SIN CONTROL
Capítulo 23
Los médicos no hablaron con los familiares por la tarde, así que Harry, Narcisa y Blaise sólo entraron a ver a Draco. También una hora, y ésta vez fue Blaise el que entró primero y el que menos tiempo permaneció junto al rubio.
Luego Narcisa, más calmada que por la mañana, y, después, Harry.
Draco no parecía tener mejor aspecto, ni tampoco dejaba de decir ese Harry que el moreno tanto conocía. Esa tarde Harry sólo se dedicó a contarle banalidades sobre Axis, su gata —a la que Draco tanto adoraba—. Le contó que se había escapado de casa cuando Brad se fue a vivir con él y que no tenía idea de dónde podía estar, pero que era demasiado pequeña para andar sola por ahí. "Bueno", le dijo, "era pequeña cuando escapó de casa. Ahora debe rondar los dos años."
- Recuerdo que le prestabas más atención a ella que a mí mismo —se rió—. Espero que vuelva pronto, y así, cuando tú te recuperes, podrás verla también.
Y luego le contó lo que había pasado con Brad. Que se había ido de casa y que le había dejado una mugrienta nota como despedida y disculpa. Se rió levemente.
- Seguro que Axis se fue por su culpa —dijo—. Cada vez que él iba a casa se escondía debajo de la mesa auxiliar (en la que tenía el teléfono¿recuerdas?) y no salía hasta que él se marchaba.
Y volvió a reír. No hace falta decir que, en su risa, ninguna alegría iba oculta.
Y Draco gimió, un poco de dolor, cuando Harry le acarició el pelo. Harry pidió perdón antes de darse cuenta de que Draco no podía oírle y salió de la habitación para dejarle descansar, a pesar de que el rubio no estaba descansando en absoluto.
Cinco minutos después estaba de camino hacia Grimmauld Place y de camino a darles la noticia a Sirius y a Remus.
Ellos no dirían nada, por supuesto, pero tendría que contarles que habían hablado por teléfono y Remus le diría que "no tendrías que haber dicho eso" con su voz tan ronca como siempre mientras Sirius le miraba mal y "se lo merecía" sería la única frase que saldría de sus labios.
Luego se mirarían el uno al otro con reproche y mirarían al propio Harry con compasión.
Sin embargo, nada ocurrió como él esperaba.
Cuando llegó a la casa y abrió la puerta, un extraño silencio le recibió. Normalmente, Remus y Sirius estaban cantando, con los Beatles resonando por debajo de sus voces y el gramófono encima de la mesa de la sala (normalmente estaba en el dormitorio de ambos) y con la mitad de los sillones volcados y las alfombras arrugadas en lados opuestos de la habitación mientras ellos bailaban al ritmo de "Roll over Beethoven" en el centro del desastre y moviendo las caderas.
Esta vez, en cambio, no se escucha "Penny Lane" ni ninguna otra canción, de los Beatles o de cualquier otro. Se escucha silencio, casi se palpa, y se ven muebles oscuros por todas partes, llenos de vajillas de los Black y oscuridad.
Cerró la puerta a sus espaldas y llamó a Sirius con la voz tan alta como le salió, pensando que tal vez estarían durmiendo, o en la biblioteca tumbados en el sofá y arropados con una manta mientras Sirius leía algo para Remus y éste dormitaba tumbado entre sus piernas, con la cabeza apoyada en su pecho; pero éste no contestó.
No tardó mucho en darse cuenta de que no estaban en la casa. No había ni un solo ruido, y sabía que no estaban acostados porque Sirius no era capaz de meterse en la cama a esas horas ni con una escopeta de dos cañones apuntando a su sien, así que cogió el móvil y llamó a Remus. Su móvil sonaba en algún lugar de la casa y nadie contestaba. Comenzaba a preocuparse y llamó entonces a Sirius, aunque era raro que él llevara el móvil encima. Sin embargo, lo llevaba. Contestó con la voz rota y Harry se preocupó aún más.
- ¿Qué ocurre, Sirius? —preguntó. Su padrino gruñó, reconociéndole. Probablemente ni siquiera había mirado la pantalla del teléfono antes de contestar.
- Nada, Harry, no ocurre nada —le dijo con una voz que no parecía suya, falsamente despreocupada y suave, cuando normalmente Sirius ladraba.
Harry frunció el ceño y salió de la casa, sentándose en el coche.
- ¿Dónde estáis, padrino? —preguntó con voz cansina.
- ¿Dónde íbamos a estar, Harry? En casa, estamos en casa —su padrino gruñó una palabrota, y luego ladró—: Menuda pregunta más tonta.
Harry suspiró. "Qué paciencia hay que tener", se dijo.
- No estáis en casa, Sirius, yo estoy en casa —una nueva palabrota y luego silencio—, así que dime dónde estáis a no ser que quieras que registre toda la ciudad hasta encontraros —"Maldito niño del demonio" fue todo lo que Sirius dijo—. Dímelo, Sirius, o lo haré.
- Estamos en el Royal London Hospital —dijo, y colgó. Harry iba a preguntarle qué hacían allí, pero no le dio tiempo, así que se puso en marcha hacia el lugar, preocupado. ¿Qué habría pasado?
Cuando llegó al hospital lo reconoció: Era donde estaba ingresada la madre de Remus, con un coma profundo desde hacía, al menos, cinco años. Buscó la habitación, la 255, en la segunda planta, y antes de dar con ella vio la figura de su padrino en el pasillo.
Sirius Black, cruzado de brazos y recostado en la pared, pensaba en lo que había ocurrido en esos cinco años. Remus y él habían ido casi cada semana a visitar a la madre de éste. Y le había parecido hermosa la imagen que había contemplando cuando, la última vez, una enfermera se le acercó para comunicarle que tendrían que abandonar la habitación, que Aurora debía ser sometida a unas pruebas rutinarias. Sirius había entrado en la habitación para decírselo a su pareja y se lo había encontrado tumbado en la cama junto a su madre, con uno de los brazos inertes de ella sobre su cabeza y con ésta apoyada en el pecho de la mujer mientras Remus le hablaba, y no tuvo corazón para decirle que tenían que irse. En cambio, volvió junto a la enfermera y le dijo que "tendrán que esperar. Hay cosas más importantes que unas pruebas rutinarias" pensando que ojalá él hubiera querido tanto a su propia madre, aunque si así hubiera sido en ese mismo momento no estaría con Remus. Desechó la idea de inmediato.
Cuando Harry le llamó salió de su trance y miró a su ahijado tan sólo elevando un poco sus ojos. Se encontró con una mirada preocupada que le rompió el corazón y cubrió esas orbes plateadas con sus párpados.
Unos minutos después la voz de Harry fue ahogada y ronca preguntando "qué pasa" y Sirius no fue capaz de mentir, así que dijo en voz alta lo que tantas horas llevaba negándose.
- Se está muriendo —y Harry tembló.
Aurora Lupin siempre había sido como una abuela para él, y apenas había asimilado que estaba en coma. Al fin y al cabo, iba a verla todos los meses, con Sirius y Remus. Sería horrible ahora asumir no sólo que estaba en coma, sino también que se estaba muriendo. Sirius le hablaba, pero no encontraba nada comprensible en las palabras de su padrino. "…no saldrá del coma…", "…le quedan unas horas…", "…tienen que desenchufarla de las máquinas…", "…está destrozado… lleva ahí metido tres horas…".
No concebía nada de lo que pasaba a su alrededor, hasta que un médico se paró frente a Sirius y le dijo que tendrían que desalojar pronto la habitación. Sirius se cabreó, y entonces habló de esa manera en que parecía que ladraba de verdad, como si fuera un perro "no le voy a sacar de ahí. Es su madre, y se está muriendo, así que hasta que él no quiera salir nadie le obligará". Si lo fuese, Harry estaba seguro de que mearía alrededor de la puerta para marcar no su territorio, sino el de Remus. El médico le dijo que habían tenido una hora antes esa misma conversación y que se repetía y que necesitaban la habitación para otro paciente. "Si ya hemos hablado de esto entonces¿por qué se molesta en repetirlo? No le voy a dar otra respuesta. Y me importan un comino sus otros pacientes. Remus se va a quedar ahí hasta que a él le de la gana salir y usted no va a impedirlo. ¿Tiene que hacer su trabajo? Pues bien, vaya a hacerlo a otra puta habitación y deje a mi pareja en paz".
El médico se fue de allí bastante ofendido y entonces Sirius se acercó a su ahijado y le miró con cautela. No sabía exactamente cómo reaccionar cuando veía a Harry con el rostro cansado y esas ojeras. Y entonces se dio cuenta de que algo debía pasar, pero no le dio tiempo a preguntar nada, pues el joven ya había contestado a su pregunta con un escueto "él también está en coma".
Pensó en Blaise, pero era imposible. Él mismo le había visto unos días atrás y estaba en perfecto estado. ¿Entonces quién? Tal vez Brad, pero no creía. El castaño siempre había sido muy cuidadoso con su coche y no se saltaba el límite de velocidad ni a tiros, y tenía mucho cuidado tratándose de su salud, así que no podía ser él. Luego pensó en quien le había estado robando el sueño a su ahijado desde hacía años, pero lo desechó de inmediato. Hacía dos años que no sabían nada de él. Entonces Harry dijo "Draco está en coma" y el mundo de Sirius se vino abajo junto a el de Harry. Ahora mismo no podía reprocharle nada, ya tenía demasiado.
- Harry… yo… —iba a decir algo, pero se le había olvidado el qué, así que se acercó al joven y le abrazó con cariño, dejando que Harry llorase en su hombro. Después de todo lo que había pasado en esa semana, lo necesitaba.
No dijeron nada durante un buen rato, a ambos les costaba encontrar palabras adecuadas para dirigirse y ninguno quería romper ese mágico momento. Al final, se vieron obligados a hacerlo por una fuerza mayor. La puerta de la habitación 255 se abrió, y por ella apareció Remus Lupin, con los hombros caídos, tremendamente pálido e increíblemente ojeroso. Sus ojos estaban rojos e hinchados, al igual que sus labios, y se mordía el inferior. Lágrimas caían por su rostro y le temblaban las manos como si fueran unas simples hojas expuestas al frío aire de invierno. Les miró como si estuviera perdido, sin saber qué hacer, derrumbado, y solo dijo dos palabras "ha muerto" seguidas de un sollozo y un abrazo por parte de Sirius que a Harry le partió el alma. Ver a Remus sujetándose de Sirius con los puños en torno a su camisa fue más que doloroso. Se dejaba caer y Sirius le sujetaba, y entonces acabaron los dos de rodillas, mientras Remus sollozaba y repetía la misma retahíla de palabras sollozo tras sollozo "ha muerto, Sirius. Mi madre… mi madre ha muerto". Harry no podría explicar lo que sintió al ver la complicidad entre los dos hombres. Y recordó que entre Draco y él ya no había esa complicidad.
Y probablemente no volverá a haberla nunca.
Hermione miraba a Blaise y a Christian, sentados ambos en la mesa de la sala mientras Christian hacía los deberes y Blaise solamente observaba y corregía las pocas cosas que tenía mal. Estaba orgullosa de su hijo. Era tan inteligente como ella y adoraba la Química tanto como su padre, pero en el colegio no daban aún clases de dicha materia, así que el niño se dedicaba a buscar libros en la biblioteca que le ayudaran a calmar su curiosidad.
Blaise le dirigió una sonrisa a su esposa, y ella se la devolvió de inmediato. Entonces se levantó de la silla y se acercó a la mujer, sentándose a su lado en el sofá y dejando que ella apoyase la cabeza en su pecho, con todos esos rizos castaños desparramados alrededor de su cabeza. La sonrisa de Hermione desapareció en unos minutos y Blaise dijo lo que ella quería oír "mañana podrás ir tú a ver a Draco, yo llevaré a Chris al colegio" sin que ella respondiese. Simplemente asintió, y no pudo decir nada, aunque quería preguntarle por su estado. Quería saber cómo se encontraba, y si le echaba de menos tanto como ella. No necesitaba respuesta a esa pregunta, pues sabía que Blaise le echaba mucho de menos. Era su amigo desde la infancia, antes incluso de conocer a Harry, y había pasado junto a él los mejores años de su vida, así que¿por qué no le iba a echar de menos? Por mucho daño que se hubieran causado Harry y él, eso no tenía nada que ver con Hermione y Blaise. Eran amigos de ambos, nada más. No les cuestionarían por lo que pasase en su vida privada.
Una semana más tarde, parecía que Draco mejoraba algo, pues había salido de la UCI y simplemente estaba en una habitación, individual, conectado a todas esas máquinas y con esa mascarilla sobre la boca que le permitía respirar. Harry iba a verle cada día, y Remus y Sirius siempre que podían. Nada en esa semana había ocurrido como él esperaba que lo hiciese. Para empezar, Sirius y Remus no habían dicho nada sobre Draco y lo que había pasado, ni siquiera después de que él les explicara todo lo que no había podido hacer ese día en que había muerto la madre de Remus.
El entierro había sido tranquilo, íntimo, y Sirius había permanecido junto a Remus toda la velada. A Aurora la enterraron junto a John, y los asistentes habían llorado con las palabras de Remus. Su discurso, en el que Sirius le había ayudado en algún momento, había sido de lo más emotivo. A nadie que estuviera allí le cupo alguna duda sobre el amor de Remus por su madre. Era una despedida corta, pero a la vez las más bonitas palabras que habían escuchado nunca.
"Mamá, estés donde estés, quiero que sepas que no te olvidaré nunca. Que he extrañado durante años tu presencia junto a mi cama, dándome un beso de buenas noches o arropándome. Todavía ahora, con cuarenta años, espero que apagues la luz de mi habitación, pero no lo haces. Te echo ya de menos, mamá, y te acabas de ir. No me dejes solo… por favor…"
En ese momento se quebró, impidiendo sus lágrimas que continuase el discurso, y Sirius se acercó a él abrazándole con cariño y terminando con unas escuetas palabras.
"Te queremos, Aurora Lupin"
Y ahora ahí estaba Harry, en la habitación de Draco, donde pasaba casi todo el día. El joven parecía escuchar algo cuando le hablaban, pues fruncía los labios algunas veces y se removía inquieto otras, probablemente teniendo pesadillas o huyendo del dolor de sus heridas, que se curaban muy lentamente, especialmente las internas. Se había roto dos costillas y le habían tenido que operar para quitárselas, y parecía que aún dolía. Cuando la enfermera iba a curarle y a cambiarle los vendajes del abdomen, Harry podía ver el oscuro moratón que cubría su costado y la herida de la operación, que aún supuraba. Y le quitarían los puntos en unos días.
Cuando Harry notaba que Draco se removía demasiado, se levantaba de la silla en la que leía y se acercaba a él, despojándole de las sábanas para que el aire refrescase la herida a través de la venda, y Draco suspiraba algo más relajado y dejaba de moverse, y entonces susurraba "Harry" y sonreía entre sueños.
Una enfermera entró en la habitación y, cuando vio que el moreno había destapado un poco al joven rubio que yacía en la cama, sonrió. Hasta dónde puede llegar el amor, se dijo. Cambió la bolsa de suero agotada por otra nueva y comprobó que el gotero estuviera bien colocado y que el alimento llegase al cuerpo del rubio a través de la vía. Todo bien. Se dio la vuelta y, cuando se disponía a salir de la habitación, una voz ronca la detuvo; se giró. El chico moreno la miraba con anhelo después de haberle preguntado eso "¿se pondrá bien?" y, bueno, ella no tenía permiso para hablar de los pacientes, pero, a decir verdad, tenía la necesidad de contestar esa pregunta sólo por la desesperación con que le había sido formulada.
- Se pondrá bien.
Y salió. Entonces Harry soltó un suspiro algo aliviado y se acercó a la cama para besar la frente del que fuera su pareja hace tantos años. "Te quiero, Draco, no me dejes solo¿está claro?" y la misma respuesta salió de los labios pálidos y secos, esta vez con algún intento de decir algo más "Harry, me…" pero estaba demasiado cansado para hacer tal esfuerzo, así que Harry le instó a callar shhh y Draco movió un poco los ojos tras los párpados y se quedó dormido, con su respiración profunda y su pequeña sonrisa.
Continuará…
¡Hola¿Qué tal¿Todos bien? Matadme, lo merezco.
Soy consciente de que puede haber cambiado mucho la forma de escribir y mi manera de expresarme, pero ya son cinco largos meses de abandono y, bueno, el que quiera matarme que lo haga, me lo merezco. Antes, os dejo aquí éste capítulo. ¡Besos!
