Resumen: Conversando sobre pareja con una madre. Robards revisa sus datos y conceptos. Un encuentro distinto al planeado. Intercambio de verdades parciales.

El Fantasma Esmeralda

Se despertó con la sensación de haber dormido meses y esto lo asustó. Después de su larga estadía en San Mungo, luego de la batalla final, lo aterraba el despertarse así. Recordaba que su primer pensamiento había sido "Se suponía que no me dolería nada físico y que no sufriría más luego de morir, así que… Estoy vivo… ¿Quiénes más sobrevivieron? ¿Qué otra muerte tendré que llorar desde hoy? ¿Qué se supone que haré ahora?".

Sacudió la cabeza. "Ya sé las respuestas a las dos primeras preguntas y la tercera… ¿La habré respondido ayer al decirle aquello a mamá Molly?". Suspiró profundamente y se levantó. Luego de asearse y ponerse la muda de ropa que le había llevado Dobby bajó a desayunar.

—Buenos días. —saludó con una gran sonrisa a Ginny, Molly y Arthur, que se estaban sentando a la mesa a desayunar.

Todos se habían levantado muy temprano por las noticias que se esperaban ese día en cuanto al viaje de Sirius y Charlie a la India. Por eso estaban ya allí aunque sólo eran las siete y quince minutos de la mañana.

—Buenos días. —le respondieron los tres a coro.

Justo en ese momento brilló levemente el espejo que la pelirroja portaba en su mano y se escuchó una voz fuerte y varonil.

Ginny. Hola. Charlie y yo salimos a las siete y media en punto de la mañana, hora de Londres, llegando a la una en punto, hora de Nueva Delhi —saludó y explicó con voz alegre Sirius a su novia, conteniéndose de ser más cariñoso al estar seguro que sus suegros estarían con ella—. Así que hemos cambiado el desayuno inglés por un almuerzo hindú. Esperamos salir ganando con el cambio —Ginny, Harry y Arthur sonrieron al oír su broma—. Me comunicaré de nuevo en cuanto tenga novedades. No olvides tomarte tus pociones y descansar, Harry, aunque ya te sientas bien.

—Sí, padrino. —le respondió con tono de fastidio el aludido.

Lo mismo tú, Molly. Les voy a decir a esos medimagos que eres muy cumplidora de los tratamientos así que intenta no hacerme quedar mal.

—Sí, Sirius. —replicó la matrona también con tono de fastidio mientras denegaba.

Ginny sonrió al ver que su "futuro novio" aprovechaba un descuido de su acompañante, que saludaba a un madrugador Ministro Shacklebolt, para enviarle un beso y guiñarle un ojo.

Me comunicaré con los que se quedan en casa por el espejo de Harry.

Hora de irnos, Sirius —se oyó la voz gruesa de Charlie—. Nos reportaremos de nuevo en cuanto haya algo, familia.

Topacios y Rubí titilantes. —finalizó la conexión el pelinegro de ojos grises.

—¿Topacios y Rubí titilantes? —preguntó Harry, arrepintiéndose un segundo después al ver a la pelirroja ponerse roja como un tomate.

—Mis ojos y mi pelo. —musitó avergonzada.

Arthur y Harry de inmediato miraron de reojo a Molly, que empezó a comer fingiendo no haber escuchado nada, lo cual asombró a su esposo pero no hizo ningún comentario.

A él tampoco le agradaba que "su pequeñita" se hubiese enamorado del último de los Black, pero no porque tuviese algo específico en su contra, sino porque era a "su niñita" a quien pretendía. Sin embargo él, que sabía el riesgo mortal en que se había puesto Sirius para salvar a su esposa y su hija en aquella terrible batalla, además de ser el único que sabía el problema de salud que el animago acarreaba desde ese día pues le había hecho prometerle bajo palabra de mago que nadie lo sabría, comprendía que aquél hombre la amaba más que la vida misma y la haría feliz en cuanto su esposa les permitiese el estar juntos.

Deseaba de todo corazón que para ese momento Sirius ya hubiese sanado totalmente de aquél problema, aunque… Algo le decía que eso sólo ocurriría cuando los otros cuatro involucrados sanasen también, pero sólo Molly, Harry y el pelinegro de ojos grises habían mostrado síntomas hasta ahora. Suspiró. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?

—Estoy seguro que Robards enviará al sanador de la academia para examinarme si no me presento hoy. Tal vez sería mejor que yo les dejase el espejo y… —intentó escaparse el pelinegro de ojos verdes de la vigilancia de Molly.

—Olvídalo Harry, tú de aquí no te vas —lo interrumpió Molly—. Aquí puede examinarte ese sanador o el propio Robards si quiere y se atreve a venir —afirmó decidida, agregando con gesto fiero—: Gawain sabe perfectamente que quiero tener una charla con él desde el primer fin de semana que te quedaste hospitalizado luego de entrar a la Academia de Aurores. Yo le envié personalmente a Tami, la lechuza que me regalaste, invitándolo a tomar té mientras hablábamos del tema, sólo que "ha tenido muchas ocupaciones" y jamás ha podido venir.

Sus tres acompañantes tragaron saliva y permanecieron en silencio. Ella había hablado con el jefe de aurores luego de perder a su hijo Percy con tal ferocidad y autoridad de madre desgarrada por el dolor, que el auror no le replicó nada. La había escuchado, mirándola pálido y desencajado, limitándose a asentir. Bajó la cabeza respetuosamente cuando ella finalizó, dirigiéndole seguidamente el Saludo de Merlín para luego decirle:

Sus siete hijos, su esposo y usted pelearon mejor que muchos de mis hombres. Perdone usted las torpezas cometidas por este mago hasta ahora y las que seguro cometeré, pues sólo soy un hombre que ha dominado bien la varita pero no la sabiduría que usted les ha transmitido a los miembros de su familia. Le agradeceré sus sabios consejos y que me haga ver mis errores desde hoy a tiempo, para evitar males mayores.

Pero hizo lo posible por evitarla para no generarle una recaída, luego que quince molestas personas le reclamasen un severo estado de angustia que le generó una de sus cartas a la matrona Weasley. Sólo que eso ella no lo sabía y ninguno de ellos era tan tonto para decirle.

—Mamá Molly. Yo estoy bien ya y… —hizo un nuevo y débil intento Harry.

—Nada de eso. He dicho que te quedas aquí hoy y mañana, hasta que se te quite lo pálido al menos. —lo interrumpió con firmeza la aludida.

—Sí mamá Molly. —aceptó finalmente con resignación.

Ginny apenas si podía contener la risa. Ella le había pedido a su mamá que la ayudase a retener al pelinegro en casa, pues estaba segura que si se iba a El Valle de Godric lo menos que haría sería guardar reposo.

Harry siguió comiendo, su mente divagando acerca de sus sentimientos, sus barreras arriba. Ya una vez había logrado enterrar sus sentimientos, matándolos lentamente a favor de dos personas que quería mucho para que pudiesen ser felices juntos. Era hora de hacerlo una vez más. Antes se había dedicado en cuerpo, mente y alma a la guerra, ahora... ahora se concentraría en dos objetivos inmediatos y uno a mediano plazo.

Su graduación en la Academia de Aurores era inminente y su asimilación al cuerpo de inefables estaba prácticamente asegurada, al igual que la de Hermione. No sólo eran los mejores de su promoción, sino de todas las promociones desde que estuvieran allí sus padres y tíos por afecto. Aquello los favorecía, además de su desempeño tanto en la guerra como en los enfrentamientos con Mortífagos remanentes luego de ésta.

Su problema era su detestada popularidad, pero el odioso Gawain Robards les había ofrecido a la castaña y a él una salida el viernes antes de la práctica en que había salido herido. Tendrían que trabajar medio tiempo con los Inefables y medio tiempo con la oficina de Aurores. La segunda cubriría sus desapariciones con la primera como "trabajo encubierto" quitándoles a muchos "curiosos" de encima.

Sabía perfectamente que la idea era seguirlos teniendo bajo sus órdenes, pues aunque no se llevaban bien Robards los respetaba como profesionales. De no ser por lo ocurrido cuando fallecieron los hermanos Creevey tal vez hubiesen llegado a congeniar, pero ninguno de los miembros del E.D. les podían perdonar al fallecido Scrimgeour y a Robards las órdenes dadas al grupo de aurores ese día, prefiriendo atrapar Mortífagos que salvar la vida de Colin. El que condecorasen a Dawlish luego del comentario que hizo sobre el pequeño tampoco había sido aceptable para ellos.

Estando en un enfrentamiento con Mortífagos, Hermione y él se enteraron que Robards había actuado así porque recibió esas órdenes de Scrimgeour, al protestar Dawlish una orden dada por su jefe dando prioridad a rescatar las víctimas sobre atrapar a los Mortífagos, comparando con desprecio al actual Ministro respecto al anterior. El jefe de aurores fue tajante al decirle:

Le recuerdo que el propio Scrimgeour cambió de opinión a mediados de la guerra, cuando dejó de escucharle a usted y a Umbridge. También que está aquí sólo porque las averiguaciones que sobre sus actuaciones sigue el Wizengamot no han finalizado. Pero no me dé pie con sus palabras para dar por sentada su insubordinación y enviarlo a Azkaban de inmediato.

Sólo unos minutos más tarde el auror lo desobedecía, Robards lo dejaba inconsciente y le ponía un trasladador directo a las celdas de detención preventiva del Ministerio. La decisión posterior del Wizengamot ratificó la decisión del jefe de aurores, despojando de su cargo a Dawlish.

Gawain Robards era odioso, rudo, temerario y luchador, pero también respetuoso y honorable. Nunca atacaba por la espalda, ni física, ni mágica, ni verbalmente. Era recto en su proceder y luchaba día a día por exterminar los últimos rastros de Mortífagos. Su problema se limitaba a uno solo, el mismo que había tenido Severus Snape: despreciaban a Harry Potter por su notoriedad, según los dos inmerecida, pues ambos pensaban que el pelinegro de ojos verdes era famoso por cosas que jamás había hecho él solo.

"Si tan sólo ese hombre supiera… Pero no, mejor así. Snape comprendió su error cerca del final, disculpándose conmigo durante su agonía luego de salvarme la vida. Tal vez con Robards suceda algo similar cuando se entere de algunas cosas, lo cual será inevitable una vez que me aproxime a mi objetivo a mediano plazo. Pero para eso aún falta algún tiempo, pues debo precisar mis investigaciones con Hermione antes de intentar algo.

Y aquí está de nuevo en mis pensamientos. Es imposible para mí alejarla de mi mente el tiempo suficiente para matar mis sentimientos compartiendo tantas cosas. Con Ginny la distancia física me ayudó, pero con Hermione no puedo contar con eso. Es urgente que me dedique a mi segundo objetivo a corto plazo. Enamorar y enamorarme de Katherine Stewart.

Comenzaré justo después de desayunar con lo necesario con el fin de lograrlo, pero para ello debo perfilar cuidadosa y minuciosamente el plan de acción a seguir. Tengo que ser muy cuidadoso, pues ella es muy lista". No quería cometer ningún error con Katherine y eso lo ponía muy nervioso, aunque no dejase traslucir nada a nadie.

"Padrino me aconsejó cómo conquistar a chicas para pasar el rato y divertirme, tío Remus cómo manejar las situaciones para no darles falsas esperanzas, los dos me hablaron sobre lo que habían sentido y vivido cuando reconocieron sus verdaderos amores, también lo que compartieron con papá tanto en el colegio como después de graduarse enamorado de mamá, pero ninguno de los tres intentó conquistar a una muggle.

Hermione nos enseñó a Ron y a mí durante la guerra a desenvolvernos entre los muggles, pues mi vivencia con los Dursley no era de ayuda ya que siempre me aislaron 'para que nadie se diese cuenta de mi anormalidad'". Suspiró mentalmente al pensar en ellos. "No los quería porque ellos siempre me trataron mal, pero tampoco deseé nunca que muriesen de la forma tan cruel en que fueron asesinados durante la guerra". Frunció el ceño y con dificultad se contuvo de denegar.

"No había vuelto a pensar en ellos desde que ocurrió aquello, a pesar de tener que desenvolverme entre muggles por el entrenamiento que tenemos en la Academia bajo la tutela de Stevenson". Este auror lo había tomado en su grupo por órdenes de Robards, siendo muy feliz por ello pues a Hermione y a él no les había tenido que enseñar nada.

Pero ahora que quería conquistar a una chica muggle todo lo que sabía sobre ese mundo le parecía insuficiente. Por eso había recordado su vivencia con los Dursley. "Tal vez si me hubiese acogido otra familia vinculada con mamá por sangre hubiese sabido mejor como proceder ahora, pero no es así.

Sé como comprar cosas en el mundo muggle, vestirme como ellos, hacer las preguntas adecuadas en el momento preciso, desenvolverme bien con las máquinas y los equipos electrónicos de los muggles como los teléfonos celulares. De hecho me sé desenvolver con una computadora y el Internet mejor que muchos muggles. No es eso lo que me preocupa…

Está claro también que no tengo problemas en cómo tratar a una chica muggle cuando de salidas nocturnas a divertirse se trata". De hecho tenía casi tanto éxito entre ellas como entre las brujas, aunque estas últimas lo perseguían por ser héroe de guerra mientras que las primeras no conocían esa faceta de él. "Pero siendo mi intención el establecer con Katherine una relación afectiva… ¿Será suficiente lo que sé sobre muggles y mujeres para alcanzar mi objetivo?".

—Acompáñame un rato al saloncito, Harry. Me gustaría charlar contigo. —escuchó que le decía Molly, sacándolo de su abstracción. Se dio cuenta que todos habían acabado de comer y lo miraban inquisitivos.

—Claro mamá Molly. —le sonrió, notando que sus tres acompañantes se destensaban.

Siempre había sido así desde que él regresase por primera vez a La Madriguera, luego que sufriese su transformación de el niño que vivió a el guerrero que venció. Esta había sido primero instintiva y luego totalmente voluntaria, intensa y completa, una vez que consiguió dominar totalmente no sólo la Occlumancia sino también sus barreras mentales y afectivas.

Sabía que quienes le querían simplemente por ser Harry Potter habían esperado y deseado que él saliese de su aislamiento afectivo una vez vencido Voldemort. "Pero aún no puedo hacerlo. No hasta que finiquite la última de las tareas inherentes a detener al peor de los magos de todos los tiempos. Pero de aquello no puedo hablar ni siquiera con Hermione y Ron, mis inseparables compañeros de lucha; ni con Sirius, mi padrino, hermano y amigo; ni con Remus, mi tío, consejero y confidente. No debo hacerlo hasta que esté listo para afrontar ese último desafío".

—Realmente te debe gustar mucho esa joven. —le soltó Molly apenas entraron al cuartito en el que ella tejía.

—¿Cómo supiste que estaba pensando en ella? —la interrogó Harry asombrado.

—Desde que me hablaste ayer a final de tarde de esa joven has estado como un cervatillo. —le respondió ella con una sonrisa.

—¿Como un cervatillo? —le preguntó, preocupado porque sus barreras para que nadie viese sus pensamientos y estados de ánimo estuviesen fallando.

—Tu rostro es inescrutable como lo ha sido siempre desde que se casó mi hijo mayor, aún para quienes te queremos —le dijo ella con tristeza, sonriéndole con ternura al verlo bajar la cabeza—. Pero yo tengo experiencia como madre de seis hijos varones. He visto a los tres mayores enamorarse, dos de ellos ya casados. También he visto a los tres menores seguir los consejos de Sirius y Remus al igual que a ti, mi séptimo hijo varón por afecto, porque ustedes cuatro no se han enamorado todavía. Aunque Ron está tan confundido como lo estás tú.

Harry se removió levemente en la silla, inquieto por lo último que había dicho ella. Su amigo no era precisamente la persona más segura del mundo. "¿Estará realmente Ron confundido en sus sentimientos por Hermione? Ella me correspondió al beso y… No. No puedo permitir que la duda me haga flaquear en mi decisión".

—Yo no sé como acercarme a Katy para que entienda que quiero algo serio con ella, pero sin asustarla. —le confesó finalmente.

—En realidad ya has dado los dos primeros pasos hijo, los dos más difíciles —afirmó Molly con cariño, sonriendo al ver su expresión de extrañeza y aquella mirada de inocencia que tenía años sin ver y tanto añoraba—. El primero es aceptar que estás interesado en tener con esa joven una relación seria —aseveró, ampliándose su sonrisa al verlo ruborizarse levemente—. El segundo ha sido comprender que no puedes acercarte a ella como has hecho hasta ahora, según los consejos de tus tíos, porque entonces no querrá nada serio contigo. —lo miró con dulzura al verlo sonrojarse más.

»Oye mi consejo, hijo, olvida tu máscara de frialdad con ella y háblale de corazón. No importa si es bruja o muggle, ante todo es una mujer. Nosotras vemos la sinceridad de los sentimientos en las miradas y las acciones del hombre que nos pretende. Ante todo escucha a tu corazón y olvida el usar los trucos que te enseñaron Sirius y Remus para acercarte a las chicas.

—Gracias mamá Molly. —le agradeció sinceramente el consejo, abrazándola con cariño.

Justo en ese momento los interrumpió Dobby, avisándoles que el jefe de los aurores, Gawain Robards, pedía permiso por la chimenea para visitar al señor Harry Potter en compañía del medimago del cuerpo de aurores.

El pelinegro asintió desganado, viendo de reojo la sonrisa de triunfo en el rostro de la matrona. Suspiró al comprender que su jefe las tendría difíciles en unos minutos y por lo tanto él estaría en dificultades un par de semanas.

Al medimago le tomó sólo veinte minutos examinar a Harry y dictaminarle dos días de reposo absoluto, además de ordenarle el tomar un par de pociones de aspecto desagradable y la de dormir sin soñar durante toda la semana. Después le empezó a aplicar una serie de hechizos sanadores. Al estar satisfecho con la nueva evaluación se sentó con pluma y pergamino a escribir su informe. Recomendó que el joven permaneciese en trabajo de escritorio al menos esa semana, algo a lo que el pelinegro intentó negarse pero el firme carácter del medimago no le permitió protestar demasiado. Luego se dedicó a regañarlo por no cuidarse y dejarse agotar al extremo en que se encontraba, algo que también asentó en su informe.

Cuando Robards se acercó a ellos cuarenta y cinco minutos después de haber llegado, con expresión abatida y haciendo flotar con su varita la silla mágica de una triunfal Molly Weasley, tragó saliva al ver el ceño fruncido del medimago y oír a la matrona pedirle el diagnóstico sobre el joven estudiante para auror. Hubiese querido denegar para que el medimago no hablase, pero notó que la matrona estaba muy atenta a él y asintió, autorizando que respondiese.

El medimago leyó el informe con detalle, recordándole además a su jefe que la joven Granger y el joven Macmillan también requerían reposo del trabajo de calle, al igual que el resto de estudiantes próximos a graduarse en la Academia de Aurores.

—Así será —respondió lacónicamente Robards, adelantándose rápidamente a la explosión de furia que veía surgir en el rostro de la enojada matrona—. Dígales a John Stevenson y a Nymphadora Lupin que todos los integrantes de las dos últimas promociones tienen entrenamiento en informes correctos y en investigación desde las oficinas durante esta semana.

Respiró levemente más tranquilo al ver de reojo a la mujer asentir. Se despidió con cariño y respeto de la matrona Weasley, que lo miraba satisfecha y con expresión de triunfo luego de reñirlo. Luego se dirigió a Harry Potter con tono formal aunque extrañamente condescendiente.

—Lo espero en la Sala de Reuniones de la Academia el miércoles a primera hora. Tendré una reunión con todos los miembros de su promoción sobre las actividades que desarrollarán durante las semanas que restan hasta su graduación y luego de ésta. Haga caso esta vez de la prescripción del medimago de reposo, o me veré forzado a retenerle la varita y encerrarlo en una habitación en San Mungo hasta que los medimagos le den de alta.

—Sí señor. —masculló enojado Harry por la amenaza, aunque estaba asombrado por el tono de preocupación con que el auror lo estaba tratando y mirando.

—No se preocupe por eso, joven Robards, Harry no saldrá de mi casa hasta que esté totalmente recuperado y yo me ocuparé personalmente de que tome sus pociones y guarde el reposo que le han ordenado. —aseguró con tono de reprimenda maternal Molly, mirando al pelinegro.

Harry, de no haber puesto rápidamente su máscara de frialdad nuevamente, hubiese entrecerrado levemente los ojos al oír a quien consideraba su segunda madre. Ella no seguía precisamente las instrucciones de los medimagos. Sin embargo se limitó a asentir leve y respetuosamente en dirección a ella.

Robards no sabía qué pensar ahora del joven subordinado que pronto sería auror. Lo que le había dicho la matrona sobre lo poco que sabía de lo sufrido por el trío de oro durante la guerra coincidía bastante con lo que él investigó, generándole escalofríos y pesadillas cuando vio aquellas fotografías muggles y mágicas. Pero las frías actitudes de Potter lo habían hecho dudar, creyendo que sólo había asumido esa pose para hacerse el interesante al crear un aura de misterio a su alrededor.

No concebía que aquél chico tan joven, con el que combatió hombro a hombro en la guerra, hubiese pasado por tantas cosas durante su infancia y juventud. "Si todo lo que me ha dicho la señora Weasley es cierto se ha formado solo con ayuda de sus amigos como el gran e imperturbable guerrero que conocí, tragándose mucho dolor y sufrimiento".

Él, que era huérfano desde los doce años, al menos había alcanzado a conocer unos padres amorosos. La vida había sido dura con él, siendo un Gryffindor estudioso y perseverante que había luchado mucho para llegar a ser lo que era. Había aprendido a soportar una Maldición Cruciatus y a resistirse a una Maldición Imperius, además de ser un excelente estratega y luchador. También era un experto Occlumens y Legilimens. Sabía que Hermione y Harry dominaban esas dos difíciles artes antiguas.

"Hasta ahora había creído que siempre fue un niño mimado y entrenado por quienes le rodeaban para su enfrentamiento con Voldemort, cuando fuese mayor de edad, por lo que su actitud fría la había confundido con arrogancia. Pero ahora… Ahora sí puedo comprender la gran magia que Potter invocó aquél día para destruir a Voldemort". Tragó saliva al pensar que frente a él estaba un joven que estaba vivo sólo porque su poder era mayor de lo que nadie podía prever.

Viajó a través de los polvos flú al Ministerio y allí se encerró en su despacho, casi sin saludar a nadie en su camino, ordenándole a Tom Harris que resolviese cualquier situación que se presentase pues él no estaría para nadie durante las próximas horas. Sacó de su archivo oculto con un encantamiento especial los expedientes que había recabado desde la época de la guerra sobre el trío dorado, La Orden del Fénix y el Ejército de Dumbledore, perdiéndose en aquellos pergaminos y fotografías durante horas, reordenándolos y tomando algunas notas en un pergamino aparte.

"Sí, no hay duda, todo encaja. Pero… ¿Por qué Hermione Granger y Harry Potter han querido entrar en la Academia de Aurores? Lo lógico es que hubiesen hecho lo mismo que Ron Weasley después de todo lo vivido, huir lo más posible de Mortífagos, batallas y el olor de la muerte. ¿Por qué Potter mantiene aún esa pose distante que, según la matrona Weasley, adoptó incluso con sus seres queridos para poder sobrevivir? Yo sé que eso también es cierto, pues lo he visto varias veces cuando he espiado los movimientos del chico con sus amigos".

El recuerdo del interrogatorio a un mortífago semanas atrás lo asaltó, haciéndolo fruncir el ceño. No le gustaba cuando algo como eso ocurría pues siempre presagiaba problemas.


—No me has contado cómo conociste a la joven que te tiene tan nervioso. —le dijo con suavidad Molly apenas desaparecer Robards y el medimago Snow, queriendo hacerle olvidar la amenaza del jefe de aurores al que consideraba su séptimo hijo varón.

Harry entrecerró los ojos mirándola fijamente, queriendo saber qué le había dicho a su jefe para que hubiese cambiado su actitud con él como había notado. No se atrevería jamás a utilizar la Legilimancia con ella y supuso que no le contaría voluntariamente. Denegó levemente y suspiró ante la sonrisa inocente con que le miraba, sonriéndole a su vez dejando a un lado sus máscaras con ella. Se le acercó con cuidado, se agachó frente a ella y la abrazó, dándole las gracias en silencio por haber estado siempre allí para él como una madre amorosa, respetándole su aislamiento pero no dejándolo solo jamás.

Molly correspondió al abrazo con lágrimas en los ojos, feliz no sólo por el gesto del hombre joven sino porque había podido ver una vez más en sus esmeraldas el brillo de los afectos.

Harry se separó de ella con cuidado, usando su pañuelo para secarle con cariño las lágrimas del rostro, le dio un beso en la frente y se incorporó. Se ubicó tras la silla y la guió con su varita de regreso al cuartito de tejidos mientras le empezaba a responder.

—Hace dos semanas tuvimos un fin de semana libre y salimos los Nuevos Merodeadores con Nymph, Ginny, Remus y Sirius a un pub muggle, del cual nos fuimos al rato a otro en la calle Phoenix. Este último es el más famoso y concurrido actualmente en Londres. Allí Dean es amigo del dueño y también del que sirve los tragos, así que estamos seguros de poder disfrutar sin tener que estar demasiado alertas por la posibilidad que alguien nos ponga algo en las bebidas mientras bailamos.

—¿Tan peligroso es eso en esos sitios muggles nocturnos? —le preguntó preocupada Molly.

—Sí, al igual que en varios mágicos. Muchos chicos han resultado seriamente intoxicados e incluso han llegado a morir porque les mezclan en las bebidas pastillas o pociones, en varios casos sin que los que bebían aquello lo supiesen. Lo primero que nos advirtieron Remus y Sirius a todos, incluido Dean, es que si nos levantamos a bailar al regresar a la mesa descartemos las bebidas y pidamos algo en vasos nuevos, así como siempre hablar con el que sirva los tragos con algunos billetes… dinero muggle por delante para evitar "sorpresas".

—Me alegra muchísimo que ellos dos los cuiden tanto a todos. —afirmó con tono preocupado y agradecido Molly.

—Ese sábado en la noche conocimos a Katherine Stewart, Nataly Harvey y Jonathan Medawar. Katy es de piel morena clara, pelo negro y ojos azules, estatura media y buen cuerpo, mirada profunda y penetrante. No nos dijo mucho de si misma esa noche, a diferencia de su amiga, pero yo he averiguado que es detective… policía… mmm… auror para los muggles. Naty es blanca, de pelo rubio y ojos verdes claros, estudia para médico… mmm… medimaga para los muggles. Jonathan es de pelo y ojos castaños, piel trigueña clara, alto, estudia para médico con Nataly.

Molly tenía una sonrisa pícara en su rostro viendo al joven pelinegro contándole aquello con la mirada perdida.

—Generalmente las chicas que van a esos sitios quieren no sólo bailar, beber algo y charlar sino que también buscan… mmm… —se ruborizó levemente, incómodo por hablar de aquello con ella, pero tenía que hacerlo si quería su ayuda.

—Ellas van en busca de pareja. —lo ayudó Molly con una suave sonrisa.

—No, no exactamente. Ellas… —se detuvo incómodo. "¡Rayos! ¿Por qué tiene que ser tan difícil? ¿Si mamá estuviese viva se me haría tan difícil? Sí, estoy seguro que sí"—. Ellas buscan generalmente compañía masculina para la noche.

La matrona se atoró con su propia saliva, mirando con los ojos desorbitados al joven.

—Sí, mamá Molly, las cosas son así actualmente. Es cierto que los Nuevos Merodeadores seguimos los consejos de los Merodeadores, pero… bueno… La mayoría de las chicas hoy en día facilitan el "arte de la cacería", lo cual muchas veces es decepcionante aunque como hombres disfrutemos los resultados. Algunas veces se nos acercan unas chicas que apenas si han dejado de ser niñas. Es muy triste el pensar que tienen hermanos y padres que no las aconsejan al respecto.

—¿En qué estarán pensando las madres de esas chicas cuando no hablan con ellas? —gruñó enojada Molly—. Yo hablé con Ginny cuando cumplió los trece años y aproveché que Hermione estaba aquí para que escuchase, aunque ella me dijo que su mamá ya le había hablado al respecto.

—No todas las muggles ni todas las brujas son así, mamá Molly, pero sí la gran mayoría. —le replicó con expresión apesadumbrada Harry.

—Tengo la impresión que la joven rubia tal vez es así, pero la morena que te gusta no. —afirmó la matrona mirándolo inquisitivamente, sonriendo al verlo sonrojarse de nuevo con una chispa de ilusión en la mirada.

—No, ninguna de las dos es así. Naty es extrovertida y un poco inocente para algunas cosas. Le gusta salir y divertirse pero no va buscando pareja. Katy es bastante seria y de carácter fuerte, muy cautelosa y temeraria, aunque cuando se tranquiliza sobre las personas que la rodean es alegre. La mayoría de las veces va a esos sitios a acompañar a su mejor amiga en plan de hermana mayor, lo que no le agrada mucho a Naty.

Molly sonrió ampliamente. Empezaba a entender lo que él había visto en aquella muggle. Esa joven lo tenía cautivado, eso era evidente.

—Esa noche se habían acercado a nuestro grupo apenas llegamos al primer pub unas trillizas rubias y una morena, las cuatro un poco… —Se puso rojo como un tomate al recordar el apuro en que lo habían puesto. "De no ser por Ron y los gemelos… No quiero ni imaginarme lo que habría pasado, las creo capaces de cualquier cosa"—. Lo cierto es que nos fuimos de allí y llegamos al de la calle Phoenix, donde ellas dos estaban con su amigo en una mesa.

»Aparentemente habían llegado poco antes. Nosotros nos sentamos en la mesa cercana, que estaba vacía y coincidimos nuevamente en la pista de baile. Naty se quedó sola un momento porque Katy estaba bailando con Jonathan y Fred la sacó a bailar. Si hubieras visto la expresión de enojo con que la miró su amiga. Yo estaba bailando con una trigueña cerca de Katy y Jonathan, así que escuché cuando ella le ordenó a él ir de inmediato a rescatar a Naty.

—Pues, aunque Fred sea mi hijo, esa joven llevaba mucha razón en que su amiga necesitaba ser rescatada. —afirmó la matrona, sonriendo alegre al escuchar la abierta carcajada del pelinegro.

—Jonathan rápidamente fue al rescate mientras una enojada morena pasaba a mi lado rumbo a su mesa. Eso me despertó la curiosidad y le cedí mi pareja de baile a Fred para ir hacia nuestra mesa a beber algo e intentar acercarme a ella —sonrió ampliamente con expresión de niño travieso al recordarlo—. Me ubiqué de tal manera que ella me echó su trago encima al pasar corriendo cerca una pareja de jovencitos, aprovechando sus disculpas para presentarme con mi nombre muggle y que ella me dijese el suyo.

—¿Tu nombre muggle? —le preguntó desconcertada la matrona.

—Para evitarnos problemas como aurores, todos los de la Academia hemos establecido como norma que cuando nos movemos en el mundo muggle nos llamamos por nuestros segundos nombres y apellidos. A nuestros compañeros de salida les ha parecido buena idea y siempre nos desenvolvemos así. Yo soy James Evans para Katy, Naty, Jonathan y cualquier muggle.

—Esa es una excelente idea, así nadie te relacionará nunca tampoco con el chico que esos muggles odiosos tuvieron en su casa —comentó Molly pensativa, arrepintiéndose un segundo después de haber insinuado a los Dursley en su conversación al ver las esmeraldas de su acompañante llenarse de una mezcla de emociones y luego pasar a ser dos piedras verdes opacas, sin ningún brillo. De inmediato buscó la manera de regresar a la charla anterior—. ¿La morena no se dio cuenta que le habías tendido una trampa?

—Sí, y me lo hizo saber también —le respondió Harry con una sonrisa traviesa en su rostro, sus ojos brillando de nuevo—. Con una suave sonrisa y voz dulce me dijo, casi sin detenerse a respirar:

Lamento mucho haber derramado mi trago sobre tu persona, pero fue inevitable que perdiese mi bebida cuando te ubicaste para que yo tropezara contigo. Mi nombre es Katherine Stewart, no vengo buscando pareja y no soy blanco de cacería de ningún tonto. Te aconsejo que tú y tus amigos no se metan conmigo y mis amigos o lo podrían llegar a lamentar.

—Así que el cazador se encontró con una presa que no quería participar en la cacería —Molly no pudo evitar reírse levemente mientras le decía esto—. ¿Qué le respondiste?

—Mi respuesta fue:

Mi nombre es James Evans, yo he venido a pasar un rato agradable bailando y charlando si consigo a alguien que le guste conversar. ¿Quieres bailar conmigo o charlar?

»Aunque creo que se tardó unos minutos mientras mi mente asimilaba lo que me había dicho —le contó Harry sonriente—. Ella me preguntó:

¿De qué podríamos charlar tú y yo?

»Cuando le respondí que sus amigos deberían botar los tragos que estaban sobre la mesa y pedir nuevos, ella detuvo el que Naty se llevaba descuidada a la boca e hizo lo que yo le había dicho. Luego de pedir una ronda nueva para las dos mesas con el amigo de Dean hablamos sobre aquello, se nos unieron Ginny y Sirius que se sentaron a descansar de bailar. Luego de un rato Nymph y Remus se quedaron a cuidar de tus tres chicos y sus parejas, mientras Ginny y Sirius me acompañaban a un local cercano para invitar a nuestros nuevos amigos a comer.

—Me imagino que no te hizo gracia la compañía de ellos dos por tu expresión. —le dijo con tono de regaño contenido la matrona.

—Fue difícil convencer a Katy que no teníamos malas intenciones y a Sirius que ellos tres no eran Mortífagos encubiertos, todo sin que el uno descubriera lo que le decía al otro —se justificó Harry—. Nunca pensé que tendría que usar toda mi agilidad mental y estrategias sólo para salir de un pub a un sitio de comida rápida y disfrutar un rato con una chica con cerebro despierto. —se quejó con tono lastimero, recordando que el dolor de cabeza le había durado un rato largo.

—Ésa es una definición interesante, "una chica con cerebro despierto" —simuló las comillas con sus manos—. Asumo entonces que te gusta alguien con quien poder hablar.

—Fred y George dicen que Hermione nos ocasionó esa enfermedad incurable a Ron y a mí, por ser nuestra amiga desde nuestro primer año la chica más lista que ha pisado Hogwarts en mucho tiempo —le respondió con una sonrisa el pelinegro, ampliándose aún más al ver a la matrona denegar y murmurar algo como "no sé qué hice mal con ese par"—. No sé si tengan razón en eso, pero lo cierto es que me encanta poder conversar con la chica con quien estoy, lo cual es un poco difícil hoy en día. Pero Katy es distinta. Ella es muy inteligente e intuitiva. Fue bastante precavida en lo que nos decía y se podría decir que estaba tan atenta a todo lo que ocurría a nuestro alrededor, de forma bien disimulada, que parecía un auror entrenado por Moody.

—Así que por eso la investigaste —afirmó la matrona, sonriendo al verlo asentir apenado—. ¿Y qué conseguiste?

—Es detective de muy alto rango, inteligente y ágil, hábil con sus armas muggles como el mejor auror con una varita, de muy alta estima entre sus compañeros y jefes. Su papá es de Irlanda del Norte y su mamá de Gales. Hace dos años estuvo a punto de casarse, pero asesinaron al novio una semana antes. Su hermana menor estudia en Italia algo sobre Arte Moderno y su hermano en Grecia algo sobre Lenguas Muertas. Le gustan las pizzas siempre y cuando no tengan pimientos, anchoas, salami ni aceitunas. Le encantan las gaseosas de frutilla pues le recuerdan su niñez, así como también el jugo de naranja y el de melón. También le gustan mucho los helados. Es buena cocinera pero por su trabajo casi no tiene tiempo de comer en casa. Cuando logra estar allí prepara unos platillos muy buenos según pude averiguar.

Harry enumeró todo aquello con una sonrisa tonta en el rostro y la mirada perdida, el recuerdo de la apuesta que habían cruzado flotando en su mente. Hizo trampa y lo sabía. Ella no podría averiguar nada de él mientras que él sabía todo sobre ella, incluso… Frunció el ceño pensativo, suspirando luego de decidirse a contarle a la matrona Weasley.

—Durante la primera guerra contra Voldemort ella intentó proteger a su mamá embarazada de su hermanito durante un ataque, mientras el padre estaba inconsciente en el piso. Pero ella era muy pequeña, tan solo tenía dos añitos. Alguien los ayudó y los desmemorizó, sólo que hubo algún problema con ella y al parecer quedó recordando algo. Por lo menos eso dice el informe al que logré acceder, pero… —Se detuvo a mirar a la matrona con expresión culpable al notar la forma en que ella lo interrogaba con sus ojos clavados en él.

—¿Cómo lograste acceder a ese informe del cuerpo de seguridad mágica? —le preguntó con aire acusador la matrona, denegando al verlo bajar la cabeza—. ¿Dices que ella recuerda algo? —le preguntó con la intención de distraerlo, aunque aún se podía oír en su voz que no estaba de acuerdo con que él hubiese obtenido ilegalmente aquél informe.

—No logré leer completo el informe, pero eso fue lo que logré entender —le respondió cabizbajo y con la culpa notándose en su voz—. Quienes estuvieron allí eran mis papás, mamá Molly. —agregó luego de varios minutos de silencio.

—¿Qué? —le preguntó ella asustada y desconcertada.

—Sí. Mamá estaba en los primeros meses de su embarazo y aún no se ocultaban de Voldemort mis padres. Por lo que pude entender de ese informe fueron mis papás quienes lograron ponerlos a salvo y posiblemente papá fue quien desmemorizó a Katy y su papá, mientras mamá lo hacía con la señora, que estaba muy asustada y avanzada en el embarazo. Al parecer el susto del ataque le adelantó a ella el parto, mamá la llevó por aparición al hospital muggle más cercano, papá al señor y a la entonces pequeña Katy en la escoba.

»Al llegar allí los intentaron desmemorizar, pero con la señora dando a luz fue un poco complicado. El señor no recordaba nada luego, cuando los del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas lo visitaron. Aparentemente la mamá lo confundía todo con alucinaciones por los dolores del parto. Pero con la niña nunca estuvieron seguros si papá la había hecho olvidar realmente —Se quedó unos instantes con la mirada perdida y luego se encogió de hombros—. Yo no he detectado nada raro ni en la investigación que hice de ella entre los muggles ni cuando cené con ella.

—¿Cuándo cenaste con esa joven a solas? —lo interrogó Molly rápidamente.

—¿Cómo sabes que cené con Katy a solas? —le devolvió Harry asombrado.

—Por la forma en que lo dijiste y no me evadas. ¿Cuándo? Dices que la conociste hace dos semanas, el siguiente fin de semana estuvieron en prácticas especiales por lo que me dijo Robards y se supone que desde el viernes has estado de reposo por lo de tu brazo —sentenció la matrona con el ceño fruncido, entrecerrando los ojos al verlo bajar la cabeza—. El sábado en la noche sé que estuviste en cama aunque me hayan dicho mil mentiras y anoche estuviste aquí, así que sólo me queda el viernes en la noche —al verlo asentir levemente, cabizbajo, como niño atrapado en una travesura, se le mezcló el enojo con la ternura—. Cuéntame con lujo de detalles lo que pasó el viernes en la noche o te delato con Ginny, Hermione, Ron, Sirius y Remus.

—No mamá Molly, por favor. —le suplicó Harry.

—Empieza entonces a decirme tanto la verdad de esa herida como lo que hiciste el viernes en la noche. —sentenció Molly enérgica.

Harry la miró con expresión suplicante, bajando la cabeza de nuevo al ver la firmeza de su amenaza. Sabía que no tenía escapatoria posible. Comenzó explicándole lo ocurrido el viernes en la Academia, suavizándole todo lo posible lo referente a la herida en el brazo, tragando saliva y cerrando los ojos cuando la matrona le contradijo pues le había ya sacado la verdad de la herida a Robards. Sólo que el jefe de los aurores no sabía las consecuencias en él y eso se lo tuvo que contar a quien quería como una madre, que le sacó la verdad poco a poco con preguntas certeras. Luego le contó la velada en el restaurante, cómo terminó durmiendo en el apartamento de la chica después que ella lo curase y que le había dejado un desayuno preparado a ella y la estudiante de medicina antes de huir de allí.

—Entonces le debes una disculpa por huir así de su casa y una explicación creíble sobre la herida de tu brazo —comentó Molly pensativa—. Y, aunque me parece que hiciste trampa con la apuesta, creo que te favorece el ganarla ya que podrás llevarla a una noche inolvidable. Pero antes debes hablar con ella por el aparatito ése y disculparte —le señaló el bolsillo en el que normalmente Harry tenía el teléfono celular—. Le planteas volver a verla, sólo que de día, en un sitio público y que sea bonito. Tienes que contarle una mentira muy cercana a la verdad para que cuando le digas sobre nuestro mundo tus razones para no decirle ahora lo real sea ésa y ninguna otra. Las relaciones de amor que perduran en el tiempo se construyen sobre la sinceridad y el respeto mutuo.

—Gracias mamá Molly —la abrazó con afecto Harry—. No sé que haría sin tu consejo.

—No tienes nada que agradecer, cariño. Bien sabes que siempre te he querido como un hijo más —le replicó ella con una cálida sonrisa—. Vamos a la cocina, quiero enseñarles a los elfos un platillo hoy. Me gustaría que tú también lo aprendieras, podría ayudarte a la hora de conquistar a la morena que tanto te gusta.

—Sí. —le sonrió muy contento el pelinegro.

Hermione, Ginny, Ron, Fred, George, Arthur, Kingsley y su esposa Amy, que estaban invitados a almorzar, vieron asombrados a un sonriente Harry charlando animadamente con Molly de la comida. Se lanzaron miradas interrogantes entre ellos, haciendo esfuerzos por disimular su asombro al ver por primera vez al pelinegro de ojos verdes sin aquella frialdad que tanto les preocupaba en él.

La primera estaba además muy triste, pues supuso acertadamente que aquello tendría que ver con una conversación entre el hombre que ella amaba y la matrona sobre esa chica, la que él le había mencionado al pelirrojo.

Ron se preocupó al notar la tristeza de la castaña pensando que, al igual que él, recordaba la época antes de la guerra en que el pelinegro había sido abierto y alegre, como en ese momento. Pero él quería que ella fuese feliz, así que se esforzó en alegrarla contándoles anécdotas sobre sus últimas prácticas de quidditch, riéndose todos con entusiasmo, sintiéndose dichoso al verla sonreír a ella, la dueña de sus sentimientos.

Estaban a punto de despedirse todos, luego de elogiar y agradecer el almuerzo, cuando Sirius y Charlie se comunicaron por medio del espejo de Harry dándoles la buena noticia que los medimagos hindúes habían sido muy receptivos con ellos, que estaban casi seguros de poder convencerles al día siguiente de ir a Inglaterra pero que si era así les tomaría al menos dos días más el ayudarles a organizarse para poder llevarlos lo antes posible a Grimmauld Place. La mayoría aplaudió feliz y felicitó a Charlie y Sirius por las buenas nuevas que estaban dando, sólo Molly denegó levemente y suspiró, dándoles finalmente las gracias a los dos por sus esfuerzos pero pidiéndoles que no se demorasen tanto lejos de casa, asegurándoles que ella estaría bien aún si esos medimagos no podían ir.

Claro que estarás bien, Molly, porque te vas a tomar todas tus pociones, guardarás reposo, disfrutarás la visita de los Charaka Sushruta y me aceptarás como yerno definitivamente —le replicó Sirius con una gran sonrisa y picardía en la mirada, pues Harry le había dado el espejo a ella para que hablase con los dos—. Cuida mucho a mi suegra, Harry. Cervatillo rugidor. —finalizó la conexión antes que Molly lo regañase.

—Lo de "Cervatillo" me imagino que es porque a tu papá le decía "Cornamenta", pero ¿por qué "rugidor"? —le preguntó la matrona a Harry queriendo aliviar la tensión que todos tenían luego de lo dicho por el atrevido pelinegro de ojos grises.

—Porque mi forma animaga es una pantera negra de ojos verdes. —le respondió Harry luego de dudar por un momento.

—Así que eres un animago no registrado. —afirmó Kingsley girándose a mirar interrogante a la castaña y el menor de los pelirrojos.

—Culpable. Un león de pelaje rojizo. —declaró Ron.

—Culpable también. Una zorrilla de pelaje castaño claro. —se confesó Hermione.

—Comprendo que no se declarasen ante el Ministerio durante la guerra, pero no el porqué no lo hicieron luego que terminó todo. —les dijo Kingsley con sus brazos cruzados al frente en espera de una explicación satisfactoria.

—Yo les pedí a Hermione y Ron que no lo hiciesen aún hasta que terminemos con algo que está pendiente desde entonces. —rompió el pesado silencio Harry, de nuevo con sus barreras y su Occlumancia arriba.

—¿Qué tienes pendiente, Harry? —le preguntó preocupado el hombre moreno.

—En verdad lo lamento mucho, señor Ministro, pero esa es una pregunta que no le puedo responder. —le replicó muy serio el pelinegro con la frialdad posada en sus esmeraldas.

—No te lo estoy preguntando como Ministro sino como Kingsley, miembro de La Orden del Fénix y tu amigo incondicional. —le aclaró aún más preocupado el hombre moreno.

—Lo siento Kingsley, pero ni siquiera a ellos dos he podido decírselos —le respondió Harry señalando a sus dos mejores amigos—. Si yo hubiese muerto al matar a Voldemort aquello habría terminado allí, pero no fue así. Tengo que profundizar en mi investigación antes de poder hablar de eso con alguien.

—¿Sabes que cuentas con nosotros para lo que necesites? —le preguntó el hombre con su voz profunda, suspirando al verlo asentir—. Entonces sólo los que estamos aquí y aquellos a quienes quieras revelarles esto lo sabrán. Nadie te presionará para que le digas nada y estaremos listos para ayudarte cuando llegue el momento. —aseveró con seguridad, siendo seguidas sus palabras por un asentimiento de todos.

—Gracias. —aceptó Harry. Sabía que ninguno de ellos lo traicionaría.

—Nosotros debemos irnos ya, Molly —se despidió Kingsley respetuosamente de ella—. Por favor reposa y tómate todas las pociones de la tarde como hiciste con las que te tocaban con el almuerzo. Una cosa más. Ya he hablado con el Ministro de la India y si esos medimagos acceden a venir los dos ministerios los apoyaremos en todo lo necesario para sus investigaciones, ya que las consideramos de suma importancia para nuestros pueblos, así que no te quiero volver a oír protestar por su venida.

—Está bien. —aceptó como niña regañada, apenas recuperarse de la sorpresa que le produjeron sus palabras.

Luego de quedar solos Harry subió a Molly a su cuarto y la ayudó a movilizarse hasta la cama, en la medida que ella se lo permitió para que no se lastimase el brazo. Después bajó a la habitación en que se quedaba en la casa y se recostó en el espaldar de la cama con la intención de leer un rato. Se quedó dormido a los pocos minutos, bastante agotado por las últimas semanas de trabajo intenso. Dos horas más tarde, cuando despertó, salió asustado de su cuarto rumbo al de Molly que lo recibió sonriendo con alegría. Eso lo hizo entrecerrar los ojos sospechando de una trampa de la matrona.

—Lo siento mucho hijo, pero debes descansar y no quería que te me escaparas mientras yo dormía mi siesta. —le confesó con una sonrisa.

—¡Mamá Molly! —exclamó el pelinegro exasperado. Suspirando y denegando al oír su defensa subsiguiente.

—Perdóname Harry, por favor. Sólo quiero ver que te recuperas a mi lado, como sucedía siempre que lograba que vinieses a terminar tus vacaciones escolares en mi casa.

—Yo me voy a cuidar y no me escaparé mientras reposas, mamá Molly, pero no me vuelvas a dar poción para dormir en el día, por favor. Si ocurriese algo y yo no te pudiese proteger me moriría de dolor.

—Nada ocurrirá, hijo, los dos estaremos bien. Winky y Dobby siempre cuidan que todo esté bien mientras duermo —Al ver al pelinegro fruncir el ceño suspiró y accedió—. Igual te prometo que desde ahora no te haré tomar ninguna poción aparte de las que te prescribió el medimago que trajo Robards con él.

Harry suspiró y asintió, bajando con ella al cuarto de tejidos. No tuvieron oportunidad de hablar ya que a los pocos minutos se les unieron Ron y Arthur. El primero había terminado temprano con su práctica y el segundo tenía un horario bastante flexible en el Ministerio, debido a la salud de Molly tanto como a su buen desempeño, pues sus subordinados le entendían muy bien y cumplían su trabajo con eficacia.

El pelinegro aprovechó que la matrona distrajo a los dos pelirrojos, después de mirar el bolsillo en que él guardaba su celular significativamente, y se escabulló hacia la biblioteca para desde allí llamar a la morena.

¿Hola? —preguntó Katherine intrigada al no reconocer el número, pues había hablado con su tío y con el agente encubierto poco antes, los únicos con teléfonos variantes con quienes se suponía hablaría en cualquier momento.

—Hola. Soy James Evans. —se identificó Harry con tono suave.

¿James Evans? ¿Quién es James Evans? ¿Acaso eres un fantasma que viene y va que conocí hace poco? —lo interrogó con tono sarcástico y enojado.

—Katherine, por favor perdóname —le suplicó Harry—. ¿Podríamos vernos para disculparme y explicarme?

Lo siento, señor fantasma, pero tengo trabajo todas las noches esta semana. —le replicó ella mordaz.

—Podríamos vernos mañana al mediodía en el restaurante cerca de tu oficina —insistió en tono suave y zalamero—. Por favor. —añadió en tono de súplica.

No sabía que los fantasmas apareciesen de día. —replicó ella enojada todavía.

—No te lo puedo explicar por teléfono, Katy, pero no podía quedarme. Estoy muy interesado en hablar contigo. Por favor.

Te podría traer problemas hablar conmigo. Lo sabes, ¿verdad? —le preguntó en tono serio y preocupado.

—No tienes idea cuántos problemas me puede traer pero aún así quiero y necesito hablar contigo. —le dijo con serenidad y seriedad.

Después de tres minutos de tenso silencio se escuchó la voz reposada de ella, cuando ya Harry estaba a punto de colapsar.

—Espérame en el restaurante del Mall donde nos vimos la otra noche, en una de las mesitas del fondo. Yo estaré ahí entre la una y las dos de la tarde. Si no llego vete, yo te ubicaré.

Harry escuchó desconcertado como ella cortaba la llamada sin darle tiempo a replicar. Parpadeó varias veces mientras su cerebro procesaba lo ocurrido posándose seguidamente en su rostro una sonrisa de triunfo con una ligera sombra de extrañeza. "Ha aceptado verme mañana, pero… ¿Qué está pensando ella de mí?".

De pronto se puso serio y frunció el ceño. "El no conseguir información mía, la herida de mi brazo, mi brusca desaparición sin explicaciones, ha dicho 'Te podría traer problemas hablar conmigo', la cita tan extraña que me ha dado… Claro, ella está pensando que yo…". Por un momento se sintió enojado, pero seguidamente una expresión traviesa se instaló en su rostro. Hasta un poco antes no sabía qué y cómo explicarle, pero con lo que le había dicho aquella noche y las sospechas de ella… Una risita traviesa se escapó de sus labios.

Se mantendría en lo que le había dicho, pues esa era una versión muggle bastante cercana a la verdad, sólo que le hablaría sobre su "período de formación como especialista en su área" y de su "problemático jefe en cuanto a su desenvolvimiento cuando no estaba cumpliendo con su trabajo", le diría sobre su problema de salud serio con la herida, su recaída, el cuidado al que lo sometió su amiga y el reposo obligatorio dictaminado por el "médico" de su unidad.

Todo muy cercano a la realidad, pero que al no poder constatarlo la chica la haría afianzarse en sus teorías e investigaciones sobre él, acercándose más "para averiguar de primera mano", lo que le permitiría enamorarla y enamorarse durante esa semana antes de ganar la apuesta y regalarle una noche inolvidable.

Arthur y Ron lo miraron desconcertados cuando regresó junto a los otros, mientras Molly sonrió contenta. La expresión radiante del pelinegro de ojos esmeraldas hubiese iluminado la estancia aunque todas las velas estuviesen apagadas. La matrona los distrajo a todos con "sus nervios sobre lo que decidirían los medimagos al día siguiente", excusa poco creíble por su expresión alegre pero ninguno la contradijo.

Ginny llegó poco después y le dio las pociones a su mamá. Todos se fueron a dormir después de charlar un rato con Jessica, que había ido de visita con su pequeña Juliette, al igual que Fleur y Bill con Charlotte y Jacques. El día siguiente sería muy importante para los Weasley y, aunque sólo él lo supiese en ese momento entre los habitantes de esa casa, también para Harry Potter.

A la hora del desayuno se comunicaron Charlie y Sirius por medio del espejo de Ginny, interrumpiéndose mutuamente cada tres palabras de tan nerviosos y dichosos que estaban. Los medimagos irían a Londres en sólo una semana, pues no sólo estaban muy interesados en el caso sino que la coordinación entre los Ministerios les había facilitado el papeleo que en otro caso hubiese sido muy engorroso al tener cinco niños pequeños.

Molly intentó preguntar por el costo del traslado pero las miradas amenazantes de sus compañeros de mesa y el pequeño rugido similar al de un dragón de su segundo hijo la hizo desistir, enojándola.

Suspiró al oír bromear a Sirius sobre el problema de trasladar un Occamy como mascota de los niños para que no extrañasen su país y al pelirrojo responderle que los llevaría a ver a los dragones para distraerlos y así no tendrían que pedir los permisos para llevar la criatura. Fred y George sugirieron que igual la llevasen para "investigar posibles usos mágicos de los huevos", lo que les valió de inmediato una reprimenda de Molly que fue cortada por la risa de todos. Comprendió de las expresiones de los gemelos que sólo bromeaban, por lo que suspiró y denegó.

Charlie preguntó por Jessica, soportando las burlas de su acompañante y sus hermanos, respondiéndole finalmente Molly.

Una hora más tarde se quedaban solos en casa Harry y Molly, contándole el pelinegro a quien quería como una madre que al mediodía se vería con la morena. Le entregó el espejo, le enseñó a comunicarse con él y le prometió varias veces que no haría ningún esfuerzo ni físico ni mágico, que se trasladaría al modo muggle pero que llevaría su varita a mano, que en caso de conseguir algo sospechoso no actuaría sino que daría aviso y que volvería a Grimmauld de inmediato.

También le tuvo que prometer que no se burlaría de la chica, que sólo le ocultaría lo referente a la magia y que, en caso de comprender en algún momento que no estaba realmente interesado en ella, se lo haría saber con sutileza para no crearle falsas esperanzas.

Harry finalmente pudo salir de la mansión, vestido totalmente como muggle, con botas de cuero altas, un pantalón negro, camisa blanca y chaqueta negra gruesa, bien abrigada, que decía al frente en letras verde esmeralda "The New Marauders" y en la parte posterior en el mismo tono "Sleeping Dragon". Caminó hasta King's Cross y allí tomó un taxi hacia su punto de encuentro, con su fría máscara de indiferencia a todo y su Occlumancia arriba, con todos sus sentidos alertas y su varita en el aditamento especial en el cinturón en el que la ocultaba de miradas indiscretas pero del cual era muy sencillo extraerla con agilidad.

Llegó sin contratiempos al restaurante en el Mall, en Saint James, le pagó al taxista y se internó en el local, ubicándose en una de las mesas del fondo como le había indicado la detective. Vio extrañado que el propio dueño del lugar lo atendía pero su máscara de frialdad no permitió que el buen hombre percibiese nada. Pidió un café capuchino para entrar en calor y esperar a su acompañante, aumentando su desconcierto cuando el hombre le ofreció cigarros lo cual rechazó de forma amable, aceptando en cambio pastelitos como entremés para esperar a su acompañante.

Al quedarse solo no pudo evitar que una parte de su mente divagara hacia el recuerdo de las noches en que Hermione, Ron y él tuvieron que fumar de las cajetillas de cigarros que les regaló aquél muggle de barba cerrada, como agradecimiento por salvarle la vida. El desconocido les enseñó a hacerlo, venciendo la resistencia de la castaña al explicarles que los ayudaría a desahogar su ansiedad y olvidarse temporalmente de la falta de alimentos. Les advirtió que no los fumasen muy seguido para evitar volverse adictos, pues podían llegar a enfermar gravemente de los pulmones.

Sólo fumaron durante aquellos tres días de terribles nevadas, prisioneros en aquella cueva por la cercanía de los gigantes, sin poder desaparecer para no alertar los detectores de magia de los Mortífagos que los perseguían, además del escudo anti aparición y la presencia del muggle. Una vez que sus mortales enemigos los consideraron muertos por el frío y la falta de alimentos, se alejaron y quitaron el escudo, pudieron desaparecer rumbo a un bosque conocido con su acompañante, a quien la castaña desmemorizó de manera precisa luego de comer.

El mal genio de Ron desapareció una vez que pudieron alimentarse, al igual que la irritabilidad de la castaña y se atenuó su dolor de cabeza. Sólo un par de veces más fumaron cigarrillos durante la guerra, en condiciones graves, pero nunca más lo repitieron luego de la batalla final. No les había agradado la experiencia y la castaña tenía un mal recuerdo de un tío fumador muy enfermo de su sistema respiratorio, que falleció mientras ella estudiaba segundo año en el colegio. Ron comentó que era muchísimo mejor disfrutar de una buena comida y él que el volar en su escoba era mejor remedio para sus nervios, haciendo sonreír feliz a la castaña.

La entrada de tres hombres al lugar lo hizo tensarse, aunque no lo demostrara, tranquilizándose al ver que le pedían comida al mesero sin siquiera mirar la carta, con la normalidad que da el ser cliente asiduo de un lugar. Leyéndole los labios a uno de ellos, habilidad aprendida durante la guerra, comprendió que era una reunión de negocios. Poco a poco el lugar se fue llenando de personas, casi todos de vestimenta muggle ejecutiva y un grupito de estudiantes universitarios. Mientras tanto él comía su aperitivo muy atento a todo cuanto le rodeaba. Tenía la sensación que alguien lo observaba desde lejos y eso no le agradaba, aunque no percibía una amenaza en eso y esto le extrañaba.

Cuando su reloj señaló las dos y media de la tarde en punto suspiró, llamó al dueño para pedir la cuenta y retirarse, no habiendo ya más nadie en el lugar. Estaba muy atento a lo que ocurría fuera del local desde que llegó, por lo que notó que el auto aparcado en la acera opuesta a la del local se desplazaba para ubicarse casi al frente del mismo. Frunció el ceño. No le gustaba nada aquello. Tampoco que el pequeño chivatoscopio en el bolsillo interno derecho de su chaqueta hubiese empezado a emitir un leve zumbido.

—Su celular, señor. —le indicó servicial el hombre de bigote y aspecto bonachón.

—Cierre de inmediato en lo que yo salga y no vuelva a abrir pase lo que pase. —le respondió Harry en voz baja mientras le entregaba unas cuantas libras esterlinas que estaba seguro cubrían el monto de lo consumido y un poco más.

Harry supo que habían problemas y apreciaba al dueño, que siempre fue atento con él desde que empezó a ir allí, tanto por medio de sus empleados como personalmente ese día. Lo había investigado tiempo atrás y sabía que una familia lo esperaba a sólo dos cuadras de allí. Se levantó y se dirigió presuroso a la salida, sintiendo los pasos del buen hombre tras él, nerviosos. "¿Sabría acaso Katy que ocurriría esto y por eso me había dicho que me fuese de aquí media hora antes?". Esperaba poder averiguarlo luego.

Todo se desarrolló muy rápido apenas salió del local y el hombre cerró, ayudándolo Harry a bajar la reja. Se vio obligado a alejarse rápidamente al oír los primeros disparos, por lo que apenas tuvo oportunidad de ver que el padre de familia había logrado cerrar la puerta de vidrios blindados y correr dentro del local.

Con la habilidad adquirida en la guerra para escabullirse, sabiendo en carne propia lo dolorosa que era una herida provocada por un arma de fuego muggle, logró ponerse a salvo en el parque cercano escondido tras unos árboles, agitado.

Estaba totalmente alerta. Además del enfrentamiento entre los policías y los hombres que, ahora sabía, acechaban el local vecino al que él se encontraba poco antes, también percibía que había estado muy cerca de alguien que usaba con asiduidad magia oscura. No sólo por el chivatoscopio que había tenido que silenciar con un hechizo no verbal, su varita en su mano derecha ahora oculta en un bolsillo de su chaqueta, sino por aquella capacidad suya para detectar la magia de cualquier persona que estuviese a menos de un kilómetro de él, la cual se había presentado con su mayoría de edad y afinado durante la guerra.

Aquél hombre lo había seguido de cerca, seguramente buscando el mejor momento para atacarlo pues estaba casi seguro lo habría reconocido. Recordó todas las promesas hechas a la mujer que lo quería y cuidaba como una madre, mirando alrededor en búsqueda de un sitio seguro desde el cual desaparecer.

Vio con horror que un hombre le apuntaba por la espalda a la morena que él había estado esperando durante horas en el restaurante. Sólo tenía segundos para decidir qué hacer, pues sabía que si intervenía la salvaría a ella pero sería un blanco seguro de su perseguidor.

Decidido se arrojó en dirección del atacante de la chica, haciéndolo girar durante la caída. Al hacerlo así lo usó de escudo contra el mortífago que le lanzó una maldición quemante, la cual se cruzó en el aire con una bala disparada del arma del hombre que intentaba inmovilizar además de alcanzar el arma. La explosión de la pólvora dejó temporalmente ciego y sordo al atacante muggle, además de quemar levemente sus manos pues por instinto la arrojó al ver algo rojo avanzar hacia él. Harry logró conservar su visión porque cerró los ojos a tiempo, pero no podía oír tampoco.

Cuando abrió de nuevo sus ojos vio a través de la humareda al mortífago acercarse, hacer un movimiento evasivo rápido hacia la derecha y desaparecer. Eso lo hizo guardar rápido la varita en su cinturón. Lo siguiente que supo era que tenía una pistola en su sien y otra frente a él, Katherine y un hombre le preguntaban algo que él no podía oír, pero de lo ocurrido y al leerle los labios al que estaba junto a la morena entendió algo.

—No puedo oírles —casi gritó sin saberlo, aún atontado y sordo por la explosión del arma de largo alcance del hombre que sostenía—. Lo hice caer para que no activase el arma, pero mientras lo hacía algo pasó… Una explosión.

Katherine le indicó por señas que soltase al hombre y retrocediera, a lo que él obedeció en seguida. Se mareó al moverse, teniendo que cerrar los ojos y respirar profundamente para estabilizarse. Ella mientras tanto le puso las esposas al hombre, con expresión fastidiada al escucharlo quejarse de que no veía ni oía nada y que lo dejase en paz.

Harry se sobresaltó al sentir una mano en su hombro, abriendo mucho sus esmeraldas. Las entrecerró en seguida al oír unos pitidos en sus oídos, llevando sus manos a estos para taparlos. Empezaba a sentir un dolor de cabeza punzante y creciente. Sintió que alguien le separaba con cuidado las manos de los oídos y pudo escuchar una voz familiar pero un poco lejana.

—¿Puedes oírme ahora?

—Sí, aunque lejos pero sí. —le respondió a la detective que lo miraba asustada.

—¿Puedes ver bien?

—Sí, eso sí. Mis ojos estaban cerrados justo cuando el arma explotó —le respondió él, preguntándole seguidamente preocupado—: ¿Tú estás bien? ¿Alcanzaron a herirte?

—No te preocupes, yo estoy bien. —le respondió ella seria.

—Necesitamos su identificación, señor. —le pidió autoritario el detective Jerry Fleming, amigo de Katherine, ex compañero suyo y mano derecha desde que ella ascendiese como jefe de los detectives de la zona oeste de Londres.

—Seguro. —le respondió tranquilo Harry. La sacó con lentitud y cuidado del bolsillo interno izquierdo de su chaqueta e intentó entregársela, cayéndosele de las manos al marearse nuevamente. Escuchó que el hombre exclamaba:

—¡Quieto ahí!

Pero él sólo pudo apoyarse en la grama y concentrarse en su respiración con los ojos cerrados. Sintió seguidamente que lo ayudaban a recostarse boca arriba en la hierba y que el mismo hombre que un momento antes le había ordenado no moverse, le decía:

—Tranquilo. Pronto estarán aquí los paramédicos para atenderle la herida.

—¿Herida? —preguntó desconcertado, entreabriendo los ojos.

—Su brazo izquierdo sangra profusamente, señor Evans —le respondió el detective, que tenía la identificación muggle de Harry en su mano—. El que respaldaba al atacante de la detective Stewart alcanzó a herirlo mientras el atacante libre se les acercaba.

—Rayos. No lo siento porque me dio justo en el mismo lugar. —murmuró el pelinegro más para sí que para sus acompañantes. Tomó una respiración profunda y se sentó apoyándose en su brazo derecho, mientras el detective lo ayudaba pero le indicaba que no era prudente.

—Es mejor que esté recostado. Los paramédicos llegarán pronto y le darán las primeras atenciones mientras lo trasladamos al hospital.

Harry tanteó con cuidado su brazo izquierdo, mordiéndose el labio inferior. Se quitó la chaqueta con cuidado, a pesar del frío que le rodeaba y los intentos del detective por detenerle. Su ceño fruncido y su mirada inexpresiva mientras en su mente intentaba buscar una salida a la situación sin tener que usar un hechizo desmemorizante sobre ninguno de sus acompañantes, especialmente la morena. Con un pañuelo que sacó del bolsillo del pantalón se hizo un torniquete más arriba de la herida. Les dijo con voz tranquila:

—No puedo ir a ningún hospital o estaré en serios problemas. Les agradezco que quieran ayudarme y los acompañaré a donde ustedes indiquen para responder las preguntas que pueda. Pero justo ahora debo salir de aquí, con su ayuda o sin ustedes.

—Esa herida es relativamente seria y ha perdido bastante sangre. Necesita atención médica. —le replicó desconcertado el detective.

—¿Puedo llamar a una amiga y avisarle? —les preguntó Harry.

—Dígame el número. —le replicó desconfiado el detective.

Harry miró a la morena de reojo, notando que ella denegaba levemente en su dirección. Iba a darle una evasiva al hombre cuando sintió la esclava en su mano izquierda calentarse, comprendiendo que ya era tarde. Su celular repicó un par de segundos después.

—Responda. —le ordenó Jerry al ver que no lo hacía.

—Hola Jane —respondió Harry resignado, aunque su rostro inexpresivo y su tono de voz neutral no lo demostrasen—. Sí, en Saint James… Yo… —dudó por un momento, bajando levemente la cabeza al oír a la castaña reñirlo—. Me alcanzó una bala en el brazo izquierdo… Sí, pero… Lo sé, pero… ¿Cuándo…? ¿No puedes evitar que…? Jane, escúchame por favor. No pude evitarlo. Estoy herido y necesito tu ayuda de amiga, no tus regaños. Sólo evítame el problema con el jefe y… ¿Pueden cubrirme mientras resuelvo aquí?... Sí, uno… No dijo nada, sólo… ¿No es suficiente con tu regaño?… De acuerdo, dile a Molly, pero que mamá Molly no se entere. —una vez que Hermione finalizó la llamada miró a sus acompañantes que lo interrogaban con la mirada. No pudo evitar un estremecimiento por el frío sin su chaqueta y la debilidad que le había ocasionado la pérdida de sangre.

—Llevémoslo a tu coche, Jerry. —ordenó Katherine preocupada.

El aludido asintió y ayudó a Harry a incorporarse, la morena lo abrigó con la chaqueta sobre los hombros y el detective le sirvió de apoyo hasta el auto. No era un procedimiento normal y eso lo molestaba, pero había notado la familiaridad con que el hombre herido le había hablado a su amiga y su preocupación por la posibilidad que la hubiesen herido.

—Llegaron los paramédicos. —les avisó un policía desde lejos.

—No puedo aparecer en ningún informe médico, por favor —les dijo Harry en voz baja—. Molly me curará en cuanto llegue y… —cerró los ojos y se detuvo, nuevamente mareado.

Katherine y Jerry se miraron sin saber qué hacer. Era cierto que Harry había arriesgado su vida para salvarla a ella, también que era extraño que no portase ningún arma, pero ellos no debían saltarse los procedimientos regulares y su insistencia en no ser atendido médicamente… Estaba bastante mal, eso era evidente de la falta de color en su rostro desde que el detective lo había recostado en la hierba. El torniquete que se había hecho detuvo la hemorragia, pero estaba débil.

—Maggie y Laurence. —le señaló en voz baja el detective a su compañera con una cabezadita a dos paramédicos que se movilizaban entre los heridos cercanos.

—Estás de suerte, James —le dijo Katherine al pelinegro que aún estaba con los ojos cerrados, recostado en el asiento derecho delantero del auto de su amigo—. Hazles señas para que vengan aquí, Jerry, pero que todos crean que es a ti a quien atenderán.

—Enseguida. —se apresuró el detective, ahora seguro que su amiga conocía al sujeto. Se alejó levemente de los dos, apoyándose en la puerta como si él estuviese herido.

—No quiero ocasionar problemas. —intentó Harry en tono levemente más alto a un susurro.

—Debiste irte cuando te lo indiqué. —lo regañó ella en voz muy baja, aprovechando que estaban prácticamente solos.

—Quería verte. —se disculpó él, sus esmeraldas entreabiertos mirando los zafiros de ella.

—Bueno, ahora tú y yo necesitaremos que nuestros amigos nos ayuden a salir del aprieto en el que estamos, luego darles explicaciones que tú tendrás que primero darme a mí, y finalmente hablar sobre cierta apuesta —le enumeró ella con tono bajo levemente enojado. Sonrió al ver su expresión de niño regañado, alegrándose al saber que con ella desaparecía su máscara de frialdad—. Gracias por salvarme la vida. —le susurró sin que él tuviese oportunidad de responderle, pues una trigueña de pelo y ojos negros, de cuerpo menudo, le pedía que se desplazase para atenderlo, mientras su acompañante, alto, castaño y de ojos verdes claros, le daba la vuelta al auto.

—Parece que tienes pintada una diana en ese brazo, amigo —bromeó la paramédico al ver el vendaje salpicado de sangre, tomándole el pulso mientras tanto. Le lanzó una mirada preocupada a su compañero y sacó de su maletín con rapidez una jeringuilla y medicamento—. Te voy a inyectar algo que te ayudará con la fuerte descompensación que estás presentando y luego te pondré un calmante.

—Eso no es necesario. No siento la herida del brazo. —le respondió Harry en voz baja. Odiaba las inyecciones desde que era muy pequeño y le pusieron las vacunas en la escuela muggle, pero vio con extrañeza y agradecimiento que la chica lograba pincharle directo en la vena de su brazo derecho sintiendo apenas una mínima molestia.

—¿Qué es esto? —preguntó el paramédico al ver el ungüento color ocre al retirarle el vendaje.

—Medicina china —le respondió Harry automáticamente. Eran años de práctica con Hermione mintiendo sobre las pociones y ungüentos ante muggles—. No sé cómo se llama.

Los dos paramédicos denegaron con evidente enojo. Abrieron mucho los ojos luego que el paramédico retirase el ungüento, al ver la herida alargada que había empezado a cicatrizar, reabierta al ser atravesada por la bala.

—James —llegó agitada Ginny a unos metros del auto, escoltada por un policía. Éste se retiró y la dejó acercarse ante un gesto de la detective a cargo de la operación—. ¿Cómo es que te hirieron si se suponía que estabas en casa con mamá cumpliendo tu reposo?

—Esperaba reunirme a almorzar con alguien en el restaurante del Mall, pero ella no llegó y luego todo se complicó. —le respondió Harry con expresión de disculpa, cerrando fuertemente los ojos y encajando la mandíbula cuando el paramédico le removió una pequeña esquirla de la herida que le tenía presionado un nervio. Había empezado a sentir el dolor con intensidad.

—Lo siento amigo. —se disculpó de inmediato al notar el gesto y que retenía la respiración, aplicándole rápidamente un calmante local él y uno intravenoso la compañera.

—Gracias… Bracknell, gracias Dahl. —pronunció en voz baja Harry luego de ver las identificaciones bordadas en los uniformes de los paramédicos.

—La bala atravesó limpiamente pero te alcanzó una esquirla de… otro tipo, justo en la herida. —le explicó el paramédico mirando interrogante la pieza metálica que le había extraído y luego a sus amigos detectives. Entendió de sus miradas que hablarían luego, entregándoles la evidencia en una bolsita plástica cerrada.

—Lo que te dije inicialmente. Parece que tuvieses una diana pintada en ese brazo. —le dijo con una sonrisa la paramédico limpiándole el sudor del rostro.

—Sí, así parece señorita Bracknell. —le sonrió Harry agradecido.

—Dime Maggie.

—Gracias Maggie. Llámame James.

—¿Qué ponemos en el reporte? —preguntó el paramédico.

—Eso lo sabremos cuando el señor Evans nos explique porqué no quería atención médica por temor a un reporte. —dijo inquisitivo y muy serio el detective.

—No puedo aparecer en ningún reporte médico porque tendré graves problemas en mi trabajo, además que igual esos informes desaparecerán trabajando ustedes en vano. —les respondió Harry serio luego de cruzar miradas con Ginny.

—¿Es por eso que esa herida tan seria estaba cubierta con algo chino? —lo interrogó preocupado el paramédico.

—Sí, señor Dahl. —confirmó Harry, deseando poder zafarse sin tener que dar más explicaciones ni desmemorizarlos, pero cada vez lo veía más difícil.

Sabía que en caso de ser necesario Ginny lo ayudaría inicialmente y luego Hermione terminaría de encubrirlo, pero eso lo alejaría definitivamente de Katherine. Además que no quería lastimarla a ella con otra desmemorización si la primera no había sido exitosa.

—Llámame Laurence ya que voy a ayudar a encubrirte. Ven para vendarte tu brazo, Jerry, ya que supongo que tú serás el herido. Será mejor que busques la bala, Katherine. —organizó rápido la mentira que dirían.

—Gracias Laurence, Jerry, Maggie, Katherine. —les dijo con sinceridad Harry, sonriendo levemente al verlos asentir.

—¿Eres médico? —le preguntó la trigueña a la pelirroja al ver que le miraba al pelinegro la parte interior de los párpados y le examinaba luego las uñas del brazo lastimado.

—Estudiante de medicina y amiga suya. —le respondió ella.

—¿Por qué permites que usen con él esa pasta china en una herida tan seria? —le preguntó con el ceño fruncido.

—James es muy necio y su jefe un tirano —gruñó enojada la pelirroja, armando rápidamente una excusa creíble mientras le tomaba el pulso y la temperatura, preocupada por la recaída a causa de la pérdida de sangre, enojada por no poder sacar su varita y la poción rellena sangre que llevaba oculta en su maletín—. Hago lo que puedo aprendiendo además de lo que nos enseñan en el hospital medicina china, para ayudar al anciano que cura a los de su grupo, dándoles medicinas adecuadas cuando él no se da cuenta.

—Supongo que sabes que puedo reportarte por eso. —le dijo inquieta la paramédico.

—Sí, pero más que perjudicarme a mí le quitarías la atención médica que necesitan a catorce personas. ¿Lo harás? —le preguntó mirándola frontalmente.

—Llámanos a Laurence y a mí cuando necesites ayuda con cualquiera de ellos. —fue la respuesta de la trigueña, tendiéndole una pequeña tarjeta en que estaban los nombres y los números de celular de los dos.

—Gracias —le sonrió ampliamente la pelirroja—. En lo que pueda ayudarles con gusto lo haré también. —le ofreció y le entregó a su vez una pequeña tarjeta con su nombre muggle y el número del celular que usaba entre ellos.

Harry arqueó una ceja intrigado. No sabía que la menor de los Weasley estaba tan habituada a manejarse entre médicos muggles, aunque él sabía que ella cursaba materias que consideraban "extravagantes" en la escuela de medimagia.

—Aquí está la bala. —les mostró Katherine una bolsita plástica.

—Jerry está listo —reportó el paramédico—. Movamos rápido a James al asiento del copiloto, Maggie y yo debemos irnos —le dijo al detective, el cual lo ayudó de inmediato—. Toma dos cada cuatro horas. Esto te ayudará a recuperarte. Guarda reposo completo al menos durante tres horas si quieres poder levantarte mañana —le recomendó a Harry, entregándole unas tabletas—. Si lo llevaran a un hospital lo dejarían internado —le dijo a la detective para que entendiese lo delicado del estado de salud del hombre que acababa de atender—. Reposa James, te hace falta.

—Gracias. —asintió Harry, viendo de reojo a Ginny entrecerrar los ojos castaños.

—Sube al auto atrás, Jerry, usted también, Molly. He girado instrucciones para que Jeremy Mill se haga cargo mientras llevamos a estos dos testigos a presentar declaración. —les dijo Katherine con tono autoritario.

Ginny miró a Harry interrogante, denegando levemente al verlo asentir. Obedeció a la detective, sentándose en el asiento tras su amigo.

—Muy bien, ahora quiero que me empieces a decir verdades, James Evans, empezando por tu nombre real. —le dijo enojada la jefe de detectives, conduciendo el auto de su amigo fuera de la zona de seguridad.

—Mi nombre es James Evans, sólo que no lograrás conseguir nada de mí como ya te había dicho. —le respondió Harry con tono suave.

—Por el grupo con el que trabajas. Pero eso no explica que tampoco consiga información de Molly Prewett o alguno de los otros del grupo que te acompañaba en el pub hace quince días. —replicó ella.

—Sí lo explica, porque todos trabajamos indirectamente con ese grupo —le respondió Ginny ante el silencio del pelinegro acercándose hacia delante preocupada, notando que su acompañante se tensaba y le apuntaba con un arma muggle—. ¿James?

—Mareado. —musitó Harry.

Katherine de inmediato bajó la velocidad y miró rápidamente a su acompañante en el asiento delantero, frunciendo el ceño al ver que estaba con los ojos cerrados, bastante pálido y desencajado de nuevo.

—Mi apartamento. —le sugirió el detective, ayudando a la pelirroja a reclinar el asiento en que iba Harry hacia atrás.

—James, ¿comiste algo mientras esperabas? —le preguntó Ginny preocupada.

—Unos pastelitos y un café capuchino.

—¿Comiste algo después del desayuno en casa de mamá antes de venir al restaurante? —insistió la pelirroja.

—No. —le respondió en voz baja el pelinegro esperando su explosión, que no tardó en llegar.

—Te había dicho expresamente que no podías saltarte ninguna comida ni salir de casa hasta mañana. Mucho menos hacer esfuerzos físicos o… —se contuvo apenas al sentir que el detective junto a ella la retenía, recordando que estaban con dos muggles justo a tiempo.

—Calma pelirroja, él no está en condiciones de atender tu regaño. —la intentó tranquilizar Jerry mientras la sujetaba para que no golpease al pelinegro semiinconsciente. Miró de reojo a Katherine pensando que si esas dos mujeres se llegaban a hacer amigas los dejarían sordos a los dos con sus gritos.

—Pero en unas horas sabrás lo que es bueno, porque le diré a mamá…

—No, por favor. —la interrumpió Harry en tono de súplica.

—Sólo porque ella está enferma no lo haré. Pero puedes estar seguro que los demás, incluido Orión, sabrán de esto. —lo amenazó enojadísima.

Harry miró con expresión de cachorrito apaleado a la pelirroja pero supo de su mirada que no se salvaría. Cerró los ojos nuevamente, haciendo esfuerzos enormes por mantenerse consciente.

—¿James? —preguntó preocupada la detective al verlo de reojo, asustándose al no responder el pelinegro—. ¿Qué le pasa Molly?

—Perdió demasiada sangre y él ya estaba débil por lo del viernes —le respondió luego de comprobarle el pulso y la temperatura—. El sólo hecho de correr más de tres cuadras fue mucho esfuerzo para su debilitado organismo, pero la hemorragia fue lo peor. Sus amigos paramédicos lo estabilizaron, pero está mal —les explicó preocupada, sacando de su maletín la poción rellena sangre mientras pensaba cómo explicarles lo que le daría—. James, bebe esto y no te atrevas a protestar ni un poco. Tal vez ese viejo loco prepare cosas de mal sabor, pero ya hemos comprobado antes que esta cosa te ayuda bastante.

Harry entreabrió sus esmeraldas y bebió la poción con expresión de desagrado, habiéndose estacionado ya Katherine en el sótano del edificio en que vivía el detective.

—Li Tieguai se va a enojar cuando sepa que tienes contigo de su bebedizo horroroso. —le dijo Harry en tono supuestamente confidencial luego de beberla, tanto por ayudarla con la mentira que había inventado como por dejarle ver que él también podía hacer que la regañase el medimago que tanto la mimaba como su aprendiz predilecta.

—No si sabe que te ayudé con esto —le replicó ella con una sonrisa de alivio al ver que empezaba a recuperar el color del rostro y tenía ánimos para bromear—. Ya sabes que eres su consentido del grupo.

Harry asintió sonriente. El anciano medimago chino le había tomado mucho cariño desde que lo atendió en San Mungo, consintiéndole muchas veces pequeños caprichos pero regañándolo también cuando no ponía de su parte para recuperarse.

—Entonces el viernes en la noche, cuando nos vimos en el pub, sí tenían razón tus amigos en que debías estar guardando reposo y por eso terminamos la velada en mi apartamento, curándote yo ese brazo lo mejor que pude. —comentó con falsa inocencia Katherine.

—¿Saliste el viernes en la noche? —le preguntó Ginny con furia apenas contenida al pelinegro, que se incrementó al verlo cerrar los ojos y asentir levemente—. La crisis con que te conseguimos el sábado en la mañana fue por eso, ¿verdad? —masculló la pelirroja las palabras.

—Sí. —aceptó Harry cabizbajo, entrecerrando los ojos y encogiéndose en espera de la siguiente explosión Weasley.

—¿Y luego que logramos que te recuperases un poco te saltas tu reposo para verte con ella? Ja. Felicitaciones Katherine Stewart, has enamorado a James Evans eliminándole el mínimo de sentido común que le quedaba en su atrofiado cerebro. A ver cómo logras mantenerlo vivo el tiempo suficiente para que lleguen al menos a casarse. —soltó sarcásticamente la pelirroja.

Harry denegó rápidamente para que no siguiera por ahí, recordando lo que investigó sobre el novio de la morena, muerto una semana antes de la boda en un operativo. Jerry también denegó con fiereza, mientras Katherine palidecía mirando a la impulsiva pecosa que le acababa de remover muchos recuerdos y sentimientos.

—Llevemos a James a mi apartamento para que repose un poco mientras tú nos respondes algunas cosas. —le dijo el detective a la pelirroja ayudando al pelinegro a salir del auto, queriendo distraerlos a todos de lo dicho por la impulsiva joven.

Si él no estuviese tan enamorado de Kathleen Middleton tal vez le hubiese callado la boca a la impulsiva pecosa con un beso para que no lastimase a su compañera de esa manera.

Katherine los siguió en silencio mientras sepultaba de nuevo lo ocurrido aquél día y caía en cuenta de lo otro que había dicho la pelirroja, "has enamorado a James Evans". Una sonrisa se formó en su rostro, borrándola rápidamente al girarse sus tres acompañantes ya en el ascensor esperando a que ella subiese. Subió y marcó sin mirar el botón del piso correspondiente, mientras con expresión seria miraba al pelinegro y la pelirroja.

Él estaba mirándola inicialmente preocupado, esquivándole seguidamente la mirada con nerviosismo. Ella la había mirado con curiosidad y el ceño fruncido, desviando la mirada hacia él cuando notó que la observaba.

En cuanto llegaron al apartamento, compartido evidentemente por tres hombres por los distintos uniformes en la desordenada sala, Jerry ayudó a Harry a llegar a su cuarto. Lo recostó en la cama que había sido vaciada rápidamente por la detective.

—¿Cómo se llama el grupo para el que trabajan? —les soltó la morena, nuevamente en su papel de investigadora.

—AUROR. —le respondió Harry.

—¿Para qué gobierno trabajan? —siguió ella, pues no le sonaba el nombre entre los que conocía por su tío.

—Ninguno. —siguió el pelinegro.

—Tengo con quien investigar en la INTERPOL. —amenazó Katherine.

—Ni el MI5, ni el MI6, ni la CIA, ni el FBI, ni el MOSSAD, ni la CNI, ni el INTERPOL o cualquier otra agencia de investigación y espionaje internacional, tiene información de nosotros —le replicó el pelinegro—. Somos un grupo especial que nos dedicamos a frenar a un determinado tipo de terroristas que funciona a nivel internacional.

—No estabas armado hoy. —hizo la observación el detective, tan intrigado como su compañera por lo que le decía aquél hombre. Él también tenía un buen contacto y sólo Katherine era más rápida que él para averiguar sobre personajes sospechosos que no tenían perfil policiaco fácil de ubicar.

—Estoy de reposo y se suponía que sólo me vería con una amiga para disculparme por el mal rato que le hice pasar el viernes en la noche. —respondió el pelinegro con sus ojos fijos en la morena, sonriendo levemente al verla ruborizarse y sus ojos brillar.

—¿Tú trabajas en qué específicamente con ellos? —repreguntó Jerry que notó el cruce de miradas y supuso que su compañera estaba un poco… desubicada.

—Aún estoy en la parte de formación del personal que se encarga de investigar y detener a esos asesinos —le respondió Harry con cuidado—. En un par de semanas me graduaré y entraré de lleno en el cuerpo de aurores encargado de detenerlos.

—¿Y tú, Molly? —preguntó Katherine, recuperada su frialdad de detective.

—Estoy en formación como médico adjunta al grupo. —le respondió, levemente nerviosa por las preguntas que sabía seguían.

—¿Qué hay de Orión, Rómulo, Remo, Leonel, Dorea, John y Jane? —insistió la morena.

—Jane está en mi grupo, los demás están en otros y no podemos decirles más sobre AUROR. —respondió Harry serio y tenso.

—¿A qué grupo terrorista persiguen? —presionó Jerry.

—MORTÍFAGOS. —respondió con repulsión y odio Ginny.

Los dos pelirrojos y el pelinegro notaron que la morena palidecía y se le oscurecía la mirada, su expresión totalmente ida luego de oír la respuesta.

—¿Te suena ese nombre, Katherine? —le preguntó el hombre pelirrojo.

—¿Estás bien Katherine? —le preguntó preocupada la pelirroja, alarmándose al ver que no les respondía a ninguno de los dos.

—Tranquila Katy, sólo respira profundo y escucha mi voz —se le acercó con cuidado Harry, usando sin saberlo las mismas palabras y tono de voz que había usado su padre con ella mientras la mamá daba a luz—. Todo está bien, tranquila.

—Mamá necesita ayuda… —murmuró la detective antes de tambalearse mareada, siendo sujetada rápidamente por su compañero que la miraba asustadísimo.

—Tranquila —se le acercó preocupado Harry, sacando fuerzas de donde no tenía, pálido y desencajado al saber lo que había recordado—. Tú y tu familia están bien.

—¿Qué? —preguntaron a coro los dos pelirrojos, totalmente desconcertados.

Harry miraba nervioso alrededor buscando con sus ojos algo para ayudarla y al mismo tiempo con su mente cómo evadir el tema.

—La colonia, Molly. —le indicó con un gesto de cabeza.

—Excelente idea. —le replicó ella reaccionando.

Jerry lo miró con el ceño fruncido.

—El grupo ése tuvo una época de actividad fuerte hace varios años, cuando nosotros estábamos muy pequeños o no habíamos nacido aún —explicó Harry—. Desaparecieron por casi trece años y desde hace aproximadamente siete años han vuelto a reunirse. Dieron serios problemas hace tres años. El grupo AUROR logró detener a su líder pero aún quedan remanentes fuertes y peligrosos. Supuse de la reacción de Katy a su nombre que tuvo algún roce con ellos siendo una niña. —hablaba en dirección a Jerry, pero la explicación en realidad iba dirigida a la pelirroja.

Ginny frunció el ceño, comprendiendo que estaban metidos en un lío peor de lo que se había imaginado. "Desearía poder desmemorizarlos y desaparecerme con Harry, pero el que él no lo haya siquiera insinuado y les esté dando tanta información camuflada… Rayos, en verdad está interesado en esta morena. ¿Habrá separado definitivamente mi indeciso hermano menor a Hermione y Harry? Eso no es justo. Ellos se aman, mientras que Ron sólo está confundido, como ahora veo a Harry con Katherine".

—El día que nació Kenneth —confirmó la morena mirando al pelinegro de ojos verdes con asombro—. ¿Qué más averiguaste de mí?

—Desde tus abuelos hasta lo que hiciste incluso el viernes en la tarde, pasando por tus gustos, tu carácter y tu perfil psicológico. —confesó Harry cabizbajo.

—Pero eso es imposible, mi información está bloqueada por… —Se detuvo justo a tiempo de nombrar su fuente, totalmente desconcertada por lo dicho por él—. No es cierto. Estás presumiendo de algo que no sabes. —lo retó, ocultando tras supuesto enojo su miedo.

—Pregúntame lo que quieras de ti. —la desafió Harry.

Jerry lo ayudó a acomodarse parcialmente recostado en almohadones, dejándolo luego bajo el cuidado de Ginny mientras le traía un calmante a la morena. Se sentaron luego los dos a escuchar durante más de media hora desde las preguntas y respuestas más inocentes hasta las más insólitas.

—Es imposible. —balbuceó desconcertada la pelinegro luego que él le describiese con lujo de detalles lo ocurrido el día en que falleció su novio, para disgusto de Harry que intentó evadir el responderle hasta que ella lo presionó al límite.

Ginny miraba con ojos desorbitados a los dos, comprendiendo ahora porqué los dos hombres habían denegado con ferocidad ante su comentario cuando recién se estacionaban en el sótano.

Jerry había tragado saliva en varias oportunidades, sin poder creer lo que oía, pero eso en especial lo tenía boquiabierto. Él personalmente había intentado averiguar luego expedientes sobre lo ocurrido ese día y se había encontrado con: "Ese incidente no existe. El joven murió de un paro cardíaco en su casa". Fue la primera y única vez que su contacto le había fallado.

—¿Cómo…? ¿Quién…? —no lograba armar una pregunta coherente, cerró los ojos y respiró profundo, recuperando su ecuanimidad—. ¿Por qué te quedaste hoy en el restaurante hasta que se presentaron ésos?

—Ya te lo dije… Te esperaba porque… quería disculparme.

—Te había dicho que si no llegaba a las dos en punto te fueses. —le dijo contrariada.

—No quería irme… sin verte, por eso… te intenté llamar… dos veces. —le respondió cabizbajo, nuevamente mareado.

—¿Sabías lo que pasaría?

—No. —le respondió con sinceridad, mirándola desconcertado.

—El atacante independiente que se desplazaba hacia el que me apuntaba y hacia ti, desviándose al vernos a Jerry y a mí. ¿Pertenece al grupo que mencionaste?

—Posible…mente.

—¿Qué provocó la explosión del arma luego que el delincuente disparase? —inquirió Jerry.

—No… lo… sé. —respondió Harry despacio, luchando con el malestar, la debilidad de su cuerpo ganándole la partida luego de la tensión nerviosa vivida desde que empezó el tiroteo.

—¿James? —preguntó inquieta Katherine.

—Molly… y yo… debem… debemos… irn… —no lograba mantenerse despierto y alerta.

Ginny se le aproximó rápidamente y le tomó el pulso, suspirando con alivio al notar que no era irregular, notando sin embargo que de nuevo tenía fiebre alta.

—Llamaré a Jane para que nos busque en la camioneta de Orión y nos lleve con mamá —decidió la pelirroja, preocupada por él—. Ya hemos respondido sus preguntas más allá de lo permitido por nuestros superiores, pero si James no reposa la cubierta que le hemos preparado sus amigos para que no tenga problemas con su jefe no servirá —les pidió a los detectives, añadiendo al ver su indecisión—: Por favor, permítanme llevármelo. No sólo peligra su salud, también la de mamá que debe estar preocupada por James, pues lo quiere como un hijo y está de reposo en casa.

—¿Eres su novia? —le preguntó sorpresivamente Jerry.

—No, claro que no. —le respondió ella desconcertada.

—Pero lo fuiste. —aseveró el detective.

—Durante unos meses, hace un par de años, antes de yo encontrar a mi verdadero amor. —les confesó ella.

—¿Tu verdadero amor es Orión Black? —le preguntó ahora Katherine.

—Sí. —confirmó la pelirroja.

—Será mejor que le des las pastillas que le indicaron Maggie y Laurence, lo dejemos descansar un poco y luego yo mismo los llevaré —dijo muy serio Jerry, agregando al ver el intento de protesta de la pelirroja—: ¿No crees que el movilizarlo ahora será peor para su salud?

Ginny se mordió el labio inferior y asintió. Era cierto. Harry se agravaría si lo desplazaban al modo muggle a menos que usasen camilla y una ambulancia, lo cual era imposible. Estando con ellos no podían usar medios mágicos y aunque lo hiciese para luego desmemorizarlos una desaparición conjunta igual era difícil para el pelinegro en su estado.

Con ayuda del detective le hizo tomar las pastillas a un semiinconsciente pelinegro. Lo acomodaron luego en la cama los dos detectives mientras ella escondía en el sector oculto de su maletín la redoma, ahora vacía, de la poción rellena sangre. Buscó también una pastilla muggle para bajarle la fiebre, dándosela luego de pasados unos minutos. Se sentó junto a la cama a esperar como había dicho el pelirrojo, nerviosa.

—Llama a Jane y avísale dónde y con quién están. —le sugirió Katherine luego de un par de minutos, señalándole el bolsillo de la chaqueta negra en que sabía estaba el celular de James.

Ginny se sobresaltó en la silla y la miró con los ojos desorbitados. "¿Es que acaso esta muggle puede saber lo que otras personas están pensando?". Asintió rápidamente al verla arquear una ceja interrogante y buscó el celular para llamar.

—James y yo estamos con los detectives Stewart y Fleming… Justo ahora no podemos reunirnos con ustedes porque… No puedo movilizarlo, está muy débil… Sí, Jane, pero… ¡Déjame hablar! —le gritó exasperada—. James perdió mucha sangre. Ya lo he atendido pero teníamos que resolver la situación aquí y ahora él está demasiado agotado para moverlo. Esperaremos un par de horas y luego el detective Fleming nos llevará hasta la casa de mamá… Lo sé, pero tú tendrás que resolver eso… No, no pude evitarlo, ya sabes como es James… No, no estará en condiciones pero igual irá, lo sabes… Pídele a Leonel que te ayude a tranquilizar a mamá… No lo sé pero ustedes dos tendrán que inventar algo convincente, sabes que no puede angustiarse… Sí, él nos llevará… Yo estoy resolviendo aquí lo mejor que puedo, tú tendrás que ver eso… Gracias Jane.

Katherine y Jerry comprendían de lo que habían escuchado en la oportunidad anterior y ahora, cuando ellos dos habían hablado por ese celular, que "Jane" estaba intentando sacar al pelinegro y la pelirroja de su campo de acción rápidamente, probablemente no sólo por el grupo con el que trabajaban sino también para que no los investigasen.

Jerry una vez más verificó que ninguno de los dos llevase armas, notando por primera vez el palito de madera que Harry tenía oculto en el cinturón.

—¿Qué es esto? —le preguntó a la pelirroja, notando que tanto ella como su compañera miraban el objeto con rostros pálidos.

—Es un recuerdo de sus padres. Dice que si lo lleva encima es como si ellos lo protegieran. —inventó Ginny rápidamente.

—¿Una especie de amuleto? —preguntó intrigado, examinando la varita con cuidado, viendo que tenía diversas marcas y rasguños pero ninguna inscripción especial aunque se notaba pulida—. ¿Sus padres están de acuerdo en que él cargue esto para sentirlos junto a él?

—James quedó huérfano con un año de edad —le respondió la pelirroja seria—. Los tíos que lo cuidaron desde entonces no fueron precisamente cariñosos con él, así que eso que usted tiene en sus manos tiene un valor incalculable para mi amigo.

—Entiendo. Yo… Lo siento, sólo se me hizo extraño. —se disculpó él, volviendo a colocar el palito de madera en el compartimiento oculto en el cinturón del pelinegro pero ubicando la correa junto a él y verificando que no tuviese nada que le dificultase la circulación, pues sabía que era lo mejor en su estado de salud luego de haber sido herido varias veces.

—Yo debo ir a la oficina para coordinar personalmente las investigaciones —les informó Katherine seria, algunos detalles de lo ocurrido cuando era niña aflorando a su memoria aunque de manera difusa—. Jerry, en cuanto James esté mejor llámame para ir con ustedes a casa de la señora Prewett.

—Seguro. Dile a Jeremy que no celebre tanto mi ausencia, mañana a primera hora me reincorporo al trabajo. —bromeó el detective pelirrojo queriendo destensarla.

Katherine se limitó a asentir y salió del apartamento.

—Voy a asear un poco esto. —le dijo el detective a la pelirroja al mirar a su alrededor y darse cuenta del inmenso desorden existente.

—Por mí no se preocupe, estoy acostumbrada —le sonrió ella, aclarándole al ver su expresión de extrañeza—. Soy la menor de siete hermanos y la única mujer. Mamá hizo todo lo posible por evitar que sus cuartos luciesen así durante años pero fue una batalla que perdió.

—¿Tiene mucho tiempo enferma tu mamá? —le preguntó con suavidad.

—Dos años. —le respondió ella con sinceridad.

—Supongo que ahora tus seis hermanos y tú la cuidan mucho. —siguió él mientras recogía el cuarto y organizaba un poco, ruborizándose eventualmente al encontrar prendas femeninas mezcladas con su ropa, haciendo lo posible para que ella no las viese.

—Los dos mayores están casados y tienen ya familia, pero siguen muy pendientes de mis padres. El tercero murió. Los gemelos, Leonel y yo hacemos lo que está a nuestro alcance por cuidar de mis padres mientras avanzamos con nuestras vidas.

De la entonación y expresión de la pelirroja al mencionar la muerte de su hermano dedujo que no había sido por causas naturales.

—Cuando estábamos en el estacionamiento… —dudó por un momento pero decidido continuó— dijiste que tu amigo estaba enamorado de Katy. ¿Lo dijiste sólo por molestarlo o realmente crees que él lo está?

—Si no lo está, cree estarlo… o quiere estarlo. —le respondió la pelirroja con expresión ausente, mirando el rostro de su amigo que dormía intranquilo por la fiebre, moviendo los labios pero sin que se llegase a escuchar lo que murmuraba.

—¿Por qué crees que "quiere estarlo"? —le preguntó intrigado el detective, detenido totalmente en su ir y venir mirándola fijamente.

—Jane, Leonel y James han sido amigos inseparables desde que se conocieron con once años de edad —le respondió la pelirroja luego de dudar un momento, comprendiendo que el pelirrojo estaba tan preocupado por la morena como ella lo estaba por Harry—. Los dos primeros fueron pareja durante algún tiempo pero ocurrió algo que no supieron manejar y se separaron.

»James siempre estuvo junto a los dos, respetando su relación, dándoles su espacio. Cuando ellos se distanciaron Jane y James entraron al grupo de entrenamiento AUROR para enfrentamientos directos, mientras que mi hermano tomó otro camino —dudó nuevamente, miró a su amigo que por la fiebre estaba intranquilo, suspiró y siguió—. Tengo la impresión que entre ellos dos existe un sentimiento más fuerte que la amistad, pero Leonel le ha pedido una nueva oportunidad a Jane y James se está alejando de ellos un poco. No estoy segura, podría estar equivocada, de hecho la forma en que se comporta con tu compañera me ha hecho dudar, pero creo que ellos se aman y por no lastimar a Leonel han decidido distanciarse.

—Si eso es cierto Katy podría resultar lastimada. —opinó con preocupación el detective, mirando con el ceño fruncido al pelinegro.

—No. James jamás hará nada para lastimar a Katy ni a nadie. Inclusive intentó salvarle la vida al psicópata que asesinó a sus padres —comentó mientras le limpiaba con un paño húmedo el rostro al pelinegro—. Estoy segura que siente algo especial por ella por la forma en que se ha estado arriesgando hoy. Lo que no sé es si está enamorado ya de tu amiga o si está aferrándose a lo que siente por ella para alejarse de Jane definitivamente.

»Ya una vez se alejó de mí cuando comprendió que Orión y yo nos amábamos, pensando que él no… —se le murió la voz en la garganta. Había sido muy duro para ella, para él y para Sirius aquello. Lo superaron, sí, pero su recuerdo eventualmente los atormentaba—. Pero ahora no estoy segura de lo que siente. Han sido años ocultando de todos lo que piensa y siente bajo esa apariencia de frialdad e indiferencia que supongo le has notado hoy.

—Sí, lo noté. —le respondió, perforándola con sus ojos castaños.

"¿Qué es lo que ha dejado dicho a medias? ¿He entendido bien?". A cada minuto sentía más curiosidad por esos dos y el grupo al que pertenecían. Le extrañaba mucho que Katherine no hubiese logrado averiguar nada de ellos hasta ahora, aunque suponía que en la oficina no sabían ni sabrían nada de la morena ese día. Apostaría su sueldo de los próximos tres años que en ese momento tenía a su contacto buscando desde los subsuelos marinos hasta la punta más elevada del Everest información sobre ellos.

—Sólo unos niños… —murmuró Harry audiblemente en su agitación.

—Ya nadie los puede lastimar nunca más —le dijo con suavidad Ginny mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Ya no te culpes, por favor, no pudimos evitarlo.

El pelinegro dejó de agitarse y de sus párpados cerrados se escaparon unas lágrimas silenciosas que fueron enjugadas por la pelirroja con cariño.

Jerry frunció el ceño pero siguió ordenando, fingiendo que no había oído ni visto nada, de espaldas a ellos pero detallándolo todo por el espejo cercano a él. Vio que el hombre finalmente parecía tranquilizarse, entrando en una etapa de descanso más profundo. "¿Unos niños? ¿Alguien los había lastimado… hasta matarlos? ¿No pudieron evitarlo? ¿Quiénes rayos son y de qué hablan?".

—Voy a arreglar un poco allá afuera y preparar un té. ¿Cómo lo quieres?

—Si quieres yo lo preparo. —le ofreció la pelirroja.

—Oye, no soy un buen cocinero pero al menos un buen té puedo ofrecerte. —le dijo él con fingida indignación.

—Estoy segura que sí. Con azúcar por favor. —le pidió ella con una suave sonrisa, aunque en sus ojos aún brillaban las lágrimas retenidas.

—Te lo traigo en unos minutos, en cuanto ordene un poco allá afuera. —le sonrió él y salió del cuarto, borrándosele la sonrisa mientras se dirigía rápidamente a la cocina que era la parte más alejada de su habitación. Llamó a su contacto para darle los datos que tenía y pedirle que los investigase.

—¿Por qué les dijiste tanto sobre nosotros? —le cuestionó Ginny al inconsciente Harry, denegando levemente.

Se levantó con cautela de la silla, verificó que el detective no estuviese cerca, sacó su varita de su maletín y le aplicó unos hechizos sanadores a Harry, sonriendo triunfal al ver que le bajaba la fiebre y ahora estaba simplemente dormido. Guardó su varita de nuevo y se sentó junto a él más tranquila. Sabía que podía usar magia aún estando entre muggles, sin que el Ministerio se enterase, cuando Harry estaba presente y la protegía consciente o inconscientemente.

Quince minutos más tarde entró el pelirrojo al cuarto con una taza de té en las manos.

—Tiene mejor aspecto —le comentó a la joven mujer mientras le entregaba el té—. Espero que te guste, es de naranja, canela y miel.

Ginny lo probó y sonrió enseguida. Tenía muy buen gusto.

—Está muy rico, gracias —le sonrió, agregando en seguida por su otro comentario—. Parece que finalmente le hizo efecto el medicamento. Si sigue así en una hora aproximadamente podremos despertarlo e irnos.

—¿Por qué no llamas a tu mamá y le dices que James está contigo? Así estaría más tranquila. —le sugirió en tono casual Jerry, queriendo retener más tiempo a esos dos en su apartamento mientras su contacto o el de Katherine conseguían información sobre ellos.

—A ella no le gusta usar teléfonos y no ha aprendido a hacerlo. Dice que la ponen nerviosa. —denegó ella con una sonrisa, deseando salir lo antes posible de allí.

—Pero si Jane y Leonel están con ella entonces ellos podrían comunicarla. Además que así los ayudarás a ellos con la mentirijilla blanca que le están diciendo. —presionó él.

—Tienes razón. —forzó el mantener su sonrisa y llamó a la castaña desde su celular.

—Hola… ¿Estás con mamá?... No, aún no, pero él está mucho mejor y el detective Fleming me hizo ver que si yo hablo con mamá ella estará más tranquila y no recaerá de su enfermedad por la preocupación… Eso será mejor que lo hablemos en persona estando presente James… ¿Puedes cubrirme con él?... ¿El jefe de James o su entrenador darán problemas?… Pásame a mamá, por favor…

»Hola mamá… Tranquila, yo estoy con James y no es nada serio… De verdad mamá, sólo está un poquito cansado por algo de ejercicio físico que hizo y… Lo sé mamá, pero tú lo conoces… ¿Tú sabías que él se había citado con alguien hoy? Eso es el colmo, se suponía que tenías que evitar que faltase a su reposo… Ya me ocuparé personalmente de ustedes dos… Claro que me enojo mamá, si no se consintieran tanto mutuamente e hiciesen caso de lo que les digo… Hablaremos esta noche —finalizó enojadísima la llamada—. Esto es el colmo, pero me van a oír los dos.

El celular de la chica sonó nuevamente y el detective retrocedió un paso instintivamente, sin darse cuenta.

—¿Qué quieres ahora mamá?... Pues yo no soy una niña… Ya sé que tú tampoco lo eres de edad, pero te comportas como una… —le respondía a gritos, furiosa. Respiró profundamente intentando calmarse mientras la escuchaba. Sus gritos habían despertado al pelinegro que le sujetaba de una mano levemente y denegaba en su dirección—. Perdona mamá, pero sabes que me enoja cuando le secundas una locura a James y… Tranquilízate, por favor, sabes que ponerte así te hace daño… De verdad no es serio, en un rato vamos allá… Le di algo para que durmiese un poco y recuperase fuerzas, por eso no vamos de inmediato… Sí mamá, tranquila… Volveré a llamar cuando vayamos en camino… Yo también te quiero.

—No la regañes por mi culpa, Molly. Se suponía que almorzaría con Katy mientras me disculpaba con ella y volvería a casa. —le dijo Harry en voz baja, atontado por el medicamento.

—Está bien, tranquilo, descansa para que recuperes fuerzas y ella no te vea así —le replicó con voz suave, agregando al ver su intención de insistir—: No los regañaré a ninguno de los dos porque sé que era imposible que previesen la situación que se suscitó. Sólo quédate tranquilo, duerme y recupera fuerzas.

—Grac… —se quedó de nuevo adormilado mientras le replicaba.

Dos horas más tarde Harry se despertó bastante recuperado, levantándose de la cama y aseándose mientras Jerry llamaba a Katherine y Ginny a Hermione. Los detectives aún no habían logrado averiguar nada y eso los tenía exasperados, más aún a la morena que empezaba a sospechar tendría que pagar la apuesta que habían hecho.

Cuando llegaron al #12 de Grimmauld Place la pelirroja y el pelinegro tuvieron que disimular el asombro que les produjo el aspecto tan muggle que tenía la antigua mansión Black.

Si bien es cierto que desde que llegó el clan Weasley allí habían ido sustituyendo los detalles tenebrosos (como las manillas de las puertas y el paragüero de la entrada) por otros más agradables, su aspecto había seguido siendo evidentemente mágico. Harry había destruido las cabezas disecadas de los elfos y el cuadro de la matrona Black apenas cumplir la mayoría de edad y poner un pie en esa casa, lo cual le fue agradecido por Sirius luego que se recuperase de lo que le sucedió tras El Velo de la Muerte.

Pero ahora estaban en una sala muy acogedora que podía pasar perfectamente por la de una familia muggle de nivel económico medio. Molly Weasley los esperaba en una silla de ruedas totalmente muggle. Hermione lucía radiante al ver las expresiones de los cuatro recién llegados, lo cual les hizo comprender a Ginny y Harry quién era la artífice de todo aquello. Especialmente porque Ron se veía nervioso y aprehensivo.

—Mamá Molly, quiero presentarte a los detectives Katherine Stewart y Jerry Fleming. Ella es la señora Molly Prewett, prácticamente una madre para mí. —los presentó Harry, alertando de los apellidos a la matrona Weasley, no sabiendo con certeza si ya lo habían hecho.

—Mucho gusto señores —les tendió la mano respetuosa, estrechándosela los dos con mucho cuidado con sonrisas suaves en sus rostros—. ¿Por qué llegan a casa acompañados de dos policías? —les preguntó Molly a la pelirroja y el pelinegro, tomándolos por sorpresa.

—Ya te lo explicamos mamá. —denegó exasperado Ron.

—Pero lo que me dijeron no explica que mi hija me culpe porque él hiciese ejercicio físico y tuviese una recaída —protestó la matrona, aún dolida con Ginny por la discusión que habían tenido por el celular y segura de que le ocultaban algo nuevamente—. El que James estuviese en un restaurante frente al cual hubo problemas no explica que él esté tan pálido y desencajado, ni que Molly le tuviese que dar algo para que durmiese y se recuperase.

Ginny y Harry miraron interrogantes a Hermione y Ron, comprendiendo de sus miradas que no habían sido totalmente sinceros con la matrona. Estaban en problemas.

—Perdone que me entrometa, señora, pero James me estaba esperando en el restaurante en el que se presentó un enfrentamiento entre mis hombres y dos grupos de pandilleros —intervino Katherine, notando que los cuatro se tensaban—. Él quiso alejarse de allí lo más rápido posible, corriendo hacia un parque cercano, pero al ver que uno de esos me quería disparar por la espalda él se arriesgó para salvarme la vida, desarmando al agresor. Entre la carrera y el forcejeo con ese tipo terminó agotado y con la herida de su brazo izquierdo lastimada. No se preocupe, no es nada serio. Unos paramédicos lo curaron antes que llegase su hija y luego ella veló porque él reposase lo suficiente para recuperarse.

—Gracias por decirme la verdad, señorita Stewart —le sonrió efusivamente la matrona—. Jane, querida, ¿podrías por favor traerme té y galletas para atender a los detectives mientras Molly y Leonel llevan a James a descansar? —dijo en tono de no admitir una negativa ni mucho menos una réplica.

—Claro mamá Molly. —le respondió la castaña nerviosa.

—Mamá Molly, estoy bien, en serio. —le aseguró en tono sumiso Harry, entendiendo que lo estaba regañando disimuladamente.

—Ve a descansar y a terminar de recuperarte, querido. Hablaremos más tarde. —le respondió con tono de cariñoso reproche.

—Vuelvo enseguida mamá. —le indicó la pelirroja, señalándole a su amigo que se alejasen de allí hacia las escaleras.

Ron los acompañó tanto por no contradecir a su mamá como por ponerlos al tanto de las coartadas que habían ideado para cada uno de ellos ante sus jefes y ante su madre, aunque… Nunca dejaría de asombrarlo su progenitora. No sólo se había comportado como una verdadera muggle y había recordado los nombres que usaban ellos en ese mundo, sino que había logrado averiguar la verdad casi exacta de lo ocurrido.

Una hora después Ginny, Hermione y Ron estaban convencidos que quien estaba con ellos tenía que ser Nymphadora Lupin, metamorfoseada en Molly Weasley, y no la matrona. Sólo un auror entrenado podía hacer lo que ella había hecho. Era increíble la manera en que había envuelto finamente a los dos detectives, no sólo dándoles una versión muggle de sus vidas bastante adecuada y aproximada a la verdad, con muy poca ayuda de ellos, sino que había hablado con la morena sobre el pelinegro como habla una madre con la joven que le gusta a su hijo, el cual por algún motivo ha cometido un error que lo distancia de la mujer de sus sueños.

Los dos detectives salieron de esa casa aún más confundidos de lo que estaban cuando llegaron, dirigiéndose Jerry a la pequeña casita en el portuario Gravesend, cerca de la iglesia San Jorge en cuyo cementerio está enterrada Pocahontas. La usaban para reunirse a solas los miembros de su equipo cuando necesitaban investigar algún asunto delicado y no oficial, avisándose entre ellos para no cruzarse si querían mantener el asunto que manejaban en privado, respetándose siempre pues era un grupo de siete hombres y cinco mujeres policías, además de dos hombres y dos mujeres con conocimientos médicos más sólidos de lo que dejaban traslucir normalmente.

Los mejores policías de Londres, muy unidos y compenetrados, que se habían reunido por una situación terrible vivida tres años atrás el día 15 de agosto de 1998 por el atentado en Omagh, Irlanda, donde los mejores detectives del Reino Unido fueron convocados para investigar lo ocurrido allí. Su compenetración se había consolidado un año después, el 31 de octubre de 1999, cuando falleció el treceavo integrante policía de su grupo, Dani Wallace, el novio de Katherine.

Ella llamó a los otros diez para que se les uniesen allí lo antes posible. Ninguno de ellos sabía quien era la fuente del otro pero los doce las tenían, sabían que eran confiables y hasta ahora las de los dos que iban en ese auto no les habían podido dar ningún dato. Eso no sólo les parecía inaudito, sino que lo ocurrido en esa casa los tenía al límite. Era todo demasiado perfecto. "¿Con qué clase de personas nos hemos cruzado?". Eso los asustaba mucho después de todo lo que llevaban visto y vivido en sus vidas.