libres, sin que ningún sonido saliera de sus labios. Solamente aquellas gotitas traicioneras que se deslizaban sin control alguno por su rostro.

Cuando el torrente pasó, él su levantó despacio y se dirigió al baño, dispuesto a darse una ducha para, al menos, dejar de sentirse tan asquerosamente sucio como se sentía. Se metió en la bañera, luego de llenarla de agua y jabón, y dejó que las burbujas acariciaran su cuerpo antes de coger una esponja y enjabonarse a conciencia.

Luego de salir de la bañera y secarse se metió en la cama. No tenía ganas de hacer nada, sólo de beber y de morirse de una vez. ¿Por qué le había hecho eso a Harry¿Por qué había sido tan hijo de puta?

Poco después de acostarse se quedó dormido, pero su sueño no fue reparador. Las pesadillas no dejaban de asaltarle y el temor de que Harry le dijese que le odiaba de nuevo lo estaba matando. No podría soportarlo.

Amaneció acurrucado sobre sí mismo, temblando e inundado en lágrimas, creyendo que las palabras que Harry le había dicho en su sueño no tardarían mucho en ser algo real en su mundo.


Harry se fue despertando poco a poco, con movimientos lentos y pesados, notando las lágrimas secas en sus mejillas y su respiración mucho más tranquila que la noche anterior.

Se había quedado dormido sobre el pecho de Sirius, que aún dormía plácidamente. Le acarició suavemente la mejilla y rió bajito al ver la sonrisa de su padrino, que parecía feliz en su sueño.

Se levantó con cuidado y caminó despacio hasta el baño, intentando que sus ojos doloridos permanecieran abiertos, en un intento por ver bien el camino.

Pensó en Draco y no pudo evitar sentirse mal. Al fin y al cabo era él el responsable de todo, era él el que le había engañado en primer lugar. Era su culpa por haberse acostado con Fred.

Hermione se acostó en la cama y se acurrucó junto a su esposo, que la abrazó de inmediato.

.–¿Qué te pasa, pequeña? –preguntó suavemente.

Ella le miró con dulzura y sonrió suavemente.

.–Estoy preocupada –dijo–. Por Harry y Draco –añadió al ver el ceño fruncido de Blaise–. No se han hablado desde la boda de Pansy.

El moreno no dijo nada, pero Hermione le sintió asentir.

.–Estate tranquila, seguro que tarde o temprano se reconcilian, siempre es así. No pueden vivir el uno sin el otro.

.–Lo sé –dijo ella–. Pero hasta que lo hagan se están destrozando.


Llamaron a la puerta y él, con el paso tambaleante, se acercó a ella. Abrió sólo lo suficiente para ver quién había en el exterior, pero antes de que pudiera mirar, aquél que había ido a visitarle empujó la puerta, haciendo que él cayera al suelo de espaldas.

.–¡Sirius! –exclamó al ver quién había entrado–. ¿Qué haces aquí?

.–¡Nada¿Debería hacer algo? –preguntó sarcásticamente–. ¿Tal vez partirte la cara por lo que le has hecho a Harry¿O sólo compadecerme de ti por lo bajo que has caído?

El rubio sólo le miró, pensando en lo que Harry le había hecho también a él. ¿Sólo él era el culpable de eso?

.–¿Tu ahijado no es lo suficientemente mayorcito para venir a reclamarme él solito¿O es que depende de ti para joderme? Sólo te lo digo por si no te ha dicho lo que me ha hecho él a mí –dijo ácidamente–. ¡Ah, no¡Perdona¡Si lo que él hizo fue sólo un fallo nimio!

Sirius se quedó sin palabras por un instante, pero rápidamente se recompuso.

.–No me jodas, Draco, encima no me jodas¿quieres? –dijo–. Vale, está bien, Harry se acostó con otro, pero ¿te parece normal que te folles a un tío así, delante de él, sin importarte lo que pueda sentir o pensar?

El rubio no dijo nada, simplemente se fue hacia el salón, toda su borrachera desaparecida en un instante, y se sentó en el sofá, enterrando la cabeza entre sus manos. Sirius le siguió hacia allí.

.–Estaba resentido¿vale? Supongo que puedo estarlo, al menos por lo que me hizo.

.–Sé que estabas resentido, Draco, pero no deberías haber hecho eso.

El rubio le miró incrédulo.

.–¿Ah, no¿Entonces que debería, según tú, haber hecho¡Vamos, dímelo¡Me muero de ganas de saberlo! –replicó irónico.

.–¡Pedirle una explicación, algo¡Pero no hacerle eso! –replicó Sirius.

.–Mejor olvídame –fue la única contestación del rubio antes de que éste se levantase y se fuese hacia el cuarto de baño, encerrándose en él.


Bueno, qué, os gustó? Espero que sí ;D La verdad es que seguramente muchos de vosotros queráis matarme por separarlos pero, qué se le va a hacer. Me supongo que volverán pronto, aunque tampoco estoy muy segura porque no he escrito el chap. 19 aún :$ Bueno, mil besazos a todos aquellos que seguís leyéndome y gracias por los rr del chap. anterior. Muackk!!

Reviews¿?¿? Los merezco¿?¿?

Vamos con las contestaciones del chap. anterior:

Zephyrpotter: Ola!!! Me alegra que te guste ;D Bueno, espero que sigas leyendo y que te haya gustado este chap., aunque lo que Draco le hace a Harry no está muy bien que se diga. Besos!!!! Bye ;D

Yeire

Miembro de muchas órdenes