Resumen: Pensamientos y Recuerdos de Sirius y Ginny sobre el surgimiento y establecimiento de la relación entre ellos.

Un Gran Amor

La mente de Sirius volaba mientras bailaba alegremente con su "futura novia". Recordaba el día que la conoció, llegando a Grimmauld con sus padres y sus hermanos. Fue su amigo Remus quien lo presentó con cada uno de los pelirrojos, luego de contarles a quienes se suponía no sabían la verdad sobre su inocencia todo lo ocurrido casi un año atrás en La Casa de Los Gritos.

Sin embargo él había visto en esos ojos castaños una sonrisa, un brillo especial. Recordaba también el extraño cosquilleo que había invadido todo su cuerpo cuando le tomó caballerosamente de la mano al ser presentados, dándole un suave beso en el dorso. Le había sonreído con lo que en su momento pensó era el cariño a una jovencita que, por lo que sabía, se sentía atraída por su ahijado.

Durante las siguientes semanas cada vez que se cruzaban en los pasillos, la sala y la cocina de aquella casa que él tanto odiaba, su corazón latía con mayor intensidad. Esto lo había hecho pensar en que tenía un serio problema de abstinencia luego de doce años en Azkaban y dos más huyendo.

Con Molly no le ocurría aquello, pero le había parecido lógico puesto que la veía más como una madre, hasta una hermana mayor, que como una posible pareja. Con Nymph tampoco sentía nada especial, pero lo había achacado a que había notado la atracción entre ella y Remus. Arabella, que en esa época todavía estaba viva y frecuentaba el cuartel, tenía edad suficiente para ser su abuela. Pero lo que en ese entonces le había atormentado era: ¿por qué no se sentía así con Emmeline o con Hestia? Las cosas empeoraron cuando llegó Hermione, que a pesar de parecerle guapa y simpática no despertaba en él esas "sensaciones" que despertaba la joven pelirroja.

Había pensado que enloquecería si no lo solucionaba, pero no sabía cómo hacerlo. El viejo lo había encerrado en esa casa "por su propia seguridad", así que le era imposible "salir de cacería". Le había dado vergüenza contarle a Remus, además que no se le ocurría como podía ayudarlo el licántropo a resolver su problema.

Recordaba claramente su debate consigo mismo una tarde mirando a su amigo llegar desde una ventana de la casa: "Tal vez si le cuento y salgo con poción multijugos… El problema es el límite de tiempo que tendría y el alto riesgo que implica el que me llegase a descubrir la joven con que saliese, al no tomar la reposición de la poción a tiempo por estar 'ocupado'. Tampoco es solución ir al mundo muggle porque allí también soy buscado… AAAAAAAAAAA". En ese momento hubiese querido poder dejar escapar de su boca el grito que se había formado en su mente.

Había empezado a esconderse de todos para no cruzarse con ella, sin levantar sospechas sobre lo que le ocurría. Cuando Remus se había sentado con él a preguntarle si aquello se debía a su estadía en Azkaban asintió sin muchas ganas, pues en parte tenía razón, o al menos eso pensaba en ese momento.

Días después el castaño le había comentado que pronto llevarían a Harry allí, ante lo cual había sonreído con alivio. Había esperado que al ver el cruce de miradas y gestos enamorados de los dos jóvenes su "ansiedad" desaparecería. Craso error. El verlos tan cerca y tan lejos el uno del otro, comportándose más como amigos que como enamorados, lo único que generó en él fue más inquietud.

Había hecho entonces esfuerzos enormes por concentrar todas sus energías en su ahijado y en la guerra, pero aquello no funcionó con él limitado en aquella odiosa casa. Su consuelo fue que en el mismo momento en que se alejaba Harry de él también lo hacía la menuda pelirroja, al ir los dos al colegio. "Lástima que mis sueños no dejaron de verse invadidos por una pelirroja, una pecosa y menuda joven de ojos castaños que siempre me miraba con simpatía, sonreía y… ufff… Siempre tomaba duchas muy frías en la mañana.

Faltando sólo unos días para la navidad el retrato del tatarabuelo me avisó, por órdenes del viejo, que los jóvenes Weasley y mi ahijado serían enviados a Grimmauld de emergencia, apareciendo allí minutos después. Recuerdo que hice todo lo posible por ayudarlos con la grave crisis que representaba para los pelirrojos el que su padre fuese atacado mientras cumplía su misión con La Orden del Fénix, preocupado además por mi ahijado y lo que me reveló en confianza esa noche.

Deseaba además consolar de forma más efectiva y cercana a la menuda pelirroja que me estaba volviendo loco. Estaba desesperado en ese momento porque creía que lo que sentía por ella era un desequilibrio mental debido a lo que viví en Azkaban. Intentando convencerme de eso para no sentirme tan culpable, decidí que mejor la consolaba de lejos o el lío que armaría sería descomunal.

Fueron mis primeras navidades felices después de muchos años. Recuerdo que un día tomando café, estando solo en la cocina, pensaba: 'Es maravilloso el tenerla aquí cerca, así como también al joven tan idéntico a James en su físico aunque igual a Lily en su carácter, la otra pelirroja, tan parecida en lo independiente e indómita a… ¡¿Por qué todos mis pensamientos desembocan en ella?! ¡Rayos! Menos mal que la presencia de Harry sirve para ocultar el verdadero motivo de mi alegría en estas fiestas'. Y nadie se dio cuenta, ni siquiera Hermione y Remus que son tan observadores".

Cuando fue tiempo de llevarlos de nuevo al colegio él había querido acompañarlos como "hocicos" hasta la estación pero no se lo permitieron. Le preocupaba mucho en ese momento Harry, con Albus empeñado en que "el grasiento Quejicus" (como lo habían apodado él y James cuando estudiaban) le diese clase de Occlumancia. Aunque prefería eso y no que Voldemort jugase con la mente de su ahijado. Por otro lado la odiosa Umbridge les estaba haciendo la vida imposible a los chicos en el colegio.

"Mientras Molly me regañaba para que cesase en mi empeño de acompañarlos me conseguí pensando preocupado '¿Cómo protegeré a mi ahijado y a mi pelirr…? Y dale con lo mismo. A quien debo proteger es a mi ahijado, a ella la protegerán sus padres'. Accedí a no ir sólo para evitar cometer alguna imprudencia que los pusiese en peligro a los dos".

Cuando a través de la chimenea su ahijado y los dos mejores amigos de éste le habían hablado sobre el grupo rebelde que pensaban conformar, para aprender por su cuenta lo que la mujer sapo no les enseñaba, sintió que su pecho se llenaba de orgullo. Harry era un joven admirable del cual se sentiría siempre muy orgulloso. Él y Remus le regalaron entonces una colección de libros para que se entrenase.

"Esa noche que hablamos, tomando vino en la biblioteca, recuerdo claramente que pensaba: 'Estoy muy contento al saber que mi ahijado cuenta con el apoyo de la castaña, el pelirrojo, mi pelirroja y los otr… ¿Mi pelirroja? Si Molly y Arthur pudiesen leer mi mente me despellejarían vivo'. Empecé a meditar cómo pedirle al viejo que llevase a un medimago a Grimmauld para que me ayudase con las secuelas de mi estancia en Azkaban, pero no me atreví porque no quería distraer su atención de mi ahijado por mis problemas".

Meses más tarde el viejo elfo loco le había dicho que el hipogrifo que consideraba su mascota y amigo estaba herido. Subió a curarlo sin saber que le estaban tendiendo una trampa muy bien tejida a su impulsivo ahijado. "Cuando la serpiente de dos caras dio la alarma que Harry y un grupo de amigos se dirigían al Ministerio de Magia a rescatarme de Voldemort lo comprendí todo de golpe. No podía permitir que nadie dañase a ninguno de los dos jóvenes, mi única razón para seguir viviendo a pesar de todo lo que estaba soportando".

No hizo caso esa vez de las advertencias de nadie. Había estado seguro que la menuda pelirroja también estaba allá, en peligro, se lo decía su corazón. Luchó con su mejor esfuerzo para que los seis chicos que consiguieron allí saliesen a salvo, pero su prima lo arrojó a través de aquella tela macabra a un infierno aún peor al que había soportado por doce años, del que le fue imposible escapar por si mismo a pesar de todos sus esfuerzos por volver junto a ellos.

Cuando los seis chicos lo habían rescatado, con ayuda de los otros miembros de La Orden del Fénix y los gemelos pelirrojos, se encontraba muy grave por lo que apenas si se percataba de lo que ocurría a su alrededor. "Pero el ver a mi ahijado y la hermosa pelirroja vivos y sanos me representó un gran alivio, cruzando por un momento en mi mente el pensamiento 'Ya puedo morir en paz. Ellos están bien', el cual aparté por el regaño que cada uno de ellos me dio por separado".

Su ahijado le había dicho claramente, en uno de sus momentos de lucidez:

Ni se te ocurra dejar de luchar por sanarte, porque no te permito el que me dejes solo. Les prometiste a mis padres que cuidarías de mí y para eso debes sanar. Aún estamos en guerra con ese loco que me persigue. Te necesito sano y fuerte, apoyándome. Mañana, antes del amanecer, me voy con Hermione y Ron a hacer algo para detener a ese psicópata. Mientras tanto tú te vas a esforzar en recuperarte. ¿Me oíste? Cuando regrese quiero ver a mi padrino de pie, con una sonrisa reconfortante en su rostro, recibiéndonos con los brazos abiertos.

Él se lo había prometido, conmovido, dejando a un lado su idea de darse por vencido, pues antes que el pelinegro le sermoneara de aquella manera ella ya lo había hecho.

La menuda pelirroja le empezó a cuidar desde el primer momento, apenas llegaron con él a Grimmauld. En sus breves lapsos de conciencia de las primeras semanas ella le había repetido una y otra vez:

Tú puedes recuperarte Sirius, sólo tienes que poner de tu parte. Por favor, no te des por vencido nunca. Harry te necesita.

Aquello le hizo querer luchar por su vida, claro, pero lo que le dio mayor fuerza para lograrlo era el percibir el cariño con que lo cuidaba, lo curaba, le daba las pociones, le leía, lo acompañaba… el tenerla a su lado.

El día siguiente a la partida de su ahijado se le había elevado súbitamente la fiebre. Instintivamente, cuando ella quiso salir de la habitación para ir por ayuda, él la había retenido por la mano mirándola suplicante, sin fuerzas para hablar. Había sonreído tontamente cuando ella le dijo claramente:

No te dejes vencer entonces. Lucha. Hazlo por mí.

La somnolencia del malestar de su organismo lo adormiló y salvó la situación del momento. Él empezó a recuperarse lentamente pero en forma segura, de una manera que asombró a todos en la casa.

Ninguno de los dos había hecho ningún comentario luego, cuando él recuperó de nuevo el conocimiento, fingiendo los dos que debido a la mala salud de él no recordaba nada. Fue un acuerdo mudo para no confrontar una situación difícil de asimilar para ambos.

Él se enteró por un monólogo de Molly (que lo acompañaba una noche mientras su hija descansaba, suponiendo todos que él estaba profundamente dormido) del breve noviazgo de su ahijado y la pelirroja, el cambio en Harry, la tristeza que Ginny había intentado ocultar luego del rompimiento entre ellos y el cambio que la perspicaz y confundida madre había notado en la pecosa y menuda joven desde que lo rescataron a él. Su corazón había brincado de alegría al oír aquello, mientras su mente se había hundido en un mar de confusiones. Había tenido que fingir el estar inmerso en una pesadilla cuando la señora Weasley lo examinó al verlo inquieto.

Los siguientes días habían sido una terrible confusión de sentimientos, emociones, pensamientos, culpas, miedos e inseguridades. Él, que había sido un conquistador nato durante sus días de colegio y luego de graduarse antes que la pesadilla de Halloween 1981 se cerniera sobre él, en ese entonces había parecido un jovenzuelo inexperto y asustado. Le gustaba muchísimo, eso no se lo había podido seguir negando a si mismo.

Su corazón se aceleraba cada vez que la tenía cerca; le alegraba el saber que ella se preocupaba por él; ansiaba su llegada a su habitación; la obedecía ciegamente en todo; se sentía feliz cuando la veía sonreír; sabía que lo habían declarado inocente y no podía dejar de imaginarse un futuro junto a ella, pero… Le llevaba veintiún años, podía ser su hija y, aunque nunca hubiese pasado por su cabeza antes que eso fuese un impedimento, en ese momento que ahora recordaba lo había vivido con angustia y preguntándose si estaría solamente confundido.

Muchas veces se había repetido a si mismo en esa época: "Sí, tiene que ser eso, estoy deslumbrado por ella, nada más". Ahora, mientras bailaba con ella entre sus brazos, sabía que no era cierto aquello que tantas veces se repitió durante esos días que estaba recordando.

Cuando por primera vez se había levantado de la cama apoyado en Remus, guiado por ella, se sintió mareado. Pero no por su organismo débil como pensó su amigo, sino por el aroma embriagador de ella que caminaba frente a él, hipnotizándolo con su rítmico andar. Aquello le había disparado el pulso, generándole el mareo.

Dos semanas más tarde sus continuas miradas embelesadas a la menuda pelirroja, cuando creía que sólo ella lo veía, fueron notadas por su amigo castaño que se encerró a hablar con él a solas en la habitación una hora después del almuerzo.

Nunca le había sido tan difícil comenzar a hablar con Remus sobre algo que lo preocupaba como aquél día, pero luego que comenzó no pudo detenerse ya, desahogándose sobre aquello que lo estaba torturando desde que la conociera, despertando sin querer los temores de su amigo. Jamás olvidaría esa conversación.

Sirius, quiero que hables conmigo con sinceridad sobre lo que sientes por Ginevra Molly Weasley Prewett. —le dijo el castaño muy serio, frunciendo el ceño al ver a su amigo atorarse con el agua que estaba tomando.

¿Sobre lo que siento por Ginny? —preguntó Sirius con un hilo de voz, asustado.

Eso dije. ¿Qué sientes por ella? —lo interrogó rápidamente, no queriendo darle oportunidad de inventar alguna excusa para escaparse de hablarlo.

Yo… ¿Qué crees que puedo estar sintiendo por ella?

Eso es lo que quiero que me digas. —le replicó rápidamente.

Pues… Lo lógico. —intentó zafarse.

¿Y qué es lo lógico según tú?

Cariño, agradecimiento, admiración, respeto. Es una joven muy amable y que me ha cuidado muy bien. —sonrió con nerviosismo.

¿Sólo eso? —insistió Remus.

Bueno, sí —Al ver las cejas de su amigo arquearse expresando incredulidad tragó saliva—. No… No realmente… Yo… No puedo Lunático… No puedo. —casi sollozó.

¿Qué es lo que no puedes? —insistió el castaño.

Sentir lo que siento por ella.

¿Y eso es…?

¡No lo sé! —exclamó exasperado y asustado—. No lo sé. —admitió seguidamente, derrotado.

¿Qué es lo que crees sentir, Sirius? —presionó una vez más Remus, que sabía por experiencia propia el terrible dilema en que se encontraba su amigo, pues aunque él le llevaba menos años a la metamórfaga su "problema peludo" aún lo hacía dudar mucho.

Yo… Ella… No, ella no, yo… —Suspiró. Conocía esa mirada penetrante de su amigo. No lo dejaría en paz hasta sacarle la verdad—. Yo no sé lo que estoy sintiendo por ella, Lunático. Yo sólo sé que el pulso se me desboca si la veo, que su presencia es mi mejor poción curativa, que si sonríe yo soy feliz, que si está triste mi día se llena de oscuridad, que su pelo rojo es fuego en chimenea calentando mi corazón helado, que sus pecas iluminan esta habitación como si fuesen estrellas, que sus ojos castaños… —Se detuvo aterrado, con sus orbes grises abiertas al máximo—. ¡No puede ser! Remus, yo… ¡Estoy enamorado de Ginny!

Y por lo que veo sólo hasta ahora lo comprendes. —comentó desanimado el castaño, suspirando audiblemente.

Pero es que yo no puedo estar… ¡Ella podría ser mi hija!

Podría, sí, pero no lo es.

Remus, yo soy muy viejo para ella.

Me dijiste que eso no importaba cuando me acerque a Nymph. —le recordó el castaño dolido, mirándolo fijamente.

Sí, pero… No, yo no puedo estar enamorado de ella. No puedo. —Bajó la mirada con expresión derrotada.

Tal vez sólo estás confundido —le dijo con una sonrisa comprensiva el castaño—. Has estado solo por mucho tiempo cuando siempre tuviste compañía femenina a tu lado. —Al verlo levantar la cabeza hacia él, suplicándole con la mirada para que lo ayudase a encontrar una salida al terrible dilema en que se encontraba, no pudo evitar sonreír con dulzura como siempre hacía ante las miradas de pequeño extraviado de su amigo. Siempre había sido así, por eso él había sido el "Merodeador generador de ideas".

»Como ya estás bastante recuperado iremos mañana en la mañana al Ministerio con un par de abogados muy buenos que se han unido hace poco a La Orden del Fénix, arreglaremos todo lo concerniente a tu regreso, tu inocencia, luego iremos a Gringotts a arreglar lo de tus cuentas y… —hizo una pausa, pues su amigo había estado con expresión fastidiada mientras él le enumeraba lo que tenían pendiente por hacer, sonriendo al ver que lo miraba con expectación— luego iremos de cacería los dos.

Gracias amigo. —Se movió rápidamente Sirius y lo estrechó entre sus brazos, mareándose un poco por la brusquedad de su movimiento pero reteniendo en el abrazo al castaño para que no lo notase. Tenía que salir de esa casa y alejarse un poco de ella. Era indispensable que siguiese el plan de su amigo.

Nymph había subido a final de tarde al cuarto. Selló e insonorizó la habitación y lo amenazó con lanzarlo de nuevo a través de El Velo de la Muerte si no hacía que Remus se retractase de separarse de ella. Había salido luego de allí hecha una furia de pelo rojo, lo cual lo hizo tragar saliva y ponerse aún más nervioso que la amenaza que la enojada metamórfaga le dijese.

Le había tomado tres días convencer a su amigo que no se alejase de Nymph, saboteándole las salidas al compararle a cada joven con su prima, entristeciéndose cuando él intentaba lo mismo. Pero no había funcionado porque la diferencia de edad entre ellos no era tan notoria como lo era la que él le llevaba a su linda pelirroja.

Finalmente Sirius le había confesado a la enojada metamórfaga lo que ocurría y le pidió que saliese con Remus y con él, pero que no lo dejasen solo. No le avisó a Remus y Nymph había fingido que los acompañaría a los bares para buscar compañía masculina, despertando los celos del licántropo que finalmente volvió a ser su pareja luego de discutir con ella y golpear a un mago que intentaba llevársela del lugar en el que estaban a "pasear un rato".

Sirius se había alegrado mucho al verlos de nuevo unidos y felices, pero entristecido porque él no tenía generalmente éxito con las chicas al salir. Inconscientemente decía siempre algo que las alejaba cuando estaba a punto de lograr algo con ellas. Pero eso no había sido lo peor, es más de una manera extraña y retorcida eso lo había hecho sentirse satisfecho. No, lo peor había sido ver las miradas de los ojos castaños que lo traían loco cuando volvía, mezcla de tristeza, enojo y reproche contenido.

Sólo con unas cuentas "cabeza hueca" había logrado algo, satisfaciendo sus necesidades como hombre pero sintiendo una terrible sensación de vacío a la mañana siguiente. De modo que, poco a poco, sin proponérselo, había empezado a salir más a distraerse de la casa y la guerra que de cacería. La situación tampoco favorecía en ese entonces el que hiciese otra cosa y cuando estuvo totalmente recuperado su vida dio otro giro inesperado para él.

Minerva había logrado mantener el colegio abierto, siendo Kingsley el profesor "oficial" de Defensa Contra las Artes Oscuras, aunque se turnaba con Nymph y Remus las clases, pues los dos primeros seguían trabajando como aurores en el Ministerio. En realidad las clases las daba el tercero cuando podía, siendo cubierto por los otros dos cuando se ausentaba por su "problema peludo".

El alumnado había recibido a Remus bien en general, sin importarle que él fuese licántropo (aún lo era en ese momento). Sólo algunos de Slytherin no habían estado de acuerdo, pero la ausencia de Draco los había dejado sin un líder que seguir en sus protestas internas y los padres no se habían atrevido a protestar por todo el lío que suponía estando inmersos en una guerra, donde la mayoría de ellos eran catalogados de "Mortífagos enemigos de la paz", por lo que los pocos que no lo eran permanecieron callados.

Los padres de los otros alumnos no habían protestado porque La Orden del Fénix había dejado de ser secreta luego del ataque en que falleciesen los pequeños Creevey. Esto había ocurrido porque Harry, Hermione, Ron y los miembros del E.D. mayores de edad habían empezado a aparecer en las batallas sin cubrir sus rostros, llamando a los magos que intentaban huir a enfrentar a sus enemigos con ellos y enseñándoles cómo mientras lo hacían.

Aquello había animado a Remus a dejarse ver para ayudarlos y luego a los otros, aún sin un líder visible en La Orden del Fénix, que simplemente había seguido ofreciendo resistencia hasta ese momento. El revuelo en el Ministerio de Magia fue descomunal luego de la primera batalla, pero todos los chicos que participaron eran mayores de edad y Remus había salvado a Gawain Robards.

Esto fue justo antes del inicio de clases y Rufus Scrimgeour se reunió a solas con Minerva McGonagall por cerca de media hora. Luego ante el Wizengamot en pleno, en una reunión totalmente inusual, el Ministro anunció que los jóvenes presentes asistirían al colegio y tendrían además entrenamiento especial directo con Kingsley Shacklebolt, quien aparecería legalmente como profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras pero que se dedicaría a preparar un grupo especial de jóvenes que incluía a Harry Potter. Mientras tanto las clases serían impartidas por Remus Lupin, siendo sus ausencias cubiertas por Nymphadora Tonks y el propio Kingsley, dos aurores capacitados.

Claro está que el precio era que La Orden del Fénix perdía su anonimato sin que el Ministerio los pudiese proteger, al contar con pocos hombres, además que debían avisarse mutuamente sobre posibles ataques. Pero no sólo se vio beneficiado Hogwarts y los alumnos al poder reabrir, sino que se unieron muchos nuevos miembros a La Orden del Fénix, brujas y magos dispuestos a pelear por la paz que veían amenazada. Todos habían seguido al extraño líder que surgió sin proponérselo ni que le nombrasen inicialmente, Harry Potter.

Umbridge había seguido siendo un estorbo en el Ministerio por algún tiempo, pero Gawain Robards la había mantenido vigilada por órdenes secretas de Rufus Scrimgeour. La había arrestado finalmente a ella y a un grupo de brujas y magos infiltrados en el Ministerio, institución que fue saneada rápida y eficazmente por el equipo de aurores de los que respaldaban las ideas de Voldemort. Algunos no habían sido realmente mortífagos, pero su forma de pensar y actuar abrían brechas de seguridad para los que sí lo eran.

Kingsley le enseñó a todos los que trabajaban en el Ministerio de Magia a resistirse a la Maldición Imperius, siendo sometido diariamente a interrogatorios todo aquél que perteneciese al personal y no hubiese podido aprender a hacerlo. El mismo procedimiento fue seguido en el Hospital San Mungo meses después de aparecer Sirius.

También habían sido trasladados a celdas especiales los que fueron arrestados por delitos menores y aquellos que actuaron bajo la Maldición Imperius cuando no podían liberarlos de ella por ser de mentes manipulables.

Los nuevos guardianes de la prisión era gigantes convencidos por Hagrid y su medio hermano de alejarse de Voldemort, trabajando en conjunto con hadas de las montañas conseguidas por Luna durante el viaje con su papá a Suiza y convencidas por la rubia (que era una de las pocas personas que lograba comunicarse con ellas) de ayudarlos.

El viejo león se reunió un par de veces con el cambiado Harry Potter, dos líderes natos que firmaron una tregua mientras era derrotado definitivamente Voldemort. Las condiciones de la tregua fueron vigiladas y garantizadas por Robards, Shacklebolt, McGonagall y Lupin.

El Ministro no usaría la imagen de Harry para sus fines (relegando a Cornelius Fudge de ser consejero a ser enlace con el Ministro Muggle, que era ahora protegido por Dawlish), ordenó la investigación tanto del caso de Sirius como de otros similares (siendo trabajo del Wizengamot durante el tiempo que durase la guerra el analizar exhaustivamente cada caso y dictar sentencia definitiva) y controlaba lo publicado tanto en El Profeta como en otros periódicos de manera sutil, sólo para evitar que los Mortífagos o periodistas como Skeeter diesen informaciones falsas.

Por su parte Harry Potter, Hermione Granger, Ron Weasley y sus amigos irían a Hogwarts, se entrenarían con Robards, Shacklebolt, Tonks y Lupin, los tres primeros podrían salir del colegio con libertad sin que les siguieran pero deberían avisar para crear distracciones (que fue el punto más álgido para que Harry aceptase) y se reuniría con el Ministro cuando regresasen para hablar de un asunto de tanta relevancia para la comunidad mágica como la guerra.

¿A qué venía el que él recordase todo aquello? Sencillo. Él fue parte de ese acuerdo al reaparecer ante el mundo mágico. No quiso regresar a trabajar con los aurores, tanto por el rechazo que sentía por el Ministerio aún como por la petición de la pelirroja para que aceptase la propuesta de la directora. Le costó mucho tiempo entender el porqué Minerva McGonagall le había pedido que se le uniese a Remus en las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras en el colegio. Sólo al reunirse con Harry, luego que éste destruyera el penúltimo horcrux, comprendió lo que ocurría.

Él era el único con quien el pelinegro hablaba sinceramente sobre lo que iba a hacer con sus amigos cuando desaparecía y, aunque siempre respetó su secreto, tanto el Ministro como los miembros de La Orden del Fénix lo querían a él en el colegio para que "El Elegido" fuese allí aún después de graduado, pues cada vez lo veían menos al ser sus desapariciones en cada oportunidad más prolongadas y peligrosas, por como llegaban él y sus dos inseparables acompañantes.

Remus había intentado inicialmente disuadirlo de aceptar aquello, sabiendo el martirio que representaría para su amigo el estar casi encerrado en el castillo con la menuda pelirroja siendo ella aún una alumna. Pero él no sólo aceptó la propuesta de la directora, sino que logró aprender de Remus el trato respetuoso y distante tanto con Ginny como con los otros alumnos.

Recordaba perfectamente el día que rió a carcajadas cuando su amigo castaño se había encerrado a solas con él, luego de la primera semana en el colegio. Durante cinco horas estuvo hablándole de todas las travesuras que habían hecho juntos en el colegio, pues el castaño creía que él no era él. Suponía que alguien se estaba haciendo pasar por el pelinegro de ojos grises con poción multijugos o que estaba bajo la Maldición Imperius. Lo primero quedó descartado luego de hora y media, lo segundo después del relato pormenorizado de tres de las "hazañas" que ni siquiera Pettigrew llegó a conocer, por involucrar a la chica que al traidor le gustaba.

Al final Sirius le confesó a Remus que había aceptado aquello por sus dos amores, Ginny y Harry. Los dos le habían pedido que accediese y él no era capaz de negarles nada. De ahí también su cambio. Quiso aprender de Remus lo que su aislamiento del contacto humano durante tantos años le negó, el cómo relacionarse con otros de acuerdo a su edad física.

Le había planteado que cada vez que hubiese una batalla los dos irían, pero si uno salía herido el otro desaparecería con él hacia Grimmauld y de allí viajarían al colegio, no sólo por los alumnos sino porque se prometieron esa noche que no podían dejar a Harry sin el apoyo de al menos uno de los Merodeadores, no hasta que Voldemort fuese detenido definitivamente.

Para Sirius fueron meses confusos, angustiado por su ahijado, tan cerca y tan lejos de su pelirroja, peleando fieramente en la guerra para detener no sólo al desquiciado que perseguía a su ahijado, sino a los que lo seguían como su prima Bellatrix.

Poco a poco se fue afianzando en él la confianza en que sus sentimientos por la menuda pelirroja eran los mismos que habían hecho en su día que James desistiese de la soltería, también por una pelirroja. Sonrió ante este pensamiento, besando en la boca a Ginny mientras seguía bailando con ella, siendo correspondido con intensidad.

Justo unos meses después de graduarse la menuda pelirroja sucedió la batalla final contra Voldemort y lo ocurrido fue demasiado duro para todos. Él hizo todo lo posible por levantarles el ánimo, pues su pelirroja le había enseñado durante su convalecencia que era primordial para una buena y pronta recuperación. Los dos se movilizaban entre todas las habitaciones, consiguiéndose varias veces en los pasillos del hospital, intercambiando sonrisas y palabras de aliento.

Cuando Harry recuperó el conocimiento Sirius hizo todo lo posible porque Ginny quedase a solas con su ahijado en la habitación, pues suponía que Harry se había alejado de ella por temor a no sobrevivir al encuentro definitivo con Voldemort. Había querido que los dos chicos hablasen y se reconciliasen si eso era lo que querían.

Le dolía en el alma el alejarse de ella, pero aún más el interponerse en el camino de las dos personas a quienes tanto quería. Cuando media hora más tarde Ginny lo buscó y le pidió que la acompañase a la habitación puso en su rostro una sonrisa alegre, aunque por dentro sentía que se moría, lo que no se había esperado fue lo que ocurrió allí.


Se sentía tan feliz bailando entre los brazos del hombre que amaba, que le parecía que volaba con él entre nubes, sin escoba, con música propia del canto de Fawkes de fondo. Lo veía tan feliz, sano y amoroso que su mente voló al día en que se conocieron.

Ella estaba bastante nerviosa por conocerlo, aunque no era temor lo que sentía pues Hermione ya le había contado con lujo de detalles lo ocurrido casi un año atrás en la Casa de los Gritos. Lo que la tenía con los nervios de punta era saber que iba a conocer al hombre que era la figura paternal del pelinegro de ojos verdes, de quien siempre se había sentido enamorada. Cuando los presentó Remus, ella le tendió la mano con una sonrisa amistosa en el rostro, pero aún ahora recordaba el baile de mariposas que sintió en la boca del estómago ante su gesto galante, besándole la mano como hacían los caballeros medievales. La cautivó.

Los días siguientes fueron para ella un mar de confusiones en su corazón y una gran turbación en su mente, pues no podía dejar de notar que las mariposas se instalaban en su estómago cada vez que estaba cerca del atractivo Merodeador, el cual lucía cada vez más guapo aunque ella estaba casi segura ahora que él en esa época no se dio cuenta que se arreglaba mucho, al igual que ella.

Cuando llegó Hermione a Grimmauld sólo hubo una cosa que ella no le contó a su mejor amiga, las extrañas sensaciones que despertaba en ella el hombre de pelo negro azulado y ojos grises. La razón era muy sencilla, no podía explicárselo ni siquiera a si misma. Por otro lado suponía que la castaña se alarmaría porque ella sintiese eso por un hombre que apenas era diez años menor a su padre… Aquél pensamiento le había provocado pesadillas.

Sirius había empezado a aislarse de todos en la casa una semana antes que los miembros de La Orden del Fénix fuesen a buscar a Harry en Privet Drive, haciendo que sus preocupaciones se incrementaran. Se había sentido al mismo tiempo aliviada por no cruzárselo y que se despertasen en su interior aquellas sensaciones, pero también muy triste por sus ausencias. Había hecho lo posible por concentrarse en los esfuerzos que ella, la castaña y sus tres hermanos menores, desplegaban para enterarse de lo que ocurría en las secretas reuniones de La Orden del Fénix.

La llegada de Harry al cuartel había producido muchos cambios, tanto por enterarse del percance con los dementores sufrido por el pelinegro y el primo de éste como por el carácter irascible con que Harry había llegado a Grimmauld. Al transcurrir los días, mientras el joven pelinegro se les unía a la "limpieza de la casa", se había sentido una vez más decepcionada porque las esmeraldas la siguiesen mirando sólo como "la hermanita de mi mejor amigo", pero la había alegrado mucho ver el cambio en el ánimo del anfitrión.

Lo que sí la había tenido asustada era que desde ese momento en sus sueños ella se veía en un gran cuarto de baile, deslizándose con maestría en los brazos de Sirius, mientras Harry se despedía de ambos con un movimiento cariñoso de la mano y se alejaba. Siempre que soñaba aquello se despertaba muy asustada, corriendo al baño a lavarse la cara y a denegar frente al espejo.

El día que fueron al colegio Sirius los acompañó bajo su forma animaga, lo cual les alegró mucho a Harry y a ella, a pesar de la tensión evidente entre los adultos por aquello temerosos de que lo reconocieran.

Ella llegó con los gemelos en el tercer grupo, sentándose Harry con ella y Neville en el compartimiento en que se encontraba Luna, al estar todos los otros compartimientos ocupados, mientras Hermione y Ron se iban al de los prefectos. Se había sentido contenta de viajar por primera vez con Harry en el Expreso de Hogwarts y muy orgullosa como bruja cuando eliminó del compartimiento y sus ocupantes lo arrojado por la Mimbulus Mimbletonia de Neville, aunque bastante incómoda por las reacciones de Harry ante la aparición de Cho.

Cuando Draco Malfoy le dijo a Harry "voy a seguir todos tus pasos como si fuera UN PERRO" había sentido que el corazón se le paralizaba, aterrada. Tuvo que repetirse a si misma varias veces que sólo era una coincidencia, que no habían descubierto a Sirius, para recuperar un poco la calma. Aunque el nerviosismo del chico de ojos esmeralda no la ayudó mucho.

Una vez en el colegio, lejos de Sirius y cerca de Harry, se habían alejado de su mente y su corazón sus dudas sobre el Merodeador. Aceptó ser novia de Michael Corner por consejo de Hermione, decidida a intentar olvidar a Harry.

Todo estuvo medianamente tranquilo en su mente y en su corazón hasta que le escuchó decir a Harry que Voldemort estaba torturando a Sirius en el Ministerio de Magia. Con toda la fuerza de su carácter supo que ayudaría a Harry a rescatar al Merodeador de las garras de ese monstruo, sin detenerse ni por un instante a pensar en sus motivos para ello. En ese momento lo importante no había sido si lo hacía por Harry o por Sirius, lo importante era rescatarlo. Se opuso fieramente a quedarse en Hogwarts cuando hablaban en los linderos del Bosque Prohibido, agradeciéndole de corazón a Luna que plantease la solución con los Thestrals.

Con el profundo dolor que le produjo la "muerte" de Sirius al caer tras El Velo de la Muerte, además de la tristeza de Harry que se aislaba de todos, explotó un día airadamente con Michael. Terminó su noviazgo con él, aceptando unos días después ser novia de Dean Thomas deseosa de calmar la tormenta que azotaba su interior.

Cuando al comienzo del siguiente curso Harry le consultó sobre buscar un compartimiento para los dos y ella se negó porque había quedado con Dean se había sentido contenta, por primera vez el pelinegro de ojos esmeralda había hecho un movimiento voluntario para acercarse a ella. Ginny se sintió algo incómoda con el "club Slug" pero al mismo tiempo un poco atraída a seguir en él porque Harry también estaba.

El día que Harry y Ron la consiguieron besándose en el pasillo con Dean se sentía dolida con el primero y desafiante con el segundo. Había creído notar algo en las esmeraldas que la miraban muy similar a los celos, pero no estuvo segura. Era demasiado joven, no podía comprender la confusión de sentimientos que a veces la embargaba y explotó contra los dos, asegurándole a su hermano que Hermione se había besado con Viktor Krum, de lo que se arrepentiría más tarde cuando le contó a la castaña lo ocurrido.

En las navidades se había dedicado con mucho esmero a decorar la sala de estar en La Madriguera, recordando a cada momento cómo había arreglado un año antes Sirius a Grimmauld para esas fechas, con una extraña melancolía pesándole en el corazón. Disfrutó mucho sin embargo el pasar esas fiestas con Harry en su casa lanzándole eventualmente miradas que la emocionaban. Al regresar al colegio siguió viéndose con Dean, aunque se le había hecho cada vez más difícil simular que sentía algo por él.

Cuando envenenaron a Ron debatió de forma casi obsesiva con Harry sobre cómo había sido envenenado. El día del partido de Quidditch en que McLaggen arrojó hacia Harry la bludger, fracturándole el cráneo, se había sentido furiosa y preocupada, pero también le había parecido que de nuevo un fuerte vacío se instalaba en su interior, el cual se sacudió gritándose mentalmente "Pero Harry está vivo y sanará, él no está muerto como Sirius".

Aquella comparación la había aturdido un par de minutos, pero no siguió pensando en ello pues justo en ese momento le permitió la enfermera que visitara a Harry. Después se peleó con Dean, por burlarse de que McLaggen le hubiese arrojado la bludger al pelinegro. No terminaron con el noviazgo porque el chico la esquivó con habilidad. Desde ese día ella estuvo muy irascible con Dean, hasta que finalmente consiguió su oportunidad de terminar con aquella relación que la había estado desquiciando.

Cuando Harry les contó a la castaña, su hermano y ella el cruce de maldiciones con Draco en el baño y el consecuente castigo de Snape, se sintió muy triste por las miradas desoladas en las esmeraldas que tanto le gustaban, viniéndose a su mente una vez más durante unos segundos unos ojos grises con una mirada similar. Había sacudido la cabeza extrañada y seguido mirando al chico que toda la vida le había gustado, intentando trasmitirle tranquilidad, defendiéndolo de los regaños de Hermione por haber usado el hechizo del libro de El Príncipe Mestizo.

Había jugado ese último partido de Quidditch de ese año con su mayor concentración y esfuerzo, deseosa de ganar aún más que por su casa por Harry que no había podido participar por el castigo de Snape. Cuando triunfaron se sintió muy emocionada, especialmente cuando corrió hacia Harry apenas él atravesar el cuadro que daba acceso a la Sala Común, pero el beso que el pelinegro le dio la hizo olvidarse de todo y de todos.

Su sueño más ansiado desde que era una niña se había hecho realidad finalmente. Durante la caminata por los jardines él le pidió que fuese su novia y ella aceptó feliz. Muy adentro, en el fondo de su alma, algo la inquietaba, sólo que no podía definirlo. Era algo brumoso, lejano, difuso, la misma sensación que se tiene cuando se ha olvidado algo importante. Pero comparado con ser la pareja del chico que le gustó desde que tenía uso de razón aquello le había parecido insignificante y lo olvidó.

Cuando la castaña y su hermano le dijeron que bebiera un trago del Felix Felicis, que Harry estaba con Dumbledore fuera del colegio y que alertarían a todo el E.D., sintió una fuerte opresión en el pecho. Había tenido un mal presentimiento desde temprano, similar al que había sentido casi un año atrás cuando fueron al Ministerio, y deseó de todo corazón equivocarse. Siempre que tenía esa sensación desagradable alguien a quien ella quería mucho salía gravemente herido… o muerto. Combatió fieramente con los Mortífagos esa noche. Había sentido que su corazón se empequeñecía más tarde al ver a Bill, el hermano al que quería tanto, herido tan cruelmente y al director que admiraba muerto.

A pesar de todo hizo un gran esfuerzo por mantenerse fuerte como un roble. Buscó a Harry, lo separó del cuerpo inerte del anciano y lo llevó hasta la enfermería. Ayudó a contar lo ocurrido esa noche, permaneciendo luego allí con su familia mientras Harry era conducido por la directora lejos de ella. Pasó los siguientes días junto a su novio, su hermano y su mejor amiga, visitando a su hermano mayor en la enfermería, esperando el momento en que el pelinegro le comunicase la decisión que había intuido tomaría. Estuvo muy atenta a indicarle todo lo que ocurría a su alrededor desde que llegaron al comedor, el día del funeral de Dumbledore, queriendo compartirlo todo con él, negándose a lo que sabía ocurriría.

Cuando finalizó la despedida respetuosa de los centauros a Dumbledore secó su rostro y se llenó de decisión, reflejando en su mirada su valor y fuerza de carácter. Sabía lo que ocurriría. Hizo un pequeño esfuerzo por evitar la ruptura que él proponía, pero de antemano sabía que era inútil. Le expresó con sinceridad lo que venía pensando desde días atrás, luego lo vio levantarse, darle la espalda y alejarse. Miró de nuevo la tumba del director y cerró los ojos. Algo le decía en su corazón que aquella ruptura era definitiva, aunque en su mente intentaba inútilmente consolarse diciéndose a si misma que no era así, que volverían.

Cuando el E.D. fue convocado por Harry para ir a rescatar a los chicos secuestrados en Hogsmeade ella fue una de las primeras en acudir, peleando fieramente, llenándose de dolor y rencor por lo ocurrido. Notó el cambio en las esmeraldas al leer el periódico, doliéndole profundamente pero manteniéndose lejos de él. Su continuo alejamiento desde que lo buscaran en casa de los Dursley le dolía mucho, llorando a escondidas. Muchas veces se consiguió comparándose con Sirius, al sentirse prisionera en La Madriguera como seguramente él se había sentido en Grimmauld. Aquél pensamiento de una manera extraña le había representado un consuelo.

Cuando el Harry Potter de miradas inexpresivas regresó, meses después de su huida con sus dos inseparables amigos, ella había tenido que asumir finalmente de sus fríos rechazos que lo que existió alguna vez entre ellos había muerto y no renacería. Sufrió mucho, pero finalmente una mañana se despertó con una sensación extraña llenándole el pecho, sólo que no era un mal presentimiento. Parecía ser todo lo opuesto pero no podía estar segura.

En horas de la noche fueron convocados a una reunión en Grimmauld todos los miembros del E.D., en la cual escuchó asombrada que Sirius estaba probablemente vivo y que irían a rescatarlo. Nuevamente había sentido la boca de su estómago llenarse de mariposas y a su corazón latir de manera irregular, como si estuviese efectuando un baile extraño que la desconcertaba.

Hermione le explicó el que se suponía era un hechizo complicadísimo para poder ir al lugar en que se encontraba el Merodeador a rescatarlo, sin embargo a ella se le hizo extraordinariamente fácil el aprenderlo y, llegado el momento, ejecutarlo. No flaqueó ni un instante en su determinación de ir a buscarlo, a pesar de la fuerte oposición de su mamá.

Fueron Harry y ella quienes guiaron a los otros en aquél lugar inhóspito, mientras combatían para llegar a él. Remus y Neville lo sacaron, mientras el trío dorado y ella los cubrían. La primera vez que lo vio sintió que se le desgarraba el alma, sin embargo no mostró nada en su rostro. Tal vez ella no usase la frialdad de Harry, pero había aprendido a no reflejar con facilidad en sus expresiones lo que pensaba o sentía.

Se dedicó en cuerpo y alma a cuidarlo, curarlo, acompañarlo, pero especialmente a recordarle una y otra vez que debía luchar por recuperarse. A medida que pasaban los días junto a su lecho de enfermo, contemplándolo, cuidándolo, se dio cuenta de sus sentimientos por él, especialmente el día después que Harry desapareciese y a él se le disparase la fiebre. En su angustia de pensar que podía llegar a perderlo nuevamente se escapó de sus labios: "No te dejes vencer entonces, lucha, hazlo por mí". Un segundo después de decirlo abrió desmesuradamente los ojos, paralizada en el resto de su cuerpo, con la mano de ella aún retenida por la de él, viendo como sonreía levemente y se adormecía.

Cuando logró reaccionar se acercó muy nerviosa a él, tocándole la frente con su mano, notando que empezaba a disminuir la fiebre y que estaba profundamente dormido. Se quedó a su lado mirándolo fijamente, detallando cada rasgo de su rostro, de su cuerpo bien formado aunque muy lastimado todavía. Esa fue la primera vez que no se sintió una niña encandilada ni una adolescente ilusionada, sino una mujer enamorada que contemplaba al hombre al que pertenecía su corazón.

Sintió que Sirius se acercaba a su rostro mientras bailaban y cerró los ojos, correspondiendo con toda la intensidad propia de ella a aquél beso, que inició dulce y continuó apasionado, sonriendo una vez que se separaron sus rostros al pensar cuanto había deseado en aquél momento que estaba recordando el que él se despertase para besarlo así.

Pero eso no fue lo que ocurrió. No señor. Cuando él despertó la miró nervioso y ella fingió que no había ocurrido nada. Era lo mejor hasta que Sirius se recuperase, puesto que era indispensable su tranquilidad psicológica y emotiva para que sanase. Se dedicó aún con mayor pasión que antes a atenderlo ahora que sabía con certeza lo que él era para ella, su verdadero amor, su gran amor.

Tiempo después, con él casi restablecido, sintiéndose ella feliz al haber notado la forma en que él la miraba, Remus se reunió a solas con él en su cuarto. Al día siguiente, después de ser muy dichosa porque hacían lo necesario para que Sirius se reintegrase al mundo de los vivos, se sintió desdichada, enojada y celosa al extremo pues vio como los dos Merodeadores empezaban a desaparecer de Grimmauld a final del día, regresando tarde en la noche o al amanecer del día siguiente.

No pudiendo soportar más al monstruo de los celos que la estaba carcomiendo se había decidido luego de una de aquellas "salidas con su amigo" a hablar muy seriamente con él, diciéndole con mucha firmeza al asombrado Merodeador:

Puesto que ya estás totalmente restablecido para salir con Remus, beber licor y salir con mujeres, mi presencia en tu casa ya no es necesaria, así que desde mañana no volveré. Fue un placer ayudarte en la medida de mis posibilidades y gracias, porque ahora sé que al graduarme estudiaré para medimaga. Espero que disfrutes tu vida de mago libre de falsas acusaciones y soltero. Buenas noches.

Sin darle tiempo a responder (cosa que parecía imposible por su expresión de estupefacción), había salido de la biblioteca y corrido hacia la sala. Viajó mediante los polvos flú a su Sala Común en el colegio y subió corriendo a su cuarto para echarse en su cama a llorar con una mezcla de tristeza y rabia.

Pasaron un par de semanas antes que se enterase por Harry que la directora le ofrecía a Sirius que diese clase con Remus, pero que el Merodeador no había respondido aún. Con dificultad se tragó sus celos y su vergüenza por la forma en que le habló la última vez, viajando a Grimmauld.

Allí se intentó disculpar con él, que no lo permitió, para luego pedirle que aceptase el puesto en el colegio. Se había explayado seguida y rápidamente a contarle sobre los profesores que habían tenido en la materia, haciéndole notar que sólo habían aprendido de una manera sana con Remus. El falso Moody y Snape les habían enseñado, sí, pero de manera tortuosa como los Mortífagos que eran. Recordaba no haberse dado casi tiempo de respirar y haber esquivado el mirar a esos ojos grises todo el tiempo, pues estaba segura que se perdería en ellos y olvidaría lo que había planeado tan cuidadosamente decirle.

Finalizó su exposición diciéndole que siempre habían dicho que él era un mago extraordinario, por lo cual ella quería aprender de él. Al callarse y no oír ni una palabra proveniente de él levantó su rostro para mirarlo, instintivamente, sin pensarlo, perdiéndose en su mirada plateada como había temido, mientras las mariposas en la boca de su estómago aleteaban furiosamente haciéndole sentir que la elevaban levemente de la silla en que se encontraba, mientras su corazón parecía bailar con un ritmo similar al más acelerado que le había escuchado a Las Brujas de Macbeth.

Sus mejillas se tiñeron de rubor cuando él le sonrió de aquella manera tan dulce, varonil y seductora que se sentía mantequilla en sartén, derritiéndose, acelerándose su respiración cuando él se levantó y se acercó a ella, reteniendo el aliento al verlo frenarse y cerrar los ojos, tan cerca de ella que si se hubiese levantado habrían quedado a punto de rozarse. Entonces lo había visto tomar aire profundamente, girarse y alejarse rápidamente hacia la ventana. Fue en ese momento que soltó el aire retenido.

Lo escuchó darle las gracias con su voz varonil, tanto por haberlo cuidado durante su recuperación como por haber ido allí a hablar con él sobre aquello. Lo vio mirar pensativo a través de la ventana hacia fuera y temió que el estar encerrado en el castillo no le pareciese una oferta atractiva, así que de nuevo empezó a hablar, atropelladamente, recordándole que él podría ir a Hogsmeade cuantas veces quisiera, pues los profesores no estaban atados a las salidas programadas como los alumnos, pudiendo desplazarse desde allí a cualquier lugar que quisiese por medios mágicos al estar el pueblo fuera de los límites de las barreras del colegio.

Hubiese dicho algo más si no se hubiese quedado paralizada al girarse él a mirarla de nuevo con aquella sonrisa en su rostro. Notó un brillo alegre en sus ojos grises que jamás había visto y se levantó sin darse cuenta de la silla, con una amplia sonrisa en su rostro, cuando él dijo:

Aceptaré Ginny.

Había asentido seguidamente como la niña obediente que casi nunca era cuando él agregó:

Por favor, no le digas a nadie aún lo que he decidido.

Los siguientes fueron minutos largos, de un tenso silencio, los dos mirándose fijamente con una gran sonrisa en sus rostros. Aquella situación se rompió cuando unos golpecitos en la puerta pidiendo paso les hicieron reaccionar. Él se giró rápidamente a mirar por la ventana dando la bienvenida a quien tocaba, mientras ella se sentaba en la silla, sintiendo que sus piernas no la sostendrían ni un segundo más en pie.

Al ver entrar al generalmente inexpresivo Harry preguntándole con la mirada si había hablado con el Merodeador, ella se giró hacia Sirius. Vio la amplia espalda del hombre que le gustaba mostrar un leve estado de tensión. Recordó lo que acababa de pedirle y se despidió con tono afable de Sirius y un poco más seco de Harry, diciendo que debía volver de inmediato al colegio. Mantuvo su rostro impasible ante la mirada de extrañeza del chico que había querido, sonriendo interiormente al ver al hombre de ojos grises girarse a mirarlos con una mezcla de curiosidad y preocupación. Salió de allí sin dejar traslucir nada en su rostro.

Unos días más tarde su corazón se llenaría de alegría al ver a Remus presentar a Sirius a su clase. Sin embargo, en un acuerdo tácito, los dos evitaron el mirarse en el colegio, siendo entre los dos el trato normal de alumna a profesor con sólo esa excepción, jamás se miraban a los ojos.

El primer fin de semana que Sirius estuvo allí ella supuso que él iría al pueblo, como le había sugerido, así que se dirigió a la biblioteca a estudiar y hacer los deberes. Le faltó poco para brincar en su asiento cuando olió la colonia de él y sintió los pasos de dos hombres adultos tras ella, conversando en voz baja. Un par de minutos después él dejó a su lado algo sin decirle nada y avanzó con Remus hacia otra mesa, viéndolos ella con el rabillo del ojo sin atreverse a moverse.

Se giró a mirar el libro cuando los vio lejos y sonrió agradecida. Era justo el que necesitaba para el trabajo que estaba haciendo, sólo que no lo había bajado por estar en un estante muy alto y ser bastante pesado, ya que su varita le estaba dando problemas desde el último ataque en que casi se había fracturado totalmente y no quiso arriesgarse.

Al día siguiente le llegó una lechuza a su habitación en horas del amanecer. Abrió la ventana rápidamente para que no despertase a sus compañeras de cuarto, pues desde que había cuidado de Sirius ella se había vuelto muy madrugadora. Le soltó la nota que traía atada a la pata y abrió mucho los ojos al leerla. Rápidamente se arregló y bajó al comedor. Desayunó bajo la atenta mirada de sus dos profesores, que conversaban en voz baja, acercándoseles cuando terminó de comer. El rostro generalmente amable de Remus estaba bastante serio, mientras una sonrisa traviesa bailaba en el de Sirius, que le entregó una cajita larga y delgada diciéndole simplemente:

Que nadie se entere que yo te la he dado.

Ella asintió y abrió rápidamente la caja, sacando una varita nueva, de sauce, 27cm de longitud, flexible, todo esto indicado en una nota escrita por el señor Ollivander que venía junto a la cajita. Miró interrogante a Sirius y él le guiño un ojo con complicidad mientras se llevaba los dedos a los labios en señal que guardase silencio.

Gracias. —susurró de modo que sólo ellos dos pudiesen oírla luego de asentir y se alejó rápidamente.

Esa tarde les informó Harry a todos los miembros del E.D. que los miembros de La Orden del Fénix habían rescatado exitosamente al señor Ollivander, que las pruebas con varitas que habían hecho dos días atrás en la tienda del anciano habían sido con su consentimiento y que quien necesitase adquirir una varita nueva, por haber sufrido la suya algún daño durante las batallas, se dirigiese a él para comprarla con el fondo de guerra del grupo, del cual obviamente él era quien más dinero había aportado para fundarlo.

Ginny sonrió con picardía al oír aquello, comprendiendo que Sirius se le había adelantado a su ahijado queriendo obsequiarle él la varita. Cuando Luna la vio en la siguiente clase con su varita nueva no hizo ni una sola pregunta, sólo le sonrió con alegría, encubriéndola luego con los demás miembros del E.D. al decir que ella había acompañado a la pelirroja a buscarla.

La rubia ya le había dicho que le alegraba mucho que hubiese encontrado de nuevo el amor, en un paseo que dieron las dos junto al lago. Se había reído alegremente de su cara sorprendida, soltándole seguidamente que ella lo había conseguido en Neville, que eran novios aunque aún nadie lo sabía y que tenían un plan secreto a futuro. Luego le había sonreído y se alejó a buscar al chico castaño que ya no era tan torpe, dejándola a ella aún muda y paralizada de pie junto a una haya.

Pasaron los meses con los dos manteniendo el trato distante y respetuoso, recibiendo ella todos los sábados al amanecer una nota con una rosa roja y un bombón de chocolate relleno de crema con sabor a licor. Siempre decía lo mismo el trozo de pergamino:

Una flor para otra flor. El frío invierno no mata el rosal, sólo lo deja hibernar hasta que es tiempo de primavera. El chocolate no sólo te reconforta sino que te lleva el dulce que has hecho brotar en mi alma, rellenos con sabor a lo que te está permitido disfrutar con mesura, pues ya eres una mujer.

Nunca iban firmadas, ni tampoco hacía falta.

Nymph le pasó una nota un par de meses después de manera que nadie se diese cuenta, en medio del fragor de una batalla. Aguardó hasta llegar al colegio, se dirigió con paso seguro a la cabaña de Hagrid y entró en ella, sabiendo que el semigigante no volvería hasta un par de horas después pues le había visto conversando con Madam Maxime luego del ataque. Leyó la nota con los ojos muy abiertos, una sonrisa enamorada en su boca, sus mejillas teñidas de rubor, feliz como tenía meses de no estarlo. Le hizo llegar la respuesta de la misma manera, siendo desde ese día más que amigas, cómplices.

A la castaña le había contado la verdad de sus sentimientos al poco de él llegar al colegio, haciéndola prometer bajo juramento de bruja que jamás diría nada de eso a nadie hasta que ella la liberase del secreto. Hermione le había advertido que podía estar confundida en sus sentimientos, la llenó de consejos y finalmente la abrazó diciéndole que era su mejor amiga, por lo que deseaba que fuese feliz con la pareja que escogiese.

Por último la castaña le había revelado que Ron y ella ya habían estado juntos, como hombre y mujer, contándole la mayor parte de lo ocurrido. Ella había deducido de lo no dicho y las expresiones de su amiga que su hermano no había sabido comprenderla y había cometido errores, pero no comentó nada respetando el silencio de la castaña. Sonrió cuando Hermione le preguntó si ella ya había estado con otra persona de esa manera, respondiéndole con la verdad, diciéndole lo que pensaba al respecto.

El día de su graduación se sentía radiante y feliz, pues él estaba entre la plantilla de profesores cuando la directora le entregó el título, felicitándola cada uno de ellos cuando pasó al frente de la mesa de los profesores en el Gran Comedor. Su emoción se disparó al máximo cuando él le estrechó la mano con delicadeza, diciéndole que era una gran bruja. Pero lo que tenía a su corazón estallando de felicidad era que por primera vez desde que él llegase allí se veían a los ojos, brillando los plateados de él de una manera muy especial que jamás olvidaría.

Fue ahora ella quien acercó el rostro de él al de ella, mientras bailaban, con aquél recuerdo en su memoria. Con un movimiento suave pero firme de su mano derecha en la nuca de él unieron los dos de nuevo sus labios, entregándole en ese beso la pasión que disfrutó por primera vez en brazos de él aquella noche de verano.

A aquello lo condujo con sensualidad y firmeza, a pesar de sus propios nervios y la renuencia asustada de él, que le insistía de manera atropellada que volviesen junto a los otros a la celebración en el castillo. Le había enumerado cada una de las razones lógicas por las cuales ellos no debían estar juntos, callándole ella la boca con un beso muy similar al que le estaba dando ahora, que lo dejó sin respiración ni capacidad para replicar más. Se habían dejado llevar los dos por lo que sentían en sus corazones, aquello con lo que tenían luchando poco más de año y medio por acallar.

Él fue dulce, suave, tierno, romántico, preocupado en todo momento por lo que ella sentía, necesitaba y quería, conteniéndose de ir muy rápido para no asustarla ni lastimarla. Aquella noche junto a la pequeña cascada, sobre la grama verde y fresca al lado de la pequeña laguna, él la hizo su mujer por primera vez, de una forma maravillosa. Disfrutaron los dos al máximo pues ella le fue haciendo entender poco a poco que quería que él también lo disfrutase. Se sumergieron en la laguna para calmar el calor de sus cuerpos, pero ella quería seguir explorando y él aceptó feliz. Se quedaron dormidos cerca del amanecer, abrazados, vistiendo los dos sólo su amor incondicional.

Al despertar lo vio mirándola con dulzura, ensoñación y preocupación, posó sus dedos en sus labios para evitar que dijese nada antes de ella poder decirle:

Gracias Sirius, por ser el hombre maravilloso a quien amo. Sólo a ti me quería entregar plenamente. Por eso esperé siempre y estoy muy feliz de haber venido contigo a ver la luna llena desde este paraje hermoso, porque pude hacer realidad mi más preciado anhelo.

Luego se acercó a él y lo besó, sonriendo dentro del beso cuando sintió que le correspondía con alegría.

Regresaron un par de horas más tarde al castillo, felices pero separados. Ella se desplazó primero hasta allí, caminando con tranquilidad como si hubiese salido a caminar unos minutos antes. Él se movilizó después, pasó saludándola amigablemente y siguió de largo.

Habían llegado a un acuerdo después de vestirse, se seguirían viendo a escondidas mientras terminase la guerra para no añadirle preocupaciones a sus vidas ni a las de los familiares de ella. Sólo después que terminase todo, si seguían vivos los dos, decidirían si aquello continuaría o si moriría. Fue ella quien lo propuso, luego que él le plantease sus dudas sobre el sentimiento que alguna vez la unió a ella con su ahijado, con tal seriedad y madurez que él aceptó sin hacer ningún comentario.

Se rió al recordar aquél pensamiento de ella, riéndose con más ganas cuando lo vio mirarla interrogante y perder el paso del baile, seguramente por la expresión pícara que sentía estaba posada en su propio rostro. Lo arrastró fuera de la pista de baile hacia la mesa y allí se abrazó a él, riéndose todavía, pues ahora sabía con certeza que él casi nunca la contradecía y en general hacía lo que ella quisiese, al igual que le pasaba a ella con él. Cuando él se acercó a preguntarle al oído la causa de su risa, ella le dijo con picardía que había recordado su rostro cuando habían hablado a solas Harry y ella con él, luego que el pelinegro de ojos verdes recobrase el conocimiento.

Al ver la cara del hombre que amaba, rojo como un tomate, murmurando incoherentemente algo sobre ir a seguir bailando, rió de buena gana, divertida, dándole seguidamente un beso en la boca de esos que dejan sin aliento, susurrándole luego al oído abrazada a él, mientras le acariciaba su pecho con ternura:

—Siempre serás el cachorrito que más ame esta leoncita. —emitiendo luego pequeños gruñiditos, riéndose nuevamente cuando Sirius le suplicó al oído:

—No me hagas esto mi amor, tengo que llevarlos a todos a casa. Si sigues así…

Un nuevo gruñidito de ella y las llaves de la camioneta fueron a dar a las manos de un desconcertado Remus, que bailaba con Nymph, desapareciendo Ginny y Sirius del lugar.

Cerca del amanecer aparecieron los dos muy felices frente a la casa del ex licántropo, que les arrojó entre gruñidos las llaves de la camioneta desde una ventana.


Harry recordaba, mientras miraba a través de la ventana del cuarto en que le había obligado Molly a quedarse durmiendo con la excusa de que la acompañase. Él se había asegurado que ella tomase todas sus pociones y se acostase, ayudando a un agradecido Arthur a meterla en la cama mientras le prometía que le vería en su mesa a la hora del desayuno, pues dormiría allí en la habitación de los invitados como ella le había pedido.

Estaba triste por la decisión que había tenido que tomar luego que Ron le dijese aquello. La situación era similar a una que él vivió tiempo atrás, pero al mismo tiempo muy diferente. Ginny fue su amor de adolescente, el único, pues Cho fue simplemente el primer despertar de su adolescencia masculina. Pero ese amor que sintió por la pelirroja lo mató él mismo, firmemente convencido que moriría al enfrentarse a Voldemort, con las dos armas más crueles y letales: su fría indiferencia y la distancia.

Luego que rescatasen a su padrino, cuando regresó del viaje que tuvo que hacer sin que Sirius estuviese fuera de peligro aún, notó el sentimiento que afloraba en la pelirroja por el pelinegro de ojos grises y el que intentaba él ocultar que sentía por ella. Se entristeció pero extrañamente también se sintió dichoso. Le dolía haber logrado matar el sentimiento en ella cuando en él no lo había logrado todavía, pero le alegraba que fuese Sirius el hombre del que la pelirroja se había enamorado, olvidándole para siempre.

Mantuvo su frialdad e indiferencia con ella, pero con él no lograba mantener sus barreras arriba demasiado tiempo, así que optó por hablar con él con sinceridad de todo lo referente a la guerra y a su no acercamiento a ninguna chica hasta que ésta acabase, insistiéndole que lo que había sentido alguna vez por una joven en particular había muerto ya, mintiéndole para tranquilizarlo y ayudarse a si mismo a terminar de aniquilar ese sentimiento.

En su siguiente viaje vivió cosas terribles, aislándose aún más en ese refugio interior aislado de todos que había creado, donde la única que tenía acceso cuando él estaba listo para permitirlo era Hermione. Sacudió la cabeza. Ahora no sería ella quien tendría acceso allí. La llave de su corazón la tendría algún día Katherine. Por ahora aquél espacio quedaría cerrado y sellado, hasta que Katherine u otra chica llegase a él, consiguiese la llave y entrase.

Suspiró nuevamente. Vio la luna llena a través de su ventana y sonrió por dos razones muy fuertes y agradables para él, por haberles traído dicha a los dos mejores amigos de sus padres. La primera era la alegría que le había llenado cuando las excentricidades de Luna y el amor de Neville por ella, además de su facilidad para la herbología, le habían permitido al castaño fabricar la poción que curaba definitivamente la licantropía. Había sido una sorpresa para muchos el descubrir que el Gryffindor unido a la Ravenclaw se volvía un pocionista excepcional, claro que también ayudaba que no estuviese tras su nuca Severus Snape.

La otra causa de su alegría se la reveló Ginny, quien le contó luego de él despertar en el hospital de su larga inconsciencia tras la batalla dos secretos que había guardado muy bien hasta ese momento, los cuales sólo conocía su padrino por haberlos vivido con ella el 28 de junio de 1999, la noche en que ella se graduó. La decidida pelirroja había aprendido por su cuenta animagia, convirtiéndose en una leona, lo cual le demostró al Merodeador en un sitio oculto a los ojos de cualquier humano bajo la mirada complaciente de la madre naturaleza, luego que ella se le entregase como mujer.

Recordaba haberse quedado mirándola sorprendido porque ella le dijese aquello, pero la impetuosa pelirroja lo obligó a reaccionar al decirle:

Tú y yo fuimos felices con nuestro amor de adolescentes, pero ese sentimiento murió ya en los dos. Mi amor de mujer es de Sirius, como sé muy bien que tu amor de hombre le pertenece a… No seré yo quien te diga lo que aún no ves, pero no es a mí a quien quieres. Todos, incluido Sirius, creen que tú y yo volveremos porque Voldemort está muerto…

—… pero eso no es cierto. Tú y yo no podemos volver a ser algo más que amigos. —finalizó él la oración, aún aturdido por todo lo que ella le estaba diciendo.

Luego ella le dijo con una gran sonrisa:

Sirius está en la Sala de Espera de este piso esperando a que le llamemos luego de hablar a solas para que le digamos lo que hemos decidido. ¿Te gustaría que entre los dos le dijésemos al experto y maduro Merodeador el resultado de nuestra charla?

La picardía en la mirada de la pelirroja había sido muy tentadora, dejándose él arrastrar por su intrépida amiga en la pequeña broma que le jugaron a su padrino minutos después de ponerse de acuerdo. Recordaba aquello sin lograr contener la risa.

Me ha dicho Ginny que ustedes dos querían hablar conmigo.

Así es padrino. Siéntate aquí al lado de mi cama, por favor. —le había dicho con expresión seria, mientras por dentro se reía al ver la sonrisa forzada en el rostro de su padrino, que se sentó mansamente en la silla que el chico le indicó.

»Hace un par de años te dije que todo lo que había sentido por una joven en particular había muerto y me temo que en ese momento te mentí —Al ver a su padrino tragar saliva y asentir lamentó hacerle pasar ese mal trago, aunque estaba seguro que en unos minutos él se sentiría de una manera muy diferente—. El problema es padrino que yo estaba muy confundido por toda la responsabilidad que pesaba sobre mis hombros, así que creí que diciéndote eso lo haría realidad.

Entiendo ahijado. Supongo que ahora que ha terminado la guerra, estando más tranquilo, volverás al lado de esa joven. —le dijo Sirius con el tono más sereno que logró mantener, sabiendo Harry por lo que veía en su mirada que en realidad sentía que su corazón se rompía lenta y dolorosamente.

Sí, así es. De hecho Ginny y yo hemos retomado el sentimiento que nos unía en ese momento y que jamás murió.

Al ver a su padrino cerrar los ojos con expresión de resignación miró a Ginny pidiéndole ayuda. Pero ella denegó y le hizo señas que continuase. Harry se contuvo apenas de suspirar al girarse de nuevo a mirarlo y verlo con sus ojos aún cerrados.

Es por eso que te quiero reclamar algo —le dijo con tono serio. Al verlo abrir los ojos asustado clavó sus esmeraldas fijamente en los grises, sabiendo que con ello evitaba que mirase a la pelirroja—. ¿Cómo se te ocurre asustar con tus ladridos a la leoncita en luna llena por ser animaga a espaldas de todos? —Al ver que abría la boca y balbucía intentando decir algo coherente agregó—: Especialmente cuando ella te dio la sorpresa como muestra de confianza total luego de haberse entregado a ti como mujer —Al verlo palidecer bruscamente temió que le diese algo al corazón, por lo que agregó rápidamente—: Mi amiga te ama, padrino, puedes estar seguro que todo lo que haga lo hará por amor a ti.

»Además ella es una excelente bruja, la mejor después de Hermione que yo haya conocido —agregó sonriente al verlo recuperar el color de su rostro y mirarlo interrogante—. Me alegra mucho que estén juntos, que se amen y cuentan con mi apoyo. Pero eso sí, antes de salir de este cuarto me contarás cómo lograste asustar a Ginevra Molly Weasley Prewett. Eso es toda una hazaña.

¡Harry James Potter Evans! —exclamó exasperada la pelirroja, haciendo sobresaltar a los dos hombres.

Por favor, dime el secreto. No me gusta tenerle miedo a mi amiga. —le pidió rápidamente Harry en voz baja, supuestamente confidencial.

Para eso tendrías que ser un perrito atrevido que jugase con ciertas partes privadas de una leoncita —comentó con picardía la pelirroja haciendo sonrojar totalmente al Merodeador, que miró de reojo a su ahijado, que también estaba bastante rojo mirando sorprendido a Ginny—. Aunque debes saber bien que yo le clavaría mis garras a cualquier otro que lo intentase, pues sólo soy una gatita ronroneadora para mi cachorrito.

Todo el rostro de Sirius tomó un color rojo encendido, mientras Harry se quejaba sosteniéndose el pecho y el estómago, riéndose estruendosamente de la expresión avergonzada de su padrino y la pícara de la pelirroja.

La medimaga que llegaba en ese momento al cuarto los hizo salir a ellos dos, retándolos por haber "alterado al paciente cuando recién empezaba a recuperarse".

Cuando se estaba quedando adormilado, luego de tomar las pociones que le diese entre regaños la medimaga asistente, entró Remus con Sirius, el segundo suplicándole con la mirada que no comentase nada, el primero preguntándole qué había ocurrido para que su padrino accediese a dejarlo solo con la medimaga, que de inmediato dijo que había tenido que sacarlo de la habitación por alterar al paciente.

Antes de quedarse dormido, luego que saliese la sanadora, le dijo al ex licántropo que su padrino le había contado algo muy gracioso de su juventud que le provocó un ataque de risa, lo cual enojó a la gruñona medimaga. Sirius rápidamente relató "de nuevo" la historia, mientras él se quedaba adormilado.

Sonrió y se acostó a dormir, deseando pronto encontrar lo que Sirius encontró en Ginny.