SIN CONTROL
Capítulo 21
Negó con la cabeza una y otra vez, no podía ser que Harry acabase de decirle lo que él no quería bajo ningún concepto que le dijese: Que se olvidase de él, que no le vería más… No podía ser cierto, dolía demasiado para ser cierto. Quería pensar que todo había sido una pesadilla, pero no lo había sido.
Se levantó del suelo, donde había permanecido sentado durante una eternidad, y se puso su chaqueta antes de salir. Necesitaba despejarse.
Lloraba. Lloraba y se sentía despreciable por hacerlo. ¿Por qué lo hacía? Simple, le había dicho a Draco aquellas palabras que tanto temía que el rubio le dijese a él, pero no podía soportar seguir sufriendo de esa manera tan espantosa. Debía olvidarse de él. De él y de todo lo que habían vivido juntos. De todo lo que había sentido junto a él y no sentía con Brad. Quería concentrarse en su prometido y en la vida que estaban a punto de unir. Su vida. Aunque hubiera deseado unirla a la de Draco, también deseaba hacerlo con Brad, y no se echaría atrás por nada del mundo. No dejaría que Draco le hundiera de nuevo en la miseria que había vivido desde que él desapareció hasta que el castaño llegó a su vida, sacándole de aquel charco de barro en el que se había sumergido sin pensar siquiera en las consecuencias.
Se dirigió a su cama y se quitó la ropa. Así, desnudo, se metió debajo de las mantas y, apenas minutos después, con el rostro surcado de lágrimas, se quedó dormido, desconsolado, sintiéndose la peor escoria del mundo. Definitivamente, eso era lo que era, una miseria que no valía para nada, ni siquiera para olvidarse de aquél a quien había amado tanto.
Entró en el pub. Siempre le había gustado aquel lugar, aunque había momentos en los que conseguía exasperarle. Sin embargo, esperaba que ese no fuera uno de los días indicados.
.-¡Draco! –el aludido miró en la dirección de la voz y no pudo sorprenderse más si hubiera visto a su hermana, muerta ya hacía 15 años. Aquél que le había llamado se acercó casi corriendo y se lanzó a sus brazos, casi tirando a Draco hacia atrás. El rubio supo enseguida que estaba colocado–. ¡Cuánto tiempo!
.-¿Qué haces aquí, Luca? –repuso el rubio. Y, preocupado, añadió–¿Qué has tomado?
.-Éxtasis –dijo el joven, sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos desenfocados, pero se veía más guapo que nunca, con sus ojos verdes, sus labios carnosos y su pelo negro. Sólo le faltaban las gafas para ser perfecto. Draco sacudió la cabeza, no podía comparar a Harry con Luca, no de nuevo, no era justo.
.-Dame –ordenó el rubio con la voz quebrada. Sin pensar, Luca se metió la mano en el bolsillo y sacó un par de pastillas. Se las entregó inmediatamente–. Gracias –dijo el rubio. Se dio la vuelta y se fue hacia la barra. Necesitaba un trago.
Pidió un vodka seco y se lo bebió de dos largos sorbos, mezclando la pastilla con el alcohol. Los efectos fueron casi inmediatos. Se mareó un poco y se tambaleó al tiempo que su pie derecho daba un paso hacia atrás y que un chico se ponía frente a él, sonriéndole pícaro.
.-Eres Draco Malfoy¿verdad? —le preguntó. El rubio sólo asintió, medio ausente—. Por aquí hablan muy bien de ti. Dicen que eres un Dios en la cama —Draco sonrió orgulloso—. Al menos eres un bombón.
Draco pensó que el joven también lo era. Rubio, aunque no tan platino como él, y con los ojos verde botella. Atractivo sí, mucho. Delgado, musculoso, aunque no en exceso… y tremendamente encantador.
.-Estás bueno —dijo Malfoy, el chiquillo sonrió, alegre.
.-¡Vaya, me habían dicho que el gran Draco Malfoy era directo, pero no pensé que tanto! —exclamó el joven divertido.
Draco alzó una ceja, escéptico. No podía creer que ese niñato pensase que sólo por decirle que estaba bueno parecía directo. Se iba a enterar. Se levantó del taburete en el que se había sentado y le hizo una seña.
.-Ven conmigo —dijo secamente. Y se alejó. El chico le siguió sin pensárselo. Sería todo un placer follar con Draco Malfoy.
Draco se dirigió a los baños del garito, se metió en un cubículo y, cuando el chaval entró tras él, cerró la puerta a sus espaldas, dejándole acorralado entre ésta y su cuerpo, y le besó bruscamente.
No hubo preliminares, Draco Malfoy sólo los utilizaba con una persona, y estaba claro que ese joven no era el elegido.
El rubio le besó con brusquedad, y el joven respondió con ardor, pensando que Malfoy sabía lo que hacía.
Cuando se separaron, con las respiraciones agitadas, el rubito soltó un suspiro ansioso y gimoteó levemente, haciendo que Draco sonriera petulante.
.-Dios mío… cómo besas… —susurró tocándose los labios. Draco le hizo voltearse sin contestación, y luego colocó su boca a la altura del oído del chico.
.-Hay cosas que sé hacer mucho mejor… —dijo sonriendo— ¿No quieres comprobarlo?
El joven asintió ansioso, girando la cabeza para recibir un beso salvaje y nada cariñoso que le hizo doblarse de una manera en la que pensó que se rompería el cuello.
Luego sólo follaron.
Draco bajó los pantalones del chico hasta las rodillas y sólo sacó su pene de entre sus ropas para penetrarle. No hubo cariño, ni cuidado, follaron como animales y luego cada uno se vistió y salió del cubículo sin decir ni una sola palabra, aunque fue el joven rubito quien rompió su mutismo cuando Draco se disponía a salir del servicio.
.-Tenían razón —Malfoy alzó una ceja—. Los chicos —agregó el otro—. Tenían razón: Eres un Dios en la cama.
Draco sonrió con superioridad y, sin decir una palabra, salió del baño y del pub.
Cuando despertó Brad aún no había llegado, pero el armario estaba semiabierto, contrariamente a cuando él se acostó la noche anterior.
Se levantó lentamente y se acercó a él. Seguía estando como siempre si se exceptuaba el hecho de que, donde antes había estado la ropa de Brad, ya no había nada. El mueble sólo contenía su ropa, y Harry sintió que su corazón se oprimía un poquito con la certeza de que Brad le había abandonado. Se dirigió rápidamente hacia la cómoda para mirar en los cajones que había ocupado la ropa de su prometido. Tampoco había nada, sólo una pequeña nota en la que había escritas tres míseras palabras:
Lo siento,
Brad
¿Por qué se disculpaba¿Por abandonarle¿Por no darle ninguna explicación? En ese momento no podía hacer otra cosa más que odiarle. Había creado miles de historias para cuando estuvieran casados, historias que, ahora que se formaban en su cabeza, tenían un final espantoso.
.-Brad… —gimoteó. Dios, todo eso le dolía en el alma. ¿Por qué había tenido que irse con lo feliz que le hacía? Con él no había oscuridad, sólo luz y amor por todas partes.
Tenía que recuperarle, aunque tenía la certeza de que, hiciera lo que hiciera, Brad no volvería con él.
Cogió el teléfono y marcó el número de su otrora prometido. Casi al instante sonó la voz de la operadora.
El teléfono móvil al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento. Vuelva a intentarlo más tarde, por favor. Gracias.
Y de nuevo ese insoportable pitido que daba la llamada por finalizada. Ese pitido que había escuchado tantas veces años atrás, cuando Draco se iba y no aparecía en meses, o años, o simplemente no quería hablar con él.
'Mierda', pensó. Encima había apagado el móvil. No podría ponerse en contacto con él de ninguna manera, por mucho que lo deseara.
Sabía adónde se había ido, pero ir a casa de sus padres sabiendo que su madre no lo podía ni ver por no sentir lo mismo hacia Brad que éste hacia él sería un suicidio.
Christian estaba enfermo. La noche anterior la había pasado con fiebre, y no hacía más que toser durante la mayor parte del día, más aún por la noche.
.-Mamá… —dijo el niño al entrar en el salón. Eran las doce de la noche y Christian llevaba acostado cerca de dos horas. Hermione estaba rellenando unos formularios de su trabajo, y despegó inmediatamente la vista de su trabajo para mirar a su niño.
.-Cariño¿qué te pasa? Deberías estar ya dormido —dijo con cariño, haciéndole una seña para que se acercase a ella. El crío así lo hizo y Hermione le sentó sobre sus rodillas, abrazándole contra ella—. ¿No puedes dormir? —el niño negó con la cabeza, y Hermione le hizo girarse brevemente, permitiéndole así poner sus labios en la frente de su pequeño—. Parece que ya no tienes fiebre¿quieres quedarte conmigo un rato? —Christian asintió sin dudarlo, sonriendo ampliamente. Eso es lo que había ido buscando desde el principio, y Hermione, al adivinar los motivos de la sonrisa de su hijo, se rió. Le levantó de encima suyo y, dándole una juguetona palmada en el trasero, le instó a sentarse en el sofá.
Se sentó junto a él después de poner una película en el DVD y el niño se tumbó y colocó la cabeza sobre el regazo de su madre. La película comenzó, y la sonrisa de Chris se amplió hasta límites insospechados apenas el DVD comenzó a funcionar. El Rey León. Su favorita. Le gustaba tanto que se sabía los diálogos de memoria —después de haberla visto unas veinte veces—, y en cuanto los personajes comenzaron a hablar, él los secundó.
Hermione sonreía encantada, acariciando el cabello castaño de su niño y viendo la película con él.
No habían llegado ni a la mitad de la película cuando Hermione percibió que Christian se había quedado callado. Cinco minutos después la respiración profunda y pausada del niño le confirmaron que se había quedado dormido.
Se levantó con cuidado de no incomodarle y le cogió en brazos para llevarle a la cama. Le tumbó en ella y le arropó con el edredón para luego sentarse a su lado y apartarle el cabello de la cara. Su niño… ya con diez años…
Besó su frente y se dispuso a volver al trabajo. Ya casi era la una de la madrugada, y al día siguiente tenía que madrugar, pero no quería acostarse antes de terminar con esos formularios.
.-Remus… tengo un mal presentimiento —dijo Sirius. El otro hombre le miró con el entrecejo fruncido, sin comprender.
.-¿Un mal presentimiento? —preguntó. El moreno asintió, convencido de ello.
.-Sí, no me preguntes por qué pero tengo un mal presentimiento.
El castaño le abrazó contra su pecho y se acurrucó junto a él en la cama, enredando sus pies. Sirius ocultó la cara en el hueco entre el hombro y el cuello de su pareja, y apenas cinco minutos después dormía plácidamente, sin pensar en nada y soñando con todo.
Remus acarició cariñosamente su cabeza, cuidando su sueño y queriéndole en silencio.
Luego simplemente dormía.
Aquella mañana despertó peor que nunca. Ni siquiera estaba en su lujoso apartamento del centro de Londres, sino en un piso de mala muerte en el que estaba seguro no volvería a entrar jamás.
Estaba tumbado en una cama cochambrosa comparada con la suya —que era de matrimonio y estaba casi a ras del suelo, con una tarima debajo que le había costado miles de golpes y moratones en las piernas, elegante pero moderna— que tenía sábanas de algodón llenas de bolas y una de esas mantas que pican endemoniadamente. En definitiva: Un cuchitril. Una cama que él nunca compraría en un piso en el que él jamás viviría. Ni siquiera el piso de Harry —con lo jodidamente desordenado que era— podía ser tan patético como ese.
Pensar en su Harry hizo que de nuevo se abriera esa herida en su pecho y que volviese a sangrar, matándole de dolor. Cerró sus ojos en un vano intento de que la imagen de Harry saliera de su cabeza, pero por el contrario ésta se refugió en el interior de sus párpados. Gimió levemente, no permitiéndose llorar.
.-Veo que ya has despertado —dijo una voz masculina —'Muy masculina', fue lo primero que pensó Draco— al otro lado de la puerta del "dormitorio", si es que se le podía llamar así.
Abrió los ojos y se encontró con un fortachón —un fuerte fortachón— delante de su nariz. Se removió un poco y, al notar que no le dolía el trasero, suspiró tranquilo. El fuerte fortachón ese había sido un pasivo de campeonato. De hecho, todos los de su calaña lo eran. Sonrió. Unos ojos grandes y bonitos, sí señor, muy bonitos, y verdes. Casi, casi iguales a los de Harry.
'Mierda, Harry de nuevo', pensó Draco atormentado. '¿Es que no voy a poder olvidarte nunca, joder?'
Algo muy dentro de él le decía que no, que no iba a poder olvidarle nunca, y que tampoco lo intentaría. Y Draco pensó que tenía madera de masoquista.
Tenía que irse. Tenía que largarse de ahí como fuera. Cuanto antes.
.-Apártate —le dijo al fortachón. Ni siquiera sabía su nombre. Tampoco le importaba. Sólo quería largarse.
Se vistió rápidamente y salió del piso. Harry, Harry, Harry, Harry… El nombre bombardeaba en su cabeza, y no era para menos. Harry se casaba. Ese mismo día. En apenas diez minutos.
Cogió la moto sin molestarse en ponerse el casco y salió a toda velocidad hacia la iglesia.
El único problema fue que nunca llegó.
El teléfono sonaba insistentemente. ¿Quién demonios podría ser? Harry no, estaba durmiendo en su casa después de que la boda se suspendiera, así que él no podría ser. ¿Entonces quién?
Cogió el auricular y lo puso en su oreja.
.-¿Dígame? —preguntó con voz grave.
.-¿Es usted la señorita Hermione? —preguntaron al otro lado del auricular. Parecía una especie de recepcionista, pensó. ¿Habría pasado algo?
.-No, un momento, ahora mismo se la paso —se despegó el teléfono de la oreja y puso su mano en el altavoz. Luego gritó—¡Hermione!
Ella se dirigió a la sala, donde estaba su marido, y le miró.
.-¿Qué pasa? —preguntó.
.-Te llaman —susurró el castaño pasándole el auricular.
Ella lo cogió y se colocó en la oreja.
.-¿Sí? —preguntó suavemente.
.-¿Señorita Hermione? —ella afirmó—. Le llamo del hospital —la castaña asintió, comenzando a preocuparse—. ¿Es familiar del señor Draco Malfoy?
.-¿Le ha pasado algo a Draco? —preguntó asustada—. Soy amiga suya —aclaró—. Pero dígame¿le ha pasado algo?
Hubo un espeso silencio de unos segundos, luego la recepcionista habló de nuevo.
.-Ha sufrido un accidente. Un coche le arrolló cuando circulaba con su moto cerca de la capilla de St. Michael —dijo la mujer—. ¿Podría darme el teléfono de algún familiar?
.-Si no le importa, preferiría ser yo quien se pusiera en contacto con su familia, gracias —la voz de Hermione se quebró al instante, y la mujer al otro lado del teléfono no pudo sino sentir pena por ella. Ya había hablado más veces con esa mujer, estaba segura de ello.
.-De acuerdo, como quiera. Gracias.
Hermione sólo asintió y colgó el teléfono, derrumbándose luego en los brazos de su esposo, que se había mantenido junto a ella, mirándola preocupado.
.-¿Qué ocurre, Mione? —le preguntó.
.-Draco ha tenido un accidente, está en el hospital.
.-¡¿QUÉ?! —se escuchó a alguien gritar al otro lado de la sala. Luego un portazo y un coche que arrancaba y se ponía en marcha a toda velocidad. Hermione y Blaise sólo alcanzaron a ver un destello de pelo negro.
Y aquí está, el chap. 21. Extraño, verdad?? Pues sí. Ahora matarme, tirarme piedras, tomates, lechugas, lo que queráis. Lo acepto todo Es que mi inspiración se fue de vacaciones y no se dignaba a volver ;; Pero al menos se ha sentado sobre mi hombro para que pudiera terminar este patético intento de chap. de Sin Control. Siento que sea tan corto y eso, pero mi imaginación no da para más ahora mismo ;; Besos!!
Reviews?? Los merezco??
Yeire
