Resumen: Molly y su tratamiento. Harry se escapa por muy poco de ser descubierto. La curación de la herida de Harry.

Esperanzas y Controversias

A media mañana llegaron Nymph y Remus Lupin al #12 Grimmauld Place, tanto para buscar a su pequeño John Ted como para hablar con Molly y Arthur Weasley sobre las investigaciones del Merodeador de ojos grises.

—¿Por qué no vino Sirius a explicarnos esto si es él quién lo está investigando? —preguntó la matrona Weasley con tono exasperado cuando ninguno de los dos pudo pronunciar el nombre de la medimaga que él recomendaba.

—Molly, por favor. —le pidió Arthur.

—Porque en este momento está en el Ministerio haciendo el papeleo para conseguir un trasladador a Nueva Delhi para entrevistarse personalmente con… —Remus hizo un nuevo esfuerzo mental, concentrándose para recordar el difícil nombre— Bhela Charaka Ksharapani Sushruta.

Los Weasley miraron atónitos a Remus.

—¿Trasladador a Nueva Delhi siendo hoy sábado? —preguntó casi sin voz Molly.

—Sí. —le confirmó Nymph con una sonrisa.

—También está solicitando un traductor para que lo ayude allá —siguió Remus—, porque lo único que sabe es el nombre de la medimaga, además de decir "Miranam Sirius He" que significa "Mi nombre es Sirius" —Frunció el ceño, concentrándose para recordar—, "Dan'iabat" que significa "Gracias", "Yi ha", que significa "Sí", "Yin'agi" que significa "No" y… —Entrecerró los ojos, suspiró y sonrió— "Nomas Te" que es una despedida.

Nymph, al ver las caras de sorpresa del matrimonio Weasley mirando a su esposo, se soltó a reír secundándola el pequeño John que comía su desayuno en su regazo.

—Le he estado ayudando a practicarlas desde hace tres días, mientras su contacto en la India terminaba de prepararle todo. —se explicó el hombre de ojos miel, que asintió al ver la sonrisa en el rostro de Arthur y ver bajar la cabeza a Molly.

A final de tarde, dos días antes, ella lo había reñido por no prestarle atención a sus negocios luego de oírlo discutir por la chimenea de Grimmauld con el administrador de las cuentas Black y Potter, el joven y talentoso para los negocios Terry Boot. Sirius la había escuchado en silencio con una sonrisa divertida apenas contenida, mientras sujetaba la mano de Ginny para que no le respondiese.

—Le han avisado ayer a última hora de la tarde que todo estaba listo allá, así que sólo tuvo tiempo de convencer a Padma Patil para que lo atendiese hoy en la mañana —siguió Remus—. Me dijo que si lo conseguía estuviésemos Nymph y yo al pendiente de los chicos porque se iba de inmediato.

—Ginny se comunicará con él por medio de los espejos si se presenta algo aquí de emergencia —comentó Nymph con picardía, sonriendo al ver suspirar a los padres de la chica—. Hermione le entregó anoche a Sirius en un sobre los pergaminos con la copia de los últimos diagnósticos y exámenes del Hospital San Mungo con su traducción.

—Pero si los medimagos no nos han entregado ni los diagnósticos ni los exámenes. —replicó extrañado Arthur.

Nymph se mordió nerviosa el labio inferior mientras el ex licántropo dejaba caer la cabeza, después de haber denegado en dirección a su esposa levemente para que no dijese aquello. Pero ella no le había visto a tiempo.

—¿Remus? —preguntó con los ojos entrecerrados la matrona Weasley.

—Cuando Sirius habló con el Sanador Smethwyck sobre sus investigaciones, él no estaba de acuerdo con esto —empezó con tono suave, intentando tranquilizarla—. Les dijo a Ginny, Ron, Fred, George, Hermione, Harry y Sirius que él comprendía que estuviesen preocupados pero… Lo cierto es que Hermione evitó que tuviesen un altercado con el Sanador diciendo algo… Ellos tomaron prestado tu expediente del hospital, Molly.

—¡¿Que ellos hicieron qué?! —estalló la matrona, con tanto enojo que sus tres acompañantes adultos estuvieron seguros que de haber podido levantarse estaría de pie con su pose amenazante característica.

John Lupin miraba asustado a la que consideraba su abuela, empezando a emitir pequeños hipidos para desatarse en seguida en llanto. Se giró a abrazar a su mamá demostrando la fuerza de sus pulmones, con su pelo de color morado oscuro y sus ojos lilas.

—Oh pequeñito, perdona a esta vieja tonta. Ya, shhh, ya no estoy enojada, ya pasó. —lo empezó a mimar de inmediato Molly.

Le pidió a Nymph por señas que se lo pusiese en su regazo, dándole en seguida a comer del flan que tanto le gustaba aunque no había terminado con su ensalada. Sonrió al verlo tranquilo con su pelo y los ojitos azules, brillando estos alegres. La matrona empezó entonces a hablarles en un tono suave a sus acompañantes, para no asustar de nuevo al niño.

—Sirius debió evitar que los chicos hiciesen esa tontería. Pueden meterse en serios problemas por eso. Si el Sanador Smethwyck dice que no hay nada que hacer es que no lo hay. Él es un excelente medimago. El colmo sería que mi Ginny no pudiese continuar con su carrera en medimagia por un incidente tan vergonzoso como ése.

—Los expedientes están de regreso en su sitio, Molly —le respondió Remus con la mayor calma que lograba reunir para intentar no alterarla, a pesar de estar molesto con ella porque seguía siendo injusta con su amigo—. Y si algún día llegasen a investigar sólo Sirius, Hermione y Harry estuvieron involucrados directamente. Sirius logró convencer a tus hijos de no participar en otra cosa que no fuese la planeación.

—Tus seis hijos por sangre, los seis que te quieren como si lo fueran y mi primo jamás se darán por vencidos, Molly —agregó muy seria Nymph—. Arthur, Remus y yo tampoco. Por favor, no lo hagas tú.

—Hija. —susurró emocionada Molly atrayéndola en un abrazo, sonriendo las dos al unirse al abrazo el pequeño John que decía:

—Mamá y abuela feliz.

—Bill y Charlie han estado ayudando a Sirius y los seis chicos a investigar, al igual que Fleur, Jessica, Luna, Neville y nosotros —explicó Remus—. Nos habíamos dividido las embajadas mágicas mundiales entre los quince. Hemos conseguido también a un medimago Francés y uno Mexicano a quienes les hemos pedido información con la copia de tu expediente médico traducidos por Hermione, vía lechuza. Pero sólo de la medimaga de la India tenemos referencias de haber tratado un caso similar al tuyo, Molly.

—Según nos dijeron Ginny y Hermione, de lo que lograron traducir, no es igual. Pero su éxito fue rotundo con el señor Gandhi, a quien los otros medimagos no le daban perspectivas positivas. —siguió con una sonrisa Nymph, tomando a su hijo en sus brazos.

—Es por eso que Sirius quiere ir a exponerle tu caso personalmente, Molly. Porque él tiene esperanzas en esa opción y dice que por muy bien explicada que vaya una carta el usar una lechuza es impersonal. Él desea convertir tu caso en algo de interés casi personal para la medimaga.

—Si es tan famosa a nivel internacional, sus honorarios… —empezó Molly preocupada.

—Ni se te ocurra insinuar algo así frente a Harry o Sirius —la cortó Nymph, sacando a relucir su sangre Black—. Tú tendrás la atención que necesitas para tu salud y es todo. Del costo nos ocupamos nosotros. Tú sólo tienes que ocuparte de hacer lo que te digan esos medimagos, lo que no has hecho con los de San Mungo.

Arthur miró a Nymph con las cejas arqueadas, lanzándole luego una mirada compasiva a Remus que la miraba inquieto. Muy pocas veces afloraba ese carácter firme, desafiante y seguro, pero cuando lo hacía era de temer.

—Yo no soy una niña para que me regañes as… —intentó protestar Molly.

—Pues a veces lo parece —la interrumpió la metamórfaga—. Y eso es dañino para tu salud, Molly, lo sabes. No puedes seguir descansando poco, preocupándote por tus hijos y todos los que sobrevivimos de La Orden del Fénix.

—Nymph. —intentó apaciguarla su esposo tomando a su hijo en sus brazos, quien le había tendido sus manitas para huir de las dos mujeres enojadas.

—No, Remus. Ella tiene que entender. La guerra terminó, Molly. Nos costó mucho pero terminó. Nosotros no estábamos luchando porque cesara la maldad en el mundo, eso es imposible. Alastor tenía mucha razón cuando nos enseñaba eso en la Academia —Al verla bajar el rostro al ella nombrar al viejo auror le levantó el rostro con cariño por el mentón—. Por lo que luchábamos era por detener a un demente y sus secuaces, diciéndole al mismo tiempo a todo el mundo que no permitiremos que nadie ponga en peligro el derecho a intentar ser felices de nuestros pequeños.

»Yo soy madre, Molly, te entiendo perfectamente. Pero tú y yo tenemos que aprender algo que no llegó a vivir Lily, ya que murió muy joven al dar su vida por Harry: Dejar crecer a nuestros hijos en un mundo imperfecto. El amor de madre es muy hermoso, Molly, tú nos lo has enseñado a todos. Ahora es tiempo que des el paso más difícil, el que mamá dio poco antes de morir, dejar que tus hijos cuiden de ti.

Las dos mujeres se abrazaron llorando mientras el niño miraba a su padre interrogante.

—Tu mamá y tu abuelita están bien, John. Sólo es emoción femenina, no te asustes.

—No lloren. —les pidió el niño tendiéndoles los brazos, sonriendo al verlas secarse el rostro, tomarlo en brazos su mamá y abrazarlo para luego pasarlo a los brazos de quien quería y consideraba su abuela.

—Prometo portarme bien desde hoy, tomar todas esas odiosas pociones y descansar más. Pero, ese viaje de Sirius a la India… Tal vez no sea necesario. Tal vez si guardo más reposo… —intentó convencerlos Molly, siendo interrumpida por una voz desde la sala.

—¡Buenos días familia! —entró gritando feliz Sirius apenas salir de la chimenea—. ¿Dónde están los más alegres amigos que uno pueda tener?

—¿Qué te pasa? ¿Te volviste loco que llegas gritando? —le reclamó Remus, que se desplazó rápidamente de la cocina a la sala seguido por los otros.

—¡Tío Canuto! —gritó el niño y abandonó los brazos de Molly, corriendo a los del adulto más alegre de su familia. En seguida estaba riendo a carcajadas al ser levantado en el aire por él, que le daba vueltas y lo miraba feliz.

—Sirius Orión Black Black, deja de darle vueltas al niño que acaba de comer. —lo regañó Molly.

—Recuerda que no soy buena para los hechizos de limpieza, primo —insistió burlona Nymph—. No me hago responsable de cómo quede tu pelo.

—Sí Lunático. estoy loco de la alegría —le respondió a su amigo, con el niño colocado sobre sus hombros (tras su cabeza) luego de bajarlo al oír a las mujeres—. El lunes a primera hora Charlie y yo viajaremos a Nueva Delhi a entrevistarnos directamente con los medimagos en el hospital y… —al ver la expresión interrogante de su suegra se detuvo y miró acusador a su amigo y su prima—. ¿Aún no le habían dicho? Se suponía que ustedes le explicarían lo que hemos estado investigando.

—Ellos me lo explicaron, Sirius. También los medios de los que se han valido para investigar —le dijo Molly muy seria y con expresión severa, suavizándola al verlo tragar saliva y poner cara de niño capturado en una travesura. Había recordado lo que había dicho el de ojos miel en la madrugada, cuando la creía dormida—. Lo que no entiendo es que Remus me había hablado hasta ahora de "una medimaga" y tú acabas de decir "los medimagos".

—¡Ah! —respiró un poco más tranquilo porque no había explotado a reñirlo, aunque le extrañó. Pero sin saber qué le habían dicho exactamente su prima "mete la pata" y su amigo "la honestidad es lo mejor", era preferible que desviase rápidamente la atención de su suegra—. Eso es muy fácil de explicar. Bhela Charaka Ksharapani Sushruta no es una medimaga. En realidad son Bhela Charaka la medimaga y Ksharapani Sushruta su esposo, también medimago. Sólo que las investigaciones siempre las han hecho en conjunto y allá se han acostumbrado a nombrarlos seguido. Por eso siempre conseguimos los informes con Bhela Charaka Ksharapani Sushruta y una firma doble enlazada.

—¡Ah! —exclamaron a coro Nymph, Remus y Arthur.

—Sirius, yo te agradezco tus buenas intenciones, pero ese viaje ha de ser muy costoso y posiblemente inútil. —intentó convencerlo Molly, mirando enojada a su esposo y los otros dos al oírlos suspirar.

—Dobby —llamó Sirius—. Lleva a mi sobrino al cuarto de juegos y quédate con él hasta que Nymph vaya a buscarlo, por favor.

—Sí señor Sirius. —le respondió el elfo respetuoso con su voz chillona. Le tomó la mano al niño apenas el hombre lo puso de pie a su lado, desapareciendo con él mientras el niño se despedía agitando la manita.

Una vez que vio al pequeño desaparecer Sirius dejó de sonreír, suspiró y se sentó. Por las expresiones de sus compañeros ellos la habían intentado convencer, sin surtir efecto. "¿Cómo la voy a convencer precisamente yo?". Suspiró de nuevo. Tenía que intentarlo.

—Molly —se decidió a hablarle con voz suave y pausada, como había visto que lo hacía Harry con Hermione cuando quería convencerla de algo—, quince personas que te queremos mucho hemos estado investigando a nivel mundial un tratamiento para que recuperes tu salud. Estoy seguro que ellos te dijeron eso, también que no te contaron que estuvimos investigando incluso en el mundo muggle —aseguró al recordar su molestia con el esposo cuando un sanador intentó curarle al modo muggle la mordedura de Nagini. Al ver la cara de asombro de su suegra suspiró—. No dejaremos de buscar una forma de curarte, Molly. Removeremos cielo y tierra para conseguirla.

—Yo les agradezco mucho sus buenas intenciones, Sirius, pero…

—Por favor, déjame terminar Molly. Lo último que dijo Harry el día de la batalla, antes de quedar inconsciente en mis brazos, fue pedirme que cuidase de Ginny, de Hermione, de Ron, de Remus y de ti. Se lo prometí Molly, cuando creí que se me moría en los brazos se lo prometí —Tragó saliva al ver las lágrimas que se deslizaban por su rostro—. Aunque logres convencer a los otros de no insistir, aunque todos los medimagos y médicos del mundo que traigamos digan que no hay un tratamiento para ti, yo voy a seguir buscando hasta encontrarlo.

»No me importa el costo ni en tiempo ni en dinero. Lo que sí me importa es que tú entiendas que soy muy necio y testarudo, que no voy a dejar de traer a quien haga falta para que mejores. Así que tal vez si colaboras un poco con los medimagos que traiga tal vez mejores antes y no te tengas que enredar mucho con los distintos idiomas. —finalizó guiñándole un ojo y tendiéndole su pañuelo.

—Yo… Gracias hijo. —respondió emocionada Molly.

—En nuestra última reunión decidimos que Charlie me acompañaría en mi primer viaje, luego de un amistoso sorteo entre ellos catorce —agregó Sirius sonriente, luego de dirigirle una rápida mirada de alegría a su amigo al oír como le había dicho—. Ya le he avisado por lechuza que debe estar el lunes a primera hora en el Ministerio, así que debe estar aprovechando estos dos días para despedirse apropiadamente de Jessica y tal vez dejar el pedido al Ave del Paraíso de tu próximo nieto.

—¡Sirius! —exclamó la señora Weasley mientras los demás se reían.

—Perdón Molly —se disculpó apenas logró contener de nuevo su risa como ladridos—. Según nos informaron los del Ministerio de Magia de la India la pareja de medimagos que te va a atender tiene cinco hijos —continuó sabiendo lo que ella diría a su planteamiento. Con eso la atraparía—. Mi casa en Nottingham es grande y…

—De ninguna manera, Sirius. Esta casa es enorme. Ellos vendrán aquí —Al ver la amplia sonrisa de victoria del pelinegro de ojos grises suspiró y denegó. Acababa de aceptar que trajeran a los medimagos—. Reacomodaré a los chicos en los cuartos, así habrá suficiente espacio para ellos y sus hijos. —finalizó resignada.

—Fred, George y Ron pueden venir a quedarse a mi casa, Molly —le propuso en voz suave—. Así también evitaremos que los esperes despierta hasta tarde incumpliendo con tu reposo —añadió con picardía, sonriendo al verla asentir enfurruñada—. Ginny aprenderá mucho de esos medimagos y seguirá cuidando de ti aquí. ¿Estás de acuerdo?

—Si te digo que no, ¿dejarás de traer a esos medimagos?

—No. Igual los traeré.

—Entonces estoy de acuerdo.

—Bien. Voy a buscar a Ron al campo de Quidditch y acompañarlo al Valle un rato. Si ustedes dan su consentimiento me gustaría que Ginny nos acompañase.

—¿Qué tiene Harry? —preguntó Molly poniéndose en guardia, suponiendo que le habían ocultado algo serio… acertadamente.

—Nada, Molly. Ayer nos hizo una broma en casa y tu hija quiere devolverle el favor. —le respondió Sirius con una sonrisa y aire casual.

—Si Harry está bien como dices entonces no habrá problemas en que venga con ustedes a almorzar. —lo desafió la matrona.

—Le diremos. Estoy casi seguro que no ha hecho planes para el día. —sonrió Sirius, pensando que su "futura" novia tendría que ayudar a su ahijado a ocultarle la herida del brazo a su suegra.

—Muy bien —aceptó Molly, suspirando aliviada al pensar que se había equivocado al creer que le había pasado algo serio al pelinegro, aunque sabía que estaba herido en un brazo por la conversación que les escuchó a escondidas en la madrugada—. Winky —llamó a la elfina—. Por favor dile a Ginny que baje lista para salir con Sirius y a Dobby que baje ya con el niño. —le pidió apenas aparecer.

—Sí señora. —le respondió con su voz chillona, desapareciendo de inmediato.


Sintió un peso sobre su pecho y abrió los ojos pesadamente, sobresaltándose al ver los ojos verdes como pelotas de tenis mirándolo fijamente.

—¡Dobby! ¡Me asustaste!

—Dobby lamenta haber asustado al señor Harry Potter, pero la señora Lily Potter le dijo a Dobby que el señor ya debería estar de regreso con voz nerviosa y Dobby ha venido a buscarlo —le explicó—. Dobby está preocupado porque consiguió al señor con fiebre alta.

Harry buscó los lentes al bajarse el elfo, sonriendo agradecido al ponérselos la pequeña criatura en las manos. Miró su reloj de muñeca y vio que en pocos minutos amanecería. Recordó lo ocurrido en la noche y suspiró. De no ser por su herida la velada con esa chica tal vez hubiese finalizado de otra manera.

—Dobby, necesito que… —se detuvo petrificado al oír voces.

"No, no puede ser". Se acercó con cautela a la puerta del cuarto en que se había quedado dormido y la entreabrió, apenas lo suficiente para ver por una rendija a su padrino cargando a Nataly que cantaba a todo pulmón algo en evidente estado de ebriedad. Nymph y Remus iban tras ellos muertos de la risa buscando una pastilla que darle en el cuarto de la chica, según oía, para ayudarla con el malestar por haber bebido tanto. Mientras tanto le recordaban al primero que si no se daban prisa la pelirroja se enojaría y se iría en la camioneta con la castaña y los hermanos.

Al escuchar a Katherine preguntarles qué hacían allí y ayudarles a buscar la pastilla para su amiga abrió los ojos como platos. Pensando que ahora le sería casi imposible escaparse de allí, no sin hablar con la morena de ojos claros, se removió inquieto.

Esperó a escuchar que su padrino y sus tíos se fuesen, se concentró en ella y le envió la sugestión de ir a recostarse un rato más. Esperaba de corazón que funcionase. No quería tener que desmemorizarla, no después de lo que había averiguado sobre su infancia. "¿Por qué salió mal lo que intentaron hacerle olvidar? Hasta donde he averiguado y visto no hay secuelas, pero…"

Al escuchar que regresaba al otro cuarto, refunfuñando sobre reñirlos a los dos luego de descansar un rato y preparar el desayuno antes de ir a trabajar, suspiró aliviado. Bajó más tranquilo la varita que tenía lista para desmayarla.

—Dobby, necesito que busques el vendaje que me cambió anoche la joven muggle y las gasas que usó para curarme, pero no los medicamentos, en silencio. —le pidió en voz baja, señalándole su brazo.

Al ver asentir al elfo salió con cautela del cuarto, llevando la chaqueta medio acomodada sobre su hombro derecho y la varita lista en su mano. Miró la pequeña salita que había al final del pasillo en que estaban los cuartos, separada de un pequeño comedor por la barra, luego la puerta por la que debería salir y dudó por un momento.

Con una sonrisa traviesa en los labios avanzó en silencio hacia lo que suponía era la cocina. Al entrar vio un ambiente pequeño pero muy agradable, ordenado aunque no limpio de forma obsesiva como lo había sido la de su tía. Sacudió la cabeza, no quería recordarlos a ellos tampoco. Vio en el fregadero lo que seguramente eran los platos de un aperitivo rápido antes de salir y sonrió.

Con un movimiento de su varita insonorizó la puerta. Dejó la chaqueta sobre una de las banquetas que había junto a una mesa plegable a la pared y puso manos a la obra. Mientras hacía que los platos se lavaran y secaran solos por magia les preparaba a la detective y la médico recién graduada un pequeño desayuno, el cual dejó servido en la barra con un par de rosas del ramo de la noche anterior junto a cada plato, dejando las otras en un jarrón en el centro de la mesa del comedor, luego de quitarles las espinas con la varita a todas.

Dobby lo había ayudado a servir los platos con el ceño fruncido, denegando pero sin decirle nada. Se le hacía tan gracioso ver al elfo con aquella expresión de regaño contenido. Salió silenciosamente con una sonrisa divertida en el rostro. En el ascensor, cuando el pequeño elfo sintió que empezaba a moverse hacia abajo se abrazó a su pierna aterrado.

—Tranquilo Dobby, todo está bien —Al verlo denegar sonrió comprensivo, pues se movía muy lento comparado con los mágicos—. Dame lo que te pedí que buscaras y me esperas en casa, estaré ahí en unos minutos.

El elfo le entregó rápidamente lo que le pedía y desapareció.

Harry miró las vendas y gasas con una sonrisa, recordando con cuanto cuidado lo había curado la chica. Miró su brazo y suspiró. Él tendría que cambiarse ese vendaje para evitar preguntas sobre el ungüento muggle. Se miró al espejo y suspiró nuevamente. Las ojeras y el aspecto demacrado le auguraban regaño de la castaña y la menuda pelirroja, que estaba seguro irían ese día a su casa. Con un movimiento de su varita convirtió en cenizas lo que tenía en las manos, guardó su arma mágica y se acomodó la chaqueta antes de salir del ascensor, dando gracias silenciosamente por no haberse cruzado con nadie hasta ese momento. Cuando subió a su moto vio acercarse al oficial de seguridad del edificio y suspiró.

—Buenos días joven.

—Buenos días señor.

—Ha madrugado usted.

—Sí, un poco. Debo llegar temprano a casa de mis padres.

—Entiendo. Anoche le vi llegar con la señorita Stewart y parecía que ella lo ayudaba a caminar —le comentó mientras lo miraba fijamente, agregando al notar su incomodidad por su comentario—: Justo ahora se ve usted bastante demacrado. Si lo desea puedo pedirle un taxi para que lo lleve y hacerle llegar la moto o cuidársela hasta que usted vuelva por ella.

—Se lo agradezco pero no es necesario, puedo manejarla —le respondió, agregando al ver la cara de incredulidad del hombre—: Con un buen desayuno en casa y algo más de reposo sin angustiar a los míos estaré como nuevo.

—Tiene razón, no hay nada como desayunar en el calor hogareño para mejorar. Cuídese mucho joven. Espero que cuando le vuelva a ver esté usted bien de salud.

—Gracias. —le agradeció con sinceridad Harry, pues deducía de sus palabras que pensaba que volvería por allí con la detective, como estaba seguro que haría.

Puso la moto en marcha y se alejó del edificio con una sonrisa en los labios al imaginarse las expresiones de la detective, primero al no encontrarlo allí y luego al entrar a la cocina y conseguir los desayunos. Sí. Estaba seguro que volvería a ese apartamento en un día no tan lejano. Él sabía bien que Katherine Stewart solamente había llevado a tres hombres a ese apartamento, a su padre, al novio que asesinaron una semana antes de la boda que habían planeado los dos y a él.

Sacudió la cabeza al entrar en el callejón que había acondicionado con sus amigos y desapareció rumbo al Valle de Godric. Apenas aparecer activó de nuevo el modo silencioso en su moto y tomó la vía larga para llegar a su casa. Cuando guardó la moto en su garaje y entró a su salita se aproximó a la ventana, viendo despedirse a su padrino, su tío y la metamórfaga de su amiga castaña. Suspiró con alivio al saber que se había salvado por muy poco de encontrárselos en el camino. Saludó con cariño a sus padres, les pidió que no le dijesen a nadie que había estado fuera, repitiéndoselo a Dobby mientras subía con él al otro piso.

Seguidamente le pidió que le acercase lo que le había dado el medimago para cuidar de su herida mientras lo examinaba el lunes con calma y se sentó en la cama. Mordiendo un lápiz muggle envuelto en un pañuelo procedió a curarse, evitando el hechizo impermeabilizador que le puso a los lentes que se empañasen con su transpiración y lágrimas mientras lo hacía. Se concentró durante casi quince minutos en disminuir la sensación de dolor. Limpió el vendaje usado por la detective con su varita y lo dobló cuidadosamente.

Atrajo con un hechizo la cajita de madera, invisible para todos, en que guardaba sus secretos desde la época de la guerra y guardó las vendas. Sonrió al ver la expresión de curiosidad del elfo que estaba seguro no entendía lo que sus ojos le mostraban, mejor dicho, el que dejasen de mostrarle el vendaje luego de haber fallado aparentemente el hechizo silencioso con su varita. Devolvió la cajita sellada a su lugar con otro hechizo.

—Voy a recostarme un rato, Dobby. Me gustaría que regresaras ya con los Weasley.

—El señor Harry Potter debería desayunar antes de recostarse para que se recupere. Si le permite a Dobby decirlo, el señor está bastante delgado y demacrado. —lo regañó el elfo con los brazos cruzados sobre su pecho.

—Ufff, te está afectando el trabajar para Molly Weasley. Está bien, ya no me mires así. Bajaré a buscar algo. ¿Contento?

—El señor Harry Potter se quedará en cama y se comerá lo que Dobby le traerá —le dijo señalándole con su mano los almohadones que acomodó rápidamente con su magia para que se pudiese recostar al cabecero de la cama, saliendo refunfuñando luego de verlo recostarse—. Sí, claro, bajar a buscar algo. Seguramente las cosas esas poco saludables…

Harry ya no pudo seguir escuchándolo pero se podía imaginar con facilidad lo que seguía. Sonrió ampliamente y se quedó con la vista perdida, recordando cada detalle de su cena el día antes. Unos minutos después fue regresado a la realidad por el elfo que le traía en una bandeja con patas laterales la comida, acomodándola sobre sus piernas.

—Muchísimas gracias Dobby —le agradeció con sinceridad, devorando la avena, las tortillas con su jalea favorita y el jugo de calabaza que le había llevado el elfo. Al terminar de comer sintió que le pesaban de nuevo los párpados con el cansancio—. Gracias de nuevo Dobby, eres un excelente elfo y uno de mis mejores amigos. —afirmó sonriente al ver que le recibía la bandeja, le cambiaba con magia su ropa por su pijama, le quitaba con cuidado los lentes y le cubría con la manta luego de él acomodarse en la cama, quedándose profundamente dormido con una sonrisa en los labios al escuchar su réplica.

—Es para el elfo libre Dobby un placer servirlo y un honor inmerecido el que lo considere un amigo. Siempre ha sido y siempre será Harry Potter el mejor mago que haya conocido.

Dobby sonrió al verlo quedarse dormido con aquella expresión pacífica que tenía tanto tiempo sin verle, ordenó rápidamente con magia la habitación y salió con la bandeja hacia la cocina, pensando que tal vez esa joven muggle le traería un gran cambio a la vida de su ídolo y amigo. Esperaba que fuese para bien. Limpió rápidamente y desapareció rumbo a la casa de los Weasley.

Había dormido profundamente durante cuatro horas, sin pesadillas ni sueños molestos, lo cual no era lo normal en él. Sintió algo que le hacía cosquillas en la nariz y apartó el rostro levemente. Al sentir de nuevo aquello gruñó e intentó esquivar de nuevo lo que le molestaba. Oyó risitas y gruñó nuevamente al sentir unas cuantas gotas de agua en su rostro. Entreabrió los ojos y le pareció distinguir algo rojizo, cerrándolos nuevamente con fuerza.

—Ron, déjame en paz. Quiero dormir hasta tarde. —protestó con tono de enojo.

—Lo siento pero eso no va a poder ser —replicó con voz firme la pelirroja, sonriendo con malicia al verlo abrir los ojos asustado—. Tengo tres razones muy buenas para no permitírtelo —añadió con un tono de voz peligroso—. La primera es que tenemos pendiente la broma que nos hiciste ayer a Sirius y a mí —Sonrió con malicia al verlo tragar saliva y tantear hacia la mesita de noche buscando sus lentes—. La segunda es que voy a revisarte la herida en el brazo —Al ver que intentaba protestar, entrecerró los ojos y lo amenazó—. No te atrevas a siquiera insinuar que te negarás Harry James Potter Evans —Al verlo cerrar la boca y mirarla con temor agregó con una sonrisa malévola—: La tercera es que mamá te quiere en su casa para almorzar.

—¿Qué? —preguntó en voz muy baja, asustado. Les pidió con la mirada a Hermione, Ron y Sirius, que la acompañaban, que le dijesen que eso no era cierto.

—Lo siento ahijado pero es la verdad. Me pidió personalmente que te lo dijera.

—Pero yo no puedo ir este fin de semana a Grimmauld —denegó asustado—. Si mamá Molly me ve así se preocupará.

—Se suponía que habiendo descansado anoche y casi toda la mañana no estarías con esa cara, ahijado. —le respondió Sirius, con sus ojos grises mirándolo preocupado.

—Su cara sólo está reflejando lo mal que está. —refunfuñó Ginny que lo estaba examinando con su varita, empezando a quitarle el vendaje de su brazo.

—¿Qué quieres decir con eso, Ginny? —preguntó alarmada Hermione, que estaba sentada al otro lado de la cama, mientras Ron y Sirius se acercaban rápidamente preocupados.

Pero no hizo falta que ella respondiese, al ver el brazo del joven todos entendieron a qué se refería.

Harry se había aplicado el ungüento para la quemadura, al igual que el que le dio el medimago para el efecto de la maldición cortante, pero no el hechizo que activaba este último ni tampoco había recordado tomar con el desayuno la poción que le recomendara. Por eso su brazo estaba amoratado, inflamado, la herida sin rastros de quemadura pero abierta y él con fiebre.

—¿Te cambiaste tú solo el vendaje? —le preguntó con enojo contenido la pelirroja.

—Yo… —Tragó saliva, no tenía escapatoria—. Me dio frío cerca del amanecer y me di un baño con agua caliente. Estaba muy adormilado y se me mojó el vendaje —Al ver las pecas de la pelirroja brillando y las expresiones exasperadas de sus acompañantes bajó el rostro—. Creí que lo había hecho bien, pero… creo que olvide el hechizo para cerrar la herida y no estoy seguro de haber tomado la poción que debía beber al cambiarlo. —finalizó el pelinegro en voz baja.

—Harry Potter, jamás dejarás de ser un necio. Te dije que me llamaras a cualquier hora si necesitabas que te cambiaran el vendaje. —estalló Ginny.

—Lo siento, yo no quise molest…

—¡No te atrevas a decir que no querías molestarme! —lo interrumpió a gritos.

Harry cerró los ojos y apretó con fuerza mandíbula y puños, al sentir un fuerte dolor viajar como si fuese corriente eléctrica de la herida hacia su pecho.

Hermione, Ron y Sirius lo miraron muy asustados, girándose de inmediato interrogantes hacia la pelirroja.

—Ron, abre la ventana; Hermione, necesito agua helada; Sirius, sostenlo con fuerza mientras le hago unos hechizos especiales —los organizó rápidamente Ginny—. Tranquilo Harry, yo te voy a ayudar. —le aseguró con dulzura.

—No es necesario padrino. Yo… —musitó Harry al sentir que lo sujetaba ubicado tras él, aún con los ojos cerrados por el dolor intenso que sentía.

—Tranquilo ahijado. —lo interrumpió Sirius, asintiendo en dirección a Ginny.

Cuando la menuda pelirroja empezó a aplicarle el primer hechizo se tensó todo su cuerpo, haciendo un gran esfuerzo para soportar el dolor sin moverse, con los dientes apretados para no gritar. Con el segundo hechizo intentó zafarse del agarre apretado de su padrino para huir, mientras las lágrimas se escapaban de sus ojos. Ron tuvo que sostenerle las piernas para evitar que golpease a su hermana. Con el tercero un grito desgarrador se escapó de su garganta y se desmadejó en brazos de Sirius.

En condiciones normales hubiese resistido aquello sin ayuda y casi sin quejarse, pero la fiebre que había tenido desde que le atacase por primera vez el dolor en el restaurante lo había debilitado mucho. Hermione sollozaba al verlo así. A Ron y a Sirius se les habían escapado las lágrimas al oírlo gritar de aquella manera.

Ginny se mordía los labios mientras le rodeaba el brazo con el paño que había sumergido en el agua helada. Lo veía temblar mientras del paño salía algo de vapor por la alta temperatura a la que se encontraba el brazo del pelinegro en ese momento, repitiendo el procedimiento la pelirroja en tres oportunidades más hasta que la temperatura en el brazo llegó a ser casi normal.

—Hemos venido justo a tiempo para evitar que la maldición venciese la resistencia de Harry y se extendiese —les aclaró la pelirroja mientras le aplicaba un cuarto hechizo que generó una nube de vapor negra que salió del brazo y se disipó—. El medimago no intentó hacer esto ayer porque tenía miedo que la gran fuerza mágica de Harry lo enviase a una camilla en un fuerte coma, intentando defenderse de él.

Vio las expresiones de miedo y tristeza combinadas en los rostros de sus tres acompañantes, mientras Sirius acomodaba a Harry acostado en los almohadones, y con una débil sonrisa se explicó un poco más.

—Con nosotros cuatro no existía ese riesgo, por los lazos de afecto que nos unen con él. Si no lo intenté ayer fue porque lo vi muy agotado y quería que recuperara fuerzas con el descanso de anoche. Si no se hubiese cambiado el vendaje de manera incorrecta no habría sido tan… —no pudo finalizar. Cerró los ojos y bajó la cabeza mientras una lágrima se le escapaba.

—Tienes razón —le dijo Sirius con cariño, atrapando la lágrima que se le escapaba y abrazándola—. Es una suerte que haya tenido justo a tiempo a su lado a una medimaga tan talentosa como tú, a sus dos mejores amigos y a su fuerte padrino —finalizó haciendo énfasis en la penúltima palabra, sonriendo al oírlos a todos reírse levemente—. Bueno castaña, como Molly no puede verlo así tú tendrás que escuchar el vociferador que te enviará cuando sepa que retuviste a Harry por una promesa que te había hecho de… —se detuvo intentando pensar una buena excusa.

—De ir a visitar la que fue la casa de mis padres —completó Hermione mirando a Harry preocupada—. Me insistió demasiado estos últimos meses y no podía suspender la cita con la mujer de la inmobiliaria por segunda vez, no cuando dejó en claro que no habría una tercera oportunidad —Miró interrogante a sus tres compañeros—. ¿Suficientemente creíble para mamá Molly?

—Sí —afirmó Ron—. Mamá ya los ha oído con eso y ustedes nunca han dicho cuando es la cita con ella.

—Es mañana, pero con gusto perderé esa cita si se trata de la salud de Harry —aclaró preocupada pero decidida—. Dime exactamente qué debo hacer para que se recupere, Ginny.

Una hora después la menuda pelirroja, su hermano menor y su novio miraban la puerta de entrada a Grimmauld y suspiraban, aquello no iba a ser nada fácil. Estaban más tranquilos en cuanto a Harry, después de haberlo dejado despierto y con mejor semblante que cuando llegaron, recibiéndole la comida a Hermione con algo de reticencia y sus ojos verdes sin esa frialdad que tanto los asustaba, aunque sin la calidez que extrañaban de sus esmeraldas.

Comieron hablando mucho sobre todas las investigaciones que habían hecho hasta ese día, intentando esquivar las enojosas preguntas de Molly sobre Hermione y Harry, sin darle tiempo de insistir demasiado e intentando que no se notase que la esquivaban. Fred y George los ayudaron aunque no entendían lo que ocurría, al igual que Nymph y Remus, huyendo los siete con el niño rumbo a la tienda de los gemelos en el callejón apenas terminó el almuerzo.

—Arthur, quiero que vayas al Valle y averigües qué pasa con Harry. —sentenció Molly apenas ver desaparecer el último por la puerta.

—Pero cariño, si ellos dijeron que Harry está con Hermione en…

—¡Oh vamos! ¡No me vas a decir que les creíste eso! —lo cortó ella. Al ver que su esposo intentaría afirmar que le habían dicho la verdad no le dio tiempo de hablar—. Me han estado esquivando durante toda la comida. Yo sé que le ha pasado algo serio. Si no vas tú iré yo. —amenazó dirigiéndose hacia la chimenea.

—No mi amor, espera —se interpuso Arthur. Arrodillándose le tomó las manos con cariño—. Yo iré al Valle si eso te hace sentir más tranquila, pero por favor no uses la red flú, por favor. Si algo le pasa a Harry yo te llevaré en el auto.

—Gracias cariño. —lo abrazó, sonrojándose al recibir el beso cariñoso de su esposo.

—Seguro que no es nada. Vuelvo en cuanto lo haya visto. Iré a buscarlo no sólo al Valle sino a casa de los Granger también. —le dijo cambiándose con su varita la ropa por uno de los trajes que le había dado por su cumpleaños Harry, para cuando fuese a algún lugar en el mundo muggle.

—Ten cuidado.

Apenas salir de la chimenea en El Valle de Godric supo que su esposa tenía razón. Harry estaba recostado en el mueble de tres puestos de la sala, con los ojos cerrados bordeados por ojeras, pálido y con su brazo izquierdo vendado, mientras a su lado Hermione le leía una novela muggle de detectives.

—¿Arthur? —preguntó Harry abriendo los ojos.

—Hola Harry —lo saludó sonriente el hombre alto y casi completamente calvo, sentándose cerca del mueble, junto a los pies de Harry—. Molly no tiene la capacidad de sentir la magia de otros como tú, pero sí la de detectar las evasivas y mentiras. El criar a los gemelos la hizo una experta. Supuso que si no habías ido a comer debías estar realmente mal y veo que tenía razón.

—No es serio, Arthur —Al oír gruñir inconforme a la castaña suspiró—. Tampoco es tan simple como quisiera aparentar. Hasta mañana a final de tarde no tendré un aspecto medianamente saludable y es posible que tenga que pedir permiso en el trabajo por al menos dos días más.

—Yo me ocupo de eso y también de Molly, no te preocupes y descansa —le dijo mientras le palmeaba suavemente en la pierna izquierda en un gesto paternal—. Hermione, si necesitas cualquier cosa, lo que sea, no dudes en avisarnos con Dobby. Lo enviaré aquí.

—Pero mamá Molly…

—Tranquilo Harry. Yo hablaré con ella y Winky se quedará conmigo para ayudarla en lo que ella pueda necesitar.

—Gracias Arthur. —le sonrió Harry, adormilándose nuevamente sin poder evitarlo.

Al notarlo el hombre interrogó a Hermione con la mirada, que le hizo señas que no dijese nada y la siguiese a la cocina. La insonorizó y le contó todo lo que ella sabía de lo ocurrido con el pelinegro, también lo dicho por Ginny sobre su recuperación.

Arthur denegó y suspiró. Odiaba las prácticas que les había impuesto Gawain Robards a los aurores. Pero ni siquiera Kingsley como nuevo ministro podía erradicarlas o suavizarlas, no con los Mortífagos que habían quedado sueltos y hacían tan terribles ataques.

—Le diré una verdad a medias a Molly: Lo hirieron en el brazo izquierdo durante una práctica en el Ministerio; no es serio pero el medimago ordenó reposo y ustedes lo están obligando a dormir con poción, para que se recupere un poco de una semana intensa de trabajo y prácticas; tú te estás quedando con él a vigilar que cumpla con el tratamiento y los demás no querían que se preocupase.

—Esa es una muy buena forma de decirle algo sobre la verdad a mamá Molly. Gracias Arthur, yo les diré a los demás sobre la nueva estrategia.

—No jovencita, gracias a ti.

Se despidieron. Hermione quitó el hechizo de insonorizar y regresó junto a Harry, que dormía intranquilo. Empezó a leerle de nuevo pues había notado que eso lo calmaba. Tenía que esperar al menos seis horas antes de poder darle realmente la poción de dormir sin soñar. Al verlo más tranquilo y ver llegar al elfo lo dejó con él, viajando a la tienda para hablar con los otros. Regresó rápidamente al Valle de Godric a cuidarlo.

Arthur viajó por la chimenea de regreso a Grimmauld, le contó a su esposa lo acordado y aceptó feliz su proposición de enviarles a uno de los elfos para que ayudasen a la castaña, de modo que tuviese más libertad de cuidar al pelinegro. Envió a Dobby y la llevó al cuarto a descansar, logrando tranquilizarla en cuanto a reñir con los otros por mentirle. Sonrió al verla tomarse las tres pociones que le correspondían sin protestar y quedarse dormida.