Resumen: Tres inefables y dos aurores intercambian información sobre Harry Potter. Tres amigos de Los Halcones acuden de madrugada en auxilio de Sirius Black, trayendo consigo también noticias inquietantes.
Investigaciones y Sorpresa Triple
—Disculpe usted, señor Ministro, pero Harry Potter ha incumplido con la normativa del cuerpo de aurores al actuar anoche con su grupo de amigos sin avisarnos. No estamos en la Segunda Guerra y él no puede hacer lo que quiera saltándose los procedimientos —entró diciéndole muy enojado Gawain Robards, sin detenerse a mirar quiénes estaban allí—. Sé que es tu amigo, Kingsley, pero tú fuiste auror y sabes lo importante que es… —añadió hablándole como su igual al ver su impasibilidad. Se detuvo al verlo sacar la varita, sacando rápidamente la suya para defenderse mirándolo incrédulo. Frunció el ceño al ver que cerraba la puerta y la sellaba.
—Guardas la varita, saludas a tus sobrinos y su jefe, te callas y no vuelves a decir ninguna tontería que me obligue a penalizarte por la forma en que te acabas de comportar con tu superior sin cuidar la privacidad como hemos hecho hasta ahora, amigo. —le ordenó el moreno con firmeza, haciendo énfasis en la última palabra.
Gawain tragó saliva y bajó su varita. Kingsley y él se habían respetado siempre, cuando fueron compañeros en el cuerpo de aurores, cuando a él lo ascendieron a jefe del cuerpo al convertirse en ministro Scrimgeour y cuando su amigo se había convertido en Ministro de Magia. Ante los demás su trato siempre había sido respetuoso, formal y hasta cierto punto distante, manteniendo sus conversaciones amistosas y debates de ideas siempre en privado. Acababa de romper ese acuerdo tácito con su irrupción en la oficina, hablando delante de otros sin detallar quiénes eran y con la puerta abierta. La situación vivida los dos últimos días lo tenía extremadamente nervioso pero…
—Perdona, yo… —se empezó a disculpar.
—Estás alterado por todo lo ocurrido y te vas a alterar más con lo que te voy a decir, así que recuperas tu autocontrol porque te necesito tan firme y ecuánime como te sea posible. —lo interrumpió Kingsley, dejando descansar su varita sobre el escritorio y señalándole con su otra mano a los dos jóvenes y el hombre que miraban asombrados y en silencio el cruce de palabras de los dos.
—Hola Lancelot —le estrechó la mano, correspondiendo en seguida al abrazo de su amigo—. Perdona el mal rato. Hola Tania, hola Steve —los saludó con afecto, abrazándolos como nunca hacía en el trabajo—. Sé que no debería preguntar luego de lo que acabo de hacer, pero… Una reunión con los tres inefables más hábiles del Ministerio a estas horas de la madrugada no puede significar nada bueno. ¿Qué pasa?
—Mucho y muy poco que podamos controlar —respondió el moreno con tono de frustración. Respiró profundamente al ver que los cuatro lo miraban interrogantes—. Antes de empezar a decirles lo que he averiguado y lo que necesito de ustedes tengo que solicitarles dos cosas. La primera es que desde este momento y hasta que yo se los indique no estemos aquí limitándonos en nuestras intervenciones por los cargos que cada uno de nosotros ocupa. Los he convocado porque sé lo valioso que es cada uno en su área y necesito que conformemos un equipo de trabajo sólido —les indicó con su tono un poco más serio de lo que hubiese querido, sonriendo internamente al verlos asentir en aceptación y notar el cambio en sus miradas—. La segunda es que vayan a sus oficinas a traer todo lo que han investigado sobre Harry Potter, sus amigos y la Orden del Fénix, especialmente lo que no le mostrarían a nadie.
—¿Qué? —preguntaron los cuatro a coro sin proponérselo, mirando incrédulos al hombre que les acababa de pedir hablasen con seriedad pero libertad.
—Los conozco lo suficiente para saber que cada uno ha hecho su propia investigación y también que no la han compartido ni siquiera entre ustedes —les respondió Kingsley con serenidad—. Les aseguro que cuando terminemos con nuestra reunión comprenderán porqué les estoy pidiendo esto. Lancelot, que las jóvenes Penélope Clearwater y Parvati Patil se ocupen de todo en tu oficina menos de la Puerta Sellada. Reorganiza todo allá lo mejor que puedas para que ni tú ni los Hart se tengan que ocupar de algo distinto a lo que hablaremos aquí hoy. Gawain, que Tom Harris se haga cargo de organizar todo lo que haga falta sin tener que preguntarte nada. Tania, Steve, ahora más que nunca necesito que sean invisibles.
Los cuatro asintieron y salieron a buscar y hacer lo ordenado por su jefe con celeridad y discreción, sospechando de lo dicho y lo no dicho que algo muy grave ocurría. Cuando los cuatro regresaron consiguieron a Kingsley Shacklebolt observando con expresión ausente un pensadero mientras su varita iba y venía de su sien al objeto, depositando allí las hebras plateadas de sus pensamientos.
—No sabía que tuvieras el pensadero de Albus. —se atrevió a comentarle Lancelot cuando, ya los cuatro sentados frente a él y la oficina debidamente sellada desde varios minutos antes, lo vio detenerse y seguir perdida su mirada en el movimiento de la sustancia plateada.
—Harry me lo regaló cuando salió del hospital. Me dijo que yo lo necesitaría y él prefería no usarlo —le respondió con aire aún ausente. Suspiró y levantó sus ojos negros, clavándolos inicialmente en la joven mujer—. Empecemos con él, por Harry Potter.
—Joven problemático con quien se debe tener cuidado, pero no porque vaya a hacerle daño a alguien sino porque es un imán para los problemas y quien está cerca generalmente sale lastimado. —resumió Tania mientras colocaba sobre el escritorio su libreta de apuntes y un grupo de fotos.
—Tengo la impresión que no estás de acuerdo, Steve. Escuchemos tu punto de vista. —le indicó Kingsley luego de verlo bufar en voz baja.
—Un hombre que luego de ser protegido durante su infancia y adolescencia para que desarrollase su potencial como "El Elegido" y derrotase a Voldemort, se ha dedicado a la vida social y mantiene su aura de "intocable" para atraer incautas. —replicó el aludido sacando su propia libreta de notas y grupo de fotos.
Kingsley comprendió de las miradas que se lanzaban los hermanos cuál era el problema base allí y suspiró. Sabía que pronto los dos cambiarían de parecer, pero no le gustaba el método para hacerlos madurar en el aspecto personal. Gawain les había dado una buena formación como magos en la medida de sus posibilidades, pero a los dos les faltaba lo que sólo daba la experiencia de relacionarse con otros. Comprendía que su amigo los había aislado intentando protegerlos, pero una vez más se reafirmaba en que el aislar a alguien no era la mejor forma de ayudarle para que no saliese lastimado.
—¿Tu resumen, Lancelot? —preguntó mirando a su ex compañero de colegio y amigo.
—Ha vivido demasiado en muy poco tiempo y tiene un nivel excesivo de poder mágico, lo cual puede ser visto como un don o como una maldición. Albus en su afán de salvar vidas contribuyó a que se le formase una personalidad de héroe que no le ha permitido vivir de una forma medianamente normal. Estoy seguro que lo que hizo el día que derrotó a Voldemort ha tenido profundas huellas en él. —expresó con tono grave mientras ponía sobre el escritorio una carpeta abultada, de la que sobresalían los extremos de un par de pergaminos.
Kingsley se quedó mirándolo fijamente a los ojos un par de minutos sin que ninguno de los dos dijese nada, frunciendo el ceño Lancelot mientras sus ojos azules destellaban con comprensión al ver a su amigo asentir casi imperceptiblemente. Empezaba a lamentar no haberse equivocado.
—Tu turno, Gawain. Pero quiero que nos muestres lo que has traído y te expliques detalladamente, desde que empezaste a recabar información hasta lo ocurrido ayer en la madrugada. —le pidió el hombre moreno con tono suave pero firme.
El aludido frunció el ceño y miró el paquete que traía en sus manos.
—No estoy seguro que sea buena idea, Kingsley. Yo aún no entiendo muy bien lo que ocurre y aquí hay cosas que… —Miró de reojo a sus sobrinos y denegó.
—Créeme que justo ahora estoy más claro que nunca antes en lo que puedes tener entre tus manos. Pero Tania y Steve ya no son niños, amigo, son dos magos adultos muy capaces y necesito que empiecen a ubicarse en el problema con lo que tienes en tus manos. Porque Lancelot, tú y yo solos no podremos ayudar a resolver el problema tan grave que se está presentando —le respondió el moreno con tono pausado y firme—. Prefiero que tú les des una introducción a esa realidad que tienes en tus manos, porque cuando yo les muestre lo que tengo en este pensadero, si no están preparados, recibirán un shock emocional muy fuerte.
—¿Qué quieres dec…? —empezaron de inmediato a preguntar sus cuatro interlocutores, deteniéndose por el movimiento de su mano derecha indicándoles que se contuvieran.
—Por favor, primero veremos lo que trajo Gawain y oiremos sus dudas en respetuoso silencio. Luego les diré todo lo que sé y pueda decirles del problema que tenemos. —aclaró con su voz profunda Kingsley.
Gawain miró a su amigo fijamente durante unos minutos y comprendió que no le haría cambiar de opinión. Suspiró, abrió la pequeña caja en que llevaba el "archivo especial" y comenzó:
—Harry James Potter Evans nació el 31 de julio de 1980. Hijo del mago James Potter, de ascendencia completamente mágica, y la bruja Lily Evans, hija de muggles. Los dos pertenecieron al grupo convocado por Albus Dumbledore durante la Primera Guerra para combatir a Lord Voldemort, autodenominado La Orden del Fénix. El 31 de octubre de 1981 fueron asesinados por ese poderoso mago, quien sin embargo desapareció al intentar matar al entonces bebé Harry Potter.
»El director de Hogwarts llevó al niño huérfano con la hermana de la madre, parientes muggles del pequeño, ya que no existían familiares vivos por línea paterna y… —Dudó un momento pero al ver al hombre moreno asentir siguió—. He deducido que el profesor Dumbledore convocó algún tipo de protección sobre el niño que era mantenida por el vínculo sanguíneo entre Lily Potter y Petunia Dursley. Harry Potter fue recibido en esa casa pero no le fue informada la verdad sobre lo ocurrido a sus padres ni su condición de mago.
»Sus parientes muggles le dieron techo, comida y la educación básica exigida por las leyes muggles, pero su trato hacia el niño rozó muchas veces el maltrato infantil —Se detuvo al oír a su sobrino susurrar una exclamación de incredulidad—. Eso es conocido por muy pocos en el mundo mágico y sólo recientemente lo investigué luego de obtener una información confidencial en ese sentido. —explicó comprendiendo la sorpresa de Steve. Notó de reojo que Kingsley arqueaba su ceja derecha interrogante ante lo último que dijo pero no se dio por aludido y continuó.
»Harry Potter fue buscado por Rubeus Hagrid para entregarle su carta de admisión al colegio y ayudarlo para que pudiese presentarse en Hogwarts, ya que sus parientes muggles estaban poniendo trabas al chico. Durante su primer año se hizo amigo de Hermione Granger, joven bruja hija de muggles y muy inteligente, así como también de Ronald Weasley, joven brujo perteneciente a una familia mágica numerosa y formada en el respeto. Los dos jóvenes se habían formado en hogares bien constituidos y llenos de cariño, por lo cual se convirtieron en apoyos invaluables para un joven necesitado de afecto y apoyo.
»Los tres habían sido sorteados en Gryffindor y antes de terminar su primer año ya habían demostrado que el Sombrero Seleccionador no se había equivocado, pues evitaron que lo que quedaba de Lord Voldemort se apropiase de la Piedra Filosofal de Nicolas Flamel, retrasando su retorno a la vida de asesinatos en busca de poder. Durante ese año el entonces niño empezó a ser el paciente de Madam Pomfrey por incidentes poco convencionales, lo cual se mantuvo durante toda su estancia en el colegio con frecuencia cada vez mayor.
»En su segundo año la combinación del valor en Harry Potter, la estrategia de Ronald Weasley y la inteligencia de Hermione Granger salvaron la vida no sólo de Ginevra Weasley, sino la de los otros habitantes de Hogwarts al detener definitivamente el basilisco dejado por Salazar Slytherin oculto en el colegio.
—Esa criatura estaba siendo liberada por la niña de once años al ser manipulada por Lord Voldemort mediante un diario mágico. —intervino Kingsley serio pues no quería malos entendidos y suponía que eso no lo sabía Gawain, sobresaltando a sus acompañantes.
Con un movimiento de su varita el hombre moreno les mostró los recuerdos que Harry le mostrase horas antes a él, junto a los otros miembros de la O.D.F., del E.D.H. y los detectives, sobre lo ocurrido en su primer y su segundo año en Hogwarts.
—¿Cuándo te mostró Potter eso? —preguntó intrigado Gawain—. Hasta donde sé no es muy comunicativo con sus cosas y esos son recuerdos de él. —aclaró al sentir las miradas interrogantes de sus sobrinos y sus amigos sobre él.
—No es nada comunicativo sobre su vida, en eso tienes mucha razón — replicó Kingsley mirándolo con más curiosidad que antes. "Ese 'informante' de mi amigo… Empiezo a sospechar quién es y cuándo ha empezado Gawain a cambiar de opinión sobre Harry"—. Sin embargo lo ocurrido en los últimos tres días lo ha presionado al límite y se ha sincerado conmigo y algunos amigos en muchos aspectos.
—¿Con quiénes? —preguntó de inmediato el jefe de aurores sin poder contenerse.
—Todo a su tiempo, Gawain. Por favor continúa con tu exposición. —le pidió el moreno con tranquilidad.
El aludido se removió incómodo en la silla. Empezaba a pensar que el mal presentimiento que tenía desde el día que habló con Molly Weasley tendría explicación cuando terminase esa reunión. También comenzaba a estar seguro que no eran nada agradables las respuestas a las preguntas que se había venido haciendo.
—En las vacaciones antes de Harry Potter iniciar su tercer año en el colegio se escapó por primera vez en la historia alguien de Azkaban: el mago Sirius Orión Black Black, padrino del joven y quien en esa fecha era considerado un mortífago seguidor de Voldemort muy peligroso. Cornelius Fudge ubicó alrededor del colegio Dementores con la finalidad de evitar que el fugitivo se acercase a Harry Potter, pues se creía que era su objetivo, y poder atraparlo cuando lo intentase. Sin embargo Black no sólo logró evadir la captura sino que alcanzó a estar cerca del joven Potter, salvándole la vida Severus Snape según sus declaraciones.
—Lo cual fue falso puesto que Sirius no iba tras de Harry, sino de Peter Pettigrew, salvándole la vida su ahijado. —intervino de nuevo Kingsley.
—¿Qué? —se le escapó preguntar al joven inefable.
Kingsley agitó una vez más su varita y les mostró el recuerdo de lo ocurrido en la Casa de los Gritos y luego junto al lago.
—Rufus te había asignado la búsqueda y captura de Black como el mejor auror, luego de su fuga del colegio. ¿Sabías esto entonces? —le preguntó Gawain muy serio.
—Lo supe por Albus Dumbledore casi un año después, aunque no con tanto detalle —le respondió el moreno con serenidad—. Durante veinticinco meses perseguí a Sirius Black con mi mejor esfuerzo para devolverlo a Azkaban, pero luego de la aparición de Voldemort, la cual se negaba a aceptar Cornelius pero de la que Rufus, tú y yo teníamos la certeza era cierta, escuché a Nymph y hablé con Albus. Desde ese momento pasé a fingir que perseguía a Sirius mientras ayudaba a buscar una manera de detener al verdadero peligro.
—Es una pena que no se nos permitiese entonces investigar mejor la muerte del joven Cedric Diggory —comentó Gawain observando pensativo la foto del joven que en sólo unos días llevaría el uniforme de auror—. Pero Dumbledore no quiso que sometiesen a un interrogatorio al chico que sólo tenía catorce años y Fudge tampoco presionó. No quería oír lo que tenía para decir.
»Luego Rita Skeeter desde El Profeta le hizo el trabajo sucio al entonces Ministro, al llenar las mentes de todos con dudas y prejuicios contra "el adolescente inestable" y "el anciano decrépito". Durante un año la comunidad mágica fue volcada contra los dos únicos que se atrevían a declarar públicamente que Lord Voldemort había vuelto. Aquí en el Ministerio las cosas estaban muy tensas. Cornelius estableció una persecución silenciosa contra todo aquél que investigase algo que pudiese desmentir lo que declaraba una y otra vez como la verdad absoluta: Voldemort no había vuelto y no cabía discusión.
»Fue un año después, cuando Harry Potter y cinco de sus amigos escaparon del colegio y vinieron aquí, que vimos a Lord Voldemort huyendo con Bellatrix Lestrange luego de la evidente batalla que tuvo con Albus Dumbledore en presencia del joven quinceañero. Fue así como, no habiendo otra salida, Cornelius Fudge tuvo que admitir lo que tanto se había empeñado en negar. Ese día Sirius Black había venido a rescatar a su ahijado y cayó a través de El Velo de la Muerte durante su pelea con su prima.
—Lugar de donde fue sacado por Harry Potter y sus amigos luego de irrumpir aquí nuevamente de manera ilegal. —comentó el joven inefable golpeando levemente con su dedo un pergamino.
—Steve, no… —lo empezó a reñir Gawain.
—Eso es correcto. Incursión en la que yo participé y de la que estuvieron al tanto Lancelot y Gawain a petición de Harry. —lo interrumpió Kingsley.
—¡¿Qué?! —preguntó asombrada la joven que hasta ahora había permanecido en silencio.
—Y aunque oficialmente Sirius Black no ha dado información de lo vivido mientras estuvo fuera de este mundo, ni tampoco quienes fueron a buscarle, la verdad es que a excepción de Harry Potter todos se entrevistaron conmigo y me dieron información detallada de lo ocurrido. —intervino el jefe de los inefables.
—Sólo que debido a la naturaleza de dicha información Lancelot accedió a guardar el secreto hasta tanto fuese necesario que alguien más supiese al respecto —agregó el moreno serio, mirando seguidamente a su amigo de pelo castaño y ojos azules—. Quiero que les expliques todo a Tania y Steve Hart hoy, mientras Gawain y yo estamos en la audiencia de Harry. No estoy seguro pero creo que tal vez lo que se averiguó en esa oportunidad pueda servir para el problema que tenemos ahora.
El aludido asintió luego de fruncir el ceño. Respiró profundo y miró al jefe de los aurores, indicándole con un gesto de la mano que continuase.
—Luego que los miembros de La Orden del Fénix se enfrentasen aquí con Voldemort y sus Mortífagos empezaron las misteriosas desapariciones de Dumbledore del colegio, de una de las cuales regresó con una mano quemada con lo que era evidentemente el efecto de magia negra muy antigua y peligrosa. Lord Voldemort y sus seguidores mientras tanto declaraban abiertamente la guerra, asesinando entre muchos otros a Amelia Bones. Cornelius Fudge fue destituido como Ministro de Magia y Rufus Scrimgeour asumió el cargo, nombrándome a mí jefe de aurores y destinando a Kingsley a ser la protección del Ministro muggle.
»Dumbledore no le había permitido a Rufus acercarse a Harry Potter, impidiéndole así que lo usase como publicidad del Ministerio ante la comunidad mágica para decir que "El Elegido" estaba a salvo y todo se resolvería. Fue por esa razón que ascendí yo mientras a Kingsley lo relegaba a trabajar con muggles. Recuerdo que en una reunión, luego del único encuentro que tuvo Scrimgeour con Potter estando el director vivo, se quejó que "Potter es el hombre para y por Dumbledore".
—Esa es una buena descripción de el niño que vivió —comentó con una sonrisa melancólica Kingsley—. Fue ese Harry el que acompañó a Albus a algo muy peligroso, la última misión del viejo director antes de morir y la primera del guerrero que pronto surgiría y conocimos en la guerra.
Sin mirar a sus interlocutores agitó su varita, mostrándoles toda la información de los horcruxes, lo ocurrido en la cueva y luego en la Torre de Astronomía, con la consiguiente persecución de Draco Malfoy y Severus Snape por los terrenos del colegio.
—No entiendo. Snape salvó a Potter de la serpiente de Voldemort. —comentó Steve.
—¿Se puede saber qué te pasa hoy? —explotó su hermana, a quien no le gustaba el comportamiento de su hermano en lo que iba de la reunión, tan anormal en él.
—Simple. Suponía que hablaríamos sobre Harry Potter —señaló su libreta— y de quien hemos estado hablando es un desconocido.
—Es que Harry Potter es un desconocido para la mayoría, Steve. Sólo sus amigos lo conocen. —intervino Lancelot conciliador, pues Gawain estaba mirando asombrado a sus sobrinos.
—En realidad sólo Hermione y Ron podrían decir que casi conocen a Harry —comentó Kingsley con la mirada perdida en el pensadero y tono triste—. Albus quiso ayudarlo y se equivocó intentando protegerlo. El niño que vivió era un chico triste, de baja autoestima y con falta de información, que tuvo que hacer frente a cosas muy duras siendo sólo un adolescente. Lamentablemente sólo Sirius le dio algo de afecto y algunas de las respuestas que necesitaba, porque Molly le intentó dar calor de hogar pero quiso protegerlo sin entender que le hacía casi tanto daño como Albus.
—¿Cómo se convirtió ese niño en el Harry Potter de hoy en día? —preguntó intrigada Tania luego de cinco tensos minutos de silencio en el lugar.
—Luego de morir el director del colegio hubo un asalto de Mortífagos en el que capturaron a veinte jóvenes en Honeydukes —empezó a relatar Gawain luego de ver a Kingsley mirar con el ceño fruncido el recorte de El Profeta que tenía ahora encima, pues había ido desplazando los otros papeles a medida que hablaba y se los mostraba a sus sobrinos—. Entre ellos estaban los jóvenes Dennis y Colin Creevey. Cuando conseguimos la ubicación en que los tenían encerrados… —Se detuvo un momento pensando cuál sería la mejor manera de contar lo ocurrido.
—La noche antes había sido luna llena y Fenrir Greyback había mordido a Colin Creevey, para luego dejarlo encerrado Bellatrix con su hermanito Dennis —empezó a contarles Kingsley apuntando con su varita al pensadero—. El E.D., la O.D.F. y los aurores nos conseguimos con esta situación cuando llegamos allí con la finalidad de rescatar a los veinte chicos, entre los que estaban ellos.
Cuando terminó de mostrarles el recuerdo que Harry tenía de lo ocurrido ese día los dos más jóvenes lloraban, Lancelot denegaba pálido y Gawain lo miraba enojado.
—El vivir eso un año después de saber el contenido de la profecía y ver caer a Sirius tras El Velo de la Muerte pesó mucho sobre sus hombros. He deducido de lo que ahora sé y el conocerlo que se había estado sintiendo desde ese momento responsable de las muertes ocasionadas por Voldemort y sus seguidores, por el contenido de la profecía.
»Sin embargo lo que enterró a el niño que vivió e hizo surgir a el guerrero que venció fue el leer en El Profeta al día siguiente que condecorarían a Dawlish, como miembro del cuerpo de aurores que llevó a cabo el exitoso rescate. Acaban de ver cómo se refirió él a la muerte de los jóvenes Creevey, de la que sólo supimos realmente lo ocurrido allí quienes estuvimos presentes. La comunidad mágica sólo supo que fallecieron durante el rescate.
»En ese entonces tanto el E.D. como la O.D.F. manteníamos el anonimato, por lo que no se podía saber nuestra participación y ante los demás la operación de rescate del cuerpo de aurores había sido un éxito con un mínimo de bajas. Rufus nos sacó a la luz pública debido a la siguiente participación del E.D. en una batalla, siguiendo los chicos a Harry Potter —siguió diciéndoles Kingsley, manteniéndole la mirada a su amigo—. Sólo que ninguno de nosotros sabía lo que ocurría con Harry en ese entonces.
—¿Lo supieron cuando derrotó a Lord Voldemort? —preguntó Lancelot.
—No. Harry nunca quiso hablar de sus salidas con nosotros. Con el único que hablaba algunas cosas luego que lo rescatamos fue con Sirius. Hermione y Ron le eran y le son fieles hasta la muerte, por lo que respetaron su silencio. Ni siquiera luego de muerto Voldemort quisieron hablar de lo que ocurría cuando se nos desaparecían en sus misteriosas misiones. Alastor era el único que les seguía preguntando después de algunos meses de muertos los hermanos Creevey, en parte preocupado por las pesadillas de Hermione y Ron pero primordialmente por el aislamiento de Harry.
—¿Granger y Weasley tenían pesadillas y Potter no? —preguntó intrigado Steve.
Gawain de inmediato cerró la carpeta y denegó en dirección al hombre moreno al ver que dirigía la varita al pensadero.
—De esto me he enterado hace un par de horas. Pero antes de mostrárselos los cuatro van a tomar el té con poción tranquilizante y no es una sugerencia, es una orden —les dijo muy serio Kingsley, trasladando con su varita el servicio de té y la jarra que tenía preparados en la mesita auxiliar cercana a su escritorio—. Si no me obedeces te suspendo, Gawain. —lo amenazó al verlo denegar enojado.
—Jamás pensé que usarías tu posición conmigo. —le reprochó el aludido.
—Ni yo, pero créeme que me lo agradecerás en un par de horas. Ahora tómate el té con tranquilizante, Gawain. —le respondió Kingsley serio.
Tania le acercó la taza a su tío y le pidió con la mirada que obedeciese, sonriéndole agradecida al ver que se lo tomaba pues sabía que lo hacía por ella y no por la orden recibida.
Una vez que Kingsley los notó a todos menos tensos, obviamente como consecuencia de la fuerte dosis de poción tranquilizante que había puesto en el té, apuntó con su varita al pensadero y les empezó a mostrar uno tras otro los recuerdos de guerra de Harry Potter.
Sólo se detuvo en dos oportunidades para hacerles tomar más té con tranquilizante, uniéndoseles en la segunda ocasión pues sentía que estaba a punto de flaquear. Admiraba mucho a Harry por haber logrado mostrarles aquello luego de haberlo sepultado en su mente, comprendiendo además la razón por la cual Ginny, Hermione y Ron no habían soportado quedarse a oír toda la exposición de su amigo.
—Si les he mostrado todo esto es por la misma razón por la que Harry nos lo reveló hace unas horas a algunos miembros del E.D. y de la O.D.F., la pesadilla aún no ha terminado. —les dijo con voz ronca, pasando a explicarles luego lo de los Papiros de la Muerte y el poder tras la Puerta Sellada.
—Tío Kingsley, vamos a necesitar la ayuda de un muggle en algún momento. —le planteó Tania luego de varios minutos de silencio al finalizar el moreno con su exposición.
Usó el apelativo cariñoso que ella y su hermano le daban a quien había sido un apoyo para ellos desde que sus padres falleciesen, tan cercano como el de su propio tío por sangre Gawain, porque estaba muy afectada por lo visto. Sólo la mirada de apoyo de ellos dos y quien más que jefe era un amigo, además del leve apretón en su mano de su hermano, la había ayudado a calmarse poco antes.
—Harry ha empezado a establecer algunos contactos que podrían ayudar en el momento adecuado de ser necesario, pero antes de hablar con ellos es necesario saber más y decidir a quiénes y cómo se involucrará. —les dijo Kingsley, manteniendo lo que había acordado con el joven de ojos esmeraldas.
—Yo tengo un prisma de diamante como el que describió Luna Longbottom que tenía uno de los Mortífagos —informó Steve decidido. Había cambiado su opinión sobre Harry Potter luego de lo que se había enterado, por lo que estaba dispuesto a ayudarlo en todo lo que pudiese—. Lo conseguí hace dos años y lo he estado investigando. También me enteré hace unos días sobre la posible ubicación de otro, pero no he podido ir por él.
—Lo iremos a buscar luego que yo les explique la información sobre El Velo de la Muerte, porque coincido con Kingsley en que puede ser de utilidad. —opinó Lancelot.
—¿El incidente con la policía muggle de ayer tiene que ver con lo ocurrido con los Longbottom? —preguntó Robards decidido.
—Oficialmente, ninguna. —le respondió serio Kingsley, mirándolo fijamente.
—John Stevenson tendrá que unirse a este grupo que sabe de lo "no oficial" porque la detective Katherine Stewart está siendo investigada personalmente por él bajo mis órdenes. —replicó Gawain.
—¿Alguien más sabe de ella? —preguntó el moreno preocupado.
—No. Si lo involucré es porque no entiendo las máquinas muggles con que él obtiene información sobre ellos. —le respondió el jefe de aurores con sus ojos avellana sosteniendo la mirada a los negros frente a él.
—¿Qué tanto han averiguado? —interrogó el que había sido uno de los mejores aurores a quien fue su compañero.
—Que no es una simple amiga para Potter, que es el equivalente a un auror de alto rango y que tuvo alguna vez un expediente aquí pero para Stevenson y cualquier otra persona desapareció en el papeleo y no es algo de importancia. —respondió Gawain mientras sacaba del fondo de la caja la carpeta que había "desaparecido" un par de días antes, entregándosela al hombre moreno que lo miraba asombrado.
—Antes de involucrar a Stevenson tengo que revisar esto luego de la audiencia de Harry hoy y el funeral de los Longbottom. —replicó Kingsley luego de unos minutos, mirando el pensadero mientras recordaba la expresión agradecida de Harry por no tener que revivir aquello una vez más. Lo comprendía justo ahora más que nunca.
—John es de mi entera confianza y un excelente auror, además de tenerle mucho aprecio a Granger y a Potter. Creo que sus conocimientos de los muggles nos serán de gran ayuda, ya que tenemos el tiempo limitado. Yo lo pondré al día sobre lo que él no sepa, pues supongo que con el cariño que les tiene a esos dos ya los ha investigado también. —insistió Gawain, que comprendía lo que estaba sintiendo su amigo.
—Le prometí a Harry que sólo les diría la verdad a ustedes. —confesó Kingsley después de unos minutos, pues no quería traicionar la confianza del joven pero confiaba en el auror y sabía que su amigo tenía razón en cuanto a la ayuda que podría ofrecer.
—Granger te ayudará a convencerlo. Se entiende muy bien con Stevenson y sabe que su ayuda será importante. —presionó Gawain.
—Permíteme hablar con ellos. Yo te diré luego la decisión para que hables o no con él —decidió finalmente Kingsley—. Déjame este expediente, quiero revisarlo con calma.
—Seguro. ¿Cuál es la excusa para nuestra reunión de hoy ante el resto de los aurores y los inefables? —preguntó Gawain.
—El inmediato ingreso de varios egresados de la Academia a trabajar con los dos equipos. Estábamos coordinando las labores puesto que no es lo regular. —respondió de inmediato Kingsley, sonriendo al verlos asentir.
En sólo diez minutos armaron un bosquejo rápido de lo que formalmente deberían haber estado hablando durante la larga reunión, comprometiéndose Tania a afinar los detalles mientras Steve y Lancelot buscaban el segundo prisma. Gawain y Kingsley estarían en ese momento en plena audiencia de Harry Potter, como Jefe de Aurores y Ministro de Magia.
Minutos más tarde, luego de planificarlo todo, salían de la oficina Robards y los tres Inefables quedando el hombre moreno solo frente al pensadero ya vacío. Pensaba en su esposa embarazada, según se había enterado tres días atrás. Deseaba fervientemente que pudiesen detener aquello antes que estallase otra guerra, pero también que Harry no sólo saliese ileso sino que recuperase la salud al igual que los otros cuatro.
Katherine había ayudado a Nataly en la difícil tarea de convencer a Ginny y Harry de dormir bajo un sedante suave, luego que los amigos y familiares de ellos se fuesen de la casa. A la chica la convencieron recordándole la preocupación de Sirius temprano al verla pálida y preocupada. Al segundo con recuperar fuerzas para la audiencia y el funeral de los que le habían oído hablar.
Las dos se quedaron velando el sueño de los tres "fantasmas", la rubia lanzándole miradas preocupadas a su amiga pues ella no había soportado oír y ver completa la declaración del joven hombre en cama. Sus otros catorce amigos estaban en la biblioteca hablando de lo visto y oído, intentando asimilarlo e investigar un poco. Sabía que su mejor amiga no estaba allí con ellos porque no quería separarse de él, el hombre que la había cautivado y enamorado, el que desde unos minutos atrás era su novio.
Maggie, Jonathan y ella habían querido dormir a Katy también, pero Laurence y Daryll la habían apoyado en su oposición. Los convencieron al decirles que debían darle oportunidad de procesar y aceptar todo lo que ahora sabía y sentía mientras Harry dormía, pues eso sería crucial para la forma en que se desenvolvería la relación de los dos en cuanto él despertase. Esperaba que tuviesen razón.
—Debo sacar a Ginny y a Harry vivos. —se le escapó a Sirius en voz alta, delirando por la fiebre que le estaba subiendo bruscamente.
—¿Naty? —le preguntó asustada su acompañante.
—Algo no está bien con él —le respondió mientras lo examinaba rápidamente, intentando entender. Una sospecha cruzó por su mente y rápidamente le escaneó con el equipo de ecografía bajo las costillas falsas, abriendo mucho los ojos al ver la mancha que crecía rápidamente—. Trae a Jonathan, Laurence y Maggie. ¡Pronto! —le pidió alarmada mientras empezaba a retirar los puntos con rapidez para acceder a la vena con la hemorragia.
Katherine se aterró y salió de inmediato, regresando sólo un par de minutos después con los dos paramédicos y el otro estudiante de medicina, así como los otros detectives.
—¿Qué pasa? —le preguntó Laurence a Nataly apenas entrar.
—La hemorragia interna ha vuelto y es muy intensa. —le respondió ella mientras trabajaba con agilidad.
De inmediato los tres que habían entrado con la detective se apresuraron a ayudarla.
—¿Cómo está? —Se atrevió a preguntarles Daryll cuando los vio detenerse y separarse levemente de Sirius, mirándose los cuatro muy angustiados.
—Grave de nuevo —le respondió Jonathan con sinceridad—. Hemos hecho todo lo posible pero no logramos detener totalmente la hemorragia. No puedo estar seguro hasta que Anya nos lo confirme, pero creo que lo ocurrido en esa batalla no sólo no le permite que sea atendido con magia, sino que posiblemente haya desatado en él una enfermedad terrible. Es posible que al ser mago no la padeciese a pesar de estar en sus genes, pero al verse afectado por la primera liberación de Harry se le desencadenase. Al moverlo de cama se le ha desatado de nuevo la hemorragia interna por su problema de salud.
—¿De qué estamos hablando? —le preguntó Katherine frontalmente.
—No hasta que estem… —Se empezó a oponer el médico, deteniéndose al oír su celular—. Hablando de nuestra especialista en tecnología de punta y bioquímica —comentó al ver el número, respondiendo de inmediato—. Hola. Necesitamos con urgencia los resultados de Orión Black… ¿Estás segura?… Sí, ya ha tenido otra hemorragia… ¿Por qué Johan?… Prepararemos todo para tu llegada con ellos.
—¿De quiénes? —preguntó asustada Katherine, mientras inconscientemente le apretaba a Harry la mano que tenía entre las suyas.
—Anya viene con Johan y Robin. —le respondió Jonathan.
—¿A esta hora de la madrugada? —preguntó Julie con incredulidad.
—Los tres son de confianza, pero la situación es delicada. —comentó preocupado Daryll.
—Ella comparó la muestra de sangre de Sirius con la de ellos tres apenas tuvo los resultados en sus manos para ayudarnos a resolver rápido —explicó el médico lo dicho atropelladamente por su amiga—. Johan es compatible y será el donante para Sirius.
—¿No podemos evitar que los vean y traer plasma o sangre del hospital? —preguntó Anthony preocupado.
—Sirius tiene Hemofilia B. Si no le administramos pronto el factor coagulante IX morirá desangrado —respondió muy serio Jonathan—. En el hospital podríamos conseguirlo, pero si Johan es compatible como dice Anya es mejor hacerle transfusión directa justo ahora que está tan grave. —afirmó mientras denegaba al ver que de la vena seguía fluyendo un hilillo de sangre.
—Los tres nos han ayudado siempre sin hacer preguntas. —les recordó Nataly.
—Porque no quieren responder las nuestras —completó Maggie—. Pero Anya casi nunca sale de casa voluntariamente, así que además de descubrir la Hemofilia en los exámenes de él debe haber conseguido algo que la preocupase y por eso se decidió a venir.
—Cierto. Mi prima me visita dos veces al año aparte de su visita trimestral, en mi cumpleaños y en navidad. Sólo que no es ninguna de las dos fechas y acaba de estar aquí hace sólo diez días. Además que no es lógico que se desplace a esta hora ni siquiera con ellos —afirmó Daryll preocupado—. Preparen lo que necesiten aquí para atenderlo y nos llevamos a Ginny y a Harry a los otros cuartos. Sólo verán a Sirius y… —empezó a exponerles un plan de acción, deteniéndose al creer oír algo.
—¡Imposible! —exclamó Julie abriendo los ojos al máximo, pues había oído igual que los demás que alguien tocaba la puerta frontal.
—Daryll, Jonathan, Nataly. —entró llamando a gritos Anya, luego de abrir con su propia llave al no recibir respuesta.
Los doce policías salieron de la habitación con sus armas personales en mano mientras con gestos les ordenaban a sus cuatro amigos médicos que se quedasen con los tres heridos que dormían.
—Bonita recepción, primo. —le saludó burlona la joven mujer.
—Bajen esas cosas y llévennos con Sirius Black. —les dijo con tono enojoso Robin, que odiaba las armas de fuego al igual que los otros dos.
—¿Cómo es que ya están aquí? —preguntó Dorothy mirándolos con desconfianza.
—Porque llamamos cuando estábamos a punto de entrar en la vereda. —le respondió Johan mirándolos extrañado, pues los seguían apuntando los doce.
—Como no hay tiempo para que juguemos a preguntas y respuestas, ya que la vida de un hombre peligra, vayamos directo a demostrarles que somos quienes aparentamos. —propuso muy seria Anya.
—¿Qué? —preguntaron desconcertados Robin, Johan y los doce policías.
—La primera vez que mamá me llevó a tu casa te regalé unos dulces extraños que siempre te han producido curiosidad y nunca has podido conseguir. —le dijo la joven mujer a Daryll, que reapuntó su arma hacia los dos acompañantes.
—Me dijiste que no estábamos solos los dos con Anya el peor día de la vida de los tres, también que no habías creído una palabra de lo que se dijo sobre la forma en que murieron nuestras madres y abuela Marie. —siguió Robin mirándolos inquieto.
—Mi lechuza te iba arrancando un dedo la primera vez que nos vimos luego de tu graduación en la academia de policía, por apuntarme con una pistola descargada intentando asustarme. Si no dejas de apuntarme con esa cosa voy a completar lo que ella empezó. —amenazó Johan con tono molesto.
—Son ellos —confirmó Daryll bajando su arma—. ¿Cómo supiste que dudaba de sus identidades? —interrogó curioso a su prima.
—Porque están protegiendo de nosotros a Sirius Black, así que ya debes saber quién es él y por lo tanto debes tener una buena idea de quién es James —le respondió Anya mientras abría su bolso y sacaba unos papeles—. ¿Te parece si hablamos con más calma luego que veamos a Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence? —le preguntó avanzando con su silla de ruedas hacia el cuarto que evidentemente estaban protegiendo—. Están Los Halcones reunidos y Sirius está herido, además que tengo información de primera mano sobre lo ocurrido hace unas horas. —aclaró al ver que los doce policías la miraban interrogantes desde que nombrase a los paramédicos, haciendo un gesto de fastidio con su mano.
—Hace unas horas no ocurrió nada esp… —empezó a denegar Katherine.
—¡Oh, vamos Katy! —exclamó exasperado Johan, interrumpiéndola—. Sabes tan bien como todos los que estamos aquí que Anya nunca habla sin tener pruebas. Ahora deja que Nataly me saque la sangre con Jonathan, que no quiero que lo haga mi hermano aprendiz de vampiro. —agregó sobrepasando a Anya y avanzando al cuarto, deteniéndose justo frente a la morena y la pelirroja que bloqueaban la puerta.
—Déjenlos entrar y luego hablamos. Sirius se agrava rápidamente. —oyeron los policías que decía el paramédico, de pie tras ellos.
—Yo lo examino a él mientras ustedes se ocupan de este desagradecido que desprecia mis afilados colmillos. —bromeó Robin mientras empujaba la silla de su hermanita tras su impetuoso hermano.
—Ya no podrás seguir alimentándote de él, pero yo te ayudo a convencer a uno de Los Halcones para que sea tu nuevo sustento —dijo entre risas Anya—. Eso si no te desagrada la sangre de ave de rapiña. —agregó ya dentro de la habitación, mientras Robin detenía la silla y tomaba el maletín que iba colgando de las agarraderas—. Hola chicos.
—Hola. —le respondieron los estudiantes de medicina y los paramédicos mirándola con curiosidad.
—¿Cómo están ellos dos? —preguntó Johan señalándoles con una cabezadita a los dos durmientes, luego de haberlos saludado con un simple movimiento de su mano para proceder a quitarse la chaqueta.
—Durmiendo bajo sedantes suaves para que se recuperen un poco. —le respondió Nataly, cuya mirada interrogante viajaba de su amigo al enfermo grave.
—Puedes analizar sus semejanzas mientras hacen la transfusión. —comentó Anya con tranquilidad mientras impulsaba su silla de ruedas hacia el joven hombre en la otra cama.
Casi todos se giraron a mirarla interrogantes, a excepción de Johan y Robin. El primero puso expresión de incomodidad y se desplazó hacia el enfermo mientras se ubicaba la banda elástica en el antebrazo izquierdo para hacerse el torniquete. El segundo le entregó rápidamente a Jonathan los resultados de los exámenes médicos que había sacado su hermana del bolso para que los revisase, abriendo luego el maletín sobre una mesita cercana para sacar un analizador sanguíneo computarizado y un equipo de transfusiones portátil.
Katherine rápidamente siguió a la chica de la silla de ruedas y se ubicó junto a su novio en posición defensiva.
Anya ni siquiera la miró, concentrada detallando el rostro del dormido Harry James Potter Evans. "Lamento tanto no haberte podido ser de más ayuda antes y que mamá no me permitiese acercarme a ti mientras estuvo viva. He luchado de tu lado a mi manera desde entonces, pero esta silla de ruedas me limita mucho. Es cierto que eres idéntico a él en el físico", pensaba mientras con cariño le apartaba un mechón rebelde del rostro y acomodaba otro sobre la cicatriz en la frente para ocultarla.
—James es mi novio. —más que decir gruñó la morena.
—Me alegra mucho, Katy —le sonrió ella con suavidad—. Además Johan y Robin se toman muy en serio su papel de hermanos aunque no lo sean por sangre, así que no me dejarían acercarme a ningún hombre del que no tengan un perfil médico exhaustivo además de uno psicológico detallado. Y a él aún no lo examinan a profundidad —bromeó con tono distendido. Miró seguidamente a la menuda pelirroja en la otra cama—. Se ve tan indefensa así que me es difícil relacionarla con la pequeña fierecilla.
—¿La habías visto antes? —preguntó la detective morena con curiosidad.
—Tengo desde el 9 de noviembre frustrando los intentos de Los Halcones para obtener información de ellos tres y su grupo, así que en cierta forma los conozco. Además que tuve el privilegio de saber de ellos antes que ustedes. —le respondió con picardía.
—¿Eras tú quien nos bloqueaba? —preguntó con incredulidad Harrison.
—No hubiesen podido obtener nada de casi ninguno de todos modos, sólo de James y de Jane. Pero yo lo ayudé a él a que sus contactos no pudiesen investigarlos y le di pistas sólidas que le permitieron saber de ustedes. —le contestó mientras buscaba zafar el pequeño pero pesado maletín tras la silla.
—Aquí. —le dijo Anthony que se había apresurado a ayudarla, colocando el pesado maletín en la mesita de noche cercana y acercándole la silla.
—Gracias. —le sonrió ella con sinceridad, extrañándose los otros en la habitación.
Johan y Robin gruñeron inconformes. Ella normalmente no permitía que ni siquiera ellos la ayudasen con nada, pues siempre había sido muy independiente y desde que había quedado paralítica incluso rebelde en ese sentido. Anya giró los ojos al oírlos y buscó dentro del primer compartimiento del maletín. Ubicó sobre su regazo el sofisticado equipo de oftalmología y tomó los lentes de Harry, que su amigo había ubicado junto al maletín con cuidado.
—¿Se puede saber porqué nos estabas bloqueando y dándole acceso a James a nuestros datos? —le preguntó Katherine molesta pensando en sus nervios por la apuesta, aunque ahora estaba contenta de haberla perdido.
—En cuanto James me diga qué puedo decirles te respondo eso. Mientras tanto quiero que me ayudes con tu novio para probar con estos lentes de contacto —le dijo Anya con tranquilidad, sacando un par de lentillas del estuche y tendiéndole el estuche con una "L"—. Según los datos que le diste a tu contacto a él lo hirieron seriamente el viernes 30 de noviembre en la mañana, hace una semana. Creo que lo ayudará el no tener que usar lentes de montura sino lentes de contacto semipermanentes en su trabajo. No sé si lo sepas, pero su visión sin sus gafas es casi nula porque su miopía es muy alta. —le explicó al ver que la miraba interrogante, sosteniendo el envase en su mano.
Katherine le pidió con un gesto de su mano que le permitiese los lentes de su novio y al mirar a través de ellos suspiró, dejándolos en la mesita de noche junto a ella mientras veía a la extraña chica regresar al primer compartimiento el equipo que había estado manipulando.
—Presta atención a cómo lo voy a hacer para que tú lo hagas con el otro ojo. —le dijo Anya tomando el estuche marcado "R".
Lo abrió con cuidado, humedeció su dedo índice y el pulgar de la mano derecha con una gota de lágrimas artificiales, le tendió el frasquito a la detective y tomó con cuidado la lentilla del estuche. Se estiró con dificultad desde su silla de ruedas para alcanzar el rostro del durmiente, le separó con suavidad con la mano izquierda los párpados y con mucho cuidado le colocó el lente, permitiendo luego que cerrase el ojo. Detalló el leve parpadeo instintivo y asintió conforme.
Observó con atención como la detective procedía con el ojo izquierdo mientras se permitía abstraerse por un momento en sus pensamientos. "Es curioso. Eres idéntico a James Potter con los ojos de Lily Evans, mientras que yo tengo el rostro de mamá y los ojos de él". Recordó las últimas palabras de su madre y no pudo contener un suspiro.
Robin miró preocupado a Anya al oírla, desviando seguidamente su mirada hacia Johan que tenía sus ojos clavados en el hombre en cama a quien le estaba entregando su sangre para salvarle la vida. Tragó saliva al pensar que él muy pronto estaría en una situación tan difícil como la que estaban ellos justo ahora. "¿Estamos realmente preparados para hacer frente a los fantasmas de nuestras madres y nosotros mismos?", se preguntó inquieto.
—¿Cómo te sientes? —le preguntó Nataly a Johan con tono preocupado. Debido a las graves heridas y las dos hemorragias que había sufrido Sirius, además de su corpulencia, la transfusión estaba siendo bastante intensa. Se inclinó hacia él para evaluarlo.
—Muy bien teniéndote tan cerca, cariño. —le susurró él con tono seductor, guiñándole un ojo al verla sonrojarse.
—Cuidado, Johan, o me olvido que somos amigos. —le advirtió el paramédico.
La risa fresca del aludido llenó la habitación, abriendo de par en par los ojos los doce detectives al darse cuenta que era idéntica a una que ellos habían escuchado la noche anterior, cuando Sirius se burló de Harry.
—No seas pesado, Laurence. —gruñó Nataly, molesta con los dos.
—Nuestro amigo no puede evitar cuidar a una flor tan hermosa como tú —le dijo con suavidad Johan, una chispa de sincera emoción en sus ojos azules clavados en los verde claros de Nataly—. Especialmente de mí, con la fama que me he labrado.
—La cual pareces disfrutar mucho. —replicó ella, no tan enfadada como hubiese querido.
—Tal vez sólo busco distraerme para no sentirme triste al no tener a mi lado a quien quiero. —respondió él casi en un susurro, sin pensar en lo que estaba diciendo, perdido en su mirada, su aroma.
Nataly se había inclinado un poco más para oírle, acercando peligrosamente su rostro al de él sin darse cuenta. Cerró sus ojos al unir sus labios a los de él.
Laurence, que no había escuchado lo último dicho por Johan, sujetó a Nataly desde atrás y la separó de él con brusquedad mientras le gruñía:
—No sé qué parte de no dejarte llevar por "el conquistador irresponsable" no has entendido aún, pero no voy a dejar que juegue contigo. Tengo que buscar la manera de hacértelo entender.
Johan hizo un gesto involuntario de frustración con los ojos aún cerrados, abriéndolos en seguida para mirarla. La vio con una mezcla de tristeza y enojo revolverse contra el paramédico e iba a decirle algo cuando oyó algo que lo paralizó.
—Ésa no es forma de tratar a una dama ni de hacerle entender nada. —gruñó Sirius enojado al ver la férrea sujeción que intentaba el castaño de ojos verdes claros sobre la rubia.
—Tranquilo. No intentes incorporarte o tendremos de nuevo problemas con esa vena. —lo retuvo en cama Jonathan rápidamente.
—No puedo permitir que él trate a Nataly así. —protestó Sirius.
—Yo estoy bien, no te preocupes, calma. —se apresuró Nataly hacia él, pues Laurence la había soltado al oírlo.
Sirius sintió que se le cerraban los párpados, su organismo aún débil y alterado. Hizo un esfuerzo por mantenerse despierto y mirar alrededor, viendo extrañado los dos delgados tubos y el extraño aparato por el que fluía algo que parecía sangre entre su brazo y el de… Se quedó mirando al joven junto a él asustado, el color huyendo de su rostro. "Se parece mucho a… Pero…". Sus ojos se le cerraron definitivamente y se deslizó nuevamente en el mundo de la inconsciencia antes que su cerebro pudiese procesar nada.
—¿Él está…? —empezó a preguntar Johan asustado, creyendo que al verlo le había dado algo al corazón. Intentó levantarse para examinarlo mientras hablaba, pero no pudo terminar su pregunta ni tampoco levantarse. Un fuerte mareo lo devolvió a la silla.
Laurence se apresuró a sujetarlo para que no se cayese ni sufriese un desgarro en la vena por la brusquedad de su movimiento.
—Tranquilo amigo. Quédate quieto y respira profundo. —le indicó preocupado.
—Sirius está bien, sólo perdió nuevamente el conocimiento debido a lo debilitado de su organismo. Pero la hemorragia ha cesado y sus valores se han estabilizado. —respondió Jonathan la pregunta inconclusa del joven de pelo negro, luego de examinar rápidamente los equipos con que controlaba al herido.
—Johan está empezando ha sufrir una fuerte descompensación. —replicó Nataly con tono preocupado, evaluándolo rápidamente mientras Laurence lo sostenía.
—No es nada serio, sólo un tonto mareo. —murmuró su protesta el aludido, manteniendo sin embargo sus ojos cerrados. Estaba tranquilo al oír que él se recuperaba, pero su organismo estaba resentido.
—La transfusión ha sido un éxito en cuanto a Sirius, pero demasiado intensa para Johan, así que ha terminado y me lo llevo a descansar. —afirmó con tono decidido Robin, manipulando el equipo para detenerla.
—Llévalo al cuarto de al lado mientras le preparo rápido algo de comer. —intervino Christine.
—Esa es una buena idea. Vamos, te ayudo a prepararle algo adecuado para que se restablezca del procedimiento. —la apoyó Maggie.
Robin miró interrogante a Anya, suspirando al verla asentir en señal de estar de acuerdo mientras Johan denegaba con los ojos levemente entreabiertos. Evaluó rápidamente a su hermano y decidió como médico.
—Como el doctor vampiro del grupo tengo que estar de acuerdo con ellas dos, así que no te pongas pesado. Dejas que te llevemos al cuarto que han dicho y te comes lo que te preparen. —le indicó con tono firme.
—Aún no te gradúas en la especialidad que escogiste, aprendiz de chupa sangre. —musitó Johan no queriendo dar el brazo a torcer con tanta facilidad, pero sin oponerse a que Laurence y Robin lo ayudasen a levantarse de la silla. Tuvo que cerrar los ojos y respirar profundo para intentar controlar el fuerte mareo.
—Ni tú en la tuya, aprendiz de rompe cráneos. —le replicó con tono divertido Robin para ayudarlo a distraerse, avanzando lentamente con él con ayuda del paramédico.
—Estará bien, tranquila. —les dijeron simultáneamente Jonathan a Nataly y Daryll a Anya, enarcando las cejas ante la coincidencia.
La joven mujer en la silla de ruedas se mordió el labio inferior pero asintió. Tomó de la mesita de noche un pequeño instrumento electrónico que parecía una linterna, examinó por tercera y última vez los ojos esmeraldas del joven hombre dormido a quien le había puesto las lentillas, sonrió y asintió en dirección a Katherine, devolviendo en seguida el analizador a su estuche. Organizó todo el material en ese primer compartimiento con cuidado y lo cerró. Luego llevó el pequeño maletín a su regazo e intentó maniobrar la silla de ruedas.
—Por favor, déjame ayudarte. —le pidió Anthony.
—Necesito hacerle una densitometría ósea por ultrasonidos a ella. —le señaló con una cabezadita la cama en que dormía la menuda pelirroja.
—¿Es ése el equipo pesado que tienes aquí? —le preguntó levantando con cuidado el maletín de su regazo.
—Sí y yo puedo… —empezó a protestar ella.
—Tal vez puedas pero no debes. —la cortó Daryll, llevando él la silla mientras su amigo llevaba el maletín a la mesita de noche junto a Ginny.
Anya masculló varias protestas entre dientes pero se dejó llevar. Sabía que su primo tenía razón en que no debía llevar nada pesado sobre sus piernas, pues aquello dificultaba la circulación sanguínea y eso era dañino para ella por su inmovilidad, pero odiaba el sentirse limitada.
—Yo te ayudo con ellos para hacerle el examen —le planteó Nataly con suavidad y expresión inocente, sonriendo al verla asentir con expresión de fastidio—. Necesito que me ayuden a levantarla un poco chicos, para ubicar bajo ella la lámina de resonancia.
Entre Nataly, Kathleen y Jerry acomodaron a la menuda pelirroja según las indicaciones de la primera.
—¿Podría alguno de ustedes avisarle a Robin que vamos a comenzar? Si Johan ya se ha recuperado sería prudente que él viese el estudio. —pidió Anya al ver que en sólo un par de minutos estarían listos.
—Voy por ellos. —afirmó Andrew, saliendo a buscarles.
Cuando la mujer en silla de ruedas encendió su portátil para conectarla al sofisticado equipo de densitometría ósea portátil, con la finalidad de analizar las imágenes que recibiría en unos minutos cuando Nataly pasase la paleta de envío sónico sobre la menuda pelirroja, vio confundida que su computadora se conectaba al equipo de Daryll y pedía acceso a un archivo de extensión extraña.
Enarcando una ceja interrogante le permitió el ingreso, para abrir los ojos de par en par al ver la secuencia rápida de imágenes que se desplegaban en su pantalla. Retuvo el aire inconscientemente, congelada.
—¿Lista? —quiso saber la rubia varios minutos después, girándose a mirarla ante su falta de respuesta—. ¿Qué te pasa Anya? —preguntó asustada al ver su expresión.
—¡Rayos! —exclamó Daryll al ver la pantalla, bajándola rápido—. Tranquila Anya. Calma pequeña. Es sólo un caso que… —empezó a decirle acariciándole el rostro con cariño.
—¿Cuándo les mostró Harry eso? —lo interrumpió ella con un tono muy agudo, respirando ahora muy agitada.
—¿Cómo sabes…? —intentó preguntarle el moreno.
—¿Cuándo? —lo interrumpió ella con tono decidido, recuperando un poco el control de su respiración y voz.
—Antes de ustedes venir aquí. —le respondió él esperando la avalancha de preguntas.
—No sabía que tanto… Eso quiere decir que… Daryll, ¿podríamos hablar en el jardín luego de examinarla a ella? —le pidió con su mirada llena de tristeza.
—Claro que sí, pequeña —respondió él con cariño de inmediato. Le llevaba once años y siempre se había sentido como un hermano mayor con ella, especialmente luego que quedase huérfana y paralítica—. Si quieres lo hacemos ya y la examinan los chicos. Estoy seguro que Harrison puede entenderse con ese aparato. —agregó señalando con una cabezadita el equipo.
—Sería bueno que Johan viese el examen mientras se le hace. —comentó la joven en silla de ruedas con aire ausente, mientras con su mano sujetaba la pantalla del portátil. Intentaba controlarse y seguir con lo que debía hacer, pero no se sintió con fuerzas para abrirla.
—Anya, no pequeña. —le pidió con suavidad Daryll, ubicando una de sus grandes manos sobre la de ella para impedir que la abriese.
—Debo bloquear el acceso para que más nadie vea… eso. —explicó con tono tembloroso.
—Yo lo hago —afirmó Harrison, quitándole la portátil mientras Daryll la sujetaba de las manos. Tragó saliva al ver que no sólo no oponía resistencia, sino que hundía su rostro en el pecho del primo y empezaba a sollozar.
El detective moreno la alzó sin dificultad y la sacó rápidamente del cuarto, siguiéndolos Michael con la silla de ruedas, al igual que Anthony que fue en busca de Maggie, Andrew y Robin pensando que Anya era prioridad sobre Ginny en ese momento.
—Yo… Lo siento Daryll. —se disculpó Anya entre sollozos, aferrándose a su primo.
—Shhh. No tienes porque disculparte, tranquila. —le aseguró con suavidad, sentándose con ella sobre su regazo en el columpio grande del jardín en el que a ella le gustaba que él la meciese cuando iba allí.
—Si Harry se atrevió a mostrarles eso… es porque no ha terminado la pesadilla… y necesita de alguna manera… ayuda de ustedes —siguió ella entre sollozos entrecortados, intentando infructuosamente recuperar la calma—. Ellos fueron los que… atacaron en la casa y… Por eso no podíamos… decirte la verdad… Pero ahora sí podremos… contarte tanto de… nuestros padres como… del día en que tú nos… conseguiste con ellas… muertas.
Daryll cerró los ojos y las lágrimas se le escaparon sin que pudiese evitarlo, recordando lo que encontró el sábado 19 de julio de 1997 en casa de su abuela y su tía más querida con el castaño oscuro de ojos verdes que estaba junto a ellos ahora y en ese entonces era su compañero de patrulla. Ahora sí podía entender lo ocurrido allí.
Michael tragó saliva. "Jamás había visto a mi amigo llorar. Pero después de lo que nos hemos enterado esta noche, sabiendo que el caso de los familiares de Daryll nunca había podido ser explicado satisfactoriamente luego que los encontramos… ¡Por Dios! La segunda guerra de la que nos habló Harry antes nos ha rozado muy cerca y nosotros no habríamos conectado eso si Anya no se hubiese decidido a hablar".
Robin, que llegaba con Maggie, Andrew y Anthony cuando ella empezaba a hablar del ataque en que quedaron huérfanos los tres, después de cuatro años y medio de no mencionarlo ni siquiera con ellos dos, se congeló.
—Johan es un squib… por lo que no pudo evitar… Robin y yo hicimos… todo lo que pudimos… con lo que nos… enseñó abuelo de niños… antes de morir… y luego mamá y tías... Aguantamos hasta que llegaron… tanto aurores como ustedes… Ellos se fueron… pero mamá, abuela, tía Johana y tía Danielle… —Se aferró a su primo y sus sollozos entrecortados se volvieron llanto fluido.
El pulso de Robin era demasiado tembloroso, su rostro bañado en llanto ante el recuerdo. No entendía porqué ella le estaba diciendo eso a Daryll. Le entregó la jeringa con el calmante a Maggie para que ella se lo administrase. Vio cómo se lo ponía mientras el primo la sujetaba para que no opusiese resistencia, limpiándose el rostro mientras veía como el fuerte sedante la dormía.
—¿Qué ha pasado para que ella estuviese así y les contase de ese día? —preguntó reuniendo fuerzas para sobreponerse a sus propios recuerdos.
—Vio en la portátil algunas cosas de lo que Harry nos mostró de la guerra en el mundo mágico hace unas horas, cuando lo conectaba para el examen a Ginny. —le respondió Daryll.
—¡Rayos! ¡¿Por qué tenía que ser precisamente ella la que viese lo que él vivió?! —exclamó, pasando su mano derecha entre su cabello castaño desde la frente hasta la nuca, con frustración evidente tanto en el tono de su voz como en su gesto.
—¿Robin? —preguntó Anthony con sus alarmas internas disparadas.
—Permítanme acompañar primero a Johan en el examen a la menuda pelirroja para saber si las sospechas de Anya tienen fundamento y luego hablamos con calma. —les pidió, sabiendo que con lo dicho por su hermana y lo que les hubiese contado el héroe del mundo mágico ahora era inevitable que Los Halcones supiesen el secreto tan celosamente guardado por los tres, pues pronto entrarían también en contacto con el otro y despertarían los dos que dormían allí. Era tiempo de enfrentar el pasado de los tres.
—Ve. La recostaré en su cuarto aquí y nos reuniremos en la biblioteca. —aceptó Daryll.
Maggie y Anthony lo ayudaron con ella y la silla de ruedas. La dejaron acomodada en el cuarto especialmente acondicionado para que Anya pudiese moverse de la cama a la silla y viceversa sin ayuda, con facilidad. El baño adjunto también estaba arreglado para facilitarle todo las escasas veces que aceptaba quedarse por unos días con su primo.
Johan los había visto pasar y seguido ayudado por Robin, que comprendió estaba tan preocupado por ella como él mismo y le contó en susurros lo ocurrido. Lo acompañó para que los dos la examinasen y, ya más tranquilos al saber que la alteración nerviosa no había llegado a perjudicarla, fueron al otro cuarto a hacer el examen a la menuda pelirroja. Luego Johan se quedó en el sillón junto a la cama de Anya para velar el sueño de ella mientras Maggie cuidaba de los dos y Robin hablaba con Los Halcones.
—Te traeré a Ginny y Harry por unos minutos para que estés tranquila, Molly, pero luego ella tendrá que volver con Sirius y él ir a la audiencia en el Ministerio. —le dijo Remus con tono suave, convincente, comprendiendo que no se quedaría tranquila hasta verlos luego de ver su casa llena de heridos.
Era una verdadera suerte que los Charaka Sushruta hubiesen llegado unos días atrás, hubiese congeniado la medimaga tan bien con la matrona, los niños no se hubiesen asustado demasiado por la presencia de los heridos y se hubiesen encargado de jugar con su hijo y el de Neville. Se les habían unido los hijos de Bill y Charlie cuando llegaron allí con sus familias, para coordinar esfuerzos con los miembros de la Orden del Fénix mientras Jessica se ocupaba de todos los niños con su facilidad para los pequeños. Fleur los acompañaba, pero con su avanzado embarazo no podía hacer mucho.
Los medimagos de la India los habían ayudado muchísimo sin hacer preguntas. En un breve momento de descanso Ksharapani le había dicho que era un honor para ellos ayudar a quienes detuvieron a Voldemort, el mago que hubiese destruido el mundo de libertad en que crecían sus hijos. Después había hecho una leve inclinación de cabeza y se había alejado a seguir atendiendo a los heridos sin darle oportunidad de responderle.
Remus, al ver asentir a la matrona Weasley con aquella expresión llena de agradecimiento, le sonrió, se incorporó y desapareció. Antes de hacerle la proposición ya le había pedido permiso al detective dueño de la casa, por medio del galeón falso. Cuando recibió la respuesta comprendió que Harry había acertado totalmente al confiar en Los Halcones, pues con sólo una explicación habían usado la falsa moneda y el pergamino especialmente adaptados por Hermione para comunicarse los muggles con ellos.
—Buenos días. Lamento molestar tan temprano, pero Molly está preocupada porque no ha visto ni a Ginny ni a Harry luego que llegamos con Luna herida. —se explicó al ver la expresión interrogante del detective alto y pelirrojo que le estaba recibiendo en el jardín.
—Perfectamente comprensible. —asintió él serio.
—¿Hay algún problema? —preguntó inquieto Remus, pues no le gustaba el exhaustivo examen visual que le estaba haciendo el detective.
Jerry sacudió la cabeza y suspiró.
—Perdone. Han sido demasiadas cosas en muy poco tiempo. —se disculpó mientras se masajeaba el puente de la nariz.
—Comprendo. —asintió el mago.
—Tal vez lo mejor es que haya sido usted quien viniese por ellos. —comentó con aire ausente el detective girándose para entrar a la casa. Aunque los tres hermanos no habían dicho nombres el parecido de dos de ellos con sus amigos era una buena pista.
Remus enarcó una ceja interrogante, sin entender el comentario. Lo siguió muy preocupado por lo que habría podido ocurrir allí para que lo recibiese sólo uno de ellos y con esa actitud tan extraña.
—Hola Lunático —le saludó muy sonriente Sirius cuando lo vio entrar—. Tan madrugador como siempre.
—¡Canuto! ¡Qué alegría verte tan recuperado! —exclamó feliz al verlo parcialmente sentado, con la menuda pelirroja a un lado y su sobrino por afecto al otro con la novia al lado, olvidándose por un momento de sus preocupaciones—. Hola Ginny. Buenos días Katherine. Hol… ¿Y tus lentes Harry? —le preguntó sin terminar de saludarle, despertándose de nuevo en él la sospecha de que algo había ocurrido en la madrugada luego que se fueron ellos.
—Anya, una amiga nuestra, le ha regalado unos lentes de contacto para que pueda desenvolverse con mayor seguridad, sin el peligro que representan los de montura. —explicó Katherine.
—Hay dos magos y un squib en la casa desde poco después que ustedes se fueron, pero ninguno de los dos primeros a usado nunca magia negra. —aclaró rápidamente Harry para tranquilizarlo un poco, pues había visto en sus ojos miel el mismo nerviosismo que viese antes en los castaños y los grises.
—Y haremos lo posible por nunca hacerlo —afirmó Anya, que entraba en ese momento al cuarto escoltada por sus hermanos, impulsando por si misma su silla de ruedas—. Buenos días.
—¿Madeleine? —preguntaron a coro Remus y Sirius muy asustados.
—No exactamente. Mi nombre es Anya Madeleine Dyson. Soy hija de la Madeleine Dyson que estudió con ustedes en Hogwarts pero no pudo graduarse, pues sus padres tuvieron que retenerla en casa luego de las vacaciones de año nuevo al enterarse que estaba embarazada de un joven que estudiaba en el colegio, pero de quien mamá no les quiso hablar. Unas semanas más tarde acogieron en casa a Johana Hawking y Danielle Groombridge, que también estaban embarazadas y habían sido repudiadas por sus familias. —les contó con suavidad pero firmeza la joven mujer en sillas de ruedas.
—No, no puede ser. —denegaba frenéticamente Sirius, mirando aterrado al joven de ojos azules claros de pie tras la joven, cuyos rasgos eran una extraña mezcla de los suyos y Johana Hawking, la chica que conoció y conquistó en el colegio, de la que nunca más supo.
Remus no lograba despegar sus ojos del joven de ojos color miel y pelo castaño, idéntico en varios de sus rasgos a Danielle Groombridge, aunque en otros… De no ser porque el acto de respirar era automático hubiese olvidado hacerlo, pues estaba en shock.
—Ninguna de las tres quiso decir nunca a los demás quienes eran nuestros padres. Según nos contaron cuando cumplimos los tres nuestra mayoría de edad, según las leyes mágicas, no había sido culpa ni de ustedes ni de ellas lo ocurrido. Nos explicaron que todos estaban muy bebidos esa noche, tristes por distintas razones. Mi nombre es Johan Mintaka Hawking y soy el squib del que habló el señor Potter.
—Marie y Joseph Dyson fueron para nosotros nuestros abuelos, enseñándonos él todo lo que sabía de magia pues no consideró prudente que fuésemos enviados al colegio luego de recibir una carta de los padres de tía Johana y mamá. Mi nombre es Robin Daniel Groombridge. Tía Madeleine les pidió a los abuelos que nos permitiesen continuar con nuestra educación muggle cuando supo que no podríamos ir a Hogwarts y ellos estuvieron de acuerdo.
—Ellos dos se han graduado ya de médicos —continuó Anya acercando su silla un poco más al hombre en cama y sus acompañantes—. Johan ha empezado sus especializaciones en Neurología y Traumatología, mientras que Robin ha comenzado con Hematología y Cardiología. Yo soy especialista en informática y tecnología de punta, así como bioquímica clínica. Un placer conocerte personalmente Cornamenta, a mí me has conocido en Internet bajo el seudónimo Rea.
—¿Tú eres Rea? —preguntó Harry con sus esmeraldas abiertas al máximo, pues no había esperado conocerla personalmente. Al verla asentir y ver que su tío y su padrino no parecían reaccionar, además de no entender casi nada desde que los tres habían entrado al cuarto, tan parecido uno de ellos a su padrino, se decidió a preguntarle a ella—. ¿Me puedes explicar lo que ocurre? No entiendo la forma en que se han presentado.
—El sábado 1 de octubre de 1977, cuando nuestros padres estaban estudiando séptimo año, los cuatro Merodeadores se quedaron bebiendo whisky de fuego hasta tarde con cuatro compañeras de año en Hogsmeade, los ocho bastante deprimidos por distintas razones. El novio de mamá rompió con ella ese día, los chicos que les gustaban a tía Johana y tía Danielle las habían rechazado y Ariadna no había logrado tampoco una cita con nadie en esa salida del colegio al pueblo mágico. Por otro lado James Potter recibió una vez más una negativa de Lily Evans para el baile de Halloween…
—Yo había recibido carta de la familia que me había repudiado, Remus había decidido alejar a la chica que le gustaba mucho por su problema peludo y Peter supo que el negocio de su padre había quebrado —continuó Sirius con tono ausente—. Lo único que recordábamos al día siguiente era que salimos de Las Tres Escobas cantando a todo pulmón y con suficientes reservas de licor para "continuar la fiesta" en otro lugar.
—Cuando despertamos tuvimos que esperar un par de horas a que remitiese el malestar para irnos de La Casa de los Gritos al colegio —completó Remus—. ¿Ustedes son…? —No pudo terminar la pregunta, no lograba asimilarlo.
—Nací el 5 de julio de 1978 y soy el hijo de Danielle Groombridge con Remus Lupin, aunque usted nunca supo de mí. Anya es hija de Madeleine Dyson y James Potter, mientras que Johan es hijo de Johana Hawking y Sirius Black. Los dos nacieron el 7 de julio de 1978. —le respondió Robin con tono suave pero serio.
—¿Tienen alguna prueba de lo que están diciendo? —preguntó Ginny ante el silencio de su pareja y sus dos amigos, los tres demasiado pálidos.
—Como estudiante de medimagia sabes que hay una prueba sanguínea muy sencilla que puedes hacer para verificarlo. —le respondió Robin.
—También que la prueba no se verá alterada por la sangre que le doné en la madrugada para salvarle la vida. —agregó Johan señalando con una cabezadita a Sirius.
—¿De qué habla? —preguntó muy asustada la menuda pelirroja.
—¿No les han hablado de la transfusión sanguínea y de los problemas de salud que encontramos en ustedes tres? —preguntó Johan con el ceño fruncido, sus problemas personales olvidados al surgir la preocupación como médico en él.
—No, no lo habíamos hecho. ¿Después que casi los matan de un infarto con todo lo que les han dicho creen prudente decirles algo más? —replicó enfurruñada Katherine.
—Lamentamos haberles soltado todo tan bruscamente. Pero, según conversamos con los otros miembros de Los Halcones, la situación es delicada y ya que conocemos bien los dos mundos nos hemos ofrecido los tres a ayudarlos si nos lo permiten. —explicó Robin.
—Y si no lo permiten igual los ayudaríamos en lo que podamos. —agregó Anya encogiéndose de hombros.
—¿Estás segura que no nos dieron algún aluci… eso que me nombraste en Nottingham? —le preguntó Harry a su novia, sintiendo que su cabeza le empezaba a doler.
—No mi amor, no les hemos dado ningún alucinógeno. —le respondió ella con cariño.
—Eso me temía —replicó él con tono cansino, pues conocía demasiado bien la sensación de enterarse a retazos de episodios importantes de su pasado—. Sé que no son mortífagos, pe… —Se detuvo al ver las expresiones de enojo de los tres—. ¡¿Qué?! —preguntó con tono exasperado, sus nervios bastante alterados con todo lo vivido las últimas cuarenta y ocho horas.
—Esos mataron a nuestras madres, a la abuela y la dejaron inválida a ella. No vuelvas a insinuar que somos como ellos. —le respondió molesto Johan.
—Tranquilo hermano, es lógico que desconfíen. Sólo así se sobrevive en guerra. —lo regañó con tono suave el de pelo castaño.
—Pero… —intentó protestar el joven de pelo negro y ojos azules claros.
—Robin tiene razón y lo sabes, así que cálmate. —lo interrumpió con firmeza Anya.
—De acuerdo. —gruñó entre dientes Johan.
—Esto no puede ser cierto —denegó en voz baja Remus mientras se masajeaba las sienes. La discusión entre los tres le pareció un retorcido recordatorio de las disputas de tres de los Merodeadores mientras el cuarto los miraba esperando la decisión que tomarían—. Una sola vez en mi vida fui lo suficientemente irresponsable para beber hasta perder la conciencia de lo que hacía y… No, no puede ser.
Robin bajó la cabeza al oírlo, Johan frunció el ceño y Anya suspiró. Sirius tragó saliva, comparando sin poder evitarlo la edad del joven de ojos azules claros y su pareja.
—Creo que lo mejor será que Ginevra haga el examen sanguíneo que dijo Robin y dejemos la conversación sobre los exámenes médicos y la salud de los tres para cuando Harry pueda regresar. —planteó la joven mujer en silla de ruedas.
—No. Quiero saber lo de los problemas de salud antes de irme, la prueba pueden hacerla ahora mismo, antes de irme o al yo volver. —se opuso él mirándola fijamente.
—Por mí está bien. —replicó ella encogiéndose de hombros, sosteniéndole la mirada.
—Disculpen ¿Podemos estar presentes nosotros? —preguntó Nataly con tono suave.
—Sin problema por nuestra parte, amiga. —respondió Anya sonriéndole.
—La verdad es que prefiero que estén presentes Los Halcones, que sé quiénes son y por lo tanto confío. —afirmó Harry con el ceño fruncido, sus ojos clavados en ella.
Johan gruñó en tono bajo al oírlo. Acompañó sin decir nada a Robin y Anya que se desplazaban para que los otros quince entrasen en la habitación.
Ginny decidió que haría las pruebas sanguíneas, pues no tomaban mucho tiempo y las expresiones de ansiedad de Sirius y Remus eran evidentes. Sacó de su maletín seis pequeñas agujas estériles y tres pequeños envases circulares y planos, así como su varita del cinto. Se aproximó primero a la chica de ruedas al ver que le tendía su mano con una suave sonrisa, le hizo una pequeña punción en su dedo índice y recogió en uno de los pequeños envases varias gotas de su sangre. Luego se desplazó hacia Harry y repitió el procedimiento. Respiró profundo y ejecutó verbalmente con su varita el hechizo sobre la mezcla de las dos muestras.
Sangre de James Potter, Lily Evans y Madeleine Dyson.
Mago y Bruja, hermanos por padre.
Escucharon todos fuerte y claro la voz proveniente del humo rojo que se había formado, evaporándose la sangre tomada de ambos.
Harry se quedó mirando fijamente a Anya al oírlo, con la expresión insondable, viendo que ella le correspondía con una tibia sonrisa. Notó que sus ojos eran color avellana como lo habían sido los de su padre.
—Ahora conmigo, por favor. —le pidió Sirius, al ver que su novia pretendía seguir con el joven que se suponía era hijo de Remus.
Johan tuvo que morderse la lengua, pues se le había adelantado a su petición por sólo unos segundos. Dejó que la menuda pelirroja procediese y siguió el procedimiento con sus ojos con un poco de ansiedad. Notó que su padre no despegaba sus ojos de él, sintiéndose incómodo.
Sangre de Sirius Black y Johana Hawking.
Mago y Squib, padre e hijo.
Fue lo siguiente que se escuchó en la habitación, proveniente del humo rojo sobre el segundo de los envases pequeños.
Ginny tragó saliva, pues sabía que eso reviviría en su novio y en el otro Merodeador sus preocupaciones por estar unidos a ella y Nymph, ya que ella era más joven que el hijo de Sirius y Nymph apenas era cuatro años mayor que quien sospechaba era hijo de Remus, hijos de los que se acababan de enterar. Con la mayor serenidad que lograba reunir hizo la prueba con los dos hombres de ojos color miel y pelo castaño.
Sangre de Remus Lupin y Danielle Groombridge.
Magos, padre e hijo.
—Ya confirmado lo que les hemos dicho, vamos a hablar ahora de lo urgente: la salud de ustedes tres —rompió Anya el silencio en la habitación con su voz templada—. Cuando Los Halcones requieren que se hagan pruebas muy especiales de laboratorio, o de las que no se deben enterar en sus departamentos por alguna razón, acuden normalmente a mí ya que les doy resultados precisos, rápidos y totalmente confidenciales.
—Es así como le enviaron muestras de sangre, uñas y cabello de ustedes ayer a final de tarde, supongo que antes que hablasen. —continuó Johan con tono frío e impersonal, siguiendo el ejemplo de ella.
—Pero al hacerlo ella descubrió tres cosas que la preocuparon mucho y nos despertó a ambos para que verificásemos sus resultados y, en caso de estar en lo correcto, ayudásemos a Los Halcones de inmediato con las personas de quienes provenían las muestras —continuó Robin con tono similar—. Nos extrañó que nos despertase y acudiese a preguntarnos hasta que examinamos nosotros mismos las muestras y nos dijo de quiénes provenían.
—Aún así mi hermano verificó la compatibilidad sanguínea entre el señor Black y yo antes de desplazarnos aquí, para estar seguros que yo sería de ayuda y no habría que recurrir a plasma químico, mientras se encuentra un donante adecuado si él no desea que yo lo sea. —continuó el de pelo negro. Su vista clavada en los ojos de la menuda pelirroja mientras hablaba como también estaban haciendo sus dos hermanos.
—Oficialmente Nataly y Jonathan hasta ahora van a graduarse de médicos, Maggie y Laurence son simples paramédicos y nosotros dos estamos empezando con los estudios de nuestras especializaciones. Realmente los seis hemos avanzado más que eso, pero ellos cuatro decidieron ralentizar sus supuestos estudios para mantener su fachada tranquila luego de unirse a Los Halcones y nosotros dos para no llamar la atención. —continuó Robin.
»Con mis conocimientos en Hematología determiné que el señor Sirius Black sufre de Hemofilia, sólo que al ser mago no la había padecido hasta hace dos años porque la magia evita que se manifieste. Sin embargo, debido al extraño proceso que vivieron ustedes en la batalla final con Voldemort, ésta parece haberse desatado.
—¿Qué es la Hemofilia? —preguntó Ginny.
—Es una enfermedad genética que consiste en la incapacidad de la sangre para coagularse, por lo que quien la padece sufre hemorragias internas o externas difícilmente controlables. Es transmitida por las mujeres, que no la sufren a menos que su padre la haya tenido. Pero como ya he dicho los magos no la padecen. —le respondió Robin.
—¿Y los squibs? —preguntó Sirius mirando preocupado a Johan.
—Sí, ellos sí la sufren igual que los muggles —le respondió el castaño—. Pero para que un hombre la sufra debe transmitírsela la madre. Por genética el padre sólo se la transmite a sus hijas mujeres si la madre es portadora o la padece. Johan no es hemofílico.
—¿Existe algún examen que determine si una mujer es portadora? —preguntó Ginny, apretando la mano de su novio al sentir que contenía la respiración.
—Sí, lo hay —le respondió Anya—. Se lo puedo hacer y enseñarle luego a hacerlo, además de explicarle con más detalle las leyes de la herencia genética.
—Pero justo ahora vamos con el problema de salud que hemos detectado en usted, como pidió el señor Potter —continuó Johan, evitando mirar al hombre de ojos grises—. Le hemos hecho una densitometría ósea mientras dormía, ya que las muestras que nos habían enviado despertaron nuestras sospechas pero no eran concluyentes. Hemos detectado una osteoporosis temprana, lo cual no es normal.
—¿Qué es la osteoporosis? —preguntó de inmediato Sirius preocupado, pronunciando bien el nombre porque estaba muy atento a sus palabras.
—Es una enfermedad en la cual disminuyen la cantidad de minerales en los huesos, volviéndolos débiles y quebradizos —le respondió el hijo con frialdad médica profesional, aunque sus ojos viajaban de los grises a los castaños y las manos tomadas de los dos—. En la señorita Weasley no es seria aún, puesto que apenas está iniciando, pero una bruja no debería sufrirla y aún entre muggles y squibs no se presenta hasta después de los cuarenta años. Por eso consideramos que debe comenzar de inmediato con suplementos vitamínicos ricos en calcio además de ingerir productos lácteos en más cantidad, mientras se consigue la forma de corregir el problema mágico que los está afectando.
—Ya estoy tomando más leche de la normal por sugerencia de Li Tieguai, que no sabía exactamente lo que ocurría pero había leído que eso me ayudaría. —intentó Ginny tranquilizar a Sirius, Harry y Remus.
—A mí me intentaba ayudar con unos brebajes raros, pero no estaba funcionando totalmente. —le respondió Sirius la pregunta muda de los ojos castaños que tanto amaba.
—Lo único que funciona con la Hemofilia es plasma con el factor de coagulación faltante para detener las hemorragias, o una transfusión de sangre de un donante sano y compatible. No la cura pero evita la muerte por desangramiento —se explicó Robin—. Probablemente el señor que han nombrado le estaba dando concentrados con vitamina K, además de hierro, calcio, otros minerales y vitaminas, pues es lo que se hace cuando no se conoce la enfermedad.
»Sin embargo no debe preocuparse, con el tratamiento adecuado puede vivir una vida normal mientras se corrige el problema mágico. Le daré a Nataly plasma con el factor coagulante específico para su caso con regularidad para que se lo aplique por vía intravenosa y por ningún motivo debe tomar nada que contenga ácido acetilsalicílico.
—¿Ácido qué? —preguntó Ginny, que prestaba mucha atención a las indicaciones y no había entendido la última.
—Comúnmente se le conoce como aspirina. Luego le doy un listado completo de las pastillas y pociones que no debe tomar. —le prometió con una suave sonrisa Robin.
—Y yo le proporcionaré su primer frasco de pastillas de calcio, así como una dieta y las recomendaciones que debe seguir. —afirmó Johan.
—En cuanto a James tenemos un problema muy serio, porque tus valores médicos tanto muggles como mágicos varían mucho con demasiada frecuencia. Sin embargo en casi todos he detectado una alteración en el hipotálamo, que regula la homeostasis del organismo —siguió Jonathan, que estudiaba Endocrinología aunque aún no era médico oficialmente—. El equilibrio estable y constante de las funciones dinámicas biológicas propias de un organismo vivo. —se explicó al ver las caras de incomprensión de sus oyentes.
—¿Y en términos que podamos entender? —preguntó Katherine con una mezcla de angustia por su novio y exasperación por no comprender.
—Que tan pronto es el hombre más saludable de la tierra como pasa a ser el más enfermo en cuestión de minutos, lo cual según me ha dicho Robin también está relacionado con cambios bruscos en su magia. —le respondió el castaño de ojos castaños.
—En su caso los seis que saben aquí de medicina coinciden en que lo mejor que podemos ofrecerle es una dieta balanceada y algunos suplementos vitamínicos, así como ayuda con exámenes médicos y algunas hormonas cuando se le presente alguna alteración súbita —añadió Anya mirando a su hermano, sintiéndose incómoda por la frialdad en las esmeraldas que la habían estado analizando—. Rea puede también ayudarte ahora con mayor libertad en las investigaciones, ya que estás enterado que sé de tu mundo.
—¿Por qué no te acercaste a hablar conmigo con sinceridad cuando supiste quién era? —le preguntó Harry serio.
—Porque durante tres años mamá me pidió que no lo hiciese por miedo, muriendo poco después de yo cumplir veinte años el mismo día que yo quedé inválida. Atada a esta silla de ruedas y con tan pocos conocimientos en defensa mágica te presté la única ayuda que podía, por medio de Internet y los felinos que tengo de mascotas. —le respondió ella con sinceridad.
—¿El tigre y la pantera negra que nos ayudaron a mis amigos y a mí en varias oportunidades son mascotas tuyas? —le preguntó con curiosidad, las barreras que había mantenido con tanta dificultad desapareciendo por completo.
—Sí. Roaring y Blacky son mis pequeños amigos. —le sonrió ella.
—Si por ella fuese viviésemos en un zoológico. —se quejó Johan.
—Y esos bichejos son todo menos pequeños. —lo apoyó Robin.
—Pero bien que se preocuparon el día que regresaron heridos y me ayudaron a buscar en libros de veterinaria como curarlos. —se giró a decirles Anya un poco molesta.
—Porque te queremos mucho y sabíamos que si algo les pasaba a esos dos te ibas a deprimir. —replicó Johan de inmediato.
—Cosa que evitamos tanto como el primo Daryll. —continuó Robin.
—Mejor vamos a desayunar antes que me hagan enojar. —declaró Anya luego de bufar, colocando sus manos sobre las ruedas de su silla para desplazarse. Sólo usaba el control electrónico para desplazamientos largos y medianamente despejados.
—Espera —le pidió Ginny, mordiéndose nerviosa el labio inferior al ver que se detenía y la miraba con curiosidad mientras los dos hermanos y Los Halcones se ponían evidentemente nerviosos—. ¿Te ha examinado algún medimago después del ataque de los mortífagos? —le preguntó con suavidad.
—No —le respondió Anya con sinceridad luego de pensarlo un momento—. Fui llevada a un hospital muggle y allí hicieron lo que pudieron por mí. Nuestro contacto con el mundo mágico desde ese día se limita a El Profeta y el correo que mantenemos con Luna Longbottom, a quien conocimos cuando era la niña Luna Lovegood porque su mamá era amiga de las nuestras.
—Luna me contó una vez de unos amigos que no veía desde que murió su mamá, pero con quienes se escribía cada tres o cuatro meses —comentó Ginny pensativa, continuando al verla asentir—. ¿Me permitirías que te examinase como medimaga?
—Después de desayunar y que te expliquen los aprendices de chupa sangre y rompe cráneos lo que hemos hablado y te entreguen lo prometido. —aceptó luego de dudar un poco, por la petición muda de las esmeraldas que la habían estado analizando. Había señalado primero a Robin y luego a Johan, cuando dijo sus apodos recientes, molesta todavía con los dos por lo dicho sobre sus felinos amigos.
Ginny sonrió al verlos a los dos rodar los ojos y que se destensaban al igual que los demás. Para ella había sido evidente que Los Halcones se habían enterado del parentesco de ellos tres con Harry, Sirius y Remus justo ahora, con ellos, pero que les preocupaban las reacciones de la chica en silla de ruedas. Al parecer era tan impulsiva como el medio hermano.
—Me disculpan que me despida ya, pero yo no perdono el desayuno a menos que esté pegada a un microscopio o la computadora, y como no es ése el caso me voy a comer. —les dijo Anya con franqueza, movilizando con habilidad su silla de ruedas fuera del cuarto.
—Quiero hablar con ustedes dos. —les pidió en voz baja Daryll a Robin y Johan, reteniéndolos.
—Te escuché y no tienes de que preocuparte, primo. —escucharon que gritaba ella desde el pasillo.
—No seas tan egocéntrica, hermanita. —replicó Johan.
—Yo sólo soy tu espejo en eso. —escucharon en la lejanía la réplica de ella.
—Ya debe estar en la cocina, vamos al jardín. —les indicó Robin.
Harry hubiese querido unírseles, pero tenía que irse de inmediato al Ministerio de Magia para la audiencia.
Los demás Halcones salieron tras ellos del cuarto, quedando sólo Katherine con Ginny, Sirius, Harry y Remus. Se dirigieron hacia la cocina comedor para ayudar a Anya en lo que les permitiese y acompañarla a desayunar.
—Yo había venido para buscarlos a ustedes dos para que Molly los viese, pero… —Remus suspiró—. Intentaré ver si permiten que Ginny y yo estemos presentes en esa conversación.
—No lo creo. Esos tres sobreprotegen a Anya en la medida que pueden, pues ella no les da muchas oportunidades de hacerlo —intervino Katherine—. Mucha suerte en tu audiencia, mi amor. Por favor ven cuando termines para saber cómo te fue, antes que vayas al funeral de los familiares de tus amigos. —se giró a pedirle a su novio.
—Después que pase por Grimmauld vendré, te lo prometo. —aceptó él, besándola en seguida en la boca.
—Ve a ver a tu mamá, yo me quedo con Sirius mientras regresas. —le dijo Remus a la menuda pelirroja, asintiendo ante la solicitud muda de ella de tranquilizar al novio.
Ginny sabía que eso sería difícil, cuando los tres estaban bastante afectados por lo que se acababan de enterar. Pero Remus era el más equilibrado, y desde que había aceptado que ella y Sirius eran el uno para el otro siempre había hecho cuanto estaba en su mano para evitar que algo o alguien los separase, luego de disculparse con ella por lo ocurrido cuando el de ojos grises se estaba terminando de recuperar de lo vivido tras El Velo de la Muerte.
"¿Por qué Sirius tiene que vivir ahora esa extraña enfermedad? ¿No es suficiente todo lo que ha padecido en su vida?", se preguntaba mientras desaparecía hacia la casa de sus padres en Londres.
Harry desapareció hacia el Ministerio luego de pedirle en susurros a Katherine que estuviese al pendiente de su padrino y su tío, los dos abrazados en el pasillo junto al cuarto.
