Disclaimer: Los personajes no me pertecen y no escribo con ánimo de lucro.

SIN CONTROL

Capítulo 24

A las diez de la mañana de un domingo, dos semanas después del accidente, los ojos de Draco se movían levemente tras sus párpados. Tenía mal aspecto: Las mejillas hundidas, oscuras marcas bajo los ojos, una delgadez extrema, acentuada aún más por las vendas en su torso, el rostro más pálido de lo habitual…

Harry leía una revista sentado en un sillón situado junto a su cama. Desde que le habían bajado a una habitación, no se había separado de él más que un rato por la tarde, cuando venía Narcisa, para darse un baño y asearse un poco en casa.

Cuando Draco gimió levemente, Harry alzó el rostro para mirarle y se puso inmediatamente en pie al ver sus intentos por despertar. Le llamó suavemente y le tocó un poco el pelo, con cuidado, animándole a reaccionar. El rubio abrió los ojos, apenas una rendija que poco dejaba apreciar su iris gris, y los cerró cuando la dañina luz le dio de lleno. Harry suspiró y salió de la habitación, comenzando de inmediato a llamar a la enfermera. Cuando una de éstas corrió a su llamado, lo soltó todo como si fuera una bomba de relojería. Apenas se entendía algo de lo que decía.

- Ha despertado… Draco… despierta, Draco… —sacudió la cabeza y repitió—: Draco ha despertado, enfermera.

La mujer se fue a paso rápido y volvió poco después con el médico de guardia, que entró en la habitación sin pararse a mirar a Harry y comenzó a comprobar el estado de Draco. "Constantes vitales: estables. Respiración: estable", le iba dictando a la enfermera. Luego le ordenó que cerrase las cortinas y llamó una vez a Draco. El joven abrió de nuevo los ojos, pero los cerró de inmediato puesto que la habitación todavía estaba demasiado iluminada para sus débiles pupilas. El médico asintió.

- Se recuperará, Sr. Potter. Le mantendremos alrededor de unas semanas en observación y luego es posible que le demos el alta. Según sus progresos, aún está muy débil —le informó. Harry asintió, aliviado. Al menos Draco estaba totalmente fuera de peligro.

El moreno suspiró después de que la enfermera y el doctor se fueran y besó a Draco en la frente. Salió un momento de la habitación, sin dejar que la luz entrase de nuevo, y marcó el número de Narcisa.


Cuando Blaise llamó a casa esa mañana Hermione aún estaba dormida y fue Christian el que cogió el teléfono un par de pitidos después, despertando luego a su madre para que se pusiera.

- Mamá, mamá —susurraba el niño suavemente. La castaña abrió los ojos, somnolienta, y le miró—. Es papá. Dice que quiere hablar contigo.

Hermione se sentó en la cama como impulsada por un resorte y le tendió la mano a su niño, esperando a que le diera el teléfono. El crío así lo hizo, y luego se tumbó junto a ella, colocando la cabeza en su regazo para que le acariciase el pelo mientras hablaba con su padre.

- Qué ha pasado, Blaise —demandó Hermione en cuanto se colocó el teléfono en la oreja—. ¿Le ha pasado algo a Draco?

Su marido sonrió, a pesar de que sabía que su esposa no podía verlo.

- Ha despertado, Mione —dijo, alegre—. Me lo acaba de decir Jacob. Dice que ha abierto los ojos y que se pondrá bien. Así que, si quieres, puedes traer a Chris, ahora son un poco más flexibles con las visitas, y he convencido al médico de Draco de que le deje ir —soltó una risilla y esperó la respuesta de su mujer, que no contestaba—. Hermione… ¿te encuentras bien? Pásame a Chris, anda.

La mujer le dio el teléfono a su hijo, sin ser consciente del todo de lo que hacía, y se quedó sentada en la cama, en la misma posición, durante un buen rato.

- ¿Qué le pasa a mamá, papá? —preguntó el niño, mirando a su madre con los ojos muy abiertos y algo asustado.

Blaise negó con la cabeza.

- Se le ha quedado cara de tonta, ¿verdad? —su hijo soltó una risilla y un suave "sí" y su padre continuó—: Échale un poco del agua que hay en la mesilla en la cara, anda, a ver si reacciona.

Cuando Hermione chilló supo que Christian había hecho lo que él le había mandado y se rió.

- Hala, ahora dile que se vista, y vístete tú también, y venid a ver a tío Draco.

Christian casi se cayó de la cama.

- ¿Tío Draco ya está bien? —preguntó ilusionado.

- Sí, Chris, tío Draco ya está bien —contestó Blaise—. Pero tienes que ser paciente con él, todavía no está curado del todo —el niño asintió, con la cabeza y con los labios, y Blaise se despidió—. Te quiero, hijo. Haz reaccionar a tu madre y venid pronto.


Narcisa llegó al hospital quince minutos después de que Harry llamase y corrió a la habitación de su hijo. El joven estaba dormido, pero Harry se levantó del sofá y le sonrió nada más verla.

- Se pondrá bien, Narcisa. Aún está débil, pero se pondrá bien.

Se dirigió a la cama y miró a su Draco. Tenía los ojos cerrados y, aunque respiraba superficialmente, supo que estaba dormido.

Le acarició el pelo y le miró durante un tiempo, tranquila ya porque su hijo iba a salir de esta. Ya había perdido a Lucius y a Norah, ya era suficiente.

Harry se acercó a ella y miró a Draco por encima de su hombro. El rubio parecía estar más tranquilo que un rato antes, cuando se agitaba en sueños, y Harry estaba seguro de que percibía la presencia de su madre a su lado.

Narcisa ladeó un poco la cabeza y le miró.

- Gracias, Harry. Gracias por cuidar de él —Harry abrió mucho los ojos, asombrado. ¡Pero si prácticamente no había cuidado de él! ¡Al contrario, se había desentendido de él de él! Ni siguiera le buscó cuando se fue durante esos dos años—. Gracias por estar siempre con él.

- Pero, Narcisa, yo… —comenzó Harry. Narcisa estaba murmurándole palabras cariñosas a su hijo, y Harry guardó silencio.


Cuando Hermione y Christian llegaron al hospital, Narcisa ya se había ido, puesto que ahora llevaba ella las oficinas que habían pertenecido a Lucius. Harry, sin embargo, seguía en el hospital. Christian abrazó a Harry y luego fue con su madre, que se había acercado a la cama de joven estaba pálido y ojeroso y no parecía él. Pero, al parecer, por lo que habían dicho los médicos, iba a recuperarse.

Hermione le acarició el pelo y luego se estremeció y le susurró:

- Idiota, Draco, eres un idiota. ¿Por qué te compraste la moto, eh? Tú mismo decías que esos trastos los cargaba el diablo, maldita sea.

Christian estaba haciendo esfuerzos desesperados por subirse a la cama, pero no lo conseguía, así que Harry le aupó y fue entonces cuando Hermione se dio cuenta.

- ¡Pero qué estás haciendo, Harry, por Dios! —Harry y el niño se sobresaltaron y brincaron en su sitio— ¿No te das cuenta de que puede hacerle daño?

- No le hará daño, Hermione, ¿verdad, Chris? —el niño asintió y Harry siguió hablando—: Además, a Draco le vendrá bien un poco de compañía.

Christian se tumbó al lado del rubio y, con cuidado de no tocarle demasiado, se acurrucó y cogió su mano.

Draco se la apretó, con la escasa fuerza que poseía, en respuesta.


La segunda vez que Draco abrió los ojos eran cerca de las dos de la madrugada y Harry estaba leyendo un libro, por lo que no se dio cuenta hasta que Draco emitió un gemidito de dolor. Entonces se levantó y se acercó raudo a la cama, dejando el libro encima del sillón.

- ¿Draco? —preguntó. Draco gimió de nuevo e intentó enfocar la vista para mirarle. Después de lo que parecieron horas, lo consiguió.

- …rry… —dijo. El moreno tenía los ojos llenos de lágrimas; después de semanas de esperar que se recuperase del todo, Draco había dado muestras de querer hacerlo.

- Hola, Draco —dijo Harry, intentando no dejar traslucir sus emociones. Draco giró un poco la cabeza, lo máximo que su inmovilidad impuesta le permitió, y le miró a los ojos, con un gruñido de dolor—. Tranquilo, no hagas movimientos bruscos.

Draco asintió apenas imperceptiblemente, pero intentó seguir hablando.

- ¿… hac's 'quí? —preguntó. Harry cerró los ojos e intentó mantenerse sereno— No… deb'rías.

- Llevas en el hospital dos semanas, Draco, no quiero que estés solo. Cuando te atropelló el coche… —suspiró— Fuiste directamente a la UCI y estuviste demasiado tiempo solo.

Draco cerró los ojos con cansancio, le costaba bastante mantenerlos abiertos.

- L'siento —dijo con voz débil.

Harry le cogió la mano.

- No tienes que sentir nada, Draco. Lo importante es que estás bien. Todo lo demás es secundario.

Draco asintió y guardó silencio, mirando hacia el infinito. Sin embargo, Harry sabía que esa conversación no acabaría ahí.


A los dos días, Draco tuvo una recaída. No fue muy grave, sin embargo.

Draco había recuperado algo de movilidad en los brazos y, si se despertaba y tenía sed, era capaz de girarse y coger el vaso de agua de la mesita.

Sin embargo, una mañana, en la que Harry había aprovechado que Draco estaba dormido para ir al servicio, el rubio tuvo una pesadilla que le dejó la garganta rasposa y deseando un trago de agua. Fue a coger el vaso, con tanta desesperación, que apoyó mal la mano y, al intentar coger el agua, se escurrió y cayó de la cama.

Cuando Harry volvió, se lo encontró tirado en el suelo, con los pies enredados en las sábanas, en el borde de la cama.

Se apresuró para cogerlo en brazos y meterlo de nuevo en la cama, mientras Draco se tocaba el costado con una mueca de dolor en la cara.

Harry tocó el timbre para llamar a las enfermeras, y una acudió enseguida.

- Se ha caído de la cama. Cuando he llegado estaba en el suelo, con las piernas enredadas en las sábanas. Se ha estado tocando el costado desde entonces —explicó apresuradamente.

La enfermera se acercó a Draco rauda, con la mirada fija en la mano que Draco oprimía contra su costado. La apartó de ahí y, retirando los apósitos que lo cubrían, le observó. La herida de las costillas aún no se había curado del todo y sangraba levemente. Sin mostrar preocupación, lo que debía significar que no era muy grave, puso puntos de aproximación en la parte de la herida que se había abierto de nuevo y lo curó, poniendo nuevos apósitos para cubrir la herida. A Draco todavía le dolía, o eso decía el rictus en su cara.

Y la enfermera le regañó con cariño.

- Sr. Malfoy, he de pedirle que, si alguna vez precisa de agua o de alguna otra cosa, se lo pida al Sr. Potter —le sonrió suavemente, miró a Harry con reproche y se fue.

Draco no dijo nada, pero siguió sobándose el punto de dolor hasta que Harry cogió una silla, se sentó junto a la cama de Draco y retiró la mano del rubio para colocar la suya en su lugar, sin hacer presión, solamente para que Draco la notara.

Se quedaron un rato en silencio, sólo disfrutando de la presencia del otro y, entonces, cuando la necesidad de saber se hizo insoportable, Draco preguntó:

- ¿Por qué siempre estás conmigo? ¿Por qué nunca te vas a ninguna parte?

Harry le miró largamente.

- Eso no es cierto. Me voy todos los días, cuando viene tu madre, a casa —contestó al final.

Draco se quedó en silencio unos momentos. Sólo se iba cuando venía su madre, y después no tardaba mucho en volver. Harry pensó, con el silencio de Draco, que había ganado la partida y que el rubio no preguntaría más, pero se equivocó.

- ¿Y el resto del tiempo, por qué siempre estás aquí? ¿Y Brad? ¿No deberías estar de luna de miel?

Ante eso, Harry sólo mantuvo silencio.


Sí, ya sé que soy una impresentable *se desespera*, pero es que, en serio, no he tenido nadanadanada de inspiración, y mucho menos tiempo.

De todos modos, espero poder terminarla pronto y no haceros esperar más ^^

Besitos!

Yeire