Resumen: Una fuerte crisis de salud de Harry. El peor día de Molly.
Memorias Tristes de una Guerra Cruel
A final de tarde Harry empezó a murmurar en sueños, pues la fiebre había ganado de nuevo terreno en su cuerpo debilitado. Se removía intranquilo en la cama a dónde lo habían subido minutos antes, sus ojos moviéndose rápidamente tras los párpados cerrados, sus manos moviéndose como si en la derecha tuviese su varita y con la izquierda intentase ocultar a alguien tras él.
Hermione lo miraba inquieta mientras le pasaba un paño frío por el rostro, deseando de todo corazón que Dobby llegase pronto con Ginny y los otros. Se suponía que él mejoraría hasta que la fiebre desapareciese totalmente a final de tarde, pero en lugar de eso la temperatura del cuerpo de Harry había subido paulatinamente desde una hora antes, no cediendo con la poción que le había dejado la pelirroja para que le diese si le intentaba subir la fiebre un poco. La castaña sospechaba que su amigo había estado abusando de su resistencia física y mágica, por lo que al estar agotado y debilitado no respondía adecuadamente al tratamiento.
—A ella no la lastimará nadie… —empezó a delirar Harry—. La quiero mamá… No puedo porque él la quiere… No lo lastimaré papá… El mejor amigo… Daría mi vida por ella… No puedo decirle que la amo… —Una lágrima se escapó de sus ojos cerrados—. Hermione…
La castaña, que lo había estado escuchando pensando triste que se refería a Ginny y a Sirius, se quedó paralizada con el paño frío a centímetros de su rostro cuando la nombró a ella. "No, no puede ser. Eso no es cierto. Debo haber entendido mal", pensó rápidamente. Sacudió levemente la cabeza y procedió seguidamente a limpiarle el rostro al joven de pelo negro.
—Por favor no… Yo no puedo vivir sin ella… —Las lágrimas empezaron a fluir en libertad desde los ojos cerrados—. Hermione… Hermione… Herm… yo te…
La castaña se quedó mirándolo con los ojos muy abiertos, paralizada por lo que oía mientras su corazón latía desbocado, su mente atenta a las palabras que de la boca de él escapaban mientras armaba y desarmaba rompecabezas con lo que escuchaba. Al verlo detenerse y no oírlo más se aterró.
—Harry, por favor resiste, ya viene la ayuda. Por favor, tienes que recuperarte. —le pidió con lágrimas en los ojos, abrazándose a él luego de comprobar que sólo había entrado en una etapa más profunda de la inconsciencia.
—¿Qué ocurre Hermione? —preguntó muy asustada Ginny que venía entrando en ese momento al cuarto, con Ron, Sirius y los gemelos tras ella.
—La fiebre se le ha disparado sin que la poción lo ayudase y estaba delirando. —le respondió atropelladamente, separándose de él para darle espacio a su amiga que había abierto mucho los ojos al oírla y ya estaba sacando su varita.
—No… Yo debí evitar esto… —empezó de nuevo a agitarse y delirar Harry—. Maldito Greyback… Lo destrozaré… Sólo un niño… Bellatrix y… Él sólo quería proteg… Eres un auror deb… Él sólo fue otra víctima… La verdadera bestia eres tú…
Ginny le había aplicado ya dos hechizos para aliviarlo, pero la magia de Harry era muy poderosa y estaba descontrolada, además que las frases que el pelinegro estaba dejando escapar la afectaban y le costaba mucho concentrarse en lo que hacía. Intentó agitar por tercera vez su varita pero al oír las dos últimas empezó a sollozar.
—Ginny, mi amor. —La abrazó Sirius desde atrás con cariño, mordiéndose los labios al verla girarse y aferrarse a él llorando.
Hermione lloraba abiertamente, siendo abrazada de inmediato por Ron que estaba tan rojo como su pelo e intentaba infructuosamente contener las lágrimas. Fred y George se recostaron a la pared abatidos, sintiendo que se hundían en los recuerdos de aquél terrible día en que habían muerto Colin y Dennis Creevey.
El más pequeño había fallecido en horas de la madrugada, víctima de su hermano a quien Greyback había convertido en licántropo. Bellatrix los había encerrado a los dos esa noche de luna llena en una celda del sótano de la guarida de los Mortífagos, luego que lo transformase el mortífago, disfrutando del espectáculo. Había reído macabramente al amanecer mientras abría la reja con su varita, para luego decirle al mayor que ya habiendo cenado apropiadamente era libre para unirse a la manada de Fenrir Greyback y servir a su amo.
En ese momento habían entrado los miembros del E.D., algunos profesores, casi todos los miembros de La Orden del Fénix y una cuadrilla de aurores a la casa, en busca de rescatar a los veinte chicos capturados en Honeydukes de las manos de los Mortífagos enfrentándose a ellos. Bellatrix se había apresurado a dirigir la defensa, pero el número de sus hombres era menor al de los que venían al rescate. La mortífaga había sonreído maliciosamente y ordenado a sus hombres el replegarse lenta y disimuladamente hacia el sótano, conduciendo allí a todos para que viesen "su obra de arte": Colin abrazaba desconsolado el cuerpo destrozado de Dennis, aullando de dolor, con su cuerpo mostrando los rastros de la transformación todavía.
De la varita de un auror enfurecido había salido una maldición cortante que chocó con una quemante de la mortífaga en dirección al jefe de los aurores, quien los esquivó con habilidad, dando de lleno las dos en el corazón de Colin. El joven Creevey después de quince minutos dolorosa agonía había muerto, mientras sus desesperados compañeros y profesores de colegio intentaban llegar a él para llevarlo a San Mungo. Los aurores no los ayudaron pues Robards les había ordenado concentrarse en los Mortífagos.
Habían pasado diez minutos del impacto de las maldiciones en el cuerpo del adolescente cuando Bellatrix desapareció de la casa. Los otros no habían podido escapar de los aurores, que de inmediato habían hecho aparecer un escudo antiaparición alrededor.
—Perdóname hermano, ellos me obligaron a lastimarte. Nos vamos juntos, unidos para siempre. —fue lo último que dijo el joven fotógrafo antes de morir, con la mano del más pequeño entre las suyas.
Los chicos se habían revuelto furiosos contra Dawlish cuando, ya atrapados todos los Mortífagos, había mirado con desprecio el cuerpo del joven fallecido por la mezcla de la maldición que salió de su varita y la de la mortífaga y dicho:
—Ha sido lo mejor. Es un licántropo menos.
Los profesores habían evitado que los chicos se le fuesen encima, quitándoles las varitas rápidamente, mientras Robards le ordenaba a Dawlish retirarse. Éste había gritado antes de irse:
—Es la verdad y lo sabes, Gawain. Ese mocoso se había convertido en una bestia y probado su propia sangre.
Al día siguiente la noticia en El Profeta había sido:
Murieron los jóvenes Colin y Dennis Creevey, dos jóvenes magos hijos de muggles, víctimas de los Mortífagos a pesar de los esfuerzos del mejor grupo de aurores del Ministerio. Sin embargo los defensores de la paz mágica consiguieron atrapar a todos los culpables (a excepción de la peligrosa prófuga Bellatrix Lestrange) y rescatar a los otros dieciocho jóvenes, por lo que serán condecorados hoy en el Ministerio de Magia.
Aquello había sido un golpe muy fuerte para los chicos. Sabían que nadie debía saber que ellos, los profesores y los de La Orden del Fénix habían estado presentes en el doloroso rescate, pero que Dawlish fuese condecorado… fue demasiado para ellos.
Hermione había visto a todos llorar y gritar maldiciones, a todos menos a Harry que leyó la noticia oscureciéndosele la mirada, posándose por primera vez en aquellas esmeraldas la fría expresión que jamás le volvió a abandonar durante la guerra. La castaña lo vio levantarse y dirigirse hacia la posición en que una muy afligida directora los miraba.
—Profesora McGonagall, el E.D. necesitará seguir usando la Sala Especial de Combates y el pasillo de transporte especial entre Grimmauld y el colegio —le había dicho con voz fría e impersonal Harry a la directora, que lo miraba pasmada—. Necesitaré también una sala privada para que Hermione, Ron y yo practiquemos además algunas cosas especiales, con los libros que tomaremos de la Sección Prohibida y la ayuda de Remus Lupin.
»Así mismo le informo que nosotros tres comenzaremos a viajar fuera del colegio en tres días, sin decir nuestro destino ni cuanto tardaremos a nadie, mientras tanto Fred y George Weasley deberán poder seguir ingresando al colegio sin inconvenientes. Ginevra Weasley, Luna Lovegood y Neville Longbottom dirigirán al E.D. durante nuestras ausencias.
La directora había seguido mirando un par de minutos después el espacio vacío dejado por Harry. Al igual que casi todos en la Sala Común de Gryffindor, donde se habían reunido luego de dormir rescatadores y rescatados en el colegio. No había logrado reaccionar después de verle hablar con aquella frialdad.
Sólo Hermione había salido tras él, siguiéndolo. Había retenido el aliento cuando él se detuvo en medio de la estantería de la Sección Prohibida, haciendo caso omiso de Madam Pince que le exigía le devolviese su varita y saliese con la castaña de allí.
—Necesito que conozcas la teoría y empieces a practicar conmigo en dos horas —le había dicho con el mismo tono frío mientras ponía en sus manos dos libros sobre Occlumancia—. La directora le informará en unos minutos que todos los miembros del E.D. tenemos acceso irrestricto a esta sección, Madam Pince. —agregó luego inexpresivamente dirigiéndose a la bibliotecaria, entregándole su varita y saliendo de allí con tres libros bajo su brazo.
—¿Ese era Harry Potter? —le había preguntado desconcertada la bibliotecaria a Hermione, asustándose al oír la respuesta de la castaña.
—Ese es el mago que derrotará a Voldemort, Harry Potter, el hombre que la comunidad mágica quiere que la defienda. Pero el pequeño Harry James Potter Evans, el niño que vivió, el que usted y yo conocíamos, fue asesinado por un auror, una mortífaga y el Ministerio.
Hermione nunca logró saber de dónde había salido esa respuesta. Sabía que sus labios la habían expresado, pero un escalofrío le había recorrido la columna vertebral al finalizar de decirla, palideciendo, cayéndose los libros de sus manos, teniendo que sujetarla rápidamente la bibliotecaria para que no fuese a dar al piso.
Un par de minutos después había reaccionado y salido corriendo a buscarlo, con Madam Pince tras ella, encontrándose en el camino con la directora, los otros miembros del E.D. y los de La Orden del Fénix que los habían acompañado. Pero Harry sólo había aparecido dos horas después, en la sala que les había facilitado la directora para practicar.
Nunca les dijo dónde había estado pero todos lo sospecharon meses después, cuando supieron que los padres de los Creevey, la niña de once años recién cumplidos y los gemelitos de ocho años, hermanitos menores de los chicos, habían desaparecido sin dejar rastro en ese lapso de tiempo, a pesar de la vigilancia de un grupo especial de aurores sobre ellos.
Harry había despertado el 31 de julio de 1997, no sólo como un mago mayor de edad, sino con un potencial mágico enorme, el equivalente al de tres magos adultos, con una gran facilidad además para asimilar teorías, aprender hechizos nuevos e incluso generar algunos novedosos con poco esfuerzo.
Se había ido el día antes de su cumpleaños de Privet Drive, luego de decirle a su tía que lo mejor para ellos tres era que se fuesen de allí, por una desaparición conjunta con Hermione. Se habían escapado los dos a Grimmauld de los miembros de La Orden del Fénix que le buscarían una hora más tarde. Allí se habían conseguido con Ron, Fred y George, que habían reforzado los conjuros especiales que había establecido Moody (el día después de fallecer Dumbledore) bajo la guía de la castaña. Sólo ellos cinco habían podido ingresar desde ese momento al Cuartel de La Orden del Fénix, valiéndose de un poderoso hechizo antiguo y que la propiedad le perteneciese a Harry, hasta que les fueron permitiendo el acceso a otros.
Ginny, Luna y Neville se les habían unido dos días después, pues el profesor Dumbledore le había dejado al pelinegro con el fénix una nota para que él decidiese quién podía ingresar al cuartel, la espada de Gryffindor, el pensadero, unos libros avanzados de magia que contenían desde los conocimientos más antiguos sobre el manejo de las fuerzas más puras hasta los más terribles hechizos de magia oscura, así como también su varita.
Meses después de estarlo entrenando Remus le había dicho un día que le parecía haber estado practicando con Lily y James juntos, desconcertándose todos al oír a Harry responderle:
—Has estado practicando con los tres, tío, con nosotros tres.
Dicho lo cual le había palmeado el hombro a un muy desconcertado licántropo y salido luego de la sala.
Hermione y Harry habían aprendido Occlumancia y Legilimancia en tiempo extremadamente corto, sintiendo la castaña muchas veces que el pelinegro la ayudaba a ella a avanzar al ritmo de él, sin que pudiese explicarlo. Ron y los demás también habían aprendido, pero más lento, sin aquella conexión tan extraña que se formaba entre los dos primeros cuando practicaban algo. El pelirrojo le había preguntado varias veces a la castaña a qué se debía aquello pero ella no sabía explicarlo.
Harry no volvió a responder preguntas ni a ellos dos ni a nadie. Se había limitado a asistir a clase, entrenar con el E.D. en Defensa Contra las Artes Oscuras, buscar los horcruxes con sus dos mejores amigos para destruirlos y participar en batallas cuando no estaba fuera por la búsqueda de los objetos malditos. Fawkes le había informado puntualmente de los enfrentamientos, sin que nadie supiese cómo se enteraba el fénix, ni dónde se quedaba mientras Harry estaba con los demás.
La profesora McGonagall, Molly Weasley, Remus Lupin y los demás miembros de La Orden del Fénix se habían visto de pronto siguiendo al joven y frío líder, dejándole actuar con libertad, ayudándolo en la medida de sus posibilidades. El Harry que había desaparecido con Hermione y Ron después de la boda de Fleur y Bill los había sorprendido por su expresión ausente. El que regresó tres meses después, con dos acompañantes sumidos en una profunda tristeza y sufriendo pesadillas, los asustó. Era frío, exigente, calculador, dedicado totalmente en cuerpo, mente y alma a vencer en la guerra.
Ginny, Molly, Arthur y Remus se habían estrellado contra su silencio y su mirada indiferente cuando intentaron acercarse a él, hablarle, recuperar al niño que vivió. El chico se había limitado a escucharlos, sin mostrar ninguna reacción ante ninguno de ellos.
Luego había convocado una reunión de La Orden del Fénix y el E.D. en conjunto, dándoles con sus mejores amigos la información para traer a Sirius de vuelta del Velo de la Muerte y también la posición de dos de las guaridas más frecuentadas por Voldemort, exponiendo un plan de ataque que evidentemente había estructurado con ayuda de la castaña y el pelirrojo, diciéndoles que tenían un lapso de cinco semanas para hacer aquello antes que ellos tres tuviesen que partir de nuevo y perder el contacto.
Aquellos habían sido días terribles con Harry Potter, el mago a quien no conocían, a quien aprendieron a respetar y apreciar pero siempre añorando los más íntimos al joven que ya no era más. Habían perdido las esperanzas de recuperarlo cuando luego de rescatar a Sirius, sabiéndolo aún en peligro de muerte cuando se cumplió el plazo que había dado, se fue con sus dos amigos luego de despedirse a solas de su padrino.
—Ginny, mi amor, sé que es duro pero tienes que sacar de tu mente aquello y ayudar a Harry. —le dijo Sirius con firmeza, mirando a su ahijado agitado por la fiebre.
Harry estaba pidiéndoles perdón a los pequeños hermanos por no haber llegado la noche antes de la luna llena y haber evitado lo ocurrido, según lo que se entendía de las frases inconexas que decía en su delirio.
La pelirroja se aferró fuertemente a su pareja, tomó aire profundamente y pasados unos segundos asintió. Se giró hacia el pelinegro con el ceño fruncido.
—Fred y George, necesitaremos poción revitalizante para nosotros cinco y que monten una buena distracción allá abajo —Al ver la mirada interrogante de los gemelos se explicó—. Vamos a darle un choque mágico para sacarlo de la crisis y no necesitamos que el jefe de Harry lo interrogue luego sobre "su control de su alto e inusitado poder mágico".
—Haremos pruebas especiales…
—… en la sala ahora mismo.
—Hermione, Ron, Sirius, necesito que le apunten a Harry y lo ataquen con el Stupefy Petrificus Cordis más fuerte e intenso que puedan convocar.
Los aludidos la miraron asustados, sabiendo que era una maldición compleja creada por Harry para desmayar y paralizar el corazón de sus enemigos, pero asintieron. Sabían que jamás haría nada que dañase a Harry.
Ginny le apuntó con su propia varita al pelinegro, tomó aire profundamente y asintió, lanzando un Rennervate simultáneamente a los otros tres hechizos sobre él. Salieron los cuatro expelidos por los aires hacia atrás ante la defensa que un inconsciente y sin varita Harry arrojó sobre ellos, pero sin golpearse con nada al ser detenidos flotando por la propia magia del pelinegro que los depositó a los cuatro inconscientes en el piso.
Los gemelos vieron bajo la puerta el estallido de luz, percibiendo la ola de poder desatado aún tras la puerta. Tragaron saliva y entraron un minuto después, les dieron a los cinco los vasos con poción revitalizante con ayuda de un muy asustado Dobby, los dejaron con el elfo y bajaron a la sala a montar la distracción.
Ginny, luego que la reanimasen sus hermanos, tardó un par de minutos más para lograr entender y recordar lo ocurrido. Examinó en seguida a Harry, sonriendo aliviada al verificar que había funcionado.
—Está totalmente estable y fuera de peligro —les dijo con una sonrisa a los otros, que la miraban expectantes—. Su magia estaba muy irregular, por eso no se recuperaba, pero ha liberado tensión con nosotros y está bien ahora. ¿Cómo se sienten ustedes?
—Como si un Colacuerno Húngaro me hubiese golpeado —respondió Ron, suspirando luego de mirar a su mejor amigo con preocupación—. Atontado pero bien.
—Un gigante no lo golpea a uno tan fuerte como la magia de Harry —dijo con sinceridad Hermione, mientras verificaba con su mano izquierda que el pelinegro ya no tuviese fiebre—. Pero estoy feliz de sentirme un poco débil si con eso él mejora.
—Yo necesito una buena comida, dormir un poco y corretear luego como animago por un parque para sentirme como nuevo, pero si mi ahijado está mejor yo estoy feliz. —comentó Sirius, abrazando a su "futura novia" por detrás, mirando con una sonrisa a la castaña y el pelinegro, feliz al verla sonreír con alivio.
—Vamos a quedarnos con él un rato mientras se van los que están allí abajo y él despierta. Ya luego nos iremos a descansar. —decidió Ginny sonriente, sabiendo que ninguno de ellos estaría tranquilo hasta verlo abrir los ojos y que hablasen con él.
Todos se quedaron en la habitación sentados, pensativos, mirándolo, sumidos cada uno en sus propios recuerdos, emociones y reflexiones.
Molly miraba a través de la ventana los matices de colores que la luz del sol generaba en las nubes dispersas, en aquél final de otoño, con el frío propio del inicio del invierno en el aire. Suspiró al recordar otra fría tarde de inicios de invierno, la más terrible que había vivido hasta ahora en sus cincuenta y un años de existencia, una que hubiese deseado no existiese, aquella en que había visto morir al tercero de sus hijos.
"Ese fue el día más terrible no sólo para mí y para mi familia, también para Harry y todos los que junto a él luchamos en aquella terrible batalla". Las lágrimas se escaparon de sus ojos castaños como ocurría siempre que recordaba aquello, estando a solas en su casa en las pocas oportunidades que lograba esto ocurriera.
Le había pedido a Arthur que fuese a visitar a Harry para saber cómo había amanecido aquél domingo, pues su corazón de madre le decía que el supuesto experimento de los gemelos en las últimas horas de la tarde del día anterior, por el que habían acudido presurosos su esposo, Kingsley y Remus al Valle de Godric, había sido sólo una bien montada cubierta para distraer al Ministerio de un problema con el pelinegro.
Suspiró una vez más, cerró los ojos y se dejó llevar por el recuerdo que la embargaba en ese momento, despertado por el problema de salud suyo y el del chico a quien siempre había querido como un hijo. No tenía muchas esperanzas de recuperarse, a pesar de las buenas intenciones del hombre de pelo negro azulado y ojos grises.
"Sirius… Él estuvo allí, protegió con su propio cuerpo a mi hija e intentó protegerme a mí también, invocando un fuerte escudo protector que evitó que Bellatrix me matase cuando no logré defenderme, pues mi mente y mi corazón adolorido de madre no querían hacerlo, no después de lo que acababa de vivir". Sus sollozos se incrementaron, sus recuerdos dominándola sin que pudiese evitarlo.
Sólo unos minutos antes de aquella batalla se habían reunido todos en el vestíbulo de Hogwarts para salir a defender el castillo, luego que Voldemort derribase sus defensas. Se había valido de una Maldición Imperius sobre la madre de una pequeña e inocente niña de once años, obligándola a asesinar a su propia hija en la reja de entrada en medio de los cerdos alados.
Únicamente en ese momento se reunieron de nuevo sus siete hijos con ella después que sus tres hijos mayores se fuesen de casa, los dos mayores por sus trabajos y el tercero por la desavenencia familiar. Percy había llegado allí en ese momento con muchos aurores, decididos a defender el colegio sin esperar a que sus superiores les diesen la orden de hacerlo o no.
Fue un momento de mucha tensión para los nueve integrantes de la familia Weasley. El chico de lentes se había acercado a ellos lentamente, cabizbajo, pidiéndoles perdón en voz alta para que todos los presentes en el lugar lo escuchasen, reconociendo que había cometido un grave error con ellos. Ella fue la primera en abrazarlo, seguida de su esposo y luego los hermanos del arrepentido, todos diciéndole que callase, que todo estaría bien mientras se dejase de tonterías.
Durante los breves minutos entre ese reencuentro y la preparación de todos frente al colegio los siete chicos se habían hecho bromas entre ellos, asombrándose todos al oír al de gafas hacerlas. Jamás podría olvidar aquello, como tampoco lo ocurrido un par de horas después. Cuando Percy vio a Fenrir Greyback avanzando hacia su hermana menor con sadismo en su expresión, sin que la joven pelirroja pudiese verlo por estar enfrascada en fiero combate con Rodolphus Lestrange, se había interpuesto.
Ella también vio el grave peligro que se cernía sobre su pequeña, pero se estaba enfrentando con Bellatrix Lestrange. Se vio desarmada y paralizada por la mortífaga cuando se descuidó levemente, desesperada por ir a evitar la desgracia. Petrificada por el hechizo de la malvada mortífaga vio a un herido y desarmado Percy interponerse entre el monstruo y su hermanita, luchando cuerpo a cuerpo con el desalmado licántropo, siendo destrozado lenta y dolorosamente por aquél monstruo sin que ella pudiese hacer nada para evitarlo, oyendo la risa enloquecedora de la mortífaga que se burlaba de su dolor al ver como asesinaban a su hijo de aquella manera tan cruel.
Estaba agonizando Percy cuando vio a Remus lograr acercarse allí, enfrentándose a Fenrir, evitando que fuese por su pequeña. Neville también había llegado y la había liberado de su inmovilidad, enfrentándose a Bellatrix y Amycus simultáneamente. El joven Longbottom se había esforzado mucho para detenerlos mientras llegaba allí Sirius a ayudarles, que corría desesperado hacia su posición luego que muriese Rabastan Lestrange por una maldición mezclada de Hermione y Ron.
Pero justo antes que llegase él allí, después que Percy se despidiese de ella y falleciese, vio que Neville caía herido por el mortífago y la cruel mortífaga dirigía su varita hacia la espalda de Ginny. No lo pensó, se impulsó a interponerse en el curso de la Maldición Asesina que estaba pronunciando Bellatrix, deseando de todo corazón que sus otros seis hijos sobreviviesen. Había sentido el impacto de algo terrible y cerró los ojos, un dolor muy intenso se extendió desde su espalda a la altura de la cintura hacia el resto de su cuerpo, mientras otro cuerpo la abrazaba cayendo junto a ella.
Había escuchado claramente la Maldición Asesina, también el escudo conjurado por Sirius que estaba a su lado, abrazándola, respirando terriblemente mal, con una expresión de dolor intenso en su rostro. En ese momento no había entendido porqué seguía viva, sólo supo que el pelinegro de ojos grises la miró asombrado, sacudió levemente la cabeza y miró de inmediato a la joven pelirroja, susurrándole en seguida:
—Ginny está bien y tú también lo estarás. Sólo sigue viva, por tus hijos, pero finge que estás muerta.
Luego el Merodeador se había incorporado a luchar con su prima, codo a codo con Neville, los dos gravemente heridos pero deseosos de detener definitivamente a la mortífaga. Bellatrix Lestrange cayó muerta por una mezcla de maldiciones de los dos al mismo tiempo que Remus mataba a Greyback, para salvar a su mujer embarazada, y Harry soltaba todo su poder, acabando con el mago más terrible de todos los tiempos.
Por lo que ahora sabían el pelinegro de ojos esmeralda había soltado parte de su poder minutos antes, para evitar que Hermione muriese casi frente a él, mezclándose con el escudo que Sirius había invocado y las Maldiciones Asesinas de Bellatrix y Lucius su intervención. Esto había evitado que Molly muriese pero generó su extraña enfermedad y sospechaban que también el primer brote de inestabilidad en la magia del chico. Pero aquello era imposible de saber luego que soltase todo su poder sólo unos minutos después para detener a Voldemort, quedando al borde de la muerte.
Había visto a Sirius y Ginny llegar junto al cuerpo casi sin vida de Harry, gateando él al igual que la castaña, corriendo su hija, oyó los gritos de desesperación de los tres luego que el chico se despidiese de ellos y perdiese el conocimiento. Luego sobrevino la agonía del hospital para todos ellos, luchando muchos de ellos por sus vidas, otros como ella peleando con su dolor por quienes habían perdido irremisiblemente.
—¡Oh Molly! —exclamó con pesar Arthur al encontrarla en aquél estado de depresión, con el rostro bañado en lágrimas.
La abrazó seguidamente, intentando con ese gesto transmitirle algo de calma. Sabía lo que estaría pasando por su mente. Con su varita atrajo de la mesa de noche un frasco con poción tranquilizante y otro con poción para dormir sin soñar, aterrado por el efecto tan perjudicial de aquél estado de nervios en la salud tan delicada de su mujer. Hacía esfuerzos para no dejarse arrastrar por el pánico que le causaba la posibilidad de perderla.
Luego de dejarla en la cama, profundamente dormida, dio rienda suelta a su llanto, sin poder contenerse ni un minuto más. Se quedó dormido junto a ella. Estaba agotado física y anímicamente, aferrándose desesperadamente a la esperanza que para su familia significaba el viaje al día siguiente del segundo de sus hijos y el hombre que sabía llegaría a ser su yerno.
Hermione se había visto sumida en un mar de confusiones terrible desde la tarde anterior, cuando escuchó al pelinegro delirar. "Estaba hablando de sus sentimientos por… ¿Por mí? ¿Por Ginny?". Eso era lo que la atormentaba, pues no podía terminar de definirlo, mucho menos la borrasca de sentimientos que eso había despertado en su interior.
Intentó una vez más dilucidar qué había querido decir el pelinegro en su delirio, las palabras de él grabadas a fuego en su mente. "'Por favor no… Yo no puedo vivir sin ella… Hermione… Hermione… Herm… yo te… A ella no la lastimará nadie… La quiero mamá… No puedo porque él la quiere… No lo lastimaré papá… El mejor amigo… Daría mi vida por ella… No puedo decirle que la amo… Hermione…' Me nombró a mí, jamás a nuestra amiga pelirroja, pero… Desde que despertó nos ha mirado a las dos con la fría indiferencia que ha adoptado desde el día en que leyó aquello en El Profeta, sin dar muestras de sentir algo especial por ninguna de las dos".
Con mucha dificultad contuvo un suspiro para no alertar a su acompañante de la confusión que la atormentaba. "Las palabras de Harry se pueden interpretar como: Amo a Ginny, no permitiré que nadie la lastime, no puedo vivir sin ella pero no puedo decirle lo que siento porque lastimaría a Sirius, el mejor amigo de mi papá. Necesito el apoyo de Hermione. Pero también podría ser: Amo a Hermione, no permitiré que nadie la lastime, no puedo vivir sin ella pero no puedo decirle lo que siento porque lastimaría a Ron, mi mejor amigo.
¡Por Merlín! ¿Por qué no puedo dejar de intentar dilucidar a quién se refería Harry cuando deliraba? ¿Por qué mi corazón late tan fuerte y rápido cuando él está en mi entorno físico, mis pensamientos o mis sentimientos? ¿Mis sentimientos?" Denegó levemente sin darse cuenta. "¿Cómo pretendo entender a Harry si no me entiendo yo misma?". Estaba muy confundida desde hacía meses, pero el abrazo de Ron el día anterior, luego de oír a Harry delirando, la habían sumido en un caos afectivo y mental.
"He intentado ya analizar los sentimientos de Ginny y Sirius, aparentemente felices y muy enamorados, queriendo mucho a Harry pero decididos a ser felices juntos. Sé que no harían nada para lastimarlo, pero… ¿Acaso la aparente conformidad de Harry con su unión y sus propios sentimientos les impiden ver que lo lastiman con su relación? ¿Será cierto que Harry ya no ama a Ginny?
Por otro lado está Ron. Su mejor amigo, mi ex novio. Casi mi esposo si no nos hubiese separado definitivamente lo ocurrido en la batalla final contra Voldemort, pues nos prometimos esperar a terminar con él antes de casarnos y luego… ¿Qué de todo lo ocurrido aquél día, el peor de nuestras vidas, nos separó? ¿Será realmente irremediable? Así parece, pero… Estoy tan confundida con mis sentimientos por él".
—¿Hermione? —le preguntó suavemente Harry, frunciendo el ceño al verla sobresaltarse y mirarlo asustada—. ¿Qué te pasa?
—Todo y nada. —le respondió sin pensar.
—¿Cómo? —preguntó el pelinegro totalmente desconcertado por su respuesta.
—Estoy muy preocupada por lo ocurrido durante la práctica del viernes, tu salud tan deteriorada, tu magia tan alterada y que no nos dijeras que estás mal, Harry. —le dijo en tono de regaño Hermione, ahora si enfocada en dónde estaba y con quién hablaba, ocultando rápidamente tras su expresión de reñirlo su terrible confusión.
—No tienes porque preocuparte Herm —le aseguró con afecto, tomándole de la mano. Sus barreras afectivas estaban en mínimos sin que lograse levantarlas. Al sentir que se estremecía bajo su toque y oír el diminutivo cariñoso que se le había escapado pensó que debía alejarse rápidamente, pero en cambio se formó una sonrisa tonta en su rostro, sus esmeraldas brillaron con ilusión y su corazón se aceleró, diciéndole con suavidad—. Estaré bien siempre que estés junto a mí.
Hermione sintió que su corazón se disparaba, mientras su mente se ponía en blanco, su mano derecha dejaba caer el libro que tenía en ella y su cuerpo se giraba hacia el pelinegro sentado a su lado en el mueble de tres puestos, cerró los ojos y unió sus labios a los de él, sintiendo el brazo derecho de él abrazarla por la cintura.
Se separaron levemente cuando sintieron que el aire empezaba a faltar, pero sin abrir ninguno de los dos los ojos. Se empezaron a rozar mutuamente los rostros con los labios, con las respiraciones agitadas y sus corazones bombeando muy rápido, hasta que Harry abrió los ojos al máximo, asustado, separándola con su mano derecha de él.
Hermione iba a protestar y abrió los ojos para mirarlo, pero al ver su expresión de pánico, una que tenía años sin ver, se extrañó. La comprendió de inmediato al oír la voz de Ron desde la chimenea.
—Te digo que está bien, mamá, pero ya voy para allá y te los traigo a los dos.
Con agilidad Harry giró levemente su cuerpo de tal manera que su brazo herido quedó frente a la castaña, que en seguida fingió revisarle el vendaje mientras lo reñía, aunque su voz dejaba traslucir su agitación.
—Sí, está bien ahora, pero no debiste cambiártelo tú sólo.
—¿Pasa algo con tu brazo, amigo? —preguntó Ron, acercándose rápidamente a ellos.
—No —le contestó Harry con un deje de fastidio en el tono de voz que acompañaba perfectamente la expresión que puso en su rostro. Había logrado poner sus sentimientos bajo llave y su organismo en un mediano control. Dispuesto a distraer un rato al pelirrojo mientras la castaña se estabilizaba empezó a hablar rápido, sin detenerse—. Pero Hermione no quiere entenderlo.
»Desde que me ha despertado esta mañana para que desayunara y me tomase las pociones me ha estado regañando, diciéndome que no tengo cuidado con mi salud, que soy un irresponsable, que debí decirles que me molestaba la herida, que ella se hubiese quedado a cuidarme anteanoche. En fin, que lleva horas regañándome y le estaba mostrando que el vendaje no tiene una gota de sangre. ¿Por favor podrías ayudarme para que me deje respirar sin oír que me regañen? Sólo unos minutos.
Hermione se había separado de él, con la expresión de regaño aún en su rostro, usando su entrenamiento con Harry en la Academia para teatralizar la situación mientras regulaba su ritmo respiratorio y se forzaba a mantener su mente atenta a lo que estaba ocurriendo.
—Lo siento compañero. Te aprecio muchísimo pero aún quiero más a mis tímpanos y no quiero convertirme en su próximo blanco.
—¡Oye! —protestaron al mismo tiempo la castaña y el pelinegro, conteniendo durante un par de segundos la respiración luego de la coincidencia.
—Pero mamá te salva, amigo —dijo en tono divertido Ron, que no se percató de la situación—. Te quiere en casa en unos minutos para comprobar que no estás grave y nosotros ocultándole tu enfermedad —explicó ante su expresión interrogante, agregando al verlo denegar rápidamente—: Lo siento amigo pero tendrás que ir. Nos ha desarmado a todos en la casa y está varita en mano diciéndonos que se viene para acá si tú no te presentas allá. —finalizó mostrándole que su varita no estaba en el cinturón, en el lugar que solía guardarla.
—Vamos a Grimmauld entonces —aceptó con resignación el pelinegro, que hubiese deseado quedarse solo con la castaña para que hablasen—. Dobby —llamó a su pequeño amigo, pidiéndole al verlo aparecer—. Por favor tráeme mi chaqueta de cuero de dragón.
—En seguida Dobby la trae.
—Voy a la cocina por las galletas que preparé temprano para llevarlas, así mamá Molly sabrá que sí te estoy cuidando y que no es mi culpa que estés tan flaco. —fingió protestar Hermione rumbo a la cocina, necesitando estar lejos de los dos al menos unos minutos.
—Hoy en la mañana he terminado con Susan. —le reveló Ron a Harry.
—¿Qué? ¿Por qué? —le preguntó desconcertado el pelinegro.
—Sí, bueno, lo que pasa es que… —Miró a su amigo a los ojos y supo que no podría mentirle, pues él nunca había puesto sus sentimientos bajo llave como su mejor amigo, no con él. Al resto del mundo podía engañarlo, pero al pelinegro y a la castaña no—. Yo sé que Hermione y yo terminamos hace casi dos años, pero… He estado haciendo lo imposible por olvidarla, Harry, pero simplemente no puedo.
»Ayer estuviste muy mal en la tarde, con fiebre altísima, empezaste a delirar y dijiste algunas frases inconexas sobre lo de Dennis y Colin —Al ver a su amigo cerrar los ojos luego de palidecer y retener el aire se arrepintió de haberle dicho aquello—. Lo siento Harry, yo no debí… —Al verlo denegar comprendió que mejor no seguía por allí y decidió terminar de hablarle sobre lo otro—. Lo cierto es que en un momento dado abracé a Hermione y comprendí que así debió ser siempre, que ese fue mi error y que debía enmendarlo.
—No entiendo. —dijo en voz baja Harry, su corazón negándose a saber.
—Tú siempre la protegiste, Harry, pero también la abrazaste y le diste consuelo cuando vivíamos lo más terrible. Eso debería haberlo hecho yo, pero me dejaba abatir —se explicó en tono de lamento Ron—. Pero ya lo he comprendido y no quiero perderla. La quiero y voy a luchar por volver con ella. No sé si se ha enamorado de otro hombre, pero no ha dado señales de ello y sé que sintió algo por mí. Confío en que tú la protegerás en la Academia y en los enfrentamientos con los Mortífagos como su mejor amigo, pero quiero que ella sepa que en mí conseguirá abrigo, consuelo, afecto y comprensión. Espero que ella me pueda perdonar y que logremos revivir lo nuestro.
—Yo deseo que mis dos mejores amigos alcancen la felicidad. Sea unidos o separados pero que puedan formar hogar y ser felices. —afirmó con una sonrisa Harry, sus barreras afectivas y mentales al máximo, sus ojos insondables e inexpresivos, su corazón destrozado.
Jamás se interpondría entre ellos dos, aunque una vez más se sintiese morir. "¿Es que acaso me está negado el derecho a la felicidad? Primero huérfano, una infancia al lado de personas que me temían y maltrataban, una adolescencia irregular entre dos mundos que no me comprendían y con un loco asesino persiguiéndome, mi juventud entregada a detenerlo en una guerra cruel y dolorosa, durante el transcurso de la cual perdí al primer amor de mi vida, a Ginny, pues me alejé de ella no queriendo dañarla, dejándole luego el camino libre a padrino con ella. Y ahora, que al fin sé lo que siento por Hermione, llega Ron, mi mejor amigo, a decirme que luchará por ella".
—Nosotros también esperamos que tú puedas formar un hogar y ser feliz, Harry. —le dijo con cariño y preocupación Ron, que siempre se había sentido incómodo con aquél velo que cubría la mirada de su amigo.
—Lo sé y… No se lo vayas a decir a nadie, pero he conocido a alguien especial —Tomó una decisión el pelinegro basándose en lo que había sentido el viernes en la noche—. No, no pongas esa expresión, aún no es seguro. Sólo sé que por primera vez quiero volverla a ver.
—Eso es un buen comienzo amigo. —aseguró con una gran sonrisa cómplice el pelirrojo.
Ninguno de los dos sabía que, tras la puerta de la cocina, Hermione había escuchado todo con su corazón fragmentado en miles de pedazos.
La castaña había comprendido de lo ocurrido antes que llegase Ron que Harry a quien amaba era a ella, pero también sabía que después de lo dicho y hecho por el pelirrojo se alejaría irremisiblemente de los dos. "Pero yo lo amo a él, no a Ron" gritaba su mente, desesperada. Pues aunque sentía un gran afecto por el que había creído era el amor de su vida, ahora sabía que su corazón le pertenecía al pelinegro.
"¡Rayos! Las dudas que tanto me habían atormentado han quedado resueltas, pero sólo un segundo después, sin darme el destino una oportunidad de hablarlo con él, viene y nos destroza la posibilidad de ser felices metiendo en medio a la única persona que ninguno de los dos lastimaría, a Ron".
Sabía que podía negarse a volver a ser su novia pero que el pelinegro no se acercaría a ella, no después de la confesión que acababa de hacerle el pelirrojo. "Además… además Harry le ha dicho a Ron que ha conocido a 'alguien especial'. ¿Será cierto?". Sintió que el monstruo de los celos rugía burlón frente a ella. Tomó aire profundamente y huyó de él, atravesando la puerta hacia la sala con las galletas en la mano.
"Dejaré transcurrir el tiempo y los hechos, esperando el momento oportuno para intervenir y buscar mi propia felicidad". Ella había entendido que las cosas se presentaban en su justo momento, no antes. El destino era sutil y certero, no era fácil enfrentarlo.
Los tres viajaron a través de la chimenea al #12 Grimmauld Place, donde los esperaba angustiada Molly Weasley. El pelinegro se quitó la chaqueta y le mostró el brazo, recibiendo con pose de niño pequeño el regaño de quien le había dado desde que lo conociera cariño maternal, prometiéndole que se cuidaría y descansaría más.
Le pidió zalamero que le diese de las galletas que ella cocinaba pues "las que cocina Hermione no son tan ricas como las suyas". Ese comentario le valió un golpecito en la cabeza cortesía de la castaña, que le dijo no le volvería a preparar más nunca ni una sola galleta. La matrona Weasley intercedió de inmediato a favor del pelinegro, diciéndole a la castaña que Harry sólo había dicho aquello para congraciarse con ella (lo cual era cierto), pero que ya le había oído quejarse quince días atrás porque la castaña no lo había consentido de nuevo con galletitas. El pelinegro se sonrojó de inmediato, lo que hizo reír a todos los presentes incluyendo a Hermione.
Molly arrastró a Harry hacia la cocina, exigiéndole que le llevase la silla y le contase exactamente cómo había sido herido en el brazo. El pelinegro fue con ella dócilmente, tanto para tranquilizarla como para huir de sus dos mejores amigos.
Durante el almuerzo Ginny y Sirius miraban intranquilos como Ron se comportaba galantemente con Hermione después de romper con Susan. Notaron además que Harry se mostraba muy atento a Molly, hablando con ella sobre los medimagos, involucrando a Charlie y Sirius en la conversación, esquivando en todo momento hablar con sus dos mejores amigos.
Al final de la comida Harry se quedó hablando con la matrona, despidiendo a todos para que fuesen a divertirse un rato, pidiéndoles que llevasen a Arthur con ellos para que se distrajese y él poder preguntarle algo a Molly.
—¿Qué querías preguntarme hijo? —interrogó la matrona curiosa a Harry cuando todos se fueron.
—Yo… yo he conocido a… —carraspeó y respiró profundo. No lograba hacerlo. Si le decía aquello a la mujer que quería como una madre sería hacerlo oficial.
—¿Has conocido a una chica que te gusta? —preguntó Molly cariñosa.
—Sí. —sólo pudo dejar escapar el monosílabo, nervioso, apenado, triste.
—Sabes que para mí eres un hijo más, que te quiero mucho —le dijo con afecto maternal Molly—. Siempre creí que mi Ginny sería tu esposa y que los dos me darían nietos —Interrumpió la segura defensa que el chico haría de su padrino con una señal de su mano—. He aceptado con mucho esfuerzo que no será así. Aunque no estoy lista para admitirlo aún ante ellos dos, he comprendido también que Ginny y Sirius se aman y que mis nietos serán Blacks y no Potters. Pero necesito tiempo antes de hablarlo con ellos —se adelantó a la sonrisa triunfal del pelinegro—. Lo que quiero decirte es que me alegra mucho que hayas conocido a alguien especial y que me lo hayas dicho.
—Para mí hablar de esto contigo es como hablarlo con mi mamá y hacerlo con Sirius y Remus es como hacerlo con papá —le confió Harry con cariño sincero—. Yo no estoy seguro aún de nada. Sólo nos hemos visto un par de veces, pero… No sé como explicarlo, sólo sé que ella es especial y… —Sabía que decir lo siguiente era hacerlo real, pero después de la confesión de Ron… Debía hacerlo, tenía que alejarse de Hermione—. Me gustaría presentártela si veo que es algo serio. Quisiera tu opinión, pero ella es muggle.
—Por eso no te preocupes, cariño, arreglaremos todo para yo poder conocerla y que ella no sospeche nada hasta que sea algo formal. —le aseguró Molly con una gran sonrisa maternal. Se le escapó una lágrima sin que pudiese evitarlo cuando unos segundos después él la abrazó, arrodillado frente a ella.
—Gracias mamá Molly —le agradeció Harry, secándole con su pañuelo con cariño el rostro—. Por favor no les digas nada a los demás. No quiero que lo sepan hasta estar más seguro de lo que siento. Sólo le he insinuado algo a Ron, pero nada más.
—No te preocupes, por mí nadie lo sabrá. ¿Cómo se llama ella?
—Katherine Stewart.
Pasaron el resto de la tarde charlando sobre los nietos de Molly, la pareja Ginny y Sirius, las sospechas que tenían ambos sobre otro niño en puerta en la familia Lupin y los medimagos de la India.
