Resumen: Los nuevos Merodeadores salen a pasar una noche divertida. Reflexiones de una madre amorosa. Una cena especial.

2: Salidas Nocturnas

Una vez más no lograba conciliar el sueño, era inútil. "Frustración, enojo, melancolía, cansancio, dolor, angustia y… ¿Cómo definir aquello que me roba mis horas de sueño y logra fragmentar mis barreras? Ni Voldemort, ni Bellatrix, ni Rodolphus, ni ningún otro mortífago lograron quebrantarlas en los dos días de horror que vivimos prisioneros en aquellos calabozos profundos y húmedos. Pero basta que sus ojos castaños muestren miedo, dolor o angustia y caen estrepitosamente, haciéndose casi imposible para mí el ponerlas de nuevo para ella, porque para los demás sí puedo".

Sacudió la cabeza y se sentó con una cerveza de mantequilla entre sus manos frente a la chimenea. Las disfrutaba tanto como la primera vez que probó una, escapado a Hogsmeade bajo la Capa Invisible de su padre. "Cuando aún me asombraba el mundo mágico, cuando aún no tenía entre mis recuerdos lo que viví desde que murió el mejor director de Hogwarts. Eso que me terminó de dar el coraje y el entendimiento necesario sobre qué y cómo hacer para poder detenerlo".

Suspiró profundamente y denegó. "No puedo seguir así, no si quiero conseguir lo que aún tengo pendiente". Sabía que no lograría dormir y no quería seguir pensando, así que miró con una sonrisa la foto de sus padres sobre la chimenea que había ampliado y colocado en el marco de madera que le regaló Hagrid. Le había aplicado el encantamiento especial para fotos antiguas mágicas con ayuda de la castaña, tanto a ésa como a las que estaban en la casa de Hermione, en la del guardabosque, en la de su padrino en Nottingham y en la de Remus en Maidstone.

—Me voy a dar una vuelta por el pub muggle de la calle Phoenix —les contó como siempre hacía—. Hay una linda morena que estoy seguro me esperará hoy hasta tarde. Por favor díganle a Dobby dónde estoy sólo si ya ha preguntado tres veces después que haya amanecido. No quiero tener que desmemorizar a otra asustada muggle por su manía de cuidarme.

Dicho esto, luego de ver asentir orgulloso a James y denegar levemente a Lily, hizo el ademán de salir de la sala pero lo detuvo el ver algo por la ventana. Sacó rápidamente su varita y se aproximó para tener una mejor visión de aquél grupo frente a la casa vecina, mientras sentía que el corazón latía rápida y furiosamente contra sus costillas.

El ver quién estaba allí hablando con ella lo paralizó por varios minutos. Cuando logró reaccionar respiró profundo, denegó levemente y subió a su cuarto a cambiarse. "No tengo porqué sentirme así".

Salió del garaje con la moto que había comprado y hechizado con ayuda de su padrino, accionando el botón de silencio antes de encenderla. "No quiero interrumpirlos si él todavía está allí y… Espero que algún día sean felices, aunque en mi interior no creo o no deseo que lo sean juntos… No, no tengo porqué sentirme así".

Aspiró profundamente el aire frío y se alejó lo más rápido posible, escondiéndose tras los árboles de la colina para desaparecer y aparecer en el callejón de Londres que habían protegido de muggles "los nuevos Merodeadores" para sus escapadas nocturnas, convirtiéndolo en una especie de portal para traslados además con la finalidad de movilizar objetos y heridos sin los inconvenientes de una aparición normal.

Rodó con su moto casi veinte minutos y luego se dirigió al pub. Al entrar caminó hacia el bar y allí encontró a la morena mirando hacia la pista de baile con tristeza.

—Buenas noches, bella dama —la saludó con tono suave y galante. Sonrió con dulzura al ver que lo miraba con el ceño fruncido y fingido disgusto—. ¿No es acaso joven aún la noche para que sus hermosos ojos tengan esa triste mirada?

—La noche ya no es tan joven, caballero, y no hay tal tristeza en mi mirada. —le respondió con sequedad y enojo.

—Siento haber errado en mi apreciación —le respondió en tono de disculpa—. Tal vez veo en otros lo que no dejo ver en la mía. —agregó en voz baja mirando a la pista, olvidando por un momento que no estaba solo al ver allí a sus amigos, su padrino y a ella. "¿Por qué siendo tan grande Londres y habiendo tantos lugares tenían que estar aquí? Sirius, queriendo llevarlos a un sitio seguro. La pregunta correcta es ¿Cómo no lo pensé antes?"

La joven Katherine siguió la dirección de su mirada, intrigada por lo que había logrado oír. Vio a su amiga Nataly bailando muy alegre con uno de los pelirrojos idénticos y se preocupó. Le había dicho sutilmente que no se acercara a ese grupo, olvidando que decirle eso a su rebelde amiga era el equivalente a decirle que se fuese derechito a ellos, especialmente cuando estaba enojada con ella. Se contuvo de suspirar por el joven hombre de cabello negro que estaba aún de pie junto a ella. Miró de reojo esos ojos esmeraldas, inexpresivos ahora, sintiendo un escalofrío.

—Perdone usted que la haya importunado, señorita —se giró Harry hacia ella con una de las sonrisas que había aprendido de su padrino, una de sus tantas máscaras—. Había pensado que le gustaría compartir un rato con alguien que ya no es un desconocido, pero me he equivocado. Deseo que disfrute usted mucho esta noche. Hasta una oportunidad más adecuada para que compartamos algo agradable. —se despidió gentilmente, queriendo dejar una puerta con aquella chica que le atraía pero deseando huir antes que le viesen, lo que no había ocurrido por estar bastante lleno el lugar.

—¿Acaba usted de llegar y ya se va? —le preguntó intrigada.

—No quiero importunarla y no esperaba que el lugar estuviese tan lleno. —le respondió con voz suave. Tomándole con suavidad la mano depositó en el dorso un beso que era apenas un roce y se incorporó decidido a salir de allí.

—Tiene usted razón en que está muy lleno —replicó rápidamente, luego de retener por un instante el aliento con su gesto galante—. Yo también me retiraré pero antes debo avisarle a una amiga con la que he venido. Si no le incomoda esperarme unos minutos me agradaría conversar un rato con usted en el puesto de comida nocturno cercano, como el otro día.

—Será un placer para mí el esperarla para que sostengamos otra amena conversación. —le dijo con una sonrisa sincera Harry, aunque sus ojos no la acompañaban totalmente.

La joven mujer asintió y le sonrió, luego se dirigió rápidamente al punto en el que estaba su amiga. Notó que era examinada rápidamente por el pelirrojo más alto. Sabía que tenía buen cuerpo, que el contraste de sus ojos azules con su pelo negro y su piel morena clara atraía las miradas del sexo opuesto, pero no pudo evitar sentir que todo su cuerpo vibraba de una manera extraña cuando aquellos ojos azules la detallaban rápidamente pero con poco disimulo. Notó que el gemelo que no estaba con su amiga también la analizaba con sus ojos azules; pero la sensación no era igual.

El hombre maduro de pelo negro también la miró, pero de una manera diferente, apreciativa pero no como objetivo de caza. Comprendió rápidamente que la joven pelirroja que estaba junto a él debía ser su pareja por su postura junto a él. "Una diferencia de edad entre ellos notoria para alguien que los detalle pero no para quienes pasan simplemente a su lado, pues ella tiene una expresión madura que solamente da el dolor y él sonríe mucho, como quien se ha visto libre de pronto y quiere disfrutar al máximo… Curioso, tendré que investigarlos más a fondo".

La mujer de pelo color rosa chicle y el hombre de pelo castaño claro estaban muy acaramelados bailando a unos pasos, por lo que no la miraron. "Una diferencia de edad entre ellos, aunque no tan notoria como en la pareja anterior. La otra chica, la castaña, parece disfrutar como los otros. Pero si se analiza con ojo crítico sus risas son falsas y sus miradas nerviosas. Tal vez ella debería ser mi primer objetivo.

¿A quién de este grupo estaría mirando el pelinegro de ojos esmeraldas cuando dijo aquello? ¿Quién es en realidad James Evans? ¿Y los otros?", pensó intrigada.

"No he conseguido nada investigándolo, ni indagando sobre Molly, Leonel, Rómulo y Remo Prewett, cuatro supuestos hermanos. Tienen el pelo rojo intenso y algunos detalles físicos similares que me llevan a pensar que puede ser cierto. Tampoco obtuve algo sobre Orión Black, aunque ese apellido se me hace extrañamente familiar. A Dorea Black y John Bell no he tenido tiempo de investigarlos aún, pero son los siguientes en mi lista".

—Buenas noches. Disculpen que interrumpa pero quería avisarle a Nataly que me voy a retirar ya. —dijo con voz agradable y una sonrisa de disculpa.

—Es una lástima que ya te vayas, Katherine —comentó con una chispeante mirada George—. Nataly nos dijo que tenías dolor de cabeza y por eso no venías hacia acá. ¿Quieres que te acompañe a tu casa?

—Te lo agradezco Remo, pero me he conseguido a… un amigo y él me va a acompañar —No estaba segura porqué pero prefirió no decirles que era James quien la acompañaría. Algo le decía que él no quería que supieran que estaba allí—. Te llamo en cuanto llegue a casa, Naty, para que me digas de nuevo el nombre de la pastilla que debo tomar para mi malestar.

—Claro Katy, aunque será mejor que te lo envíe por mensaje. Con la música y la charla es posible que no escuche tu llamada. —le respondió con una fingida sonrisa. Odiaba que quisiese controlarla como una hermana mayor. "Tiene que entender algún día que no todos los que se nos acercan son sospechosos de homicidio".

—Entiendo —replicó la aludida con voz fría y una falsa sonrisa. Aún no sabía el nombre de la castaña y quería averiguarlo antes de irse, así que fingió tropezar con el gemelo junto a su amiga para golpearla levemente—. Disculpa… Lo siento, me tropecé y ni siquiera sé su nombre para disculparme como se debe, perdón.

—Jane Mason —le respondió Hermione, tendiéndole su mano—. Y no se preocupe, no es su culpa que mis acompañantes no nos hayan presentado —La castaña se contuvo de decir "por estar embelesados mirándola"—. No me lastimó. ¿Está usted bien?

—Mi nombre es Katherine Stewart y sí, estoy bien, gracias —le respondió con una sonrisa, disfrutando al igual que la castaña del sonrojo de los tres pelirrojos y el pelinegro, quienes se suponía deberían haberlas presentado. Notó que la pelirroja la miraba de forma peligrosa—. Espero que disfruten el resto de la noche, yo me retiro ya. Está visto que el dolor de cabeza me vuelve un poco torpe.

Los siete la vieron alejarse hacia la puerta del local donde un hombre la esperaba, pero debido a la distancia y las luces multicolores no pudieron distinguir nada de él. Sin embargo aquello no les importó mucho ya que muy pronto se unió a su grupo otro conformado por Nymph, Remus, Dean y dos de las trillizas rubias del otro día, las que según supieron después por Dean (que se había desbordado en atenciones y halagos a Hermione) los habían estado queriendo ubicar desde aquella noche. Las ahora seis parejas pasaron en el lugar hasta cerca del amanecer, riendo, charlando, tomando, bailando y disfrutando de su compañía.

Cuando salieron del lugar Sirius llevó a Grimmauld a "sus responsabilidades" en la camioneta moderna amplia de tres asientos. El Merodeador la había adquirido a los pocos días de salir Harry del hospital, debidamente acondicionada luego con la ayuda del que esperaba pronto se convirtiera en su suegro.

Llevó primero a Nataly a su casa. Lo ayudaron unos muy divertidos Nymph y Remus a entender la dirección que la chica le daba, mientras se burlaban de él. El segundo les contaba a Ginny y a Hermione que él era en su época de estudiante el primero en estar tan ebrio de no poder caminar con seguridad, justo como se encontraban en ese momento los tres pelirrojos en el tercer asiento y la rubia de ojos verdes claros junto a los Lupin. La pelirroja y la castaña reían sentadas junto a un Sirius sonriente, soportando el chaparrón de bromas muy atento a las señales de tránsito y los otros conductores.

Cuando Molly vio por la ventana llegar a los dos Merodeadores y la metamórfaga con sus cuatro hijos y la castaña respiró con alivio. Nunca les decía nada, pues su esposo le había hecho entender que después de lo vivido aquello era beneficioso para la salud mental y anímica de ellos. Pero no podía evitar el sentirse asustada de que les ocurriese algo. Especialmente ahora que se sentía incapaz de salir a defenderlos de alguno de los Mortífagos sobrevivientes que aún hacían daño, después de haber quedado inmovilizada de la cintura hacia abajo y con aquella extraña enfermedad.

Harry había estado muy atento a ella desde que salió del hospital. La convenció de aceptar como su casa definitivamente aquella mansión, que Sirius le había ofrecido como refugio para ella y su familia durante la guerra, después de asegurarse con la ayuda de la joven castaña que el asesino del director no pudiese volver a ingresar a ella jamás. De aquello todos se arrepintieron al final cuando Severus Snape murió salvándole la vida al pelinegro de ojos esmeralda, interponiéndose en el ataque de Nagini. Tragó saliva al recordar aquello.

Sirius y Harry le consiguieron aquella silla mágica especial para que se desplazara. También la acompañaban el elfo Dobby y la elfina Winky en la casa, ayudándola con las labores hogareñas. Su hija estaba siempre al pendiente de su tratamiento para evitar que su débil salud se agravase.

"Mi pequeña se ha convertido en una hermosa mujer, aunque mi esposo aún no quiera admitirlo ni yo tampoco, especialmente después que la viésemos tan decidida a unirse al padrino de Harry, a Sirius. Sirius Black… ¿Un rebelde antes y un hombre responsable ahora? Tan imprudente que lo consideré cuando lo conocí y tan distinto después que los chicos lo trajeron de vuelta del lugar tras el Velo de la Muerte".

Aún sentía escalofríos al recordar cómo estaba cuando lo vio llegar. No habían podido llevarlo a San Mungo con el ataque tan reciente allí. Tampoco era seguro llevarlo al refugio para heridos creado por el Ministerio, a dónde no llevaban a nadie de La Orden del Fénix por temor a los infiltrados del innombrable. Por eso ella había consentido que fuese su hija quien lo cuidase.

"Si hubiera sabido que eso terminaría uniéndolos hasta el punto en que se encuentran ahora… ¿Lo habría permitido?". No tenía respuesta para eso.

Ella siempre había creído que si Harry sobrevivía al final de la guerra sería quién se uniría a Ginny para darle nietos. Casi muere de la angustia cuando, luego de la boda de su hijo mayor Bill, desaparecieron su hijo Ron, Harry (al que consideraba un hijo más) y Hermione (a quien también consideraba como una hija). Cuando reaparecieron por primera vez quiso impedir que se fuesen de nuevo pero no logró retenerlos. "Además… además Harry ya no era el chico que había conocido".

Si era sincera consigo misma le había dado miedo el ver aquellos ojos inexpresivos. Aún cuando seguía siendo respetuoso y amable con ella, pero su mirada… También notó la barrera que le había puesto a Ginny, que lloró desconsolada aunque había intentado ocultárselo a todos. "¡Como si fuese posible ocultarle algo a una madre!". Pero eso fue así hasta que llegó Sirius a su vida, lo cual ella notó incluso antes que su hija.

"Y vuelvo a lo mismo, Sirius Orión Black Black. Un hombre carismático, alegre, fiel a sus amigos, luchador incansable, muy buen mago, de joven uno de los rebeldes y conquistadores de chicas que más dolores de cabeza le dio a Albus Dumbledore.

Pero también es quien sufrió el desprecio de su familia durante su infancia y adolescencia por no pensar como ellos, el que luego pasó doce horribles años en Azkaban siendo inocente, agobiado por haber sugerido que fuese el cuarto Merodeador quien fuese el guardián del encantamiento Fidelius, creyendo proteger así a su mejor amigo, a su amiga y su ahijado sin saber que Pettigrew era el traidor. Perseguido luego por el Ministerio hasta caer tras el Velo de la Muerte, teniendo que soportar durante más de año y medio esa terrible experiencia según lo poco que pude saber al escuchar a hurtadillas.

Sin embargo, a pesar de haber sufrido tanto, hace un esfuerzo por mantener su alegría y alimentar la de los chicos. Eso se lo agradezco en el alma, pues ha evitado que mis seis hijos sobrevivientes, mi esposo y yo misma cayésemos en el abismo de la depresión cuando le arrebataron la vida a Percy".

Sin haberse restablecido de sus propias heridas después de la terrible batalla se desplazaba por los pasillos del hospital entre los cuartos de todos ellos, con la anuencia de las enfermeras a quienes convencía con galanterías y zalamerías, para poder llevarles a unos las noticias de los otros, incluso mensajitos en trozos de pergamino. Se había autoproclamado como "la lechuza perruna vendada", sacándoles sonrisas y levantándoles el ánimo, dándoles también información que lograba obtener de Nymph entre bromas y juegos hasta que Kingsley lo notó e hizo caer en cuenta a la metamórfaga.

Cuando todos estaban recuperados empezaron con "Los Nuevos Merodeadores", alegrándoles la vida a los chicos los dos Merodeadores sobrevivientes y la alegre auror, mientras ella cuidaba del pequeño John Ted Lupin Tonks con el mismo cariño de abuela que cuidaba a Charlotte Molly y Jacques Arthur Weasley Delacour, así como a la pequeña Juliette Ginevra Weasley Hart, cuando sus padres los dejaban con ella, la "gran y maternal abuela", como le decían con cariño.

"Remus Lupin, a sus cuarenta y un años, es muy feliz con su esposa Nymphadora Tonks de veintisiete años y su pequeño Ted de dos años. Fue una gran alegría, en medio de la guerra, que los jóvenes Luna y Neville hubiesen conseguido la cura definitiva de la licantropía con aquella extraña criatura y la planta exótica, además de la incuestionable habilidad del joven con las pociones. Algo que muy pocos hubiesen esperado de él visto su desenvolvimiento en el área mientras Snape fue su profesor, según lo que me contaba Ron.

Fue así como Nymph logró persuadirlo de tener familia. Pero luego del nacimiento de Ted en plena batalla, con la prolongada recuperación de los chicos, decidieron esperar un poco antes de tener otro pequeño, lo cual sospecho será pronto". Sonrió acariciándole con cariño una mejilla al pequeño, cuyo pelo en ese momento era azul cielo, como siempre que estaba dormidito o jugando con la metamórfaga, de quien había heredado su habilidad.

Ella siempre había estado de acuerdo con esa pareja a pesar de la diferencia de edad que tanto atemorizaba al ex licántropo. "Pero Remus le lleva a Nymph trece años, no los veintiuno que le lleva Sirius a mi Ginny… ¡Veintiuno!... Eso es demasiado".

Y sin embargo allí estaba él, subiendo con el otro Merodeador a sus tres hijos varones a sus cuartos cuando se quedaban en esa casa según podía oír a través de la puerta entreabierta. También escuchaba como en voz muy baja le pedía a su hija que se fuese a descansar de inmediato, con voz llena de cariño y preocupación por ella. Igualmente le solicitaba que le avisase por lechuza en la mañana si la poción para la resaca que le había dejado para los hermanos no era suficiente para despabilarlos, aunque él pasaría por los dos negocios principales para ver que todo estuviese bien mientras los gemelos llegaban.

Escuchó las risas de Remus y las burlas de Nymph, así como su conversación.

—¿También irás a la práctica por Ron, primito?

—Mmm… Tal vez sea bueno que me lleve unos cabellos de él y use la poción multijugos que…

—Oh, no exageres Sirius. Si fueron tan hombres para tomar hasta llegar a ese estado que lo sean para cumplir mañana con sus responsabilidades.

—Yo sé que quieres ayudarlos, mi amor, pero Hermione tiene razón. Nosotros cuatro no bebimos hasta quedar en sus condiciones.

—Sí, pero ustedes no entienden chicas. Esas dos rubias los desafiaron a beber igual que ellas y la otra las apoyó.

—Y los seis están ahora en un estado deplorable. Es una suerte que el taxista amigo de Dean sea de confianza para enviar a las locas esas con él.

—Lo que no entiendo es porqué insististe en que nosotros lleváramos a Nataly a su casa, en vez de dejar que él la llevara a ella también.

—No me mires así, mi pelirroja hermosa, sabes bien que sólo tus pecas iluminan mi vida. Lo hice porque cuando ella quiso detenerse las otras no la dejaron y tenía que asegurarme de darle la poción esa diminuta para que estuviese bien para su guardia. Sabes que trabaja en algo similar a la profesión que ejercerá pronto el sol que me ilumina, tú.

—Lo que le diste se llama "pastilla" y tienes razón en que es equivalente a una poción. Las hay para diferentes fines, pero la que le diste tiene un efecto similar a lo que me has dado para mis hermanitos —Escuchó en seguida la risa alegre de su hija—. No me miren así, lo estamos estudiando en Enfermedades y Tratamientos Muggles. ¡Te quiero tanto! Sólo tú puedes ser tan caballeroso de pensar en el trabajo de una chica que has visto solamente dos veces.

—Eso no es cierto. Harry también lo hubiese hecho.

—Tienes mucha razón, Hermione, mi ahijado también la hubiese ayudado. ¿Estás segura que está bien de su brazo? Me preocupa que no se nos haya unido.

—El medimago de la Academia le dijo que debía guardar reposo, luciendo preocupado, después de cansarse de insistirle para que se quedase en el ala de enfermería hoy y mañana aprovechando que es fin de semana.

—La única forma que Harry se hubiese quedado allí es que estuviese inconsciente. —escuchó Molly que decía Remus.

—Sí, lo sé. —oyó replicar a la castaña.

—Entraré a ver cómo está John. —distinguió la voz de la metamórfaga.

—Espero que no le haya dado muchos problemas a Molly. —escuchó de nuevo la voz del ex licántropo.

—No lo creo mi amor, tiene tu carácter.

Fingió rápidamente estar dormida en la silla, cerca de la camita del pequeño. No quería que supiesen que había estado escuchando su conversación en el pasillo.

—¡Oh Molly! —exclamó preocupada Nymph.

—Debe haberse quedado dormida esperando a que trajésemos a los chicos —opinó Remus preocupado mientras se le acercaba, revisando rápidamente su pulso—. Sí, está dormida. Baja con John y…

—No. Ya sabes que se enoja si nos lo llevamos dormidito.

—Tienes razón, lo vendremos a buscar en unas horas. Voy a llevarla a su cuarto —Le apuntó a la silla móvil con su varita—. Dile a Sirius que me espere abajo con las chicas, no quiero que Ginny vea a su mamá y se preocupe.

—En seguida mi amor. Recuerda silenciar a Arthur cuando entres al cuarto para que no los asuste su grito cuando te vea llegar con ella. Sabes tan bien como yo que debe estar despierto esperando a que Molly vuelva. —Le guiñó un ojo, le dio un beso en la frente a su pequeño y salió.

—Sirius tenía razón cuando nos dijo hace un par de horas que volviésemos —comentó con voz arrepentida Remus—. No debimos dejar que los chicos nos convencieran de quedarnos tanto tiempo. Si lo vieras, Molly, la forma en que protege a los chicos y como quiere a tu hija —Suspiró audiblemente—. Es increíble el cambio que ha dado por ella, porque yo que lo conozco tanto sé que es por Ginny que por fin maduró. Ni siquiera el gran afecto que siente por Harry logró que cambiase tanto —le aseguró mientras caminaba por el pasillo rumbo a las escaleras—. Te aprecia muchísimo Molly, pero no puede contenerse para hacerte enojar ¿Sabes por qué? Porque tú lo regañas de forma afectuosa, como jamás lo hizo Walburga.

»Aunque sea todo un hombre el niño que habita en él siempre extrañará el afecto maternal que tú sabes darnos a todos, pero que él nunca conoció con su familia y recibió sólo unos meses de Dorea Potter —Llegó junto a la habitación que sabía ocupaba el matrimonio, abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido y rápidamente silenció al señor Weasley con su varita—. Ella está bien, Arthur, se quedó dormida junto a la camita de John —le explicó mientras lo veía acercarse rápidamente a su esposa, asustado. Sonrió suavemente al ver que le señalaba enojado su garganta, devolviéndole la voz—. Perdona, Nymph me sugirió que lo hiciera para que tu grito no asustara a Ginny.

—¿Tan tomados están los chicos que tuvieron que bajarlos Sirius y tú de la camioneta? —le preguntó en voz baja a Remus, mientras él le ayudaba a acostar a su esposa con cuidado.

—Hicieron una apuesta con unas chicas muggles que nos encontramos en el pub al que fuimos y los seis están totalmente ebrios. Pero no te preocupes, ya Sirius les dejó con Ginny poción para la resaca, además que estuvimos al pendiente que no les diesen nada adicional con los tragos. El que los preparaba era amigo de Dean y Sirius también habló con él.

—Tengo que agradecerle a Sirius y al joven Thomas. Bajaré y…

—Tranquilo, lo hacen con gusto, sabes que los aprecian mucho y jamás permitirán que les hagan daño si lo pueden evitar.

—Gracias Remus, tú también los cuidas mucho.

—Nos vemos en unas horas. Sé que es casi imposible, pero intenta que duerma hasta tarde. Debe descansar.

—Lo sé, pero la conoces. No se quedará quieta después que haya amanecido.

—Ya veo que no dejó las cortinas gruesas que le puso Sirius al cuarto.

—No le cuentes, pero dijo literalmente: "Ese perrito entrometido no va a mantenerme en cama cuando el Sol ya ha salido. La estrella radiante es mi fiel reloj para saber que es hora de ocuparme de mi familia".

—No le diré nada a Sirius, pero Molly debe descansar. Y tú también, Arthur —le recordó con afecto y le palmeó suavemente la espalda—. Debo irme ya o tu perspicaz hija sospechará de mi tardanza en el baño, pero cuando vuelva hablaremos sobre la sanadora que ha estado investigando Sirius.

—¿Hay buenas noticias? —preguntó esperanzado.

—Las mejores, pero si no logras que descanse ningún sanador podrá hacer que se recupere de aquello.

—Dormirá hasta tarde, aunque tenga que desmayarla. —afirmó con convicción el hombre alto y calvo, arrancándole una sonrisa a su amigo. Los dos sabían que no se atrevería a tanto, pero que lograría mantenerla en cama ante la esperanza de verla curada. Al menos de su fortaleza, aunque jamás volvería a caminar.

Aquello fue lo último que escuchó Molly Weasley, con muchas ganas de reñir a su esposo pero hubiese delatado que estaba despierta. Además que el cansancio de su cuerpo la arrastró al mundo de los sueños, proporcionándole el profundo descanso que necesitaba.


Al ver avanzar con aquella gracia innata el cuerpo bien formado de la morena de ojos claros, con todas aquellas miradas masculinas posadas en ella, se sintió al mismo tiempo enojado porque ellos la mirasen así y orgulloso de saber que sería él quién estaría con ella, al menos lo que restaba de esa noche.

Sonrió y le ofreció su brazo izquierdo galantemente, mordiéndose los labios cuando ella se sujetó justo por la herida para evitar caerse cuando una pareja pasó a su lado corriendo. Logró evitar que se le escapase un grito por el dolor que sentía, pero un leve quejido escapó de sus labios sin que pudiese contenerlo.

—¿Qué te pasa, James? —le preguntó Katherine preocupada al oírlo, olvidando la fría distancia que había puesto entre ellos hasta ese momento esa noche.

—Nada serio, una pequeña herida en el brazo. —le respondió en voz baja mientras lograba controlar de nuevo la sensación de dolor.

—Perdona que te lastimara —se disculpó mirándolo preocupada, pues aunque era difícil estar segura con esa luz estaba casi segura que había palidecido—. Salgamos pronto antes que yo u otros te lastimemos de nuevo.

—Gracias. —le sonrió Harry sinceramente agradecido, saliendo con ella agarrada de su mano derecha para evitar que los separasen. Respiraba lenta y profundamente mientras tanto, concentrado en poner de nuevo bajo control el dolor en su brazo. Lo logró cuando ya habían avanzado unos pasos fuera del local.

—Te ves mal. Tal vez sea mejor que vayamos a un hospital a que te examinen esa herida. —le dijo preocupada, ahora segura de su palidez al observarlo bajo la luz del reflector cercano.

—No es nada, pero gracias por preocuparte —le sonrió Harry ampliamente, sintiéndose muy bien de tenerla a su lado, sus barreras emotivas un poco bajas. No podía entenderlo, no cuando sólo había compartido con ella aquella charla unas noches atrás (cuando se conocieron), pero sentía que podía confiar en ella—. ¿Te gustaría dar un paseo en moto? Me gustaría llevarte a otro lugar en que se puede comer a gusto y charlar sin interrupciones.

—¿Puedes manejar una moto con tu brazo herido?

—Sin problema.

—En ese caso me gustaría saber cómo se llama el lugar al que quieres llevarme —le dijo con firmeza. Sintió por unos momentos que se perdía en su mirada esmeralda, tan abierta por primera vez desde que lo conocía, cálida y triste a un mismo tiempo. Casi siguió el impulso de rozar su rostro con su mano, teniendo que disimular rápidamente su movimiento involuntario de acercarse con acomodar la correa de su pequeña cartera en su hombro—. No pretenderás que con sólo haberte visto una vez me vaya contigo sin saber a dónde. —agregó con una voz que no sonó tan seria como hubiese querido.

—Hay un pequeño local en el Mall en Saint James donde venden unas pizzas muy buenas, todo tipo de comida rápida y algunas ensaladas con ricas salsas, también comida casera e incluso comida extranjera —le respondió con una amplia y comprensiva sonrisa—. Si quieres podemos llamar a un taxi para que te lleve allí, yo los sigo en la moto y allá nos reunimos a charlar un rato mientras comemos.

—No, eso no es necesario —respondió totalmente ruborizada—. Lamento comportarme así, pero…

—Shhh —la detuvo poniéndole sutilmente dos dedos sobre sus labios, separándolos al sentirlos tan suaves, deseando que no hubiese sido su mano sino su boca la que los tocara—. Los tiempos son peligrosos. Me gusta que cuides de ti misma, Katherine —le dijo en voz suave, sintiendo que se perdía en sus ojos azules. Respiró profundamente para recuperar su autocontrol, no entendía qué le estaba pasando con ella—. Aunque me gustaría mucho llevarte en mi moto, abrazada a mi cintura. —añadió con picardía.

—Eso sólo lo haré para evitar caerme, guapo, solamente por eso. —le respondió la morena con una amplia sonrisa.

Se dejó llevar por él hasta el punto en que estaba la moto. Detalló sus hábiles movimientos para montarse y sonrió al ver que le tendía la mano, subiendo tras él. Se colocaron los cascos, riéndose al oírle decir que era un "fastidio necesario" pero que le prestaría un cepillo para que se arreglase el cabello al llegar a su destino.

Colocó sus brazos alrededor de su cintura, sintiendo bajo la chaqueta negra un cuerpo fuerte y atlético. Sonrió tontamente al imaginarse por un momento que estaba abrazada a él de frente, perdida en su mirada esmeralda y sus labios… El arranque de la moto la sacó de sus pensamientos, lo cual agradeció internamente.

Mientras se desplazaban se sumergió de nuevo en ellos. Le gustaba mucho la forma en que manejaba la moto, con mucha seguridad, a la velocidad límite permitida, sin excederse en ningún momento, con movimientos tan suaves que por un momento le pareció que estaba volando abrazada a él, aunque sus ojos le mostraban que jamás habían despegado las ruedas del piso. "¡¿Pero qué estás pensando Katy?! Eso es imposible. Debe ser el viento contra mi rostro y la seguridad que emana de él lo que me provocó esa sensación. Sí, eso es", pensó sacudiendo la cabeza levemente.

Harry se sentía libre cuando corría en su moto en el mundo muggle, casi tanto como cuando volaba en su escoba en el mágico. Tenía que contenerse para no ir más rápido que lo permitido. Además, el brazo si le molestaba un poco y no quería llevarse un susto si alguien manejando imprudentemente se les atravesaba en el camino. Sentía el agarre seguro de su copiloto en la cintura y veía su expresión contenta por los retrovisores, que miraba más de lo acostumbrado, sintiéndose alegre. Definitivamente había sido una buena idea salir de casa esa noche para verse con ella, aunque no se sintiese bien de su herida.

Cuando llegaron al lugar que Harry había seleccionado detuvo la moto con suavidad, contento al ver por el retrovisor la expresión alegre de su pasajera.

—¿Te ha gustado el paseo? —le preguntó sonriente, mientras le recibía el casco con la mano izquierda y le tendía el cepillo ofrecido con la derecha.

—Sí, lo he disfrutado mucho. Gracias. Manejas muy bien. —le respondió Katherine con sinceridad. Empezó a cepillarse el pelo mientras lo veía guardar los cascos y asegurar la moto con una gran sonrisa, que era acompañada por primera vez desde que lo conocía por sus ojos esmeraldas.

—Me alegra que lo disfrutaras tanto como yo. —comentó muy alegre, recibiéndole el cepillo y tendiéndole el brazo derecho caballerosamente.

Le tomó con cuidado del brazo, dejándose guiar por él hacia un local no muy grande pero sí muy acogedor, bien iluminado y con música suave de fondo. Se sentó en la silla que su acompañante le sostenía con gentileza y vio como se sentaba frente a ella con aquella expresión dichosa aún en su rostro. En seguida se les aproximó una mujer joven, seguramente una estudiante universitaria por su comportamiento y lenguaje, entregándole a cada uno un menú e indicándoles que la llamasen en cuanto estuviesen seguros sobre lo que querían.

—Tenías razón en que tienen mucha variedad en cuanto a la comida, pero también en cuanto a los precios. —le comentó a su acompañante luego de darle un rápido vistazo a las cuatro páginas, gratamente sorprendida.

—Puedes pedir lo que quieras. Yo invito. —le dijo Harry contento al ver su expresión. "He acertado de lleno al traerla aquí. Tendré que agradecerle a Sirius el haberme dicho sobre este lugar para 'citas especiales'. Aún no tengo muy claro porqué la he traído aquí si sólo he compartido con ella en una oportunidad antes, no siendo la charla de aquella noche demasiado reveladora, pero ya pensaré en ello después".

—¿Lo que quiera? —preguntó con una ceja arqueada—. ¿Y si quiero esto? —señaló uno de los platos más caros del menú, mirándolo inquisitiva.

—Si quieres Bouillabaise entonces eso tendrás, aunque… ¿Estás segura que no es muy pesado comer camarones a esta hora? —le preguntó con una sonrisa traviesa, seguro de que la chica no sabía de qué se trataba aquél plato. Estaba feliz de que Fleur le hubiese explicado qué era e incluso enseñado a prepararlo.

—¿Eso es? —preguntó con los ojos muy abiertos—. ¿Cómo lo sabes? —repreguntó entrecerrándolos, desconfiando de una broma.

—La esposa de un buen amigo es francesa. —le respondió con sinceridad.

—¿Y si aún así lo quisiese? —quiso saber.

—Entonces eso pediremos. ¿Con qué lo quieres acompañar?

—¿Has visto lo que cuesta? —preguntó incrédula.

—Sí. Lo vi.

—¿Me he conseguido acaso con un chiquillo rico? ¿Dónde están tus guardaespaldas?

Harry no pudo contener la risa, fresca y alegre, logrando dominarse luego de un par de minutos.

—No, no soy rico y mucho menos un chiquillo —le guiñó un ojo con picardía—. Simplemente puedo darme un gusto eventualmente con una mujer tan bonita como tú.

—Gracias por el cumplido, pero… ¿En qué trabajas? —le preguntó sintiendo que la curiosidad por su enigmático acompañante iba creciendo a cada minuto.

—En seguridad. —respondió con tranquilidad Harry, mirándola con una sonrisa traviesa.

Le encantaba saber todo de ella y que no se diese lo contrario. El ser auror designado por el odioso Robards a trabajar en zona muggle por considerarlo la mayoría en el Ministerio degradante, queriendo molestarlo con la forma en que casi todos lo miraban, le daba muchas ventajas para sus "cacerías nocturnas" con sus amigos además de permitirle averiguar otras cositas. Si su jefe lo supiera de seguro lo cambiaba, pero él fingía estar molesto por aquello.

—¿Eres policía? —le preguntó ella sabiendo que la respuesta era negativa, pues por su actitud la noche que se conocieron había sido su primer perfil a investigar.

—No exactamente, trabajo con un grupo de seguridad extranjero que generalmente es contratado por niños ricos —le respondió con una sonrisa en los labios y picardía en la mirada—. Y esta noche me puedo dar el gusto de atenderte como quieras porque tuve éxito en mi último trabajo. —afirmó señalándole con una cabezadita su brazo herido.

—¿Fue hace mucho? —le preguntó, un poco por preocupación pero también porque era un dato importante para investigarlo.

—Hoy —le respondió con sinceridad, empañándosele por un momento la alegría en su mirada al recordar lo ocurrido. "Aquella situación ha sido tan similar a…". Sacudió la cabeza levemente y sonrió de nuevo—. No me mires así, te dije que no es serio.

—¿Por qué no te acercaste entonces a tus amigos en el pub? —le preguntó retadora, sonriendo al verlo suspirar atrapado.

—¿Los viste?

—La amiga de quien me tenía que despedir era Nataly, que estaba con ellos.

—¿Les dijiste que estaba allí?

—No, algo me hizo sospechar que no querías que lo supieran.

—Eres una excelente detective —le devolvió el golpe después de desubicarlo al preguntarle por ellos, sonriendo abiertamente al verla mirarlo sorprendida—. Tienes razón, no quería que supieran que salí esta noche. Se supone que estoy de reposo y no me iban a dejar en paz hasta dejarme en cama.

—Entonces es serio. —comentó preocupada.

—No, pero el médico que me vio fue un poco exagerado y ellos están preocupados. —le explicó con sinceridad.

—¿Tu familia no se dio cuenta que te habías escapado estando herido? —le preguntó con una mezcla de preocupación por su salud y emoción por lo que estaba logrando averiguar.

—Vivo solo. Mis amigos son mi familia —le respondió con un leve tono de melancolía, que no pudo evitar se le escapase—. ¿Y qué opinan tus papás de tu trabajo?

—No les gusta, para ser sincera —le respondió casi dos minutos más tarde, cuando logró reaccionar luego de lo dicho por él en aquél tono—. Hubiesen preferido que estudiase medicina como Nataly, pero yo preferí hacer lo posible porque menos personas vayan a dar al hospital por los psicópatas y los que no entienden…

—... que una vida humana está por encima del dinero y de cualquier tipo de ideales —completó Harry la idea, sonriendo ampliamente al ver su expresión de desconcierto. Se veía tan linda así, con sus ojos muy abiertos—. Yo trabajo también en seguridad por la misma razón, aunque tal vez no lo parezca cuando nos toca cuidar a niños ricos —finalizó con una sonrisa al ver su expresión de desacuerdo—. Entonces para ti Bouillabaise, tal vez con un buen vino. Para mí una pizza con un refresco. —dijo volviendo a mirar el menú.

—No, yo no quiero la Bullabesa o como se llame. —soltó rápidamente la morena, entrecerrando luego los ojos al ver la picardía y la risa contenida en el rostro de su acompañante. Suspiró derrotada al oírlo.

—Las mujeres hermosas tienen todo el derecho del mundo a cambiar de opinión —le dijo con una sonrisa amable Harry y un tono de voz halagador, seductora su mirada fija en ella, agregando en el mismo tono—. ¿Aceptaría la hermosa dama que me acompaña en esta agradable noche el que yo le sugiriese algo para comer?

—De tan galante caballero estaré honrada de recibir el que seguro será un sabio consejo. —le replicó con voz aterciopelada, siguiéndole el juego.

—Entonces bella dama… —sonrió con malicia y después de un par de minutos llamó a la chica que atendía—. Por favor joven, quisiéramos pedir la pizza especial de la casa y dos refrescos de frutilla —ordenó. Contuvo con dificultad la risa al ver a la morena soltar el aire que había retenido minutos antes, cuando le hizo creer por su expresión que la haría pasar un mal rato—. Por favor tráenos unos pastelitos mientras llega la orden.

—Con gusto. —respondió contenta la joven por el trato amable del guapo cliente. "Si no tuviese novio y él no viniese tan bien acompañado… Pero mejor me dejo de soñar y llevo la orden a las cocinas".

—De verte tan hermosa me pregunto si no paralizarás a algunos de tus prisioneros con tu deslumbrante belleza. —le dijo Harry a su acompañante en un tono de voz levemente ronco.

—No, los detengo con mi pistola pero gracias por el cumplido —le sonrió zalamera—. Supongo que saldrás con muchas chicas a las cuales les contarás tus grandes aventuras. —le devolvió con voz suave y picardía en la mirada.

—No te negaré que me gusta salir a divertirme, pero yo de mi trabajo no hablo con nadie —le respondió con suavidad, sonriéndole—. La mayoría de las jóvenes con quienes he compartido prefieren beber, bailar y… —se detuvo un momento buscando la palabra adecuada— divertirse, a tener una buena conversación. No es que sea malo, pero me gusta más cuando conozco a alguien inteligente como tú.

En ese momento se acercó la joven con los pastelitos, dos vasos y una jarra de agua fría, guardando los dos silencio.

—¿Y crees conocerme lo suficiente para calificarme de "inteligente"? —lo interrogó Katherine con una sonrisa peligrosa luego que se alejase la mesonera.

—En lo absoluto considero posible que pueda llegar a conocerte plenamente algún día. Pero al menos sé, por nuestra pequeña conversación del otro día, que eres una mujer despierta e intuitiva, que sabe mucho y dice poco —le respondió Harry con la misma sonrisa, mirándola fijamente. Pensaba cada una de sus palabras antes de decirlas para no equivocarse con alguien tan especial como intuía que era ella, lo cual parecía ratificado con sus averiguaciones—. ¿Puedo preguntarte por qué cambiaste de opinión en el pub?

—Porque eres un hombre guapo y misterioso que ha despertado mi curiosidad. —le respondió con sinceridad, mientras le sonreía con expresión traviesa.

—¿Sólo por tu curiosidad viniste hoy conmigo? — preguntó él con fingida decepción.

—No. También porque eres un muy agradable compañero de velada —replicó ella manteniendo su expresión, ampliándose su sonrisa al ver la suya—. ¿Te molestaría decirme tu verdadero nombre? —le soltó de improviso, estudiando su reacción. Se desconcertó por su sonrisa abierta y su mirada limpia.

—James Evans es mi verdadero nombre, preciosa. Sólo que no podrás averiguar nada sobre mí por muy buena detective que seas, debido al grupo con el que trabajo.

—¿Me estás retando? —le preguntó entrecerrando los ojos—. Te apuesto lo que quieras que en solamente tres días sabré más de ti que tú mismo.

—Muy bien —sonrió travieso—. Nos vemos la próxima semana aquí, a esta misma hora. Si tú has averiguado algo sobre mí, lo que sea, yo te convidaré las comidas que gustes esa noche y en tres ocasiones más —le propuso. Al verla sonreír segura de si misma amplió aún más su sonrisa pícara—. Pero si no has logrado averiguar nada permitirás que te lleve con los ojos vendados a un lugar, luego de comer aquí y pagar la cena, sin hacerme ni una sola pregunta. ¿Estás de acuerdo?

Katherine dio gracias a Dios en silencio que justo en ese momento llegase la joven con el pedido, para tener al menos unos minutos para analizar su propuesta.

Ella tenía acceso a una amplia red de información oficial y no oficial. Además de la normal, a la que podía acceder como detective en jefe de la zona oeste de Londres, contaba con un tío que trabajaba en operaciones encubiertas del más alto nivel tanto de su país como internacionales. Éste le daba información sobre grupos secretos sin hacerle preguntas, pues sabía que sólo recurría a él cuando la situación lo ameritaba.

No estaba segura de que lo ameritase en este caso, pero la arrogante seguridad de ese hombre al hacer la apuesta y el no haber conseguido averiguar nada de él desde que lo conoció le molestaban en su amor propio. "Aunque ahora tengo un par de datos adicionales, tal vez no sea necesario recurrir a tío".

Justo en ese momento la mesonera se retiraba, después de dejar en la mesa una humeante y tentadora pizza además de los refrescos de su sabor preferido. "¿Me habrá estado investigando como lo hice con él? Cuando dijo que soy detective pensé que se lo habría dicho Nataly la otra noche sin que me diese cuenta, pero… En esa cena él no pidió este refresco con la comida, que hubiese sido lo lógico si Naty hubiese hablado demás. Así que no es posible que mi amiga le haya dicho nada y, hasta dónde sé, ellos no han vuelto a hablar. ¿Me estaré volviendo paranoica como me reclama mi amiga?"

Al parpadear notó que sus esmeraldas estaban fijas en ella mientras la sonrisa traviesa bailaba en su rostro y eso la hizo enojar. Se había perdido en sus pensamientos y él se había dado cuenta. Decidió enmendar su error.

—Las condiciones que propones no son justas —reclamó con una sonrisa de suficiencia—. Si no te molesta me gustaría que fuese la misma para los dos. El perdedor paga la cena aquí y deja que el ganador lo lleve con los ojos vendados a donde el otro decida sin hacer preguntas. ¿Estás de acuerdo?

—Me parece lo justo. —respondió Harry con expresión feliz, tendiéndole la mano y estrechándola con suavidad.

Tomó un trozo de pizza con los cubiertos que les habían llevado y le sirvió una porción, acercando luego otra para él. Empezó a comer sólo después de verla degustar el primer trozo y que su expresión era de agrado total. Otro acierto rotundo en esa noche que iba estupenda. Al verla tomar el refresco con expresión de niña mimada sonrió sin poder evitarlo.

—¿Te gusta lo que pedí? —le preguntó un par de minutos después.

—Sí, me gusta mucho. —le respondió con una gran sonrisa.

—Me alegra haber acertado en la comida —replicó contento—. Espero también hacerlo con… —hizo una pausa, mirándola con una sonrisa pícara, haciéndole señas al joven con las flores para que se acercase cuando vio que la curiosidad de su acompañante estaba tan alta que empezaría a mirar a los lados en cualquier momento— un pequeño detalle para la flor más hermosa. —le dijo con voz profunda, sonriendo al verla abrir enormes sus ojos azules ante el ramo de rosas rojas.

—Pero… No entiendo… ¿Cómo…? ¿Cuándo…? No nos hemos separado en ningún momento.

—Cuando fuiste a despedirte de tu amiga llamé por teléfono para apartar la mesa y pedirlas. —confesó Harry con una gran sonrisa.

—Pero… Eso fue antes de… —Respiró profundamente para recuperar su control, al notar que no había dicho casi nada coherente desde que el chico se había acercado a ella sosteniendo aquellas flores. Tomó el ramo con manos temblorosas y le sonrió agradecida, mordiéndose los labios al ver al chico mirar a su acompañante con admiración—. Gracias, son hermosas.

—No. Tú eres hermosa, ellas sólo reflejan un mínimo de tu belleza. —le dijo Harry con tono galante y una amplia sonrisa, empezando de nuevo a comer al verla totalmente sonrojada y nerviosa.

Le agradeció en silencio que empezase a comer, demasiado nerviosa para decirle o preguntarle nada más. Comieron por casi veinte minutos en absoluto silencio, lanzándole miradas inquisitivas ella, respondiéndole con sonrisas él. Sin embargo notó un gesto de dolor contenido cuando intentó acercarle la jarra de agua con su mano izquierda y se preocupó de nuevo, notando que él disimulaba rápidamente sirviéndole el agua con la derecha.

—Ha estado todo muy rico y las flores son hermosas —le dijo con una sonrisa agradable, poniéndole un poco más de firmeza a su tono al decir lo siguiente—. Me has regalado un encuentro inolvidable y quisiera que ahora me hicieses caso en algo. Déjame ir ahora a casa en taxi y ve a reposar —Al ver que intentaría protestar frunció el ceño y lo regañó como hacía con su compañero cuando no se dejaba curar por los médicos—. Aunque has intentado disimularlo se nota que esa herida es más seria de lo que has dicho y te duele bastante —Al verlo bajar la mirada como niño pequeño atrapado en una travesura tuvo que hacer un gran esfuerzo para no sonreír—. ¿Me complacerás? —le preguntó con dulzura.

—Si me dejas llevarte a tu casa te prometo que me voy derechito a la mía a descansar, ya que no contaré con tu grata compañía. —le pidió con una sonrisa.

—Muy bien. Vamos. Me iré contigo —aceptó luego de denegar levemente. "Esa expresión dulce e inocente que ha puesto… Sentí que no podía negarle nada"—. ¿Estás seguro de poder manejar? Te ves pálido aunque acabas de comer —le preguntó preocupada—. Podríamos irnos los dos en taxi y dejar la moto en el estacionamiento del local. Yo convenceré al dueño. —le planteó, mirándolo con una ligera sensación de ansiedad por su bienestar.

—Gracias por preocuparte y no te voy a negar que me siento un poco mal, pero puedo conducir y llevarte a tu casa si me lo permites. —le respondió, brindándole una sonrisa tranquilizadora.

—Hagamos algo. Yo conduzco la moto, te llevo a tu casa, me aseguro que te quedas descansando y me regreso en taxi a la mía. —le propuso con una cautivadora sonrisa.

—Chica lista, intentando averiguar mi dirección, pero eso no puede ser. —denegó con el dedo índice de su mano derecha, sonriendo de manera traviesa. Cambió seguidamente su expresión por una de dolor al no lograr contenerse, por la intensa y rápida sensación de dolor que le había atravesado desde el brazo izquierdo hacia su pecho. Llevó instintivamente su mano derecha hacia la herida para intentar aliviarse al apretarla levemente.

—¿James? —le preguntó asustada.

—Ya, ya va a pasar. —le respondió en voz muy baja, mientras lograba dominarse nuevamente.

—Ahora mismo te llevo a un hospital. —le dijo decidida, buscando su bolso.

—No, por favor, espera —le suplicó—. Sólo necesito reposo, más nada. Si me llevas al hospital tendré problemas.

—¿Le ocurre algo, señor? —preguntó la mesonera, que se había acercado rápidamente a la mesa con el chico de las flores.

—Nada serio joven, gracias —logró responderle con una tímida sonrisa, habiendo pasado ya lo más fuerte de su dolor—. Por favor me trae la cuenta. Debemos retirarnos a descansar.

—Claro. Enseguida. —le respondió solícita, desplazándose rápidamente hasta la barra del lugar en que el dueño miraba la escena con curiosidad.

—¿Por favor le humedeces los tallos a las flores con agua fría? Viajamos en moto. —le pidió al muchacho, deseando quedar a solas con ella al menos un minuto.

—Seguro. —Se llevó rápidamente el ramo de rosas, entendiendo lo que quería.

—¿Podrías llevarme al hotel cerca de tu casa? —le pidió a su acompañante—. No podré llegar a la mía.

—Te llevaré a mi apartamento para que descanses —le respondió rápidamente—. Pero ten presente dos cosas. Primero, estoy armada y se usar muy bien mi pistola. Segundo, si te veo muy mal haré que Naty o Jonathan te vean ese brazo.

—De acuerdo —aceptó resignado. "Sé que no me dejará a solas sabiéndome mal. No, es muy parecida en su carácter a Hermione". Agradeció internamente que llegase la chica con la cuenta para no seguir pensando. Pagó y salió abrazado de la cintura de Katherine, que parecía querer reñirlo al sentirlo débil pero no atreverse—. Sé que sabes conducir muy bien motos y autos. Sólo no vayas muy rápido al principio, Blacky tiene mucha potencia.

—No te preocupes, te llevaré con cuidado. —le respondió mientras tomaba las llaves que él le entregaba.

Acomodó las flores en el manubrio como les había explicado el muchacho con el cordel que les dio para ello. Sacó el casco para él y se lo colocó, observándole preocupada las ojeras cada vez más marcadas. Se puso rápidamente el suyo y subió a la moto, encendiéndola cuando sintió que le tomaba por la cintura.

—Agárrate mejor o te caerás en la primera curva —le indicó al sentir que apenas si la tocaba—. ¿O no tienes fuerza para hacerlo? —preguntó asustada.

—No quería incomodarte, es todo —le respondió suavemente, sujetándose ahora a su estrecha cintura con firmeza pero sin lastimarla—. Hueles a flores en botón. —le susurró al oído, sonriendo al sentir que se estremecía.

Por toda respuesta aceleró levemente la moto, dando gracias al cielo un segundo después por haberle hecho caso. ¡Vaya si era potente esa moto! Tendría que ir con cuidado y evitar dar curvas fuertes, estaba segura que su acompañante se marearía si lo hacía. Quince minutos más tarde se detenían en el estacionamiento de su edificio.

Lo vio bajarse de la moto y entró en pánico al detallar su rostro, que le había estado ocultando desde que salieron del restaurante no permitiéndole verlo por los retrovisores. Tenía un aspecto terrible aunque la intentaba tranquilizar con una sonrisa. Al notar que intentaba quitarse el casco con una sola mano comprendió que no podía mover el brazo izquierdo. Sin decirle nada se aproximó hasta él, se lo quitó, se sacó el suyo, aseguró la moto y lo abrazó por la cintura, llevándolo despacio hasta el ascensor.

Cuando entraron al apartamento que compartía con su amiga notó que ella no había llegado, maldiciendo su suerte en silencio. Lo llevó a su cuarto y lo sentó en su cama. Cuando le iba a quitar la chaqueta él intentó oponerse, pero bastó que lo mirara con fiereza y cedió. Tragó saliva al ver sangre en el vendaje pero no le dijo nada y lo ayudó a acostarse, quitándole luego los zapatos.

Fue hacia el cuarto de su amiga y buscó lo que necesitaría para darle unos primeros auxilios. Según lo que viese le pediría ayuda a Jonathan. Algo le decía que el trabajo del cada vez más intrigante James Evans no le permitía asistir a un hospital. Regresó al cuarto y se sentó al lado de la cama.

—¿Qué crees que vas a hacer con eso? —le preguntó Harry intranquilo.

—Quitarte esas vendas llenas de sangre, limpiarte la herida y curártela si puedo, o pedir ayuda si no puedo. —le respondió con firmeza, frunciendo el ceño al ver que intentaba alejarse pero su debilidad no se lo permitía.

—No es necesario. De verdad. —intentó convencerla, pues si ella insistía no tendría fuerzas para oponerse.

—Quieto y callado o llamo a un equipo de paramédicos. —lo amenazó.

—¡¡No!! Por favor no lo hagas.

—Entonces te quedas quieto y dejas que yo me haga cargo.

—Está bien. —aceptó resignado.

Al terminar de quitarle los vendajes y aquél horrible ungüento verde se quedó por un instante paralizada al ver la magnitud de la herida en su brazo. "¿Cómo ha podido estar tan tranquilo con esta horrorosa cortadura y quemadura? ¿Quién y cómo le han hecho esto?", se preguntó mientras le curaba con mucho cuidado, intentando no lastimarlo. Le aplicó suavemente el desinfectante, mordiéndose el labio inferior al verlo morder la punta de la almohada para aguantar el dolor.

Le aplicó un desinflamante alrededor y la crema que su amiga le había prescrito antes para sus quemaduras por balazos, le cubrió con una gasa la herida y le vendó de nuevo con mucho cuidado.

—Gracias —logró musitar Harry unos minutos después, con su rostro bañado en sudor y sus esmeraldas fijos en sus zafiros—. Hubieses sido tan buena doctora como eres una excelente investigadora. —le dijo con una suave sonrisa, sintiendo que los ojos se le cerraban.

Sabía que había sido una locura ir con ella allí, que debía haberle inventado una excusa, montado en un taxi y desaparecido. Pero su intuición le decía que podía confiar en ella y decidió obedecer a ese instinto. Nunca le había fallado. Sintió que le quitaba los lentes y le limpiaba el rostro con un paño húmedo.

—Toma esto —le ordenó acercándole a la boca una pastilla—. Te calmará el dolor —le explicó al ver la expresión de desconfianza con que miraba el contenido de su mano, agregando al ver su intención de protestar—: Mañana hablaremos. Ahora tómate esto y descansa. Lo necesitas.

Suspiró y le recibió la pastilla, bebiendo el agua que le daba con cuidado sosteniéndole la cabeza.

—Gracias Katherine. —le sonrió agradecido antes de quedarse profundamente dormido.

La detective no aguantó la tentación de acariciarle con cariño la mejilla. Vio aquella extraña cicatriz y frunció el ceño. Suspiró, le acomodó la manta, sacó otra almohada y una manta del clóset, le cerró la puerta de su cuarto y se dirigió al más pequeño dando gracias que su otra compañera estuviese fuera por vacaciones. Se quedó profundamente dormida soñando con esos ojos esmeraldas en una mujer pelirroja que blandía un palito de madera.