SIN CONTROL

Capítulo 20

–¿Cómo? –preguntó confundido.

–Que no tenemos que hacerlo si no quieres –repuso su novio, con calma pero la voz ronca por la angustia que sentía.

–¿Hacer el qué? –preguntó cauteloso.

–Casarnos –repuso el otro. Harry le miró con los ojos abiertos imposiblemente–. Sé que hablaste con Draco el otro día, y sé que no fue él el que llamó, así que no quiero obligarte a hacer nada que no desees hacer. Y sé que esto no lo deseas.

–Sí lo deseo, Brad. Quiero casarme –aseguró Harry.

Brad le miró con ojos tristes durante unos momentos, y luego negó con la cabeza.

–Sé que quieres casarte, amor, pero no conmigo. Quieres casarte con él, y no te culpo. Al fin y al cabo es a él a quien amas.

A Harry se le llenaron los ojos de lágrimas, y quiso morirse allí mismo.

–No, Brad, no quiero casarme con él. Quiero casarme contigo, por eso te dije que sí cuando me lo pediste –rebatió Harry.

–No, no quieres casarte conmigo, no te engañes. Me dijiste que sí por despecho, porque aún te dolía lo que te había pasado con él. Y sé que aún te duele, puedo sentirlo. En cada vez que me besas, cuando hacemos el amor… Todo está ahí, no intentes engañarme y, por sobre todo, engañarte a ti mismo, es como más daño te harás. Y yo no quiero que sufras –hubo una pausa en la que Brad suspiró profundamente, como dándose fuerzas para lo que iba a decir–. Cancelaré la boda y mañana me iré de aquí.

Se levantó del sofá en el que se había sentado, junto a Harry, y se alejó. El moreno se levantó y le siguió, tomándole una mano.

–No quiero que te vayas, Brad, quiero que te quedes aquí, conmigo, y que nos casemos y tengamos una familia –le hizo darse la vuelta y le abrazó con locura, y después de unos minutos sintió cómo las lágrimas de Brad le mojaban el cuello, donde él había acomodado su rostro, y Harry le acarició el cabello y le dijo que no llorase, que él estaría siempre a su lado–. Te quiero.

–Sé que me quieres, Harry, y sabes que yo también te quiero, pero me duele que te hagas esto, que nos hagas esto, y también me duele que no hagamos nada para evitar esta locura.

–No es una locura, lo sabes –interrumpió Harry–. Sé que no te amo como debería, pero no te atrevas ni siquiera a imaginar que no te quiero. Porque lo hago. Te quiero con locura.

–No he puesto en duda que me quieres, Harry.

–Y no te atrevas a hacerlo –continuó el moreno–. Ahora vámonos a la cama, es tarde.


–¿Has visto a Draco, cariño? –ella asintió–. ¿Qué tal está?

–Bien, pero sigue empeñado en que no quiere volver. Dice que Harry no le quiere y a ver quién es el valiente que le saca de ahí. Siempre ha sido un cabezota –dijo ella. Blaise rió, y ella le fulminó con la mirada.

–¿Qué? Estaba harto de que él me lo dijera a mí, alguna vez tenía que tocarle¿no? –repuso él encogiéndose de hombros.

–Eres un gilipollas, Blaise –dijo ella–. Draco lo está pasando realmente mal¿y a ti lo único que se te ocurre es que era hora de que alguien le llamara cabezota?

–No es eso, Mione, pero te noto tensa. Sólo quería hacerte reír, y es obvio que no lo he conseguido. Lo siento –el chico se dio la vuelta y se dirigió a la habitación, donde se dejó caer en la cama, boca arriba, y se tapó los ojos con un brazo.

Estaba a punto de dormirse, quince minutos después, cuando se abrió la puerta. Ni siquiera se molestó en abrir los ojos ni quitarse el brazo de allí.

Sintió cómo la cama se hundía bajo un nuevo peso y luego sintió a Hermione apoyarse en su pecho.

–Lo siento, Blaise, no quería ponerme así, pero… lo siento –dijo ella.

Él no dijo nada, pero no parecía molesto, solamente dolido. Ella le besó en la mejilla, cariñosa.

–No hace falta que te comportes así ahora, Hermione –dijo algo picado.

–Sólo quiero que me perdones, Blaise, sé que no debí comportarme así, pero no pude evitarlo. Estoy preocupada –dijo con lágrimas en los ojos.

–No te preocupes entonces. Draco y Harry ya son mayorcitos para saber lo que deben hacer. Terminarán juntos de nuevo, de eso no me cabe la menor duda.

–No lo sé, Blaise, no lo sé.


Harry despertó temprano esa mañana. Se sentía raro, como si la noche anterior hubiese hecho una locura, pero él sabía que no era así. Él quería a Brad y deseaba casarse con él, aunque el castaño también tenía parte de razón. Quería casarse con él, sí, pero deseaba más fervientemente casarse con Draco, y eso no podía negarlo.

Y no se casaría con Draco, no, se había hecho la firme promesa de no hacerlo y no lo haría. Se casaría con Brad y formaría una familia con él. Adoptarían a un niño o a una niña y serían felices, y en su mundo jamás existiría Draco Malfoy. Era él el que se había ido de su vida¿no? Pues ahora desaparecería por completo, y Harry no volvería a mencionar el nombre de ese rubio que le había robado el alma, el corazón y la cordura.

De repente se dio cuenta de lo que estaba haciendo y se regañó mentalmente por pensar en él. Lo único que quería era decirse que le odiaba, que no le quería, pero las palabras que le había dirigido el rubio la semana anterior no le dejaban hacerlo. Se repetían una y otra vez en su cabeza del mismo modo que el rubio las había pronunciado. Con desesperación y ternura. "Harry, te extraño. Te quiero".

Sollozó quedamente y apretó luego los labios con obstinación. No lloraría, no por Malfoy. Y de repente un recuerdo llegó a su mente: Draco acostándose con Luca delante de sus narices. Él llorando, diciéndole que le odiaba y que no quería volver a verle. Y Draco llorando también y derramándose en el interior del italiano al tiempo que enterraba su rostro en su cuello, jadeando.

Y entonces no pudo evitar comenzar a llorar. Dejó salir a sus lágrimas como una cascada, sintiendo que sus ojos se habían irritado al intentar, al principio, retener con demasiada fuerza las crueles gotitas saladas.

–No sabes lo mucho que te echo de menos –musitó. Por suerte, Brad dormía profundamente y no le escuchó.

Y, en un ramalazo, se secó las lágrimas de golpe y se levantó bruscamente de la cama. Llamaría a Hermione y le pediría la dirección de Draco, y luego iría a verle y le diría todo lo que le hacía sentir. Todo.

Se dio una ducha rápida y, luego de dejar escrita una nota para Brad, salió de la casa.


Abrazó a Remus contra su pecho y le besó en el pelo con cariño, sintiéndolo muy cercano.

–¿Qué te pasa, Sirius? –preguntó el castaño en un susurro.

–Estoy preocupado –el castaño miró hacia su rostro para preguntarle con la mirada el por qué–. Harry. Draco. Supongo que es un conjunto de todo. Hace años que no se ven, pero desde entonces Harry no es el mismo. Maldito Malfoy…

–Tampoco podemos hacer nada –susurró el otro hombre.

–Lo sé, sé que no podemos hacer nada pero… bah… no lo sé.

El castaño no respondió. Simplemente, alzó algo más la cabeza y le besó en los labios suavemente, intensificando poco a poco el roce.

Sirius sonrió y correspondió al beso con dulzura.

Hacía mucho que no estaban así, tumbados en la cama, besándose de ese modo. Extrañaba esos momentos con Remus, momentos en que el amor y la pasión tomaban el control de la situación.

–Te quiero –dijo Remus cuando se separaron. Sirius le respondió con las mismas palabras, y el castaño sonrió–. Hacía tiempo que no estábamos así.

–Demasiado para mi gusto –repuso Sirius sonriente. Remus soltó una carcajada tan limpia y pura que Sirius se estremeció y se puso serio–. Quiero que seas sólo para mí.

–Ya lo soy –dijo el castaño mirándole con sus ojos dorados brillando de lujuria–. Quiero que hagamos el amor.

Sirius no necesitó escucharlo dos veces. Besó de nuevo a su pareja y, a medida que la intensidad del beso crecía, el moreno fue colocándose poco a poco encima de su amante, desnudándolo en el proceso.

Remus dejaba escapar pequeños susurros incitantes, Sirius perdía poco a poco el control, la pasión y el corazón tomaban el control… y ellos simplemente se dejaban llevar por sus emociones.

–Paddy… –susurró Remus cuando su amante mordió uno de sus pezones para después chuparlo y acariciarlo con la lengua, como si fuera el más exquisito manjar que jamás hubiese probado– Dios…

El moreno terminó de desprender a su pareja de la camisa del pijama y le fue besando por toda la extensión del pecho, desde las clavículas hasta los costados, y de estos al ombligo, en el que hundió la lengua con pasión, haciendo al castaño jadear y gemir como loco, sintiendo que si no se venía en ese momento era porque Sirius no había tocado aún su erección.

Pero el moreno tampoco le hizo esperar durante mucho tiempo. En cuanto escuchó a su amante gemir atacó sin tregua su erección, haciendo que de la garganta de Remus saliera un profundo y ronco jadeo y que intentase empujar sus caderas hacia adelante para introducirse aún más en la caliente boca, pero Sirius ya se había preparado para ese movimiento —posiblemente porque él hubiese hecho lo mismo de estar en el lugar de su Moony— y había colocado sus manos en las caderas de su amante, presionándolo contra la cama con fuerza pero sin dañarle.

.-Dios, Paddy, no me hagas esto, por favor… –gimoteó el castaño desesperado por sentir más contacto– Por favor…

El moreno no sólo no le hizo caso, sino que succionó aún con más fuerza la erección de su amante, haciendo que éste suplicase como loco por más contacto con su amante, contacto que, para su pesar, no le fue concedido.

Sirius no dejó de succionar su erección ni de acariciar sus nalgas, perdiendo sus dedos cada vez más cerca de su entrada, haciendo que Remus empezase a hiperventilar de una manera asombrosa. Sirius sonrió y desplazó su mano aún más cerca de ese lugar que le volvía loco.

Apenas segundos después, cuando ese delicioso dedo se había hundido en su cuerpo, el castaño se arqueaba de manera imposible, haciendo que Sirius abandonase su erección porque ni siquiera con su fuerza era capaz de contener el, en menor grado que el suyo, fuerte cuerpo de su amante.

Remus se sacudió, retorció y gimió hasta que Sirius liberó su entrada, y entonces se dejó caer sobre la cama, física y emocionalmente cansado. Sirius era capaz de hacerle perder el control sin siquiera adentrarse en su cuerpo, algo que ninguno había logrado antes que él.

Un preservativo voló sobre la erección del moreno y Remus se dispuso encantado para que su pareja le penetrara.

.-Ya era hora, bonito –gimió cuando su amante se hundió con fuerza y determinación en su interior–. La próxima vez te cagas.

Sirius sonrió. No se humillaría más que su amor, eso ambos lo sabían. De siempre Sirius había sido el más resistente de los dos en la cama… excepto cuando estaban así.

La estrechez de Moony alrededor de su miembro le robaba la cordura y le obligaba a embestir con fuerza a su castaño, pero no podía evitarlo, era algo que le consumía.

Embistió cada vez más fuerte y más profundo, imaginando lo erótico de su posición: Remus tumbado de perfil sobre la cama, él a su espalda, ambos con las rodillas flexionadas y los labios entreabiertos, húmedos, jadeantes. Los labios de Sirius recorrían la piel del cuello de su pareja, mientras Remus acariciaba el muslo de Sirius y cada poco le daba una palmada en el trasero para que fuera más rápido y fuerte, pasional y arrebatador, lujurioso y dulce…

No tardó mucho en venirse en ese adorable cuerpo. Llevaba tanto tiempo poseyéndolo, tantos años dejándose poseer por él… era la sensación más intensa que experimentaría en toda su vida. Se volvía loco con cada gemido de placer, con cada palabra que Remus susurraba en su oído, con cada estremecimiento, con cada roce… simplemente con Remus. Era la persona más maravillosa que se había echado a la cara en la vida, y definitivamente no se arrepentía de haber sustituido su amistad por amor. Llevaban juntos muchos años, habían pasado muchas penurias, muchos momentos felices, de sufrimiento, de placer… y nunca se cansaría de ellos. Ni de esos momentos ni de su Moony, él era lo más completo de su vida, su razón de ser, su corazón y su conciencia, su cordura, su locura, su pasión…

Lo era todo.


Para su desgracia, Hermione no tenía la dirección de Draco, y él no se la iba a dar, menos para que Harry pudiera decirle todo lo que pensaba de él, lo mucho que le odiaba y las pocas ganas que tenía de verle de nuevo.

Deseaba dañarle tanto como él había sido dañado. A ser posible, más aún. Lo odiaba con locura, lo amaba sin control, pero no le permitiría dañarle de nuevo, nunca lo haría.

Volvió a casa y, al comprobar que Brad no estaba, se dio una alegría enorme. Llamaría a Draco y le diría cuatro cosas, si no era a la cara, por teléfono.

Hizo la cama y luego se dirigió a la sala y se sentó en el sofá.


Llamaron al teléfono. Lo cogió pensando que era de nuevo Hermione y deseando hablar con ella otra vez.

.-¿Si? –no hizo falta que la persona que estaba al otro lado de la línea respondiera. Él ya sabía quién era-. ¿Harry?

.-Me hiciste mucho daño, Draco, pero ya no te lo voy a permitir más. Saliste de mi vida y me dejaste solo, perdido sin ti. Y ahora Hermione no hace más que decirte que vuelvas, y lo vas a hacer, terminarás haciéndolo, pero yo ya no te estaré esperando…

Por las mejillas de ambos hombres corrían silenciosas lágrimas. Ni Harry quería decir eso ni Draco quería escucharlo. Aún recordaba sus últimas palabras: Te odio… No quiero volver a verte… Me das asco… Cada una de ellas se le clavaba como dardos en el corazón. Y ya no podía soportarlo más.

.-No me digas eso, Harry, por Dios… por favor… no me digas de nuevo que me odias –suplicó.

.-No me supliques, Draco, no te voy a decir que te odio porque no lo hago, pero ya no puedo más. No puedo permitir que sigas jugando conmigo a tu antojo, ya estoy cansado –repuso el moreno, dolido–. No tienes derecho a pedirme nada, ya no quiero volver a verte. Me voy a casar con Brad…

Al rubio esas palabras le golpearon como hierros candentes.

.-¡NO! –exclamó a la desesperada.

.-Sí, Draco, me voy a casar con Brad y nos vamos a ir del país. No volverás a verme nunca más, y yo a ti tampoco. No quiero verte y no quiero volver a hablar contigo, ésta será la última vez que escucharás mi voz, así que acostúmbrate desde el principio.

Draco negaba compulsivamente con la cabeza, muerto de miedo por no volver a verle, escucharle, sentirle. Harry no sabía cuánto le quería. No sabía cuánto le amaba y no sabía que no iba a soportar que se alejase de él, no así, no ahora.

.-Harry, no me dejes… no me hagas esto… por favor… –suplicó, su voz quebrándose por momentos y las lágrimas corriendo por sus mejillas mientras su cuerpo temblaba convulsamente, producto del miedo que le consumía el corazón. No quería que Harry se alejase de él. Nunca lo querría.

.-Lo siento, Draco –ambos sabían que así era, que Harry lo sentía, que tampoco él quería separarse, pero al mismo tiempo ninguno era consciente de ello. Harry pensaba fríamente con la cabeza, y Draco lo hacía con el corazón, pero no se daba cuenta de que Harry mentía, de que Draco era lo más importante de su vida, de que nunca nadie le haría sentir tan pleno como él. Nunca. Nadie–. Pero no quiero que me hagas más daño, no quiero que tú salgas mal de todo esto, ni tampoco quiero hacerlo yo, por eso tenemos que alejarnos el uno del otro. Lo siento, de veras.

Y colgó. Draco se quedó allí, arrodillado en el suelo, con el teléfono en la oreja, la mano en el corazón y la cabeza gacha, llorando, gritando por su amor perdido.

Harry simplemente cerró los ojos al colgar el teléfono, y también lloró, pero se dijo que sería la última vez, que nunca más lo haría, que siempre guardaría a Draco en su corazón pero que nunca más lo dejaría salir a relucir. Nunca. Jamás. Ninguno de los dos sufriría por ese amor inconcluso.


Terminé. Tomates?? Sé que me los merezco, así que tirármelos, en serio, me lo merezco mucho, más ahora que tengo Internet en casa, pero qué se le va a hacer. Mi inspiración se largó y por largo tiempo no supe dónde coño estaba. Ala, ahora si queréis tirarme piedras, tomates, incluso cebollas y cucarachas (que no veáis el miedo que me dan), lo entenderé, de verdad. Sorry . Sé que el chap. es algo corto, pero quería actualizar cuanto antes, no me apetece que nadie me mate

Gracias Wakatta por tu apoyo y tus ánimos!!!

Mil besos a todos!!!!

Yeire

Sí, lo sé, una cabrona, pero, la gente es como es, no?? xD

Ahora vamos con las contestaciones a los rr !

Amarissima: Cielo… de verdad que lo siento muchísimo, pero no he podido actualizar antes, entre el trabajo y mis problemas personales no he tenido nada de tiempo, sorry