Resumen: Almuerzo en el local de Hestia Jones y traslado al hospital San Mungo. Confesiones a un posible padrino y reacciones de una rebelde. Un plan para ayudar a Anya con sus problemas. Salida nocturna que se desenvuelve de forma extraña.
Encuentros y Desencuentros
Hestia reía suavemente con las bromas de Nymph cuando vio las llamas de la chimenea de su oficina cambiar a una tonalidad verde.
—Buenos días —saludó seria la cabeza de Draco en las llamas—. Solicito permiso para viajar con mi madre.
—Buenos días. Son bienvenidos los dos a mi oficina y mi negocio. —le respondió la mujer de mejillas rosadas y pelo negro.
—Gracias señorita Jones. —le agradeció el rubio, desapareciendo su cabeza para reaparecer minutos después conduciendo a su madre con cuidado.
—Buenos días. —saludó Narcissa respetuosa y nerviosa.
La rubia ya no lucía en su rostro aristocrático la expresión de asco que Harry le había visto cuando la conoció, el día que se vieron para el partido final de la Copa Mundial de Quidditch antes de iniciar su cuarto año, pero tampoco la desolada que tenía cuando la vio por última vez en el inicio del juicio a su hijo.
—Buenos días, señora Malfoy. —la saludó con una suave sonrisa Hestia. Luego de la conversación que Harry había tenido con ella estaba dispuesta a abrirse a una posible amistad con la que algún día fuese una irritante presumida, cuando estudiaron en el colegio.
—Buenos días tía. —le sonrió ampliamente la metamórfaga.
—Buenos días señora. Si usted y su hijo lo permiten me gustaría que fuese de mi brazo desde este momento. —le planteó Harry con tono suave pero serio.
—Se lo agradezco, joven Potter, pero… ¿No le generaría eso problemas a usted? —le preguntó ella evidentemente nerviosa.
—Ninguno. —le sonrió él con gesto tranquilizador.
Draco asintió a la petición muda de su madre y se separó levemente de ella en cuanto Harry le tomó por el otro brazo para ayudarla a caminar.
Salieron los cinco de la oficina hacia una mesa al aire libre. Harry ayudó a sentarse a la señora Malfoy, sentándose él y quien fue su rival en el colegio luego que el rubio le acomodase caballerosamente la silla a la metamórfaga. Todos notaron las miradas curiosas de quienes los rodeaban y también de algunos que pasaban por el lugar, sonriendo Nymph con picardía al ver a Harry sacar su varita y fingir que jugaba con ella mientras hablaba y miraba a su alrededor con sus frías esmeraldas.
—Cuando conocí el callejón Diagon era un lugar en el que cualquier bruja, mago, squib, o muggle podía caminar libremente y disfrutar un rato en buena compañía —dijo con tono conversacional, aunque suficientemente alto para que quienes estuviesen cerca lo escuchasen—. Harry Potter y el cuerpo completo de los aurores estamos contentos al saber que la Segunda Guerra ha terminado y nos aseguraremos que la comunidad mágica retorne a la seguridad y el respeto entre todos los que vivimos en ella.
Draco sonrió internamente al ver que de inmediato todos dejaban de mirarlos y fingían no haber oído nada, pero era evidente de sus actitudes que las palabras de su acompañante habían surtido el efecto deseado.
—Puedo asegurarle que, al igual que yo, muchos estamos contentos de que así sea y contribuiremos en la medida de nuestras posibilidades para construir un lugar agradable en el cual desenvolvernos con nuestras familias y amigos, señor Potter —completó Hestia con su varita en su mano y una sonrisa, sus ojos negros brillando con la determinación que quienes la vieron combatir en la guerra aprendieron a temer y respetar—. Es usted siempre bienvenida a mi negocio, señora Malfoy, espero que disfrute usted de una agradable comida con sus acompañantes. —completó haciendo con su varita que el menú se abriese frente a la mujer rubia con suavidad.
—Gracias. —les sonrió ella sinceramente agradecida.
Hestia inclinó levemente la cabeza y se alejó de la mesa, pues notó que los ocupantes de las otras mesas en su negocio asentían levemente sin mirarlos en señal de haber entendido la abierta indirecta.
—Tía, te quería agradecer una vez más lo que hiciste por mí cuando estaba con mi hijo recién nacido y entregarte tanto una carta que te dejó mamá como unas fotos de mi pequeño. —empezó la conversación Nymph al notar la tensa expectación en ella y el primo.
—Me alegra haberte ayudado ese día y lamento una vez más el no haberme podido acercar más a ti y tu familia, primero por las ideas que me inculcaron desde niña y luego por mi enfermedad. —le respondió ella, recibiéndole agradecida lo que su sobrina le entregaba.
Draco tragó saliva al ver que los ojos de su mamá se llenaban de lágrimas al abrir la carta y empezar a leerla.
—Este es mi hijo con Remus. Se llama John Ted Lupin. —le dijo Nymph a su primo tendiéndole un par de fotos de su pequeño, sonriendo al verlo parpadear confundido y recibírselas.
—Es muy lindo y se ve muy bien con su pelo de color azul. —comentó con una sonrisa tierna Narcissa luego de secarse con un pañuelo las lágrimas que se le habían escapado al leer la carta póstuma de Andrómeda Tonks.
—Ha heredado de mí lo metamórfago y del padre lo guapo. —afirmó con orgullo la auror.
—Fue para mí una sorpresa que Longbottom diese con la poción para curar la licantropía, luego de ser un desastre permanentemente en pociones. —comentó con fingida naturalidad Draco, queriendo presionar un poco las cosas para saber las reales intenciones de sus acompañantes y sacar a su mamá de ahí rápidamente si les estaban tendiendo una trampa. No quería que primero fuesen amables y luego la hiriesen, ella no lo soportaría en su estado de salud.
—¡Draco! —exclamó con tono de regaño Narcissa.
—El no tener tras su nuca a Severus Snape ayudó mucho, aunque lo primordial fue la seguridad que le transmitió Luna a Neville. —respondió con tranquilidad Harry, sirviéndole a la señora un poco de jugo de calabaza y tendiéndoselo caballerosamente.
—Cierto, los Gryffindors se desenvuelven mejor con sus amigos y parejas alrededor. —insistió el rubio.
—Cualquier ser humano desarrolla mejor sus habilidades en ambientes tranquilos para su mente y espíritu. Aunque algunos tenemos que hacerlo en circunstancias adversas, para poder crear o recuperar un ambiente adecuado para aquellos a quienes queremos y deseamos que estén bien de salud. —le respondió Harry mirándolo fijamente por primera vez desde que llegasen.
»Es por eso que quienes hemos luchado para crear ese mundo nuevo para quienes apreciamos seguimos alerta ante posibles amenazas, decididos a seguir combatiendo con las herramientas adecuadas para evitar que alguien destruya de nuevo lo que tanto esfuerzo ha costado. —agregó con sus esmeraldas fijas en los ojos grises de su interlocutor. Desvió la mirada hacia la señora al verlo asentir levemente, en señal de haber comprendido que el mensaje era que entendía su actitud pero que se tranquilizase porque no lastimarían a la mamá.
»Padrino lamenta no haber podido venir y le envía esta pequeña misiva. Está muy contento al saber que los medimagos Charaka Sushruta comenzarán a llevar su caso hoy y le envía sus deseos para que bajo sus cuidados mejore usted pronto —le dijo a quien en forma lejana también era pariente suya según sabía por Sirius, mientras le tendía el sobre que éste le había dado para ella—. Por mi parte me pongo a su disposición para lo que pueda ayudarla y le aseguro que el incidente con Kreacher está olvidado, pues comprendo perfectamente lo que la llevó a actuar de la manera que lo hizo.
—Gracias. —le sonrió ella ampliamente, agradecida, luego de parpadear sorprendida por la mirada cálida y sincera que él le estaba dirigiendo. Tenía sin ver una similar en esas esmeraldas desde que ella le curase unas heridas al pelirrojo alto cuando el terrible asesino los había tenido prisioneros, a escondidas de éste y su esposo.
—¿Me permites que te recomiende este platillo, primo? —le preguntó con una sonrisa la metamórfaga para sacarlo de su estupor—. A Hestia le queda estupendo.
—Gracias. —le respondió él educado, reaccionando, mirando el lugar de su menú que ella le señalaba con mirada ausente. Su mente estaba procesando rápidamente lo visto y oído.
—Estoy de acuerdo con Nymph, yo lo pediré —afirmó Harry con su expresión fría e indiferente nuevamente en su rostro—. Sirius me ha comentado que en su juventud notó que sus primas Andrómeda y Narcissa tenían facilidad para reconocer las joyas y piezas valiosas antiguas de las falsas imitaciones, las cuales se han incrementado en el mercado debido a la guerra —comenzó a comentar con tono tranquilo luego que Hestia les tomase el pedido a los cuatro—. Los dos quisiéramos invertir en una tienda mágica especializada en joyería y antigüedades de lujo, para ofrecer a brujas y magos el acceso a finas prendas de calidad, libres de maldiciones. Pero ninguno de los dos tiene experiencia en el ramo ni tampoco con los negocios, así que queríamos saber si ustedes aceptarían ser socios nuestros.
Draco lo miró fijamente, conteniéndose con mucha dificultad para no demostrar su asombro. Sabía bien que su rival se comportaba a veces como un verdadero Slytherin, pero la jugada que acababa de hacer lo tenía sin palabras.
—¿Una joyería mágica? —preguntó Narcissa con una mezcla de desconcierto e interés.
—Sí, joyería y tienda de antigüedades de lujo. Todavía existimos caballeros que nos gusta obsequiar a bellas damas con objetos hermosos para demostrarles nuestro aprecio, cariño, afecto e incluso amor —le respondió Harry con una sonrisa, tendiéndole tres cajitas—. Sin embargo muchas veces nos encontramos con problemas como éstos cuando queremos agasajar a una dama.
Narcissa movió su varita sobre los tres recipientes aterciopelados, haciendo el gesto de repulsión que Harry le había conocido cuando era sólo un adolescente al ver el contenido de dos de ellas.
—Estas dos maldiciones son fáciles de remover y el trabajo del orfebre merece el esfuerzo —señaló el guardapelo y la cadena—. Esto es sólo bisutería barata bien disfrazada con una maldición muy mal hecha. —añadió con tono despreciativo señalando los zarcillos.
—Eso sospechaba Amy. La señora Shacklebolt está interesada en el proyecto pues le gusta tanto la orfebrería como las antigüedades, pero dice no tener la experiencia adecuada para llevarlo a cabo sola. ¿Estaría usted interesada en participar con ella en la dirección de una tienda de joyas y objetos de lujo aquí en el callejón Diagon? —le preguntó Harry, girándose a mirar frontalmente al rubio—. Nadie molestará a la socia de la esposa del Ministro y del auror Potter. Las habilidades de Draco Malfoy para los negocios serían importantes para llevar al éxito a esta empresa. Sirius y yo aportaríamos el dinero, pero no podríamos colaborar directamente.
—Daphne Greengrass, mi novia, también es buena con los negocios. ¿Sería posible que ella participase en este proyecto? —preguntó el rubio con fría calma. La quería junto a su madre para protegerla y como miembro de Los Conjurados involucrada directamente.
—Sí, estoy casi seguro que Sirius estará de acuerdo. Él había planteado que Terry Boot colaborase con la administración, ya que le lleva sus negocios y es hábil con los números. —aceptó Harry, planteando el ingreso de uno de Los Dragones que se había decidido trabajaría encubierto.
—Mamá ¿Te gusta la idea de la joyería? —le preguntó Draco respetuosamente para ganar unos minutos mientras ella respondía, pues sentía que los necesitaba para analizar la estrategia de "El Fénix" al plantearle aquél negocio.
Era obvio que bajo la fachada de la tienda de joyas y antigüedades de lujo sería más fácil tanto para el hombre de ojos esmeralda como para él tener acceso a información e incluso los propios cristales sin despertar sospechas. "Pero si Potter sospecha de mí, ¿por qué nos involucra en algo que, estoy seguro, puede llevar a cabo solo? Tiene suficientes amigos y conexiones actualmente para llevar a cabo el proyecto sin involucrarnos a mí y, lo que más me preocupa, a mamá".
—Me gusta mucho, pero no sé si mi salud me permita el cumplir con la responsabilidad de llevar adelante el negocio. —respondió Narcissa con tono triste.
—Comprendo su preocupación, señora, pero Amy le ayudaría gustosa ya que quiere aprender de usted —la tranquilizó Harry con una sonrisa—. Obviamente contratarían al personal que necesitasen para que les colaborase. Además lo primero sería siempre su salud, por lo que le consultaríamos a los medimagos el tiempo que podría usted dedicarle.
—Necesitaríamos un quebrantador de maldiciones, dos dependientas y una cajera, además de un local organizado adecuadamente. —empezó a plantear Narcissa con evidente entusiasmo en sus ojos, aunque su porte de dama aristocrática no decayó ni un poco.
—Jessica Hart, actualmente Jessica Weasley, era una Hufflepuff excelente quebrantadora de maldiciones que trabajó en el banco de Rumanía hasta que se casó con Charlie —comentó pensativo Harry—. Hablaré con ellos para averiguar si se integraría al proyecto. En caso de no poder ella, estoy seguro que Bill podría recomendarme a alguien.
—En cuanto a la cajera creo que Laura Madley buscaba un trabajo así antes de casarse con Eddie Carmichael y aún necesita el trabajo —comentó Nymph—. Habló conmigo hace unos días en el hospital San Mungo mientras yo esperaba a Ginny y ella a una amiga suya. —aclaró al ver que todos la miraban interrogantes.
—En cuanto a las dependientas se puede poner un aviso en El Profeta y en El Quisquilloso. La señora Shacklebolt y yo las entrevistaríamos para seleccionar a dos jóvenes adecuadas —planteó Narcissa, sonriendo al ver a sus acompañantes asentir—. Lo que me preocupa es el local. No todos los locales del Callejón Diagon tienen buena visibilidad y la seguridad es algo a tomar en cuenta también en las condiciones actuales.
—Los gemelos Weasley tienen el que está a mano izquierda del banco y estaban en averiguaciones sobre el que está a la derecha, pero están más interesados en ampliar su negocio en Hogsmeade con el local adjunto al que tienen ahora por lo que puedo convencerlos en cederme la prerrogativa sobre el que querían aquí. El problema es que tenían un fuerte competidor por el local aledaño al banco —comentó pensativo Harry—. Hablaré con los duendes para solicitar una reunión con quien quiere el local y negociar con él.
—Ya la estás sosteniendo, Potter —sonrió con prepotencia Draco—. Lo quería para un posible negocio allí con Daphne, pero no teníamos nada definido claramente aún. La joyería y tienda de antigüedades de lujo irá bien allí.
—Me alegra saber que el local ya está solucionado. —aseguró Harry mirando fijamente al rubio. Estaba seguro de que había estado peleando el local sólo por molestar a los gemelos y no porque le interesase realmente. Draco Malfoy podía no ser un mortífago, pero seguía siendo un presumido que le gustaba molestar a los Weasley aunque los había aprendido a respetar en la guerra.
»En cuanto a la seguridad estoy seguro que no habrá problemas, señora Malfoy, su hijo y yo nos ocuparemos de que ese local sea el más seguro que exista, aún más que el propio Gringotts. Nadie lastimará ni a usted ni a la señora Shacklebolt de ninguna manera. —afirmó con sus esmeraldas dejando traslucir un brillo de seguridad que hizo palidecer a la rubia y la metamórfaga, al igual que a Hestia que se les había acercado.
—Nadie se acercará a generar problemas de ningún tipo allí. —confirmó Draco, quien entendía de la mirada de su rival que se estaba refiriendo a su conocimiento sobre su relación con "La Sombra" y los Mortífagos rezagados, además de la obvia amenaza que había dejado traslucir sobre lo mal que le iría a cualquiera que intentase atentar contra la esposa del Ministro.
—Sugeriría que nos retirásemos ya para dirigirnos a nuestra cita —propuso Harry al ver a Hestia dudar si plantearles algo o alejarse, pues los cuatro habían prácticamente terminado de comer—. Toma amiga, cobra la cuenta y luego la paso buscando. —le dijo a la mujer de pelo negro con una suave sonrisa, luego de ver a sus acompañantes asentir, entregándole una bolsita llena de galeones.
—Así lo haré, Harry. Me alegra que vinieses con tus amigos y ya sabes que siempre eres bienvenido al igual que ellos. —le sonrió Hestia, retirándose luego de abrazarse los dos con afecto.
—Me permite, señora Malfoy. —le ofreció Harry su brazo caballerosamente.
—Gracias. —le sonrió ella, agradeciendo el gesto y apoyándose en él. Se mareó levemente al incorporarse.
—¿Señora? —preguntó Harry sinceramente preocupado, sujetándola rápidamente por la cintura.
—Ya está pasando. Es sólo un leve mareo. —le respondió ella. Se asombró al mirarlo y ver en sus esmeraldas su preocupación por ella, sonriéndole suavemente en agradecimiento.
—La directora McGonagall y el profesor Hagrid nos han ofrecido un carruaje para que nos desplacemos hasta el Caldero Chorreante si lo necesitamos. —le planteó Harry con tono suave.
—Se los agradezco, pero ya me ha pasado el mareo y puedo caminar hasta allí. Son sólo unos metros. —le aseguró ella.
—Tal vez aquí en el Callejón Diagon, pero desde el Caldero hasta el hospital la distancia es considerable para ir caminando. Lo mejor sería viajar usando la chimenea de la señorita Jones hasta la del medimago. —planteó preocupado Draco.
—Tengo un auto frente al Caldero Chorreante, en el Londres muggle. Iremos en él hasta el hospital. —denegó Harry, que comprendía que la señora había entendido sus intenciones al caminar con ella por el Callejón Diagon a esa hora.
—¿Un auto? ¿Qué es eso? —preguntó intrigada Narcissa.
—Un sistema de transporte muggle similar a los carruajes —le explicó Harry—. ¿Le incomodará usar algo hecho por muggles? —preguntó, pues sabía de su formación.
—No. He querido empezar a aprender de ellos desde que conocí a la señorita Granger. —le respondió ella con sinceridad.
Eso le valió una amplia y sincera sonrisa de Harry, tanto de su boca como de sus esmeraldas.
—Vamos entonces. —planteó serio Draco.
"Por lo visto Daphne tiene razón en lo que se refiere a Granger y Potter. Pero no entiendo lo del noviazgo de ella con Weasley que averiguó Pansy", pensó el rubio mientras caminaba entre su mamá y su prima hacia el Caldero Chorreante, muy atento a las expresiones y gestos de quienes se cruzaban en el camino. "Potter tenía razón, nadie se atreverá de nuevo a molestar a mamá luego de esta caminata", pensó con una mezcla de satisfacción por ella y respeto por su rival al ver la forma en que los miraban.
Esa noche Pansy, Daphne y Blaise le confirmarían esa apreciación, con la información reunida por cada uno sobre los rumores que circulaban tanto entre la sociedad mágica como entre los Mortífagos rezagados.
—El motor, que es el aparato muggle que sustituye a los caballos, hace un poco de ruido —le explicó Harry a Narcissa y Draco una vez que los cuatro estaban montados en el sedan cuatro puertas azul. Le había pedido a Hermione que se lo prestase para desplazarlos en el Londres muggle luego de comer. Ella había accedido, poniendo sólo como condición que luego lo mandase a lavar "para desinfectarlo de Draco Malfoy"—. Sin embargo les puedo asegurar que es más confortable que un carruaje.
Narcissa retuvo levemente la respiración al oír el ruido, luego que su acompañante en el asiento delantero girase la llave que había introducido en el agujero tras la rueda frente al pecho de él. Se calmó al sentir la suave vibración y ver la seguridad con que el joven Potter maniobraba la cosa en que estaban montados, moviéndose el extraño carruaje azul entre los otros que se desplazaban en el Londres muggle.
Draco miraba alrededor con interés, disimulando lo mejor posible su nerviosismo. Nunca se había sentido seguro moviéndose entre los no mágicos, pero sabía que debía dominarse y aprender a hacerlo para lograr su objetivo. Ante este pensamiento miró de reojo a su rival colegial. Notó la familiaridad con que se desenvolvía en el Londres muggle mientras le hablaba a su madre para tranquilizarla, respondiendo las preguntas de ella sobre lo que veía.
Cuando entraron al hospital se sintió más tranquilo, notando que su mamá seguía hablando con su acompañante sobre lo visto antes. "¿Está realmente interesada en aprender sobre los muggles?", se preguntó intrigado.
Nymph había sonreído cuando su primo se había bajado del auto con mal disimulado nerviosismo, tendiéndole la mano a su mamá luego de abrirle la puerta. Con dificultad había contenido la risa al ver que ella le rechazaba sutilmente y esperaba por Harry, los dos vestidos como muggles gracias a la varita de su amigo, pero no pudo contenerla al ver la expresión del rubio mirando a sus acompañantes luego que entrasen al hospital. Tuvo que simular tos para ocultarla un poco.
—¿Los muggles también tienen joyerías? —le preguntó Narcissa a Harry mirando la pulsera en su mano izquierda, la cual llevaba desde que Harry transformase sus ropas y las de su hijo en el Caldero Chorreante, apoyada en el brazo que gentilmente él le ofrecía para ayudarla a caminar desde que salieron del local de Hestia Jones.
—Sí, algunas muy buenas. Si lo desea puedo llevarla a las mejores luego que salga de su consulta. —le ofreció él con tono suave.
—Me gustaría, pero ya le he robado mucho de su tiempo. —le respondió ella agradecida.
—No se preocupe por eso. Nymph y yo los esperaremos en el café que queda frente al hospital haciendo unas investigaciones que nos ordenó el jefe, ya que allí hay computadores con acceso a Internet —le aseguró cambiándoles de nuevo el ropaje al darse cuenta de la forma en que los estaban mirando quienes los rodeaban, pues no se había percatado de hacerlo cuando entraron al hospital porque se había distraído en su conversación con ella—. Un sistema de comunicación muy interesante y eficaz que tienen los muggles, el cual espero poder explicarle con calma en otro momento. —aclaró al ver su expresión interrogante.
—Gracias joven Potter, ha sido muy gentil conmigo. Su mamá estaría orgullosa de ver el gran hombre en el que se ha convertido. —le agradeció ella, mordiéndose levemente el labio inferior al ver en las esmeraldas de su acompañante una expresión triste por unos minutos ante su comentario.
—Gracias a usted por su grata compañía. Los buscaremos en dos horas, pues no creo que terminen antes ya que los medimagos los atenderán hoy en la tarde sólo a ustedes por petición mía. —le respondió Harry con una suave sonrisa, su frialdad y sus barreras una vez más levantadas con firmeza. Se había mostrado con ella bastante abierto para tranquilizarla, aunque con cautela por la presencia de "La Sombra".
—Gracias por toda la ayuda que le está facilitando a mamá. —le agradeció con sinceridad Draco, tendiéndole la mano, correspondiendo al estrechón de su rival.
Madre e hijo salieron de la consulta con los medimagos sonrientes, con sus esperanzas renovadas ante las palabras de los tres extranjeros. Tanto los dos sanadores provenientes de la India como el proveniente de China les habían asegurado que Narcissa Malfoy recuperaría su salud con el tratamiento novedoso que les propusieron, luego del examen exhaustivo que le hicieron y su reacción evidentemente positiva al par de pociones que le dieron.
Los dos aurores los llevaron en el auto azul a las tres mejores joyerías del Londres muggle. Harry le regaló una pulsera a Narcissa cuando notó que la miraba mucho, convenciéndola con galantes palabras para que la aceptase.
Draco se había sentido un poco incómodo por aquello, pues le recordaba la fuerte merma sufrida por la fortuna Malfoy debido a los gastos hechos por su padre en apoyo a Lord Voldemort, pero disimuló muy bien y asintió cuando su mamá lo miró intranquila. Le intrigaba mucho las atenciones que estaba teniendo "El Fénix" con su mamá.
Harry le agradecería siempre silenciosamente a la mujer rubia el que hubiese protegido a Hermione cuando él no había podido hacerlo, prisioneros los dos y Ron de los Mortífagos. Había oído claramente cuando ella desmayaba y modificaba la memoria del secuaz de Voldemort, al que le había sido ordenado abusar de la castaña hasta destrozarla internamente justo la noche antes de la huida.
Lo habían hablado los dos a solas luego que él saliese del Hospital San Mungo y ella de Azkaban, en una reunión de la que no supieron ni Draco, ni Hermione, ni nadie. La castaña había estado inconsciente y no se había enterado de nada. Él no había declarado aquello en el juicio de Narcissa, porque no fue necesario para que la liberasen y quería evitar que alguien se enterase de lo que sólo ellos dos y aquellos malditos sabían.
Harry había matado personalmente tanto al mortífago como a Voldemort, así que nadie además de Narcissa y él sabían lo que se suponía habría ocurrido esa noche en las mazmorras. Lo que la mujer rubia evitó que sucediese pero que el terrible mago creía sí había pasado por el informe dado por su sirviente.
La mujer rubia había impedido siempre que podía que lastimasen de esa manera a las prisioneras, pues como mujer le repugnaba que les hiciesen eso. Aún más a las jóvenes, según le explicó al de ojos esmeralda cuando lo hablaron. Él había asentido ante sus palabras, pues dos chicas se habían presentado voluntariamente en el juicio de ella a hablar en su favor, declarando la forma en que las había ayudado mientras fueron prisioneras de los Mortífagos y pudieron huir de la mansión Malfoy.
Pero aunque ése hubiese sido un comportamiento de ella con cualquier joven mujer prisionera de esos malditos, para Harry Potter sería siempre Narcissa Malfoy la mujer que había salvado de algo terrible a Hermione Granger, la mujer a quien siempre había amado y siempre amaría, aunque actualmente quería y estaba por unirse definitivamente a Katherine Stewart. Aunque… las situaciones de los últimos días… Ya pensaría en ello luego.
El viernes, luego de reposar el almuerzo, los dos "prisioneros" de la casa zoo se trasladaron hasta el garaje en que estaba guardado el auto de ella.
—¿Estás seguro de poder ya caminar? —le preguntó nerviosa Anya, una vez más.
—¿Y tú estás segura de poder trasladarnos a los dos en la cosa esa hasta Londres? —le preguntó él señalando el auto.
—Totalmente segura. —afirmó ella con expresión decidida.
—Entonces vamos. —le guiñó él un ojo, incorporándose de la silla de ruedas con cuidado. Caminó lentamente pero con seguridad hacia la puerta que ella abría para él y se sentó en el asiento del copiloto.
—Excelente. —celebró Anya al verlo caminar con aquél porte elegante y entrar al auto, sus ojos brillando con picardía por la travesura de escaparse de casa con él.
Desplazó su silla de ruedas hacia la otra puerta y maniobró con ella hasta acomodarla e integrarla a su muy especial auto. Éste tenía acelerador, freno y cambio de velocidades adaptados para ser maniobrados con las manos, además de los mandos que tenía un auto normal.
—¿Todas las adaptaciones se las hiciste tú? —le preguntó Sirius con curiosidad.
—Sí, con ayuda de Anthony. —le respondió ella sonriente mientras encendía el auto.
—Ese detective parece llevarse muy bien contigo. Es más, creo que le gustas. —comentó él con tono de padre protector al hablar con su hija de quien la pretende.
—¿Tú también? ¡Que fastidio! —exclamó ella sin mirarlo, intentando ocultar su nerviosismo pero sus mejillas sonrojadas la delataban—. Me alegra mucho lo que nos han contado de las salidas nocturnas de esta semana los chicos. Creo que el plan de Ginny está teniendo éxito. —le planteó rápido para distraerlo.
—Eso parece, pues la confusión en las miradas de los cuatro es cada vez más evidente —respondió él mirándola analíticamente. Vio la expresión divertida en los ojos avellanas de ella y sintió añoranza. Era idéntica a la que había tenido la mirada de su mejor amigo cuando hacían una travesura—. Pero en la del detective ése no hay ninguna confusión cuando te mira. —agregó para hacerle comprender que no lo distraería.
Anya suspiró audiblemente, teniendo que hacer una maniobra rápida para evitar que un auto descapotable en que viajaban unos adolescentes los sacasen de la vía.
—Idiotas. Pero se consiguieron con la persona equivocada —gruñó antes de activar una cámara y conectarla al teléfono, en el cual marcó el número que le había dado Madox—. Amigo, como podrás ver tengo unos irresponsables en mi camino.
—Se supone que estás en tu casa y no en tu auto. —la regañó él de inmediato.
—Vamos, ya me conoces. —replicó ella burlona.
—Supongo que has arrastrado a tu acompañante contigo. —afirmó él con el mismo tono.
—Afirmativo. Necesitamos un par de libros y somos muy independientes para esperar a que nos los llevasen. ¿Te ocuparás con tu unidad de esos cuatro idiotas? —le preguntó para intentar distraerlo.
—Dalo por hecho. También que personalmente los escoltaré y acompañaré, así que no me des problemas. —le gruñó él.
—De acuerdo. Sólo no riegues la voz con los otros o nos dejarán sin tímpanos. —aceptó ella con tono de fastidio.
—Creo que no nos libraremos de eso. —comentó Sirius luego de oír el gruñido en la bocina abierta del teléfono, antes que el detective cortase la comunicación.
—No, no nos escaparemos del regaño. ¡Malditos niñatos! De no ser por ellos la pequeña escapada habría sido silenciosa y sin consecuencias. —protestó Anya.
Sonrió con perverso placer unos minutos después al ver aparecer cuatro patrullas. Éstas rápidamente rodearon el auto de los adolescentes. Por como manejaban y las botellas que alcanzaron a ver en manos de dos de ellos cuando pasaban al lado del auto, ya detenido por los policías, iban bebidos.
Su acompañante se rió al ver su expresión, suspirando y pensando un par de minutos cómo abordarla.
—¿El detective ya te ha planteado lo que siente por ti? —le preguntó Sirius, controlando lo mejor posible los celos paternales en su tono de voz.
—No le he dado oportunidad, siempre lo desvío del tema y él no me presiona para no ponerme nerviosa. —le respondió ella con sinceridad luego de suspirar.
—Tú también sientes algo por él —afirmó Sirius mirándola fijamente—. ¿Por qué lo evades? —le preguntó preocupado—. ¿Por la misma razón que tienes problemas con tu magia? —insistió ante el silencio de ella, que estaba evidentemente incómoda.
—¿Nada se te escapa? —preguntó ella resignada.
—Soy buen observador y James decía que parecía un perro cazador porque una vez que lograba morder mi presa no la soltaba —le respondió él encogiéndose de hombros—. ¿Es por tu parálisis en tus piernas o por tus pesadillas luego del ataque? —le preguntó de inmediato.
—Papá tenía razón en lo que decía —masculló Anya. Suspiró al girarse y ver la expresión de su acompañante, aprovechando que el semáforo la había detenido—. Es una mezcla de las dos cosas. —le confesó luego de estacionar el auto al cruzar la calle. No debía seguir manejando mientras hablaba con él de eso.
»Aunque intento con todas mis fuerzas sentirme y comportarme normal, la verdad es que muchas veces me siento una inútil atada a una silla de ruedas. Si bien es cierto que en ese ataque habían demasiados Mortífagos y nos defendimos muy bien Robin y yo, cuando nuestras madres cayeron heridas, protegiendo además a Johan, también es cierto que de haber tenido la preparación adecuada tal vez ellas hubiesen sobrevivido. Pienso que si hubiese aceptado ir a Hogwarts hubiese podido aprender más y haberlas salvado, además de haber ayudado a mi hermanito al haberlo conocido antes y haberme opuesto con más fuerza a las negativas de mamá.
—A veces tomamos decisiones de las que luego nos arrepentimos, pero lo hacemos con la información que tenemos y muchas veces no es completa —le dijo Sirius con cariño, apretándole levemente la mano derecha. Le giró luego con delicadeza el rostro por el mentón hacia él para que lo mirase. No pudo evitar hacer un pequeño gesto de dolor, por la punzada en su herida del abdomen al girar su torso hacia ella, pero mantuvo su posición—. En estos días te he conocido lo suficiente para saber que actuaste con tus mejores intenciones, siguiendo los dictados de tu corazón. James está orgulloso de su hija en donde quiera que se encuentre.
—Gracias. —le sonrió ella mientras una lágrima rebelde se escapaba de sus ojos.
—El detective parece un buen hombre y por la forma en que te mira puedo asegurar que no le importa tu parálisis. Como padre sustituto no me gusta ni un poco que alguien se acerque a ti, la hija que no tengo. Pero si sus intenciones son tan buenas y honorables, como parecen ser, creo que incluso James lo aceptaría cerca de ti. Sólo si le permites acercarse como tu pretendiente podremos saber lo que se trae entre manos y actuar Harry y yo en consecuencia. —agregó con tono paternal mientras con su pañuelo le secaba el rostro con cariño.
—¿Actuar Harry y tú? ¿Con qué derecho? —protestó Anya de inmediato con su rebeldía característica.
—Como hermano y padre sustituto. El padrino que estoy seguro habría sido si James se hubiese enterado de tu nacimiento. —le respondió Sirius con la ceja derecha enarcada.
—Mi padrino podría haber sido Remus —replicó ella enfurruñada—. Además soy una mujer y no una niñita a quien tengan que proteger.
—Tal vez tu padrino podría haber sido Remus —fingió aceptar Sirius, aunque estaba seguro de haber convencido a James de haber sido él como lo había hecho en el caso de Harry—, quien conserva el instinto de protección de manada de los lobos —agregó con picardía al ver la expresión de triunfo de la chica, sonriendo con malicia al verla entrecerrar los ojos—. En cuanto a ser ya una mujer, te comportas como una chiquilla nerviosa ante su primer posible noviazgo.
La protesta airada de Anya fue interrumpida por unos golpecitos en su ventanilla, girándose ella a mirar con el ceño fruncido a quien tocaba.
—¿Algún problema con el auto? —le preguntó Anthony en cuanto ella bajó el vidrio, incrementándose su preocupación al ver rastros de llanto en sus ojos.
—Ninguno —le sonrió ella para tranquilizarlo, con la dulzura que sentía inundaba su pecho cada vez que le veía, sus mejillas sonrojadas con el calorcito que invadía su cuerpo cuando él estaba cerca—. Me detuve un momento para hablar con Sirius y no generar ningún problema por distraerme de la vía.
—Me gustaría llevarlos en mi auto a donde vayan y acompañarlos. Los chicos de Madox llevarán tu auto a tu casa. —le planteó Anthony de inmediato con tono convincente.
—De acuerdo. —aceptó ella luego de dudar unos minutos, al ver malicia en la mirada gris del padrino de su hermano, desafiándolo con sus ojos avellanas.
Anthony los miró con curiosidad, sonriéndole sin embargo a la chica cuando se giró a mirarlo. Abrió la puerta y esperó a que ella acomodase la silla con la independencia que sabía le gustaba tener.
—No sabía que ya podías caminar solo —le planteó a Sirius al verlo bajarse del auto con cuidado pero seguridad—. Si quieres te ayudo a llegar a mi auto.
—No es necesario, gracias. —le respondió él con una sonrisa.
Notó la alegría del detective al poder permanecer cerca de la chica y entrecerró levemente los ojos, analizando la forma en que él permanecía atento a ella pero respetaba su independencia. "¿Qué piensas James? ¿Será el adecuado para tu hija?", le preguntó mentalmente como hacía a veces desde que él falleciese y a él lo encerrasen en Azkaban. Se sentó en el asiento de atrás, atento a la forma respetuosa aunque cariñosa en que el detective trasladaba a la chica de la silla de ruedas al asiento delantero, con la práctica evidente de quien lo ha hecho antes muchas veces.
—Gracias Anthony —le sonrió ella antes que él cerrase la puerta. Sacó de su bolso un espejo para fingir arreglarse mientras él guardaba la silla de ruedas en la maleta, con la intención de ver el rostro de Sirius—. Cualquier comentario inadecuado de tu parte y te acusaré con Harry de nuestro escape de hoy. —lo amenazó al ver malicia en su mirada gris.
Sirius puso su expresión de inocencia tantas veces empleada y sonrió al verla por el espejo bufar.
—¿A dónde vamos? —preguntó Anthony al montarse en el auto.
—A la Abadía de Westminster, luego al Museo Británico y por último a la Universidad de Londres. —le respondió Anya.
—Entendido —afirmó Anthony. Puso el auto en marcha y tomó el radio para pasar la información a los otros—. Puntos quince, siete y uno.
—¿Punto quince?
—Afirmativo. —confirmó Anthony con una sonrisa, comprendiendo la sorpresa en la voz de Madox y el bufido exasperado de la mujer que le gustaba tanto.
—Cubiertos.
—¿Han numerado cada sitio de la ciudad para rastrearme? —preguntó fastidiada Anya.
—No sólo de Londres, ya que te nos escapaste una vez hasta Oxford. —le respondió el detective con una sonrisa.
—¿Fuiste a Oxford sola en tu auto? —preguntó preocupado Sirius.
—Quería un libro que según la información en Internet estaba ahí. —respondió ella luego de rodar los ojos al oír su tono.
—Es una excelente conductora y su auto puede llevarla donde ella quiera —aportó Anthony—. Claro que si nos avisase nos evitaría los conatos de infarto que nos ocasiona cada vez que hace sus escapadas.
—Si les aviso se pierde la diversión. —replicó ella encogiéndose de hombros, sonriendo al escuchar la risa fresca del detective.
Sirius entrecerró los ojos pero se contuvo de decir nada.
Tres horas más tarde el detective detenía su auto frente al #12 Grimmauld Place, contento porque sus dos acompañantes y él habían disfrutado mucho charlando mientras buscaban lo que ellos querían. Sus conocimientos sobre arquitectura antigua, gracias a las extensivas charlas de su padre que le apasionaba el tema, les habían sido de utilidad.
Además el hombre de ojos grises era alegre y de conversación fluida, destensando los dos a la joven mujer y compartiendo los tres una tarde alegre. Mientras tanto Madox, Michael y Daryll gruñían eventualmente por la radio pidiendo reportes y que recortasen el paseo, lo cual ellos apenas si oían pues él le había bajado el volumen al oír la protesta del último por la demora en la Abadía. Harry los esperaba con Johan frente a la casa, los dos con el ceño fruncido, lo cual sólo los hizo reírse a los tres lo más bajo posible.
—Robin llegará en unos minutos a examinarte. —le dijo Johan a su padre con expresión de regaño contenido.
—Después de lo cual hablaremos sobre salir de la casa zoo sin las precauciones adecuadas. —afirmó Harry con tono enojado.
—No estuvieron solos y… —intentó conciliar Anthony mientras le apretaba levemente el hombro con cariño a la mujer en silla de ruedas.
—De no ser por los idiotas ebrios ni siquiera Los Halcones habrían sabido que no estaban en la casa zoo. —cortó su intento Johan con tono y expresión de molestia. Su hermana nunca había permitido que le pusiesen rastreador a su auto, quitándole los que le pusieron a escondidas de ella para luego discutir con ellos por eso.
—Somos dos adultos que podemos ir a donde queramos sin pedir permiso. —protestó enojada Anya.
—Pero la situación actual es peligrosa y ustedes… —empezó a refutarle Harry con el ceño fruncido.
—Jóvenes, por favor entren a la casa —lo interrumpió Molly que había abierto la puerta—. Estoy segura que es mejor que tengan la conversación adentro, luego de compartir conmigo un té mientras esperamos que la cena esté lista. —agregó con una sonrisa maternal.
Harry suspiró y denegó levemente antes de cabecear para indicarles a todos que hiciesen como ella había dicho.
Media hora más tarde suspiraba de nuevo, pues la matrona había intercedido por los dos fugitivos y resaltado la forma en que Anthony Bennett había sabido llevar la situación con los dos impulsivos, manteniéndolos a salvo pero respetándoles la libertad e independencia que ambos "requerían para mantenerse tranquilos". Las sonrisas satisfechas de su hermana y su padrino lo exasperaban, pero sabía que la matrona tenía razón en que el detective rubio había sabido manejarlos para evitar escapes y que aceptasen la compañía.
Durante el té y la cena posterior lo había estado analizando exhaustivamente, teniendo que aceptar a regañadientes que quería y respetaba a su hermana. Le molestaba por el sentido de protección que había desarrollado hacia Anya, pero al mismo tiempo le agradaba por la forma en que se acercaba a ella sin presionarla. A él le preocupaba mucho el problema que había detectado en su hermana, del que ya había hablado con su padrino y su tío por afecto. Le intrigaba la actitud que le había notado a su padrino respecto a ellos dos desde que llegasen a la casa.
—¿Por qué no se quedan esta noche aquí? —planteó Molly.
—Lo siento suegra, pero sabes que odio esta casa. —denegó Sirius.
—Mis pequeñas mascotas se pondrán nerviosas si no llego a dormir. Son capaces de salir a buscarme. —se unió a la negativa Anya.
—Buenas noches —entró saludando el guardabosques de Hogwarts en ese momento—. Supongo que tú eres la hermana de Harry —se aproximó a Anya con una gran sonrisa—. Mi nombre es Rubeus Hagrid, pero todos me dicen Hagrid. Luna me ha hablado mucho de ti y de tus mascotas, me gustaría mucho conocerlas y presentarte con unos pequeñines que tengo a mi cuidado en el colegio.
—Mucho gusto señor Hagrid. Mi nombre es Anya Madeleine Dyson y Luna también me ha hablado mucho de usted. Estaré encantada de presentarlo con mis amiguitos y conocer los suyos. —aceptó ella con una gran sonrisa.
—Tendré que hablar seriamente con Luna Longbottom. —comentó Molly con tono de regaño maternal.
Ella les había pedido a todos que evitasen en lo posible esa reunión que se estaba dando, luego que su hija le contase sobre las predilecciones de Anya en cuanto a los animales que tenía por mascotas. Ginny había averiguado entre muggles que, a excepción de los perros, los otros animales no eran normales entre los no mágicos como compañías caseras.
Hagrid la miró confundido mientras Anya reía, aunque rápidamente intentó cubrir su risa con fingida tos al ver la expresión de maternal regaño de la matrona.
—Harry puede hacer un trasladador para llevarnos a todos los que iremos a la casa zoo, así Anthony, Johan, Robin, Madox, Michael y Daryll experimentarán uno de los medios mágicos de transporte. ¿Qué opinas ahijado? —planteó Sirius con una sonrisa convincente.
—Es una buena idea —aceptó él mirándolo intrigado. "¿Por qué ha nombrado al detective antes que a su propio hijo?"—. Usaré el mantel de la mesa. ¿Te importa mamá Molly?
—En lo absoluto, hijo. Sólo tráelo de regreso cuando vengas de nuevo. —le respondió ella con una sonrisa.
—Sólo tienen que sujetarse de él luego que lo vean brillar con una luz azulada. —les explicó Anya a los cuatro detectives que los miraban interrogantes, ubicando la mano derecha del rubio que tanto le gustaba en el mantel con las suyas sin darse cuenta de las miradas extrañadas de quienes la rodeaban, absorta en sus ojos azules.
—¡Portus atenuate! —lo transformó Harry en un trasladador que no generase inconvenientes en el "aterrizaje", como había modificado el hechizo durante la guerra para trasladar heridos, luego de gruñir levemente en dirección a su hermana y el detective.
Anya había soltado las manos del detective y se había sonrojado muchísimo al oírlo, sujetando con su mano derecha el mantel con sus ojos clavados en éste para no mirar a nadie.
Anthony la miró con preocupación y decidió que tendría que hablar ya no sólo con Johan, Robin y Daryll, sino también con Harry, Sirius y Remus por las actitudes que les había visto a los tres con la mujer de la que estaba perdidamente enamorado. Pero antes de hablar con cualquiera de ellos debía y quería una vez más intentar que ella le permitiese acercarse ya no como un amigo sino como un pretendiente, el hombre que la amaba y quería hacerla feliz.
En cuanto aparecieron todos en el jardín tras la casa zoo, todos se movilizaron hacia la joven mujer al oírla quejarse levemente. Había olvidado sujetar la silla de ruedas con su mano izquierda y ésta había permanecido en Grimmauld, siendo amortiguada su caída porque Anthony instintivamente se había desplazado bajo ella.
—¿Estás bien? —preguntaron todos a coro, preocupados.
—Sí. Perdona Anthony. ¿Te lastimé? —le preguntó ella mirándolo con sus ojos muy abiertos.
—En lo absoluto. —le sonrió él para tranquilizarla. Aunque la verdad es que le dolía muchísimo su costado izquierdo, a niveles casi intolerables.
—Tenía que haber sujetado mi silla para que apareciese aquí conmigo. —denegó ella mientras Daryll la levantaba en sus brazos.
—No te preocupes, un ángel como tú no pesa nada. —le guiñó Anthony un ojo, sonriendo al verla destensarse y sonreírle de vuelta.
El detective moreno comprendió que en realidad sí lo había lastimado de alguna manera porque de no ser así ya se estaría levantando, así que se giró rápidamente con ella en brazos.
—Vamos hacia tu auto para que tus mascotas vean que estás a salvo. Madox tuvo problemas para sacar a sus chicos luego que apareció aquí con tu auto y sin ti. Acompáñenos, señor Hagrid, será mejor que lo conozcan con ella cerca. —les dijo para distraerla, alejándose con ella hacia la puerta trasera de la casa.
—¿Qué tan malo es? —le preguntó Harry preocupado a Johan en un susurro para que su hermana no lo escuchase.
—Ni ella es un ángel hecho de plumas ni esta piedra sobre la que cayó una esponjosa almohada, pero no hay fractura —le respondió él luego de examinarlo rápidamente, después de desplazarlo con cuidado al ver su expresión de dolor contenido en cuanto Anya no lo miraba, entregándole a Harry la piedra que hubiese lastimado seriamente a la chica de no haberse interpuesto el detective con su cuerpo—. No sé cómo le has hecho para no quejarte y que ella no se diese cuenta, pero te lo recompensaré con un buen calmante. Sólo dame un minuto mientras traigo mi maletín. —le aseguró al detective apretándole levemente el brazo.
Anthony se limitó a asentir levemente, con sus ojos fuertemente cerrados y su mandíbula encajada para soportar el dolor.
—Deja, yo lo traigo. —ofreció Harry, desapareciendo y reapareciendo casi de inmediato con el maletín del hijo de su padrino.
Todos notaron el evidente alivio en el rubio en cuanto le hizo efecto el calmante, ayudándolo Robin y Madox a incorporarse.
—Al parecer su amigo se ha entendido con las mascotas de Anya. —comentó Michael al oír la algarabía de los animales y la risa del semigigante.
—Tengo que ponerle un hechizo especial a las sillas de ruedas que usa Anya para evitar cualquier tipo de accidente como éste en el futuro. —afirmó Harry mirando con el ceño fruncido la piedra.
—Y nosotros hacer limpieza de esta zona nuevamente para que no tenga inconvenientes con su silla —agregó Johan mirando lo mismo con expresión similar—. El problema es que Stormer sigue trayendo esas piedras cuando juega con ella y la pelota grande, a petición de Anya para usarlas como indicadores de meta.
—Dejen la piedra donde la consiguieron y yo le hago creer mañana que me tropiezo con ella. Así aceptará no traer más esas cosas sino sembrar algunos arbustos vistosos que sirvan al mismo fin y no generen problemas como el que acaba de ocurrir. —planteó Sirius, sonriendo al verlos a todos asentir con expresión de "excelente idea".
—Chicos, ¿pasa algo? —los llamó Anya desde la puerta trasera de la casa, sentada en la silla de ruedas que hasta esa mañana había estado usando Sirius.
—Intentaban regañarme por convencerte de salir temprano. Gracias por venir en mi auxilio. —le respondió Sirius de inmediato, caminando hacia ella lo más rápido que podía.
—Ni creas que te escaparás. —le siguió la idea Harry con habilidad.
—Ya dejen de hacer tanto ruido por una pequeña escapadita —bufó ella exasperada—. En lugar de molestar tanto podría ir uno de ustedes por mi silla favorita para que Sirius pueda usar un rato ésta, mientras compartimos con Hagrid y mis pequeños antes de acostarnos a dormir.
—De acuerdo. Pero que no se repita la "pequeña escapadita". —la regañó Harry. Sonrió al verla denegar con expresión fastidiada, antes de desaparecer a buscar lo que había pedido.
—¿De verdad estás bien? —le preguntó Anya preocupada a Anthony, en cuanto estuvo a su lado y pudo ver bajo la luz de la casa que estaba un poco pálido.
—De verdad. ¿Se han entendido tus mascotas con el señor grande? —le preguntó él sonriéndole con cariño.
—Sí. Han percibido que tiene un don especial para entenderse con pequeños como ellos —le respondió ella mirándolo analíticamente, suspirando y sonriendo al notar en su mirada lo que tanto él deseaba decirle—. ¿Me llevas con ellos?
—Seguro. —aceptó él sonriente.
Johan y Robin fruncieron el ceño, mientras Madox y Michael los miraban de reojo y Sirius sonreía levemente.
Una hora más tarde Robin le colocaba el plasma con el factor coagulante que le faltaba a su sangre y lo regañaba, atendiéndolo como médico antes que él se quedase dormido. Él fingía escucharlo pero estaba era pensando en el problema de la hija de su mejor amigo y la forma en que podría ayudarla a superarlo.
—¿Sabes? Me molesta mucho que me vean cara de tonto. —lo regañó el de ojos miel.
—¿A qué te refieres? —le preguntó Sirius parpadeando confundido, sacado de sus pensamientos por lo dicho por el joven.
—A que no me has estado escuchando aunque fingías hacerlo. —le respondió Robin mientras le examinaba la herida en el abdomen.
—Claro que te escuchaba. Me estabas regañando por la escapada y por haber permanecido tanto tiempo de pie este día. —le replicó él con fingida indignación.
—Eso sólo te lo dije mientras te ubicaba la aguja intravenosa. Luego te pregunté sobre lo que habían logrado con la escapada y, cuando no me respondiste, te empecé a hablar en términos médicos sobre mi especialidad para confirmar que no me estabas oyendo. —le reveló mientras presionaba levemente una mota con alcohol sobre un punto que se había intentado abrir un poco, seguramente por algún movimiento inadecuado de su paciente. Eso había ocurrido, por lo que veía, horas atrás.
—¡Ay! —se quejó Sirius sin poder contenerse, pues lo había tomado desprevenido—. Está bien, me declaro culpable pero no hagas eso de nuevo.
—Tenía que remover la sangre reseca para ver cómo está esto debajo —le aclaró él mirando con preocupación alrededor del punto. Le aplicó de inmediato otra mota empapada en suero medicado que adormecería la zona y al mismo tiempo evitaría una infección, un poco más tranquilo al ver que no había señal de hemorragia—. Ahora porqué no me cuentas lo que te tenía y te tiene tan preocupado.
—El problema de Anya con la magia. —le confesó Sirius luego de suspirar.
—Con eso y con permitir que alguien la vea como la hermosa mujer que es, la cual algún día puede formar un hogar con el hombre adecuado. —completó el castaño lo que el papá de su hermano no se había atrevido a decir.
—Eres tan buen observador como Remus, también tan silencioso y respetuoso como él de los asuntos privados de los demás —afirmó Sirius con una sonrisa, esperando con lo último disuadirlo de hablar sobre los problemas emotivos de la hermana—. Tienes razón, eso también —aceptó luego de ver al joven enarcar una ceja en su dirección—. He notado las miradas entre Anya y Anthony, también que él intenta acercarse y ella lo aleja sutilmente.
—No sé si él sea el adecuado para ella, pero lo preocupante es la actitud de mi hermana. —asintió el médico pensativo mientras examinaba con cuidado los otros puntos.
—Creo que deberíamos incluirla en el plan de Ginny en cuanto yo esté un poco más recuperado y podamos unirnos los dos a las salidas nocturnas, uniéndola por ahora al plan que estamos llevando con los otros cuatro aquí mientras Hermione y Katherine se recuperan del trasplante de médula del domingo. —le planteó Sirius.
—No hemos logrado llevarla a un sitio nocturno desde que quedó paralítica. —denegó Robin con expresión triste.
—Eso es porque se desenvolvían entre muggles —le contradijo Sirius, explicándose mejor al ver que lo miraba interrogante—. Harry puede ayudarnos a convencerla de ir a un sitio mágico, en que con magia pueda trasladarse y bailar casi de forma normal.
—No creo que sea buena idea si queremos que le permita a Anthony acercarse. —planteó Robin luego de dudar unos minutos.
—Fred y George tienen con Lee y Dean un pequeño local que es frecuentado por squibs y algunos muggles que saben de magos por estar casados con brujas y magos, así que podemos ir allí con todos Los Halcones. No es muy concurrido y los chicos vienen de cacería a los sitios muggles porque así tienen mejores resultados, además de no tener que preocuparse con las responsabilidades propias de los dueños de un sitio nocturno. Pero es agradable y los gemelos aceptarán gustosos si con eso ayudan a Harry con Anya. —le explicó Sirius su idea.
—Parece un buen plan. En un lugar así sería más fácil también controlar el entorno para disminuir las evasivas de Hermione, Katherine, Ron y Harry. —afirmó Johan que había estado observándolos en silencio desde la puerta del cuarto.
—Cierto, sus intentos de escaparse hasta ahora no han sido exitosos porque aquí no tienen mucho a dónde ir ni pueden escabullirse entre otras parejas, como si podrán hacerlo si vamos con ellos a sitios muy concurridos. —afirmó Robin mientras le aplicaba algo al suero que le había puesto en la vena, luego de que pasase todo el plasma.
—Entonces… eso… haremos… —intentó seguir conversando Sirius, frunciendo el ceño por la pesadez que de pronto lo estaba adormeciendo—. Chupa sangre… tramposo. —protestó mirando el suero al comprender que el hijo de su amigo debía haberle puesto un sedante allí en lugar de las vitaminas del día anterior, refunfuñando antes de quedarse dormido al ver su sonrisa pícara y oír su réplica.
—Descansa bien, papá de rompe cráneos. —le respondió Robin.
—No parece tener una recaída seria luego de su escapada de hoy. —comentó Johan luego de tomarle el pulso y acariciarle el cabello con afecto.
—No, creo que en sólo unos días podremos darle el alta. Y si no hace nada abrupto en sólo un par de semanas estará tan restablecido como es posible en su condición, al menos mientras logramos revertir el problema mágico que tiene. —afirmó Robin incorporándose de la silla en que había estado hablando con Sirius.
—Aunque me cuesta aceptarlo tienen razón en cuanto a Anya y Anthony. —reconoció Johan justo cuando su hermano de crianza estaba a punto de salir del cuarto, encogiéndose de hombros al girarse y ver que lo miraba con asombro.
—Te ha hecho mucho bien tu conversación con Ginny —afirmó Robin, sonriendo al verlo removerse incómodo y asentir—. Me siento orgulloso al ver madurar a mi hermanito. —se burló con una sonrisa.
—No te pases, chupa sangre.
—Siempre que quiera, rompe cráneos.
Los dos se rieron con fraternal diversión. Saliendo del cuarto jugándose bromas.
Mientras tanto Sirius empezaba a soñar con sus días de colegio, al final de su séptimo año, bromeando Remus y él con James por el cambio de éste desde que Lily lo había aceptado como novio suyo.
—¿No creen que puede ser peligroso que Los Halcones vayamos allí? —preguntó una vez más Daryll, preocupado.
—En lo absoluto. Sólo estaremos Los Dragones y miembros de la comunidad mágica de confianza. Será una fiesta privada en honor a la recuperación de mi padrino y su cumpleaños. Nadie preguntará sobre ustedes porque los presentaré como amigos que me ayudaron en secreto durante la guerra. —afirmó Harry, que había aceptado gustoso la idea de Johan y Robin para ayudar a Anya con "la falta de confianza en si misma". Ni los hermanos médicos ni los demás habían mencionado nada sobre Anthony
Lo que Harry no sospechaba era que él era parte del plan que tenían sus amigos para esa noche, liderados por la menuda pelirroja.
—En ese caso cuenten con nosotros. —afirmó el moreno, a quien con algo de dificultad habían convencido Kathleen, Julie, Christine, Dorothy y, primordialmente, Maggie (con quien tenía un "noviazgo no oficial") de ayudarlos con "aclararse a las dos parejas de enamorados" y el problema que tenía Anya con la magia por su falta de seguridad en si misma. Las detectives y la paramédico habían tenido mucho cuidado en no decirle sobre lo que pretendían entre ella y Anthony.
—Perfecto. Afinaré los detalles. —aseveró Harry.
Esa noche, dos horas después de iniciada la fiesta, el joven de ojos esmeralda se arrepentía de haberse dejado convencer por Ginny, al ver la expresión de malicia de los gemelos Weasley. Pero era muy tarde para huir e inútil totalmente intentar subir sus barreras con ellas tres allí. Con Hermione nunca había podido hacerlo realmente, aunque lograba fingir que sí lo conseguía. Con Katherine y con Anya le era casi igual de complicado ponerlas, por lo que muchas veces también simulaba tenerlas.
Le alegraba el ver a su hermana mucho menos nerviosa de lo que estaba cuando llegaron, pero era ahora él quien se sentía como cochinilla rodeada de bowtruckles. Sin darse cuenta cómo había terminado bailando una pieza de música romántica con la castaña que hacía cabalgar su pulso de forma desbocada y nublarse sus sentidos. Vio a su mejor amigo bailando con su novia y no sintió celos, lo que incrementó su desazón.
Nunca podría definir si fueron sus pies o los de ella los que tropezaron, lo cierto es que intentando recuperar el equilibrio para no caerse sus miradas se encontraron y se perdieron el uno en el otro. Habían estado evitando mirarse a los ojos desde que llegaron para evitar que sucediese lo que estaba ocurriendo, pero ya era tarde. Sus mentes les gritaban que se detuviesen, que estaba mal, pero ninguno de los dos podía escucharlas pues sus cuerpos se movían ajenos a su voluntad, siguiendo los dictados de su corazón, uniéndose sus labios en un beso dulce e intenso y apasionado.
—¿Lo estás sintiendo? —le preguntó Ginny a Sirius en un susurro, deteniéndose los dos bruscamente en su danza. Empezaron los dos a mirar a su alrededor luego de él asentir.
—Teníamos razón. —susurró Sirius con una gran sonrisa en su rostro.
—También con ellos. —afirmó ella en voz muy baja, señalándole con una cabezadita a su hermano menor y la detective morena de ojos azules, que también se estaban besando en ese momento.
—¡Maldita sea! —exclamaron los dos al acabarse la canción y separarse las dos parejas con expresiones evidentemente incómodas.
—Tranquilos, la noche apenas si está empezando —dijo con picardía la metamórfaga, guiñándoles uno de sus ojos mientras su pelo cambiaba de rosa chicle a mechones de distintos tonos pasteles. Nymph se sonrojó un poco, porque eso delataba ante quienes la habían visto en su primer embarazo que estaba esperando de nuevo un bebé—. Nataly, Johan, Julie y Robin han acudido al rescate. —agregó rápidamente para distraerlos, señalándoles con una cabezadita en dirección a las cuatro parejas.
—Me agrada mucho que Nataly haya aceptado a Johan y estoy muy contento porque él es muy feliz con ella. Todo eso es sólo gracias a ti, mi adorada pecosa —le dijo Sirius con tono seductor a su novia antes de besarla apasionadamente—. Felicitaciones a ustedes dos por mi futuro ahijado. —agregó rápidamente en dirección a su prima y su mejor amigo en cuanto se separó de Ginny, sonriendo con malicia al verlos a los dos sonrojarse.
—De acuerdo. —aceptaron los dos sonrientes, pues sabían que él había accedido a no ser el padrino de su primer hijo sólo porque Hermione y Harry habían pedido ser los padrinos de John Ted Lupin y él no era capaz de negarle nada al chico de ojos esmeralda. Pero obviamente los padrinos de este bebé serían Ginny y Sirius.
Nataly le sonreía comprensiva a Harry, pues comprendía su nerviosismo luego de lo que acababa de ver. Al principio se había opuesto a aquello cuando Johan le había contado lo que pretendían. Su novio… se sentía tan bien el llamarlo así mentalmente o con su boca. Sonrió al ver que su pareja de baile la miraba interrogante y le susurró al oído lo que estaba pasando por su cabeza, sonrojándose cuando él la felicitó en voz baja por su noviazgo.
—Gracias Harry. Eres un chico muy guapo y agradable, pero deberías escuchar más seguido a tu corazón y con menos frecuencia a la fría lógica. La felicidad generalmente está al alcance de la mano, pero se nos escapa entre los dedos como el agua porque nos da miedo admitir lo que sentimos. —le dijo ella en voz baja.
—No puedo sobreponer mi felicidad a la de otros. Me sentiría mal haciéndoles daño. —le respondió él triste, confiando en que ella no le entendería.
—Tal vez los haces más infelices procurando que ellos sean felices, pues muchos están malacostumbrados a que los protejas y les guíes, sin haber aprendido a oír su propia voz interior. —le respondió ella con una dulce sonrisa.
—¿Qué quieres decir? —le preguntó él extrañado.
Pero ella no tuvo oportunidad de responderle porque la voz del discjockey gritaba en ese momento la señal para cambiar de parejas y de pronto se vio bailando con Maggie.
Casi hora y media después un muy aturdido Harry bailaba una pieza con Katherine, su novia, la mujer que le gustaba mucho y a quien quería pero no amaba. Se acoplaban perfectamente en la danza, pero se habían estado esquivando las miradas sin darse cuenta.
A unos pasos de ellos la situación entre Hermione y Ron era casi igual, sólo que el pelirrojo de vez en cuando miraba hacia la detective morena de ojos azules y su mejor amigo con el ceño fruncido. Sabía que no era en lo absoluto correcto lo que estaba sintiendo, pero recordaba muy bien cuando su padre le había aconsejado que por temor de hacer daño no permitiese que una situación llegase a un punto de no retorno.
Anthony bailaba un poco incómodo con Anya, que no lo había mirado a los ojos en las piezas anteriores que habían compartido.
—¿No te gusta que baile contigo? —se decidió a preguntarle levantándole suavemente el rostro por el mentón para que lo mirase.
—El mundo mágico dejó de ser el mío hace cuatro años y medio. Me entristece que en nuestro mundo, el muggle, no podemos tú y yo compartir algo que a los dos nos gusta. —le respondió ella con sinceridad, sus ojos llenos de lágrimas que con dificultad contenía.
—En eso te equivocas, preciosa —le dijo él con cariño—. ¡HARRY! QUITA EL HECHIZO SOBRE ANYA, POR FAVOR. —le pidió a gritos mientras pasaba su mano izquierda rápidamente bajo sus rodillas y con la derecha la abrazaba por los hombros a él.
El aludido se giró a mirarlos intrigado, al igual que todos los demás en la fiesta, haciendo lo que él le pedía al insistirle su novia en su oído que lo hiciese.
—Pero… —intentó protestar Anya asustada, conteniendo la respiración al sentir que la gravedad empezaba a actuar de nuevo en ella y era su acompañante quien la sostenía.
—Eres el ángel que le da luz a mi vida y las fuerzas que necesite para hacer lo necesario para que los dos seamos felices, en este mundo, en el nuestro o en cualquier otro que pueda existir, porque te amo. —declaró Anthony con firmeza. Empezó a bailar con ella en sus brazos con la música que le dictaba su corazón, pues tanto el discjockey como los demás en el lugar estaban paralizados al verlos y oírlo a él.
—Anthony… —se abrazó emocionada Anya a él, sollozando sin poder evitarlo con una mezcla de dicha y tristeza en su corazón mientras él se desplazaba con ella por la pista de baile sin importarle que los demás los estuviesen mirando—. Yo también te amo, pero me da miedo lastimarte.
—La única forma en que puedes lastimarme es rechazándome, pero aún si lo haces yo te seguiré amando. —le respondió él sin detenerse.
—Perdona que por mis miedos te haya hecho tanto daño hasta ahora. No volveré a hacerlo. —le aseguró ella acariciándole el rostro con cariño.
—¿Entonces aceptas ser mi novia y muy pronto mi esposa? —preguntó él deteniéndose, con una gran sonrisa en su rostro y sus ojos brillando con emoción.
—SÍ. —gritó ella feliz.
El discjockey brincó hacia atrás cuando vio que el equipo de música empezaba a funcionar solo, sin haber visto a ninguna varita apuntar en su dirección.
—Más te vale que lo mantengas funcionando y con ninguna melodía romántica por la próxima media hora. —gruñó Daryll amenazante, pasando a su lado directo hacia la pareja en el centro de la pista de baile.
Harry había activado la música con magia involuntaria mientras entrecerraba sus ojos. Soltó a su novia y se dirigió con paso firme hacia su hermanita y el detective.
—¡Oh oh! —exclamó Sirius al ver lo hecho por su ahijado y la expresión de los rostros de éste, su hijo, el hijo de su amigo y el detective moreno.
—Rápido, tenemos que hacer control de daños. —lo haló Ginny de la mano hacia el centro de la pista.
—¡Rayos! Hace mucho que no perdía el control de su magia de esa manera. —afirmó Hermione, abandonando a su novio para ir rápidamente hacia el lugar en el que pronto habría una explosión si no se controlaba la situación.
Amy y Kingsley tragaron saliva y se dirigieron rápidamente allí, al igual que Nymph, Remus, Katherine y Ron.
—¿Qué crees que estás haciendo con mi hermanita? —le gruñó Harry con tono amenazante a Anthony al llegar al lado de los dos.
—Bailando y pidiéndole que sea mi novia antes de hablar contigo, con Johan, con Robin, con Daryll, con Sirius y con Remus —le respondió con falsa tranquilidad el detective rubio, pues podía sentir sobre su piel un cosquilleo extraño que sospechaba se debía al poder mágico de su cuñado. Había nombrado a los dos mejores amigos del fallecido padre de la mujer que amaba porque sabía, desde dos días atrás, que ellos estaban de acuerdo con un posible noviazgo entre ellos—. Supongo que entenderán que ella debía aceptarme antes de yo pedirles a ustedes permiso para… —intentó explicar con tono firme.
—¿Por qué tendrías que pedirles permiso a ellos si yo soy una mujer adulta? —lo interrumpió Anya mirando a quienes los rodeaban con expresión desafiante.
—Porque ellos te quieren mucho, cariño. Es lógico que quieran protegerte de cualquiera que se te acerque. —le respondió él con dulzura, luego de tragar saliva al sentir el cosquilleo en su piel incrementarse.
—Muy inteligente de su parte comprender eso, detective. Ahora permita que Remus lleve a mi hermana a una mesa mientras nosotros sostenemos una conversación con usted. —le ordenó Harry lenta y claramente, enojado.
—Claro que no. No me alejaré de Anthony mientras ustedes estén así. —aseveró Anya mientras se aferraba a él por el cuello.
—Tranquila, haz lo que Harry dice —se apresuró a intervenir Hermione—. Ginny, Sirius y yo estaremos presentes en la conversación que él, tus hermanos y tu primo tendrán con Anthony. Te aseguro que todo saldrá bien.
Anya dudó un momento, mirándolos a todos de uno en uno, pero el que su hermano no le hubiese refutado nada a la castaña la tranquilizó un poco, suplicándoles con la mirada a ella y al hombre de ojos grises que evitasen que lastimasen al hombre que amaba.
Katherine y Ron se sintieron ajenos a lo que estaba sucediendo, a pesar de estar presentes y acompañar a quienes hablarían con el detective rubio. Sin darse cuenta se ubicaron el uno al lado del otro, pendientes de la forma en que Harry interrogaba a Anthony y Hermione ayudaba a calmar los ánimos. Se miraron de reojo al rozarse sus manos y se separaron levemente, nerviosos, volviendo a mirar lo que sucedía frente a ellos pero analizando ahora lo que estaban sintiendo internamente y el comportamiento de quienes se suponía eran sus parejas.
Media hora después un sonriente Anthony se sentaba junto a Anya, correspondía al abrazo nervioso de ella y la besaba en la boca con dulzura, asegurándole que todo estaba bien y que así seguiría siendo.
Katherine bailaba con su novio y Ron con su novia, pero con expresiones ausentes.
—¿Katy? —le preguntó Harry intrigado por su actitud—. ¿Estás asustada por lo que me viste hacer? —insistió preocupado.
—No, no estoy asustada por eso. —le respondió ella con sinceridad pero sin mirarlo.
—¿Qué te pasa? —le preguntó deteniéndose y levantándole el rostro por el mentón para que lo mirase.
—Me he dado cuenta que me quieres pero a quien realmente amas es a Hermione —le respondió ella decidida, suspirando al ver que se congelaba y sus esmeraldas se abrían al máximo—. Me entristece Harry, no puedo negarlo, porque yo también te quiero. Pero no siento el dolor tan grande que sentí cuando murió Dani porque creo que yo también estoy confundida en mis sentimientos. Me gustaría que siguiésemos siendo amigos, pero creo que necesitaremos un tiempo para adaptarnos a esa nueva situación luego que hemos compartido tanto, y no me refiero sólo a las maravillosas noches que hemos vivido en mi apartamento.
—Katy… Yo… Yo no… —tartamudeó Harry.
—Habla con Hermione. Busca tu felicidad. —le aconsejó con cariño.
—Yo… No puedo… Ron… —balbuceó él, bajando la mirada.
—Él ha comprendido lo mismo que yo en el mismo momento. Ve con tu castaña y permite que nosotros dos nos aclaremos mientras ustedes dos buscan el camino hacia su felicidad. —le aconsejó mientras con suavidad le movía el rostro para que viese al alto pelirrojo alejarse de una paralizada castaña con una disculpa en la mirada, dándole en seguida un beso en la mejilla y separándose de él tan rápido como se lo permitía su propio nerviosismo.
Harry parpadeó confundido, mirando sin poder creer lo que veía, su mente colapsada por lo que acababa de suceder. Vio a Hermione suplicarle con la mirada que la ayudase y empezó a caminar hacia ella. Se detuvo al verla denegar, muy asustados los dos, desapareciendo cada uno de ellos luego de cerrar los ojos.
—¿Qué acaba de pasar? —preguntó Sirius confundido—. ¿Alguien me puede explicar lo que sucede? —insistió al ver desaparecer al pelirrojo y a la detective morena dirigirse rápidamente hacia la salida.
—Les dije que no interviniesen. —le recordó Remus, viendo con alivio a su hijo correr hacia Katherine y detenerla antes que alcanzase la puerta, abrazar a la detective sollozante y desaparecer con ella.
—Pero… Por lo que acabo de oír todo iba bien. —insistió Ginny señalando la flor que había insistido llevasen todas las chicas en el baile para poder ella oír lo que sucedía entre las parejas e intervenir si hacía falta.
—No, eso es lo que ustedes dos aún no entienden —les dijo Remus luego de suspirar—. Mientras Katherine y Ron no estén claros en lo que sienten Hermione y Harry no se sentirán bien estando juntos, pues pensarán que los están lastimando. Dudo mucho que ellos se acerquen mientras los otros dos estén separados y tristes. Es más, apostaría a que intentarán convencerlos de retomar sus relaciones y será más difícil que se aclaren.
—¡Rayos! —exclamaron los dos a coro al comprender que tenía razón.
—No seamos tan pesimistas, podemos ayudar a que Katherine y Ron se aclaren antes que Hermione y Harry cometan el error de retomar esos noviazgos —planteó Nymph para tranquilizarlos un poco, mordiéndose el labio inferior al verlos denegar cabizbajos—. Además hemos logrado algo muy positivo hoy, miren a Anya y a Anthony.
Sus acompañantes suspiraron y sonrieron. Tal vez la metamórfaga tenía razón, al menos eso deseaban de todo corazón.
