Resumen: Protección especial en casa de los tres hermanos. Compromiso de cuatro a colaborar con Los Halcones y Los Dragones según sus capacidades y limitaciones. La identidad de "La Sombra". Planteamiento camuflado del encuentro futuro con "El Fénix".

La Sombra y El Fénix

Anya siguió con mucha atención la práctica que hacían Los Halcones y Los Dragones, mientras se preguntaba si sería prudente o no hablar con el Ministro de Magia. Suponía que ya debía haber investigado quiénes eran ella y sus hermanos, por la forma como la miró mientras le demostraba que la magia no reconocía a Johan y Robin como propietarios de los terrenos pero sí de la casa.

Katherine le explicaba a Hermione los movimientos de los detectives, mientras la castaña le correspondía con los de los magos. Las dos estaban sentadas en el borde del prado junto a la hermana de Harry, observándolos, pues debido a la biopsia del día anterior no debían caminar aún. Nymph se había transformado en la detective y tomado su lugar en el trabajo, ayudada por Jerry, para que nadie sospechase en la oficina sobre su ausencia.

Sirius las acompañaba conversando en voz baja con su hijo, que le respondía intrigado sus preguntas sobre sus estudios y el trabajo que hacía en el hospital. Robin observaba atentamente los movimientos de su padre mientras los escuchaba, viendo a la metamórfaga mientras pensaba en el pequeño hermanito que había conocido la noche antes. Luna y Neville los acompañaban tomados de la mano, atentos a lo que estaban haciendo.

—Harry, detengamos la práctica. —le pidió Ron.

—Estoy de acuerdo. —lo apoyó Daryll.

—Alto todos —la detuvo de inmediato el aludido—. Los escucho.

—Tenemos dos horas aquí y lo que hemos estado haciendo desde un principio es demostrarnos lo bueno que somos cada grupo en nuestras áreas. —comenzó Daryll decidido.

—Pero eso sólo debió ser la primera hora y luego empezar a trabajar como equipo, lo que no estamos haciendo. —siguió Ron con seriedad.

—Es apenas lógico que sucediese, puesto que cada grupo ha enfrentado en su propio mundo cosas difíciles y está acostumbrado a defender a los otros de quienes considera son los más peligrosos. —intervino Kingsley con su tono profundo y pausado.

—Pero si "La Sombra" se entera que requiere de ayuda muggle para conseguir usar los pergaminos dudo que busque la ayuda de policías, así que tenemos que aprender a trabajar en equipo con nuestras diferentes habilidades y dificultades, puesto que posiblemente tengamos que enfrentar grupos de ellos combinados, que se unan por engaños y ansias de poder. —comentó Harry preocupado, mirando a las tres mujeres que desde el sitio en que estaban les hacían señas para que se acercasen.

—Tenemos una idea para que la práctica sea realmente efectiva. —comenzó Hermione al verlos acercarse indecisos.

—Pero para eso necesitaremos que nos escuchen sin interrupciones hasta que terminemos de explicarles. —continuó Katherine.

—Y que nos permitan a Johan, Robin y a mí hacerles una demostración. —finalizó Anya.

—Las escuchamos. —afirmó Harry, luego de ver a los dos hermanos y a su padrino asentir con una sonrisa.

—Para que la práctica sea efectiva requieren un enemigo común, que en realidad quiera lastimarlos y combine tanto la forma muggle como la mágica al atacarlos —comenzó Hermione, continuando al verlos asentir—. Sin embargo eso aparentemente no es posible sin que alguno de ustedes salga lastimado, porque aún no saben trabajar como equipo y el traer prisioneros muggles o magos sería un riesgo alto. —un nuevo asentimiento de Harry mientras Ron, Daryll y Kingsley denegaban en señal de ellos no haber considerado siquiera esa posibilidad que planteaba la castaña.

—Pero Anya nos ha dicho cuando lo planteábamos que existe otra posibilidad, usando la protección especial que existe en la casa —continuó Katherine—. Los Halcones sólo conocimos su faceta muggle, pero ella tiene también algo similar en el sentido mágico. —agregó al ver la expresión de comprensión del detective moreno.

—Anya, Johan y yo les mostraremos. Así cumpliremos el trato que hicimos la madrugada que no podías dormir y evitamos que tus amigos se inquieten por la seguridad de la casa. —afirmó Robin, comprendiendo que Ron, Kingsley y Harry seguían sin entender.

—Díganles a los dos grupos que se ubiquen alrededor del prado y que vean lo que vean no intervengan en ningún momento. —completó Johan, levantando seguidamente a Anya del piso para ubicarla en la silla de ruedas.

Harry miró interrogante a su novia, su mejor amiga y su padrino, preocupado. Aceptó luego de verlos asentir a los tres, preguntándose qué se traerían entre manos los tres hermanos. Era evidente que le habían explicado a Hermione, Katherine y Sirius para que estuviesen tranquilos.

Ginny, Li Tieguai, Maggie, Laurence, Nataly y Jonathan habían estado participando en la práctica como equipo médico de campo. Neville estaba allí con su esposa, pues al igual que ella había insistido en unírseles ya aunque no estaban suficientemente recuperados del ataque, como sí lo estaba Li Tieguai.

—Que el equipo médico y Neville se ubiquen aquí, con Hermione, Katherine y Sirius. Los demás rodearemos los terrenos formando pares o tríos de un Halcón y uno o dos Dragones. —les indicó Harry a Daryll y Kingsley, asintiendo los dos de inmediato.

Todos siguieron las instrucciones dadas llenos de mucha curiosidad, la cual se elevó cuando vieron que Johan y Robin se separaban de su hermana hacia el final del terreno, conformando una especie de diamante cuya punta era el lugar en el que estaban ubicados antes mientras ellos practicaban.

—Nuestro objetivo será llegar al punto en que se encuentran Hermione, Katherine y Sirius, protegiendo Johan y yo el desplazamiento de Anya en la medida de nuestras posibilidades. Se comportará él como muggle y yo como mago, mientras que ella fingirá ser una persona herida y asustada que no se defenderá profesionalmente de ninguna de las dos maneras, aunque eso no implica que no intentará defenderse —explicó Robin, sonriendo sin poder evitarlo ante la evidente tensión y preocupación en todos—. No deben intervenir sino sólo observar para que lo que hemos preparado funcione bien. —les recordó con tono firme antes de girarse en dirección a su hermano y asentir.

—Marie y Joseph. —dijo en voz alta Johan, concentrado en lo que quería se produjese.

Los Halcones y Los Dragones vieron asombrados aparecer en el prado que estaban rodeando un grupo con pandilleros, armados con pistolas automáticas, así como también con Mortífagos, con su capas negras, máscaras blancas y varitas, apuntando todos con sus armas en dirección a los tres hermanos. Los detectives sólo habían visto antes hologramas creando confusión dentro de la casa, no algo tan complejo y aparentemente real como lo que estaban viendo ahora, por lo que instintivamente sacaron sus armas al igual que los magos sus varitas.

—¡Harry! ¡Daryll! —exclamó con tono fastidiado Anya.

—Guárdenlas. —ordenaron a coro los dos, haciéndolo ellos también.

—¿Están seguras de esto? —les preguntó en un susurro Sirius a Hermione y a Katherine, mirando preocupado a los atacantes de los tres hermanos que no le parecían tan falsos en ese momento.

—¿Crees que Johan o Robin permitirían que Anya estuviese en un peligro real voluntariamente? —le replicó en un susurro Katherine.

—No. —afirmó Sirius mirando a su hijo, tranquilizándose un poco.

Robin sacó su varita mientras Johan sacaba del bolsillo interno de su chaqueta un par de cilindros de madera dura unidos por una cadena y del de su pantalón sus llaves con un llavero en forma de tubo cilíndrico de madera de veinte centímetros de largo y medio centímetro de diámetro. Anya tenía un llavero similar al de su hermano y una pequeña navaja en los bolsillos delanteros de su falda.

En veinte minutos cruzaron el prado con bastantes dificultades. Robin había usado sólo hechizos de desarme, escudos y para desmayar, así como Johan había usado sólo los tacos unidos por la cadena con movimientos muy rápidos para desviar la trayectoria de algunas balas, esquivando principalmente los dos hermanos los ataques mientras simultáneamente intentaban desviar la atención de Anya, que se desplazaba tan rápido como le era posible mientras al mismo tiempo esquivaba a sus atacantes.

Johan y ella habían usado los llaveros cuando atacantes desarmados habían llegado hasta ellos e intentado inmovilizarlos, así como la pequeña navaja para cortar las ataduras de Robin que un supuesto mortífago le había puesto. Anya se había visto obligada a abandonar su silla de ruedas pocos metros antes de llegar al punto final del trayecto. Se desplazó desde allí rodando, impulsándose con sus brazos.

Una vez que llegaron los tres junto a Hermione, Katherine, Sirius, Ginny, Luna, Li Tieguai, Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence, agotados y con algunas heridas menores, desaparecieron los falsos atacantes. Quienes estaban allí se volcaron de inmediato hacia ellos mientras los demás se acercaban corriendo.

—Acaban de ver… la protección especial… que hicimos con… los núcleos de las… varitas de los abuelos. —les dijo Robin, con su respiración aún muy agitada por el esfuerzo que habían hecho.

—La cual puede ser… activada por un mago… un squib como yo o… un muggle como el… primo Daryll… siempre y cuando… su voz sea reconocida… por el computador… central de la casa. —siguió Johan.

—Lo cual ya… he hecho con… las voces de… ustedes durante… las reuniones y… un sintetizador… especial. —finalizó Anya.

—Callados los tres mientras los examinamos para que se recuperen. —los regañó Laurence, mirando con especial preocupación a la joven que no podía moverse de la cintura hacia abajo.

—O lo obedecen o los hago callar yo. —los amenazó Ginny con su varita al ver que los tres querían protestar.

Los tres hermanos miraron interrogantes a su amiga Luna, suspirando al verla asentir. Se quedaron callados y quietos mientras los atendían.

Daryll se desplazó hasta el lugar en que estaba la silla de ruedas volcada con el ceño fruncido. Vio en la grama cercana un pequeño redondel quemado, denegando. Levantó la silla y la acomodó.

—Ninguno de los tres participará en algo distinto a atender heridos aquí, en Grimmauld o en mi casa, además de buscar información en las computadoras. —afirmó Harry que estaba de pie a su lado, arreglando con su varita el desperfecto en los radios de la rueda derecha.

—Es bueno el sistema para defensa de la casa y ellos tres, como distracción mientras logran sacar a Anya de aquí. También nos servirá a nosotros para practicar —afirmó Daryll mirando hacia el lugar en que estaban sus primos—. Pero te agradezco que me ayudes a sacarles de la cabeza la idea de ayudarnos de otra manera. Nunca he logrado hacerles entender que debían aprender a usar armas de ataque, pues como viste sólo usan las más básicas para defenderse.

—Lo que Johan le ordenó al sistema que hiciese aquí fue lo que él creyó sería lo más peligroso que enfrentarían, pero yo sé que puede ser mucho peor y creo que ya todos los demás se hacen una buena idea del porqué. —le dijo Harry con tono lúgubre.

—Sí. Pero sólo Anya alcanzó a ver algunas imágenes de lo que nos mostraste en el computador portátil, antes que me diese cuenta e impidiese que viese más —le contó Daryll, suspirando al ver a su acompañante cerrar los ojos y apretar los puños—. No vio lo más difícil, Harry. Harrison ya ha bloqueado la información para que ni siquiera ella pueda acceder. Ellos tres no saben a lo que nos enfrentamos y la verdad es que prefiero que siga así. Lo que vivieron los tres hace cuatro años fue más que suficiente considerando que ninguno tiene espíritu de combatiente, ni siquiera Anya.

—No hay tiempo para prepararlos adecuadamente si quisiesen participar, y yo no los quiero a ninguno de los tres involucrados en esto más allá de lo que te he dicho. El problema es cómo hacer para convencerlos de limitarse a ayudarnos de esa manera. —le expresó Harry su preocupación.

—Johan y Robin no son problema, pero Anya… —Daryll suspiró—. Aunque me ha dicho Jonathan que le ha visto un comportamiento particular contigo. Dice que cedió muy fácil a dormir bajo el sedante suave la madrugada que los consiguieron en el jardín a ustedes dos, preocupada por ti.

—Me has dado una idea que mantendrá aquí tanto a Anya como a Sirius, quietos y a salvo al mismo tiempo que ayudándome con algo muy importante. —afirmó al cabo de un par de minutos Harry, sonriendo con picardía mientras sus esmeraldas brillaban.

Daryll enarcó las cejas mirándolo con curiosidad. Se contuvo de preguntar al oír a su prima llamarlo para "ver de cerca el daño que le había ocasionado a su silla favorita", sonriendo al oír la risa de su acompañante. Esperaba que tuviese razón y el hombre de ojos esmeralda consiguiese retenerla en casa, al igual que al hombre que no debía sufrir ni siquiera un mínimo rasguño por su enfermedad. Ya Ginny y Robin habían hablado con detalle con Harry y él sobre prolongar la estadía de Sirius allí tanto como les fuese posible.

Li Tieguai le había prohibido a su paciente de ojos grises el participar en nada en que pudiese salir lastimado de cualquier manera, por lo que se había retirado de ser profesor de D.C.L.A.O. en Hogwarts. Se había estado limitando a llevar sus negocios con ayuda de Terry Boot y buscar ayuda en medicina muggle o mágica para Molly, su ahijado y él mismo, que era de quienes sabía los trastornos que padecían.

Sin embargo estaban claros que ahora sería difícil el evitar que intentase ayudar a las dos personas que más quería en el mundo, pues fue suficiente que supiese en peligro a la mejor amiga de la menuda pelirroja para ir a ayudar. Harry no sabía del problema de salud de su padrino cuando lo involucró en esa operación y Sirius guardó silencio para poder ayudar en el rescate de Luna, contradiciendo la orden del medimago. Era obvio que sería peor cuando se enterase de lo que aún no sabían ni él ni los tres hermanos.

—Harry ya ha reparado con su varita el daño. —le señaló el detective moreno cuando llegó junto a ella.

—Gracias. —replicó Anya con una gran sonrisa en dirección a su hermano.

—Mientras ellos practican con el sistema que nos han mostrado vamos nosotros adentro, que quiero decirles a ustedes cuatro algo que aún no saben y coordinar la forma en que nos ayudarán desde ahora —les ordenó Harry con firmeza a los tres hermanos y su padrino, que lo miraron con curiosidad y asintieron—. El equipo médico vendrá con nosotros, al igual que Hermione y Katherine, que serán los enlaces entre éste y el ofensivo.

»Kingsley, Daryll, que trabajen en parejas. No se los pongan nada fácil, que se vean obligados a trabajar como equipo. Ron, ayúdalos a seleccionar quién debe trabajar con quién según lo que hemos visto hasta ahora en el desenvolvimiento de cada grupo.

Los tres asintieron de inmediato, reuniéndose a hablar mientras Harry se alejaba hacia la casa con sus acompañantes.

—¿Por qué dejaste organizando a tu amigo en lugar de a tu jefe quiénes serán compañeros de prácticas? —le preguntó con curiosidad Katherine, cuya silla de ruedas empujaba su novio.

—Porque es el mejor estratega que haya conocido, incluso mejor que Kingsley. —le respondió Harry con tranquilidad.

—Es malo para entender los sentimientos suyos y los de los demás, pero excelente para analizar ventajas y desventajas de oponentes en una contienda, bien sea en el ajedrez o la vida real. —afirmó Ginny, que caminaba junto a Sirius cuya silla de ruedas empujaba Johan.

Hermione tragó saliva al oírla, Katherine parpadeó varias veces y Harry frunció el ceño mientras mantenía su mente centrada en lo que quería hacer al llegar a la casa.

—Entonces se entenderá bien con Daryll. —afirmó Laurence, que caminaba entre Nataly y Johan con pretendido aire casual, separándolos.

Robin llevaba la silla de Hermione, conteniendo con dificultad una sonrisa desde que vio la expresión de disgusto de la rubia de ojos verdes. No estaba muy seguro de los sentimientos de Nataly, aunque parecía corresponder a su hermano, del cual sí estaba convencido sabía lo que sentía.

"Johan está perdidamente enamorado de ella, lo cual lo tiene muy asustado por lo que le había huido hasta ahora, pero… Puedo estar equivocado, pero me parece que está próximo a darse por vencido y dejarse llevar por su corazón. Si eso llega a ocurrir el detonante habrá sido el ver el amor que se profesan la menuda pelirroja y el padre, el cual le generó mucha confusión inicialmente según pude ver en sus ojos azules claros, yo que lo conozco muy bien. A excepción de Anya creo que los demás aún no se dan cuenta", pensó mirándolo de reojo.

En la "Sala de Investigaciones" de su hermana, llena de computadores y equipo sofisticado de laboratorio, Harry les explicó a Anya, Sirius, Johan y Robin lo que sabían sobre Los Pergaminos de la Muerte y la Puerta Sellada en el Ministerio de Magia.

—¿Qué tanto saben esos malditos de todo esto? —preguntó Sirius agitado.

—Sólo que Ginny y Harry pueden ser usados por ellos para traer a Voldemort de vuelta —le respondió Luna con seguridad—. Quienquiera que sea quien los dirige ahora sabe que al haber los dos interactuado con el horcrux del diario establecieron un vínculo, especialmente Ginny por lo prolongado que fue su posesión por parte de Voldemort.

»En cuanto a Harry lo ocurrido en la última batalla le hace relacionarlo de alguna manera con el poder tras la Puerta Sellada del Ministerio. Pero Parkinson aseguró, cuando me creía inconsciente, que no sabía su líder qué era el vínculo. Sólo asume que siendo Harry tan poderoso es lo único que puede lograr controlar lo que hay allí para regresar a ese asesino.

—Tenemos hasta el 27 de marzo del año 2002 para definir y resolver todo esto. —afirmó Johan serio, apretando levemente con cariño con su mano izquierda la derecha de su hermana, mientras con la derecha apretaba con fuerza la izquierda de su padre.

Ginny se contuvo de sonreír al ver que el hombre que amaba había sido tranquilizado por el gesto de su hijo. Aunque estaba segura no se había dado cuenta cabalmente de lo ocurrido, demasiado preocupado por ella y por Harry. También sospechaba de la expresión del joven que lo estaba haciendo instintivamente, sin pensarlo.

—¿Por qué estás tan seguro que tenemos sólo tres meses? —preguntó intrigado Laurence.

—Porque me gusta estudiar las estrellas y en ese día ocurrirá algo clave en la vida de Harry Potter. —le respondió él con tranquilidad. Soltó la mano de Sirius, palmeándole en seguida el hombro, girándose seguidamente a darle un beso a su hermana en la frente. Se incorporó y tecleó algo en el computador, procediendo en seguida a mostrarles el estudio astrológico en la pantalla.

—No sabía que entendieses de eso. —comentó Robin cuando su hermano finalizó.

—Los muggles sólo tienen un conocimiento superficial de esto. Mamá aprendió de Sirius mucho sobre Astronomía y a ella le gustaba Adivinación, así que profundizó en la Astrología y me enseñó desde muy niño. —explicó Johan con tono sereno.

—La Adivinación es algo muy inexacto. —replicó Hermione.

—Pero vivimos dos profecías cumplidas y nos hemos tropezado con una en rúnico antiguo que aún no logramos interpretar. —opinó Harry, mirando intrigado a quien lo había estudiado astrológicamente.

—¿Una profecía en runas antiguas? —preguntó preocupado Sirius—. No me habías dicho nada, cervatillo.

—Quería interpretarla antes, pues según nos dijo quien nos la mostró no sólo habla de lo que ocurrirá sino que da una guía para resolver la situación. —le confesó Harry.

—Pues yo soy el mejor de mi promoción en Hogwarts en Runas Antiguas, así que me la das ahora mismo para saber qué dice. —le ordenó muy serio, con un tono de paternal regaño que sorprendió a todos.

—Pero… —fingió intentar oponerse con sus esmeraldas fijas en los ojos grises, contento porque su plan empezaba a dar resultados.

—Ahora mismo Harry James Potter Evans. —lo interrumpió Sirius, dirigiéndose a su ahijado como jamás pensó hacerlo.

Hermione aún no se recuperaba de la impresión. Por eso no le pudo decir al hombre de ojos grises que ella también era buena en Runas Antiguas y no había logrado traducir aquellas runas, que el hombre extraño les dijo era una profecía muy antigua.

Harry parpadeó, pues aunque contaba con que su padrino querría ayudarlo su actitud lo había desconcertado un poco. Le tomó un par de segundos asimilar lo que estaba ocurriendo. Sacó su varita, apuntó su sien y trasladó el recuerdo que tenía de las extrañas runas al monitor.

—Son de las más antiguas y casi olvidadas —comentó Sirius luego de observarlas durante un par de minutos con los ojos entrecerrados—. Además no están ordenadas, sino que están aparentemente organizadas bajo algún tipo de codificación. Con mis libros y algo de la paciencia que casi nunca tengo creo que podré sacarla en limpio.

—Si te traen los libros yo te puedo ayudar con la computadora a descifrarla —dijo de inmediato Anya—. Julie nos ayudará con sus conocimientos de criptografía de ser necesario.

—Lo que han dicho de esos cristales se parece a algo que Christine y yo veníamos investigando en nuestros ratos libres —comentó Robin pensativo—. Tal vez les sea de ayuda.

—Tanto el #12 Grimmauld Place como las casas en el Valle de Godric son sitios que ya usamos en la Segunda Guerra como bases de operaciones —empezó a decir Harry con tono sereno, afinando su plan—. No sabemos aún quién es "La Sombra", pero hasta ahora parece informarse con mucha rapidez de mis movimientos en el mundo mágico y no en el muggle. Es por eso que le pediré a Daryll que en su casa ocultemos la información que logremos reunir sobre todo esto, trasladando de nuevo a Sirius y Anya allá mientras me ayudan a investigar y dándole las protecciones adecuadas al lugar.

—No. —saltaron a coro los tres hermanos.

—Entiendo que no quieren que su primo esté en peligro. Tal vez… —empezó a responder Harry a su aparente negativa, conteniéndose con dificultad para no sonreír al ser interrumpido.

—Nos entendiste mal —saltó Johan—. Tanto papá como esa información estarán más seguros aquí que en ningún otro lugar muggle o mágico.

Sirius se giró a mirarlo de inmediato, sin poder ocultar su expresión mezcla de sorpresa y alegría al oírlo. Robin y Anya sonrieron, aunque disimularon rápidamente.

—Aquí podemos también darle a Sirius con mayor rapidez y efectividad la atención médica que necesita —siguió Johan, evitando mirarlo, con el corazón golpeando contra sus costillas sin misericordia. Ahora era totalmente consciente de la forma en que se le había escapado llamarlo por su preocupación—. También es un sitio que no despertará sospechas entre los muggles, ya que Los Halcones acostumbran venir aquí eventualmente. Como Los Dragones pueden aparecer en el prado directamente sin problemas, evitando las protecciones que pusieron hoy que puedan rastrearlos, esta casa es un sitio ideal para que se pueda llevar toda la operación con agilidad y secreto.

—¿Están seguros los cuatro de querer ayudar en la forma en que lo están proponiendo? —preguntó Harry.

—Sí. —respondieron a coro Anya, Johan, Robin y Sirius. El último sospechó de su ahijado al ver un brillo en sus esmeraldas luego que aceptaron, pero estaba demasiado contento por la reacción de su hijo antes para analizar lo que su ahijado había tramado.

—Los Charaka Sushruta trabajarán en conjunto con ustedes lo referente a la salud de nosotros cinco, que nos vimos afectados por el primer despliegue de magia concentrada que hice el día de la batalla final para detener las maldiciones asesinas de Lucius, Bellatrix y Voldemort. Ellos vivirán en Grimmauld y controlarán allí a mamá Molly, pero vendrán aquí para trabajar con ustedes las investigaciones, haciéndose los exámenes muggles y mágicos necesarios aquí por la misma razón de seguridad que les di antes.

—De acuerdo. —aceptaron todos de inmediato.

—Yo debo volver al prado para integrarme a las prácticas y ustedes seis deberían irse ya a descansar. —les indicó Harry a su novia, su mejor amiga, su padrino y los tres hermanos.

—¿Podrías acompañarme al cuarto, Johan? Quisiera hablar contigo unos minutos antes que te acuestes a dormir. —le pidió Sirius.

—Seguro —aceptó el aludido, sin lograr disimular totalmente su intranquilidad. Cuando ya se habían alejado del grupo llevándole él, pues Ginny fue retenida por Luna "para hablar de la salud de su bebe", se atrevió a hablarle nuevamente—. Disculpe si lo incomodé antes con la forma en que me referí a usted.

—No me incomodaste. Todo lo contrario, me diste una gran alegría —le respondió de inmediato Sirius, suspirando al ver que el chico estaba aún más intranquilo—. Entiendo que el decirme "papá" se te escapó sólo porque estás preocupado por mi salud, también que no me ves así aunque a mí me gustaría que algún día eso pudiese ser —le explicó mientras entraban al cuarto—. Pero quiero pedirte que me permitas acercarme a ti para que nos conozcamos mejor y que te abras a la posibilidad de ser mi amigo.

—¿Es por eso que me preguntabas sobre mis estudios y trabajo antes? —le preguntó Johan, sentándose frente a él en la silla que estaba junto a la cama.

—Sí, quiero conocerte. ¿Te incomoda? —le preguntó Sirius, sincero como siempre pero mirándolo con expresión cautelosa.

—No, me siento un poco extraño con todo esto pero no incómodo. —le respondió Johan también con sinceridad.

Durante casi diez minutos permanecieron en silencio, mirándose, analizándose, los dos llenos de curiosidad y también inseguridad. Finalmente Sirius le sonrió con cariño y su hijo le correspondió con franqueza.

—Hora de recostarte en la cama o mi hermano chupa sangre me va a reñir —le dijo Johan, incorporándose para ayudarlo—. No debes hacer esfuerzos —lo regañó cuando vio que intentaba ayudarle a movilizarlo—. El que te recuperes no sólo de esa herida tan seria sino de tu salud depende totalmente de que sigas nuestras instrucciones.

—Detesto el sentirme tan inútil. —protestó Sirius, permitiéndole sin embargo que lo movilizase sin él hacer esfuerzos.

—Sé muy bien como te sientes —le respondió con tono amistoso Johan—. Pero cuando no se puede hacer algo para ayudar de manera efectiva, lo que se hace es no añadir más problemas a los que ya tienen quienes nos quieren.

—Eres un joven muy valioso del que estoy muy orgulloso de ser el padre —le aseguró Sirius con tono firme—. Lamento mucho que hubiese sido tan inmaduro cuando compartí con Johana, por lo que no pude hacerle comprender que aunque no la amaba la quería como amiga. Lily, James, Remus y yo intentamos averiguar el paradero de Madeleine, Danielle y Johana en un par de ocasiones, pero no conseguimos mucho y la guerra nos absorbió, destruyéndonos la vida tan sólo un año después de nacer mi ahijado. Hubiese deseado saber de ti, haber tomado otras decisiones, que tu mamá me aceptase cerca de ustedes y poder verte crecer.

—Durante tres años intenté comprenderte, hasta el día en que la Segunda Guerra nos golpeó de lleno y… —le confesó en voz baja, quedándose sin voz mientras sus ojos azules se oscurecían al recordar lo ocurrido ese día—. Charlaremos todas las noches que no tenga guardia en el hospital un rato, así nos conoceremos mejor.

—Gracias hijo. —le sonrió Sirius con suavidad. Luchaba para que sus párpados no se le cerrasen, agotado por haber estado casi todo el día fuera de la cama.

—Duerme, te hace falta. —le aconsejó Johan con tono bajo y sereno, acariciándole la frente en un gesto de afecto fraternal. Lo vio cerrar los ojos y sonrió. Procedió a tomarle seguidamente el pulso, preocupado porque le había sentido la temperatura un poco alta. Denegó al notar que era débil y rebuscó en la mesita de noche junto a la cama.

Ginny entró cautelosa al cuarto, luego de ver al joven tener el gesto cariñoso con su pareja para después evaluarlo y parecer preocupado. Lo observó en silencio colocarle un suero en el pequeño dispositivo amarillo que le habían dejado en el antebrazo, aplicarle por medio de éste un medicamento y otros dos en la bolsa que gotearía lentamente su contenido hacia el ya dormido paciente.

—¿Cómo está? —le preguntó en un susurro.

—Con una leve recaída por haber estado todo el día en la silla de ruedas, pero no parece ser algo serio —le respondió Johan en voz muy baja para no despertarlo porque estaba seguro que aún no había entrado en un sueño profundo. Procedió en seguida a escanearlo con el equipo de ecografía, sonriendo los dos al no ver ninguna mancha que sugiriese alguna hemorragia interna—. Organizaré las cosas con Anya y Robin mañana en la mañana para que no salga de la cama hasta que no esté más recuperado.

—Gracias Johan. —le sonrió Ginny.

—No me lo agradezcas. Sólo no me conviertas en sapo cuando me deje llevar por mi impulsividad. —le replicó él con no tan fingido temor.

—Prometido. —replicó la menuda pelirroja con una risilla en los labios.

—No quiero ser indiscreto, pero… ¿Estás segura de lo que sientes por él? —le preguntó luego de dudar un poco.

—Totalmente. Lo amo como jamás amé ni amaré a nadie más. —le respondió ella con seguridad.

—Me gusta mucho una chica que tengo años de conocer, pero no sé si lo que siento es lo que tú sientes por él. —le confesó Johan luego de varios minutos de silencio, mirándolos pensativo.

—Durante muchos años creí estar enamorada de Harry Potter, hasta que la vida me separó de él y me acercó a Sirius simultáneamente. Un momento muy difícil me permitió entender lo que mi corazón me decía a gritos —le contó Ginny mientras le acariciaba el rostro al hombre que amaba, sonriendo al ver que aún dormido movía levemente la cabeza para mantener el contacto—. La mujer más inteligente que he conocido está justo ahora actuando de una forma muy extraña, mientras que la de ideas más locas ha escuchado siempre a su corazón y ha luchado por estar junto a quien ama aún en contra de la propia incredulidad inicial de él. Eso me hace creer que se debe escuchar el corazón y no la cabeza cuando queremos comprender qué es lo que realmente sentimos por alguien.

—Gracias Ginny. —le agradeció de corazón Johan luego de unos minutos, mientras asimilaba totalmente lo dicho por ella.

—Ve a descansar, te hace falta —le aconsejó ella con suavidad, sonriendo al verlo asentir y salir—. Se parece muchísimo a ti, cachorrito —le susurró con cariño a su pareja, dándole seguidamente un leve beso en los labios—. Espero que muy pronto nos casemos y tengamos nuestros rebeldes e impulsivos pequeñines.

—Ginny… amor… —murmuró Sirius en sueños.

La menuda pelirroja sonrió y lo besó de nuevo suavemente, separándose de él con una sonrisa enamorada. Se sonrojó un poco al ver en la puerta a un evidentemente incómodo Robin intentando decidir si entraba y los interrumpía o no. Recuperó un poco su tranquilidad y le hizo señas para que entrase.

—Ginny… Harry… No… Debo… evitarlo… —siguió murmurando Sirius, ahora inquieto.

El médico examinó al hombre dormido con atención. Le sacó una muestra de sangre con cuidado, guiñándole un ojo a la pelirroja al ver su expresión de extrañeza porque no se hubiese despertado con el pinchazo. En seguida le señaló con una cabezadita el suero en el que le había puesto su hermano un sedante para asegurarse que descansase.

—Gracias. —le sonrió Ginny al comprender, acomodándose en el sillón para pasar la noche acompañándolo.


—¡No estarás pensando que es verdad lo que ha dicho este inútil y buscar ayuda de uno de ésos! —exclamó Pansy con incredulidad, viendo la expresión analítica con la cual el líder del movimiento mortífago miraba a Zabini.

—Compórtate querida —se escuchó un frío arrastre de palabras—. Aquí estamos sólo Slytherins. Nosotros hacemos lo que sea necesario para conseguir nuestros objetivos y los de Blaise son los mismos nuestros, así como también ve de la misma manera a los asquerosos muggles y sangre sucias.

—Y yo no sugerí buscar ayuda sino utilizar a quienes sean adecuados para nuestros propósitos. —remarcó el hombre alto y de huesos largos mirando con sus ojos rasgados llenos de petulancia a la mujer de aspecto bello pero fiero.

Los rasgos de Pansy Parkinson se habían refinado con los años, pero también se había agudizado su astucia y odio hacia quienes consideraba inferiores.

—Tendremos que contactar a alguien adecuado, que sepa tratar con muggles y no despertar sospechas, poniéndolo bajo la Maldición Imperius si es necesario. —siseó el líder.

—No puede ser nadie cercano a Potter ni del Ministerio de Magia. —apuntó Daphne.

—Eso es obvio, Greengrass. —replicó con acidez Pansy.

—¿Alguna idea brillante, Parkinson? —preguntó con tono similar la rubia.

—¿Y tú tienes algún aporte que no parezca proveniente de los estúpidos de Vincent y Gregory? —devolvió la de pelo negro.

—Ellos murieron por su despliegue de estupidez en la Segunda Guerra, mientras que yo no sólo estoy viva sino que soy la única de los presentes de quien el Ministerio de Magia no tiene un expediente de sospecha de colaboración con Mortífagos. —le recordó con fría calma la rubia.

—Eso no es sólo mérito tuyo, querida —intervino la voz que arrastraba las palabras—. Nuestras madres supieron siempre mantenerse a la altura de las circunstancias. Sólo que tu padre fue lo suficientemente listo para no seguir a un perdedor lleno de ansias de poder, mientras que el mío arrastró a la mía hasta que fue llevada a Azkaban por lanzar una Maldición Asesina al auror que le había arrebatado la vida a su esposo e intentaba hacer lo mismo conmigo.

Los acompañantes de quien había hablado tragaron saliva al ver la fuerza del odio que brillaba en los ojos grises de su líder. Cuando el hombre rubio y de facciones refinadas había logrado sacar a la una vez hermosa mujer de la cárcel mágica ella estaba muy enferma, teniendo que desde entonces permanecer encerrada en la pequeña casa en que ahora vivían, pues perdieron la mansión y gran parte del dinero en la Segunda Guerra.

—No sólo los del Ministerio de Magia tratan con muggles importantes. Algunos empleados de Gringotts también lo hacen y estoy segura que sus contactos serían más adecuados a nuestros fines. —aseveró Daphne acercándose con seguridad a Draco.

Sólo a ella le permitía estar cerca cuando estaba tan enojado, pues gracias a su dinero y cuidados Narcissa se estaba recuperando lentamente de su estadía en Azkaban. También era cierto que la no presencia de dementores sino de gigantes y hadas de las montañas era algo que había ayudado mucho a la mujer en prisión, pero la no atención en medimagia durante los primeros seis meses del año en que estuvo encerrada la había perjudicado mucho.

Todos los presentes sabían que ella no la había solicitado creyendo a su hijo muerto, deseando morir, pidiéndola sólo cuando él fue a visitarla antes de la primera audiencia de ambos. Lo que ninguno de ellos sabía era que había sido el propio Harry Potter quien había usado, por primera vez desde que recuperase el conocimiento, su influencia sobre el recién nombrado Ministro de Magia para que les permitiese a madre e hijo hablar personalmente.

Draco lo sospechaba y había aprendido a respetar a su enemigo, pero aparte de los allí presentes todos los que lo seguían creían que sus objetivos eran matar a Potter y revivir a Voldemort. "Estúpidos ignorantes. Nunca han pensado por si mismos, sólo saben seguir a otro aunque sea hacia su propia destrucción. Pero nosotros llevaremos las cosas al lugar al que realmente pertenecen. ¿Qué pasará cuando nos enfrentemos y sepas la verdad Harry Potter? ¿Qué harás?", pensaba mirando por la ventana hacia donde sólo él y unos pocos sabían que se encontraba el #12 Grimmauld Place.

—¿Tenemos a alguien adecuado allí para el trabajo? —preguntó al sentir que la rubia le apretaba levemente el brazo.

—Eddie Carmichael. —respondió Daphne.

—No sabía que era uno de los rezagados. —dijo con acidez Pansy.

—No es un estúpido mortífago. Es alguien listo que según nuestras conversaciones persigue los mismos intereses de los que estamos aquí, sólo que mantiene un perfil bajo mientras investiga si es adecuado o no hablar con Potter. —explicó con tranquilidad la rubia.

—Hablar con Potter sólo complicaría todo. —afirmó Draco.

—Carmichael no es tan listo si habla cosas tan delicadas contigo, Daphne. —intervino Zabini.

—Si crees que hablamos abiertamente del tema estás escuchando consejos del más allá de Vincent o de Gregory. —replicó Daphne con suficiencia.

—¿Estás segura que no interpretaste mal sus palabras? —le preguntó Draco a la rubia.

—Muy segura. Consiguió información interesante en el banco sobre algo que allí custodian desde la época de su fundación, lo cual le abrió los ojos sobre las posibilidades que nosotros nos hemos planteado. Si no se ha acercado a hablar con Potter es por la gran seguridad que rodea "al héroe", el que su información no sea completa y el que su esposa esté embarazada. Mi prima es una tonta Hufflepuff que no podría defenderse por si sola y él lo sabe. No la arriesgará poniéndose en una cruzada habiendo tantos Mortífagos todavía actuando.

—Es una suerte que hayamos logrado atraer a todos bajo la estupidez que les hemos hecho creer —afirmó Pansy con tono cansado—. Así será más fácil controlarlos y eliminarlos cuando sea el momento adecuado.

—¿Te dieron muchos problemas? —le preguntó Draco girándose a mirarla.

—Tuve que utilizar todo mi ingenio para que interrogasen a Luna "lunática" Longbottom sin causarle un daño serio que la hiciese perder la criatura —se explicó la morena, cuyas ojeras denotaban lo poco que había dormido esa semana—. No pude evitar que matasen a los mayores o hubiesen sospechado. Tampoco que el estúpido Rookwood hiriese gravemente a Sirius Black, luego que lo inhabilitó con la Maldición Cruciatus mientras los Lupin sacaban de allí a la Ravenclaw.

—Si ese idiota mató al padrino de Potter esto será casi imposible de resolver cuando llegue el momento crucial. —afirmó furioso Zabini.

—Dime algo que no sepa. —replicó ella cerrando los ojos y masajeándose la sien derecha.

—Creo que es hora de contactar a Theodore Nott y sincerar posiciones con él. —planteó preocupado Draco.

—Jamás fue parte de tu grupo cuando estábamos en el colegio. —le recordó Blaise.

—Lo cual fue muy listo de su parte visto los estúpidos ideales que seguía entonces bajo la tutela de mi padre. —replicó el rubio.

—Es un solitario por naturaleza, que sin embargo movió sus piezas adecuadamente durante la escuela y la Segunda Guerra. Nunca permitió que su padre lo arrastrase a hacer cosas inadecuadas como si lo permitimos nosotros antes de comprender lo que realmente es el mundo en el que vivimos. —afirmó Daphne.

—¿Comprenderá nuestro punto de vista? —preguntó Blaise preocupado.

—Es un Slytherin. Confío más en él que en el Ravenclaw. —replicó Pansy.

—¿Estás seguro de la decisión que tomaste ayer, Blaise? —le preguntó Draco—. Pansy ya es buscada como mano derecha de "La Sombra" porque aceptó dirigir a ese grupo de ineptos en el primer movimiento para investigar lo que saben Potter y su grupo, pero si diriges el siguiente paso que tenemos planeado dar serás perseguido aún más que ella, pues pensarán que eres el líder.

—No le voy a dejar todo el crédito y la diversión de ver a los Mortífagos cometiendo errores a ella. —afirmó él en seguida.

—Entonces prepara el siguiente golpe y actúa en quince días, como habíamos planeado. Pansy, ve a descansar con la poción para dormir sin soñar. Te necesitaré fresca y lúcida para que coordinemos el siguiente movimiento. Daphne, contacta a Carmichael y prepáralo para una reunión el viernes en la noche. Yo me ocuparé personalmente de Nott. Si alguno de los dos no coopera voluntariamente lo pondré bajo la Maldición Imperius, son los adecuados para lo que necesitamos y no voy a permitir que arruinen todo.

—De acuerdo. —aceptaron sus tres compañeros en la conjura, retirándose luego de allí.

—Tú y yo aprendimos por caminos diferentes, pero muy duros los dos, lo que es la vida realmente —afirmó Draco en voz baja al ver a Harry bajarse de la moto negra y mirar alrededor, enarcando una ceja con curiosidad al notar que detenía su mirada una vez más en su dirección—. A veces creo que sabes que estoy aquí —susurró con sus ojos grises clavados en unas esmeraldas fijas en su dirección—. Algunos ineptos cercanos a Voldemort decían que sabías cuando estaban suficientemente cerca de ti y por eso no podían atraparte.

»¿Es eso cierto? ¿Sabes que estoy observándote? ¿Qué piensas de mí actualmente? —se planteó con curiosidad. Lo vio jugar con algo que tenía en la mano, pero por la distancia no supo de qué se trataba—. Mamá no se cansa de repetirme desde que la saqué de Azkaban que confíe en ti, aunque ella no sabe todo lo que yo ahora sé… ¿Podrás de nuevo salvarnos a todos, Potter? Estoy seguro que morirás intentándolo, pero me gustaría que sobrevivieras. Necesito a alguien listo con quien competir, ¿sabes? —al verlo asentir levemente se congeló.

Pasaron unos minutos luego de verlo "desaparecer" al entrar en la casa oculta bajo el encantamiento Fidelius antes que pudiese reaccionar. No era la primera vez que tenía la sensación que "el cara rajada" sabía que él estaba allí, pero nunca antes había pensado que no sólo sabía que estaba allí sino que posiblemente lo oía.

—Pero si estoy en lo correcto entonces tú sabes… ¡Por Merlín! ¿A qué estás jugando Harry Potter? —preguntó sudando frío.

—A un juego tan o más peligroso que el que tú estás llevando, Draco Malfoy. Ninguno de los dos sabe realmente lo que enfrentará el día que nos veamos nuevamente frente a frente, ni si sobreviviremos al trayecto o en que condiciones llegaremos allí. —susurró Harry con su espalda pegada a la puerta que acababa de cerrar tras él, jugando con una pequeña medalla con una serpiente en el anverso y en el reverso tres letras: R.A.B.

—¿Hablas con alguien, Harry? —le preguntó Arthur acercándosele. No había logrado oír lo que decía, pero le preocupaba que el joven a quien quería como un hijo no sólo no tuviese su acostumbrada máscara de frialdad sino que parecía tenso.

—Con un Slytherin, que a riesgo de su vida y sin que las otras serpientes supiesen lo que hacía, ni tampoco leones, águilas o tejones, abrió un camino para luchar contra Voldemort. —le respondió Harry mostrándole la medalla.

—Régulus Arcturus Black. —respondió el alto pelirrojo mirándolo con aún mayor preocupación, ahora matizada con curiosidad.

—Se requirió de las cuatro casas en esa oportunidad para resolver la situación, cada una actuando según su naturaleza. Espero que eso alcance para resolver esta. —agregó Harry mirando ausentemente a la chimenea.

Le había respondido con una verdad camuflada a su acompañante, pues sentía que si no se permitía pequeñas válvulas de escape explotaría. Era mucho lo que sabía y también lo que sospechaba, pero aún le faltaba mucho por saber y, aunque confiaba en su instinto, también sabía que no debía ni adelantarse ni prejuzgar. Lo tenía muy nervioso que no podía detener totalmente lo que estaba ocurriendo sin generar un daño irreparable e incontenible.

—Lo será. Unidos ya hemos detenido antes a quienes no comprenden la fuerza que hay en trabajar por la paz y la igualdad como uno solo —le dijo con seguridad Arthur—. La única diferencia es que ahora tú permitirás que te ayudemos siempre, aún en los momentos más críticos. —agregó poniendo sus manos sobre los hombros de Harry.

—Tengo una poderosa razón para querer sobrevivir, Arthur, pero todo depende de la forma en que se presenten las cosas el día señalado para terminar con la pesadilla. Porque no voy a permitir que quien amo y a quienes quiero resulten lastimados si puedo evitarlo. —le respondió con sinceridad. Sus esmeraldas estaban clavadas en los ojos azules del hombre que había confiado siempre en él, no reprochándole nunca ni que su hijo menor lo acompañase en sus misiones casi suicidas ni que su única hija hubiese sufrido por su separación antes de unirse a su padrino.

—Pues es un empate, porque quienes te queremos no permitiremos que te lastimen a ti si podemos evitarlo, aún en contra de tu voluntad —afirmó Arthur serio, sonriéndole al verlo entrecerrar los ojos—. Te tengo buenas noticias —le dijo soltándole y palmeándole el hombro derecho con una sonrisa—. Los Charaka Sushruta creen tener una buena perspectiva con el nuevo tratamiento de Molly que han planeado con Li Tieguai y tus amigos. Molly está un poco renuente, ya sabes lo que opina de los tratamientos muggles. Sin embargo la joven rubia de ojos verdes claros y el joven castaños de ojos miel fueron bastante convincentes y ella ha cedido.

—Nataly y Robin —asintió Harry, agradeciéndole el cambio de tema—. Sirius también se siente más tranquilo con ellos y Maggie, aunque confía en todo el grupo que les he presentado e intenta evitar discutir con Johan.

—Ese joven se parece mucho a tu padrino en lo impulsivo y en el físico, cualquiera diría que son familia. Tiene incluso la misma facilidad para exasperar a Molly. —le comentó Arthur con tono distendido mientras avanzaba con él hacia la cocina.

—De hecho Johan es hijo de Sirius. —le respondió Harry.

—¿Qué? —preguntó Arthur con incredulidad, paralizado por lo que había oído.

—De eso se trata la reunión corta que he convocado. Les tengo noticias interesantes a todos en quienes tengo plena confianza, pero no están al tanto todavía de algunas cosas que me he enterado recientemente y que estoy seguro sorprenderán mucho a todos.

—Recuerda respirar, Arthur. —le aconsejó Remus con una sonrisa tranquilizadora, quien acababa de llegar llevando a su pequeño hijo adormilado en un brazo y a su esposa abrazada por la cintura con el otro.

—Pe…pero ese joven… debe tener… No puede ser… Sirius sólo tiene… Y Ginny… Ellos… —intentaba Arthur explicar el barullo mental que la noticia le había producido.

—Cálmate amigo, porque no es la única noticia y tienes que ayudarnos a que Molly asimile lo que les diremos Harry y yo a todos. —le pidió Remus.

Arthur parpadeó y los miró con evidente curiosidad. No había asimilado lo que había dicho Harry aún, pero las palabras del ex licántropo lo hicieron reaccionar. Si había más noticias como ésa y su esposa se iba a enterar él tenía que estar tan tranquilo como le fuese posible para ayudarla a ella.

—Llevaré a John Ted a su camita arriba y los alcanzo. —se disculpó Remus, alejándose de ellos.

—Creo que Robin quería que dieses tú la noticia pensando que serías más sutil y certero que lo que acabo de oír, Harry. —comentó burlona Nymph.

—Estoy abierto a oír tus sugerencias sobre las opciones para darles las noticias. —replicó él girándose a mirarla frontalmente.

—Pues sólo les dices que… No porque Molly… Tal vez… No porque… Pero si… —intentó responderle, desechando cada idea tan pronto se le ocurría, siguiendo así durante varios minutos.

—¿Podrías al menos decir una oración completa? —le pidió Arthur exasperado cuando ya Remus se les acercaba.

—Sólo no le digas a Molly que Ginny está cuidando a Sirius mientras das las explicaciones pertinentes. —le aconsejó Nymph a Harry, dándose por vencida en su intento de ayudarle a buscar una forma de dar las noticias referentes a los tres hermanos.

—¿Y qué tiene de extraño que mi hija esté cuidando de quien será mi yerno en unos días estando él herido? —preguntó Molly desde su silla mágica, ubicada tras ellos.

—¡Ay no! —exclamó la metamórfaga, sobresaltada igual que sus tres acompañantes.

—Estoy esperando. —amenazó Molly cruzando sus brazos al frente.

Había aceptado el noviazgo de su hija con el último de los Black unos días atrás, sólo que no pudieron hablarlo formalmente porque se presentó el ataque a la mansión Longbottom y todo lo que se desató en consecuencia.

—Que ella querría estar en la reunión porque es muy importante —le respondió Harry con suavidad—. Vamos adentro, mamá Molly, tengo que explicarles a todos algo delicado y un poco complicado.

La matrona aceptó mirándolo con una mezcla de cariño y curiosidad, pues nunca lo había visto presentarse a una reunión sin su máscara de frialdad y evidentemente nervioso. Quince minutos más tarde se escapaba de su garganta un grito:

—¡¿Qué?!

—Por favor mamá Molly, permítenos a Remus y a mí terminar de contarles todo para que puedan entender. —le pidió Harry con suavidad.

Una hora más tarde todos los miembros de la O.D.F. y el E.D. (que ahora se habían unido con Gawain Robards, John Stevenson, Lancelot White, Tania y Steve Hart para conformar Los Dragones) estaban sentados en silencio en el comedor de la que alguna vez fue la mansión Black. Sólo faltaba allí Hermione, pues Ron se presentó poco después que Remus.

Kingsley era el único de los miembros de la O.D.F. que no había sido sorprendido por la noticia, pues había investigado personalmente a los tres hermanos apenas llegó a su oficina esa mañana con ayuda de Gawain y John, que estaban casi tan intrigados como él por ellos.

De los jóvenes del E.D. sólo Luna lucía tranquila, con una sonrisa alegre, pues el alto pelirrojo aunque ya sabía lo que se hablaría aún no asimilaba bien todo lo que se habían enterado en las últimas horas, además que le preocupaban su novia y la guapa detective que era novia de su mejor amigo.

Harry y Remus estaban agotados mental y anímicamente pero satisfechos, pues todos habían reaccionado finalmente de manera positiva. Incluso los sorprendió agradablemente Molly Weasley al decirles que la madurez en la reacción de Sirius ante su paternidad recién encontrada le confirmaba que era el hombre adecuado para su hija.

—¿Se imaginan lo que diría Walburga Black si estuviese viva al saber que su único nieto hasta ahora es un squib y que ella transmitía una enfermedad mortal a sus hijos varones? —planteó Nymph con una sonrisa pícara.

—Creo que moriría de nuevo por el disgusto ante lo primero y negaría lo último aunque existiese cualquier cantidad de pruebas. —respondió Harry con tono cansado.

—Ve a descansar, hijo. —le pidió Molly preocupada, sonriendo al verlo asentir. Estaba muy contenta porque hubiese encarado esa reunión sin la frialdad que acostumbraba usar.


—Debo tranquilizarme. Estoy sacando conclusiones apresuradas y eso no es conveniente —se recriminó a si mismo Draco unos minutos después de dejar de ver a quien era su rival desde que se conociesen con once años—. Es posible que él sólo mire hacia acá porque… —Se detuvo al recordar que no sólo lo había visto mirar en dirección a esa casa varias veces, sino también en la que él se ocultó una vez para observarlo un par de meses atrás, mientras combatía un grupo de Mortífagos rezagados—. Tengo que averiguar si es cierto que puedes saber dónde estoy. También si oíste lo que hablaba o si sólo asentiste en mi dirección como una especie de confirmación de saber que estoy aquí.

»Si sólo sabes que hay cerca alguien con capacidad mágica es una cosa, si puedes diferenciar quién es quien se te acerca es otra, pero si incluso puedes oír… No, no es lógico. Si supieses lo que hemos hablado Los Conjurados te hubieses acercado a convencernos de tu forma de pensar o a detenernos. Aunque… No has estado cerca todas las veces que hemos hablado. Tal vez no conoces todos nuestros planes y nos estás evaluando para decidir qué hacer. No sería la primera vez que en algunos aspectos actuases como un Slytherin.

Se quedó con la vista perdida en la moto negra en que lo había visto llegar durante varios minutos, pensativo.

—No es conveniente ni para ti ni para mí que averigüe frontalmente entre quienes te han enfrentado en la guerra qué puedes hacer y qué no, así que creo que "La Sombra" seguirá personalmente a "El Fénix" para averiguar lo necesario.

Unos golpecitos en la puerta lo sacaron de su solitario monólogo.

—Adelante. —dio paso con seguridad, pues sólo una persona además de Los Conjurados tenía acceso a esa casa.

—Hijo, te estamos esperando para cenar. —le dijo Narcissa con tono maternal.

—Voy en seguida madre. —le respondió él con suavidad.

Miró una vez más la moto negra, frunció el ceño y sus ojos grises brillaron por un momento. Luego desplazó la cortina verde oscura para cerrar el acceso visual hacia la calle, desplazándose en seguida hacia la puerta del cuarto. Se detuvo una vez más allí unos segundos.

—Yo protegí esta casa con el encantamiento Fidelius. —susurró mirando la puerta, un poco más pálido de lo normal en él. Sacudió la cabeza levemente y salió de allí.

Harry vio entre el grupo de magos negociantes de alto nivel, invitados por el Ministerio de Magia junto a los representantes de Gringotts para el acto de graduación de los estudiantes de la Academia de Aurores, a Daphne Greengrass y Draco Malfoy. Bajo su máscara de frialdad él los observaba con curiosidad.

Hermione los miró con desconfianza y disgusto. Sin embargo en seguida vieron a Fleur y Bill, sonriéndoles ampliamente los dos.

"Es gracias al apoyo de mi inteligente novia y mis habilidades para los negocios que estoy aquí", pensaba Draco mientras correspondía con la seriedad y respeto que acostumbraba a los amables saludos de varios presentes. "Mi padre casi nos llevó a la ruina y la cárcel a mamá y a mí por seguir a un loco demasiado ansioso por tomar el poder, en lugar de manejar los hilos adecuadamente como debe hacerse. Casi logras destrozarle la vida a mamá, padre, pero he logrado evitarlo y ubicar de nuevo el apellido Malfoy en el lugar que le corresponde. El no haber asesinado a Dumbledore sino que Snape me cubriese a petición de mamá, y que ni ella ni yo matásemos a nadie si no fue en defensa propia nos salvó de Azkaban. Pero si Potter no hubiese declarado a favor mío en mi juicio y Granger en el de mamá, no nos habríamos salvado del destino que nos labraste."

—Es bueno ver que el Ministro comprende que debemos saber quiénes protegerán a quienes trabajamos por los intereses económicos de la comunidad mágica, después que debido a la Segunda Guerra la Academia de Aurores estuvo cerrada casi tres años. —le dijo con porte orgulloso un mago alto a Eddie Carmichael, ubicados al lado de Daphne y Draco, sacando de sus cavilaciones al último.

—También el ver que todos los que se gradúan hoy son jóvenes combatientes experimentados, pues participaron en la guerra para detener a quien no debe ser nombrado y por ello se han podido graduar en un tiempo tan corto y muy bien preparados. —opinó un mago mayor de porte aristocrático.

—Llamando todos ellos a Voldemogt pog su seudónimo y luego pog Tom Giddle cuando se supo después que mugiese quien ega. —agregó con tono levemente molesto Fleur, que aunque ya hablaba bien el inglés no perdía su acento francés.

—Ejemplo que muchos intentamos seguir. —completó Bill mientras masajeaba disimuladamente la espalda de su esposa, que le molestaba bastante por el peso que suponía tener un embarazo de ocho meses de gemelos.

—Muchos aún no lo nombran porque los hábitos no son fáciles de dejar —intervino el anciano duende director del banco—. Además no todos los que lo combatieron decidieron seguir el camino del señor Potter para detener a quienes aún intentan perturbar la paz. Otros se han dedicado a otro tipo de actividades propias de la reconstrucción de la sociedad mágica, como ustedes y tu hermano más joven, Bill.

—La verdad es que me sorprendió que Ron se dedicase al Quidditch en lugar de seguir con Hermione a Harry, como siempre hizo. —comentó Laura Carmichael.

—Ron Weasley no seguía ciegamente a Harry Potter como muchos creyeron en el colegio —la contradijo con suavidad su esposo—. Fue, es y creo que siempre será su mejor amigo, siendo el estratega perfecto que completaba los conocimientos de Hermione Granger para darle el apoyo que necesitaba el valor y poder de Harry Potter.

—Nunca había escuchado una definición tan precisa de los integrantes del trío dorado, Ernie. ¿Crees que Potter hubiese vencido a Voldemort sin la ayuda de Granger y Weasley? —preguntó con suavidad Daphne, controlando el tono de voz al pronunciar el nombre del odiado enemigo para pronunciarlo con bien fingida indiferencia.

—No, estoy seguro que no. También pienso que si menos brujas y magos capaces se hubiesen quedado en casa esperando los resultados del feroz enfrentamiento, se hubiese podido detener a quienes lograron huir ese día y aún no nos permiten vivir en paz. —le respondió el Ravenclaw con tono respetuoso.

—No todos podíamos combatir ese día del lado correcto, pues estaba en juego la vida de personas a quienes queríamos y habían puesto en el lugar equivocado familiares cegados por ansias de poder. —le respondió ella manteniendo el tono suave.

—Es bueno saber que una nueva generación de aurores evitará que situaciones desagradables se presenten a miembros de familias respetables que sólo desean vivir en paz y respeto a los demás. —intervino con su voz profunda Kingsley Shacklebolt, que se había acercado a saludar y escuchó la conversación desde que hablase la joven que había estudiado como miembro de Hufflepuff en Hogwarts y recién se había graduado.

—Eso esperamos, señor Ministro. No creo equivocarme al decir que todos los presentes colaboraremos con nuestro mejor esfuerzo en las áreas en que somos más hábiles para preservar la ansiada paz. —respondió Draco con tono suave.

—Cuento con eso, señor Malfoy, ya que a todos y cada uno de nosotros las dos guerras propiciadas por Voldemort nos perjudicaron mucho. De ser posible me gustaría hablar con usted luego de finalizado el acto. —le planteó el mago moreno con su tono profundo lleno de seguridad y sobriedad.

—Tengo una reunión de negocios, pero la aplazaré gustoso para hablar con usted. —le respondió con aparente tranquilidad el rubio, aunque en realidad le intrigaba muchísimo el que quisiese hablar con él.


—Si las miradas mataran te encerrarían en Azkaban por el asesinato de Draco Malfoy. —le dijo Jefferson divertido a Hermione.

—No entiendo que declarases a favor de la mamá en el juicio si los detestas tanto desde que él te molestaba en el colegio. —planteó Parvati Patil. Se graduaba con ellos ese día formalmente aunque ya tenía seis meses trabajando como inefable, y por lo tanto no había estado involucrada en el entrenamiento dirigido a quienes se enfrentarían a Mortífagos y otros enemigos de la paz mágica.

—Fui convocada por el Wizengamot para decir lo que sabía de lo ocurrido el día de la batalla final y en la ocasión en que fuimos atrapados Harry, Ron y yo por encubrir la huida de algunos civiles. Sólo hice lo correcto, pero eso no significa que me agraden. —le respondió la castaña.

—Según he escuchado, la señora Malfoy sigue bastante delicada de salud luego que Dawlish la atacase ese día por la espalda. —comentó Ernie.

—Es bueno saber que ese cretino se pudrirá en Azkaban después que se descubrieron todas las barbaridades que cometió amparado en su uniforme de auror. —opinó Penny Majors, una Gryffindor del mismo año que Ginny, que se graduaba con ellos debido a lo irregular del entrenamiento de ese grupo.

—¿Qué? —preguntaron a coro Harry, Hermione, Ernie, Parvati y Alicia Spinnet, que eran los miembros del E.D. original que se graduaban ese día con otros ocho compañeros.

—Ustedes deben ser los únicos que no lo saben, porque han estado apoyando a Luna y Neville luego del terrible ataque —les disculpó con tono suave la chica de ojos y pelo negro con piel blanca como porcelana—. El Wizengamot dictaminó sentencia ayer en la tarde: cadena perpetua. —completó la información ante la tensa expectativa de sus cinco oyentes.

—Me has dado la mejor noticia para celebrar el día de hoy. —le sonrió abiertamente Harry.

—Gra…gracias. —tartamudeó Penny, que no lo había visto sonreír de esa manera desde que estaban en el colegio.

Gawain Robards y John Stevenson, que se les acercaban en ese momento para organizarlos y comenzar con el acto, se paralizaron también al verlo sonreír. Ahora sabían el porqué el niño que vivió se había convertido en el guerrero que venció, también todo lo que había vivido y que ocultó bajo su máscara de frialdad hasta sólo unos días antes, pero aún así les impactaba verlo sonreír con sinceridad.

Kingsley, que se había acercado también, les palmeó levemente en los hombros sacándolos de su estado. Se acercó con ellos al grupo para dirigirles unas palabras antes de iniciar el acto formal.

—¿Lo has visto? —preguntó asombrada Laura a Eddie.

—Creía que había perdido la capacidad de sentir y sonreír. —comentó Daphne sin poder contenerse, demasiado asombrada.

Draco salió del estado de shock al verlo recuperar su ya acostumbrada frialdad e indiferencia, uniéndose a los otros para dirigirse al sitio que le correspondía y dar inicio al acto de graduación. Durante toda la ceremonia no despegó sus ojos grises de su objetivo de observación, conteniéndose de sonreír cuando lo vio suspirar con evidente incomodidad. Una de las cosas que había comprendido era que a Potter siempre le había fastidiado ser el centro de atención, luego de haber pensado todo lo contrario mientras estudiaron los primeros seis años en el colegio.

"Durante muchos años te ocultaron muchas cosas, aprendiendo de ese modo con Weasley y Granger el poder que conlleva la información. ¿Qué tanto ocultan tus amigos y tú?", se preguntaba mientras observaba a los tres alternativamente, pues Ron estaba junto al grupo de familiares y amigos de los graduandos. "Los tres están heridos del enfrentamiento con los rezagados, eso es evidente, pero además se han puesto en pie de guerra por la expresión que tiene el jugador de Quidditch. ¿A quiénes has convocado y qué información tienen?"

Había aprendido a respetar a quienes algún día llamó cara rajada, comadreja y sangre sucia. Comprendía perfectamente las miradas de odio de los dos últimos por su papel de "mortífago incompetente" durante la Segunda Guerra, el que asumió gracias a los consejos de Severus Snape para mantenerse vivo él y a su madre. Lo que le había desconcertado siempre era la actitud de su rival desde la primera vez que lo vio de nuevo, luego de la batalla final contra Voldemort.

Recordaba claramente aquél día en que un evidentemente no restablecido aún de sus heridas Harry Potter se presentaba en su juicio y declaraba a su favor. Pero no se había limitado a responder las preguntas de los abogados acusador y defensor, sino que hizo una breve exposición sobre muchas cosas que en su momento le sorprendieron. Él no sabía que Potter estaba al tanto de muchas jugarretas que hizo para salvar vidas sin que los Mortífagos se diesen cuenta. Era gracias a él que era libre y también que su expediente permanecía sellado, teniendo acceso a éste sólo los miembros del Wizengamot.

Sin embargo durante toda su estadía en la sala de los tribunales no lo había mirado, a excepción del momento en que los miembros del más alto tribunal mágico dictaminaron por unanimidad su libertad, cuando se giró a mirarlo y asintió levemente en su dirección. Recordaba perfectamente haber visto un fugaz brillo de alegría en aquellas esmeraldas generalmente frías como piedras inertes.

Desde entonces se habían cruzado varias veces en el Ministerio de Magia, donde él iba por sus negocios. Nunca se detuvieron a hablar, pues el día que se suponía los dos se reunirían a solas para hablar luego del juicio, a petición suya, hubo un ataque de Mortífagos rezagados cerca del lugar del Callejón Diagon en que se habían citado. Apenas si se habían saludado respetuosa y fríamente cuando su rival fue convocado a combatir.

Recordaba bien la breve charla que siguió a la convocatoria:

Al parecer aún no ha llegado el momento de que hablemos, pues aún tengo asuntos pendientes. Espero que cuando lo hagamos nos comprendamos mejor y, tal vez, puedan dos hombres estrecharse las manos como no lo hicieron dos niños que les faltaba mucho por aprender, llevados por lo que durante sus primeros once años de vida habían vivido y aprendido.

Cuando llegue el momento seré yo de nuevo quien tienda la mano, sólo que mi actitud habrá cambiado mucho de esa primera vez en que nos conocimos. Lamento mucho todo el daño que mi padre y los que pensaban como él te hicieron a ti y a otros.

Tus palabras y tus acciones durante la guerra siempre difirieron. Muchos no saben quién eres pero yo tengo mis propias ideas. Cuando nos volvamos a encontrar el camino que hayamos recorrido dictará lo que ocurrirá. Saluda de mi parte a la señora Malfoy y dile que cuide de su salud.

Así lo haré. Gracias.

La curiosidad sobre lo que tendría aún pendiente Potter lo había llevado a investigar. Logró averiguar sobre los lazos del odiado enemigo con él y la menor de los Weasley porque, debido a que nadie sabía lo ocurrido en el juicio, pudo contactar con los escasos Mortífagos rezagados cercanos a Voldemort que sobrevivieron a la batalla final y sabían de esa información: los hermanos Carrow. Personalmente se encargó de eliminarlos con ayuda de Pansy para evitar que nadie más se enterase. Daphne y Blaise se les unieron después, conformándose "Los Conjurados" para detener el peligro desde adentro.

Los cuatro seguían siendo Slytherins en todos los sentidos, despreciando a muggles y sangre sucias como les fue inculcado desde muy niños salvo muy contadas excepciones, entre las cuales se encontraba Hermione Granger. Sin embargo el peligro que corrían todos si los ignorantes que intentaban restablecer a Voldemort desataban lo oculto y desarticulado siglos atrás era demasiado alto.

Siempre lamentaría no haber podido silenciar a tiempo a Alecto Carrow, pues ya había despertado en otros rezagados el deseo de retornar al odiado enemigo haciendo alarde de una información que no poseían ni ella ni su hermano, no completa al menos. Fue manejando adecuadamente la ignorancia de los otros que pudo él convertirse en su líder oculto, pues sólo tenían contacto directo con esos inútiles Pansy y Blaise. Ellos dos lo convencieron con ayuda de Daphne de permanecer en las sombras para poder manejar la situación adecuadamente.

Cuando terminó el acto vio las frías esmeraldas posarse en él. Inclinó levemente la cabeza en señal de respetuoso saludo, correspondiéndole su rival de la misma manera. Durante la pequeña recepción preparada por los duendes de Gringotts a los presentes la situación fue un poco tensa cuando los recién graduados se vieron obligados por la anciana criatura que dirigía el banco a acercarse a ellos.

—Supongo que las presentaciones no son necesarias pues coincidieron en Hogwarts, sin embargo consideré pertinente que los más recientes protectores de la comunidad mágica intercambiasen unas palabras con quienes contribuyen a estabilizar la economía.

—Nuestra labor es proteger a todos los miembros de la comunidad mágica, no sólo a quienes manejan los principales caudales económicos de la misma. —dijo con frialdad Hermione mientras miraba con desprecio a Draco Malfoy. Aún no se explicaba cómo había podido salir impune después de ser arrestado por su participación en la Segunda Guerra.

—Tienes razón en que no sólo a nosotros deberás proteger desde hoy, Granger, pero es lógico que somos blancos más visibles para delincuentes que otros miembros de la comunidad mágica. Obviamente miembros tan profesionales como ustedes del cuerpo de aurores nos prestarán la debida protección. —le respondió Daphne con tono sedoso.

—Aún antes de entrar a la Academia de Aurores protegí siempre a cada miembro de la comunidad mágica que no intentaba asesinar a otros, como debes recordar al haber estudiado conmigo en el colegio, Greengrass. —le respondió la castaña con fría calma.

—Todos y cada uno de los miembros de la comunidad mágica que deseamos la paz y la libertad aportaremos nuestra colaboración desde nuestro campo de trabajo, así como también nuestras vidas personales —intervino con tono suave y calmado Harry—. Desde los jugadores de Quidditch a nivel profesional hasta los que dejamos a un lado nuestra pasión por ese deporte para contribuir con la sociedad mágica desde otros ángulos, como lo hace el señor Malfoy en los negocios y yo en mi túnica de auror.

—Tal vez algún día podamos de nuevo jugar un partido amistoso para saber quién es hoy en día el mejor en atrapar una snitch. —le correspondió Draco con un tono similar.

—Cuando vuelva a salir el sol luego de la oscuridad en mitad del día podríamos planear ese juego, situación para la cual me prepararé adecuadamente. —le planteó Harry mirándolo fijamente.

—Haré las averiguaciones y prácticas pertinentes para estar preparado para ese día. —aceptó Draco, hablando indirectamente los dos sobre sus preocupaciones, camuflando su conversación bajo la apariencia de una charla sobre Quidditch.

—Ese juego será interesante y no me lo perderé por nada. —opinó Kingsley mirando del uno al otro, intentando averiguar si bajo esas aparentemente inocentes palabras había algo más como sospechaba.

Pero los dos jóvenes hombres eran especialistas en ocultar lo que realmente pensaban y sentían, así que ni siquiera Daphne y Hermione pudieron estar seguras que tras esa aparentemente intrascendente conversación sobre el deporte mágico que se estaba desarrollando había algo más, aunque al igual que el Ministro de Magia sospechaban que así era pues eran quienes mejor conocían a sus acompañantes.

Ron se unió a la fingida conversación sobre el Quidditch, destensándose un poco el ambiente después que Laura alabase sinceramente su actuación en el último juego y Daphne apoyase a su prima.

—¿Qué fue todo eso del partido de Quidditch con Malfoy? —le preguntó Hermione a Harry cuando se acercaban a Grimmauld en la camioneta de Sirius, conducida por Remus.

—Al parecer aún no asimila que siempre atrapase yo primero la snitch que él. —le respondió con fingida naturalidad, encogiéndose de hombros.

—Sí, claro. —masculló la castaña entre dientes, perdiéndose por un momento su mirada en las esmeraldas que la miraban con… Tuvo que recordarse a si misma que debía seguir respirando y disimular mejor lo que sentía, pues Ron estaba a su lado y a él lo esperaba en la casa la detective con la hermana en silla de ruedas.

Efectivamente al entrar en Grimmauld la sentaron a ella para que descansase su pierna mientras él besaba en la boca a su novia y luego se agachaba a abrazar a la hermana, que lucía feliz y le decía algo al oído que lo hacía estallar en carcajadas.

Estaba celosa de Katherine, pero ahora no era sólo por Harry sino también por Ron. No sólo el hombre que amaba era novio de ella, sino que desde el día antes su novio la había estado alabando por la forma en que había ayudado a planear la práctica.

Tenía que hacer uso de todo su autocontrol para no gritar a los cuatro vientos que estaba harta de la detective de ojos azules, pelo negro y piel morena clara llamada Katherine Stewart. Se sentía además mal como mujer, pues debido a su enfermedad no era tan atractiva como había sido antes de la batalla final, incluso durante la guerra. Lo peor es que si no la considerase su rival ella le agradaría, pues se parecían en gustos y carácter.

Además la detective no sólo había ofrecido ser su donante de médula, lo cual sabrían al día siguiente si sería posible, sino que era amable y hacía esfuerzos evidentes por entablar amistad con ella. "¿Para estar cerca de Harry o de Ron?", se preguntó mientras cerraba los ojos y se daba un suave masaje en la sien derecha, luego de verlos a los dos riendo suavemente por algo que ella había dicho.

—¿Te sientes mal, Hermione? —le preguntó Katy preocupada.

—Sólo un leve dolor de cabeza. —le respondió ella agradecida.

—Te llevaré a la casa zoo para que descanses, cariño. —le propuso Ron dándole un suave beso en la frente, sonriendo al verla asentir en aceptación.

Katherine parpadeó ante el gesto preguntándose el motivo para sentir aquello tan extraño en su pecho.

—Las llevaré a ustedes también a la casa zoo para que descansen ya. —afirmó Harry, dándole un beso en la mejilla a su novia y acariciándole con cariño la cabeza a su hermana, que rodaba los ojos ante la denominación que sus hermanos siempre le dieron a la casa y ahora tanto Los Halcones como Los Dragones también le decían así.


—¿Se puede saber de qué hablabas realmente con Potter? —le preguntó Daphne a su novio apenas aparecieron en la casa en que ahora vivían los Malfoy.

—De Quidditch, lo oíste igual que todos. —le respondió él, alejándose rápidamente hacia la habitación en que su mamá descansaba.

—Ni Granger ni yo somos tan estúpidas, Draco. —susurró la rubia, sabiendo que no le diría nada más hasta que lo considerase prudente.

Respiró profundamente y se dirigió hacia la habitación en que la señora Malfoy dormía, pues quería quedarse con ella mientras él iba a la reunión a la que lo había citado el Ministro de Magia.