Resumen: Sincerarse con nuevos amigos, con quienes te quieren y contigo mismo… algo difícil.

Dos Mundos en Peligro

—¿Estamos aún en la mira de ese grupo?… —le preguntó Katherine a Hermione apenas la castaña le respondió el teléfono—. Perdió el conocimiento, pero Jonathan dice que está estable… ¿Ustedes aún están en peligro?… Eso lo responde. ¿Cómo podemos ayud…? Pero… ¿Quieren que los llevemos con los Prewett?… Eso haremos, te llamaré y… Entendido.

—¿No podemos ir a casa de mamá? —preguntó intranquila Ginny.

—No. Hermione dice que hay cerca un grupo de ésos y no podríamos llegar. —le respondió la morena.

—¿Hermione? ¿Cómo sup…? —Se detuvo al recordar que ella la había nombrado, pero justo ahora les acababa de confirmar que se refería a Jane. Suspiró y cerró los ojos, llevándose una mano a la sien derecha para darse un leve masaje. Le estaba comenzando a molestar un fuerte dolor de cabeza, producto de la mezcla de medicamentos muggles para dormirla primero y despertarla luego, además del fuerte estado de tensión desde que supo del secuestro de Luna y lo que se encontraron mientras la rescataban—. ¿A dónde nos llevarán entonces?

—Iremos a mi casa —afirmó Daryll asomándose por la ventanilla en la puerta que comunicaba los asientos delanteros y la parte posterior de la camioneta, frunciendo el ceño al ver sobresaltarse a la menuda pelirroja —. Yo traje la camioneta al estacionamiento y dejé que la maníaca condujera para poder coordinar los movimientos con Los Halcones —le explicó, rodando los ojos al oír la protesta inmediata de su acompañante en el asiento delantero—. Estamos ayudando a cubrir a los amigos de James de unos locos y…

—Dile a todos que se concentren en recordar el color de mis ojos cuando alguien con vestiduras extrañas se acerque a preguntarles qué vieron —lo interrumpió Harry con voz baja, haciendo un evidente esfuerzo para hablar. Había recuperado la conciencia mientras el hombre moreno oscuro, de ojos y pelo negro, hablaba—. Que luego que los iluminen con unos palitos de madera finjan tener sueño y se alejen, que se reúnan con nosotros después. Pronto. Luego les explico.

—¿Puedes hacer eso en tu estado? —le preguntó Ginny, entre asombrada por lo que implicaba y preocupada por él.

—Tengo que hacerlo. Necesitaremos su ayuda y ya están en la mira de ellos. —le respondió Harry, cerrándosele los ojos nuevamente. Apretó levemente una mano de Katherine para recordarse a si mismo que tenía un fuerte motivo para hacerlo. Había prometido no apostar a perder y acababan de averiguar Hermione y él que tan alta era la apuesta.

—Señor Conrad, haga lo que James dice, avíseles a sus amigos —lo apoyó Ginny en lo que había decidido—. Espero que sepas lo que haces, Harry. —murmuró sacando su varita y apuntándole al pelinegro de ojos esmeralda con ella.

Se concentró y le aplicó un hechizo no verbal que habían formulado entre ella y el trío durante la guerra, guiados por Hermione, que ayudaba a estabilizar a Harry cuando hacía uso intenso de su magia. Una vez que vio a su amigo respirar más regular, pero aún muy pálido, decidió ayudarlo más haciendo caso omiso de las miradas interrogantes de sus acompañantes y el arma que había sacado el detective pelirrojo luego de ver la luz azul celeste salir de su varita y dar en el cuerpo del hombre joven semiinconsciente. Se concentró y aplicó otro hechizo, esta vez enlazando su propia magia a la de él para ayudarlo.

—No debes… —intentó convencerla Harry, abriendo los ojos y perdiendo un poco su concentración al sentir la magia de ella intentando mezclarse con la suya.

—Tú tampoco y lo estás haciendo —lo interrumpió ella—. Avísame cuando los del Ministerio terminen con ellos, rompo el lazo y descansamos. Luego tú nos explicas a todos.

—De acuerdo. —aceptó él. Cerró de nuevo los ojos y le dio acceso a su cuerpo a la magia de ella, enfocándose en lo que había decidido hacer.

Jerry vio palidecer a la menuda pelirroja y tambalearse levemente, por lo que guardó rápidamente su arma y la sujetó por la cintura para sostenerla. Sintió un cosquilleo en su piel al entrar en contacto con la extraña luz rosa claro que envolvía a la chica y fluía hacia el pelinegro, quien estaba brillando levemente con una extraña luz blanca que no molestaba la vista. Interrogó con la mirada a Katherine, notando que ella estaba mirando al hombre en sus brazos con el ceño fruncido y expresión de estar recordando algo, pero ella no lo miró a él. Miró de reojo a los dos médicos y notó que estaban desconcertados totalmente. Eso lo alivió un poco. "Al menos no estoy teniendo alucinaciones".

—Estamos llegando —les avisó quince minutos más tarde Daryll, asomándose por la ventanilla. Abrió muchísimo los ojos al ver lo que estaba ocurriendo atrás, pues luego que la pelirroja pecosa y menuda le insistiese en lo dicho por el "fantasma esmeralda", se había girado de nuevo al frente para llamar a los otros y transmitir el mensaje, sin entender nada. Había estado luego atento a Kathleen y cuanto rodeaba la camioneta preocupado porque los siguiesen aún—. ¿Qué están…? —Una llamada a su celular lo detuvo, apresurándose a responder al ver quien era—. ¿De qué estás…? Cálmate Julie… James nos lo explicará… No hablen con nadie, vengan a mi casa de inmediato.

—¿Qué ocurre Daryll? —le preguntó intrigadísima Kathleen, pues no había entendido las últimas conversaciones por celular del moreno.

—Eso quisiera yo saber. —le respondió él pasándose una mano por la cara.

"Desde que ese muchachito se acercó a Katy la vida de Los Halcones es una locura peor de lo habitual en nosotros y algo me dice que están por venir tiempos peores. Lo más extraño es que sin haber podido averiguar nada de ellos no desconfiamos totalmente, pues su proceder hasta ahora con mi amiga no sólo ha sido correcto sino incluso protector en el caso de James con Katy", pensó inquieto el detective moreno.

"Quiero mucho a Katy y me alegra verla nuevamente ilusionada después de tanto tiempo sola, pero… ¿En que lío estamos metidos ahora?", se preguntaba inquieta Kathleen, mirando de reojo eventualmente al moreno.

—Entremos a la senda con las luces y el motor apagados. —le indicó Daryll, pues aunque era de día el sendero era oscurecido por la multitud de árboles altos y de copa tupida haciendo necesario el usar las luces. El camino era un descenso gradual y leve desde la carretera principal, por lo que la camioneta podía rodar sólo por inercia poniéndola en neutro. Bajó la ventanilla para poder oír el contorno. Al detenerse frente a la casa, sin señales de problemas en el entorno, se asomó de nuevo a la parte posterior. Frunció el ceño al ver a sus amigos haciendo intentos por hacer reaccionar a los dos extraños más jóvenes—. Llegamos y no hay "chotacabras". ¿Problemas con "los fantasmas"?

—¿Es broma, Daryll? —le preguntó Jerry estresadísimo.

—¿Por qué están inconscientes James y Molly? —repreguntó el moreno, explicando mejor su duda sobre lo que veía.

—Sólo sabemos que al cesar la luz que los envolvía ella dijo "Estamos en serios problemas" con los ojos aún cerrados, perdiendo seguidamente los dos el conocimiento y ninguno de ellos reacciona —le respondió Nataly. Desistiendo del algodón con alcohol le tomó de nuevo el pulso a ella, notando que era bastante débil—. Es como si hubiese perdido gran cantidad de sangre. Pero a menos que sea una hemorragia interna que se haya desatado durante los movimientos bruscos de la camioneta, luego de lo que sea que vivieron, no me lo explico.

—Él está tan mal como el día que lo atendieron Maggie y Laurence —les dijo Jonathan, sacando una jeringa, suero y medicamento—. Si son hemorragias internas necesitaremos que al menos ellos dos nos vengan a ayudar. También que traigan todo el equipo que tenemos aquí dentro de la casa.

El moreno denegó levemente pero se giró al frente y llamó desde su celular.

—Traigan a Maggie y Laurence con ustedes… Los necesitamos aquí, sin preguntas y de inmediato… —le pidió a su amigo—. NO LO SÉ ANDREW, SÓLO INGÉNIATELAS ¿QUIERES?... —le gritó al oír su réplica—. Perdona, pero estoy tan estresado como ustedes… No, no lo sé, pero créeme que ustedes tampoco saben por lo que estamos pasando aquí… Apresúrate.

—¿Daryll? —preguntó ahora muy asustada Kathleen. Jamás había visto al moreno perder los nervios, aunque habían enfrentado cosas muy difíciles.

—Esos tres están bastante mal según Naty y Jonathan.

—¿Y si están así por guerra biológica? —preguntó aterrada la detective pelirroja.

—Si es eso… Los doce estuvimos anoche en una habitación de hotel con siete de ellos, estamos viviendo cosas muy extrañas y… Espero seriamente que estés equivocada, aunque no sé si la alternativa sea mejor —le replicó el mayor, haciendo un esfuerzo mientras tanto por serenarse para organizar sus ideas—. Vamos a ayudarlos a llevarlos adentro.

Kathleen, que se había asomado atrás y palidecido al ver a los tres extraños con sueros en sus brazos y sus cuatro amigos muy pálidos, se giró de nuevo hacia quien era el líder no oficial de Los Halcones. Recuperó su temple al verlo más tranquilo a él.

Entre los cuatro detectives y los dos médicos llevaron a la casa a los tres "fantasmas", con tanto cuidado como les fue posible para evitar que empeorasen si era cierto lo de las hemorragias internas. Aunque el rápido examen que les hizo Jonathan con el equipo portátil para ecografías no mostró nada en ellos dos, pero sí una pequeña en el más alto bajo las costillas falsas la cual fue tratada de inmediato por los dos médicos.

Aquella camioneta la habían comprado y arreglado especialmente Los Halcones, equipándola tanto con armamento los doce policías como con dotación y equipo médico los dos médicos y los dos paramédicos que conformaban el equipo.

Cuando se les unieron los que faltaban les contaron lo visto y vivido en Londres, mientras los paramédicos ayudaban a los dos médicos a revisar nuevamente con detalle a los tres "fantasmas". Se unieron luego los cuatro con conocimientos en medicina a los otros para intercambiar información. Los dieciséis comprendieron que estaban involucrados en algo muy extraño y peligroso, aunque no lograban definir exactamente qué era. Decidieron que no debían hablar con más nadie de todo aquello, ni siquiera sus "contactos especiales", hasta no hablar con alguien de ese grupo.

Como si les hubiesen invocado sonó el celular de Katherine, la cual se sobresaltó y lo miró como si fuese una bomba a punto de explotar. Tuvo que hacer un esfuerzo para serenarse y responder.

—¿Jane?… Perdieron el conocimiento luego que salimos de la ciudad… Naty y Jonathan no saben explicarlo… James dijo que él nos explicaría… Sí, eso dijo… ¿Te hirieron?… ¿Cómo vas a decir que eso no es…? ¿Quiénes son y qué está pasando?… No te diré dónde estamos hasta que me digas algunas verdades… Considéralos bajo arresto… Créeme que sí puedo hacerlo… No entiendo, creí que ustedes podían averiguar todo sobre nosotros… Pues él no está en condiciones de ayudarte, así que tendrás que decidir… Espero tu llamada.

—¿Katy? —preguntó intrigado Jerry.

—Al parecer quien accede con facilidad a nuestra información es James. Ellos no saben dónde estamos y no les diré nada hasta que nosotros sepamos algo. —le respondió con expresión triunfal la morena, sintiendo que por primera vez en un mes no era objeto de fácil análisis por desconocidos.

Dos horas más tarde, luego de repicar varias veces los celulares de los tres "fantasmas", empezó a reaccionar el que les parecía más intrigante de ellos.

—¿Katy? —preguntó el pelinegro, sus párpados pesándole mucho y empezando a sentir un dolor de cabeza suave y latente. Frunció el ceño e hizo un intento por ubicarse, pero le era casi imposible pues sin sus lentes sólo veía "bultos" a su alrededor—. ¿Katherine? ¿Molly? —empezó a preguntar angustiado, su respiración agitándose. Hizo un intento por mover su brazo para buscar sus lentes y se detuvo de inmediato al sentir algo en el pliegue, asustándose al acordarse de la herida que le hiciera Colagusano en el cementerio.

—Tranquilo James. —se le aproximó rápidamente la médico.

—¿Naty? —preguntó, haciendo un esfuerzo por enfocar su visión.

—Sí, soy yo. Tranquilo. —le dijo ella, colocándole los lentes para que pudiese ver.

—¿Están todos bien? —la interrogó preocupado al ver que sólo estaba ella en aquél cuarto con él, siendo muebles los otros bultos que había visto.

—De Los Halcones sí. De tus amigos no estoy muy segura, pero creo que alcanzaron a lastimar a Hermione o a… —le empezó a responder ella, deteniéndose al verlo abrir al máximo los ojos ante el nombre real de la castaña amiga de él—. Se le escapó a Molly cuando los traíamos, preocupada por su amigo "Harry" y finalmente nos dijo que ella se llamaba "Ginny". —le aclaró mientras lo veía buscar nervioso algo.

—Por favor, necesito mi celular para llamarlos y saber cómo están.

—Eso será sólo cuando empieces a respondernos algunas preguntas, "fantasma esmeralda". —le dijo con firmeza Daryll, que en ese momento entraba a la habitación.

—Les diré todo lo que pueda, pero…

—No —lo interrumpió el moreno—. Ya basta de eso. Necesitamos verdades. Hasta ahora te dimos espacio porque te acercaste de forma limpia y respetuosa a Katy, pero hoy hemos estado en serio riesgo y necesitamos saber el porqué.

—Una llamada con altavoz encendido, incluso con cornetas de su computador, lo que quiera, pero por favor permítame averiguar cómo están mis amigos. —le suplicó Harry, que se sentía extremadamente angustiado desde que la doctora le dijera que posiblemente Hermione estaba herida o alguien de los que estaban con ella.

—En cinco minutos en la biblioteca. — aceptó muy serio el moreno, llevándose el celular y dando paso a sus otros tres amigos con conocimientos médicos.

—Primero te examinaremos para saber cómo estás —lo detuvo Laurence cuando intentó incorporarse—. Sufriste una seria descompensación, aunque aún no sabemos la razón, al igual que tu amiga pelirroja.

—¿Cómo está Ginny? —preguntó preocupado.

—Estable pero aún no recupera el conocimiento. —le respondió Maggie.

—No debí permitir que me ayudase —se reprochó Harry cerrando los ojos. Suspiró y los abrió de nuevo, notando las cuatro miradas interrogantes sobre él—. En cuanto sepa de mis amigos buscaré la forma de explicarles.

Los cuatro asintieron y procedieron a examinarlo, preguntándole sólo lo referente a su salud.

—Tranquilos. He estado peor. —les soltó Harry cuando quisieron oponerse a que saliese de la cama, preocupándolos más.

Jonathan y Laurence le quitaron el suero vacío, pero dejándole el dispositivo en la vena que les permitiese ponerle rápidamente medicamento de ser necesario. Lo ayudaron a incorporarse y lo llevaron con cuidado al lugar indicado por su amigo moreno. Lo sentaron en un sillón cómodo al lado del computador encendido y Daryll marcó el número que aparecía en el celular de Katherine, que lo miraba muy preocupada pero no le dijo nada aunque se notaba que quería hacerlo.

¿James? —escucharon la voz de la castaña.

—Sí, Hermione. Katy, Naty y sus amigos que nos acompañan están bien —respondió Harry para darle una pista de su decisión y que además los escuchaban—. Me han dicho que Ginny y Sirius también están estables. ¿Quiénes están heridos allá y qué tan serio es? —le preguntó.

¿Estás seguro de esto? —quiso confirmar ella.

—Sí. Yo hablaré con ellos y tú con Kingsley. Ya luego enfrentaré el problema con Robards y las autoridades. Por favor responde a mi pregunta.

Luna y su bebé en camino están bien pero Neville aún no recupera el conocimiento. El pequeño Frank no sufrió daño serio. Oliver está bastante mal. También nos alcanzaron a lastimar a Katie, a Angelina, a Ron y a mí. Hemos establecido dos cuarteles temporales, el viejo para los heridos más serios y el que nos indicaste para coordinarnos. ¿Dónde estás y qué piensas hacer?

Harry se extrañó ante la pregunta de su amiga sobre su ubicación, sospechando de la señal del moreno sobre no responder eso.

—Estoy en un lugar seguro y lo que he decidido es que Los Halcones sabrán sobre el E.D., la O.D.F., los Aurores, los Mortífagos y "Los Papiros de la Muerte". Informa a los más cercanos de lo que hemos investigado y… —se detuvo pensativo—. Necesitaremos a Li Tieguai en contacto con los Charaka Sushruta por el problema de nosotros cinco.

No debiste hacer los esfuerzos de hoy. —lo regañó de inmediato Hermione.

—Tenía que ponerlos a salvo.

No Harry. Entiende que no puedes volver a lo mismo. No puedes.

—Herm, por favor, no empieces, sabes que no tengo…

Sí, sí la tienes, métete eso en la cabeza. Siempre has tenido elección y esta vez no permitiré que tomes sobre tus hombros el peso que debimos siempre compartir todos. Yo les haré entender eso aquí a todos. Haz lo mismo allá.

—Gracias Hermione.

Cuídate y llámame en cuanto puedas.

Harry cerró los ojos al oírla finalizar la llamada, un poco porque estaba mareado pero principalmente porque la multitud de pensamientos y emociones que lo invadían con lo suscitado desde que recibiera la llamada de Neville lo atormentaban. Respiró profundamente y los abrió de nuevo, notando la preocupación en el rostro de sus interlocutores.

—Sería mejor que descansase otro poco antes que hable con nosotros. —recomendó Jonathan.

—Gracias, pero no es necesario —replicó Harry, adelantándose a la aceptación que veía surgir en el rostro del moreno—. Lo que sí les voy a pedir es paciencia y que mantengan su mente abierta a posibilidades… mmm… difíciles de aceptar generalmente.

—De acuerdo, pero vamos a hablar en el cuarto para que no estés tan incómodo y ellos puedan atenderte con facilidad de ser necesario. —planteó con preocupación Katherine, sonriéndole suavemente al ver que la miraba con una mezcla de alivio y alegría. Comprendió que estaba preocupado por su actitud con él desde que despertase.

Jonathan y Laurence lo ayudaron de nuevo a desplazarse, deteniéndose frente a la habitación en que estaba Sirius cuando vieron que él miraba adentro con expresión preocupada.

—Tranquilo. Se recupera bastante bien y rápido. —le aseguró el paramédico.

—Gracias. Es increíble todo lo que han hecho por "tres fantasmas". —le respondió Harry con una sonrisa de agradecimiento.

Los dos asintieron y lo ayudaron a terminar de llegar al cuarto en que estaba antes. Lo acomodaron en la cama recostado en almohadones y le dieron a beber jugo de remolacha, zanahoria y naranja para ayudarlo a recuperarse un poco.

—Supongo que debo empezar por esto —dijo Harry sacando su varita con cuidado del cinturón a su lado. Suspiró al ver que la mayoría se tensaban. Apuntó con su varita al vaso en que le habían dado el jugo, ahora vacío, y lo hizo flotar desde la mesita de noche junto a la cama, pasando frente a todos, devolviéndolo con cuidado hasta tomarlo con su mano—. Yo soy un mago, al igual que mis amigos.

—Eso es imposible —denegó con firmeza Kathleen—. No sé cómo hiciste ese truco pero la magia no existe.

—Por favor no digas eso, me traes malos recuerdos —replicó Harry con molestia. Suspiró al ver sus expresiones, mezcla de asombro e incredulidad. Miró el vaso en su mano y lo arrojó con tanta fuerza como le fue posible a la pared cercana, lejos de ellos para no lastimarlos. Comprendió perfectamente que los policías sacasen sus armas y le apuntasen, reteniendo a los otros. Le apuntó con su varita a los restos del vaso—. Reparo —lo devolvió a su estado original con un simple hechizo. Luego lo hizo flotar suavemente hacia la morena de ojos azules. Notó sus dudas y le dijo con suavidad—: Jamás te lastimaría, Katy. Sólo quiero que lo examines con detalle.

La aludida asintió y extendió su mano hasta tomarlo, tensos todos ante su gesto, relajándose al verlo bajar el palito de madera y que su compañera no sufría ningún daño. Una vez que ella terminó de examinar el vaso sonrió y se lo pasó a Jerry, que estaba de pie a su lado.

—¿Qué otras cosas puedes hacer con…? —le empezó a preguntar Katy, deteniéndose al recordar lo dicho por la menuda pelirroja sobre el palito de madera—. No es cierto que sea un recuerdo de tus padres, ¿verdad?

—¿Un recuerdo de mis padres? —preguntó Harry confundido.

—Eso nos dijo Ginny que era el palito ese de madera. —le respondió Jerry.

—¡Ah! Ella les dijo eso porque existe una ley en mi mundo que dice que los muggles no deben saber de la existencia de las brujas y los magos.

—¿Los muggles? —preguntó curiosa Julie, con el vaso en sus manos.

—Así se les dice en el mundo de los magos a los no mágicos, como ustedes, como mis abuelos maternos.

—¿Tus abuelos maternos? —preguntó Nataly.

—Sí. Mmm… Nunca pensé que esto sería tan complicado —se frotó la sien izquierda—. La capacidad mágica existe en algunos humanos y en otros no. No es hereditaria, como piensan algunos locos en mi mundo, sino que puede darse en hijos de magos, como mi papá y la mayoría de mis amigos, o en hijos de muggles, como en mamá y en Hermione. Mmm… Sé que deben tener muchas preguntas, pero tengo mucho que explicar y poco tiempo. Estoy rompiendo la ley que les mencioné antes porque confío en ustedes y porque necesito ayuda. Los dos mundos, el mágico y el muggle, están en riesgo y me temo que esta vez no podemos salir del problema sólo los magos.

—¿Esta vez? —preguntó Dorothy.

—Hace aproximadamente treinta y cinco años un mago psicópata, con ideas similares a las del alemán Hitler en lo referente a la "pureza de la sangre" pero basándose en la magia, quiso alcanzar el poder. Consideraba a los muggles y los magos hijos de muggles como sujetos a esclavizar, así como traidores a los hijos de magos por generaciones que no estuviesen de acuerdo con él. Se hizo llamar a si mismo Lord Voldemort y a quienes le seguían Mortífagos. En mi mundo ese período se conoce como la Primera Guerra. Fue cruel y sembró el terror en brujas y magos, que no sabían si podían confiar en alguien. La noche en que Voldemort asesinó a mis padres ocurrió algo… inesperado, que lo obligó a desaparecer. La mayoría de sus seguidores fueron detenidos, pero alcanzaron a hacer algún daño antes.

Su rostro se ensombreció al pensar en los padres de Neville. Bellatrix y los otros tres Mortífagos los habían torturado hasta la locura, destruyéndoles la vida cuando eran tan jóvenes y con un niño pequeño en brazos. Luna los había logrado recuperar medianamente hasta un estado en que les pudieron sacar del hospital, pues aunque no recordaban nada anterior al "extraño tratamiento" al menos empezaron a reconocer y recordar los acontecimientos más recientes, así como actuar casi normales. Pero todo aquello sólo pudo disfrutarlo su amigo dos años, luego de la batalla final hasta la noche antes en que fueron asesinados por sus enemigos.

—¿James? —preguntó Katy, inquieta por su silencio y su expresión.

—Nos destrozaron la vida a muchos en la Primera Guerra y a los que difícilmente sobrevivimos a ésa nos persiguieron en la Segunda Guerra y aún nos hacen daño —sacudió levemente la cabeza—. Hace seis años Voldemort regresó de nuevo con suficiente poder y durante cinco años pasamos de ataques puntuales a una Segunda Guerra, aún más cruel y dolorosa que la Primera en muchos sentidos.

Se detuvo un momento a pensar cómo seguir. "Si los mezclo a ellos con mi mundo obtendrán necesariamente información sobre mí, algo que hubiese querido evitar". Suspiró. Intentaría evadir aquello lo más posible.

Los detectives y médicos se lanzaban entre ellos miradas interrogantes por lo que les estaba diciendo y lo que vivieron unas horas antes. Todos a excepción de Katherine, que lo miraba con el ceño fruncido porque al oírlo empezó a tener destellos más nítidos de los recuerdos extraños de su infancia.

—Mis compañeros y yo nos vimos involucrados en la Segunda Guerra incluso desde un poco antes que empezara, especialmente Jane, Leonel y yo. Para detener a ese mago había que buscar y destruir unos objetos peligrosos, lo cual me fue explicado por el director de mi colegio porque… Lo cierto es que lo hicimos, pero mientras tanto vivimos de primera mano lo que ese asesino y sus secuaces hacían para dañar a todos los que no pensaban como él. Hace dos años logramos detenerlo pero algunos seguidores suyos escaparon y aún no hemos podido detenerlos.

—Pero… ¿Qué tan peligrosos son los Mortífagos? —preguntó Anthony.

—Tanto o más que los que derrumbaron las Torres Gemelas el 11 de septiembre.

—¿Aún faltándoles su líder? —cuestionó Michael.

—Voldemort era el peor, indudablemente. Pero muchos de ellos son tan psicópatas como lo era él, habiéndolos entrenado muy bien el que fue su amo para hacer daño.

—¿Todos los que lucharon contra Voldemort y los Mortífagos siguen peleando? —quiso saber Daryll, que estaba sacando cuentas de las fechas dichas por él y no le gustaba las conclusiones a las que estaba llegando.

—La mayoría de los que estuvieron conmigo en la guerra han intentado no seguir involucrados, pero Jane y yo nos estamos formando en la Academia de Aurores… mmm… algo así como la de policías, para poder cumplir con una última tarea que evite que se desate otra guerra. Después de lo que vimos en la Segunda…

Se detuvo y permaneció en silencio varios minutos, perdido en sus pensamientos. Al notarlo Katherine, suponiendo por su expresión que eran todo menos agradables, se decidió a traerlo de vuelta a la realidad y al mismo tiempo aclarar un poco aquél lío.

—Nos estás hablando de dos guerras. ¿Cómo es posible que nosotros no sepamos nada de eso? ¿Quiénes eran los contrincantes en esas guerras?

—Debido a los problemas que existieron en la antigüedad con los muggles cuando se enteraban de la existencia de las brujas y los magos, fue establecida una ley según la cual ningún muggle puede saber de nuestra existencia a menos que contraiga matrimonio con alguien de mi mundo o que ocurra algo excepcional.

»Sin embargo el Primer Ministro Muggle sabe de nuestra existencia, al igual que lo han sabido todos los anteriores. Sólo que ninguno revela ese conocimiento porque los calificarían de locos. Ellos supieron de la Primera Guerra y de la Segunda Guerra. También de los esfuerzos del Ministerio de Magia para ocultarles lo que ocurría a los muggles: reparando rápidamente los daños en la medida de lo posible, además de borrarles la memoria a los testigos de lo ocurrido sustituyéndolas por otras.

—¿Borrándoles la memoria a los testigos? —preguntó asustada Dorothy—. ¿Pueden hacerlo?

—Sí. Existe en el Ministerio de Magia un grupo especial de magos especialmente encargado de hacer eso.

—¿Los que nos iluminaron hoy con los palitos esos luego de la advertencia de Daryll? —le preguntó Madox.

—Sí, ellos.

—¿Por qué recordamos entonces todo? ¿Qué tiene que ver el mensaje de Daryll con eso? —preguntó Christine.

—Yo le dije a Daryll que les advirtiese para poder ayudarlos a bloquear el efecto de los hechizos desmemorizantes y tener esta reunión con ustedes.

—Les dijo que se concentrasen en el color de sus ojos porque él es el único que puede bloquear ese tipo de hechizos tanto en él como en otros, aunque estén a distancia.

—¡Ginny! —se incorporó Harry al oírla y verla tan pálida, mareándose de inmediato y cayendo al piso.

—¡Harry! —se asustó la pelirroja.

—Calma. —la atrapó Andrew entre sus brazos, mientras Laurence y Jonathan corrían a ayudar al pelinegro de ojos verdes.

—Perdón… Yo… mareado… —se disculpó Harry en voz baja, intentando incorporarse.

—Tranquilo amigo. Deja que te movilicemos nosotros. —le indicó Laurence.

—Por favor, déjame ayudarlo. —le pidió Ginny al detective que la retenía.

—No es… necesario… Ginny… Sólo dame… unos minutos. —se opuso Harry.

—James y tú no estaban tan mal hasta que hicieron esa cosa extraña en la camioneta, luego de decirle a Daryll lo de concentrarse en el color de sus ojos cuando se les acercasen personas con vestimentas extrañas y los palitos de madera. Lo que hicieron… las luces esas… ¿Tienen que ver con su estado? —interrogó Katherine a Ginny.

—Sí. Harry es, aún entre los magos, alguien especial. Él se enfocó en Los Halcones para bloquearlos, de modo que no les pudiesen borrar los recuerdos, pero eso requiere alta concentración y empleo de magia lo cual es dañino para él, especialmente desde hace dos años. — le respondió Ginny luego de dudar un momento.

»Yo estoy estudiando para medimaga, casi finalizando la carrera, tomando algunas materias especiales que me permiten tener conocimientos de medicina muggle. Además participé con el trío dorado en algunas actividades especiales, como miembro del E.D. de los más cercanos a ellos, así que conozco el hechizo para estabilizar a Harry cuando hace una locura como la de hoy para ayudar a otros, así como también el de cederle parte de mi magia para ayudarlo con ese tipo de cosas.

—¿El trío dorado? ¿El E.D.? —preguntó Harrison.

—A Hermione, Ron y Harry se les conoce en mi mundo como "el trío dorado" desde que estaban en el colegio. El E.D. es un grupo especial que fundamos cuando estábamos aún estudiando, liderado por ellos tres, para prepararnos adecuadamente para la guerra que se estaba ya empezando a desatar. Una vez que se puso más dura entramos en acción. —explicó Ginny.

—La O.D.F. es otro grupo, fundado en la Primera Guerra como una organización secreta para combatir con eficacia a los Mortífagos. Los Aurores del Ministerio tenían el problema que atacaban a sus familias y además tenían que plegarse a las órdenes del entonces Ministro, lo cual en muchos casos no era… mmm… beneficioso para algunos magos inocentes, que fueron llevados a la cárcel mágica sin juicio como ocurrió con mi padrino —prosiguió Harry con la explicación, sintiéndose levemente mejor—. Durante los comienzos de la Segunda Guerra el grupo fue llamado de nuevo a actuar por su fundador, el director del colegio, que fue asesinado en el transcurso de la misma. Luego siguió actuando como grupo sin un único líder durante algún tiempo, hasta que… —se detuvo, pensando como seguir.

—Hasta que Harry regresó de una de sus expediciones de guerra y nos organizó, uniendo al E.D. y la O.D.F. en un solo frente común contra los Mortífagos —continuó Ginny ante su indecisión evidente en ese punto—. Las actuaciones del entonces Ministro de Magia y gran parte de sus subordinados, en ese momento, eran aún peores que las ocurridas en la Primera Guerra. Nosotros lo vivimos en carne propia con unos compañeros del colegio. Por eso no confiábamos en ellos y actuábamos en paralelo, ofreciéndoles resistencia a esos asesinos hasta que hace dos años tuvimos un fuerte enfrentamiento con ellos en que finalmente su líder mur…

—No Ginny, no totalmente. Ése es el problema. —la interrumpió Harry.

—¡¿Qué?! —preguntó la pelirroja entre aterrada y asombrada.

—Existe una manera en que sus seguidores pueden hacerlo volver, a través del lazo que estableció conmigo cuando era un bebe y el que hizo contigo cuando tenías once años —le empezó a explicar Harry, suspirando al verla denegar aterrada—. Para eso los Mortífagos necesitarían usar "Los Papiros de la Muerte" que se encuentran en el mundo muggle y que tú los ayudes voluntariamente o no, además del poder tras la Puerta Sellada en el Ministerio de Magia usándome a mí como medio para controlarlo.

—¿Desde cuándo sabes esto? —le preguntó casi a gritos la menuda pelirroja, al borde de un ataque de nervios.

—Hermione y yo supimos algo sobre los lazos con nosotros minutos antes de que Voldemort penetrase el día de la batalla final en el colegio, por lo que no pudimos averiguar bien de qué se trataba antes que él y yo nos enfrentásemos.

—Entonces cuando Lucius intentó matar a Hermione y tú… Cuando Bellatrix intentó matarme… tú no sabías… —Al ver denegar a Harry tragó saliva y unas lágrimas rebeldes se escaparon de sus ojos—. ¿Por eso ustedes quisieron ser Inefables?

—Era la única forma de seguir investigando y yo poder acercarme a esa puerta.

—Pero Harry, si ellos se enteran…

—Me temo que ya tienen gran parte de la información, no toda la que Hermione y yo hemos podido investigar, pero si saben bastante.

—Tenemos que destruir esos Papiros y la Puert…

—No Ginny —la interrumpió Harry—. Los Papiros de la Muerte tienen información muy importante para médicos y medimagos, por lo que pudimos averiguar. En cuanto a la Puerta Sellada… El poder que está tras ella es indestructible.

—Pero entonces… ¿Qué haremos?

—Los Papiros de la Muerte se encuentran en el mundo muggle porque ningún mago o bruja puede tocarlos. Pero los muggles no saben su contenido porque sólo alguien de nuestro mundo puede leerlos. Así que es necesario trabajar unidos para encontrarlos y traducirlos. Al parecer una vez que se conozca su contenido… mmm… No sé como explicarlo Ginny, no tengo la información completa, pero algo ocurriría que destruiría permanentemente el lazo contigo y tú estarás bien.

—¿Y el poder tras la Puerta Sellada en el Ministerio?

—Eso… —Suspiró—. Eso aún es un poco complicado.

—¿Harry? —le preguntó amenazante.

—Lo que tenemos hasta ahora son malas noticias, pero aún nos falta por investigar y el tiempo se nos acaba. —le confesó el pelinegro.

—¿Qué tan malas son las noticias? —preguntó Katherine, sobresaltando a Ginny y Harry que se habían olvidado de los demás en la habitación.

—Con lo que sé hasta ahora… Hace dos años hubiese actuado de otra manera, pero ahora… Te prometí que no apostaría a perder, Katy, pero necesito más información para buscar una salida en que todos ganemos. De no tener el tiempo, con lo que tenemos Hermione y yo hasta ahora… Lo siento pero tendría que romper mi promesa. No puedo arriesgar a ninguno de ustedes.

—¡¿De qué rayos estás hablando Harry James Potter Evans?! —le gritó fuera de todo control la morena.

—La única forma de evitar que esos asesinos lo usen como arma es que yo haga explotar ese poder desde adentro, según lo poco que sabemos. —respondió él cabizbajo y en voz muy baja, que sin embargo hizo eco en la habitación por el silencio en que todos estaban.

—¡No! ¡No otra vez! ¡No otra vez! ¿Por qué siempre tienes que sacrificarte tú? ¿Por qué? ¿Por qué? —entró en crisis Ginny.

—Destino. —murmuró Harry acariciando inconscientemente su cicatriz.

—NO. ME NIEGO. NO ESTA VEZ, ¿ME OYES? BUSCAREMOS OTRA SALIDA. NI SIRIUS NI NINGUNO DE NOSOTROS VA A PERMITIR QUE HAGAS OTRA VEZ UNA LOCURA. —empezó a gritarle y sacudirlo Ginny, sujetándola rápidamente Laurence para evitar que lastimase a Harry y a si misma.

—Cálmate pelirroja. Tranquila. —le decía haciendo esfuerzos por inmovilizarla, aproximándose rápidamente a ellos Maggie con un calmante a una señal suya.

—No. Él no puede. Él no p… —se retorcía inquieta, hasta que finalmente el medicamento hizo efecto y se durmió.

—¿Qué le han hecho? —preguntó Harry angustiado, intentando levantarse de la cama para ir a ayudarla.

—Tranquilo, sólo la hemos sedado —le explicó Nataly mientras Jonathan la ayudaba a retenerlo—. Ella está bien y tú también lo vas a estar.

—No. Esperen. Yo tengo que llam… —intentó luchar desesperadamente por mantenerse despierto pero estaba débil y el sedante era fuerte para su estado—. Hermione. —murmuró antes de finalmente caer profundamente dormido.

—¿Cómo están? —preguntó Daryll que sostenía en un fuerte abrazo a Katherine para evitar que cayese al piso, fuertemente impresionada por todo aquello.

—Dormidos y débiles pero estables. —le respondió Jonathan luego de ver asentir a sus tres compañeros.

—Lo que dijeron… Eso no… No puede ser. No puede ser. —se abrazó Katherine a Daryll llorando y denegando.

—Tranquila Katy —le empezó a acariciar la cabeza y la espalda con cariño, como la hermanita menor que consideraba ella era, hablándole con suavidad—. Es imposible que ocurriese todo lo que nos han contado sin dejar algún tipo de rastro. Ahora tenemos más datos. Vamos a investigar extremando precauciones. Si lo que han dicho es cierto ayudaremos a tu amigo para que tenga más tiempo y consiga otra salida. Cálmate pequeña, nada grave le ocurrirá.

Katherine asintió e hizo esfuerzos por calmarse, pasando de llanto a sollozos contenidos. Se sobresaltó al ver de reojo a Nataly acercarse a ella con una jeringa en las manos.

—No te atrevas, Naty —la amenazó—. Suéltame Daryll. No. Yo teng… —intentó oponerse, cayendo dormida ella también.

—En dos horas tendrán que evitar que me mande a emergencias. —les dijo la doctora a sus acompañantes.

—¿Cuánto tiempo dormirán ellos? —preguntó Jerry señalando a los otros dos.

—De tres a cuatro horas. —le respondió Jonathan.

—¿Naty? —preguntó una voz gruesa y baja, propia de alguien que tenía mucho tiempo sin usarla, sobresaltándola.

—Sí, soy yo. ¿Cómo te sientes Sirius? —le preguntó con suavidad, tomándole el pulso.

—Cómo si estuviese durmiendo dentro de un horno, cocinándome lentamente a alta temperatura. —le respondió en el mismo tono. Parpadeó varias veces, luchando con el malestar que sentía e intentando ubicarse.

—Tienes fiebre, por eso te sientes así. —le explicó ella con suavidad, limpiándole el rostro con un paño húmedo desechable y cambiándole la compresa fría de la frente por la sumergida en el agua helada en la taza junto a la cama.

—¿Sabes algo de Molly? —le preguntó angustiado. Los recuerdos del enfrentamiento venían e iban, sintiéndose muy débil, mareado e inseguro sobre lo ocurrido.

—Ginny y Harry están aquí en otros cuartos, descansando un poco —le respondió ella con una suave sonrisa. Comprendió que no había sido buena idea llamarlos por sus nombres al ver que abría los ojos al máximo y empezaba a respirar agitado—. Tranquilo. James nos ha dicho algunas cosas porque lo consideró necesario. Molly y él están bien, así como la mayoría de tus amigos por lo que sabemos —Lo vio fruncir el ceño aunque su respiración era más regular—. Mantente tranquilo y procura descansar, te hace falta. Molly y James han estado muy preocupados por tu salud. Les hará bien saber que te recuperas.

—Quiero… verlos… Naty… Por… favor. —le pidió luchando contra el malestar, haciendo esfuerzos para que no se le cerrasen los párpados.

—En cuanto ellos despierten uno de nosotros cuatro te despertará y los acompañará, para asegurarse que estén tranquilos y se puedan recuperar. —le respondió ella con tono suave.

Sirius quiso preguntar quiénes eran las dos personas que se acercaban con Jonathan en ese momento, quedándose su intento en un balbuceo pues su organismo débil no se lo permitió. Cayó de nuevo en el mundo de la inconsciencia.

—Te oímos hablar, Naty. ¿Despertó? —le preguntó Maggie.

—Sí, pero sólo han sido unos minutos —le respondió ella mientras le revisaba una vez más el pulso—. Me preguntó por su novia y su ahijado. Le dije que están bien los dos pero dormidos. Los nombré como Ginny y Harry, lo cual lo agitó un poco. Le expliqué que nos habían contado algunas cosas y le indiqué que se tranquilizase, que en cuanto despertasen vendrían a verlo con uno de nosotros cuatro. Creo que quería preguntar algo más pero la fiebre y la debilidad no se lo permitieron. ¿Cómo están ellos?

—Aún dormidos. Más que el sedante suave que les pusimos el estado de sus organismos los mantiene así —le respondió Laurence, viendo a sus tres compañeros asentir—. Las cicatrices que hemos encontrado en los tres coinciden con su historia, aunque la que tiene James en la frente es muy extraña y no me refiero a su forma solamente.

—Sí. Yo tampoco entiendo qué pudo provocársela —comentó Jonathan pensativo—. Aunque si lo que nos dijeron ellos es cierto… ¿Ustedes qué piensan?

—Es difícil de creer, pero Andrew y los otros vieron y vivieron cosas muy extrañas por lo que nos han contado, además de lo que vieron Naty y Jonathan en la camioneta mientras venían para acá. —opinó Maggie.

—Si sus heridas no fuesen tan serias creería que todo esto es un teatro. —intervino Nataly mirando muy seria al hombre inconsciente en la cama.

—En cualquiera de los dos casos es muy preocupante que Harry sepa tanto de nuestro grupo y en cambio los muchachos no hayan logrado averiguar nada de él y sus amigos —afirmó Laurence—. Aunque también es extraño que Hermione y los otros no tengan el mismo acceso que él a nuestra información.

—Esperemos que con las muestras de sangre, piel y cabellos que les tomamos puedan ahora averiguar algo más de ellos. —comentó Nataly mientras verificaba la temperatura de su paciente.

—Maggie, Laurence, por favor acompáñenme. Ginny ha despertado pero está extraña. —oyeron que los buscaba Julie.

—Yo también voy. —salió tras ellos Jonathan, temiendo los tres alguna reacción adversa de la menuda pelirroja al proceso al que la habían sometido antes: sedándola, reanimándola y volviéndola a sedar al presentar la crisis nerviosa.

Nataly se iba a levantar para ir con ellos, pero la detuvo el escuchar murmurar algo en sueños a su paciente sobre un "pequeño herido", por lo que se quedó con él.

—¿Cómo te sientes Ginny? —le preguntó con tono suave Maggie al entrar al cuarto, nerviosa al ver que la menuda pelirroja estaba sentada en la cama con la vista perdida.

—¿Ginny? ¿Puedes oírnos? —la interrogó Jonathan mientras movía su mano frente a ella.

Los paramédicos y el médico a punto de graduarse se miraron alarmados. La joven mujer no había ni siquiera pestañeado.

—Sirius recuperó la consciencia durante unos minutos —le informó Laurence con voz seria. Todos en el cuarto soltaron el aire retenido al verla pestañear y empezar a respirar un poco agitada, mirando ahora en dirección a su amigo—. Tranquila. Está bien considerando su herida. La fiebre lo ha adormecido nuevamente pero se está recuperando. ¿Cómo te sientes?

Ginny cerró los ojos y sonrió al oír aquello. Eran buenas noticias considerando el estado de su pareja, pero lo que había dicho su amigo… Al despertar un cúmulo de imágenes había venido a su mente, perdiéndose en los recuerdos. Abrió de nuevo los párpados y notó la preocupación con que la estaban mirando.

—Bien. Un poco mareada y cansada pero bien. ¿Puedo ver a Sirius?

—En cuanto te examinemos y comas algo —le respondió con tono levemente autoritario Laurence, agregando al ver que quería protestar—: ¿Desde cuándo no comes?

Ginny frunció el ceño. Le molestaba el tono aunque lo comprendía, pues ella hubiese empleado uno similar con un paciente suyo que reaccionase como lo había hecho hasta ahora. Suspiró y se decidió a responderle con tanta sinceridad como le fuese posible. De todos modos Harry ya los había involucrado a ellos en aquél lío.

—Lo último que comí fue una hamburguesa en la camioneta de mi novio, mientras Harry cenaba con Katherine —Al ver a sus acompañantes asentir pero seguir mirándola con preocupación suspiró de nuevo—. No he estado comiendo mal estos últimos días y no he reaccionado mal a lo que me inyectaron, aunque creo que el mareo en parte es causado por eso. No sé cuánto tiempo estuve perdida en mis recuerdos desde que desperté, pero lo que nos dijo Harry antes que me obligasen a dormir nuevamente… —Suspiró y denegó—. Con el ataque a Luna, Neville y su familia comprendí que tras los ataques esporádicos que hemos estado viviendo había algo más grave, pero… No puedo asimilar que el horror de la guerra regrese a nuestras vidas.

—No hemos podido averiguar mucho mientras dormías, pero según lo que dijo Harry aún se puede evitar que los Mortífagos puedan sumirlos de nuevo en otra guerra —le dijo con suavidad Jerry—. Nos gustaría que nos ayudasen a entender mejor las cosas y nos diesen más información para poder ayudarlos.

Ginny dudó un poco, pero con todo lo que les había dicho Harry… Suspiró.

—Está bien, pero quiero ver a Sirius y a Harry.

—Claro pelirroja. Todos ustedes esperen afuera mientras la examinamos. —les dijo Laurence a los detectives, que rodaron los ojos ante su tono levemente autoritario y salieron del cuarto. Era de los cuatro con conocimientos médicos el de más edad y, al igual que Daryll, se sentía como un hermano mayor de los otros aún cuando no todos los del grupo eran menores a él.

Luego que verificasen que la menuda pecosa se recuperaba bien la obligaron a comerse todo lo que Christine y Anthony habían preparado. Después la llevaron a la habitación en que se encontraba Sirius, al cual le había disminuido un poco la fiebre.

—Cachorrito. —lo llamó con suavidad Ginny, acariciándole dulcemente la mejilla.

—¿Leoncita? —preguntó en un susurro Sirius, entreabriendo los ojos. Sonrió al encontrarse el rostro que más amaba junto al suyo.

—Hola mi amor. ¿Cómo te sientes? —le preguntó con cariño.

—Si tú estás… conmigo yo… estoy bien —le respondió con una suave sonrisa, su voz baja por su debilidad. Mirando alrededor vio a Nataly, Jonathan y dos desconocidos para él, pero no a su ahijado, la castaña o los otros que estaban con ellos mientras Nymph y Remus se alejaban con Luna, que era lo último que recordaba con mediana claridad—. ¿Cómo están… Harry y… los otros? —le preguntó preocupado.

—Ellos están bien mi amor. No te preocupes y descansa.

—Pero…

—Shhh —le posó con delicadeza su mano pequeña en sus labios—. Descansa y recupera fuerzas. En un rato más Harry vendrá a verte. Luego veremos a los demás.

—Estás pálida y… preocupada… Por favor dime… lo que pasa. —insistió, sus ojos grises clavados en los castaños de ella.

—Yo no… —empezó a intentar evadirse, deteniéndose al verlo fruncir el ceño—. En cuanto estés más recuperado. Te lo prometo.

—¿Te lastimaron… seriamente? —le preguntó angustiado y agitado—. ¿Hirieron a Harry… y está grave? —insistió al verla denegar.

—No cariño…

—Por favor… no me mientas… Por eso él… no está aquí… ¿Verdad?

—Tranquilo padrino. Ginny y yo estamos bien. —le aseguró con cariño Harry desde la puerta, apoyado en Jerry, asustando a los que estaban en la habitación.

Sirius sonrió al ver a Harry, tranquilizándose su respiración luego de examinarlo rápidamente con sus ojos grises. Pues, aunque el extraño se empeñaba en ayudarlo, veía a su ahijado caminar con relativa seguridad y su rostro no lucía tan desencajado, aunque era evidente que estaba herido y débil al igual que su pareja.

—Me alegra… verte casi… bien ahijado… Pero entonces… ¿Qué te… preocupa… tanto cariño? —le preguntó a Ginny volviendo a mirarla, preocupado—. ¿Quién fue… seriamente… lastimado?

—Oliver es el que está peor —le respondió Harry, acercándose a la otra silla junto a la cama—. Hermione, Ron, Angelina, Katie y Neville también fueron lastimados, pero no es tan serio. Luna y su bebé en camino están bien, al igual que el pequeño Frank.

—Es una pena… que Alice, Frank… el loco Derek y… la señora Augusta… no verán nacer… a la niña —se lamentó Sirius mientras se le cerraban los ojos—. Quisiera… ir a los… funerales… pero no creo… poder hacerlo… como no pude… ir al de… Lily y James.

—Sé que ellos entienden que tu salud no te lo permite, así como mis papás entendieron que quisiste evitar que Peter Pettigrew escapara indemne. —le dijo el pelinegro de ojos verdes con cariño.

—Harry, por favor… dime qué los… tiene tan… preocupados… A pesar de… todo tú y yo… siempre hemos… sido sinceros… el uno con… el otro. —le insistió Sirius, que notó en la mirada de su ahijado lo que ya había visto en la de su novia.

—Descansa y recupérate para que podamos hablar con calma sobre lo que ocurre —le pidió Harry, suspirando al verlo asentir y girarse a mirar a Ginny, que de inmediato unió sus labios a los de él. Se incorporó con algo de dificultad y Jerry lo ayudó a salir del cuarto, acompañándolos Maggie y Jonathan—. Por favor, necesito saber cómo está él.

—La herida del abdomen es bastante seria. Presentó también una pequeña hemorragia interna bajo las costillas falsas del lado izquierdo, debido a una fisura en la segunda subiendo que le lastimó una vena durante el traslado en la camioneta. —le empezó a responder la paramédico seria.

—Había perdido bastante sangre cuando lo atendimos en el apartamento de Katy, lo cual generó baja de glucemia, hemoglobina y tensión —continuó el médico—. No estamos seguros qué le provoca la fiebre, pero no es un proceso infeccioso. Sin saber que la ocasiona lo mejor que podemos hacer es bajársela con baños de agua tibia y compresas de agua fría.

—¿Podría provocársela un dolor intenso y prolongado justo antes de recibir la herida del abdomen? —preguntó Harry preocupado.

—¿Antes de recibir la herida en el abdomen? ¿De qué hablas? —preguntó intrigada la paramédico.

—Tal vez de un rayo rojo que te golpea y te hace sentir que los huesos arden, mientras tu piel es penetrada por miles de cuchillos invisibles que te destrozan cada centímetro de tu cuerpo, aunque no ves ninguna herida luego. —intervino Andrew mirándolo fijamente.

—¿Cuánto tiempo te tuvieron bajo la maldición Cruciatus? —le preguntó Harry preocupado—. Esa es la torturadora. —explicó al ver su expresión de incomprensión.

—Sólo un par de minutos —le respondió Christine—. Uno de tus amigos se interpuso, estatura media y moreno. Nos dijo que corriéramos entre sus dientes apretados. Anthony me ayudó a sacarlo de allí mientras un pelirrojo alto lo ayudaba a él.

—Dean y Ron —murmuró Harry mientras miraba preocupado al detective rubio de ojos grises—. Mi padrino soportó ese castigo durante quince minutos, casi de forma continua, mientras Nymph y Remus lograban sacar a Luna de allí. Cuando logramos llegar hasta él para liberarlo nos alcanzaron con otras maldiciones, hiriéndolo a él gravemente pues estaba casi inconsciente en el piso, incapaz de defenderse.

—En ese caso le sumaremos al tratamiento un par de sedantes suaves, mientras su sistema nervioso se recupera de lo sufrido —decidió Jonathan con aire preocupado—. Necesito examinarte de nuevo, Andrew ¿Quién más de Los Halcones recibió esa…? Eso que dijo James.

—Yo estoy bien. —protestó el detective rubio.

—Con ésa sólo le dieron a él —respondió Madox—. A Harrison le rozó un brazo otra luz roja, que es la quemadura que vieron, y a Dorothy otra que le produjo la cortadura en la pierna. Ya a los dos los curaron ustedes.

—Me gustaría que permitiesen que Ginny los examinase —les pidió Harry—. Al igual que Nataly y Jonathan están próximos a graduarse como médicos ella lo está de ser medimaga. Antes incluso de entrar a la Escuela de Medimagia ayudó a atender a víctimas de esos asesinos. Puede ayudarlos a recuperarse antes.

—¿Por qué no atendió ella a Sirius entonces? —le preguntó Daryll.

—Porque desde hace dos años mi padrino no puede recibir ningún tratamiento médico que contenga magia, por una extraña alteración que sufrieron Hermione, Ginny, Sirius y mamá Molly. —le respondió con sus esmeraldas mirando aún al rubio con preocupación.

—Al igual que Harry —completó Ginny, que salía de la habitación de su prometido—. Sólo que en cada uno de nosotros se comporta de manera diferente. Hasta ahora Hermione y yo sólo hemos tenido pequeños problemas, pero sí podemos tomar pociones y recibir hechizos de sanación. Mamá presenta debilidad extrema en todo su organismo, traduciéndose en un rápido deterioro en sus sistemas digestivo, circulatorio y respiratorio, el cual apenas si hemos podido contener hasta ahora, agravándose cuando está preocupada.

»Hoy me he enterado que mi novio ha estado recibiendo de Li Tieguai atención médica muggle desde ese día. En el caso de Harry su organismo puede resistirse durante horas a una maldición o agravarse en cuestión de segundos hasta matarlo, respondiendo a las pociones y hechizos de sanación relativamente bien en unos casos o rechazándolos totalmente en otros. Desde ese día los cinco estamos bajo observación de Li Tieguai y un grupo de medimagos del Hospital San Mungo.

—Me dijiste que hace dos años habías apostado a perder para que todos los demás ganasen, pero que luego se presentó algo que te hizo elevar la apuesta, ahora sólo para que otras cuatro personas no perdiesen. ¿Te referías a eso? —le preguntó Katherine.

—Sí —aceptó luego de un par de minutos de tenso silencio. Sus esmeraldas fijas en los zafiros de ella, buceando en sus sentimientos y pensamientos según lo que se reflejaban en aquél azul intenso con que lo miraba. Jamás usaba la Legilimancia si no era necesario, además que no tenía pensado hacerlo con la morena que quería, pero había aprendido durante la guerra a leer en los ojos de los demás la verdad de sus almas casi tan bien como lo hacía Hermione—. Yo… No podía permitir que los matasen, así que desvié parte del poder que había logrado reunir hasta ese día con la finalidad de detener a Voldemort definitivamente, para evitar que los lastimasen a ellos cuatro. No sabía lo que se produciría pero no podía permitir que los asesinaran.

—Lo que tenías el otro día en el brazo, bajo el vendaje, no es ningún ungüento chino —afirmó Laurence después de varios minutos de tenso silencio, queriendo desviar la atención de Katherine de lo que había dicho el "fantasma esmeralda"—. Maggie y yo estuvimos averiguando al respecto.

—Esa es la excusa que generalmente usamos para explicar los ungüentos y las pociones mágicas ante los muggles. —se explicó Harry, recostándose en la pared cercana y entrecerrando los ojos, levemente mareado de nuevo.

—Vamos a que comas mientras tu amiga nos examina como has dicho —indicó Daryll al notar su palidez, agregando rápidamente al ver que la menuda pelirroja entrecerraba los ojos y abría la boca para reñirlo—. Ya viste a tu padrino y lo tranquilizaste. El trato fue cinco minutos con él para que no sufriese una recaída y luego comerías, haciendo lo necesario para recuperarte de modo que puedas hablar con nosotros y entonces llamar a Hermione.

Harry no intentó contrariarlo al ver la expresión preocupada de la morena de ojos azules. Suspiró y asintió, ayudándolo Jerry a llegar al comedor.

Mientras él era obligado a comerse todo por una insistente Christine, que parecía la réplica muggle de la mamá de Ginny según le hizo saber entre pequeñas protestas Harry, su amiga pelirroja examinaba a los que habían sido lastimados en el ataque. La menuda pelirroja les explicaba cada hechizo que usaría con su varita antes de aplicárselos y el equivalente más cercano muggle de cada poción y ungüento empleado con ellos.

Harry logró convencer a Daryll de hacer una nueva llamada a sus amigos, bajo la promesa de no revelar su posición y de no alejarse de ellos hasta no responderles las preguntas que tenían sobre la magia, las guerras en el mundo mágico, la forma en que había afectado a los muggles y lo referente a los papiros y la puerta de los que había hablado antes.

Hermione y Molly se tranquilizaron al poder hablar tanto con Ginny como con Harry, al igual que ellos al saber que todos sus amigos ya se estaban recuperando del ataque mortífago.

Harry, necesito hablar contigo antes del funeral de los Longbottom y el señor Lovegood. —se oyó la voz profunda y lenta de Kingsley, después que Hermione le dijese con tono nervioso que alguien quería hablar con él.

—¿Tiene que ser antes? Justo ahora tengo que explicarles a Los Halcones varias cosas. —le respondió él preocupado.

Es precisamente de eso que necesito que hablemos. Es inevitable que te veas sometido a una averiguación sobre lo ocurrido y yo quiero saber antes de qué se trata todo esto. —le respondió con tono serio.

—Tenía que involucrarlos, aunque hice todo lo posible por dilatar esta situación. Pero con lo ocurrido se precipitó un problema del que aún no tengo toda la información.

¿Es grave?

—Extremadamente. Es sobre lo que te comenté el otro día que tenía pendiente.

No puedo detener la investigación que pesa sobre ti, Harry, pero tus amigos muggles aún están al margen de esto. ¿Puede saberse su participación?

—No. Eso pondría en grave peligro no sólo a ellos sino a los dos mundos.

Eso nos dijo Hermione al E.D. y la O.D.F., pero no nos explicó de qué se trata. Dijo que para eso tú tenías que estar presente.

—¿Tienes aún contigo el sickle de comunicarnos?

Siempre. Ningún miembro de la O.D.F. lo olvida.

—En cuanto termine aquí me reúno con ustedes. Pero mamá Molly no ha de estar presente.

Nos reuniremos en el segundo cuartel. Harry, ten cuidado con lo que les dices. Recuerda que pueden infiltrarlos.

—Lo sé y haré lo posible para que ellos lo entiendan.

Robards te dará bastantes problemas.

—Lo supuse. No intervengas aún. Necesito tiempo antes de hablar con él.

De acuerdo, pero ya sabes que lo primero es lo primero.

—Gracias amigo. —sonrió Harry por primera vez desde que hablase con el moreno.

Adiós.

Al finalizar la comunicación notó las miradas preocupadas y expectantes de todos Los Halcones sobre él y suspiró, girándose en seguida a mirar a Ginny que le apretó levemente la mano en señal de apoyo.

—Les explicaremos tanto como sea posible durante las próximas cuatro horas —afirmó Harry—. Luego yo deberé irme para hablar con mis amigos sobre lo que ha ocurrido, pues hasta ahora sólo Hermione está al tanto. Después me reuniré con ustedes y algunos de ese grupo en el sitio que ustedes digan, para que los pueda presentar y coordinar algunas cosas antes de la audiencia. ¿Están de acuerdo?

—De acuerdo. —aceptó Daryll en nombre de Los Halcones.

Dos horas más tarde Ginny empezaba a desesperarse, pues no podía casi ayudar a Harry al no entender las referencias muggles de Los Halcones sobre acontecimientos importantes, personajes y lugares. Por otro lado, el tener que hablarles sobre las diferencias entre encantamientos y maldiciones, sus efectos y lo que vieron en la guerra, para prevenirlos sobre lo que podrían llegar a conseguir en su camino, no era algo que fuese del agrado de la menuda pelirroja. Como medimaga estaba preparada para ello, pero los recuerdos le dolían mucho.

El pelinegro de ojos verdes les pidió un descanso de al menos cinco minutos y se llevó a su amiga aparte.

—Ginny, por favor ve al cuarto de Sirius y acompáñalo un rato. —le pidió Harry, que entendía cómo se sentía.

—No. Yo me quedo a ayudarte.

—Ginny, por favor, haz lo que te pido.

—No, Harry. Esto es tan difícil para ti como lo es para mí, aunque te hayas revestido de nuevo de la coraza del guerrero —le replicó—. Yo no soy alguien débil a quien tengas que proteger de lo que ahora les vas a decir.

—Lo sé, Ginny. Jamás he pensado eso de ti, pero… Sirius te necesita a su lado, fuerte y de buen ánimo. Si te quedas conmigo mientras les termino de contar lo que vivimos en la guerra será inevitable que te deprimas y él lo notará. Por favor, ve con mi padrino, sabes bien que eres muy importante para él y que te necesita para seguir viviendo.

—Sirius nos necesita a su lado a los dos, Harry, no solamente a mí —le reprochó ella con firmeza, continuando al ver un asomo de protesta en su amigo—. Tú no lo viste desgarrarse de dolor y pedir morir cuando perdiste el conocimiento ese día, así que no me digas que sólo vive por mí. —Al verlo bajar la cabeza continuó, sabiendo que sólo si le contaba aquello lograría que su amigo se contuviese de hacer algo irreversible al sentirse presionado por lo que ocurría en su entorno.

»Sólo el que Remus le gritase que tú aún estabas vivo y el que yo le quitase la varita evitó que se quitase la vida. Estaba desesperado, Harry, gritándole a Remus que él no había visto los cuerpos de sus mejores amigos sin vida, que era su culpa por haber sugerido que Peter fuese el guardián y que ahora te perdía a ti por dejarte solo con ese monstruo. ¿Qué crees que recordé cuando dijiste lo de los papiros y la puerta? Sirius no sobrevivirá a que uno de nosotros dos le faltemos. Métete eso en esta dura cabeza —le golpeó levemente con el dedo índice la sien—. Y yo no puedo vivir sin él, así que no voy a consentir que hagas ninguna estupidez.

Harry no pudo evitar que las lágrimas se escapasen de sus esmeraldas mientras asentía levemente. Ya Remus lo había reñido la primera vez que lo habían herido en la Academia por no cuidarse diciéndole:

Tienes que cuidarte cervatillo. Si algo serio te pasa sé de alguien que morirá de dolor.

Harry había sospechado que le hablaba de Sirius pero no pudo sacarle ni una palabra más al ex licántropo. Cerró los ojos al recordar la expresión de dicha indescriptible que vio en el rostro demacrado de su padrino apenas recobrar el conocimiento luego de estar muy grave, para perderlo de nuevo un par de minutos después por unas horas pero ya fuera de peligro. Su expresión sólo había tenido la misma intensidad en la cara de Hermione.

Los demás también tenían alegría en sus rostros, pero no era comparable a lo que vio en los de ellos dos. Jamás le habían contado lo ocurrido cuando perdió el conocimiento luego de enfrentar a Voldemort hasta que lo recobró en el hospital y él no había preguntado. Ahora entendía a cabalidad la reacción de la menuda pelirroja antes.

—Tenemos que tener mucho cuidado tanto a la hora de decirle lo que ahora pretenden los Mortífagos como cuando actuemos. No sólo arriesgamos nuestras vidas, Harry, también la de él. —lo siguió regañando Ginny, aunque con su pañuelo le limpiaba el rostro.

—Yo no sabía nada de aquello, aunque debí sospechar algo pero… —Denegó con expresión cansada—. Ustedes casi no me dijeron nada de lo ocurrido ese día y yo no quise preguntar. Estaba tan cansado de todo lo que viví hasta entonces que no quise saberlo. Sólo después que Hermione y yo hablamos sobre los lazos decidí que entraría a la Academia y empecé a indagar pero… —Tomó aire profundamente e hizo un esfuerzo por tranquilizarse. Una vez que logró levantar de nuevo sus barreras la miró fijamente—. ¿Estás segura de querer estar presente mientras les muestro a todos lo ocurrido?

Ginny asintió enérgicamente, aunque la expresión insondable en los ojos de su amigo le había atenazado la garganta en un nudo. Recordaba perfectamente las pesadillas de Hermione y Ron cuando volvían de sus largas escapadas con él.

—Por favor, prepara té y ponle un poco de poción tranquilizante. Ellos creen estar preparados para enterarse de aquello por lo que han visto hasta ahora en sus trabajos, pero yo que lo viví sé que les golpeará anímicamente —Miró de reojo a la morena de ojos azules que tenía su mirada fija en él y luego a la pelirroja frente a él—. Fuiste durante muchos años una hermanita menor, luego mi novia y después una de mis mejores amigas, además de la mujer que ama Sirius. Te quiero mucho y no te quiero ver sufrir. Por favor, si algo de lo que voy a mostrar es demasiado… Por favor, ve con él. Tiene que ver al menos a uno de los dos medianamente tranquilo si despierta —Al verla asentir solamente insistió—. ¿Me lo prometes?

—Prometido. —aceptó ella, dirigiéndose de inmediato a la cocina para preparar lo que él le había pedido.

Cuando Harry se giró se encontró a Daryll tras él con el ceño fruncido. El detective lo había ayudado a desplazarse hasta allí y luego se separó de ellos un poco. Pero era evidente de su expresión que los escuchó.

—No vas a hablar con chiquillos que se creen policías. Tenía entendido que lo sabías. —le dijo en voz baja y cortante.

—Lo sé perfectamente, señor Conrad. —le respondió en voz baja y comprensiva Harry, sosteniéndole brevemente la mirada para luego mirar de nuevo a la morena.

—No hay forma de que ella no esté al tanto. Tiene que saber la verdad. —afirmó el detective moreno oscuro luego de notar a quién miraba el joven de ojos esmeralda.

—Sí, lo sé, pero hubiese querido evitar esto. Especialmente que ella estuviese presente —le respondió Harry, suspirando—. Por favor, no les diga a los otros que el té tendrá poción para ayudarlos a mantenerse tranquilos.

—Sólo si tú y la pelirroja beben del mismo —le replicó él, agregando rápidamente para que no lo malinterpretase—. No desconfío de ustedes, pero creo que lo necesitarán tanto como nosotros.

Harry cerró los ojos un instante mientras asentía. "Sí, es cierto. Yo viví cada uno de aquellos momentos con la mayor fortaleza posible, pero el revivirlos para ellos… Espero que las barreras que aprendí a imponerme resistan el embate de esta situación". Frunció el ceño al pensar que luego de contarles a ellos tendría que repetirlo para sus amigos.

—Señor Conrad, ¿es posible que los miembros del E.D. y la O.D.F. estén presentes desde este momento? Yo puedo evitar que luego puedan acceder a su casa.

—Creí que hablarías con ellos luego. ¿Por qué el cambio? —le preguntó extrañado.

—Ellos tampoco saben la mayoría de las cosas que les mostraré a excepción de Hermione y Ron, que las vivieron conmigo. Para serle sincero, no sé si luego tendré el tiempo y la fortaleza para mostrarles aquello.

Daryll dudó por unos momentos pero luego asintió en aceptación. Salió con Harry al jardín para que convocase a sus amigos. Minutos más tarde entraban Hermione, Ron, Fred, George, Dean, Ernie, Nymph, Remus, Minerva y Kingsley a la casa del detective, que fueron allí como representantes principales de los miembros sobrevivientes del E.D. y la O.D.F.

Harry regresó de nuevo junto a la computadora donde le esperaban Los Halcones, a excepción de Nataly que había ido a verificar el estado de salud de Sirius. Los presentó a todos, pidiéndoles a sus amigos del mundo mágico que tuviesen paciencia, que al final les explicaría su decisión, pero que quería que ellos estuviesen presentes mientras les explicaba al grupo muggle.

Ron tenía el ceño fruncido, pues sabía que había llegado el momento tan temido por él y no se sentía con fuerzas para enfrentarlo. Estaba además muy incómodo con la decisión de Harry de involucrar a muggles, pero confiaba en su criterio.

Hermione había abrazado fuertemente a Harry después de aparecer, sin importarle sus heridas ni las de él, pues sabía desde que encontrasen aquello en la guarida de los Mortífagos a la que habían llevado a la rubia que se había desatado la tormenta y tenía muchísimo miedo.

Kingsley le pidió a Harry al oído, mientras lo abrazaba, que mientras no fuese indispensable los muggles no supiesen que él era el Ministro de Magia. Le recordó que él estaba allí como el auror y amigo que lo apoyó siempre desde que se conocieron. Sonrió al sentir al pelinegro asentir y abrazarlo más fuerte.

—Ya han verificado la existencia de "casos no resueltos" o "inexplicables" en su mundo durante las dos guerras —empezó a decirles Harry en cuanto Jerry lo ayudó a sentarse—. Quieren saber de lo que son capaces los Mortífagos y lo comprendo, pero… —"No, no quiero que Katy vea aquello. Haré un último intento por evadirlos", pensó mirándola preocupado—. Es posible que ustedes no tengan que enfrentarse a ellos. Podríamos protegerlos de modo que ustedes sólo investiguen dónde están los pergaminos y nos ayuden a llegar a ellos.

—No nos trates como muchachitos inocentes que nunca en su vida han visto correr sangre —le reprochó en tono molesto Madox—. ¿Crees que has visto mucho en tu vida? Este fue el caso que nos unió. —agregó poniendo en la pantalla del computador fotos del atentado en Omagh, Irlanda, además de otras sobre otros casos que habían seguido desde entonces.

Anthony evitó que una de las bandejas que Ginny llevaba flotando frente a ella con tazas vacías para el té fuese a dar al piso, al paralizarse ella cuando vio las imágenes. Los buenos reflejos de Kathleen, Jerry, Dorothy y Michael evitaron que las otras corriesen esa suerte. Harry la miró significativamente, pero la menuda pelirroja tomó aire profundamente y denegó, terminando de acercarse a ellos y empezando a servir el té mientras el pelinegro de ojos verdes hablaba.

—No estoy subestimándolos, señor Brown. Sé que son los mejores detectives del Reino Unido y que han tenido que vérselas con situaciones muy difíciles hasta ahora —Su mirada viajó sin que pudiese evitarlo a la morena que le generaba tantas emociones intensas—. Es sólo que hubiese querido evitar tener que mostrarles mis recuerdos de aquello a ustedes o a aquellos de mis amigos que no vivieron esas situaciones conmigo. —finalizó girándose levemente hacia Ginny, que le sostuvo la mirada con firmeza.

—Es inevitable y necesario que nos los muestres, Harry. —le dijo con tono suave pero enérgico Katherine, mirándolo intensamente. Le sonrió para transmitirle confianza luego de verlo suspirar y asentir, desplazándose hasta sentarse a su lado y tomándole de la mano izquierda con cuidado.

Hermione sintió que el monstruo de los celos rugía con fuerza en su interior, cerrando los ojos por un instante al sentir el apretón en su mano de Ron. El pelirrojo era nuevamente su novio. Ella lo había aceptado y tenía que comportarse de acuerdo a su decisión. Ya llegaría el momento de poner todas las cosas en su verdadero lugar, o al menos eso deseaba de todo corazón.

Harry le sonrió con dulzura a la detective morena, se giró a mirar la pantalla del computador y suspiró. Se llevó la varita hacia su sien y musitó el hechizo que él y Hermione habían diseñado años atrás, partiendo del boceto que encontraron planteado por la mamá del pelinegro referido a un televisor, apuntando luego su varita hacia el monitor de la computadora.

Nataly, que entraba en ese momento, se quedó paralizada al igual que los otros veintisiete espectadores en la sala. Harry con voz fría y distante les explicó diez minutos después que lo que acababan de ver y oír era el asesinato de Lily y James Potter por Lord Voldemort.

Seguidamente les mostró lo vivido cuando le ordenaba a Quirrell que lo asesinase a él, un niño de once años, para quitarle la Piedra Filosofal con la finalidad de retornar a la vida y el poder. Luego siguió con el encuentro con la parte joven del alma de Voldemort en la Cámara de los Secretos, contándoles como había usado a la pequeña pelirroja de once años para desatar el terror en el colegio y ordenándole al gigantesco basilisco que lo asesinase a él.

Le costaba mucho mantener sus barreras emotivas arriba con Katherine a su lado apretándole la mano mientras veía y oía aquello. Peor aún se sentía al saber a Hermione a sólo un par de metros de él abrazada por Ron. Hubiese deseado que aquella situación jamás se diese, pero Albus Dumbledore había tenido razón en que una vez que comenzaba a sacarse ese venenoso dolor que generan los malos recuerdos era mejor dejarlo salir completo.

Les mostró lo ocurrido en La Casa de los Gritos cuando se demostró la inocencia de su padrino, así como el ataque de dementores que sufrieron Hermione, Sirius y él junto al lago, explicándoles qué eran las criaturas a los muggles presentes y el efecto que tenían tanto en los no mágicos como los squibs (explicando brevemente quiénes eran), las brujas y los magos.

Lo siguiente que les enseñó fue lo ocurrido en el cementerio de Pequeño Hangleton, siguiendo con el enfrentamiento en el Ministerio de Magia, lo que vivió con el director en la cueva en donde se encontraba el falso horcrux y el ataque al colegio por los Mortífagos, en el que fue asesinado el director.

Con el mismo tono frío y distante les explicó de qué se trataba la profecía y los horcruxes, mientras ellos tomaban té como él les había pedido, al igual que sus amigos del mundo mágico. Tomó él también un poco al notar el gesto autoritario con que Daryll le ponía la taza en sus manos. Con un leve asentimiento de cabeza le agradeció aquello antes de recomenzar, pues venía lo más difícil y empezaba a sentir que el efecto de la poción tranquilizante lo ayudaba.

Les explicó brevemente lo que eran realmente una banshee, un vampiro y un licántropo a Los Halcones, mostrándoles luego el rescate en que murieron los hermanos Creevey. Nataly fue sacada de la sala por Ginny por el ataque de nervios sufrido por la primera, sobreponiéndose la segunda a su propio llanto para ayudar a Laurence a ponerle un sedante.

Cuando los dos volvieron a la sala el paramédico sostuvo a la menuda pelirroja, que sintió que se desvanecía ante lo que Harry les mostraba en ese momento. Una hora más tarde Ginny no soportó más y salió de la habitación luego de ver lo vivido por su hermano y sus dos amigos durante sus expediciones, de lo cual ninguno de los tres había querido hablar nunca. Ahora sabía la razón y se dijo a si misma que hubiese preferido no saberlo.

Incapaz de revivir el día de la batalla final se dirigió con paso tembloroso hacia la habitación de su novio, pero no pudo entrar. Se sentó en el piso a llorar, evitando en lo posible hacer ruido para que él no la oyese. Un minuto más tarde sintió a Ron sentándose junto a ella y abrazándola por los hombros, las lágrimas escapándose de sus ojos azules sin que él pudiese evitarlo, sus ojos apretados fuertemente.

Hermione se sentó junto a ellos, su rostro también inundado de lágrimas. No sólo había tenido que escuchar el relato frío y distante de los sucesos más horrorosos que le había tocado vivir, sino que también había visto al hombre que amaba consolando con su abrazo a la muggle morena, a quien empezaba a detestar sin poder evitarlo. El abrazo de su novio por sus hombros no le representaba en ese momento ningún consuelo.

Mientras ellos tres estaban allí, las dos siendo abrazadas por Ron, Hermione les empezó a explicar en voz baja lo que sabía Harry les explicaría a los demás apenas terminase de mostrarles el recuerdo de la batalla final. Era muy difícil hablar de aquello, pero Ginny y Ron tenían que estar al tanto.


A pesar de la poción tranquilizante en el té, cuando Harry terminó con su explicación vio en los rostros de sus acompañantes expresiones mezcla de horror, dolor, preocupación y, porque no reconocerlo, miedo. Se sentía agotado tanto física como anímicamente, pero una vez más se sobrepuso para hablarles.

—La información que tenemos sobre los Papiros de la Muerte sugiere que fueron traídos a Inglaterra encubiertos entre los que encontraron los arqueólogos en Egipto, para luego "desaparecer" aquí. Hermione y yo creíamos hasta anoche que los Mortífagos sólo sabían de mi lazo con Voldemort y buscaban una forma de usarme para retornarlo al poder. Pero en el cuartucho en que habían encerrado a Luna había notas apresuradas sobre un posible lazo con Ginny, por su experiencia con el diario, ya que al parecer Voldemort hizo un intento de buscar los papiros cuando era joven.

—Luna dice que se la llevaron con la finalidad de interrogarla sobre Ginny, siendo ella su mejor amiga —comentó Remus pensativo, su mirada preocupada fija en el chico que quería como un sobrino—. También le dijo a Hermione, antes que los medimagos la obligasen a dormir, que le preguntaban insistentemente sobre el viaje que hicieron los Weasley a Egipto y si ellos habían regresado de allí con algún tipo de documento.

—Nosotros sólo fuimos allí de vacaciones. —refutó Fred.

—Ninguno de nosotros trajo de allí nada. —apoyó George.

—Pero el viaje fue justo después que Ginny estuvo en la Cámara de los Secretos, cuando se formó el lazo —comentó Minerva—. Si ellos no saben de qué se trata exactamente les debe inquietar esa coincidencia, por lo que fueron por Luna después de no encontrarla a ella en el hospital.

—Si Ginny no hubiese cambiado su guardia por acompañarnos a respaldar a Harry en su cita con Katy, a estas horas ellos la estarían torturando, luego de matar a Molly y Arthur en su propia casa. —comentó en tono lúgubre Nymph.

—Ya levantamos las viejas protecciones especiales en Grimmauld —se adelantó Kingsley a la pregunta que veía surgir en el rostro de Harry—. Están a salvo. También las pusimos en el segundo cuartel, el cual ampliamos con la propiedad vecina. Dejaremos el primero sólo para la asistencia en medimagia y el segundo para estrategias y operaciones —Al ver al pelinegro asentir y mirar a los muggles que los acompañaban con intención de decir algo se le adelantó una vez más—. Quisiera que Los Halcones nos den su consentimiento para levantar protecciones en sus propiedades, además de darles unos chivatoscopios, para que puedan estar alertas ante la cercanía de magos tenebrosos.

—Les agradecemos su oferta, pero creo que comprenderán que han sido muchas cosas en poco tiempo y necesitamos hablar a solas al menos unos minutos. —le dijo con tono amable pero serio Daryll, en nombre de sus compañeros.

—Completamente comprensible, señor Conrad —aceptó en tono similar Kingsley, diciéndole seguidamente a Harry—. Necesito hablar contigo a solas. Tal vez mientras ellos ven a Sirius, tú y yo podríamos hablar en el jardín.

—Seguro. —aceptó él. Le dio un fuerte abrazo a Katherine y un beso en la frente antes de levantarse, siendo ayudado por Jerry.

Katherine hubiese querido permanecer abrazada a Harry y no soltarlo nunca, pero ahora más que nunca sentía que debía ser fuerte, usando todo su coraje para apoyarlo y afrontar con él aquella situación tan compleja, así que le dio un beso en la mejilla antes de dejarlo partir con su amigo.

—Indícales donde pueden hablar con tranquilidad, mientras Jonathan lleva a sus amigos con Sirius para que verifique cómo sigue su salud. —les indicó Daryll al detective pelirrojo de ojos azules y al médico joven.

Los dos asintieron, aunque al médico no le gustó que lo excluyera de esa forma de la conversación. Pero estaba preocupado por Nataly y le pareció que podía ver cómo seguía ella luego de ver a Sirius, antes de volver con ellos. Esperaba ser lo suficientemente rápido.

—Harry. Li Tieguai se ha sincerado conmigo y con Remus luego que yo… Bueno, tuve que presionarlo un poco con… Lo cierto es que nos ha contado lo que sabe de ustedes cinco. —le confesó Kingsley en cuanto los dejó solos Jerry.

—Debes haber sido muy duro con él para que faltase a la palabra que me dio. —comentó con el ceño fruncido Harry.

—Bien sabes que aunque no fui amigo inseparable de tu padre si fui buen amigo de tu mamá, hasta que tu papá nos alejó cuando se hicieron novios. También que desde que nos conocemos he hecho cuanto ha estado en mis manos para ayudarte y que hubiese querido, al igual que Sirius y Remus, evitarte todo lo que has sufrido hasta ahora. Por eso me atreví por primera vez en mi vida a usar mi posición para presionar a alguien —le confesó con expresión apenada—. Me preocupa muchísimo tu salud, especialmente luego que Nymph me contase la confesión que ella y su esposo lograron arrancarle a Sirius sobre lo ocurrido el fin de semana pasado en el Valle.

—¿Presionaste a Li Tieguai con la estadía de su hermana aquí? —le preguntó con evidente incredulidad Harry. Jamás se hubiese esperado algo así del hombre frente a él.

—Sí. Créeme que no estoy orgulloso de haberlo hecho pero tú me preocupas demasiado.

—Te lo agradezco, pero… ¿De verdad la hubieses deportado con sus hijos si él no te hubiese contado?

—No. Si te soy sincero no hubiese sido capaz de hacerlo, pero mi seriedad y la de Remus cuando hablamos con él lo convencieron.

Harry sonrió mientras denegaba levemente.

—Me preocupan mucho ustedes cinco, especialmente Ginny y tú con lo que me acabo de enterar. Por otro lado están el Wizengamot y Robards. ¿Qué tienes pensado?

—Para Robards, el Wizengamot y cualquiera de nuestro mundo que no pertenezca al E.D. o la O.D.F., anoche Ginny, Sirius, Fred, George, Nymph y Remus me estaban buscando, luego que les pidiese a Hermione y Ron que cuidasen de mamá Molly mientras yo investigaba algo, sin dar más datos. Los mortífagos mientras tanto, al no conseguir a Ginny, atacaron en casa de los Longbottom en busca de Luna, asesinando a su padre, los padres y la abuela de Neville. Cuando él nos avisó ya mis amigos me habían conseguido y acudimos a rescatarla, pero no pudimos avisar a Robards y el auror de guardia en el Ministerio por la celeridad con que se presentó la situación.

—¿Qué se supone que estás investigando?

—La identidad de "La Sombra". Se suponía que me vería con alguien que me daría información, pero quien se suponía me la daría no apareció.

—¿Qué razón darás para que fuesen tras Ginny?

—Todos saben que Ginny y Sirius son los más cercanos a mí después de Hermione y Ron, a quienes no es tan fácil llegar. Hermione está generalmente en la Academia o en un sitio protegido. Ron tiene custodia cuando está en los entrenamientos o jugando, estando protegido ya sea en casa de sus padres o en la de mi padrino. La de mis tíos Nymph y Remus también está bajo protección. El único punto débil es la salida de Ginny del hospital, así que por eso fueron por ella. Debido a que mi cercanía con los Longbottom no era tan cercana no me fue concedida mi petición meses atrás de protección para ellos y ahora yo he puesto a los sobrevivientes del terrible ataque en sitio seguro.

—No sabes como lamento que el Wizengamot no te escuchara cuando pediste que los protegiesen a ellos. —afirmó triste el hombre moreno.

—No te culpes, hiciste todo lo que podías y aún más. De no ser por el auror que vigilaba su casa por órdenes tuyas no hubiesen sobrevivido el pequeño Frank, Luna y Neville.

—Li Tieguai y los Charaka Sushruta tienen todo el apoyo del Ministerio para atenderlos a ustedes cinco. Daré instrucciones para que Hermione y tú tengan acceso de inmediato al Departamento de Misterios el jueves, pues Robards ya me había pedido que adelantásemos la graduación de tu promoción para ése día.

Al ver asentir al joven pelinegro de ojos verdes, con aquella máscara de frialdad que tanto le preocupaba antes y que ahora comprendía lo que ocultaba, se entristeció. "Tengo que conseguir la manera de ayudar de manera más efectiva al hijo de Lily Evans", se prometió a si mismo Kingsley. Analizó rápidamente lo que les había mostrado el joven frente a él, lo que ahora sabía estaba pendiente para Harry, los recursos de los que él disponía para ayudarlo de la manera más efectiva posible y tomó una decisión.

Mientras el moreno pensaba en esto Harry meditaba en los problemas de salud de los cinco. Estaba un poco más tranquilo desde que los medimagos traídos por su padrino de la India habían examinado a Molly y hablado con él, Ginny, Ron, Fred, George, Charlie, Bill, Arthur, Sirius, Nymph y Remus sobre la matrona Weasley. El caso no era sencillo pero la pareja de medimagos se habían interesado mucho. Habían tomando como algo personal el encontrar un tratamiento que le permitiese recuperar la salud, tal como había pensado su padrino.

Harry no sabía cuál era el estado de salud de Ginny, Hermione y Sirius, pues Li Tieguai se había negado a responderle aduciendo el secreto profesional como medimago con el que también había guardado hasta ahora su secreto. Si había hablado sobre Molly con él, Sirius, Nymph y Remus fue porque ella había accedido a que lo hiciese por petición de Ginny. Apreciaba al anciano y comprendía perfectamente que hubiese cedido ante la presión del Ministro por temor a que alejasen a su única familia de él.

No se hubiese esperado ni de Kingsley ni de Remus que lo presionasen por saber de su salud, sino de Sirius, de Ginny, de Hermione y de Ron. Por eso les había estado diciendo verdades a medias a ellos cuatro para mantenerlos alejados del medimago chino. Ahora que tenía el panorama de lo que faltaba un poco más claro, además de tener una mejor idea de lo que su intervención aquél día ocasionó en los cinco, comprendió que tendría que sincerarse con los Charaka Sushruta sobre su inusitado poder mágico desde que alcanzó la mayoría de edad además de su salud. Eso lo inquietaba.

—Lancelot White, Tania y Steve Hart, Gawain Robards y yo seremos los únicos en el Ministerio de Magia que sabremos la verdad de lo que está ocurriendo, trabajando contigo directamente. —rompió el silencio Kingsley, después de perfilar rápidamente en su cabeza un bosquejo de un plan de acción a seguir.

—Pero… —intentó protestar Harry.

—Lancelot White es el jefe de los Inefables, uno de los mejores que ha estado en el Ministerio —lo interrumpió el moreno con tono firme—. Es de mi absoluta confianza, al igual que lo son Tania y Steve. Sé perfectamente que los del E.D. difícilmente le perdonarán alguna vez a Gawain lo que ocurrió el día que murieron los pequeños Creevey, pero también que él no tenía muchas opciones —Al ver a su acompañante torcer el gesto suspiró y se explicó—. Gawain y yo hablamos al día siguiente, Harry, no fue por las órdenes de Scrimgeour exclusivamente que él actuó así. Hubo una razón de más peso para ello. Necesito que me prometas que lo que voy a contarte no lo sabrá más nadie nunca.

—Prometido. —aceptó extrañado.

—Gawain quedó huérfano de doce años con una hermana de diez años de nombre Nienna. Durante la Primera Guerra hubo un ataque mortífago en el Callejón Diagon, en que ella estaba con su esposo y sus dos hijos de compras. Gawain era entonces un auror joven que ya había ascendido a líder por sus capacidades. Cuando él y su grupo estaban enfrentándose a los Mortífagos para rescatar a un grupo de jóvenes que estaban haciendo compras para el colegio, uno de los chicos cayó seriamente herido.

»Sus órdenes habían sido en esa oportunidad también primero detener Mortífagos y luego ayudar a los lastimados, pero él prefirió desviar parte de su grupo para sacar al chico más grave y otros dos heridos hacia sitio seguro, desde allí desaparecieron algunos de sus hombres y los llevaron al hospital. El problema fue que parte de los Mortífagos rebasaron el grupo debilitado de Gawain y se consiguieron en su camino a Nienna y su familia. Se la llevaron de rehén a ella y asesinaron al esposo, salvándose los niños sólo porque Steve logró golpear en un punto preciso a su captor y alejar a Tania. No tengo que decirte en qué forma devolvieron el cuerpo de Nienna Hart dos días más tarde a Gawain.

—¡Por Merlín! —exclamó Harry sin poder contenerse, su máscara de frialdad olvidada ante aquello—. Steve y Tania Hart… ¿Ellos son…? —Al ver asentir al hombre moreno suspiró y levantó su vista al cielo, como se había acostumbrado a hacer durante la guerra cuando necesitaba calmar su mente—. Sólo ellos cuatro y tú, Kingsley, por favor.

—Luego de la audiencia nos reuniremos nosotros cinco con Hermione y contigo en la oficina de Lancelot para ponernos de acuerdo. Ellos cuatro estarán al tanto de todo.

—¿De todo? —preguntó Harry inquieto, asomándose a sus labios una protesta al verlo asentir. Se detuvo al ver la mirada de firmeza y preocupación de los ojos negros frente a él, sabiendo que no lo convencería—. De acuerdo, también les diré a ellos todo y…

—No Harry —lo interrumpió Kingsley—. Si nos hiciste venir aquí a los del E.D. y la O.D.F. fue para no tener que revivir eso dos veces y yo no seré quien te obligue a hacerlo una vez más. Tú descansa las horas que quedan antes de la audiencia, al igual que Hermione que también está citada. Yo me reuniré con ellos cuatro y les revelaré todo.

—Gracias Kingsley. —aceptó Harry de inmediato, con un gran sentimiento de gratitud en su pecho pues se sentía agotado anímicamente y débil físicamente.

—Vamos. Debes poner a Hermione al tanto de la estrategia e irse los dos a descansar un poco. —le indicó con cariño, ayudándolo a caminar hasta la casa.

En cuanto Harry y Kingsley se acercaron al cuarto en que reposaba Sirius se les aproximó un muy serio Ronald Weasley, que estrechó en un abrazo a Harry.

—Siempre unidos, compañero. Sólo que esta vez no permitiré que luches solo en el momento más crítico como me pediste ese día. ¿Está claro? No hay forma que me alejes de ti esta vez.

Harry le correspondió el abrazo con fuerza y cariño, asintiendo pues había visto un brillo de decisión en los ojos de su mejor amigo que en muy escasas ocasiones se veía.

Ginny y Hermione esperaron a que se separaran un poco para unirse al abrazo, rodeándolos seguidamente Fred, George, Dean, Ernie, Nymph y Remus.

—Van a ahogar a Harry y dejarme sin novio. —bromeó Katherine un par de minutos después, conmovida por el gesto y deseando estar abrazada a él.

A excepción de Hermione y Ginny los demás se rieron, separándose todos y haciendo un pasillo Fred, George, Dean y Ernie, simulando una reverencia medieval para que la pareja se uniese, pues los dos últimos estaban ya al tanto por los gemelos que su amigo estaba muy interesado en la atractiva morena.

Katherine avanzó sonriendo y se abrazó a él.

—¿Tu novio? —le preguntó en un suave susurro Harry.

—El más guapo, caballeroso y valiente de los hombres. Mi novio si así lo quiere. —le musitó ella al oído.

—El más afortunado de los hombres no sólo quiere ser tu novio, desea estar a tu lado para siempre. —le respondió él contento, besándola en la mejilla y deslizando seguidamente sus labios hasta que se unieron a los de ella.

Había visto a Ron besar a Hermione en la boca justo cuando entraba con Kingsley al pasillo, sintiendo como su corazón se fragmentaba pero la imagen de Katherine se presentaba de inmediato nítida en su mente, aliviándose el dolor en su pecho. Se aferró con todas sus fuerzas a lo que sentía por la morena para terminar de matar lo que en su corazón había nacido por la castaña.

Daryll carraspeó unos minutos más tarde al considerar que el beso se prolongaba demasiado, haciendo sonreír a la mayoría las protestas en voz baja de la pareja apenas separarse. El líder de Los Halcones habló con Kingsley, aceptando y agradeciendo las protecciones ofrecidas ante un enemigo del que no se podían defender sólo con sus propios medios, pidiéndole que les facilitase una forma segura de comunicarse con ellos.

—Quiero quedarme lo que resta de noche aquí, luego de hablar con Hermione lo referente a la audiencia. — les comunicó Harry a sus amigos después que viese a Sirius.

La menuda pelirroja y la castaña se sintieron mal con su decisión, pues sabían lo que había tras ella, pero no hicieron ningún gesto o comentario.

—Será lo mejor para que no se preocupe Sirius si despierta. —opinó Jerry.

Había comprendido lo que ocurría luego de recordar lo que Ginny le había dicho al ver a Ron tan acaramelado con Hermione, que parecía estar con él a gusto pero no lucía enamorada. Miró a Katherine y notó algo extraño en sus ojos azules. "No estoy seguro, pero… ¿Se ha puesto así al ver a la castaña y el pelirrojo? ¿Qué sabe ella? Mejor descanso un poco, empiezo a ver fantasmas. ¡Fantasmas! Justo ahora preferiría que jamás nos hubiésemos conseguido con el 'fantasma esmeralda' y sus amigos, aunque ahora que sé de aquellos papiros estoy seguro que aquello hubiese sido inevitable siendo Los Halcones quienes somos".

—Sugiero a Harry que estén presentes en su conversación con Hermione los otros miembros del E.D., al igual que Nymph y Remus, para que les trasmitan a todos los demás la versión oficial ante nuestro mundo de lo ocurrido anoche. La profesora McGonagall regresará al colegio para verificar que todo esté en orden allí y yo iré al Ministerio para informarme con detalle de lo que allí se sabe de lo ocurrido hace unas horas. —planteó Kingsley con su voz profunda y pausada.

Al ver asentir a Harry los aludidos siguieron a Julie, que los llevó a una salita en ese mismo piso para que los heridos no tuviesen que desplazarse demasiado. Daryll le pidió a Kingsley que se reuniesen a solas antes que él partiese y ante su aceptación lo llevó al segundo piso, desapareciendo de allí directamente el Ministro de Magia veinte minutos más tarde.

Cuando el dueño de la casa bajó despidió a los amigos de Harry. Aceptó agradecido el pergamino y la extraña moneda dorada que para la comunicación le entregó la castaña amiga del "fantasma esmeralda", prestando mucha atención a sus indicaciones.

Luego que de los magos y brujas sólo quedasen en su casa Ginny, Harry y Sirius, los movilizaron a la habitación más amplia de la planta baja para que descansasen allí las horas que restaban de ese largo y extraño día, en que por primera vez en centurias de nuevo muggles y magos se reunían para hablar de un problema que afectaba a los dos mundos.