Resumen: Los Dragones se conforman y se integran tres miembros a Los Halcones. La historia de los tres hermanos. El traslado y los amigos de Anya. Recuerdos, juegos y preocupaciones.

Halcones y Dragones

La audiencia fue complicada pues, además de ser totalmente irregular que el Wizengamot se reuniese un domingo, el ataque a la mansión Longbottom (a la que había ido el señor Lovegood a cenar) y todo lo ocurrido luego en Londres con la policía muggle involucrada era delicado.

Harry logró con algo de dificultad convencer al más alto tribunal mágico de la versión oficial que le había dicho a Kingsley daría de lo ocurrido. Salieron de allí con sólo una amonestación Hermione y él gracias a que Gawain no ejerció presión. Luego apenas si tuvieron tiempo de visitar a la matrona Weasley antes del funeral de los Longbottom y el señor Lovegood. El hombre de ojos esmeralda llamó a Katherine con su teléfono celular desde Grimmauld para disculparse por no poder ir a verla y contarle rápidamente que todo había salido bien.

Ginny le había dado a Harry en la casa del detective esa mañana, antes de darse la reunión con "los tres hermanos", su montura de lentes con unos espejos no formulados para que los usase cuando estuviese ante quienes no eran de su absoluta confianza. Así nadie fuera de sus amigos sabría que estaba usando lentes de contacto y tendría cierta ventaja. Katherine le había enseñado a ponerse y quitarse las lentillas, como le había enseñado Anya a ella, diciéndole que sólo tendría que hacerlo una vez a la semana.

Por eso nadie en el mundo mágico vio algún cambio, a excepción de la castaña que lo miraba con curiosidad pero se contuvo de preguntarle esperando tener la oportunidad de hacerlo lejos de "oídos de cuidado". Sonrió comprensiva cuando él le contó lo de la nueva visión a la matrona Weasley.

Hermione notó extrañada que las esmeraldas de Harry reflejaban un profundo desasosiego apenas aparecer en el cementerio. Comprendía que estuviese preocupado, era apenas lógico, pero no que permitiese que su estado anímico se viese en su rostro. "Algo grave tiene que haber ocurrido en la mañana. En el Ministerio ha estado poco concentrado y tuve que ayudarlo en un par de oportunidades con la declaración conjunta que hicimos gracias a la sugerencia hecha por Kingsley".

Harry hubiese deseado ir a la casa del detective apenas terminó el funeral, para hablar con quien se había enterado era su hermana por parte de padre, pero Kingsley les pidió a la castaña y él que se viesen en su oficina y los dos accedieron. Se reunieron luego de unos minutos con Gawain Robards, Lancelot White, Tania y Steve Hart en la oficina del Ministro, para de allí dirigirse a la del jefe de los inefables. Hermione ayudó a convencer a su mejor amigo para integrar al grupo a John Stevenson.

Mientras Hermione y Harry escuchaban con atención lo que Steve y Lancelot habían averiguado sobre los prismas de diamante, Tania le explicaba a Kingsley sus estudios sobre la Puerta Sellada hasta el momento (era quien la estudiaba desde que entró a trabajar con los inefables) y Gawain le daba un resumen a John sobre lo hablado en la madrugada. Los ocho estaban reunidos en tres cubículos con mesas que el jefe de los inefables había organizado en su oficina para que pudiesen distribuirse inicialmente, mientras se ponían al día los unos a los otros con los trozos de información que les faltaba a algunos conocer.

Gawain se limitó a completar lo que el auror ya sabía, usando el pensadero que le facilitó Kingsley y obligando a su amigo a tomar té con poción tranquilizante como había hecho el moreno con él y los tres inefables antes. Sin embargo John se sintió muy afectado por lo que se estaba enterando, ya que apreciaba sinceramente a los dos jóvenes que en sólo cuatro días se convertirían oficialmente en aurores.

Lancelot eliminó las divisiones y unió las mesas en una sola ante las peticiones de Kingsley y Gawain, cuando finalizaron con Tania y John, para como un solo equipo organizar lo que harían e intercambiar opiniones y análisis. Examinaron los dos cristales que llevó Steve y hablaron sobre el posible plan de investigaciones a seguir.

Llegados a este punto Harry decidió ponerles al tanto a todos sobre Los Halcones y la ayuda que habían ofrecido prestar luego que él les diese una información sucinta sobre el mundo mágico y las dos guerras que padecieron con Voldemort. Luego, por sugerencia de Kingsley, salió fuera del Ministerio para hablar por el celular con Daryll con el fin de coordinar una reunión entre el grupo de muggles y el de ellos.

Mientras tanto el moreno les planteó a sus acompañantes que no sería él, como Ministro, sino el joven que pronto sería auror quien dirigiría ese grupo especial que se había conformado, como líder de "Los Dragones". Escuchó en seguida la negativa de Lancelot, que opinaba que eso era recargar de nuevo al chico con responsabilidades, la de John, que decía eso debilitaría la línea de mando que se presentaría ante Los Halcones, y la de Gawain, que aseguraba eso era peligroso considerando el complejo de héroe de Harry.

El primer argumento fue rebatido por Tania, al recordarles que tanto los aurores como los inefables eran entrenados para soportar altas cargas de responsabilidad y trabajar bajo presión. El segundo fue refutado por Steve, recordándoles que Harry les había ya mostrado a los muggles lo ocurrido en la Segunda Guerra, donde en las últimas batallas y en la final él había sido el líder no nombrado de todos los que combatieron a Voldemort, además de lo ocurrido en presencia de Los Halcones por el ataque a los Longbottom.

Por último, una enfadada Hermione (que recordaba haberle dicho al de ojos esmeralda así una vez generándole sentido de culpa y tristeza, lo que le dolía profundamente), le recordó a Gawain que Harry después de la batalla en el Departamento de Misterios no había vuelto a permitir que "su complejo de héroe" le generase problemas a nadie. Pues ella y Ron siempre lo acompañaron voluntariamente, nunca nadie supo dónde estarían para evitar "misiones de rescate" y su mejor amigo siempre que iban a actuar con otros coordinaba previamente con ellos lo que harían y sus acciones no se salían de lo planeado, pasase lo que pasase.

Los tres hombres mayores habían tenido que aceptar los argumentos de los tres más jóvenes mientras Kingsley los observaba en silencio. Estaba muy orgulloso de Harry, Tania, Steve y Hermione, así como conocía muy bien a Lancelot, Gawain y John, pero le parecía que faltaba alguien para completar el grupo y él sabía quién era. En seguida les expuso a los presentes a quién quería integrar y sus razones, estando todos de acuerdo. Luego le explicarían lo único sobre lo que ella no estaba al tanto, lo avanzado por Tania y Steve.

Cuando Harry regresó a la oficina del jefe de los inefables le fue dicho por Kingsley que Nymph se integraría a ese grupo y que él sería el líder de los nueve en todo lo referente a ese caso concreto. Harry asintió en aceptación al primer planteamiento, petrificándose ante el segundo por un par de minutos antes de asentir nuevamente, con la expresión seria que solía usar como el guerrero que venció en las reuniones en que coordinaban algunos ataques a sitios de reunión de Mortífagos u operaciones como la del rescate de Sirius.

Ya había caído la noche cuando salieron del Ministerio, viajando los ocho a casa del detective moreno donde ya se encontraba la metamórfaga.

Daryll había reconocido a Kingsley como uno de los hombres que había protegido al Ministro muggle cinco años atrás, y había deducido de la conversación de Harry con el mago moreno por teléfono que era un superior del "fantasma esmeralda". Así se lo planteó en la reunión privada que sostuvieron los dos en casa del detective antes que el amigo de Harry regresase a su oficina en el Ministerio de Magia.

Kingsley le dijo, ante su planteamiento, que era el jefe de los aurores pero que había ido allí como amigo personal de Harry. Por esto cuando los ocho llegaron a casa del detective para reunirse con Los Halcones presentó a Gawain Robards como jefe del grupo de ataque, a Lancelot White como jefe de investigaciones especiales y a John Stevenson como jefe de coordinación de operativos con presencia muggle, por sugerencia del último y Hermione para darles a Los Halcones la versión más cercana a la realidad sin desmentir al moreno.

Johan, Robin y Anya sabían quiénes eran en realidad Kingsley y Gawain, por lo que dedujeron quienes eran Lancelot y John de las presentaciones, pero guardaron respetuoso silencio después de mirar durante unos segundos a Harry.

Tania y Steve Hart fueron presentados como aurores del grupo de Lancelot, explicando Kingsley que Hermione y Harry ante el mundo mágico trabajarían tanto con ese grupo como con el de Gawain.

Daryll les presentó a los detectives: Katherine Stewart, experta en literatura, lenguas muertas y tribales; Kathleen Middleton, experta en telecomunicaciones y equipo de rastreo; Julie Powell, especialista en criptografía; Christine Lean, especialista en biología; Dorothy Ford, experta en Medicina Forense; Jerry Fleming, experto en explosivos; Andrew Forde, experto en sectas y creencias mitológicas; Anthony Bennett, especialista en química; Michael Spencer, especialista en joyas y arte; Harrison Simmons, experto en informática y sistemas electrónicos; y Madox Brown, experto en armamento.

Como equipo médico del grupo les presentó a: Nataly Harvey, especialista en Ginecología y Obstetricia; Jonathan Medawar, especialista en Endocrinología y Urología, aunque formalmente ninguno de los dos se había graduado; Maggie Bracknell y Laurence Dahl, médicos de emergencias que trabajaban como paramédicos.

Como colaboradores de Los Halcones presentó a Johan Hawking, médico especialista en Neurología y Traumatología; Robin Groombridge, médico especialista en Hematología y Cardiología, aunque formalmente los dos estaban recién iniciando sus especializaciones; y Anya Dyson, especialista en informática y tecnología de punta, así como bioquímica clínica.

Por último les dijo que se llamaba Daryll Conrad y que él era experto en infiltración, interrogatorios y artes marciales.

Hermione, Harry, John, Nymph y Ginny les iban explicando en los términos mágicos más cercanos posibles lo que significaba cada especialidad. Johan, Robin y Anya los ayudaron eventualmente cuando se enredaban, luego que Harry les explicó a los otros miembros de "Los Dragones" que el primero era un squib y los otros dos magos que no habían estudiado en Hogwarts sino que se habían educado como muggles. Aquello les dio curiosidad pero no preguntaron, con el fin de evitar dar pie a preguntas sobre el motivo para haber falseado sus rangos en el mundo mágico.

Kingsley informó que Ginevra Weasley, Li Tieguai y Luna Longbottom formaban parte de "Los Dragones" como grupo médico, pero que los dos últimos no estaban presentes por estarse recuperando de las heridas sufridas en el último ataque. También les dijo que los otros miembros del E.D. y la O.D.F. que habían conocido el día anterior trabajarían con ellos, pero que serían los doce presentes quienes coordinarían todas las operaciones con ellos.

Entraron a la casa y se dirigieron a la biblioteca. Allí empezaron a hacerse preguntas los dos grupos sobre la información que ahora tenían sobre el problema a resolver, dar cada uno sus opiniones sobre posibles esquemas de trabajo coordinado y formas de comunicarse entre ellos.

—Los equipos basados en electricidad no funcionan en ambientes cargados de magia, mientras que en ambientes muggles se puede usar magia casi sin problemas excepto por la restricción legal del Ministerio de Magia. Hace cuatro años modifiqué el diseño de tres celulares para que no funcionen con pilas sino con la magia de los núcleos de tres varitas mágicas, indetectables tanto para muggles como para magos. —intervino Anya mostrando su propio celular y los de sus dos hermanos.

»Si están de acuerdo y me facilita el señor Ollivander lo necesario, puedo crear uno para cada uno de ustedes. Eso les permitiría a todos comunicarse sin las limitaciones de longitud de mensaje con las monedas con encantamiento proteico, y el inconveniente con los celulares que necesitan ser recargados y no funcionan en ambientes llenos de magia.

Ginny y Harry tragaron saliva al oírla, imaginándose a qué varitas habían pertenecido los núcleos que ahora usaban en los celulares. Hermione miraba con mezcla de asombro y curiosidad los equipos. John y Gawain miraban a los tres hermanos con desconfianza, haciendo nota mental de investigarlos a fondo, sin embargo guardaron silencio ante una señal disimulada de Kingsley que los miraba con curiosidad luego de notar que Harry parecía confiar en ellos y… Había algo más, sólo que… "Tengo que investigar primero".

—Yo me encargo de que el señor Ollivander te facilite los materiales. —aseveró Harry, sus esmeraldas clavadas en ella desde que iniciase la reunión casi todo el tiempo.

—Yo te consigo celulares "limpios" para que los modifiques. —afirmó Harrison sonriéndole, arqueando una ceja al ver de reojo que Harry fruncía el ceño en su dirección.

—Con eso cubriríamos lo referente a la comunicación —intervino Daryll serio—. Con lo que nos dijeron sobre los Papiros de la Muerte y Egipto hemos preparado esta información sobre posibles ubicaciones y personas a investigar. —agregó entregándole a cada uno el resumen que había preparado con ayuda de Andrew y Michael.

—Stevenson se encargará de que Los Halcones tengan un salvoconducto especial para que no intenten de nuevo desmemorizarlos. ¿Se consideran a los tres jóvenes colaboradores como parte de su grupo? —preguntó Kingsley, que le intrigaba que no los hubiese presentado el detective moreno como parte del mismo.

—Sí, son parte de Los Halcones. —respondió de inmediato Daryll, suspirando al oír la protesta entre dientes de su prima por sangre y sus dos primos por crianza y afecto.

—Son parte de nuestro grupo médico con Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence, sólo que ellos cuatro usan armas si hay una emergencia mientras que Anya, Johan y Robin no. —agregó Anthony con tono suave y una dulce sonrisa dirigida a la joven mujer en silla de ruedas, que sonrió y asintió en aceptación.

Fueron ahora Harry y Daryll quienes gruñeron entre dientes. Robin y Johan advirtieron al detective rubio de ojos azules con sus miradas.

Esto alertó a Los Dragones sobre la protección que ejercían sobre la joven mujer en silla de ruedas, así como la respuesta del detective les hizo comprender que los tres rechazaban las armas usadas por los muggles. "¿Rechazarán también las varitas?", se preguntó con curiosidad Gawain. También les extrañaba el comportamiento de Harry, a excepción de Ginny y Nymph.

—¿Existe algo en que podamos ayudarles a investigar en cuanto a la Puerta Sellada? —preguntó Katherine mientras apretaba levemente la mano de su novio.

—Buscar si en el mundo muggle hay algunos cristales como éste. —respondió Lancelot mostrándoles el que habían recuperado ese día.

—Hemos deducido que son nueve de la roca granítica que conseguimos hoy, donde encajan tanto éste como el otro que tenemos. —completó Steve.

—Yo me encargaré con mi grupo de recuperar el que tienen los Mortífagos. —aseveró Gawain.

—Por los lugares en que fueron ubicados los dos primeros es probable que estén en sitios fríos y de alta humedad —aportó Tania—. Ya sé que el dato de la humedad no es relevante en nuestro país, pero no sabemos si están en Inglaterra. Y cuando digo frío me refiero a bajo 0ºC durante todo el año. —añadió al ver las expresiones de Los Halcones a sus datos.

—El inconveniente es que el frío puede ser artificial. —intervino Hermione.

—¿Por qué alguien guardaría un cristal en un sitio refrigerado artificialmente? —preguntó Nataly.

—Un coleccionista excéntrico. —aportó Michael.

—Un miembro de alguna secta que le hayan enseñado que así podría mantener sus "propiedades mágicas" —opinó Andrew—. Hablando en el sentido muggle. —aclaró al ver como lo miraban Los Dragones.

—En realidad ésa es la razón de mantenerlos en ambientes fríos —aclaró Steve, que era una de las cosas que había descubierto estudiando el primero—. Así mantienen la facultad de generar energía concentrada. Si son expuestos a una temperatura superior a los 0ºC pierden esa propiedad, recuperándola sólo luego de estar durante tres días de nuevo bajo esas condiciones térmicas heladas. También se vuelven inestables y peligrosos al contacto.

—Aunque una vez que son insertados en la piedra granítica piramidal y extraídos de nuevo no sólo pierden esas limitantes, sino que aparecen otras peculiaridades que estamos empezando a investigar. —completó Hermione.

—Anya y yo investigaremos sitios enfriados artificialmente. —afirmó Harrison mirándola, sonriendo al verla asentir.

—Puesto que no sabemos qué tanto saben los Mortífagos, les quería pedir que nos avisasen siempre cuando vayan a actuar para que al menos dos de nosotros los acompañemos. —intervino Kingsley.

—Si se llegan a conseguir con un grupo muggle armado podrían defenderse con sus palitos de madera? —preguntó Madox, a quien no le gustaba la idea de "la escolta".

—¿Les demostramos lo ineficaz de sus tubos de hierro si se encuentran con un grupo de Mortífagos? —gruñó Gawain.

—En la parte posterior de la casa que heredamos Johan, Robin y yo hay un claro rodeado de árboles tupidos, en que el abuelo nos enseñaba de niños a Robin y a mí lo básico sobre la magia. Si se le ponen de nuevo las protecciones adecuadas podrían usarlo para practicar el trabajar en conjunto. —intervino Anya.

—Esa es una gran idea considerando que los dos grupos trabajarán en equipo con Katherine, Hermione, Ron y yo todo lo referente a los Papiros de la Muerte y el Poder tras la Puerta Sellada. —dijo con mucha firmeza Harry.

—De acuerdo. —aceptó rápidamente Kingsley, reafirmándoles con esto a Robards, White, Stevenson, los Hart y Lupin lo que les había dicho en un susurro al aparecer en el jardín y unírseles la menuda pelirroja y la metamórfaga:

Yo hablaré inicialmente, pero Potter está al mando de este grupo especial.

—De acuerdo también nosotros. —afirmó Daryll, como líder recién nombrado formalmente por Los Halcones para todo lo que tuviese que ver con "ese caso".

El detective moreno y sus compañeros comprendieron que el auror moreno había dado a entender que Harry James Potter Evans sería el líder de su grupo en lo referente a las operaciones de ese caso, sin importar los rangos que oficialmente existían entre ellos. Sus expresiones de respetuosa comprensión diluyeron la preocupación de John Stevenson e hicieron sonreír a Steve Hart.

Mientras tanto, bajo su apariencia impasible, el joven hombre de pelo negro y ojos esmeraldas se sentía contento por haber acertado al haber confiado en Los Halcones y asimilaba completamente su nueva responsabilidad. Sus ojos viajaron nuevamente hacia los avellanas de Anya sin que pudiese evitarlo, sintiéndose fortalecido por el apoyo que consiguió en aquellos ojos idénticos a los de su padre.

La reunión se prolongó unos minutos más mientras coordinaban los detalles finales, dirigiéndola desde ese momento Harry. Luego se quedaron en la casa solamente él, Ginny y Nymph por parte de Los Dragones, así como Anya, Johan, Robin, Nataly, Jonathan y Daryll por parte de Los Halcones, pues los demás se fueron a descansar.

Johan, Robin, Nataly y Jonathan habían estado buena parte del día en la facultad, descansando un par de horas en el apartamento que Naty compartía con Katy y Julie. La última había sido sacada de sus vacaciones por sus compañeros en cuanto Katherine les habló del "fantasma esmeralda" por primera vez. Maggie y Laurence habían estado controlando la evolución de Sirius durante el día.

Anya sí había estado en la casa, pero trabajando con Harrison en la biblioteca prestándoles asistencia informática a Daryll, Andrew y Michael en las investigaciones sobre los Papiros de la Muerte. Ginny la había evaluado luego de volver de la casa de la mamá, pero en la habitación que ella usaba en esa casa.

Lo otros que estuvieron en la casa habían notado que rehuía el cuarto en que Sirius estaba, probablemente para no hablar con él sin que estuviesen sus hermanos de crianza. Eso fue confirmado cuando Johan y Robin se desplazaron con Anya hacia esa habitación tras Ginny, Nymph y Harry ante una petición muda de éste. Katherine entró con su novio y se sentó a su lado, pero permaneció en silencio todo el tiempo.

—Chicos, Remus y yo queríam… —intentó comenzar Sirius apenas los vio entrar.

—Hace tiempo que dejamos de ser chicos —lo interrumpió el hijo—. Si no recuerdan nuestros nombres les refrescaré la memoria: Anya Madeleine Dyson, Robin Daniel Groombridge y Johan Mintaka Hawking.

Sirius clavó sus ojos grises en los azules claros de él, analizándolo, sintiéndose orgulloso por el desafío con que le mantenían la mirada.

—Anya, Johan, Robin, queremos disculparnos con ustedes si dijimos o hicimos algo que los incomodase esta mañana —les dijo Remus con tono suave—. Lo que nos revelaron nos sorprendió mucho y me temo que reaccionamos mal.

—No se preocupen, comprendemos perfectamente. —respondió Robin con tono formal.

—Disculpa, no quiero contradecirte pero no creo que sea así —intervino Nymph—. Cuando sus mamás conocieron a Los Merodeadores, ellos parecían ser un grupo de cuatro irresponsables a quienes sólo les importaba conquistar chicas y hacer bromas.

Johan y Robin se quedaron mirándola con expresión de "No tienes edad para haber compartido con ellos así que no puedes desmentir eso. Además que somos la prueba viviente de que eran así". Anya en cambio la miraba con curiosidad.

—En realidad eso era sólo una parte de la verdad —continuó exponiendo la metamórfaga impertérrita—. Mi esposo era un licántropo, razón por la cual nunca tuvo una relación afectiva seria y tampoco les daba esperanzas de algo así a las chicas con las que compartía algo más que una amistad. Mi primo no hubiese dejado a una de sus novias embarazada, porque había sido repudiado por su familia desde muy niño por pensar distinto a ellos. Sirius deseó siempre poder tener un hogar propio en que formar a sus hijos con amor y respeto. Y James Potter siempre estuvo enamorado de Lily Evans, por lo que en sus cinco sentidos no le hubiese sido infiel. Él se limitaba a conquistar chicas pero nunca tuvo nada serio con ninguna.

—Después de esa noche de copas Madeleine y James sólo se vieron como amigos, al igual que Danielle y Remus. Johana y yo intentamos un noviazgo, pero no funcionó y nos separamos la semana después del baile de Halloween. —agregó Sirius con tono cauteloso, no sabiendo si ellas les habían hablado de aquello a sus hijos.

—De hecho mamá le hizo comprender a James la forma en que Lily lo veía, el porqué lo rechazaba. —contó con una sonrisa Anya.

Sirius y Remus asintieron en su dirección y le sonrieron con cariño.

Harry también asintió, pues ya su padrino y su tío le habían contado que una amiga de su padre era quien le había hablado sobre cómo acercarse a su mamá: siendo él mismo, sin la careta de "niño travieso y arrogante" que solía usar. Ahora sabía quién había sido esa amiga. Era curioso que fuese la mamá de su media hermana.

—¿El que yo sea un squib te genera un rechazo hacia mí? —le preguntó Johan frontalmente a su padre, intentando ocultar bajo su aparente desafío el miedo que tenía de ser rechazado por eso. Sabía bien lo que opinaban familias como los Black de ellos, especialmente luego de oír la conversación suscitada en esa casa sobre sus estudios por la carta de sus abuelos maternos cuando sólo tenía once años.

—No. Fue por pensar diferente a mis padres en ese sentido y muchas otras cosas que me repudiaron. —le respondió de inmediato Sirius con sinceridad. Le sonrió con suavidad al ver que se le escapaba un suspiro de alivio, retomando la expresión cautelosa al ver que se ponía serio de inmediato.

—Yo tenía miedo de tener hijos porque no sabía si heredarían mi maldición. ¿Tú fuiste un licántropo? —le preguntó Remus nervioso a Robin.

—No. Mamá tenía ascendencia Veela. Al parecer esos dos genes se aniquilan el uno al otro según lo que investigó mamá, luego que se reveló su condición cuando daba clases en el colegio —le respondió el hijo con tono tranquilizador, sonriendo al verlo destensarse—. Tengo entendido por las cartas de Luna que tengo un hermano. ¿Puedo conocerlo? —preguntó ahora él nervioso.

—Claro. —respondieron de inmediato Nymph y Remus a coro, sonriendo todos en la habitación.

—¿Te molesta de alguna forma mi relación con tu padre? —le preguntó Ginny a Johan, sosteniendo entre las suyas una mano de Sirius que había estado muy nervioso por ello y se tensó ante su pregunta.

—En lo absoluto. Me da curiosidad pero no me molesta. —respondió Johan con su acostumbrada franqueza, sonriendo al ver a su padre destensarse.

—¿Cuál es la conclusión del examen que te hizo Ginny? —le preguntó Harry a su hermana, pues aún no había podido hablar con ninguna de las dos.

—Si me hubiese atendido un medimago apenas ocurrió el ataque es posible que ya estuviese caminando de nuevo. Pero como me atendieron en el hospital muggle esa posibilidad no existe —le respondió ella con tranquilidad—. Lo que sí puede ayudarme Ginevra es con mi sensibilidad desde la cintura hacia abajo, pero mi capacidad motora no puede ser restablecida.

»Hemos empezado a trabajar en mi sistema nervioso —añadió con una sonrisa agradecida en dirección a la menuda pelirroja, suspirando al ver que tanto su hermano por sangre como los dos por crianza y los dos mejores amigos de su padre bajaban la mirada—. Ya tengo cuatro años y medio así, me sé desenvolver bien y no estoy muy limitada por esto, así que no quiero miradas de compasión que no necesito. —los regañó de inmediato.

—Le voy a refrescar algunos conocimientos de magia que le había enseñado el abuelo, sobre el hechizo de levitación y otros que la puedan ayudar a desenvolverse aún mejor de lo que ya lo hace en su vida como muggle. —intervino Ginny con tono suave.

—Es mi opinión que no podemos pretender tratarnos como padres e hijos ustedes cuatro, ni como hermanos Harry y yo, porque tenemos sólo horas de conocernos y el serlo por sangre no genera el mismo tipo de lazos que da el compartir la formación desde niños. Mi propuesta es que además de trabajar como parte del equipo conformado por Los Halcones y Los Dragones intentemos conocernos mejor y labrar una amistad. —les propuso Anya con serenidad.

—Es una muy buena idea. —afirmó Harry mientras le sonreía, sus esmeraldas brillando con cariño.

—Pues como médico les voy a sugerir que todos vayamos a descansar luego que yo examine a Sirius. —les planteó Robin.

—Ya estoy bien. —protestó el de ojos grises, que no quería preocuparlos.

—Eso quien lo determina soy yo —afirmó el médico especialista en Hematología—. A excepción de Ginevra y Johan los demás esperen en el pasillo, por favor.

Casi diez minutos más tarde salieron los tres, pues le habían hecho un examen minucioso antes de confirmarle que estaba mejor y dormirlo con un sedante a pesar de sus protestas, las cuales fueron acalladas por las palabras convincentes de la novia y la mirada de regaño del hijo.

—Se recupera admirablemente bien y lo hemos sedado para que descanse y termine de restablecerse —les informó Robin, sonriendo al ver las expresiones de alegría de los que estaban en el pasillo—. Lo cual debería hacer también con ustedes tres. —añadió señalando a Ginny, Harry y Anya.

—Estoy bien. —protestaron los tres a coro.

—Sí, claro. —replicó Johan mirando significativamente la pierna de Ginny que aún cojeaba, el torso de Harry que se desplazaba con dificultad y las ojeras acusadas de Anya que no había tomado la siesta que le correspondía al mediodía.

—Ya hemos abusado mucho de ustedes y Sirius tiene que quedarse. Me gustaría que Hermione y yo nos reuniésemos en la mañana con Harrison y contigo para ayudarlos en la investigación sobre los sitios enfriados artificialmente. —le pidió Harry a Anya, queriendo desviar la atención de los médicos.

—De acuerdo, vendré desde la casa en la mañana. —asintió ella.

—La traeremos temprano, camino a la facultad —afirmó Robin, resignado parcialmente por el carácter de ella—. Así aprovecho de examinar a Sirius nuevamente. —aclaró para que su rebelde hermanita no se molestase porque la desplazasen ellos en lugar de permitirle viajar en el auto especial que había creado adaptando su silla de ruedas.

—Yo preferiría que los tres se quedasen aquí y durmiesen bajo sedantes suaves, como sugirió Robin inicialmente, para que se recuperasen mejor luego de todo lo que ha ocurrido estos últimos días. —intervino Daryll.

—Sin sedantes y me quedo. —replicó Anya cruzándose de brazos.

—Sin sedantes nos quedamos también nosotros dos. —la apoyó Ginny.

Harry iba a protestar porque lo hubiese incluido en su afirmación, pero el sentir que Katherine le apretaba levemente la mano y encontrar su petición muda de aceptar en sus ojos azules al girarse a mirarla hicieron que cambiase de opinión y asintiese.

—Muy bien, será sin sedantes a menos que Nataly, Jonathan, Robin o yo notemos que no logran descansar. —afirmó Johan encogiéndose de hombros.

Nymph y Remus tuvieron que contener la risa al oírlos a los tres bufar pero verlos asentir en aceptación.

En horas de la madrugada estaban cambiando de guardia Nataly y Jonathan, pues se estaban turnando el cuidar la evolución de Sirius mientras dormía para evitar sorpresas, cuando escucharon el leve ruidito que hacía una silla de ruedas en el pasillo. Se miraron y suspiraron, haciéndole señas la rubia a su acompañante que ella se quedaba con el durmiente mientras él se hacía cargo de la chica.

Jonathan asintió y salió preparando un sedante, sonriendo al ver a un malhumorado Robin también saliendo del cuarto en que se había quedado a dormir. Los dos se dirigieron al jardín posterior, deteniéndose al ver que en el columpio se encontraba Harry. Vieron que Anya se le acercaba luego de mirarlo sorprendida, impulsando la silla de ruedas con sus manos sobre la grama baja y suave. Los médicos y amigos se miraron interrogantes, aceptando el hermano de ella la indicación de su compañero de darles unos quince minutos antes de acercárseles y llevarlos a dormir.

Al girarse se encontraron tras ellos a una adormilada menuda pelirroja que también miraba hacia el jardín. Sonrieron al oírla gruñir en voz baja cuando con gesto autoritario Johan, que se les acercaba, le hizo señas de regresar a su habitación mientras tomaba la jeringuilla con el sedante ya preparada por Jonathan y luego la seguía.

—Hola— saludó Anya a Harry—. Disculpa, no quise asustarte. —le aseguró al verlo sobresaltarse.

—Hola. No te preocupes, fue sólo la sorpresa. Deberías estar durmiendo. —la regañó luego de saludarla.

—Igual que tú —replicó ella con una sonrisa pícara, que se transformó en una dulce y más amplia al verlo suspirar y asentir—. ¿También te gusta mirar al cielo cuando no puedes dormir?

—Sí, me ayuda a tranquilizarme. —le respondió él con sinceridad.

—Desde ahí se ve bien, pero es mejor estando boca arriba en la grama. —afirmó ella mientras con sus manos extendía la manta que traía sobre su regazo.

—¿Me permites ayudarte? —le preguntó Harry.

—No quiero que se te reabra la herida. —denegó ella con tono suave.

—Puedo hacerlo con magia —le recordó él sacando su varita, bajando la mirada al ver que palidecía mirando lo que él sostenía en sus manos—. Perdona, no quise… —empezó a disculparse mientras hacía ademán de guardarla.

—Ya no recuerdo la sensación de levitar, pero sí las risas del abuelo cuando le pedíamos que lo repitiese —le contó ella con tono melancólico, interrumpiéndolo—. ¿Me podrías levitar hasta la manta?

—Claro. —le sonrió, procediendo en seguida.

Notó que se tensaba al apuntar hacia ella su varita, con una mezcla de ansiedad y alegría en sus ojos avellanas. Cuando el hechizo la impactó abrió sus ojos al máximo, riéndose suavemente luego al sentir que era levantada de la silla por la magia. La mantuvo flotando unos minutos más de lo necesario, depositándola luego suavemente sobre la manta.

Jonathan había visto y oído todo desde lejos con curiosidad, reteniendo por el brazo a Robin cuando éste hizo un movimiento involuntario para ir hacia ellos al ver a Harry apuntando con su varita a Anya.

—Robin y yo tenemos que desempolvar nuestros palitos de madera y reaprender a usarlos. —le comentó a su hermano menor con una sonrisa agradecida, mientras le hacía señas con su mano para que se recostase junto a ella sobre la amplia manta.

Harry lo hizo mientras pensaba cómo plantearle lo que lo tenía tan preocupado.

—¿Me quieres hablar sobre lo que aprendieron de la magia y cuándo dejaron de usarla? —le preguntó con suavidad—. No es sólo curiosidad, Anya, me preocupan Johan, Robin y tú al estar involucrados ahora en la operación con Los Halcones y Los Dragones. Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence no creo que se queden si nos atacan Mortífagos estando ellos presentes, pero Robin y tú podrían verse tentados de hacerlo por lo que saben de magia y Johan querer quedarse a ayudarlos. —le explicó al ver de reojo que fruncía el ceño.

—Cuando Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence quisieron unirse a Los Halcones, para ayudarles desde el punto de vista médico, también Daryll se preocupó por ellos. Finalmente Katherine los convenció a los cuatro que la única manera de permitirles el unirse era que aprendiesen a usar unas pequeñas pistolas automáticas, para defenderse en caso de ser necesario. El trato fue que ellos aprendían eso y los doce detectives un curso básico de primeros auxilios, para que pudiesen atender lo más urgente mientras podían acudir a ayudarlos. —le contó Anya con su mirada perdida en las estrellas, ya que era una clara y fría noche de invierno.

—¿Y ustedes tres? —insistió Harry al ver que no continuaba.

—Nosotros detestamos las armas muggles desde que teníamos quince años, cuando un idiota drogado y bebido de nuestra edad mató a otro compañero del colegio e hirió a varios. —le contestó con tono molesto por el recuerdo, suspirando al sentir que su acompañante se removía nervioso.

»El abuelo nos llevó a la tienda del señor Ollivander cuando cumplimos los once años para comprarnos a Robin y a mí nuestras varitas, con Johan acompañándonos aunque sabía ya el porqué no tendría una para él. Tía Johana le compró ese día su lechuza castaño rojiza "Betelgeuse". —le empezó a contar con tono suave, la mirada ausente porque su mente estaba lejos.

»Abuela Marie era casi una squib y abuelo Joseph la quería mucho, por lo que desde poco después de casarse se establecieron en una casa entre Danbury y Cold Norton, cerca de aquí. Se involucraron en el mundo muggle de la zona que era más tranquilo que el de la gran ciudad, alejándose de la Primera Guerra en el mundo mágico tanto como les era posible. Tía Dayana, la mamá de Daryll, era una squib y era muy unida con mamá. Aún cuando ella estaba en el colegio muggle y mamá en Hogwarts siempre se escribieron y compartían mucho, tanto en las vacaciones navideñas como en las de fin de curso.

»Fue tía Dayana quien nos inscribió en el colegio en Chelmsford para nuestros estudios primarios. También nos llevó a Londres para que estudiásemos allí cuando se decidió que Robin y yo no iríamos a Hogwarts, pues yo me negué en rotundo a ir si Robin y Johan, mis dos hermanitos por cariño aunque no lo fuesen por sangre, no podían hacerlo. Fue abuela quien convenció a mamá que era lo mejor, que los tres permaneciésemos unidos como ella lo era con tía Johana y tía Danielle, pues el lazo de cariño entre ellas tres era más fuerte que el que tenía con su propia hermana por sangre, tía Dayana.

»Abuelo nos había enseñado desde pequeños a Robin y a mí el controlar la magia involuntaria y continuó siendo nuestro tutor, usando los dos los libros de colegio de mamá, que los había guardado con cariño. Abuela mientras tanto le enseñaba a Johan sobre herbología muggle y lo llevaba a Londres con la finalidad que el anciano chino, para el que trabajaba tía Johana, le enseñase sobre pociones y ungüentos preparados por él.

»Pocos días antes de cumplir quince años murió abuelo en Londres de un ataque al corazón. Mamá y las tías nos enseñaron entonces a Robin y a mí lo poco que nos faltaba para alcanzar el mismo nivel de educación mágica que ellas lograron antes de no poder continuar sus estudios en Hogwarts. Pero tenían quince años sin usar prácticamente sus varitas, pues tía Johana y tía Danielle se habían alejado de la magia desde que sus familias las repudiaron, recrudeciéndose su malestar con el mundo mágico cuando sus padres enviaron las cartas para que no enviasen a "los frutos de sus vergüenzas" al colegio mágico.

»Los abuelos de Johan nunca supieron que él era un squib y que por lo tanto tampoco podría ir aún sin su oposición. Lo sabemos Johan, Robin y yo con certeza porque escuchamos a hurtadillas a nuestras madres hablando con los abuelos luego de leer mis tías en voz alta las cartas que recibieron de sus padres. Los abuelos les habían pedido que se las leyesen, luego de verlas llorar de rabia, para ayudarlas a pasar el mal trago y con las decisiones que tenían que tomar. Los cinco creían que nosotros tres dormíamos.

»Johan y Robin desde ese día no quisieron saber más nunca de sus familias maternas y, luego de oír que tía Danielle y tía Johana afirmaban que eran hijas por afecto de Marie y Joseph Dyson a petición de ellos, me aseguraron que ellos eran sus únicos abuelos y mis hermanos. Recuerdo haberles dicho que seríamos primos y ellos se negaron en rotundo, tuvimos una pequeña disputa sobre eso hasta que yo cedí y nos quedamos dormidos en mi cuarto.

»El día del ataque de los Mortífagos ellas cuatro hicieron tanto como pudieron para ponernos a salvo a nosotros dos, que cubríamos a Johan. Murieron apenas unos minutos antes que llegase la policía y me alcanzasen con una maldición en la columna vertebral. Mientras los Mortífagos eran combatidos por los aurores y sacados de la casa, Robin intentó un hechizo para detener el sangrado en mí. Pero estaba muy lastimado y no pudo usar bien su varita, además de ser demasiado limitado su conocimiento de medimagia.

»Maldiciendo convocó todas las varitas y las ocultó bajo una tabla suelta del piso, mientras Johan me atendía con lo que ya sabía de sus estudios de medicina. Iba a mitad de carrera, al igual que Robin y yo. Entre los dos detuvieron la hemorragia y me ayudaron mientras llegó la ambulancia. Perdí el conocimiento mientras era trasladada y no recuerdo mucho de esos días.

»Cuando volvimos a la casa Robin sacó las varitas del escondite. Destruimos las de nuestras mamás y los abuelos, pero Johan nos convenció a Robin y a mí de conservar las que nos pertenecían porque al menos pudimos salvar nuestras vidas y la de él. Yo me dediqué desde entonces a la electrónica y la informática, mientras ellos avanzaban en sus estudios, profundizando en bioquímica clínica ya que no continuaría mis estudios en medicina y ésa área me gustaba. Usé los núcleos de las varitas de nuestras mamás para hacer los teléfonos que nos permitirían comunicarnos en cualquier circunstancia. Con los núcleos de las varitas de los abuelos hicimos algo especial en la casa que luego te mostraré.

»Robin me buscó en el callejón Diagon libros sobre magia y Johan en Londres libros sobre electrónica. Convirtieron con ayuda de Daryll, Michael, Anthony y Harrison la casa en una fortaleza, donde podía quedarme sola con relativa seguridad, encargándose mis cachorritos que nadie se me acerque. Hubieras visto las expresiones de Los Halcones el día que decidieron probar las medidas de seguridad, luego de unirse el grupo — le contó con una sonrisa, que rápidamente se convirtió en una carcajada ante el recuerdo—. Pudieron burlarlo todo menos mi "zoológico personal".

—No sé tus demás mascotas, pero Roaring y Blacky son de respetar. —comentó Harry con una suave sonrisa, intentando ocultar sin éxito su preocupación. Había estado muy atento a su relato y ahora estaba aún más preocupado que antes.

—Mamá nunca creyó las mentiras de El Profeta cuando el profesor Dumbledore y tú declararon que Voldemort había regresado —recomenzó Anya luego de notar en sus esmeraldas lo que intentaba ocultarle—. Tanto ella como tía Johana y tía Danielle aseguraban que un hijo de Lily Evans no mentiría, también que el director era excéntrico pero un mago muy capaz. Así que las tres nos enseñaron a Robin y a mí principalmente Defensa Contra Las Artes Oscuras.

»No estamos tan preparados como ustedes, pero creo que practicando un poco podemos al menos defendernos a nosotros mismos y a Johan mientras huimos del lugar hacia sitio seguro. Además ellos dos se han preparado bien en defensa personal, siendo casi tan buenos como Daryll.

»Ninguno de los tres usará por voluntad propia lo que ha aprendido para defenderse, pero en caso de emergencia lo haremos —aseguró con firmeza. Notó que los ojos de su hermano seguían mirándola con preocupación y suspiró—. ¿Estarás más tranquilo si practicamos con ustedes en el claro del que les hablé? —le preguntó—. De acuerdo, yo los convenceré. —afirmó luego de verlo asentir.

—Sólo si ustedes dos nos permiten llevarlos a sus cuartos y aplicarles los sedantes suaves sin protestar ni un poco. —dijo con tono firme Robin, sobresaltando a Anya.

Harry había sentido acercarse la magia de él y el rastro mágico muy débil en Johan, pero no hizo nada que los delatase porque comprendía que estaban preocupados por ella.

—No se vale escuchar conversaciones privadas para chantajear. —los intentó regañar Anya, con una mano sobre su pecho para intentar tranquilizar su pulso desbocado.

—¿Aceptan o no? —preguntó Johan sin inmutarse.

—Necesitas descansar bien para que te recuperes un poco o se te podría presentar una alteración. —se adelantó Jonathan a la protesta que veía asomarse al rostro de Harry.

—Hagamos como dicen, por favor. —le pidió Anya a su hermano, preocupada por él. Le sacudió el revuelto cabello en un gesto cariñoso al ver que la miraba con los ojos entrecerrados, sonriendo muy contenta al verlo asentir.

—De acuerdo, es un trato. —afirmó Harry, permitiendo que Johan lo ayudase a incorporarse mientras Robin y Jonathan levantaban a Anya del piso a la silla de ruedas.

Ginny, Nymph, Remus y Sirius intercambiaron rápida y disimuladamente miradas preocupadas cuando, antes de la hora del desayuno, entraron al cuarto Hermione de la mano de Ron y Harry abrazando por la cintura a Katherine. Ron y Remus ayudaron a trasladar a Sirius a la silla de ruedas que Daryll les facilitó para que lo llevasen hasta el comedor. Era una que tenía allí para Anya en caso de sufrir algún desperfecto la de ella, según les explicó Harry que le había dicho el detective moreno cuando se la dio.

Katherine mientras tanto inició una conversación sobre libros muggles con Hermione, quien en un primer momento estaba un poco tensa pero poco a poco le fue respondiendo con serenidad. La castaña descubrió asombrada que tenía gustos muy similares a los de la morena, embarcándose las dos en el análisis de los libros de la autora Agatha Christie. Ron les iba preguntando camino a la cocina comedor lo que no entendía de la conversación, respondiéndole primordialmente la de ojos azules mientras los castaños se veían fastidiados y los esmeraldas eran de nuevo piedras frías.

Maggie, Laurence, Kathleen y Jerry habían llegado temprano para acompañarlos a desayunar. El último notó lo que ocurría, también la preocupación en la menuda pelirroja y el intercambio disimulado de miradas entre la mujer de pelo color chicle y los dos hombres que se habían enterado el día antes eran padres de sus amigos. Suspiró. "Entonces lo que ya había notado la noche que conocimos a los amigos de Harry no fue producto de mi imaginación. ¿Es que las cosas no son lo suficientemente complicadas sin que los cuatro estén así?", se preguntó mientras intentaba comer sin dejar traslucir su inquietud.

—Disculpen que los interrumpa —dijo Johan cuando la mayoría estaba terminando de comer—. Nuestra casa es más segura que la del primo y todos Los Halcones deben reintegrarse hoy a sus vidas normales para no despertar sospechas, pues generalmente no se aislan más allá de dos días para investigar casos especiales. Así que les hemos planteado el llevarlos allí. ¿Están de acuerdo? —planteó mirando directamente a Harry.

—Sí —aceptó él de inmediato—. ¿Cómo nos movilizaremos?

—Sirius, Hermione, Ginevra y tú irían en la camioneta en que los traj… —empezó a responderle.

—Perdona, pero Hermione, Harry y yo estamos bien ya y ahí atrás no tendríamos ninguna visibilidad del camino ni posibilidad de actuar nosotros si se nos acercan compañías no deseadas. —lo interrumpió la menuda pelirroja, pues había notado cuando el médico les había evaluado visualmente los vendajes mientras comían, antes de interrumpir la charla de su amiga y la morena.

Anya sonrió al oírla, pues ésa si era la fierecilla de la que les había hablado Luna. Sin embargo su sonrisa se desvaneció al oír a su otro hermano.

—Irán en la camioneta tipo ambulancia Sirius, Hermione, Harry, Anya y tú con Maggie y conmigo. Los demás irán en las camionetas de Jerry, Daryll y la nuestra con Johan. —dijo con firmeza Robin.

—¿Y por qué yo tengo que ir en la ambulancia? —protestó Hermione antes que pudiese hacerlo su mejor amigo o la joven mujer que estaba en silla de ruedas.

—Porque quiero aprovechar el viaje para hacerte unos exámenes si me lo permites —le respondió el médico castaño de ojos miel con tono tranquilo pero firme—. Por lo que sabemos tú también fuiste afectada por la primera liberación de magia de Harry, además que te noto un poco falta de peso y bastante pálida en el rápido examen visual que te he hecho.

—Por favor Hermione. —le pidieron a coro Harry y Ron, sintiéndose un poco incómodo el primero al notar que lo miraba primero a él que a su mejor amigo.

—De acuerdo. —aceptó con tono molesto.

—Quiero que me ayudes con el análisis inmediato de las muestras de sangre y tejidos. —se adelantó Robin a la protesta de su hermanita.

—No vivimos tan lejos, hermanito. —protestó Anya con los ojos entrecerrados.

—Sin embargo si lo hacen todo durante el viaje ellos podrán llegar a tiempo a Londres para sus ocupaciones. —intervino Harry con tono suave, mirándola con cariño. No podía evitar que sus barreras se desvaneciesen con ella, menos estando presentes las dos mujeres por quienes tenía una férrea batalla su corazón con su mente en ese momento.

—Ni se te ocurra pretender ponerte en plan de hermano sobreprotector igual que estos tres porque no lo necesito. —le gruñó Anya señalando a Johan, Robin y Daryll.

—Harry sólo ha señalado que es conveniente hacerlo así para que Los Halcones podamos cumplir con nuestras rutinas normales y no despertar sospechas, como quedamos en la reunión. —replicó Katherine.

Hermione y Ron los miraban sin comprender, suspirando Ginny al notarlo.

—Perfecto. Pero si no respetan mi independencia se arrepentirán —los amenazó Anya—. Si me disculpan me retiro a buscar mis cosas. —agregó antes de girar su silla de ruedas y movilizarse hacia la barra que separaba la cocina del comedor, dejando allí sus platos vacíos para luego salir de allí.

—Tan malgeniada como recuerdo a la mamá. —comentó Sirius cuando creyó que ya había salido, pues estaba de espaldas a la puerta.

—Pues cuéntale como era ella a tu ahijado para que no se le ocurra intentar meter las narices en mi independencia. —gruñó Anya antes de salir.

—Sólo Lily, James, Remus y yo éramos más rápidos que Madeleine con la varita cuando la Ravenclaw se enojaba —les contó Sirius luego que su novia le hiciese señas que ya había dejado el comedor—. No era frecuente, pero cuando ocurría casi todos le huían pues desarmaba e inmovilizaba al oponente con una velocidad de relámpago para luego lanzarles fuertes hechizos confundidores. El día que Lily le quitó puntos a las águilas en sexto año, creyendo que Johana y Danielle eran quienes habían intentado una broma fallida, James pasó el día en las cocinas creyendo que estaba en casa de sus padres de vacaciones, pues se interpuso en el camino de Madeleine mientras intentaba explicarle lo ocurrido a Lily.

Johan y Robin habían estado tamborileando los dedos en la mesa mientras él contaba aquello, lo cual ya los estaba desesperando a todos.

—Se va a enojar más si vas. —le advirtió Daryll a Johan al verlo levantarse.

—Lo sé, pero el equipo que trajo para evaluar a Ginevra es pesado y no puedo permitir que se lastime por su mal carácter. —replicó él saliendo de allí.

—Este par algún día me van a destrozar los nervios. —protestó Robin saliendo tras él.

—Intentaré hacer control de daños mientras les cuentan a ellos dos lo que no saben y se organizan para la salida. —les dijo Daryll a los otros señalando con una cabezadita a Hermione y Ron, saliendo con rapidez.

—Si quieres ganártela mejor es que esperes unos minutos. —retuvo Katherine a su novio.

—¿Alguien puede darnos la explicación que dijo el señor Conrad? —planteó Ron exasperado al ver que nadie hablaba, todos atentos a los sonidos provenientes del pasillo.

—El cuarto en que se queda Anya es cercano al que ha estado usando Sirius. Vamos, les contaremos mientras lo preparan a él para el viaje. —propuso Jerry, asintiendo todos en seguida.

Al llegar al pasillo escucharon los gritos de Anya y Johan discutiendo por el traslado del pesado maletín, así como las voces de Robin y Daryll intentando calmarlos.

—Ella no puede ponerse así porque no la dejen hacer algo que no debe hacer. —comentó Hermione.

—Si Johan hubiese esperado un poco ella le hubiese terminado pidiendo ayuda a Jerry, Jonathan o Laurence con el equipo, para no lastimarse pero no dar el brazo a torcer con sus tres guardianes. —les aseguró Kathleen a quienes no la conocían.

—¿Y por qué no esperó él entonces? A ella no le hace bien ponerse como está. —planteó Ginny.

—Porque es demasiado impulsivo y siempre se ha sentido culpable de que Anya haya quedado inválida, sólo que hasta ayer no comprendíamos el motivo de eso. —le respondió Jerry mientras los dos paramédicos y los dos médicos entraban con Sirius al cuarto, siguiéndolos ante la señal silenciosa de Laurence.

Harry, al ver las expresiones interrogantes de sus dos mejores amigos, suspiró y empezó a contar todo lo que sabía sobre los tres que se habían criado como hermanos y como tales se trataban, pero que no lo eran por sangre. Katherine, Kathleen, Nataly, Maggie, Jerry, Jonathan y Laurence se enteraron así de lo que ellos no sabían, lo ocurrido cuando murieron las madres y la abuela, quedando además la chica inválida.

—Jerry, podrías hacerme un favor —escucharon que lo llamaba Anya, saliendo rápido el detective pelirrojo de ojos azules a su encuentro—. Necesito que me ayudes a llegar a la camioneta porque esta cosa se ha averiado. —le explicó señalándole el control eléctrico de la silla de ruedas.

—Sólo si a cambio le das una miradita a un juguetito con el que me conseguí hace unos días en un caso —le dijo él con tono jovial, sonriendo al verla asentir. Al pasar a su lado quitó con el pie el freno que tenía activado la silla, pues lo vio de reojo y comprendió que la chica con su enojo no se había dado cuenta—. Verás, es una bomba de tecnología… —empezó a explicarle rápidamente mientras empujaba la silla lejos del cuarto para distraerla, con Kathleen siguiéndolos de cerca.

—Debiste esperar. —le susurraron a coro Robin y Daryll a Johan al verlos alejarse por el pasillo.

—Lo sé, lo siento. Es sólo que me desespera. —replicó el aludido cabizbajo.

—Si Anya tiene la posibilidad hoy en día de recuperar la sensibilidad en sus piernas es gracias a lo que hiciste ese día por ella, Johan. —le dijo Ginny en tono dulce, palmeándole en el brazo izquierdo con suavidad.

—Gracias por querer hacerme sentir mejor, pero…

—Yo sólo te estoy diciendo la verdad luego de lo que ella me contó mientras la examinaba, pero si eres tan testarudo para no querer verlo es cosa tuya. —lo interrumpió ella con tono molesto, girándose y entrando de nuevo al cuarto en que su prometido estaba.

—Ésa sí es la fierecilla de la que nos contaba Luna —comentó con una sonrisa Robin—. Vamos hermano, antes que tu futura madrastra te convierta en sapo por imprudente.

Hermione, Ron y Harry los miraron sorprendidos por el comentario, conteniendo con dificultad la risa al ver que Johan miraba preocupado hacia el lugar por el que había desaparecido Ginny y asentía.

Katherine y Daryll los habían mirado sorprendidos, tanto por el "tu futura madrastra" como porque entendieron que era cierto que lo podía convertir en sapo.

Minutos más tarde Jonathan y Jerry subieron a Anya a la parte posterior de la camioneta, especialmente acondicionada como ambulancia y equipo de combate. Todos notaron que la chica ya no estaba molesta y se tranquilizaron.

—Por favor dime los síntomas de tu problema de salud. —le pidió Robin a Hermione al notar que miraba nerviosa la aguja que preparaba Maggie, apenas la camioneta empezó a moverse.

—Como ya notaste estoy cada vez más pálida sin importar lo que coma —empezó ella a enumerarle mientras él le analizaba el interior de sus párpados inferiores con cuidado—. He tenido frecuentes dolores de cabeza, palpitaciones, calambres esporádicos en brazos y piernas sin explicación. —Hermione no pudo evitar tensarse cuando la trigueña con uniforme de paramédico le colocó la liga elástica para hacerle el torniquete.

—Tranquila, soy especialista con venas difíciles y dicen que tengo la mano suave. Será como un piquetito de abeja —le dijo Maggie con tono dulce, acariciándole la cabeza—. ¿Prefieres ver mientras lo hago o mirar hacia otro lado?

—Prefiero mirar. —le respondió la castaña con toda la seguridad que pudo, reuniendo su valor Gryffindor para hacerle frente al procedimiento.

—Tranquila Hermione, te puedo asegurar que ni siquiera lo sentirás si lo hacen Maggie o Robin. —le aseguró Sirius desde la camilla, que no se hubiese esperado que la valiente castaña de pelo enmarañado le tuviese miedo a un procedimiento muggle.

—Padrino tiene razón, tranquila. —afirmó de inmediato Harry.

La aludida asintió, intentando mostrar una tranquilidad que no sentía. Contuvo la respiración cuando la aguja tocó el pliegue a nivel del codo de su brazo derecho, soltando el aire al sólo sentir una leve molestia cuando penetró directo y suave a la vena. Observó con curiosidad como el líquido que fluía era de un color rojo desvaído y menos grueso de lo que recordaba había sido en su lejana infancia, cuando por última vez le extrajeron la sangre.

Frunció el ceño al pensar que cuando estuvieron en guerra de sus heridas manaba algo denso y de un rojo muy intenso, pero desde que terminó era cada vez más parecido a lo que ahora veía en las pocas veces que Harry no pudo evitar que la hiriesen. ¿Tendría algo que ver?

—Listo. ¿Cómo te sientes? —le preguntó Maggie luego de extraer la aguja, presionándole el lugar con una pequeña mota de algodón empapada en alcohol y haciéndole flexionar el brazo.

—No me ha dolido prácticamente nada, gracias. Tenía un mal recuerdo de mi infancia, cuando una enfermera me pinchó varias veces antes de lograr extraerme una muestra de sangre. —le contó con una sonrisa, cerrando los ojos al sentirse mareada.

Maggie y Robin se miraron preocupados mientras el segundo se apresuraba a sostenerla. La primera le colocó otra mota de algodón con alcohol debajo de la nariz y le entregó la muestra a Anya. Al ver que no parecía recuperarse sacó del pequeño compartimiento refrigerado un pequeño envase con jugo de naranja y una pajilla, de los que vendían para los niños en edad escolar y ellos manejaban allí para ayudar en casos similares.

—Bebe, te ayudará —le aconsejó Robin a Hermione, colocándole la pajilla entre los labios. Le sostuvo el envase los primeros minutos, sonriendo cuando ella abrió sus ojos y movilizó su mano izquierda para sujetarlo—. ¿Mejor? —le preguntó al ver que terminaba de beberlo.

—Sí, gracias. —le sonrió agradecida.

Harry soltó el aire que había estado reteniendo al oírla y verla mejor. Hubiese deseado ser él quien la sostuviese y ayudase, pero no había sentido celos del hijo de Remus pues había notado que la había estado evaluando como profesional todo el tiempo mientras la ayudaba.

—¿Algún otro síntoma además de los que me dijiste ya? —le preguntó Robin luego de soltarla y comprobar que lograba mantenerse sentada sin ayuda, queriendo tanto distraerla como darse una mejor idea de lo que podía tener.

—He empezado a experimentar mareos cuando estoy en la parte superior de las escaleras o en sitios altos, haciéndose cada vez más intensos —le empezó a responder con expresión pensativa—. A veces siento que me falta el aire, aún en campos abiertos —le dijo recordando el exhaustivo interrogatorio de Li Tieguai. Repasó mentalmente lo que ya había dicho y se dio cuenta que sólo le faltaba darle un dato, diciéndolo en seguida—. También me siento cada vez con menos energía para hacer las cosas y se me hace más difícil el asimilar cosas nuevas que estoy estudiando.

—Y eso es lo más preocupante siendo Hermione Granger la bruja más inteligente que ha estudiado en Hogwarts en mucho tiempo, aunque un poco cerrada para las ideas novedosas —comentó Robin con tono distendido, queriendo tranquilizarla, sonriendo al ver que lo miraba interrogante primero y giraba los ojos al oír lo último.

—Luna. —afirmó exasperada la castaña.

—Correcto —confirmó el médico, girándose a mirar interrogante a su hermana. Frunció el ceño al ver su expresión aparentemente concentrada en el analizador sanguíneo computarizado. No le gustaba ni un poco la preocupación que intentaba ocultar en sus ojos color avellana. El aspecto que le había visto a la muestra de sangre extraída y los síntomas descritos por la chica ya lo tenían preocupado—. ¿Cambiamos de puesto, Harry?

—Seguro. —aceptó él de inmediato, tanto porque entendía que el médico quería ver la serie de números e imágenes que él estaba mirando de reojo (deseando entender) como porque estaba ansioso por estar junto a Hermione aunque se repetía a si mismo que sólo en plan de mejor amigo.

—¿Por qué nos detenemos? —preguntó Maggie intrigada unos minutos después.

—Mis mascotas no conocen a nuestros nuevos visitantes —le respondió Anya. Le pasó el computador portátil a su hermano, señalándole algo en la pantalla antes que se abriese la puerta posterior—. Por favor, Johan, ayúdame a bajarme. —le pidió con tono suave a su hermano, que estaba allí con Jerry y Ron, para que comprendiese que ya lo había perdonado. Sonrió al ver su expresión de alegría.

Ginny se extrañó al ver que Robin ni siquiera los miraba, absorto en el computador en el que tecleaba algo con mucha agilidad. Notó que el analizador sanguíneo computarizado se reactivaba y enviaba nuevos datos a la portátil.

—Van a entrar con la puerta posterior abierta para que los guardianes de Anya perciban sus aromas y los relacionen con los amigos que ella les está presentando. —les explicó Jerry mientras arreglaba el dispositivo especial que mantendría la camioneta totalmente abierta por la parte posterior. Luego se desplazó a la camioneta que estaba tras ellos, conduciéndola ahora él pues Johan avanzaría de pie junto a las puertas abiertas.

Harry se sentó en el lugar que había venido ocupando su hermana mientras Ron tomaba su lugar junto a Hermione, intentando distraerse con lo que veía en la pantalla del computador portátil para no pensar en sus dos mejores amigos.

—Hola Falconer —saludó Johan al halcón que pasó a su lado y se posó en la parte inferior de la camilla en que iba Sirius—. Es el vigía del pequeño zoológico de mi hermana, les dirá a los demás lo que… —empezó a explicarles. Se detuvo asombrado al ver que se acercaba a Harry como si lo conociera de tiempo atrás y éste le acariciaba la cabeza con cariño, dejando que se posase en su brazo.

—Creía que se había hecho amigo de mi fénix Fawkes y por eso nos seguía y ayudaba muchas veces cuando estábamos Hermione, Ron y yo de expedición. —le explicó Harry al ver su expresión, pues luego de saludarlo a él se había movilizado hacia sus dos amigos. Al verlo avanzar hacia Sirius y luego hacia Ginny lo observó atentamente, especialmente cuando después de posarse sobre la pierna sana de la menuda pelirroja se desplazó de nuevo hacia su padrino, junto al sitio de la herida seria.

—Estará bien que les adviertas a los otros sobre sus heridas para que se comporten. —le dijo Robin al ave, despegando por primera vez sus ojos del portátil al sentir que quien estaba a su lado se había tensado.

El halcón emitió un leve sonido y salió volando de la camioneta.

—Los felicito. Nunca había visto a Falconer aprobar tan rápido a alguien. Contando con su apoyo será más fácil que los otros bichejos no los hagan pasar un mal rato. —les aseguró Johan con una sonrisa.

Cuando se cerró una reja tras la camioneta que los seguía, Hermione, Harry, Ginny, Ron y Sirius vieron asombrados que se acercaban rápidamente varias criaturas. Harry reconocía algunos de sus años en la escuela muggle, pero a otros no.

La castaña les fue explicando que lo que les pareció un Demiguise enorme sin cola era un gorila; de los cuatro gatos demasiado grandes: dos de ellos anaranjados con rayas negras eran tigres, uno totalmente negro y el otro amarillento con manchas negras en forma de rosetas eran leopardos; las dos criaturas semejantes a centauros pero sin el torso humano sino con una extraña cabeza alargada eran caballos; y las cuatro parecidas a Crups eran perros. Los acompañaban además varios pájaros de diferentes tamaños y colores, fuera de una lechuza castaño rojiza.

—Creo que empiezan a comprender que no exagerábamos cuando les decíamos que Anya tiene un zoológico aquí. —le comentó Johan a su hermano con tono bromista mientras Betelgeuse se posaba en su hombro, aunque sus ojos azules claros lo miraban preocupados.

Robin levantó su mirada hacia sus acompañantes y sonrió, asintiendo. Detuvo su mirada en la castaña que les decía los nombres muggles y luego la bajó de nuevo hacia el monitor.

"Es una suerte que se haya avanzado en esta área lo suficiente para ayudarla, pero me preocupa que el comportamiento de sus glóbulos rojos sea tan errático. Es extraño que en Ginny y en Sirius sus enfermedades sean medianamente estables mientras que en Hermione y en Harry no, a menos que la forma en que se produjeron las cosas ese día esté influenciando. La única forma de estar seguro de eso sería también evaluar a la señora Weasley y hablar con calma con el medimago que los ha estado cuidando hasta ahora", pensó totalmente abstraído nuevamente en lo que veía, por lo que no notó que todos se habían girado a mirarlo con curiosidad y preocupación.

—La yegua de color gris en una Hamdini y el caballo negro es un Manegui, los dos son pura raza árabe —les empezó a decir Johan para distraerlos, pues sabía que Robin esperaría a que estuviesen todos y él muy seguro de los resultados antes de hablar—. La "pequeña" gorila es de montaña al igual que su compañero, sólo que ella es muy amigable y él es más bien reservado. Los dos perros blancos con manchas negras son de raza Terranova, mientras que los otros dos son Collie.

—¿Cómo es que tiene tantos animales? —le preguntó Harry, que quería seguir conociendo cada vez más a su hermana.

—Anya se hizo amiga de Chase cuando estudiábamos en el colegio en Londres. Él es un veterinario a quien le gusta "salvar animalitos" al igual que a ella —le respondió Johan, remarcando las comillas con sus manos—. Los primeros que trajeron fueron los gorilas, que son una especie amenazada de extinción. Abuela consintió siempre mucho a Anya y le permitió traerlos, arrepintiéndose un poco cuando los vio llegar con ellos. Pero mi hermanita supo convencerla de permitirles quedarse. Cuando llegamos mamá, tía Madeleine, tía Danielle, Robin y yo ayudó a Anya a convencer a mamá y tía de dejarlos en la parte posterior de la casa.

—Abuelo tenía poco de haber muerto, así que accedieron para que abuela no se quedase sola aquí —completó Robin que cerró la portátil—. A Johan y a mí nos parecía un poco disparatado lo que decía abuela Marie sobre eso, pero finalmente ellas cinco se impusieron. Lo que no sospechaban quizás es que luego irían llegando otros "animalitos". Para cuando murieron sólo faltaban por llegar los guepardos.

—¿Los qué? —preguntó Ginny, conteniendo la respiración al ver dos manchas mezcla de amarillo y negro aproximarse a una velocidad escalofriante a la camioneta que se estaba deteniendo en ese momento.

—Guepardos, los felinos más rápidos que existen. —le dijo Johan, asintiendo al ver que miraba con los ojos muy abiertos a dos mamíferos muy parecidos a los leopardos, pero más esbeltos, más largos y de cabezas pequeñas y redondeadas.

Seis rugidos felinos, dos relinchos, cuatro fuertes ladridos y un rugido casi humano les dieron la bienvenida al unísono, siendo completados por la algarabía de varios pájaros.

—Bajen para que los presente. —les pidió Anya con una sonrisa radiante, que había aparecido maniobrando su silla de ruedas del costado de la camioneta opuesto al que estaba Johan.

Robin y Johan apenas si pudieron contener la risa al ver que los cinco magos la miraban con expresión de "¿Estás loca?", pues se habían asustado mucho con "el saludo".

Harry tomó aire profundamente y se movió con cuidado. Quería ganarse el cariño de su hermana y sabía lo importante que era el afecto por las mascotas. Se bajó lentamente de la camioneta. No era tanto que le doliese la herida del costado, sino que había visto a Roaring y Blacky destrozar a cinco Mortífagos mientras él lograba sacar a Hermione y a Ron de las mazmorras en que los habían estado torturando, demasiado lastimados los tres.

Recordaba bien que los dos felinos no los atacaron a pesar que evidentemente olían la sangre de sus heridas. Los habían escoltado mientras recogieron sus varitas y salieron del lugar en que los habían dejado sus enemigos para ir a participar en el ataque ocurrido ese día, convocados seguramente por Voldemort.

Su enemigo no los había asesinado de inmediato, tanto por disfrutar destrozándolos como porque quería sacarles información antes de matarlos, lo cual no consiguió. Según le dijo el día de la batalla final hubiesen muerto ese día al ellos regresar del ataque, pues les había gritado a los miembros de la O.D.F, el E.D. y los aurores que ya lo había hecho para desmoralizarlos. Lo hubiese logrado si no hubiese llegado Fawkes con un mensaje de Harry contradiciéndolo.

—Vamos a acercarnos. Deja que te olfateen mientras hablamos. —le indicó Anya, tomándole de la mano derecha.

—El día que conocimos a Roaring y Blacky… Cuando despertamos nos había alguien curado de nuestras heridas, pero no vimos a nadie cerca antes de perder el conocimiento ni tampoco después. —le dijo Harry en voz baja a su hermana mientras los animales los rodeaban.

—Robin se apareció allí con Johan, los curaron a ustedes tres y regresaron con mis pequeños. Si Chase hubiese estado en Londres hubiese curado él a mis amiguitos, pero siendo él un muggle no podíamos traerlo de inmediato, así que hicieron un curso intensivo de veterinaria mientras llegó a la mañana siguiente mi amigo veterinario para ayudarlos. —le contó ella.

»No pudieron hacer más por ustedes, excepto curarlos y dejar rodeándoles a cierta distancia a otros de mis acompañantes habituales, porque yo ya estaba inválida, Johan no podría ayudar y Robin no tenía el dominio suficiente para enfrentar un grupo completo de Mortífagos. Mientras que mis pequeños podían ayudarlos a estar a salvo y distraer esos asesinos mientras llegaba la ayuda que pediste con tu fénix, según me dijo Falconer.

»Te presento a mis amigos: Falconer que es el halcón, Calypso que es esta cachorrita de Terranova, Atlantis que es su pareja, Lassie que es mi amiga de raza Collie, al igual que su pareja Anakin, Tristar que es la tigresa, Dappler que es la joven leopardo, Spotty que es esta linda guepardo y Sandokan su muy orgulloso macho. Muy pronto tendremos cachorritos de ellos por aquí. Zahira y Rajah son mis amigos árabes que espero pronto me alegren con potrillos. Esta cariñosa gorila se llama Dian y su perezoso compañero Stormer está durmiendo atrás de la casa, en el hogar de ambos. A Roaring y a Blacky ya los conoces.

Harry asentía levemente en dirección de cada uno en señal de reconocimiento, viéndose obligado por Anya a tenderle la mano a la gorila, que se la tomó con curiosidad, oliéndola, gruñendo algo de forma baja y suave en seguida.

—Eres muy perceptiva, amiga. —le sonrió Anya.

—¿Le entiendes? —preguntó Harry mirándola de reojo, preguntándole al verla asentir—: ¿Qué dijo?

—Que eres poderoso y amable. —le respondió su hermana con una sonrisa, que se amplió al verlo ruborizarse levemente.

—¿Se imaginan la que armarían juntos Anya y Hagrid? —les planteó Ginny en voz baja a sus acompañantes en la camioneta.

—Pues ella tiene muchas ganas de conocerlo desde que Luna nos habló de él. —respondió Robin en el mismo nivel de voz.

—Yo creo que eso va a ser peligroso. —afirmó Ron.

—Estoy de acuerdo. —confirmó Hermione.

—Bajen ustedes también para que los conozcan de cerca, mientras Jerry, Jonathan y yo bajamos a Sirius. —les planteó Daryll.

Ginny fue la primera en bajar con ayuda de un sonriente Robin, pues no se pensaba alejar de Sirius ni siquiera por temor a esos animales.

Hermione la siguió. "Si no nos atacaron aquél día en que nos ayudaron y no estaba Anya presente no lo harán ahora", se repetía una y otra vez mientras avanzaba hacia la posición de Harry y la hermana.

Ron hizo un esfuerzo enorme para sobreponerse a su instintivo deseo de desaparecerse y las siguió.

Sirius miró a los tres hombres que sacaban la camilla de la camioneta como si fuesen sus verdugos y lo estuviesen llevando al sitio en que lo matarían.

El nerviosismo en Harry, Hermione, Ron, Sirius y Ginny fue muy grande cuando los felinos les olían cerca de sus vendas, tranquilizándose cuando se alejaron de ellos, emitieron gruñidos amistosos y se fueron hacia la parte posterior de la casa, al igual que los caballos. Sin embargo los cinco se tensaron de nuevo cuando Dian se ubicó a un lado de la camilla, emitió una serie de gruñidos en dirección a Anya y tomó una de las agarraderas laterales.

—Vamos al cuarto grande de planta baja. —dijo con naturalidad la hermana de Harry, empezando a impulsar su silla de ruedas.

—Anya, tu amiga, por favor. —le pidió Sirius con tono tembloroso al sentir que la gorila de montaña movía su camilla, siguiéndola.

—Tranquilo Sirius. Ella sólo quiere ayudar a "el macho de la hembra con pelo color de fuego, que es muy pequeña para ayudarlo cuando él está herido". —les tradujo lo que le había dicho la gorila antes.

—Yo puedo cuidar perfectamente de Sirius. —gruñó Ginny en dirección a la peluda hembra que le había dicho así, siguiendo un impulso, tragando saliva al sentir los ojos negros clavados en ella y oír que dirigía una serie de gruñidos en su dirección.

—El equivalente más decente sería: "Manos de sanador humano, carácter de macho, aspecto físico de pequeña cría. Yo lo llevo adentro". —le tradujo Anya, que estaba haciendo un esfuerzo evidente por no reírse.

—Pídele que nos permita a Ginny, Harry y yo ir a los lados de la camilla con ella para que él esté más tranquilo. —le sugirió Katherine a Anya.

Los cinco magos escucharon asombrados a la joven emitir una serie de gruñidos y que la hembra de gorila le respondía con uno corto. La vieron luego asentir en dirección a la detective e impulsar su silla de nuevo un poco, permitiendo sin embargo en seguida que Daryll se ubicase tras ella y la ayudase.

—Dian ha aceptado, vamos. —les dijo Katherine ubicándose tras el animal, cerca de la cabeza del paciente.

Harry le sonrió agradecido y se ubicó al otro lado de la mascota de su hermana, mientras Ginny se ubicaba tras él y Natalie en la cabecera, acariciándole con cariño la cabeza al herido para tranquilizarlo pues Sirius no despegaba sus ojos grises del animal.

Cuando entraron en la habitación amplia y casi totalmente vacía los gruñidos de Dian hacia los otros que iban alrededor de la camilla no necesitaron la traducción de Anya, alejándose los cuatro levemente mientras lo ubicaba frente al televisor grande que había allí. La gorila salió luego de acariciarle la cabeza con cuidado, entregarle el control remoto del televisor y gruñirle algo.

—Dice que si la necesitas sólo tienes que llamarla. —le tradujo Anya mientras le guiñaba un ojo, con expresión evidentemente divertida, conteniendo con dificultad la risa al oír gruñir entre dientes a la menuda pelirroja.

—¿Y esto para qué es? —le preguntó Sirius a la joven en silla de ruedas mirando el pequeño aparato lleno de botones con números y lo que parecían indicaciones.

—Algún recuerdito para que no te olvides de ella. —gruñó Ginny molesta.

Anya ya no pudo aguantar y se soltó a reír a carcajadas. Éstas fueron seguidas de las de los demás a excepción de Sirius, que hizo un esfuerzo para contenerse mientras le tomaba las manos a su "futura novia". Se las llevó a los labios para depositar en el dorso de cada una un beso.

Ginny pasó de estar muy molesta a muy avergonzada. Se perdió segundos después en la mirada plateada del hombre que más amaba, besándolo seguidamente en la boca con pasión sin importarle quiénes los rodeaban.

—Esto es un control remoto para que puedas ver televisión con comodidad —le aclaró Johan a su padre en cuanto los dos se separaron, tomando el pequeño aparato que había dejado sobre la sabana y entregándoselo de nuevo—. Luego que nos vayamos Anya se los explica con calma a Ginevra y a ti.

—Ginny, por favor díganme Ginny. —les pidió la menuda pelirroja a los tres hermanos, que le decían por su nombre seguramente por las cartas de Luna. Sonrió al verlos asentir en aceptación.

—Ahora que estamos más tranquilos en cuanto a la recepción de los amigos de mi hermanita, voy a decirles los resultados de los exámenes de Hermione y plantearles algo —dijo Robin cuando vio que todos lo miraban expectantes—. Hemos detectado que es muy probable que ella tenga Aplasia Medular, que es la desaparición de las células encargadas en la médula ósea de la producción de la sangre —les explicó, suspirando al ver que a excepción de su hermana todos palidecían y abrían mucho los ojos al oírlo—. Si estoy en lo correcto en Hermione es parcial, afectando sólo la producción de glóbulos rojos. Sin embargo la enfermedad en ella está avanzando de forma muy errática, lo cual no ocurre ni con Ginny ni con Sirius pero sí con Harry. Para determinar exactamente lo que le está ocurriendo tendré que hacerle a Hermione una biopsia de médula ósea.

—¿Qué es eso? —preguntó Harry casi sin voz.

—Un estudio sobre el tejido que se encuentra dentro de sus huesos. Generalmente se usa el fémur, el hueso de la pierna, por ser el más largo y grueso del cuerpo humano —respondió con seguridad, explicándoles lo mejor posible. Le acercó rápidamente una silla a la castaña al ver que se tambaleaba—. Te dormiré totalmente, no sentirás nada. —le aseguró.

—¿Cuál es el tratamiento si el diagnóstico es correcto? —preguntó Harry, pues notó que Ron la abrazaba pero aún no lograba asimilar la situación.

—Transfusiones de concentrados de hematíes para corregir la anemia y factores de crecimiento hematopoyético. En un caso muggle normal se buscaría suprimir el agente ocasionante e intentar una autotransfusión para limpiar su sangre, pero en su caso… —Robin no pudo evitar detenerse y apretar los puños al ver a Harry bajar la cabeza—. He comenzado un programa para buscar un donante de médula ósea que sea compatible con ella, pues es poco probable que me equivoque con el diagnóstico.

»Me gustaría que Johan, Jonathan y yo pudiésemos examinar también a la señora Weasley y hablar con el medimago que los ha estado viendo a los cinco hasta ahora. Es posible que logremos así una mejor comprensión de sus casos y ayudarlos de manera más efectiva.

—Li Tieguai y los Charaka Sushruta nos ayudarán con Nataly, Jonathan, Johan, Robin, Maggie y Laurence —le dijo Sirius a Harry, apretándole la mano para que lo mirase. Sabía que se estaba sintiendo mal y también que no era justo—. Ese día no sabías lo que se produciría al salvarnos la vida. Hiciste tu mejor esfuerzo y lo sigues haciendo. No cometas el error que yo cometí al culparme de algo que no había forma que previese o pudiese evitar.

Harry tragó saliva y asintió. Esas palabras lograron sacarle de su estado de abatimiento y sentido de culpa. Sirius para él seguía siendo el padre que Voldemort le arrebató, el mejor apoyo que tenía cuando necesitaba sinceridad y guía.

—Si están de acuerdo podemos hacerle la biopsia a Hermione ahora e ir luego a ver a la señora y los medimagos. —les planteó Robin.

—Creí que tenían que irse a hacer sus cosas. —replicó la castaña nerviosa.

—Por eso no te preocupes, linda, nos arreglaremos. —le respondió él con suavidad.

—Pero la investigación que… —intentó, nerviosa ante el procedimiento que le harían.

—Yo me arreglo con Harrison para eso mientras Anya les ayuda en lo que haga falta y Ron está contigo. —la interrumpió Harry, con tal firmeza en su tono de voz y tal determinación en su mirada que Hermione se limitó a suspirar y asentir.

Media hora más tarde Harrison se quedaba solo buscando los posibles lugares enfriados artificialmente, pues Harry acompañó a Katherine en la biopsia que le hicieron a ella luego de Anya decirle asombrada que era compatible con Hermione. La detective morena de inmediato había pedido que le hiciesen el examen para saber si podría ser su donante si confirmaban el diagnóstico de Robin.

Luego de tomarles las muestras y dejarlas a las dos descansando se unieron de nuevo Anya, Harry y Ron a Harrison, ayudándolo a avanzar con mayor rapidez y efectividad en la investigación.

Ese día a final de tarde se reunían en una habitación de la casa zoo (como le decían bromeando Johan y Robin) los integrantes de Los Dragones y Los Halcones encargados de investigaciones, tácticas, ataques y defensa, mientras los médicos y medimagos que velaban por la salud de los dos grupos se reunían en Grimmauld. Sirius, Hermione y Katherine descansaban en los cuartos en que los habían acomodado, luego que Li Tieguai los examinase después de ser presentado a las mascotas de la propietaria de la casa.

—¿Qué crees que haces? —le preguntó Anya a Sirius desde la puerta del cuarto al ver que se intentaba levantar mientras ella pasaba frente a la habitación.

—Tengo que ir al baño —le respondió él, intentando por tercera vez incorporarse—. Y no voy a usar la cosa ésa que dijo tu hermano. —se adelantó a la réplica que esperaba le diese la joven. Suspiró al no lograr incorporarse, sudando un poco por el esfuerzo.

—De acuerdo —sonrió con picardía Anya luego de pensar durante un par de minutos, viendo el esfuerzo que él estaba haciendo y que ella no podía ayudarlo—. Dian, tu amigo de ojos grises necesita ayuda. —dijo por la ventana del cuarto que daba hacia el jardín posterior.

—¡No! —exclamó Sirius asustado.

Pero la hembra gorila de la montaña atravesó rápidamente la ventana y se acercó a él, gruñendo algo al aterrado hombre.

Anya le explicó a su amiga lo que ocurría, conteniendo la risa cuando vio que Sirius tendía su mano izquierda en busca del orinal que había dejado allí Johan sin despegar los ojos del animal. Pero lo había alejado demasiado de él antes, al sentarse para intentar incorporarse.

Dian lo tomó con cuidado en sus brazos y lo llevó hasta el baño siguiendo las indicaciones de la joven mujer en silla de ruedas, que muy divertida le hacía de traductora desde el cuarto a los gritos, mezcla de miedo y vergüenza de Sirius, y los gruñidos de incomprensión de la hembra gorila.

—Eres… Eres… Te aseguro que te arrepentirás. —amenazó furioso Sirius a Anya luego que Dian lo recostase con cuidado en la cama, le acariciase con cariño la cabeza mientras le sonreía y se marchase por la ventana.

—Tal vez, pero justo ahora me he divertido muchísimo. —logró responderle Anya cuando logró controlar un poco el ataque de risa.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó Remus intrigado, que se había acercado al cuarto de Sirius para averiguar si necesitaba ayuda, escuchando la amenaza de su amigo a la joven y las risas de ésta.

—Nada especial —respondió con aparente tranquilidad Anya, aunque en sus ojos brillaba la picardía—. Sólo que Sirius no quería usar el orinal, necesitaba ir al baño y yo no puedo ayudarlo, así que le pedí a Dian que lo llevase al baño y lo ayudase.

—Por favor amigo, busca a Li Tieguai para que la examine. Está loca y James no nos perdonaría que la dejáramos sin recibir la asistencia en medimagia que necesita. —dijo de inmediato Sirius con falso tono de preocupación, queriendo distraer al ex licántropo.

—Tal vez yo esté loca, pero al menos la cabeza me da para saber que si no me puedo levantar pero si sentar hubiese llegado al baño por mi cuenta con la silla de ruedas. —replicó Anya señalando con una cabezadita la que estaba al lado de la cama del convaleciente. Sonrió con suficiencia al ver que Sirius la miraba con expresión de "Por eso fue que la dejó Robin ahí cuando le dije a Johan que se llevase la cosa esa".

Remus tuvo que fingir tos para ocultar la risa. "La hija de James es de armas tomar por lo que veo".

—Bueno, los dejo solos para que le cuentes con detalle a tu amigo tu reciente experiencia con mi amiga Dian. —se despidió con burla Anya de Sirius, riéndose a carcajadas al oírlo gruñir una protesta.

—Ni se te ocurra preguntar y ayúdame a aprender a subirme a esa cosa. —le gruñó Sirius a Remus, que lucía muy divertido, señalándole con una cabezadita la silla de ruedas.

Cuando Harry llegó al cuarto de su padrino acompañado de la menuda pelirroja, escucharon asombrados la serie de imprecaciones que soltaba Sirius y la risa de Remus, los dos en el baño que había en el cuarto.

—¡Tiene que haber otra maldita manera sin usar esa cosa ni mucho menos que la desquiciada hija de James intente de nuevo algo como lo que hizo! —gritó Sirius exasperado.

—¿Qué hizo Anya? —preguntó Ginny asomándose al baño, riéndose divertida al ver que su novio se ponía como un tomate y se cubría rápidamente.

—Ni se te ocurra contarle. —amenazó Sirius a Remus.

—Le preguntaré entonces a ella porqué la estás tratando de loca. —afirmó Harry dejando ver su cabeza de pie tras la menuda pelirroja.

—No ahijado, espera —gritó Sirius al dejar de verlo—. ¿Por qué a mí? —se quejó con tono lastimero al verlo reaparecer con expresión llena de curiosidad.

Luego que lo acostasen de nuevo en la cama y les hiciese prometer que además de ellos tres nadie sabría lo que les diría, les contó lo ocurrido.

Harry se disculpó con su padrino cuando se le escapó la risa, mientras que Ginny no lograba recuperarse lo suficiente para hablarle, carcajeándose, no pudiendo contener ya la risa Remus al verlos reírse a ellos.

Hicieron falta muchos mimos de Ginny para que se le pasase el mal humor a Sirius. Luego le enseñó un hechizo que usaban en el Hospital San Mungo los pacientes que no podían levantarse solos de la cama, dejándole allí la varita pero pidiéndole que no hiciese magia de no ser necesario hasta que se recuperase un poco más como había indicado Li Tieguai.

Harry mientras tanto salió a buscar a Anya para pedirle que no le contase a nadie lo ocurrido, como le prometió a su padrino que haría para que lo perdonase por reírse de él.

Remus lo acompañó para hablar con la joven en silla de ruedas, pues querían proponerle que él fuese el tutor personal de Robin y ella en cuanto a retomar lo aprendido sobre la magia y avanzar un poco más, haciéndolo cuando él no tenía que dar clase en Hogwarts.

Anya y Robin aceptaron el ofrecimiento, luego que la primera les asegurase a los dos que no le había contado ni le contaría a nadie la "pequeña jugarreta" que le había hecho a Sirius, cuando hablaron a solas Harry, Remus y ella antes que se les uniese Robin.

Ginny, Harry y Remus salieron al pasillo la mañana siguiente, al oír la silla de ruedas, con la excusa de ir a hablar con Robin sobre la salud de Hermione y Katherine luego del procedimiento al que fueron sometidas el día anterior.

—Buenos días Sirius —entró saludando Anya con tono suave al mejor amigo de quien había sido su padre biológico pero nunca supo de su existencia—. Quería disculparme contigo por la pequeña broma de anoche —siguió al ver que la miraba enojado y apretaba la varita que tenía a su lado—. Tal vez debí interrumpir la reunión y pedirle a alguien que te ayudase, pero estoy acostumbrada a que mis amigos me ayuden con lo que no puedo hacer y yo no podía ayudarte a llegar al baño. —le confesó lo que la había motivado mientras bajaba la mirada.

»Los chicos siempre me dicen que debo recordar que los demás no tienen la misma confianza con mis amigos, que los puedo asustar. Pero para mí eso es un poco difícil de entender pues los veo como mis compañeros, ya que casi siempre estoy sola con ellos. Por eso se me hizo graciosa tu reacción con Dian, porque ella te ve como un hermanito menor que cuidar.

—¿Me ve como su hermano menor? —preguntó asombrado Sirius, que ante la sinceridad en los ojos almendras de la chica se le había pasado el enojo con ella.

—Es que eres muy alto y fuerte pero falto de pelo, desde su punto de vista —le explicó Anya volviendo a mirarlo—. Dice que eres un macho fuerte y poderoso, pero enfermo y que necesita cuidados. Creo que te relaciona con el hermano que hirieron en un tiroteo en el zoológico y murió poco después, antes que mi amigo Chase trajese a Dian y a Stormer aquí. También le intriga mucho el color de tus ojos.

—Pues no sé nada de gorilas, pero ayer fue amable conmigo. —reconoció Sirius.

—Fue ella quien me enseñó a desplazarme entre la cama y la silla de ruedas. ¿Me permites que te enseñe yo a ti? —le planteó Anya—. Sé que en un par de semanas estarás de nuevo en pie, pero creo que apreciarás mientras tanto poder movilizarte por tus propios medios, ya que tía Johana nos contó que tenías espíritu rebelde e independiente.

—Tal vez esté equivocado, pero tengo la impresión que tú nos aceptas mejor a Remus y a mí que tus hermanos. ¿Podrías explicarme el motivo? —se atrevió a preguntarle Sirius al verla de buen ánimo y dispuesta a reparar el mal rato de la noche anterior.

Remus fue empujado dentro del cuarto por Ginny y Harry, escoltándolo, pues sabían que él estaba tan intrigado como Sirius por eso, al igual que ellos. Los tres se habían quedado escuchando tras la puerta en previsión que surgiesen problemas, pues conocían lo volátil del carácter del hombre de ojos grises y ya habían visto que el de la chica era de temer cuando se enojaba.

—Mamá no llegó a ilusionarse con papá, pues sabía perfectamente que él amaba a Lily Evans tanto como ella amó a Kingsley Shacklebolt. Sólo que ella nunca fue correspondida y papá sí lo era, por lo que lo ayudó a entender el porqué lo rechazaba la pelirroja de ojos esmeralda —se decidió a contarles luego de dudar un poco—. Tal vez por eso y por ser yo mujer pudo mamá hablar con mayor franqueza y libertad conmigo luego de decirme que James Potter era mi padre, mostrándome fotos de él, de la que llegó a ser su esposa y de mi hermanito.

»Ella no le dijo del embarazo porque no quería que él perdiese su oportunidad de ser feliz con la mujer que amaba. Se contentó mucho cuando supo del nacimiento de Harry, horrorizándose cuando supo que Voldemort había asesinado a los dos y que mi hermanito sobrevivió. Pero ella temía que él seguiría en peligro y posiblemente yo también si alguien se enteraba de mi parentesco con James Potter, así que se empeñó aún más en guardar el secreto sobre la identidad de mi padre. Durante tres años intenté muchas veces convencerla de permitirme acercarme a Harry para decirle quién era y ayudarlo en lo que él necesitase, pero mamá estaba aterrada de pensar que al hacerlo nos pusiese en peligro a todos. —Suspiró.

»Tía Danielle y tía Johana en cambio si llegaron a caer bajo el "hechizo conquistador de los Merodeadores" —retomó el responderle la pregunta—. Sólo que Remus rechazó sutilmente los intentos de tía Danielle y tú le huiste a un intento serio de compromiso de tía Johana. Al menos ellas lo vieron así y de esa forma se los contaron a Robin y Johan —aclaró al ver a Sirius y a Remus denegar—. El día que murieron las tres nos pidieron en sus agonías dos cosas: que les perdonásemos a ellas el habernos mantenido lejos de ustedes y que los buscásemos.

»Pero mis tías no les infundieron nunca a los dos ni cariño ni rechazo por sus padres hasta que cumplieron los diecisiete años, sino que eran simplemente dos jóvenes que apenas habían cumplido la mayoría de edad cuando fueron concebidos y que no supieron de ellos. El problema fue que al darles mis tías su versión de lo ocurrido, cuando ellos cumplieron diecisiete años, se generó en mis hermanos sobre ustedes la visión de dos hombres ególatras que no supieron ver a sus mamás, e irresponsables que vivían de divertirse. Tu encierro en Azkaban y el enterarse que Remus había dado clase en Hogwarts siendo un licántropo no ayudó a mejorar la imagen que tenían de los dos.

Sirius suspiró y denegó, bajando la cabeza. Se sintió mal al oír el punto de vista de su hijo y el del hijo de su amigo, así como los de las mujeres que habían conocido y apreciado en su lejana juventud pero que no comprendieron ni quisieron.

Remus se pasó la mano derecha por su cabello castaño desde la sien hacia atrás. "No va a ser nada fácil ganárselos", pensó abatido. Pero le extrañaba que su rechazo hacia ellos no fuese mayor con lo que estaba oyendo.

—Yo me empeñé en averiguar sobre ustedes tres cuando volví a esta casa luego del ataque, a pesar de mis limitaciones —continuó Anya luego de morderse el labio inferior, decidida a ayudarlos a los cuatro a entenderse mejor—. Ellos me escuchaban cuando volvían en las noches en silencio, intentando comprenderlos luego de leer las cartas de Luna. Ella nos había hablado de un hombre que se esforzaba en ayudar a Harry, a pesar de todos los contratiempos, y era un excelente profesor. También decía que su papá y ella no creían en la culpabilidad de Sirius, pues el que lo hubiesen encarcelado sin pruebas ni juicio daba pie a dudas. Además opinaban que era imposible que Harry quisiese tanto al traidor que había provocado la muerte de sus padres, al punto de arriesgar su seguridad por ir a rescatarlo.

»Johan se deprimió mucho cuando supo que habías caído tras El Velo de la Muerte, aunque intentó disimularlo. Tía Johana, tía Danielle, mamá, Robin y yo también nos entristecimos, pero lo de él era muy fuerte —le dijo a Sirius, tomándole de la mano y mirándolo a los ojos—. Fueron sus peores notas en la facultad, hablaba muy poco y no salía. Cuando nos contó nuestra amiga que te habían rescatado pero que estabas bastante mal de salud, bajo los cuidados de la mejor amiga de ella porque no te podían llevar al hospital mágico, le envió una carta a Luna que no quiso que viésemos Robin y yo.

—Ahora entiendo unas curiosas indicaciones de Luna mientras te cuidaba. —le comentó Ginny pensativa a su novio mientras le acariciaba el cabello.

—El que Harry los quisiese tanto a los dos y mantuviese con ustedes un acercamiento que no tenía con los demás adultos cercanos a él, además de la forma en que ustedes velaban por su seguridad, también les hizo replantearse su forma de pensar sobre ustedes —continuó Anya, soltándole la mano al ver que Ginny la miraba con… "¿Está celosa de mí?". Tuvo que seguir con su relato para no reírse al recordar lo que le había dicho Dian—. Johan y Robin les empezaron a ver poco a poco como dos hombres que vieron truncadas sus vidas siendo muy jóvenes por una primera guerra y estaban involucrados en otra, intentando salvar la vida del hijo de quien fue su mejor amigo.

»Pero no es fácil para ellos siendo hombres el aceptar lo ocurrido entre sus mamás y ustedes, menos aún con la visión que ellas tuvieron de lo ocurrido y les transmitieron a ellos. Robin es novio de Julie Powell y la quiere mucho. Johan es un conquistador incorregible, pero nunca promete que tendrá algo estable con ninguna y toma precauciones para evitar que pueda haber el mínimo riesgo de que un hijo venga al mundo sin que él lo sepa. Además que ninguno de nosotros bebe licor aunque mamá y tía Dayana nos enseñaron a los tres, para que no fuésemos a vernos en problemas por curiosidad o porque nos tendiesen una trampa compañeros del colegio.

—Gracias por contarnos todo esto, Anya. —le dijo con cariño Remus.

—Espero que así se entiendan un poco mejor. Aunque ayudaría que Harry les hablase de ustedes a ellos dos, especialmente al testarudo de Johan —respondió mirando a su hermanito, sonriendo al verlo asentir—. ¿Te enseño a movilizarte de la cama a la silla de ruedas o lo harás usando tu varita ahora que la tienes de nuevo contigo? —le preguntó Anya a Sirius.

—Me sentiré más seguro con mi varita, si me perdonas la sinceridad. —le respondió.

—No hay problema. No sé si sería buena enseñando —le correspondió ella con una sonrisa—. Además que si Dian nos llegaba a ver seguro te quería enseñar ella y eso te hubiese puesto nervioso. —añadió con picardía, pues al retroceder levemente con su silla vio a su amiga asomada a la ventana. Le dirigió una serie de gruñidos que fueron respondidos de inmediato, alejándose la gorila de allí.

—¿Qué le dijiste? No quiero que se enoje conmigo. —le planteó inquieto Sirius.

—Más nos preocupa a nosotras dos que tu hembra pelirroja vea lo que no hay —replicó Anya moviendo su silla hacia la puerta, con una sonrisa traviesa en el rostro—. Lo que le he dicho es que como tú estás bien acompañado yo desayunaré luego de dar un paseo con ella y Stormer.

—¿Un paseo con los gorilas? —preguntó intrigado Harry, después de contener la risa al ver a su amiga sonrojarse.

—Sí, moverme entre los árboles por medio de las lianas me encanta. El sentir el aire contra mi rostro y la velocidad de desplazarme me hace sentirme viva —le contó con los ojos cerrados y una sonrisa radiante—. Algo semejante a lo que creo sientes tú al volar tu escoba. ¿Quieres ver? —le planteó al abrirlos y ver que la miraba de nuevo con preocupación.

—¿Podríamos ir nosotros también? —preguntó Ginny, que deseaba quitarle la mala impresión que le dio antes al mirarla mal, cuando le daba apoyo a su prometido tomándole de la mano.

—Con una condición, ninguno de ustedes usará su varita vea lo que vea. —les advirtió Anya, que recordaba bien el susto que se llevó la primera vez que sus hermanos la descubrieron jugando con sus amigos.

Eso hizo que la preocupación y curiosidad de los cuatro magos se disparase, asintiendo al verla cruzarse de brazos. Casi veinte minutos más tarde se arrepentían de haber aceptado, cuando vieron a "la loca hija de James" pasar rozando el piso con las puntas de sus dedos mientras pasaba del árbol desde el que la arrojó Dian a otro en que la esperaba Stormer, atada de cintura y pies de una liana. Las cuatro varitas le habían estado apuntando todo el tiempo, conteniéndose con dificultad de usarlas sus propietarios.

—¿Qué les ha parecido? —les preguntó Anya con una gran sonrisa luego que Stormer la depositase con cuidado en la silla y se alejase con Dian de nuevo entre los árboles—. Sé de buena fuente que a ustedes dos les gusta mucho volar y que son bastante arriesgados, así que no tienen derecho a mirarme así. —les dijo a Ginny y Harry, ante la falta de respuesta y las expresiones de los cuatro.

—Una escoba es más segura que eso que hiciste. —protestó Remus.

—Insisto en que debe verla un medimago. —agregó agitado Sirius.

—Vale, mejor no les muestro mis juegos con mis otras mascotas. Vamos a desayunar. —gruñó Anya luego de bufar.

—¿Juegos con otras mascotas? —preguntó asustada Ginny, que no quería ni imaginarse de qué podían tratarse.

—Olviden que lo dije. —sacudió su mano la mujer en silla de ruedas mientras se alejaba de ellos.

—Espera Anya —corrió Harry hasta ubicarse frente a ella, colocando sus manos en los reposabrazos de la silla y arrodillándose frente a ella—. Yo sí quiero verlos y también que me permitas llevarte a volar en escoba. Sólo ten paciencia con mis nervios, por favor.

—Se supone que debería ser yo quien cuidase de ti siendo tres años mayor —le dijo ella con suavidad, desordenándole seguidamente el cabello con un gesto cariñoso—. ¿Ya es tarde para insistir en que no te unas al club de "los sobreprotectores", verdad?

—Haré lo posible para contenerme como hacen Daryll y Robin. —le prometió Harry.

—Desayunemos y luego que les muestre donde queda el prado para las prácticas te enseño otros juegos con mis amiguitos. —aceptó Anya luego de suspirar y sonreír.

Estaba ella todavía jugando con los leopardos cuando llegaron los demás miembros de Los Halcones y Los Dragones al prado. Los primeros tuvieron que contener a los segundos de intervenir, asegurándoles que ella estaría bien y que acostumbraba jugar con sus mascotas. Mientras tanto Daryll, Johan y Robin la regañaban, especialmente el último por la expresión de susto con que Hermione estaba, pues Katy y ella los estaban acompañando.

Anya se disculpó, les pidió a sus amiguitos felinos que jugasen en el bosque cercano y permitió que sus hermanos y Ginny la examinasen, protestando porque la regañaron por los pequeños rasguños que tenía. Finalmente ayudó a Harry a poner las protecciones al prado siguiendo sus indicaciones, como propietaria de la casa y los terrenos circundantes por sangre aunque ante los muggles eran igualmente propietarios Johan y Robin, en lo cual ella insistió enfurruñada.

Kingsley le comprobó con paciencia que sólo la casa los reconocía como dueños a ellos dos. Hermione le explicó que esto era debido a que ellos tenían años de haber definido que los terrenos eran propiedad de Anya y su zoológico personal, lo que fue confirmado por los dos sorprendidos médicos.