Resumen: Pagando una Apuesta. El pasado se hace de nuevo presente.

Apuestas a Ganar y a Perder

Era absolutamente insólito. Viernes, ocho y media de la noche, los doce mejores detectives policiales de toda Inglaterra no habían podido averiguar nada del grupo AUROR, del grupo MORTÍFAGOS, James, Molly, Jane, Leonel, Rómulo, Remo, Dorea, John, o los amables señores Prewett. Sólo datos vagos sobre Orión. Tenían miles de notas en sus libretas, luego que Katherine y Jerry almorzasen en el #12 de Grimmauld Place el miércoles, el jueves, e incluso ese día, por invitación expresa de la matrona en silla de ruedas. Obviamente luego de esas comidas ellos se habían reunido con sus diez amigos para entregarles "información fresca", presionando los doce a sus ya ofuscados contactos pues todos se seguían estrellando una y otra vez con la falta de información sobre ellos.

—¡Esto es el colmo! —estalló presa de los nervios la morena de ojos azules—. No puede ser que no hayamos podido averiguar absolutamente nada de ellos.

—Tranquila Katy, ya pronto sabremos algo. —la intentó tranquilizar una pelirroja de piel blanca y ojos azules.

—Tú no entiendes Kathleen. No tengo ni siquiera un mísero dato sobre James que él no me haya dicho y quedé de verme con él en treinta minutos. —le replicó casi llorando la morena clara de pelo negro y ojos azules, con sus nervios a punto de estallar.

Sus once acompañantes tragaron saliva al oírla. Jamás la habían escuchado en ese estado de nervios, pero nunca antes se habían enfrentado al dilema que ninguno de ellos obtuviese información sobre alguien a quien investigaban. Lo peor es que no era una, sino varias personas de las que querían obtener información y no podían, lo que hacía aquello más complicado y, hasta cierto punto, tenebroso.

Ya habían intentado convencer a su compañera que hablase con el pelinegro de ojos verdes y suspendiese la apuesta, pero ella no había querido acceder a eso. Era demasiado terca, orgullosa y valiente, no se daría por vencida. Las condiciones de la apuesta eran sencillas, directas y peligrosas. El perdedor debía pagar la cena, dejarse vendar los ojos por el ganador y permitir que lo llevase al lugar de su elección sin hacer ni una sola pregunta. Eso no le gustaba a ninguno de los doce en absoluto considerando que James Evans podía ser considerado un "fantasma" para cualquier entidad policial o de inteligencia a nivel internacional. De hecho a James lo habían apodado "el fantasma esmeralda" en el grupo, para hablar entre ellos sobre él.

Los amigos de la morena habían llevado esa tarde, como precaución en caso de no lograr saber nada de ese hombre, un rastreador de tecnología satelital, un micrófono y todo lo necesario para llevar a cabo un seguimiento estricto de su amiga. Ahora estaban ante el dilema de cómo tranquilizarla y al mismo tiempo hablarle de aquello.

Katherine bufó desesperada, se levantó de improviso y corrió hacia el baño de la casita, encerrándose allí. Los asustó a todos porque no les respondía hasta que escucharon el agua correr. Luego de una ducha de agua fría se secó rápidamente el pelo con secador, se vistió y se arregló para su cena con el enigmático, guapo y dulce hombre pelinegro con los ojos como esmeraldas que esperaba por ella en Saint James.

No aceptó llevar el rastreador ni el micrófono pero sí el seguimiento al que los someterían sus amigos pues, aunque no quisiese admitirlo ni siquiera a si misma, estaba muy nerviosa. Montó en el auto de Kathleen, ya que tenía reparando el suyo, y se dirigió rápidamente al restaurante para la cita con su enigmático acompañante de esa noche, seguida de forma prácticamente invisible por sus amigos.

Cuando llegó al lugar se estacionó en la acera frente al local cerró los ojos por un minuto y tomó una respiración profunda, intentando calmarse. Se le escapó un gritito al sentir unos golpecitos en el cristal de la ventanilla, abriendo los ojos de par en par cuando vio junto al auto al hombre más guapo de este mundo sonriéndole con una sonrisa encantadora… o al menos eso le pareció a su aturdido cerebro y a su alocado corazón.

—¿Me permite acompañarla esta noche, hermosa dama? —le preguntó con una mezcla de dulzura y picardía Harry en cuanto ella logró atinar a bajar la ventanilla, luego de tocar la bocina y encender las luces por equivocación, sus nervios a punto de hacerla colapsar.

—En realidad había quedado a verme con alguien —le respondió ella un par de minutos después, en cuanto logró poner sus nervios bajo control—. Es un hombre que dice llamarse James Evans. ¿Lo conoce usted? —agregó con picardía al ver su desconcierto.

—Me temo que él está en este momento ciego por su deslumbrante belleza, sordo porque escuchó voces distintas a la suya durante la tarde que le dañaron los tímpanos, pues luego de oír al mediodía esa música celestial que emana de su garganta los demás sonidos eran ruidos sin sentido, incapaz de moverse pues sus músculos estaban agarrotados por el pánico ante la certeza de que tendría frente a él al más hermoso ser existente. Es por todo esto que James Evans no ha podido presentarse y es sólo este humilde forastero que está frente a usted quien le solicita que le permita acompañarla.


Los once amigos de la morena se miraron entre ellos en la camioneta, las cuatro mujeres sonriendo abiertamente, susurrando:

—Mujeres 1 Hombres 0.

Se referían a la apuesta que habían cruzado entre ellos a espaldas de Katherine.

Kathleen Middleton, Christine Lean, Dorothy Ford y Julie Powell decían que el pelinegro de ojos verdes encajaba perfectamente en un perfil psicológico definido: "Hombre joven perdidamente enamorado de una mujer, huérfano, sin haber recibido calor familiar, deseoso de formar el suyo propio, dulce y tímido disfrazado de seductor para acercarse a las mujeres". Por lo tanto, aseguraban, enamoraría esa noche a la mujer de hielo del grupo, Katherine.

Jerry Fleming, Harrison Simmons, Daryll Conrad, Madox Brown, Anthony Bennett, Andrew Forde y Michael Spencer opinaban en cambio que encajaba perfectamente en el perfil psicológico de un "Hombre inmaduro, deseoso de aventuras, peligroso, frío, calculador, arrogante, preparado en el sutil arte de embaucar a mujeres". Estaban seguros que sólo estaba empeñado en su amiga por lo difícil que ésta le había puesto el seducirla, pero que una vez cayese en sus redes la dejaría de lado al no tener ella dinero o lo que fuese que buscase en sus víctimas, algo que ellos no estaban dispuestos a permitir que ocurriese.


—¿Se presentará James Evans en algún momento esta noche? —le logró preguntar la morena al hombre frente a ella al cabo de un par de minutos.

—Sólo si usted lo pide en algún momento. Desde ahora las hadas sólo existen para iluminarla a usted, la más hermosa mujer que puede existir, pues todas las criaturas mágicas viven sólo para hacer realidad sus más insospechados deseos y, finalmente, este hombre que está frente a usted respira solamente para que sus sueños se hagan realidad, en el marco de una apuesta que usted y el señor Evans hicieron.

Katherine entrecerró sus ojos ante el final de tan hermoso discurso. Vio con desconfianza la tímida sonrisa pícara que el pelinegro tenía posada en el rostro, mientras sus esmeraldas brillaban con una luz tan especial que sin poder evitarlo suspiró levemente luego de posar su mirada en esos ojos. Le tendió la mano al hombre y se dejó conducir suavemente por él hasta el interior del restaurante, abriendo mucho los ojos al ver que estaban absolutamente solos en el local.

El lugar estaba tenuemente iluminado por velas dispersas por la estancia, aunque un candelabro de siete brazos estaba ubicado en la única mesa que estaba lista para recibir clientes, justo en el centro del local, con el dueño, una chica y un chico junto a ésta, los dos jóvenes hijos del dueño por lo que ella sabía.

Se dejó llevar por su acompañante hasta allí, su corazón golpeando contra sus costillas al ver que alrededor de la blanca vajilla de bordes dorados, los vasos y copas de cristal, la jarra de agua y la botella de vino, el mantel estaba cubierto por pétalos de rosa. En el fondo se oía muy suavemente una música agradable en la que pudo distinguir el canto de pajaritos.

El hombre de pelo negro y ojos verdes le quitó con cuidado la chaqueta azul oscuro que llevaba, retiró caballerosamente una silla, guiándola para que se sentase, acomodándola con suavidad, ubicando en el espaldar el abrigo de la mujer. Estaba seguro que llevaba algún arma de defensa en sus bolsillos, aunque el peso no la delatase.

Se desplazó rápidamente hasta sentarse frente a ella, quitándose su chaqueta antes y dejándola en el espaldar de su propia silla. La miró con un leve toque de ansiedad, que fue sustituido por una gran sonrisa al detectar en su pareja sorpresa, agrado y nerviosismo. Se veía tan hermosa en ese vestido azul claro ceñido a su cuerpo en los lugares precisos, dejando ver poco pero insinuando bastante. Notó que sólo llevaba unos zarcillos azules y una pequeña gargantilla, lo que lo hizo sentir feliz de su elección.

Ella se sentía de una forma extraña segura y cálidamente protegida cuando estaba junto a él, algo que se había querido explicar a si misma como consecuencia de que le salvase la vida en el parque, pero… Ya se había sentido así antes, no sólo la noche en que cenaron allí con pizza, sino incluso el día que se conocieron.

Se veía tan guapo con esa camisa blanca con extraños dibujos, similares a runas mezcladas con símbolos alargados de curvas suaves, en tono verde esmeralda y su pantalón negro. Era evidente que había hecho lo posible por peinar su indómito cabello, logrando darle una forma que parecía despeinado por el viento.

—Hay un solo menú. —hizo ella la observación luego de unos minutos de tenso silencio.

—Eso es porque esta noche la más hermosa dama selecciona la comida de los dos. —le explicó él con una suave sonrisa.

Katherine tomó entonces en su mano la cartilla, mirándola detenidamente. Notó que ésta era distinta a la que vio el otro día, teniendo al lado de cada plato un número uno y nada más, sin los precios. No sabía qué hacer. Estaba clara en que de acuerdo a las condiciones de la apuesta era ella quien pagaría la cena, sólo que no esperaba tener que escoger por los dos.

Él había arreglado que estuviesen solos en el lugar, atendidos solamente por el dueño y sus hijos, con tal multitud de detalles para que la velada fuese especial que se sintió levemente intimidada. Después de un par de minutos decidió que la comida también debía ser especial, pagaría con la tarjeta de crédito y ya luego se las arreglaría.

—Quisiera langosta termidor con ensalada cesar acompañada de vino blanco —enumeró en tono seguro—. Igual para los dos.

—Enseguida señorita. —le respondió respetuoso Julien Green, alejándose con sus hijos de la pareja.

Harry detallaba cada rasgo del rostro frente a él, mientras pensaba en la gran suerte que había tenido la noche que coincidió con ella y sus amigos. No sólo era una mujer muy atractiva sino que tenía muy buenos principios, era inteligente, intuitiva, agradable, decidida, valiente, de carácter firme y al mismo tiempo dulce.

—Has hecho una excelente elección. —dijo en tono bajo y suave, con una sonrisa posada en sus labios luego de notar que ella lo miraba inquisitiva y nerviosa.

—Gracias. —forzó una sonrisa.

—Te quisiera regalar algo esta noche, pero… —la miró fijamente a los ojos, indeciso, tan nervioso como sabía que estaba ella—. Por favor no te vayas a enojar.

—¿Por qué habría de enojarme? —le preguntó ella con curiosidad y miedo entremezclados.

Harry sacó con mucho cuidado del bolsillo interior de su chaqueta una cajita mediana, moviéndose lentamente para no asustarla.

Katherine se tensó, todo su cuerpo listo para tomar el arma que tenía en el bolso. Vio como el hombre frente a ella se movía lentamente, su mano derecha introduciéndose en la chaqueta negra tras él, buscando en el bolsillo interno tras el extraño dibujo de un león y un ave envueltos en fuego algo que no lograba ver.

Frunció el ceño al ver que sacaba algo rectangular y plano, un poco más grande que la palma de su mano. Abrió mucho los ojos y se destensó al ver con claridad que se trataba de una caja envuelta en pana azul oscuro, de las que se usan en las joyerías. Notó que su acompañante lucía bastante nervioso, girando hacia ella el lateral por el que se abría la caja y estirando sus manos hasta ubicarla cerca de ella.

—Espero que te guste, pero si no es así por favor dímelo con sinceridad y… Yo no sabía si… Por favor no te vayas a molestar, yo sólo… —Tomó aire profundamente para tranquilizarse. Con mucho cuidado abrió la caja para que ella pudiese ver su contenido.

Katherine retuvo el aire al ver una hermosa pulsera dorada conformada por pequeños pajaritos finamente entretejidos uniéndose a una plaquita central. Sobre ésta una pantera con dos pequeñas incrustaciones verdes en los ojos saludaba con gracia felina a un delfín con incrustaciones azules en los ojos, en medio de los dos una piedra roja en forma de corazón, las tres figuras unidas por una plaquita con una inscripción grabada. Bajo la fina joya había un papel con el dibujo de la pantera negra de ojos verdes, el delfín gris con ojos azules, el corazón rojo y dos nombres entrelazados con el tallo de una rosa, Katherine & James.

Levantó la vista hacia las esmeraldas frente a ella, que esperaban con notoria ansiedad su veredicto. Sentía una mezcla enorme de sentimientos en su interior, pero predominaban el asombro y el dulce sabor del halago.

—Es bellísima, James, pero… —empezó la morena, deteniéndose al ver como su acompañante pasaba de la expectación a una inmensa alegría a retener el aliento y mirarla con una mezcla de miedo y tristeza—. Debe ser muy costosa y no creo que…

—Por favor Katy, no la rechaces por su valor monetario. —la interrumpió Harry, demasiado nervioso para contenerse.

La morena guardó silencio, mirándolo intensamente durante unos momentos. Bajó de nuevo la mirada hacia la prenda. Detalló las figuras centrales una vez más y se decidió a preguntarle.

—Cuando te interrogué sobre lo que sabías de mí sólo dejaste sin responder tres cosas, porque según me dijiste no las sabías —le planteó mirándolo de nuevo, notando que asentía y la miraba con extrañeza evidente—. ¿Cómo averiguaste entonces cuál es mi animal preferido? Sólo mamá y una amiga lo saben y estoy segura que no has hablado con ninguna de ellas.

—¿Es la pantera? —le preguntó Harry incrédulo, sintiendo que su pulso se aceleraba. Abrió al máximo sus esmeraldas al verla denegar—. ¿Tu animal favorito es el delfín? —le preguntó con asombro absoluto.

—¿Si no lo sabías porque mandaste a hacer la pulsera con esos animales rodeando el corazón? —le preguntó totalmente desconcertada por sus reacciones. O era un actor digno de un Oscar de la Academia, o era un hombre sinceramente sorprendido.

—La pantera es mi animal preferido y como no sabía el tuyo pedí que le pusiesen el que más le gustaba a mamá, según leí en su diario, esperando que al ser las dos mujeres te agradase —le respondió con sinceridad—. Yo… No sabía cuál… Cuando el hombre de la joyería me preguntó… —intentaba explicarse al no entender la forma en que lo estaba mirando.

—Tu mamá debió ser una mujer muy especial. —le dijo la morena con dulzura, sonriendo con cariño al ver una chispa de emoción en sus esmeraldas.

—Eso me han dicho Orión y John, que eran los mejores amigos de mis padres —le contó muy contento, tomando valor para preguntarle—. ¿Me permites ponértela?

Katherine dudó un momento, pero la sinceridad en la mirada esmeralda la convenció y asintió, tendiendo su mano derecha en su dirección para facilitarle la tarea.

El rostro de Harry se iluminó. Con mucho cuidado sacó la pulsera del estuche y se la colocó en el brazo, haciéndolo de tal manera que ella viese lo fácil que era manipular el broche que pidió le pusieran. Sabía que le gustaban las cosas prácticas.

Ella contuvo el aliento cuando él, luego de colocarle la pulsera, le retuvo levemente la mano y se la llevó a su boca, posando un cálido beso en el dorso de su mano.


Los once detectives se miraron entre ellos en la camioneta, luego de detallar con el equipo especial que llevaban la joya, enviando la foto y un resumen de los detalles Michael a su contacto para pedir información. Habían estado oyéndolo y viéndolo todo, habiendo retenido las cuatro mujeres el aliento con su amiga ante el gesto de Harry, susurrando luego:

—Mujeres 2 Hombres 0.

Mientras los hombres denegaban en señal de no estar de acuerdo con su apreciación.

—No. Mujeres 1 Hombres 1 —susurró Anthony—. Hasta que no sepamos de dónde la sacó es posible que todo sea un cuento y sea robada.

Kathleen, Christine, Dorothy y Julie hicieron gesto de protestar, pero guardaron silencio ante una señal de Andrew para no perderse detalle de lo que hablaba la pareja.


Harry, mirando fijamente a Katherine, dejó fluir lo que su corazón le dictaba a su mente, con tono suave y dulce.

Fue una noche mágica la que viví

Cuando yo a ti te conocí

Pues la vida presentó ante mí

Algo que nunca antes yo viví

Una hermosa visión se cruzó

Frente a mis desprevenidos ojos

Nublando por completo mi razón

Deseando besar tus labios rojos

Desde entonces he deseado

Aunque inicialmente no lo supiese

Ser por siempre tu amado

Que tu amor me perteneciese

Una morena sentada frente a él y once policías en una camioneta se quedaron petrificados oyéndolo. Vieron al hombre de pelo negro sacar de un bolsillo lateral oculto en el mantel una rosa blanca y una roja, atadas en sus tallos sin espinas con una cinta azul, para entregárselas a la mujer al finalizar el último verso con una suave sonrisa.


—¿Se te hace conocida? —se preguntaron entre ellos diez de los detectives en la camioneta, denegando todos, mientras Madox la copiaba rápidamente en el ordenador.


—Es hermosa esa poesía, James. —logró decirle Katherine después de tres minutos de silencio de sus bocas, porque sus ojos habían hablado en ese tiempo.

El señor Green se acercó con sus hijos a la mesa con lo que habían pedido, al ver que de nuevo estaban en silencio. Se retiraron luego los tres sonrientes, pues habían notado que la pareja estaba a gusto, lanzándose miradas enamoradas mientras ellos les servían en los platos, vasos y copas.

Una vez más Harry esperó a que ella se comiese el primer bocado, antes de él empezar a comer, dichoso al verla disfrutar la comida.


—Esto es increíble —dijo Michael diez minutos más tarde, sobresaltándolos a todos en la camioneta—. James Evans no sólo encargó la pulsera el martes en la noche, sino que pagó horas extras al orfebre y su ayudante para que estuviese lista hoy, además de encargarse personalmente de la seguridad del taller del joyero con tres amigos durante estas tres noches. La pagó y retiró hace dos horas, en efectivo.

—Mujeres 3 Hombres 0 —sentenció enseguida Dorothy, adelantándose a las protestas de la mayoría de los hombres que las acompañaban—. La poesía no es de ningún autor conocido, ¿cierto Madox?

El hombre asintió a su pesar.


Una vez que terminaron de comer Harry llamó al dueño, haciéndole señas que les trajese la cuenta. No sabía cuál sería la reacción de ella a lo que había hecho, pero esperaba de corazón que fuese de agrado.

Katherine tomó su bolso y sacó su tarjeta de crédito, pensando que nunca había estado tan feliz de cargarle un monto que seguramente sería elevado.

—Lo siento señorita, pero sólo puedo recibirle efectivo. —le dijo el dueño del local en tono suave. Le hizo señas que se calmase y viese el monto al notar que se asustaba.

—¿Cuánto? —preguntó la morena incrédula.

—Dos libras esterlinas, señorita. Por eso no puedo recibirle la tarjeta. —le respondió con tono amable, sonriente, comprendiendo su asombro.

—¿James Evans? —lo interrogó la morena con los ojos entrecerrados.

—Estaba en el menú, Katherine. —le respondió en tono de disculpa.

Ella abrió los ojos de par en par al comprender el significado de los unos que había visto cuando lo revisó para seleccionar lo que comerían.

—Pero… Yo no sabía… Tú dijiste… La condición de la apuesta era… —No lograba hilvanar las ideas.

—La condición de la apuesta era que el perdedor pagaría la cena y eso es lo que te está cobrando el señor Green. El reservado del restaurante, su decoración y el que fuese una noche especial para la más hermosa de las damas corre por cuenta de un hombre enamorado, que ha tenido la dicha de compartir una cena muy grata contigo, Katherine.


—Mujeres 4 Hombres 0. —sentenció Christine con una gran sonrisa.

—Espero que puedan seguir celebrando dentro de unos minutos, cuando él quiera hacer efectiva la segunda parte de la apuesta. —replicó preocupadísimo Andrew.

—Activa el rastreador, Jerry. —le indicó Kathleen.

—¿De qué hablan? —preguntó extrañado Daryll.

—Su celular. No creerías que íbamos a permitir que Katy quedase a merced del "fantasma esmeralda". —le replicó el pelirrojo, haciendo lo que su pareja le había pedido.


—Gracias. —murmuró la morena aturdida, luego de varios minutos de silencio, sintiendo que miles de mariposas revoloteaban en su estómago mientras su corazón corría desbocado y se le hacía difícil respirar con regularidad.

Con muchísimos nervios buscó en su bolsito el billete para pagar el ridículo monto, una vocecita en su cabeza recordándole que faltaba la segunda parte de la apuesta, poniéndola aún más nerviosa.

Harry se levantó rápidamente y se dirigió a ella en cuanto el señor Green le entregó el cambio, retirándole caballerosamente la silla y ayudándola a ponerse la chaqueta azul. Se colocó luego la suya, que le entregaba el hijo del dueño mientras le guiñaba un ojo, al igual que la hermana, felicitándolo con ese gesto por la forma en que había agasajado a la morena con una cena tan especial.

Katherine aceptó el brazo que le ofrecía su acompañante, ruborizada y con los ojos brillantes. Se despidió de sus tres anfitriones, agradeciéndoles las atenciones que habían tenido con ellos.

—Hora de la segunda parte de la apuesta, Katy. —le dijo con suavidad Harry una vez que estuvieron fuera del restaurante, enseñándole un pañuelo negro.

—Yo… Estoy asustada. —le confesó la morena.

—Jamás te lastimaría, Katy —le dijo con dulzura. Comprendió de su expresión que difícilmente se tranquilizaría—. Hagamos algo. Tú te lo pones por un par de minutos cuando yo te lo indique, luego que salgamos de la ciudad, y luego te lo quitas. ¿Estás de acuerdo? —le propuso con suavidad, tendiéndole el pañuelo.

—Gracias James. —le sonrió ella, dándole rápidamente un beso en la mejilla. Se alejó al sentir la necesidad de unir sus labios a los de él.

—Vamos. —logró decirle Harry un minuto más tarde, mientras hacía esfuerzos enormes por contenerse y no besarla de inmediato. La guió hasta el Jaguar rojo que le prestaron los gemelos para la ocasión, le abrió la puerta del copiloto y esperó a que se hubiese acomodado para cerrarla con suavidad, dándole rápidamente la vuelta al auto para subirse tras el volante.

—¿Es tuyo el auto? —le preguntó desconcertada la detective, pues a veces parecía que tuviese mucho dinero, pero eso no encajaba con su brazo herido y el trabajo que se suponía tenía según le había dicho.

—No. Me lo prestaron unos amigos para la ocasión —le respondió él con una sonrisa, mientras la ayudaba a ponerse el cinturón de seguridad—. No les pareció adecuada Blacky para tan magna ocasión.

—Unos muy buenos amigos. —le replicó ella admirando el auto.

—Sí. Rómulo y Remo son excelentes amigos, aunque bastante bromistas, así que te recomiendo no curiosear sus cosas, te puedes llevar una sorpresa. —le advirtió Harry, riéndose un par de minutos más tarde cuando ella gritó asustada, pues al abrir la guantera había sonado un rugido de jaguar y aparecido tras una nube de polvo gris un letrero fluorescente amarillo, escrito con letras rojas que decía:

No busques sorpresas, Katherine, o prepárate a disfrutar su contenido.

—¿Prepararme a disfrutar su contenido? —preguntó con curiosidad.

—Yo que tú no haría eso. —le advirtió una vez más el hombre de pelo negro, soltando otra carcajada alegre al oírla gritar de nuevo.

—¿Qué es esto? —preguntó muy asustada, sus manos llenas de una sustancia pegajosa de muchos colores brillantes.

—Piel de Camaleón Borracho —le respondió Harry riéndose, tendiéndole un pañuelo—. Sólo podrás quitarte el excedente, pero al menos estarás menos incómoda mientras pasa el efecto. Me estoy preguntando dónde habrán puesto los chicos tu segundo regalo.

Katherine se limpió lo mejor que pudo con el pañuelo azul claro que le había entregado su acompañante, luego de mirarlo interrogante, notando que la piel de sus manos seguían mutando entre diversos colores fosforescentes.

—Los gemelos han de ser brillantes en química. —comentó examinándose las manos con curiosidad. Afloró seguidamente una expresión de niña traviesa en su rostro, metiendo de nuevo la mano derecha para investigar qué otras cosas guardaban en la guantera. Pegó otro gritito al sentir algo que se movía, sacando la mano rápidamente. Vio con asombro salir una pequeña gatita de pelaje blanco con leves manchitas grises.

En la plaquita decía "Kitty" y en el moño rojo había una pequeña tarjetita. Agarró con cuidado a la pequeña felina, notando que tenía pelaje suave y abundante, además de ser muy cariñosa y tener un aroma agradable que le recordaba algo, sólo que no lograba definir el qué. Se dejó llevar por la curiosidad y leyó la tarjeta.

—¿Qué?

—Así que ahí estaba. ¿No te gusta? —le preguntó nervioso Harry, mirándola de reojo pero devolviendo su vista rápidamente a la vía frente a él, sin comprender la expresión que le había visto. Vio de reojo la camioneta de sus seguidores que dejaba bastante atrás, poniéndose un poco nervioso cuando la de su padrino se ubicó tras él pero tomando el desvío que tenía previsto en el plan que había tramado con los Merodeadores.

—Es muy linda y tierna —le respondió la morena, totalmente ajena a lo que él tramaba pues se había distraído con la broma de los gemelos pelirrojos y la gatita—. ¿De verdad es para mí? —preguntó con tono de niñita mimada.

—De verdad —le replicó Harry con una sonrisa. Sabía con certeza que ya había perdido a los compañeros de la morena. Entró a Saint Albans, dirigiéndose al estacionamiento del mejor hotel del lugar. Al girarse a mirarla se consiguió una expresión enojada—. Si le pasa algo al auto seré la víctima de pruebas de Rómulo y Remo por lo que me resta de vida. Por eso quiero dejar el auto aquí, ya que es el estacionamiento más seguro del lugar. —le explicó rápidamente.

—¿A qué vinimos aquí? —le preguntó extrañada cuando salieron del hotel.

Harry había entregado las llaves, luego que él reservase una habitación "para justificar que el jaguar se quedase allí". Katherine caminaba agarrada del brazo de él mimando la gatita entre sus brazos.

—Sin preguntas —le recordó Harry, sonriendo con ternura al verla hacer un puchero. Cuando estaban a unos pasos de la abadía se detuvo—. Dame a Kitty para que te pongas la venda —le dijo en voz baja—. Tranquila, sólo será un par de minutos y unos pequeños pasos. —la intentó calmar con tono cariñoso.

Era extraño. Debería estar aterrada pero se sentía segura. Pensó en dejar levemente flojo el pañuelo pero se arrepintió y lo puso correctamente, de tal manera que no podía ver nada. Sintió que él la abrazaba, rodeándola con sus fuertes brazos y dándole un beso en la frente, la gatita ronroneando entre ellos. Escuchó claramente como él le susurraba:

—Toma aire profundamente y luego retenlo. Confía en mí.

Asintió levemente e hizo lo que le había pedido, asustándose un poco al sentir que era comprimida por alguna fuerza extraña (que no eran los brazos de él) por al menos un minuto y luego era liberada. Tembló un poco, tranquilizándose al oír que le decía en voz muy baja:

—Tranquila Katy, ya pasó. Conmigo siempre estás a salvo.

Sintió un beso cálido en su mejilla y se dejó llevar por él de la cintura un par de pasos, notando extrañada que parecía estar pisando un césped bien cuidado. "Pero eso es imposible, en donde estamos sólo hay alrededor asfalto y cemento. Aunque… tengo la impresión que el aire también huele diferente".

—Ya puedes quitarte la venda, Katy. Sólo recuerda que no puedes hacer preguntas. —le indicó Harry con suavidad mirándola fijamente, atento a su expresión cuando abriese los ojos.

—¿Qué clase de alucinógeno me has dado? —le preguntó asustada.

—No te he dado ningún… eso que dijiste. —le respondió con suavidad.

—Pero tengo que estar alucinando. Esto… esto se parece a… ¿Cómo se supone que llegamos al Bosque de Sherwood? — lo interrogó nuevamente, su respiración muy agitada.

—Tranquila Katy, cálmate. No te he dado nada. No voy a responder preguntas porque no puedes hacerlas según las condiciones de la apuesta —le dijo con suavidad, parado frente a ella pero sin tocarla, listo para detenerla si intentaba alejarse, intentando transmitirle calma con sus palabras, gestos y magia—. Pero como entiendo que te has de sentir intranquila te sugiero que llames a tus amigos. Ellos podrán confirmarte dónde estás.

—Por favor, dame un poco de privacidad para hablar con ellos. —le pidió luego de analizar su propuesta, llamando a Jerry en cuanto él se alejó unos pasos de ella.

»Hola, yo necesito… ¿Estás seguro que estoy en…? Pero… Les dije que no… De acuerdo, pero… ¡Ya cálmate! No sé cómo ocurrió… Lo último que supe es que nos registramos en un hotel en Saint Albans, salimos a caminar, me vendé los ojos por pocos minutos y ahora te estoy llamando desde Nottingham, según me acabas de confirmar… No puedo preguntarle nada. ¿Recuerdas?... No ha intentado en ningún momento lastimarme, amigo… Fue él quien me sugirió que los llamase… ¿En serio quieres que le pregunte?… Eso pensé… No, no vengan, quédense allí y esperen mi llamada… Sí, estoy segura. Te llamaré de nuevo.

—¿Más tranquila? —le preguntó Harry al acercársele ella.

—¿Cómo lo hiciste? —le repreguntó ella con expresión seria.

—No puedes preguntarme nada. Esa fue una de las condiciones de…

—… la apuesta —completó ella enojada—. Sólo planteaste esa apuesta así porque estabas seguro de ganar. ¿Estás acostumbrado a apostar sólo cuando sabes de antemano que ganarás?

Harry se paralizó ante su planteamiento. "¿Qué habría sucedido si aquél día las cosas hubiesen salido como había pensado? Lo que averigüé luego…"

—¿James? —le preguntó intrigada la morena por su reacción, luego de varios minutos de tenso silencio en que la mirada de él era la de alguien perdido en un recuerdo muy difícil de asimilar.

—Hace dos años hice una apuesta muy arriesgada —le respondió con expresión ausente, lo ocurrido ese día repitiéndose en su mente una y otra vez—. Se suponía que al final yo perdería pero todos ganarían, sólo que un poco antes del final se presentó algo y… No podía permitir que ellos también perdiesen, así que aposte más fuerte pero ya no a ganar mi objetivo sino a que ellos cuatro no perdiesen… En cierta forma todos ganamos, pero nosotros cinco… Aún falta una ronda de cartas y que yo apueste de nuevo —Al ver sus ojos azules clavados en él y sentirla tan viva… No pudo contenerse y le acarició con suavidad la mejilla derecha—. El problema es que ahora yo no quisiera perder. —finalizó casi en un susurro.

Katherine intentaba entender a qué se podía estar refiriendo él mientras hablaba, asustada por lo que intuía quería decir. Cuando le rozó su rostro con la mano con tanta ternura y cariño sintió que un nudo se posaba en su garganta, especialmente al oír lo último que dijo. Sintió el impulso de abrazarlo y besarlo.

—No apuestes más nunca a perder, James. —se escapó de sus labios, eliminando la pequeña distancia entre ellos, su mirada perdida en la de él hasta que cerró los ojos, sus labios acercándose lenta y decididamente a los de él hasta rozarlos.

Sus palabras, su acercamiento, sus labios… Sin pensarlo la abrazó y correspondió al beso, suavemente en un principio, profundizando seguidamente al sentir el sabor de sus labios en los suyos, explorando su boca con dulzura y pasión.

Pasados unos minutos tuvieron que separarse en busca de aire y al abrir los ojos se descubrieron sonrojados, con los ojos brillantes.

—Perdona, yo… —saltaron los dos al mismo tiempo, rompiendo a reír al oírse.

—Te amo Katherine —declaró Harry con voz ronca y baja, con ella aún abrazada por la cintura, sonriendo al oír a la gatita ronronear—. Kitty me da permiso de cortejarte. ¿Y tú?

—Yo también. —le respondió la morena con una sonrisa atontada. Feliz por su declaración de amor pero también porque no la presionaba para que le respondiese igual al pedirle "permiso para cortejarla". Ella estaba enamorada de él, pero el no lograr averiguar nada sobre el hombre a quien deseaba entregarse completamente la asustaba.

—Gracias por permitirme tal honor, bella dama —replicó Harry galante y muy sonriente—. Caminemos un poco hacia allá, quiero mostrarte algo.

Katherine asintió y siguió con sus ojos la dirección que él le indicaba con la mano. No podía estar segura al ser de noche, pero creyó reconocer…

—¿El Castillo de Nottingham? —le preguntó intrigada, suspirando al oír una risita a su lado.

—Sin preguntas, preciosa. —le recordó Harry, avanzando con ella hacia la antigua, y cerrada a esa hora, construcción.

Katherine lo había visitado con sus padres siendo una niña, pero el entrar en un lugar turístico fuera totalmente de horario, en las penumbras de la noche, guiada y cuidada por un fuerte y amable acompañante, le dieron una visión totalmente nueva del lugar. Su espíritu de aventura acalló la voz de la conciencia que le gritaba que estaba violando muchísimas normas.

Retuvo el aliento cuando James la tomó de la cintura y le tapó la boca, pegándola a una pared, aprovechando las sombras de la noche para ocultarse de la ronda nocturna del guardia. Se rieron los dos calladamente cuando el guardia se alejó silbando. Se sentía una niña haciendo una travesura.

No sabía cómo se las ingeniaba su acompañante para abrir las puertas, sólo le veía dirigir su mano derecha hacia ella, sosteniendo el palito de madera recuerdo de sus padres, para luego atravesar la antes cerrada y sellada puerta, avanzando los dos sigilosamente hasta el techo.

Una vez allí no pudo contenerse, escapándosele una exclamación de sorpresa genuina. A pesar de haber estado allí de día le parecía que nunca hubiese conocido aquello antes. La vista nocturna era magnífica. No sólo podía ver toda la comarca de Nottingham, iluminada por las luces encendidas en las diversas casas y construcciones, sino que las estrellas parecían querer iluminar todo con un brillo especial a pesar de estar entrando ya al invierno.

La luna llena esa noche era completa. Iluminando con una luz plateada casi mágica todo lo que tocaba. Jamás olvidaría su visita al Castillo de Nottingham un 30 de Noviembre del 2001 casi a medianoche, eso era seguro.

—¿Te gusta la vista? —le susurró Harry al oído, abrazándola por detrás, sonriendo al sentirla estremecerse. Sacó la pequeña gatita del bolsillo de la chaqueta y se la puso en las manos, sin moverse de esa posición. Aspiró el aroma que de ella emanaba y una vez más se dejó llevar por su corazón, dándole pequeños besos en la mejilla y el cuello entre estrofa y estrofa.

Una hermosa luna llena

desde el cielo nos observa

iluminando a la más bella

de todas las princesas

A este desprevenido enamorado

le muestra con las estrellas

lo inmensamente afortunado

que es al estar con la más bella

Tus ojos azules como zafiros

son mar en que quiero navegar

Tus labios rojos me arrancan suspiros

En sus ondas rojas quiero naufragar

Todo lo que alcanzas a ver y más

eso quisiera yo darte mi bienamada

Más sólo a mí frente a ti hallarás

Todo mi ser te pertenece mi adorada

Sé que el no saber de mí te asusta

Tiempo te pido para ante ti revelarme

Te prometo que pronto sabrás lo que te angustia

Lo arriesgaré todo para que llegues a amarme

Permite mientras tanto a este hombre enamorado

con palabras y acciones demostrarte lo que siente

No alejes de tu lado a quien más te ha amado

Perdona mis torpezas y junto a mí permanece

La giró hacia él con cuidado, sus esmeraldas brillando con emoción al ver los zafiros de ella llenos de amor. Le acarició con ternura el rostro.

Katherine Ann Stewart Ward

El nombre del hombre que te ama es

Harry James Potter Evans

—¿Harry Potter? —preguntó la morena sin poder contenerse. Ese nombre le sonaba de algo.

—Para todos fuera de mi mundo soy James Evans, para los que están en él soy Harry Potter, para ti… Llámame como quieras pero no dejes de hacerlo —le respondió él mientras le seguía acariciando el rostro. Suspiró y levantó la vista hacia la luna, recordando los consejos de sus tíos y la mujer que le quería como una madre, especialmente los del ex licántropo—. Comprendo que querrás investigarme al saber mi nombre completo, pero tengo que pedirte dos favores —Se giró a mirarla nuevamente—. No me llames Harry Potter frente a nadie de mi mundo hasta que yo pueda resolver algunas cosas y tampoco lo hagas fuera del grupo "Los Halcones".

—¿Cómo es que sabes de…? Olvídalo. ¿Por qué no debo llamarte por tu verdadero nombre?

—Me pediste que no volviese a apostar a perder —le recordó él, continuando al verla asentir—. Los MORTÍFAGOS tienen varios infiltrados en tu mundo. Si saben que me he revelado ante ti podrían intentar utilizarte a ti o a tus amigos para llegar a mí y… Ya te dije que no permitiré que nadie te haga daño nunca más, así que tendría que apostar a perder de nuevo si algo así ocurriese.

Katherine tragó saliva. Buscó en sus ojos un atisbo de engaño pero no lo consiguió.

—¿Acaso ellos no te relacionan con "James Evans"?

—Sí. Eso es inevitable, mi papá se llamaba James y Evans es el apellido de soltera de mamá. El problema no es que ellos sepan que soy yo quien está cerca de ti, lo que jamás deben enterarse es que nuestra relación es tan cercana para que tú sepas el nombre por el que se me conoce en mi mundo. Eso les llevaría a pensar que sabes algo más y que… Ellos saben que sólo me revelaría ante alguien importante para mí. Por favor Katy, ten mucho cuidado. No soportaría que alguien intentase lastimarte, mucho menos que lo hiciese.

—Soy policía, Harry. —le recordó ella.

—Y yo en una semana seré auror. Sé que no puedes evitar el estar en peligro, al igual que yo, pero… Sólo ten más cuidado que siempre.

—Te lo prometeré sólo si tú me prometes lo mismo. —le pidió ella, pues una extraña sensación de miedo por la seguridad de él se le había instalado en el pecho.

—Te prometo que me cuidaré más que siempre. —accedió él a comprometerse al notar en sus ojos su preocupación.

—Te prometo que me cuidaré más que siempre —repitió ella las palabras de él un poco más tranquila, comentando en seguida—. Me has enamorado Harry James Potter Evans, sólo así se explica que me hayas logrado hacer prometer algo que mis padres y Dani me pidieron y no accedí. No porque no los quisiese, sino porque…

Harry posó suavemente su mano sobre sus labios para acallarla, dejándose llevar esta vez por el impulso de sustituir sus dedos por sus labios, besándola.

Cuando se separaron nuevamente él la miró con una mezcla de alegría y ansiedad. Se le estaba acabando el tiempo y lo sabía. La abrazó con una mezcla de amor y desesperación. Estaba tan feliz que le dio miedo que algo malo ocurriese, como siempre había sucedido cuando él había rozado la felicidad.

El tenerla tan cerca lo tentaba fuertemente a besarla una vez más, pero cuando acercaba de nuevo su rostro al de ella el repique del celular de la morena los sobresaltó a los dos, separándose rápidamente.

Katherine con los nervios dejó caer su celular, apagándose al separarse la pila. Pero era tarde, los habían oído.

—¿Quién anda ahí? —escucharon la voz enérgica del guardián de seguridad, con la agitación propia de quien va corriendo, escuchándose también sus pasos.

—Kitty, cúbrenos por favor —le pidió Harry a la gatita en voz baja, que asintió y se lanzó de los brazos de la morena hacia unas cuerdas de seguridad cercanas con extremos de ganchos metálicos, para producir ruido—. Sin preguntas y en silencio. —le recordó Harry a la morena casi en susurros mientras sacaba su capa invisible de la chaqueta.

La envolvió con ella y la desplazó hacia la pared, ubicándose junto a ella mientras se lanzaba un hechizo desilusionador no verbal a si mismo. Logró hacerlo justo antes de entrar allí el guardia de seguridad, pistola en mano, mirando alrededor con movimientos rápidos y atentos, haciendo un registro visual de la zona. Harry sintió a la morena, que tenía abrazada, tensarse y retener el aliento cuando el guardia miró en dirección a ellos, apretando levemente el abrazo para transmitirle calma y seguridad.

Kitty se abalanzó frente al guardia cuando lo vio avanzar hacia ellos, maullando, moviéndose juguetona frente a él.

—Eres una pequeñita muy traviesa —sonrió el hombre moreno después que con sus ojos negros examinase nuevamente la terraza, agachándose y tomando con cuidado a la gatita, que se dejó hacer—. Hueles muy bien pequeñita. Tu joven ama tiene buen gusto para la colonia. Por un momento creía que había alguna chica aquí arriba —comentaba despreocupadamente mientras le examinaba el moño y el collar. Los ojos de la morena estaban abiertos al máximo, cayendo en cuenta que el aroma que despedía la gatita era el mismo de su colonia, sólo que hasta ahora lo identificaba—. Así que te llamas Kitty y tu dueña Katherine. Vamos abajo, te daré leche, ya mañana buscaremos como devolverte a tu dueña.

Harry guió a su acompañante para que saliesen poco después que el guardia, con la capa todavía sobre ella, en silencio.

Katherine estaba asustada pues no podía verlo aunque lo sentía. Vio extrañada como las puertas parecían abrirse cuando estaban tras ellas. Notó que su acompañante se estremecía levemente y le quitaba la capa una vez que estuvieron fuera del Castillo de Nottingham, haciéndole señas de avanzar hacia el bosquecillo en silencio mientras le guiñaba una de sus esmeraldas con picardía, sonriéndole con expresión traviesa. La morena aún no recuperaba el aliento totalmente, una de sus manos apoyada a un árbol luego que los dos corriesen hacia allí, con su compañero de carrera recostado al árbol vecino también bastante agitado atento a ella, cuando vio llegar a la gatita junto a ellos.

—¿Kitty? —preguntó incrédula, agachándose a recogerla y mimarla—. Gracias pequeñita. Eres una gatita muy especial.

Harry las miraba con ternura y una gran sonrisa, pensando que la detective no tenía idea cuanta razón tenía al decir aquello. La gatita era en realidad una kneazle, resultado de haber cruzado los gemelos Weasley a uno de los que había pertenecido a la fallecida señora Figg con una gata siamés también kneazle.

—Sería bueno que llamaras a tus amigos. Deben estar asustados porque no les respondiste. —le recomendó con cariño un par de minutos después, acercándose a ella con expresión tranquila.

—Tienes razón —asintió ella entregándole la gatita y sacando las piezas que había guardado de su celular rápidamente en el bolsillo de su chaqueta—. Menos mal que no se ha averiado —comentó rearmándolo ágilmente. Sonrió al oírlo repicar apenas lo encendió nuevamente y respondió—. Hola… Tranquilos, estoy bien. Es sólo que no podía responder y… En unos minutos estaremos allí… Sí, estoy segura… No, no nos encontrarían y… ¡Déjame hablar Michael! No vengan aquí porque nosotros estaremos allá en unos minutos. Estoy bien. Se me cayó el celular, es todo. Yo estoy bien… Lo sé amigo y se los agradezco mucho… Nos vemos en unos minutos.

—Por favor, ponte de nuevo la venda en los ojos, toma aire, retenlo y confía en mí. —le indicó Harry con suavidad.

—¿Algún día me explicarás todo lo que hiciste hoy y sabré quién eres? —le preguntó la morena antes de hacer lo que él le indicaba.

—Te prometo que tan pronto me sea posible te diré más de mí y te explicaré muchas cosas. —le respondió con expresión seria pero tono suave el pelinegro de ojos verdes.

Katherine asintió y se vendó de nuevo los ojos. Sabía que podía ser considerado una locura pero confiaba en él. Volvió a sentir que era apretada fuertemente durante casi un minuto, siendo luego conducida por su acompañante un par de pasos antes que él le sugiriese que se quitase la venda de los ojos. Al abrirlos vio sorprendida que estaban a sólo una cuadra del hotel, en Saint Albans, notando al girarse a mirar a su acompañante que miraba con expresión preocupada algo. Comprendió lo que le sucedía al seguir la dirección de su mirada y ver la camioneta del pelinegro de ojos grises allí, el único del que habían obtenido algunos vagos datos.

—Vamos al hotel, Katy, debo hablar con tus amigos sobre mi padrino.

—¿Sirius Orión Black Black es tu padrino? —le preguntó ella, la detective y la mujer dentro de ella batallando al notar que su acompañante la miraba angustiado, con el cuerpo muy tenso—. Es del único que hemos podido obtener algunos datos y no son nada halagadores, aunque sí muy confusos.

—Vamos. Te enterarás de lo concerniente a mi padrino al mismo tiempo que tus compañeros. Les responderé tanto como pueda a Los Halcones, pero… —dudó un momento.

Los que estaban en ese momento en el hotel habían aceptado ayudarlo sabiendo los riesgos. Habló con ellos en una reunión a la cual sólo no invitó a quienes siempre estuvieron con él, sus dos mejores amigos, los únicos que no podía involucrar en su plan para enamorar y enamorarse de la morena.

Pero no podía revelar algunas cosas aún. Aunque sabía que algún día Los Halcones conocerían su secreto, como afirmó Ginny, luego de verlo asentir a una pregunta suya al respecto. Sabía que ellos podrían manejar esa situación, pero él todavía tenía algo pendiente.

—Katy, te amo, pero no puedo poner en riesgo las vidas de otros por nuestra relación. Les diré sólo lo que no ponga en peligro vidas.

La detective y la mujer en su interior seguían batallando, así que ella se limitó a fruncir el ceño y asentir, caminando luego junto a él.

Cuando Harry pidió las llaves de la habitación notó que el encargado se las entregaba mirándolo muy nervioso. Mantuvo su rostro impasible y se dirigió al ascensor con Katherine, a quien llevaba abrazada por los hombros. Una vez que puso el llavín en la puerta desplazó instintivamente a su acompañante tras él, haciendo caso omiso del ruidito de protesta que se escapó de los labios de ella. Entraron lentamente a la habitación, que estaba a oscuras. Manteniéndose frente a ella la movió hacia un costado y cerró la puerta, encendiendo seguidamente la luz.

—Aléjese de ella con mucho cuidado. —le ordenó Jerry, apuntándole al "fantasma esmeralda" al igual que cuatro de sus acompañantes, mientras los otros seis tenían sus pistolas en las sienes de Nymph, Remus, Fred, George, Ginny y Sirius.

Harry hizo lo que le indicaba, luego de asegurarse que ninguno de los presentes era un mortífago disfrazado, desplazándose lentamente hacia su izquierda.

—Chicos, yo estoy bien, por favor bajen sus armas. —les pidió Katherine nerviosa. No le gustaba nada las expresiones de sus compañeros.

—Demuéstranos que eres Katherine Stewart. —le ordenó en un tono seco Julie.

—Dani Wallace y yo convinimos en no tener relaciones prematrimoniales, pero dos días antes que lo asesinaran rompimos nuestro pacto. —respondió furiosa Katherine.

—Perdona amiga. —se disculpó la castaña, dirigiendo ahora su arma hacia el pelinegro de ojos grises, del que desconfiaban más.

—¿James? —preguntó Ginny.

—Sin problemas un kilómetro a la redonda —respondió Harry, mirando de reojo a la morena con un sentimiento de culpa molestándole. Ésa era la segunda de las tres preguntas que él no le había podido responder—. Lamento que tus amigos estén tan tensos, Katy —le dijo en voz baja—. Yo nunca quise que esta situación se diese.

—Ni yo tampoco, pero es inevitable cuando no tenemos información sobre casi ninguno de ustedes y nos conseguimos con que tu padrino era un prófugo de la justicia hace ocho años. Aunque luego se haya pasado una nota sobre no seguirlo más por ser "inocente", sin que sepamos de qué crimen o por qué juzgado. —replicó ella muy seria, habiendo ganado la detective momentáneamente la lucha dialéctica interna.

—Sirius Orión Black Black, mi padrino, fue encerrado injustamente cuando yo tenía un año de edad por los que entonces eran sus compañeros en el grupo AUROR —empezó a responder Harry luego de ver el rostro de su padrino llenarse de tristeza y enojo mezclados—. Lo incriminó uno que se decía amigo de él y de mis padres de haberlos traicionado, provocándoles la muerte. Estuvo doce años pagando por un crimen que no cometió, escapando cuando supo que yo corría peligro grave al estar cerca de mí el verdadero traidor y recuperando fuerzas el que había sido el líder de los MORTÍFAGOS. Nos tomó casi cuatro años demostrar su inocencia. A ustedes sólo les llegó parte de la información por lo delicado y complicado de todo esto.

—¿Cómo podemos saber que lo que dices es cierto? —le preguntó Christine—. Del único que tenemos información fue buscado como un individuo de "alta peligrosidad".

—Pero tienen la información sobre su inocencia. —le replicó Harry.

—Sin embargo ellos seis evitaron que los siguiésemos a ustedes dos, lo cual se puede considerar obstrucción de la justicia. ¿Cómo te trasladaste de aquí a Nottingham con Katy en sólo segundos? —preguntó Anthony, mostrándole un equipo pequeño que tenía en su mano.

—Eso no puedo respondérselos todavía —replicó Harry serio, suspirando luego al ver que seguían apuntándoles a sus amigos y a él mismo—. Ninguno de nosotros está armado ni intentó lastimar a nadie esta noche. Si ellos se interpusieron con la camioneta entre el jaguar y ustedes fue para darme unos minutos de ventaja y poder llevar a Katy a un sitio especial. Por favor, déjenlos ir, ellos sólo me estaban ayudando para poder regalarle a la mujer que amo una noche especial. Yo me quedaré bajo arresto si es necesario.

—¿Qué ocurrió en Nottingham? —preguntó Madox.

—Irrumpimos en el Castillo y bajo la luna llena él me regaló una poesía además de una hermosa vista. Casi nos descubren cuando sonó mi celular y luego regresamos. —resumió Katherine luego de un par de minutos, mientras se recuperaba del impacto emocional que le había ocasionado ver y oír a Harry.

—¿Irrumpieron en el Castillo de Nottingham por la vista y un poema? —preguntó Jerry en estado de shock.

Katherine y Harry se ruborizaron de inmediato, con expresión de pilluelos capturados en una travesura, bajando la cabeza levemente Harry al oír la risa como un ladrido de su padrino.

—¿Todo esto fue para eso "cervatillo"? —le preguntó Sirius entre risas.

—Yo quería algo especial para finalizar la noche. —le contestó Harry incómodo.

—Y lo lograste, fue algo muy especial. —se le escapó a la morena mirándolo, ganándole esta vez la mujer a la detective. Asintió sonriente al verlo girarse y mirarla interrogante, sintiéndose dichosa al ver su expresión alegre.

Daryll carraspeó audiblemente, enojado por el cruce de miradas entre ellos. Era el mayor del grupo y protegía a los otros mucho, especialmente a las cinco mujeres, sintiéndose con ellas como una especie de hermano mayor sobreprotector.

—Ya bajen las armas y vamos a que nos paguen la apuesta. —dictaminó Christine, que guardaba su arma al igual que Dorothy, Julie y Kathleen.

—¿Qué apuesta? —preguntó de inmediato Katherine, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos al ver a sus once amigos revolverse nerviosos.

—No… no te vayas a molestar Katy… Pero verás… Nosotros… Pues… Tú eres… James no sabíamos… Pero esta semana… Nosotros… —la rubia de ojos grises, que había hablado antes con mucha seguridad a sus compañeros aseverando que ellas cuatro habían ganado la apuesta al decirles a sus siete amigos que debían pagarles, no sabía ahora cómo responderle a su amiga.

—Creo entender que al no haber averiguado nada de James, y no habiendo tú tenido novio luego que falleció tu prometido, tus amigos cruzaron una apuesta sobre sus intenciones contigo esta noche. —resumió Ginny ante el silencio en que había caído la habitación.

—¿Ustedes hicieron eso? —preguntó furiosa Katherine, gruñendo al verlos bajar un poco la cabeza y asentir levemente—. Eso es… es… ¿En qué consistía exactamente la apuesta?

—¡¿Pero qué rayos?! —brincó asustada Dorothy, dejando caer una especie de moneda dorada que le estaba entregando a uno de los gemelos pelirrojos. Les estaban devolviendo las pertenencias que les habían ordenado entregarles al detenerlos, cuando sintió que se ponía muy caliente.

Ginny, Fred, George y Harry palidecieron ante esto. Conteniendo la respiración cuando sonó el celular del último.

—¿Qué pasó Frank? —preguntó Harry asombrado de que el castaño lo llamase, Cambió su expresión a la fría e insondable que había adoptado en la guerra en cuanto le empezó a escuchar, el ceño fruncido, poniendo su máscara de frialdad y sus pensamientos bajo control, conteniendo con dificultad sus emociones—. El E.D. actuará de inmediato. No te muevas de donde estás hasta que al menos uno de nosotros esté contigo. Te seguiremos y la recuperaremos… Sé que es difícil pero haz lo que te digo. —Colgó el teléfono.

»Atacaron en su casa. Los cuatro mayores están muertos y se llevaron a Juliet. El pequeño está a salvo con él —les informó rápidamente a sus compañeros—. Orión, necesito que actives la O.D.F. pero avísale al moreno de último, necesitamos un par de minutos de libertad de acción antes. Molly, ve por tu maletín antes de ir allí. Rómulo y Remo, háganle saber a Jane y Leonel lo ocurrido sin que mamá Molly se entere. Dorea y John, vengan conmigo, ya luego veremos las explicaciones.

—Sí. —respondieron todos al unísono.

Comprendieron que Harry era de nuevo el guerrero y les convocaba a actuar como había sido durante la guerra, lo cual los preocupaba mucho. Pero luego que recuperasen a Luna preguntarían, no antes.

—¿James? —preguntó asustada la morena de ojos azules.

—Sólo recuerda las dos cosas que te pedí. —le respondió muy serio, apretándole levemente la mano. Dio una cabezadita en dirección a sus amigos y salieron rápidamente del cuarto rumbo al ascensor.

—Esperen, iremos con ustedes. —aseveró Andrew.

—Adelántense. No esperen por mí —les ordenó Harry a sus compañeros, devolviéndose para detener a Los Halcones. Con dos movimientos rápidos desarmó a Madox y atrapó entre sus brazos a Katherine, apuntándole con el arma muggle—. ¡Quietos o tendré que lastimarla!

—¡James! —exclamó asombrada ella.

—Lo siento, pero la vida de una amiga embarazada peligra. No tengo tiempo de dar explicaciones y no puedo permitir que ninguno de ustedes vaya con nosotros. Entren todos de nuevo al cuarto. —ordenó con firmeza, sus ojos y voz fríos como hielo. Avanzó con ellos de regreso a la habitación y entró, cerrando la puerta tras él. Tenía las armas de diez de ellos apuntándole. Se acercó al balcón y salió por él, con cuidado.

»Apenas ella esté a salvo me reuniré con ustedes a solas. —le aseguró en voz baja a la morena antes de entregarle el arma que le había quitado al castaño de ojos negros y saltar por el borde, cayendo en el asiento trasero del jaguar rojo.

—Rápido. No hay tiempo. —le escucharon los doce policías luego de su quejido al golpearse, viendo como el auto salía rápido del estacionamiento. Uno de los gemelos pelirrojos estaba girado hacia el pelinegro intentando ayudarlo, o al menos eso parecía desde el tercer piso en que ellos se encontraban.

—La próxima vez que me tome de rehén no lo obedezcan. Jamás me hará daño. —aseveró Katherine a sus amigos, entregándole el arma a Madox y saliendo corriendo del cuarto.

El amanecer consiguió a doce policías despiertos en una camioneta vigilando la entrada al #12 de Grimmauld, sin haber logrado averiguar nada sobre el pelinegro de ojos esmeralda y sus misteriosos acompañantes.

Katherine acariciaba distraída la pulsera, la gatita durmiendo en su regazo. Dorothy miraba una vez más en la pantalla de la computadora portátil la transcripción que había hecho de la poesía que le había regalado a su amiga el "fantasma esmeralda", luego que ella les contase con detalle todo lo ocurrido en Nottingham y se la dictase. Corrió el analizador de textos, aunque estaba casi segura que el resultado sería negativo.

—¡Por Dios! —se le escapó de los labios a la morena, alertando a sus acompañantes. Los doce vieron asombrados como el hombre castaño de ojos color miel ayudaba a bajar de la camioneta del pelinegro de ojos grises a una joven mujer rubia, con al menos ocho meses de embarazo, mientras la mujer de pelo color rosa chicle llevaba en sus brazos a un niño pequeño. Era evidente que el rostro de la embarazada había sido brutalmente golpeado, aún a la distancia, además de cojear notoriamente.

—La agredieron hace pocas horas. —confirmó Andrew que había hecho un acercamiento con la cámara.

—¿Qué hacemos? —preguntó Kathleen a sus acompañantes.

Los doce se sobresaltaron al escuchar el celular de Katherine.

—¿Quién es…? Sí, somos… Totalmente de confianza mía… ¿No pueden llevarlo al hospital?… Estaré con ellos allí en unos minutos —En cuanto el pelinegro de ojos verdes colgó el teléfono Katherine miró a sus acompañantes inquieta—. No sólo saben que estamos aquí sino que James me ha pedido ayuda para su padrino. No pueden llevarlo al hospital y tampoco atenderlo el chino que normalmente los ayuda.

—Maggie y Laurence están de guardia, pero yo puedo… —empezó Jerry, deteniéndose al verla denegar, sin entender.

—Yo iré por ellos. —afirmó Kathleen rápidamente, pues había comprendido.

—En el estacionamiento de mi apartamento. —le indicó la morena.

La pelirroja de ojos castaños la miró extrañada pero asintió, bajándose de la camioneta y corriendo hacia su auto.

—Debemos dejarnos ver en nuestras rutinas normales para que no sospechen —les indicó a sus compañeros la morena, explicándose al ver sus expresiones de extrañeza—. James me pidió anoche que tuviese mucho cuidado de no dejar traslucir la relación que tenemos pues, según él, pueden estar cerca infiltrados de los MORTÍFAGOS e intentar dañarme a mí o a ustedes. Si tiene razón, el no presentarnos los doce en nuestros ambientes habituales no sólo nos perjudicaría como el grupo especial que somos, sino que nos podría poner en el punto de mira de sus enemigos, los cuales son tan fantasmas como él y sus amigos.

—Sólo que si ellos le hicieron eso a la rubia… son muy peligrosos. —añadió Julie, sus ojos fijos en la pantalla en cuya mitad superior se veía el rostro golpeado de "Juliet", mientras en la inferior se comparaba éste con bases de datos policiales.

—Kathleen y yo estaremos investigando el caso "silabario" con Katherine. —afirmó Jerry, asintiendo todos seguidamente. Daryll puso en seguida la camioneta en marcha.

Diez minutos más tarde Katherine y Jerry coincidían en el sótano del edificio con Kathleen, Nataly y Jonathan, acercándoseles rápidamente el vigilante.

—Señorita Stewart, los dejé subir porque su amigo me aseguró que usted le había dado su permiso para recostar aquí a su amigo enfermo, mientras la señorita Harvey le daba algo para que mejorase. Además el que está indispuesto la ayudó a ella el otro día, pensé que… —Se detuvo dudoso.

—No se preocupe Doe, hizo bien, gracias. —lo tranquilizó la detective, avanzando los cinco rápido hacia el ascensor.

—¿Qué tan enfermo está? —preguntó nervioso Jonathan.

—Eso no lo sabemos. —le respondió con sinceridad la morena.

—Perdona Katy, no quería involucrarte pero necesitamos ayuda con Orión. —le dijo con expresión de súplica Harry apenas la vio entrar.

—¡James! —exclamó asustada al verlo, su rostro lleno de lastimaduras.

—¿Dónde? —preguntó Nataly, entendiendo que atenderían a un herido y no a un enfermo.

—Allí. Molly está con él. —le respondió Harry, señalando con una cabezadita el cuarto de la morena.

La rubia y el castaño se desplazaron allí rápidamente, con Kathleen tras ellos.

—Yo debo irme de inmediato pero volveré en cuanto pueda —les dijo Harry a Katherine y Jerry—. Por favor, no dejen que ninguno de los dos salga de aquí hasta que yo vuelva.

—Pero tú necesitas atención médica. —le replicó preocupada la morena.

—Frank y Leonel están en una situación peligrosa. Debo ir con ellos y sacarlos de allí, Jane no podrá sola. Volveré en cuanto pueda. Por favor, reténganlos aquí a los dos. Confío en ustedes. —les pidió, avanzando hacia la puerta cojeando levemente.

—¡James! Recuerda lo que me prometiste. —le insistió la morena.

—Aún no estoy apostando, mi amor, sólo se están repartiendo las cartas. —le replicó él con expresión triste, suspirando y saliendo.

—¿Katherine? —preguntó intrigado Jerry.

—Sólo sé que no debe apostar a perder. —le respondió ella, mirando aún la puerta por la que el pelinegro de ojos color esmeralda había desaparecido.

El detective asintió, relacionando ahora aquél extraño intercambio de frases con lo que les había contado su amiga.

—¡Déjame! Él me necesita. —escucharon protestar furiosa a la pelirroja baja y menuda, que era sacada del cuarto con dificultad por la pelirroja alta y robusta, quien no quería lastimarle la fea herida en el brazo izquierdo ni la de la pierna derecha, lo que se le hacía difícil con lo agitada que estaba la pecosa.

—¿Qué pasa? —preguntó Jerry, acercándoseles rápidamente.

—Naty y Jonathan me pidieron que la sacara. —le respondió su novia.

—Pero yo debo estar con él. Puedo ayudarlos —protestó Ginny, empezando a sollozar al ser retenida con fuerza por el pelirrojo detective—. Por favor, él me necesita a su lado para que tenga el ánimo de luchar por sobrevivir, por favor.

—Cálmate y te llevo adentro. —le prometió Jerry con suavidad.

Ginny asintió rápidamente e hizo esfuerzos enormes por tranquilizarse.

—Lo siento señorita Middleton, es sólo que jamás creí que lo vería tan mal de nuevo. —se disculpó con la detective que la había sacado del cuarto apenas recuperar la calma.

—¿Cuándo estuvo tan mal? —le preguntó ella con tono suave.

—Hace cuatro años —le respondió Ginny con cautela—. Por favor, me necesita a su lado, lo sé, por favor.

—Vamos. Te llevaré con él. —accedió Jerry, entrando con ella al cuarto al igual que las dos detectives.

Katherine se tuvo que tapar la boca para no gritar, pues la herida que le estaban atendiendo sus amigos en el estómago al hombre lucía terrible.

Nataly y Jonathan miraron acusadores a Jerry al ver que entraba con la chica que habían pedido sacaran, pero rápidamente siguieron con las atenciones al herido. Se asombraron al ver a la menuda pelirroja empezar a ayudarlos silenciosamente y con habilidad. Era evidente no sólo que ya estaba más tranquila, sino que sabía lo que hacía.

—No dejes de luchar por tu vida, mi amor, no podría vivir si me faltas. —le suplicó Ginny a Sirius cuando su respiración comenzó a ser muy irregular, tranquilizándose al ver que se regularizaba un poco.

Media hora más tarde el herido descansaba en la cama bajo el efecto de un fuerte sedante, totalmente fuera de peligro. Su novia le apretaba levemente una de sus manos con una suya, mientras con la otra le acariciaba la frente. La explicación que Harry y ella habían obtenido de él antes que perdiese el conocimiento rondaba en su cabeza, al igual que las palabras del pelinegro de ojos esmeralda.

No puedo tomar pociones ni nada que contenga magia. —se decidió a confesar Sirius luego de no permitir que su adorada pelirroja le diese poción rellena sangre.

Tú también fuiste afectado por la primera liberación ese día. —afirmó Harry, siendo confirmado por un asentimiento de él.

En el hospital entonces… ¿Cómo te atendieron? —preguntó ella, temiendo la respuesta que sabía él le daría.

Li Tieguai. —alcanzó a musitar Sirius antes de desmayarse.

Pero ahora el medimago chino, el único en San Mungo dispuesto a atender a sus pacientes con medicina muggle de ser necesario, estaba en una camilla siendo atendido por sus compañeros luego que lo hiriesen mientras atendía a Luna.

Ginny casi había colapsado al verlo desmayarse, reaccionando cuando vio a Harry abrazarlo y tomarla a ella de una muñeca. Aparecieron en el pequeño auto que el pelinegro de ojos verdes le había comprado a Hermione, aunque decía que era de los dos, para desplazarse en el mundo muggle.

El pelinegro se movilizaba siempre en Blacky cuando estaba entre los no mágicos. Harry había preferido el día antes pedirle el jaguar rojo a los gemelos que el pequeño sedan cuatro puertas azul a la castaña, sólo por no decirle a Hermione que lo quería para ir a cenar con la detective.

Ginny había empezado a atender la herida más grave de su novio mientras Harry manejaba y los llevaba al apartamento de la detective, aplicándole un hechizo confundidor al guardia para que no se asustase por el estado de los tres y los dejase subir.

—Permite que te curemos —le indicó con suavidad Nataly, acariciándole el cabello, agregando al verla denegar—: Si recobra el conocimiento y te ve así se asustará, pudiendo recaer.

Ginny accedió ante el razonamiento de la rubia.

Los tres detectives se miraban intranquilos eventualmente, sin entender lo ocurrido pues no tenían noticias de un ataque que pudiesen relacionar con aquello, a menos que fuese el extraño incidente ocurrido en las cercanías de Birmingham, pero… Tendrían que esperar un poco para saber más de aquello.

—¿Puedo pedirles que cuiden de Orión mientras regreso? —los sacó de sus pensamientos la menuda pelirroja.

—Cuidaremos de Orión y de ti, pues no vas a ninguna parte. —le replicó Jerry.

—Pero yo debo ir a ayudar a… —intentó protestar.

—Lo siento, pero James nos pidió que los retuviésemos aquí a los dos. —la interrumpió Katherine con firmeza.

—Intenten detenerme. —amenazó furiosa.

—Lo siento, pero tú no estás en condiciones de ir a ninguna parte. —la retuvo Jerry, haciéndole una señal a Jonathan y su maletín.

Ginny intentó forcejear, quejándose al sentir un pinchazo.

—¿Qué me est…? —No pudo terminar. Sintió que perdía sus fuerzas y era incapaz de luchar. Notó que se le cerraban los ojos y no lograba concretar ideas, cayendo poco a poco pero inexorablemente en el mundo de los sueños.

—Sospecho que si James no está aquí cuando despierte tendremos serios problemas. —comentó Jerry, levantándola en brazos para llevarla a otro cuarto.

Media hora más tarde Katherine le abría la puerta a un muy malherido pelinegro de ojos verdes, que apenas si lograba sostenerse en pie.

—¡James! —lo atrapó en un abrazo la morena asustadísima, impidiendo que cayese al piso.

—Parece que no puedo terminar una velada contigo de manera decente, sin que tengas que atenderme alguna herida —intentó bromear Harry, sonriendo levemente, contrayéndose un minuto después su rostro en una mueca de dolor. Jerry ayudó a Jonathan a llevarlo al tercer cuarto del apartamento, con Nataly y Katherine frente a ellos—. ¿Molly y Orión? —preguntó en tono apenas más alto a un susurro en cuanto lo recostaron en la cama.

—Bien y durmiendo bajo sedantes —le respondió Katherine, agregando al ver su expresión interrogante—: Fue la única forma de retenerla sin que se lastimase.

—Gracias —murmuró Harry—. Yo no quiero meterlos en problemas, pero… Sólo necesito unos minutos para recuperar fuerzas y llevármelos de aquí. —les dijo, haciendo un esfuerzo por mantenerse consciente y sin quejarse, mientras lo empezaban a examinar para curarlo.

—Tranquilo James, no te preocupes en este momento por los problemas de nuestros trabajos ni por nada más, sólo deja que Naty y Jonathan te curen. —le pidió con suavidad la morena, sonriendo al verlo asentir.

—¿Cómo está? —se incorporó bruscamente la morena del mueble de la sala apenas ver salir a sus dos amigos del cuarto en que los había dejado curando al "fantasma esmeralda", de quien estaba perdidamente enamorada. Ahora estaba segura, luego del grado tan elevado de angustia en que había estado sumida los últimos veinte minutos.

—Está estable, pero muy débil. Lo hemos sedado porque estaba muy intranquilo, murmurando sobre tener que irse los tres. —le respondió Nataly.

—Es increíble que pudiese llegar aquí por si mismo en su estado. —completó Jonathan.

Katherine se sobresaltó al oír su celular, abriendo mucho los ojos al ver un número desconocido.

—¿Quién…? Están fuera de peligro los dos… Tuvimos que sedarla porque James nos había pedido que la retuviésemos y ella quería ir con ustedes… Los tres fueron atendidos y están dormidos por su propio bien… Pero no es conveniente para Orión moverlo… Entiendo. No se preocupe Jane, yo me ocuparé de que ellos tres estén a salvo… ¿Puedo comunicarme con usted entonces?... Así lo haré, pero… No. Quiero ayudarlos… Así lo haré.

—¿Katy? —preguntó intrigada la médico rubia al verla finalizar la llamada.

—Están montando una distracción cerca. Tenemos cerca de quince minutos para sacarlos de aquí a los tres, poniéndonos a salvo todos.

—Pero no podemos trasladar a Orión sin poner en peligro su vida. —le replicó Nataly asustada.

—Es eso o enfrentarnos a los MORTÍFAGOS, de los cuales no sabemos nada. —replicó la detective angustiada.

—¿Pueden despertar a los otros dos? —preguntó Jerry.

—No estarán a plena capacidad pero al menos podrán caminar —le respondió Jonathan, corriendo hacia el cuarto del que acababa de atender mientras le decía a su amiga—: Tú a la joven.

—Necesito la camioneta dos en el estacionamiento de Katy en cinco minutos. —le indicó rápidamente Jerry a alguien por su celular.

Tres minutos más tarde, Ginny y Harry escuchaban las rápidas explicaciones de Katherine, mientras los otros movilizaban a Sirius en una camilla rumbo al ascensor, los dos muy mareados pero haciendo un esfuerzo por movilizarse sin ayuda.

—Sólo hay una explicación: me siguieron. Debo alejarme de ustedes para darles una oportunidad de escapar. —afirmó Harry.

—Apenas si te puedes sostener en pie. —le replicó preocupada Ginny.

—Pero si consiguieron cómo… —intentó Harry.

—Eso no lo sabemos —lo interrumpió Ginny decidida—. Y aunque así sea estoy segura que Jane y los otros podrán alejarlos. Seguro Kingsley conseguirá la manera —Al ver flaquear la decisión de alejarse de su amigo insistió—. Estás muy débil, no podrás alejarte lo suficiente y los pondrías en peligro al dividir esfuerzos para ayudarte a ti y a nosotros al mismo tiempo.

—Arriba ustedes dos —les ordenó Jerry, empujándolos a los dos a la camioneta sin muchas contemplaciones—. Pueden seguir su disputa adentro. El tiempo se nos acaba.

Harry iba a protestar e intentar bajarse cuando sintió la mano de la morena en la suya.

—Quieto, James. No me obligues a dejarte inconsciente. —lo amenazó la morena.

—Tú no entiendes, Katy. —le replicó él con frustración.

—Jane me pidió que los mantuviese a los tres a salvo con la misma convicción que tú me pediste antes que lo hiciese con ellos dos. No sabemos exactamente de qué hablan por todos sus secretos, pero ustedes tres están bajo nuestro cuidado aunque tengamos que arrestarlos o incluso dejarlos inconscientes para eso. —le dijo ella con firmeza, finalizando en un tono levemente amenazante.

Harry frunció el ceño mientras sus ojos verdes relampaguearon desafiantes. El cruce de miradas entre esmeraldas y zafiros se vio interrumpido por un brusco movimiento de la camioneta, cayendo Harry en los brazos de Katherine, sosteniendo Nataly y Jonathan la camilla de Sirius mientras Jerry sostenía a Ginny y le gritaba a su novia:

—¡Ten cuidado Kathleen! Tenemos tres heridos aquí.

—Lo sé, pero hay obstáculos en la vía. —le devolvió ella, dando otro giro rápido para alejarse del auto que había explotado a su derecha.

—¡¿Qué rayos está pasando?! —fue el saludo de Katherine a quien la llamaba—. ¿Estás segura que no podrán seguirnos allí?… De acuerdo —Colgó el teléfono y le gritó a su amiga al volante—: Por Brompton Road, luego Kensington Gore y Hyde Park. ¿James? ¿Qué tienes? —le preguntó asustada al sentirlo desmadejarse en sus brazos.

—Confía en mí, Katy. —le susurró. Se concentró con más fuerza aún, empezando a temblar levemente.

—¿Estás seguro James? Eso haré. —gritó la detective al volante.

—¿De qué habla Kathleen? —preguntó asustado Jerry.

Por toda respuesta sintieron otro cambio de dirección violento, logrando sostenerse a duras penas. Escucharon un par de minutos después que el ruido se calmaba y sintieron que la camioneta empezaba a ir más despacio.

—No creo que sea buena idea, James —escucharon que gritaba la mujer al volante—. Tus amigos no lo saben y… como digas.

—¡No Harry! —exclamó asustada Ginny. Olvidó la prudencia por sus acompañantes al comprender lo que estaba ocurriendo—. No lo hagas, amigo. Te hará mal estando débil y afectado por el sedante —Lo sacudió para sacarlo de concentración, intentando zafarse de los brazos del detective pelirrojo que rápidamente la sujetó—. Déjame, él no debe seguir comunicándose con Hermione y Kathleen simultáneamente. Le hará mal.

—¿James? —le preguntó Katherine asustada por su palidez y lo que la chica había dicho, teniendo que sujetarlo y hacer equilibrio ante un nuevo cambio de dirección de la camioneta.

—Tenías razón, en unos minutos estaremos en Picadilly y ya no nos siguen. —escucharon gritar a Kathleen los que iban atrás.

—Lo siento Molly, no podía dejar que lastimasen a ninguna de las dos —se disculpó Harry en voz baja—. La próxima velada la tendrás… que planear tú, Katy… para que terminemos riendo… felices y no en una situación… como… —intentó bromear para destensarla, pero estaba demasiado agotado—. Te amo Katy. —musitó un minuto después, antes de perder el conocimiento.

—¿James? ¡James! —lo abrazó asustada.

—Perdió el conocimiento pero aún está estable. —la tranquilizó Jonathan luego de examinarlo rápidamente.

—A Harry no… —murmuró intranquilo el hombre de ojos grises y pelo negro azulado, la fiebre subiendo.

—Harry va a estar bien, Sirius —le dijo con suavidad el detective pelirrojo—. Al igual que tú y… —se quedó mirando a la menuda pelirroja.

—Ginny. —respondió, luego de recordar que en su agitación había llamado a su amigo por su primer nombre, teniendo ya ellos confirmado el de su novio.

Katherine suspiró. Ella no había revelado lo que Harry le pidió ocultase, pero con todo lo ocurrido su secreto parecía que no se mantendría intacto mucho tiempo. Aquello empezaba a preocuparla, visto el ataque del que habían sido objeto hace sólo unos minutos. "¿Quiénes son ellos? ¿Quiénes sus atacantes? ¿Por qué no confían en que los doce mejores detectives policiales del Reino Unido los ayuden? ¿Quién es realmente Harry James Potter Evans? Él se dirigió la noche anterior a los otros más como un comandante en guerra que como un amigo o un policía a punto de graduarse, obedeciéndole incluso su padrino sin signos de molestia. Algo me dice que las respuestas llegarán pronto y no me gustarán".