SIN CONTROL
Capítulo 22
Entró en el hospital como una ráfaga de aire. Tenía que verle. Dios¡había tenido un accidente! No podía ser, no podía pasarle nada, no a él, nunca.
Se plantó al final de la fila de información y esperó impacientemente a que llegara su turno. Su pie golpeaba insistentemente contra el suelo, provocando un molesto ruidillo que ocasionaba que la gente le mirase de reojo con desagrado. Sin embargo, a él no le preocupaba excesivamente, pues no dejaba de hacerlo. Cuando al fin llegó su turno, estaba tan nervioso que casi se mordía las uñas.
-Dígame —dijo la mujer que había detrás del mostrador de información, mirándole con el ceño fruncido cuando llegó su turno.
-Quería saber cuál es la habitación de Draco Malfoy —dijo él.
La mujer comenzó a buscar en el ordenador y, cuando encontró el nombre de Draco, puso una cara que a Harry no le gustó en lo más mínimo.
-¿Qué ocurre? —preguntó el moreno. La mujer le miró a los ojos con cara de pena.
-¿Es usted un familiar? —preguntó.
-Su mejor amigo.
Ella no cambió su expresión, y miró su rostro preocupado.
-Está… en la UCI —dijo, y observó los cambios en la expresión de Harry. Su mandíbula se endureció, sus ojos verdes se oscurecieron, sus cejas se fruncieron y su rostro se tensionó y perdió el poco color que le quedaba—. Suba a la tercera planta y los médicos le explicarán lo que le ocurre.
El moreno sólo asintió y se alejó con paso lento y desgarbado, como si aún no se lo pudiera creer.
Cuando subió a la tercera planta, se encontró con una sala de espera repleta de gente en silencio, llorando, o simplemente mirando expectante hacia las puertas al final de ésta.
Narcisa llegó poco tiempo después que él, asustada, y cuando le vio allí, sentado en la escalera, con los codos en las rodillas y la cabeza enterrada entre las manos, se acercó rauda a él y le abrazó contra su pecho.
Él la miró desde su refugio y la abrazó también, animándola todo lo que pudo. Ella se arrodilló en la escalera, entre sus piernas, y no dejó de abrazarle en ningún momento.
Cuando los médicos salieron y, sin mirar a nadie, comenzaron a llamar a los familiares, ellos aún estaban abrazados.
Draco fue llamado, y Harry y Narcisa se acercaron presurosos al médico, esperando por su informe.
El hombre, sin ningún tipo de consideración, comenzó a hablar, y Narcisa se abrazó a Harry en cuanto oyó lo que tanto temía, negándose a escuchar más. Harry, sin embargo, sí lo hizo.
-No voy a mentirles —comenzó el hombre—. Sufrió un traumatismo craneoencefálico moderado y puede tardar semanas en recuperarse. De momento, aunque puede empeorar, abre los ojos cuando se le habla, se retira cuando se le toca en algún lugar dañado y dice constantemente un nombre. Probablemente Harvey, no se le entiende muy bien. ¿Pueden imaginar a quien llama?
La mirada de Narcisa se desvió hacia Harry, y el hombre del traje verde también le miró.
-¿Usted es Harvey? —preguntó.
-Harry, soy Harry.
El hombre asintió y, en ese momento, una enfermera jovencita y de facciones suaves se acercó a ellos.
-Dr. Thompson —dijo al hombre que hablaba con ellos. Él la miró—. El señor Malfoy ha vuelto a repetir el mismo nombre, doctor, me dijeron que le avisara.
El doctor Thompson asintió y miró de nuevo a Harry.
-Tienen una hora para verle, de uno en uno¿de acuerdo? —el moreno asintió y le entregó un par de los patucos verdes que había guardado en su bolsillo.
-Entra tú primero, Cissa —la mujer asintió y Harry se dispuso a volver a su lugar en la escalera para esperar impacientemente su turno.
La rubia mujer salió casi media hora después de entrar, y por sus ojos rojos y sus pestañas húmedas supo que no le iba a gustar lo que vería. Sin embargo, no dijo nada. Solamente abrazó a Narcisa con brevedad y entró al pasillo, en el que el médico les había hablado, para luego dirigirse al lóbulo número dos, donde se encontraba Draco.
Estaba en la segunda cama a la derecha, junto a la mesa en que las enfermeras hacían sus informes.
A Harry no le gustó verle en ese estado, entubado y lleno de cables por todas partes. Tenía fiebre, y su cuerpo irradiaba tal calor que el moreno casi hubiera jurado que tenía más de 40ºC. Incluso, a veces, le daban escalofríos, y a Harry eso no le daba buena espina.
Se acercó a él y le besó en la frente. Luego se situó junto a su oído.
-Dios mío, Draco¿por qué lo hiciste¿Por qué te compraste esa endemoniada moto? Nunca te gustaron —le dijo—. Recuerdo que estuviste a punto de arrancarme la lengua cuando se me ocurrió mencionar que me compraría una. Son demasiado peligrosas, dijiste. ¿Qué pasa¿Que no pensaste en eso cuando compraste ese cacharro?
El rubio se removió un poco y sufrió otro estremecimiento cuando Harry le apartó el pelo —y se sorprendió de verlo tan largo— de los ojos.
-Eres un irresponsable. Siempre lo fuiste —sentenció.
Y se inclinó para besar sus labios resecos muy suavemente, temiendo dañarle.
-Harry… —susurró, con voz pastosa, el rubio. Y si Harry no hubiera recordado en ese momento que era así como Draco pronunciaba su nombre, no habría sabido que lo había hecho allí, inconsciente pero pensando en él. Como siempre.
-Te quiero, rubito —dijo el moreno, acariciando su lacio cabello muy suavemente, intentando calmar los escalofríos que, de nueva cuenta, inundaban su cuerpo—. Y no vas a morir, no vas a dejarme solo, no vas a dejar a tu madre sola, la matarías, lo sabes —en este punto sus ojos ya derramaban calientes y saladas lágrimas, y, aprovechando que la cama estaba rodeada por cortinas y sabiendo que a Draco no podía hacerle ningún daño, se sentó en la silla que había junto a la cama y, apoyando los brazos cruzados sobre el colchón antes de acomodar su barbilla en ellos, se quedó transpuesto mirándole.
Miro sus párpados, amoratados, y pensó en cómo se verían sus ojos grises. Si serían tan límpidos como antes o serían algo más oscuros. Acarició su pelo, tan rubio y lacio como siempre, algo enredado y mucho más largo de lo que lo había llevado dos años atrás, ya que prácticamente le llegaba por los hombros. Miró sus facciones, que la última vez que le vio eran algo más suaves, más redondeadas, y ahora eran las facciones de todo un hombre. Y su pecho, descubierto porque su torso estaba por completo rodeado por multitud de vendas, más fuerte de lo que lo recordaba. Y fue entonces cuando las enfermeras le sacaron de su trance.
-Señor —dijo una de las dos mujeres—. La hora de visitas ha terminado, tiene que irse.
El moreno asintió silenciosamente, pensando que ojalá pudiera quedarse con él, que si estuviera simplemente en una habitación de ese hospital, no dudaría ni un segundo a la hora de pasar la noche sentado en un incómodo sillón de cuero, solamente para mirarle, para velar su sueño.
Se levantó de la silla lentamente y le miró. Las enfermeras ya se habían retirado, y besó suavemente los labios del rubio para luego mirarle, y besarle otra vez, y volver a mirarle.
-Recupérate, Draco —le dijo antes de besarle, mirarle de nuevo e irse.
Cuando llegó a casa, esperó encontrarse a Brad sentado en el sofá, viendo una película, o tumbado en la cama, leyendo un libro. Esperó incluso encontrárselo haciendo ejercicio, y cuando no lo hizo, recordó todo lo ocurrido en esos días.
Recordó que Brad se había ido, que sólo le había dejado una miserable nota que decía Lo siento. Un puto lo siento. ¿Y qué coño significaba eso? Nada. No significaba nada. Brad le había dejado con una justificación estúpida. La más estúpida que había escuchado en años.
Y no iba a ir a buscarle. Ya le había llamado y no había recibido respuesta. No pensaba rebajarse a más.
Ahora era Draco el que necesitaba toda su atención. Era él el que estaba en el hospital, en la UCI, más grave de lo que le gustaría. Era él el que podría estar muriendo, no Brad, y era él el que necesitaba de su total atención. Si Brad le había dejado, peor para él.
Sin prestar atención a nada más a su alrededor, se metió en la cama y se quedó dormido, deseando que llegase la hora de ver a Draco de nuevo.
Durmió apenas dos horas. La llamada del hambre no le dejó disfrutar más de su sueño. Tuvo que levantarse para comer algo. Lo que fuera, aunque no fuera mucho.
Tenía hambre, sí, pero también el estómago cerrado, y finalmente comió un par de miserables galletas. Integrales, para más inri. Las que compraba Brad y él siempre evitaba comer. Dios, qué asco. ¿Cómo coño le podía gustar esa mierda?
Tiró lo que quedaba de las galletas a la basura y buscó por las estanterías algo más normal para comer.
No lo encontró, eso sobra decirlo. Brad hacía la compra, y todo estaba lleno de esa mierda integral que siempre comía y parecía encantarle. Más de una vez se había preguntado cómo eso podría gustarle. Y seguía sin tener respuesta para esa pregunta. Eso era as-que-ro-so. Con todas sus letras y sus sílabas y sus 's'. Repugnante, imposible de comer. ¡Argh¡Cómo lo odiaba! Aborrecía toda esa comida, y aborrecía aún más a Brad por haberla metido en su casa. Menudo asco.
Entonces abrió la nevera y se encontró con… más de lo mismo. Esa puta mierda de queso de cabra, jamón de york, verduras y hortalizas.
Y buscando, al fondo de la nevera, se hizo la luz. ¡Una botella de leche¡Y no desnatada ni semi-desnatada ni con fibra ni hostias, no¡entera¡Por fin algo que merece la pena en esa puta casa de mierda!
La rescató de allí sin tener ningún cuidado del resto de la comida y, sin molestarse siquiera en buscar un vaso, abrió la botella y bebió con ansia de ella. Luego se limpió la boca con el dorso de la mano y volvió a la cama, poniéndose el despertador a las cinco y media de la tarde, de modo que le diera tiempo de sobra para ir a ver a Draco.
De cualquier manera, no consiguió dormir mucho. A las cuatro de la tarde ya estaba despierto de nuevo, a pesar de que apenas había dormido hora y media y, sabiendo que no sería capaz de dormirse de nuevo, decidió limpiar la casa. Comenzó por el baño, que estaba prácticamente limpio debido a que apenas lo habían tocado en al menos dos días, así que no le hizo falta mucho más que pasarle la bayeta un par de veces.
Luego se desplazó a la cocina, en la que había armado la de Dios al sacar la leche de la nevera sin preocuparse por el resto de los elementos de ésta. Lo limpió todo sin protestar ni una sola vez. Sin decir joder o jodamos, cosa rara en él.
Y cuando terminó se afano en limpiar el salón y, sobre todo, el dormitorio. Quería verlo como los chorros, y por primera vez él sólo —pues esa tarea siempre la hacían Brad y él juntos—, cambió las sábanas de la cama y recogió toda la ropa que había dejado regada por la habitación antes de acostarse. Cuando terminó no pasaban de las cinco y media, así que se dio una ducha rápida, se vistió y salió hacia casa de Hermione y Blaise para informarles del estado de Draco, y también tendría que llamar a Pansy, y a Sirius y Remus. aunque Sirius no pudiera ni ver al rubio desde que había pasado todo aquello hacía ya dos años, tenía que saber lo que le ocurría. Si no, y Harry estaba seguro de eso, era hombre y ahijado muerto.
Cogió el coche y no tardó más de cinco minutos en llegar a casa de sus amigos. Fue Hermione la que abrió.
-¿Ocurre algo, Harry? —preguntó preocupada, el moreno negó con la cabeza—. ¿Ya se ha recuperado Draco?
Él volvió a negar, y entonces llegó Christian, corriendo, y se arrojó en los brazos de su padrino.
-¿Qué le pasó a tío Draco, padrino? —preguntó. Se veía preocupado, y tan sólo tenía diez años, demasiado joven para sentirse preocupado por nadie—. ¿Le viste? Yo quiero verle, padrino, hace mucho que no le veo.
Los ojos de Harry se empañaron al mirar al niño y se agachó junto a él, abrazándole suavemente mientras susurraba en su oído.
-Tranquilo, cariño, pronto le verás de nuevo. Ya verás.
Blaise llegó unos minutos después que su hijo y miró a Harry y luego a Hermione, luego se acercó a ésta y la abrazó por los hombros, suavemente.
-Ve a tu habitación, Chris, tu madre y yo tenemos que hablar con tío Harry —dijo. El niño protestó, pero Harry le dijo 'por favor' y se fue sin decir nada más, haciendo pucheros. Cuando ya estaba saliendo por la puerta, Harry le llamó y él miró hacia atrás.
-Luego, cuando vuelva, te prometo que jugaré contigo a los coches —el niño soltó un '¡guay!' que hizo sonreír a Harry, pero en cuanto Christian se giró y salió corriendo en dirección a su habitación, la sonrisa se borró instantáneamente.
-¿Cómo está? —preguntó entonces Blaise.
-Mal —contestó el moreno—. Traumatismo craneoencefálico moderado. El médico dijo que puede tardar semanas en recuperarse. ¡Por el amor de Dios, está inconsciente! Dicen que puede perder parte de la memoria.
Fue Hermione la que intervino entonces.
-Se pondrá bien, Harry, ya lo verás —aseguró—. Draco es más fuerte que todo esto.
-Antes, Hermione —rebatió harry—. Antes era más fuerte que todo esto, ahora no lo sé. Parece que está verdaderamente mal y, sinceramente, no creo que salga de ésta.
Lo dice como si no doliera. Como si el echo de que Draco Malfoy muriera no tuviese mayor importancia. Y lo guarda todo dentro, el dolor por la posible pérdida, la angustia de que ésta se produzca… sólo saca de su interior el pesimismo, la mala fe, y es por eso que Hermione se acerca a él furibunda y le abofetea.
La cara de Harry se vuelve hacia el otro lado y éste solloza, pero ninguna de las lágrimas que retienen sus ojos se derrama. Y Hermione sabe que lo que le ha dolido es que el golpe se lo merecía (y no el impacto en sí) y se acerca a él y le abraza y le besa en la mejilla y le dice:
-No digas eso, Harry, por el amor de Dios, no se te ocurra decir eso.
Éste gimió suavemente y derramó un par de saladas lágrimas, sollozando casi imperceptiblemente.
-No quiero que se muera, Hermione —susurró junto a su oído, abrazándola fuertemente contra su pecho—. No quiero que me deje.
Ella se estremeció y, deseando que sus palabras fueran ciertas, dijo:
-No se morirá, Harry, Draco es fuerte. Saldrá de ésta como ha salido de todas las demás —y luego encontró un argumento para afianzar sus palabras—. ¿No recuerdas el accidente que tú tuviste hace tanto tiempo¿No saliste de ésa? Y te puedo asegurar que lo tuyo fue realmente grave. Puede que incluso peor que lo de Draco, te lo aseguro.
El moreno apretó los puños y endureció su mandíbula, luego se separó de Hermione.
-Le odio —dio con furia—. Le odio por no dejarme comprar esa moto que tanto me gustaba, y le odio por haberse comprado una él y haber tenido un accidente —sollozó—. Juro por Dios que le odio.
La chica le abrazó de nuevo, acariciándole la nuca y diciéndole: 'Shhh… tranquilo…' mientras el moreno lloraba, aferrándose a su amiga como quien se aferra a una roca cuando está a punto de ser arrastrado por la corriente.
Ella le ayudó tanto como pudo. Sosteniéndole, dejándole llorar en su hombro y meciéndole mientras lo hacía.
Blaise sólo les miraba, cruzado de brazos y con el flequillo delante de los ojos, triste. Miró a Harry, y luego a su mujer, que le devolvió la mirada con algo parecido a la pena bailándole en ella y las mejillas cubiertas de silenciosas lágrimas.
Luego se acercó a ellos y colocó su mano en el omoplato de su amigo.
-Vamos, Harry, te llevaré al hospital —dijo. El moreno le miró sin verle realmente—. No puedes conducir. Y yo también quiero ver a Draco.
Potter miró a Hermione, preguntándose si ella no quería verle.
-Yo iré mañana —dijo ella, imaginándose lo que su amigo se preguntaba—. Alguien tiene que quedarse con Chris y hablar con Sirius, Remus y Pansy.
Harry negó muy suavemente con la cabeza.
-A Remus y a Sirius preferiría avisarles yo, Hermione, por favor —dijo. La voz tomada, las mejillas húmedas, los ojos brillantes.
-Claro, Harry, no hay problema —dijo ésta.
Cuando llegaron al hospital Narcisa ya estaba allí, sentada en las escaleras, esperando a que llegara la hora de entrar a ver a su hijo.
Se acercaron raudos a ella y Blaise la abrazó con suavidad, sin saber si estaba realmente dándole fuerzas o sosteniéndola para que no se derrumbara completamente.
-Draco saldrá de ésta, Narcisa, te lo prometo —dijo—. Siempre ha sido más fuerte de lo que todos esperábamos.
Okay. Piedras, tal vez?? Si tenéis ganas de tirármelas no os culpo, en serio Sé que me las merezco con todo, jeje, así que tenéis permiso. A todo esto… mañana hace un año que empecé a publicar el fic . Joer, qué ilu. Mi bebé slash tiene ya un añito 3
Bueno, sí, que no he actualizado porque tenía algunos problemas de familia y eso y que voy a dejar de decir gilipolleces, que parece que me salen del alma. Venga, mil besitos a todos y dos mil gracias por seguir leyendo, aunque no todos dejéis comentario. Mil bks!!
Yeire
