Resumen: Viajes de fin de año. Nacimiento de tres bebés. Situaciones que delatan a quienes acompañan a El Fénix y quienes siguen a La Sombra. Descubrimientos críticos.
Despejando Dudas
Harry miraba a su hermana con los ojos entrecerrados, intentando adivinar lo que tramaba al reunirlos a los cuatro allí con ella. Ya habían tenido una semana muy pesada Hermione y él en el trabajo, sin hablar de lo ocurrido y evitando el estar el uno al lado del otro más allá de lo que les exigían Robards y Stevenson, para que ahora tuviesen que estar ahí y precisamente frente a ellos dos… Se sentía tan incómodo.
La detective no había querido verse con él en ningún momento, aunque le respondió amigablemente a todas sus llamadas y sus excusas fueron siempre sutiles y certeras por lo que deducía que no le estaba cerrando el acercarse a ella. La había espiado y confirmado que sus respuestas eran ciertas, mientras en su pecho y en su mente se libraba una batalla al ver que se arreglaba muy bonita pero en su mirada había tristeza.
Con su mejor amigo no había intentado hablar hasta ahora de lo sucedido, aunque lo que le había dicho su mamá por afecto lo tenía nervioso. No le gustaba nada que su amigo estuviese pensando la oferta que le había hecho Viktor Krum de unirse a un equipo búlgaro de Quidditch, cuando no buscó irse recién terminada la segunda guerra.
—Si esto es una broma por el día de los inocentes es de muy mal gusto. —le dijo enojada Katherine a Anya al abrir el sobre que le acababa de entregar.
—La sal en tu café es la broma, lo que tienen en sus manos es muy real —le replicó ella muy seria. Ni siquiera logró sonreír cuando la detective hizo un gesto de asco y se atoró, pues se lo había dicho justo cuando intentaba tomar el primer trago de la negra y humeante bebida—. Te he dado los boletos de avión a ti porque no sé si ellos tres estén adaptados a esa forma muggle de transporte.
»Me contacté con tu hermano por Internet y me confirmó que él ha visto uno de los cristales en Grecia. Está seguro de eso porque el hombre que se lo mostró es conocido de un amigo suyo y, por como se le acercó, quiere una relación "amistosa". Al parecer quiso lucirse mostrándole lo que tenía en su cámara acorazada.
—Kenneth es homosexual, sí, pero no le gustan los hombres mayores. —comentó pensativa la detective, con la normalidad con que hablaba sobre el tema desde que su hermano se sincerase con ella cinco años atrás.
—Podría haber cambiado de gustos —replicó Anya encogiéndose de hombros, mirando fijamente el monitor de la computadora mientras sus dedos se movían ágilmente por el teclado—. El punto no es ése, sino que el sujeto es alguien con expediente policial en Francia, Suiza, Alemania y aquí en Inglaterra. Además que estoy casi segura que no es un muggle sino un squib, porque estuve rastreando sus datos familiares y no conseguí nada. Tampoco de él antes de los once años.
—Eso no implica que no sea de nuestro mundo —replicó la detective con el ceño fruncido—. Justo ahora estoy siguiendo a alguien "sin pasado" aunque Jerry y yo estamos seguros de haberlo visto antes.
—De ese idiota ya te tengo el expediente completo. Toma —le entregó la carpeta amarilla que tenía al lado—. Pero Jayden Brackett es un psicópata aparecido de la nada en Londres justo a la edad en que un hijo de magos no puede ir al colegio y en que es repudiado por las familias mágicas que piensan como los Mortífagos. No es normal que aparezca de la nada un niño de once años con un abogado y dinero, sin familia y viviendo solo. El señor Robards ya lo está investigando a petición mía. El problema es que… estoy casi segura que ustedes tres conocen a su familia. —agregó mirando al trío dorado.
Harry no lograba apartar sus ojos de la foto en el expediente que había sacado del sobre que le entregase su hermana, luego de darle una rápida leída al documento.
—Esto no puede ser cierto, Rabastan Lestrange está muerto. Murió en la última batalla por una combinación de los hechizos que Hermione y yo le lanzamos, ella defendiéndose de Lucius y yo de él. —denegaba Ron, que no había leído nada. Su rostro estaba pálido. Su mente no asimilaba que hablaban de que fuese un familiar y no él, pues era idéntico.
—¿Cómo supiste que era familiar de alguien conocido nuestro? —preguntó Hermione con voz temblorosa. Los hermanos Lestrange se habían "divertido" con los tres cuando fueron prisioneros de los Mortífagos, aplicándoles las peores maldiciones que conocían.
—Porque Luna nos envió El Profeta cuando ella estudiaba cuarto año en Hogwarts y hubo una fuga de Azkaban. —le respondió Anya, sacando el viejo periódico de la gaveta del archivador en que guardaba documentos especiales resguardados. Luego la cerró e hizo girar la llave que de inmediato guardó en el pequeño llavero en su cintura, para después regresar hasta la mesa para mostrárselo.
—Pero si está en Grecia, ¿por qué metiste en el sobre que me diste cuatro boletos de avión hacia Bulgaria a nombre de nosotros? —preguntó intrigada la detective, que había tragado saliva al ver las expresiones de sus acompañantes. Ella había relacionado el rostro y los comentarios de ellos con uno de los peores mortífagos, de los recuerdos de la Segunda Guerra que Harry les había mostrado a Los Halcones.
—Porque se ha trasladado allí con todo el contenido de su bóveda luego de un "incidente" en la Universidad Aristóteles de Tesalónica. Invitó a Kenneth y otros compañeros en su viaje, sólo dos de ellos búlgaros. —le respondió tendiéndole una impresión del fragmento de conversación que había sostenido con el chico.
—No puedo creer que el idiota de mi hermano viajara con él sólo por seguir a su novio. —gruñó malhumorada la detective.
—Algunas veces no vemos lo evidente porque los sentimientos por quienes queremos o creemos querer nos nublan el juicio —le respondió Anya mirándolos a los cuatro, suspirando al ver el nerviosismo en ellos ante sus palabras—. Sólo pude conseguirles estadía para el fin de semana, pero supongo que estando allá pueden buscar cómo prolongarla si hace falta.
»Ron tiene una buena excusa, con lo del equipo de Quidditch que me comentó la señora Weasley ayer. Tú tienes a tu hermano allá y a nadie le extrañará que quieras ir a regañarlo si te conoce aunque sea un poco, Katherine. Para Hermione y Harry el pretexto es llevar al detenido de hace dos días… mmm… No recuerdo el nombre, pero el señor Shacklebolt dijo que ustedes sabrían de quién se trataba porque lo atraparon.
Sus cuatro interlocutores se miraban de reojo y al expediente frente a ellos. Sabían que no tenían una buena excusa para no ir juntos, además de estar seguros de querer ir a recuperar ese cristal. Pero… ¿Precisamente ellos cuatro a solas el fin de semana?
—No sé lo que pasó entre ustedes el viernes pasado porque yo estaba distraída con mi compromiso con Anthony. Pero estoy segura que si aprovechan su estadía allá, mientras investigan, para hablar como los adultos que son podrán resolver lo que los ha alejado. —les dijo Anya con un leve tinte de regaño en su tono de voz.
—Nosotros no nos hemos alejado —replicó Harry de inmediato con un tono similar al usado por ella, tragándose con dificultad el "entrometida" que afloró a sus labios—. Simplemente ha sido una semana complicada para todos por nuestros trabajos.
—Y este fin de semana sus trabajos los reúnen —completó Anya con fingida inocencia—. Sólo voy a aconsejarles algo, no evadan más la situación —cambió su tono por uno lleno de madurez y comprensión—. Se los digo por experiencia, se puede hacer mucho daño queriendo hacer un bien. Yo no aceptaba a Anthony cerca por temor a lastimarlo y era con mi actitud que realmente lo hacía.
»Los cuatro son distintos en sus personalidades y han madurado de distintas maneras. Pero les puedo asegurar, por lo que he compartido con ustedes, que el que está aparentemente más confundido es el que en realidad está más claro de los cuatro. Es sólo que teme lastimar a los otros tres si está equivocado y por eso se está conteniendo de enfrentar la situación.
Ron la miró con sus ojos azules muy abiertos. Su expresión de asombro cambió por una de comprensión unos minutos después, al ver en aquellos ojos avellanas que lo veían fijamente la respuesta a sus preguntas.
Katherine, Hermione y Harry fruncieron el ceño y la miraron con una mezcla de molestia e incomprensión. Para los tres fue evidente que hablaba del pelirrojo por la forma en que se había quedado mirándolo, molestándoles en su amor propio que hubiese insinuado que ellos estaban más confundidos que él, pero al mismo tiempo no comprendían a qué se refería en cuanto a lo último dicho, aunque la primera tenía sus sospechas y eso le hacía sentir algo muy extraño en su pecho.
—Hola cariño. ¿Cómo están amigos? —llegó saludando el detective rubio muy sonriente a su novia y con alegría a sus acompañantes.
—Hola. —le respondieron los cuatro en automático, sus miradas clavadas en los expedientes en sus manos para no verse entre ellos.
—¿Qué les hiciste? —le preguntó Anthony a su novia con picardía al ver sus expresiones.
—¿Yo? ¿Me crees capaz? —replicó Anya con fingida inocencia, riéndose en seguida—. Sólo les he sacado los boletos del viaje en avión para que pasen un fin de semana juntos… trabajando. —agregó señalando las manos de la detective, haciendo la pausa antes de la última palabra más larga de lo necesario a propósito.
—Eres una pícara entrometida incorregible y adorable —sonrió él ampliamente—. Les deseo buen viaje y que puedan resolver allá lo que se llevan pendiente. —se giró a decirles, intentando poner expresión seria al ver que los cuatro lo miraban con los ojos entrecerrados.
—Hola, me alegra mucho que hayan venido a ver como el necio hijo de Remus tiene que ceder y finalmente darme de alta. —entró diciendo Sirius muy alegre, interrogando con sus ojos grises a su ahijado al ver que rápidamente cerraba la carpeta amarilla y la guardaba en el bolsillo interno de su chaqueta.
—Sigue diciéndome así y te obligo a quedarte aquí de reposo otra semana más. —amenazó Robin entrando tras él.
—Nada de eso, hermanito, que necesito ir con él a Stavanger en Noruega y a Uppsala en Suecia para la investigación que llevamos los dos. —se opuso de inmediato Anya.
—¿Puedo acompañarlos? —preguntó de inmediato Ginny.
—Claro que sí, mi amor. —le respondió Sirius abrazándola y besándola en la boca.
—Anthony, me gustaría que tú también fueses con ellos. —se giró a decirle Harry, mirando rápida y significativamente el arma que sabía el detective portaba en su costado izquierdo. Sabía que su padrino y la menuda pelirroja eran muy buenos en Defensa Contra las Artes Oscuras, pero le preocupaba un problema con muggles.
—A mí me gustaría muchísimo ir, pero tú decides mi ángel. —respondió mirando con cariño los ojos avellana de la mujer que amaba.
—Nada me haría más feliz en ese viaje que tenerte a mi lado. —aseguró sonriéndole dulcemente.
Harry carraspeó cuando los besos de las dos parejas se estaban prolongando mucho, lo cual lo hacía sentir doblemente incómodo, pues no sólo habían muchas personas en el lugar sino que ahí estaban la mujer que amaba y la que le gustaba, que había sido su novia hasta sólo una semana atrás y él pensaba reconquistar para no dejarse llevar por su corazón y lastimar a su mejor amigo. Ya le estaba costando mucho mantener sus barreras mentales y anímicas arriba con ellas tres presentes, las que se había esforzado en reforzar para lograr levantarlas cuando estaba con su hermana y las dos mujeres que quería.
—No seas pesado, Harry, si se ven muy bien. —bromeó Ron.
—¿Quién eres y qué hiciste con mi hermano menor? —preguntó Ginny fingiendo apuntarle con su varita, mientras Hermione, Harry y Sirius lo miraban desconcertados.
—Sólo soy su versión madura, hermanita —le respondió él guiñándole el ojo derecho, sonriendo ampliamente al verla bajar la varita y mirarlo desconcertada—. Katy, vamos al jardín para explicarte lo básico del Quidditch. Así podrás entender mejor lo que ocurre cuando te lleve a las prácticas del equipo de Viktor. —le planteó con expresión alegre.
—Ella es muggle. —fue lo único que atinó a decir Hermione cuando los vio salir, la detective un poco ruborizada y esquivándoles las miradas a todos con su mano en el brazo del pelirrojo alto.
—Eso no será problema, no después del encantamiento que el señor Lancelot les aplicó a Los Halcones. —replicó Anya con una sonrisa divertida en su rostro.
—Nunca se me hubiese ocurrido hablarle de Quidditch, aunque sí le planteé llevarla a volar en escoba. —comentó Harry distraído, mirando todavía la puerta lateral por la que habían salido.
—Pues no sé cómo no se te ocurrió si eres excelente buscador. —replicó Hermione sin lograr disimular totalmente la molestia en su voz, metiendo la carpeta en el pequeño maletín de mano que llevaba para salir de allí.
—¿Podríamos hablar, Herm? —le preguntó Harry al verla levantarse, haciéndolo él también—. Me gustaría que planeáramos bien lo que haremos. —agregó en tono suave al ver su expresión interrogante aunque enfadada.
—Seguro, señor Potter. Nos vemos en quince minutos en la oficina. —le respondió la castaña con tono frío y seco.
—¿Y ahora qué hice? —preguntó en voz baja al verla salir hacia la parte posterior de la casa para desde ahí desaparecer, totalmente desconcertado.
Ginny y Anya rodaron los ojos mientras Anthony, Sirius y Robin lo miraban con la solidaridad masculina que usan los hombres cuando uno de sus congéneres ha cometido un error con alguien del sexo opuesto.
—Mientras Ron le enseña lo que mejor conoce a Katy, dejando aquí olvidada a Hermione, tú podrías recordarle a mi amiga castaña que la llevaste a volar en un hipogrifo antes que cumpliese quince años, además de ser su primer amigo en el colegio y todas las cosas bonitas que han compartido desde que se conocieron. —le aconsejó Ginny con tono lento y cariñoso, mientras lo tomaba del brazo izquierdo y lo halaba hacia la puerta por la que había salido Hermione. Sonrió al ver que su expresión de desconcierto pasaba a una de vergonzosa comprensión, dándole en seguida un pequeño empujón para que se apresurase.
—Esa fue una indirecta muy directa —comentó preocupado Robin luego que el de ojos esmeralda saliese—. Espero que no te hayas equivocado y se compliquen aún más las cosas.
—Ni lo digas. Esta semana he sufrido dos pequeñas fisuras, mamá ha tenido problemas serios en la circulación en sus piernas, mi novio tuvo dos pequeñas hemorragias, Hermione estuvo de reposo un día completo y apenas si pudimos controlar la crisis de Harry luego que lo hirió el mortífago que atraparon. Si esos cuatro no se aclaran nos van a tener en cama en San Mungo en pocos días. —aseveró Ginny.
—Lo que no me explico es porqué la situación se agravó luego de Harry conocer a Katherine y empezar a cortejarla. —planteó intrigado Robin.
Ginny y Anya rodaron de nuevo los ojos. Suspiraron al ver que Anthony, Sirius y Robin las miraban interrogantes.
—La respuesta a eso es muy sencilla, hermanito. Mientras no apareció Katy y Ron no rompió con Susan para pedirle noviazgo a Hermione, los tres se comportaban como amigos. Harry tenía en ese momento la esperanza de acercarse a ella como algo más, aunque no estuviese consciente de ello. —le explicó Anya como si le hablase a un niño pequeño.
—Eso suena muy lógico —asintió mirando hacia la parte posterior de la casa por la ventana—. Pero no tenías que exponerlo en ese tonito, hermanita fastidiosa. —se giró a protestar, sonriendo al verla reírse.
—Me alegra mucho que hayan podido venir todos a esta pequeña reunión para recibir el nuevo año. —afirmó en voz alta Molly Weasley, feliz al ver llegar a su hijo menor, los dos que había visto crecer al lado de éste y la detective.
—Se suponía que en Bulgaria se aclararían esos cuatro —protestó en voz muy baja Sirius desde el cómodo sillón en que estaba sentado con su novia abrazada—. Hola, me alegra verlos. —los saludó en voz alta.
—Pues estamos mejor que antes que se fueran, pero no totalmente bien —le respondió en un susurro Ginny—. ¿Qué me trajeron? —preguntó en voz alta.
—Una escoba nueva. —respondió Ron con una gran sonrisa.
—A ti un libro de runas antiguas. —le dijo Hermione a Sirius mientras se lo entregaba, su rostro también mostrando alegría.
—Al Ministerio de Magia un inquilino squib para Azkaban, con pruebas de uso de pociones e implementos mágicos en muggles para robarles y hasta someterles a sus caprichos. —continuó Harry tendiéndole a Gawain Robards la carpeta con el informe.
—Y un cristal para el Departamento de Misterios. —completó Katherine sacándolo de su bolso para entregárselo a Lancelot White.
—Pues nosotros también les tenemos noticias —aseveró Daryll tendiéndole una carpeta a la detective morena.
—¿Están seguros de esto? —preguntó ella asombrada luego de darle una lectura superficial al informe.
—Totalmente. — confirmó John.
—En resumen: tenemos los dos cristales que había conseguido Steve antes de conformarse Los Dragones, el que recuperó Gawain de los Mortífagos que detuvo, el que hemos recobrado de manos del único Lestrange squib del que sabemos y ahora tenemos confirmado que un amigo de Christine tiene otro por sus investigaciones sobre OVNIS; por lo que nos falta conseguir cuatro más, Los Papiros de la Muerte, la información sobre los lazos que forjó Voldemort con Ginny y conmigo sin saberlo y comprender mejor mi relación con el poder tras la puerta sellada en el Departamento de Misterios; además de traducir completa la profecía en runas antiguas y conseguir la cura definitiva al problema de magia que nos afecta en nuestra salud a Hermione, Ginny, mamá Molly, Sirius y yo. —resumió Harry.
—Pues yo diría que hemos avanzado mucho y que si seguimos a este ritmo tendremos todo resuelto antes de la fecha que investigó Johan. —opinó Anthony con una gran sonrisa.
—Despidamos con un brindis este año, que nos ha traído la alegría de reunir a familiares que no se conocían —les invitó Arthur levantando su copa, señalando con una cabezadita a Anya, Johan y Robin—, la unión de parejas que se aman —señaló con su copa a su hija y a Sirius que le sonrieron ampliamente, a Nataly que se ruborizó abrazada por Johan, a Anthony que le sonrió agradecido con Anya en sus brazos y a Maggie que se puso roja como un tomate al ver que la mayoría se giraba a mirarla interrogantes mientras Daryll, su ahora pareja formal, sonreía y asentía—, la unión de buenos amigos —hizo un gesto amplio con su copa que abarcaba a todos los presentes—, la llegada de nuevos pequeñines que alegrarán nuestras vidas —dirigió su mano con la hidromiel con especias hacia Luna Longbottom, Fleur Weasley, Amy Shacklebolt, Jessica Weasley y Nymphadora Lupin—, y dejado sentadas las bases para futuras uniones. —finalizó mirando con una pícara a los últimos cuatro en llegar, aunque disimuló rápidamente dirigiendo su copa hacia las otras parejas no formalizadas aún tanto en Los Halcones como en Los Dragones y los otros miembros del E.D. y la O.D.F.
—Salud. —respondieron todos a coro levantando las suyas con sus manos izquierdas, bebiendo en seguida un trago.
Justo en ese momento se escucharon las doce campanadas de la catedral de Londres que anunciaban el inicio del año 2002.
Mientras la mayoría abrazaba a su pareja, Hermione, Katherine, Ron y Harry se unieron en un abrazo colectivo, sonriendo ampliamente. Luego empezaron todos a intercambiar abrazos y bromas cariñosas, deteniéndose bruscamente al oír un grito de dolor. La mayoría sacó en automático sus armas, unos sus pistolas y otros sus varitas, poniéndose alertas, mientras que Nataly Harvey y Bhela Charaka salían corriendo hacia el sitio en que Neville abrazaba a su rubia esposa.
—¡Mami! —exclamó asustado el pequeño Frank Longbottom, que una semana antes había cumplido su primer año y recibido muchos regalos. Todos habían estado contentos hasta que preguntó por sus abuelitos, lo cual los entristeció aunque hicieron esfuerzos por distraerlo mientras ellos lograban calmarse.
—Quédate conmigo mientras tu madrina hace que tu mamita se ponga bien. —le dijo Sirius al hijo de Luna y Neville, su ahijado, mientras lo levantaba en brazos, pues ya Ginny se apresuraba hacia donde estaba la rubia para ayudar.
—¿Tía Luna? —preguntó con sus ojos muy abiertos John Lupin, que había cumplido sus dos añitos dos días atrás y ahora lucía su pelo color magenta, como siempre que estaba muy asustado.
—Ya guarden todos sus juguetitos y ayuden en lugar de estorbar. —regañó con tono fastidiado Johan a los Halcones y los Dragones al verlos aún tensos, paralizados en sus lugares.
—Tranquilos niños, todo está bien. —les dijo rápidamente Jessica.
—¡Les bébés! —exclamó asustada Fleur sujetándose con su mano derecha la parte inferior de su vientre mientras con la izquierda se aferraba al brazo de su esposo.
—¡Mamá! —exclamaron al unísono Charlotte de tres años y su hermanito Jacques de dos años, mientras su primita Juliette de la misma edad le halaba la mano a su papá y le preguntaba con sus grandes ojos azules en forma silenciosa lo que estaba ocurriendo.
—Tranquila mi niña, tu tía Fleur va a estar bien. —la tranquilizó Charlie con cariño, alzándola en brazos.
—Vamos a jugar con las miniescobas. —propuso rápidamente Ron a los niños, mientras Fred alzaba a Jacques y George a Charlotte.
Remus había alzado a su hijo y sonrió al ver a Anthony levantar en sus brazos a Akash, el hijo de dos años de los Charaka Sushruta, que miraba a todos interrogante. Vayu, de cuatro años, fue tomado de la mano por Jerry y Teja, de cinco años, por Andrew, llevando los dos detectives a los otros tres hijos de los medimagos hacia la habitación de juegos, pues Prithvi con sus nueve años los acompañó con una expresión de "niño grande" que les hizo contener la risa con dificultad.
—Cuando dije que los niños eran bienvenidos no quise decir que llegasen de inmediato y simultáneamente. —bromeó Arthur para destensarlos a todos, mientras Maggie, Laurence, Jonathan, Johan, Robin, Ksharapani y Li Tieguai se unían a Ginny, Nataly y Bhela en ayudar a las dos mujeres que habían entrado en labores de parto.
A excepción de Luna y Fleur los demás sonrieron ante su comentario, pero se apresuraron a seguir las instrucciones que les daba Molly para ayudar a las dos mujeres y los que las atendían.
Los primeros rayos del sol del 1 de enero del 2002 consiguieron a Luna con Mary Alice Longbottom Lovegood en sus brazos, sonriendo cansada pero feliz mientras su pequeño Frank dormía en brazos de su esposo Neville, en la habitación en que alguna vez durmieron Ginny y Hermione recién reunida la O.D.F. por Albus Dumbledore ante el resurgimiento de Lord Voldemort.
Fleur dormía profundamente en la que usaban los gemelos cuando se quedaban allí, agotada después de dar a luz a Adrian Louka y un par de minutos después a Adriana Lourraine. Bill tenía en su brazo izquierdo al varoncito y en el derecho a la hembrita, sus ojos llenos de lágrimas y brillantes de emoción contrastando con las marcas que en su rostro le había dejado cuatro años atrás el ataque de Fenrir Greyback. Arthur le palmeaba el hombro sonriente, mirando a sus dos nietos recién nacidos.
Frank, Charlotte y los otros niños dormían ya, agotados por los esfuerzos de todos en entretenerlos con diversos juegos para que no se acercasen a las habitaciones en que las dos mujeres habían dado a luz. No habían podido llevarlas al hospital mágico porque el mismo estaba en cuarentena por un brote intempestivo de viruela de dragón que se había presentado unos días atrás. Sin embargo el excelente desempeño de Nataly como obstetra y de los otros médicos y medimagos había logrado que todo resultase bien.
Maggie, Laurence, Nataly, Jonathan, Johan y Robin se habían logrado compenetrar muy bien con Luna, Ginny, Bhela, Ksharapani y Li Tieguai, a pesar de las obvias diferencias en los tratamientos que los dos grupos normalmente usaban. Habían empleado una mezcla de técnicas dirigidas por el experimentado medimago chino, que tenía años estudiando y trabajando a escondidas con médicos muggles durante un par de meses al año para aprender de ellos y poder tratar casos como el de Sirius y algunos squibs.
Katherine bostezó sin poder evitarlo, recostada en el hombro izquierdo de Harry, mientras Hermione se frotaba sus ojos recostada en el derecho, sentados en la sala de la casa frente a la chimenea cuyos rescoldos aún calentaban un poco la habitación. El hombre de ojos esmeraldas miraba pensativo a su amigo, que había cerrado sus ojos unos minutos antes frente a ellos con el pequeño Jacques recostado en su pecho.
—Shhh, duerme pequeñito. —arrulló con tono dulce Anya al pequeño pelirrojo mientras su prometido lo levantaba de encima del pelirrojo alto para llevarlo a dormir a la cama que le había indicado la abuela, donde Harrison estaba recostando en ese momento a la hermanita.
—Deberías irte ya a la casa zoo a descansar, Anya. —le aconsejó Ron con tono suave al entreabrir los ojos levemente y verla tan agotada, luego que oyese salir al detective de la sala, sonriendo por su sobresalto y el de sus tres amigos frente a él.
—¡Me asustaste! Creí que te habías quedado dormido. —se quejó la aludida con su mano derecha sobre su pecho.
—Si no le hacía creer eso al pequeño bribón aún estuviese haciéndonos preguntas y luchando por no quedarse dormido. —le aclaró con una sonrisa pícara.
—Ron tiene razón, es hora de que las tres mujeres de mi vida vayan a dormir. —afirmó Harry con una suave sonrisa, aunque sus esmeraldas habían vuelto a ser frías desde que los cuatro sostuviesen aquella extraña conversación en el aeropuerto, antes de salir hacia Bulgaria.
Inicialmente la propuesta de su mejor amigo de compartir desde ese día los cuatro tantas actividades como les fuese posible, especialmente comidas y salidas nocturnas, "mientras ellos tres se aclaraban en lo que querían y él le demostraba a la mujer que amaba lo que sentía", le había generado deseos de provocarle una muerte lenta y dolorosa. Pero luego que Katherine y Hermione habían aceptado, unos segundos después de mirarse con evidente inquietud, él tuvo que forzar sus barreras a límites insospechados para no mostrar sus emociones en su rostro y acceder con una de sus más falsas sonrisas para tranquilizar a otros.
Sin embargo lo que habían compartido en el país extranjero, especialmente en las noches en compañía de Krum y los dos amigos de éste, en el club y las discotecas que los llevaron para que se distrajeran de la tensión que les producía el trabajo, lo tenía muy pensativo. Podía estar equivocado, aunque deseaba de corazón no estarlo, pero le parecía que su amigo no pretendía volver a ser novio de Hermione sino conquistar a Katherine.
Desde que había terminado el noviazgo con la detective de pelo negro y ojos azules ella no volvió a usar la pulsera que él le regaló, lo que le parecía lógico. Pero lo que no le parecía tan "normal luego de la ruptura" era que ella hubiese dejado de ponerse los zarcillos de piedras azules desde que se reuniesen en casa de su hermana. Ésos se los había regalado Dani Wallace antes de morir trágicamente y ella los usaba antes de su noviazgo continuamente, así como la semana que estuvieron sin hablarse aunque él la había visto a hurtadillas.
Por otro lado Hermione, a quien ni en el colegio ni mucho menos en la guerra le había visto usar nada distinto a los aretes que le regalase la mamá siendo una niña, desde ese día llevaba una gargantilla pequeña que él le había regalado "como amigos" cuando había salido del hospital. Además parecía prestar más atención a la ropa y el tenue maquillaje que llevaba. "¿Estaré acaso viendo lo que quiero ver?". Él nunca había sido precisamente detallista, por lo que el haber notado los sutiles cambios en las dos lo tenía desconcertado.
Lo sacó de nuevo de su abstracción la sorpresa de ver a su padrino ayudando a Anthony en convencer a su rebelde hermana en ir a descansar, pues quería quedarse a ayudar.
—Yo estoy de acuerdo en que eres una chica muy fuerte y decidida, pero todos debemos ir a descansar. Especialmente tú y los cinco que estamos en observación por "el equipo conjunto de salud", para no preocuparlos sin necesidad —le dijo Sirius con tono de padre preocupado, sonriendo al verla cruzarse de brazos y mirarlo con expresión de "no tienes moral para decirme eso"—. Así logramos que bajen la guardia y podemos hacer algunas travesuras eventualmente. —añadió guiñándole el ojo derecho mientras sonreía con picardía.
—Tienes razón. —sonrió Anya de forma similar.
—Son un par de adultos y deberían empezar a comportarse como tales. —los regañó Molly, que en ese momento entraba en la sala, girando los ojos al verlos intentar simular expresiones inocentes.
El viernes 25 de enero Hermione y Harry rodaron los ojos al escuchar lo que les estaba diciendo Daryll por sus celulares en la llamada en conferencia.
—A esos cuatro vamos a tener que encerrarlos mágicamente. —gruñó Harry enojado.
—Si logras hacerlo avísame, para poder tener un poco de paz. —le respondió Robin con un tono similar.
—Mientras tanto vamos a necesitar el apoyo de algunos de Los Dragones, porque los pequeños rombitos están zumbando desde que entramos al Magdalen College aquí en Oxford. —intervino Michael con tono preocupado.
—Hermione, Harry y yo apareceremos allí en unos segundos, en cuanto ubique el sitio más cercano en que lo podamos hacer sin problemas —aseguró Gawain—. Chicos, estoy en el Museo de Minas de Manchester, pasen buscándome con el sedan azul. —les pidió.
—Yo iré también con mi maletín y la camioneta, usando el portal que me enseñaron. —afirmó preocupado el médico castaño antes de colgar.
—Tenemos que apresurarnos, estoy percibiendo al menos doce magos que han usado magia oscura muchas veces. —les dijo Harry a sus dos acompañantes en cuanto cruzaron hacia la calle Kybald, pisando el acelerador y maniobrando para adelantar al auto frente a él.
—¡Maldición! —exclamó Gawain mientras Hermione apuntaba con su varita al celular que le había dado Anya, para activar la clave de emergencia de Los Halcones y Los Dragones.
De inmediato apareció Ron junto a la castaña, en el asiento de atrás, con el uniforme que usaba en sus prácticas de Quidditch.
—Los del equipo de Stevenson tendrán trabajo en un rato. —comentó mientras se cambiaba con su varita rápidamente por ropa muggle.
Gawain asintió, pues acababa de oír la bocina de un auto y no tenía que mirar por el retrovisor para saber que tras ellos estaba ya el Jaguar rojo de los gemelos pelirrojos.
Estaban entrando al colegio corriendo cuando oyeron el ruido característico de varias apariciones y sacaron sus varitas con habilidad, empezando de inmediato el cruce de hechizos y maldiciones, defendiéndose y atrapando a Mortífagos mientras ponían a muggles a salvo Ron, Gawain, Fred y George, pues Hermione y Harry habían desaparecido.
Quince minutos más tarde la mayoría logró llegar junto a Anya, Ginny, Anthony y Sirius, a los que Hermione, Harry, Robin, Michael y Daryll estaban ayudando desde que aparecieron junto a ellos los tres primeros y se les habían unido los dos últimos, confirmando la presencia de muggles armados con automáticas que "La Sombra" ya sabía que requería de la ayuda de aquellos a quienes normalmente despreciaban los Mortífagos.
Les tomó veinte minutos más controlar la situación, maldiciendo Los Dragones la desaparición de varios Mortífagos antes que pudiesen detenerlos.
—Que venga ya tu equipo a hacer su trabajo —le ordenó Kingsley a John, girándose a mirar a los cuatro que habían llegado allí escapados de todos—. ¿Qué consiguieron y por qué no pidieron apoyo para venir aquí?
—Tres de los siete Papiros de la Muerte y no sabíamos que la pista que teníamos sobre su posible ubicación aquí era suficiente para pedir refuerzos. —le respondió Anya con expresión de disculpa.
—No entiendo que los muggles y los rezagados que trabajan para "La Sombra" llegasen aquí al mismo tiempo que ellos cuatro, a menos que los estén siguiendo. —opinó Ron.
—Eso confirma mi teoría, están dejando que Harry y quienes lo ayudan hagan el trabajo para ellos. —afirmó Daryll, apretando los dientes al Robin limpiarle la herida en el brazo izquierdo.
—Deben habernos seguido a Ginny y a mí. —intervino Sirius al ver que Harry miraba de inmediato a su hermana y el prometido de ésta, sus esmeraldas trasluciendo preocupación.
—No pudimos evitar que uno de los que nos atacaron se llevasen el cuarto Papiro que estaba aquí. —se disculpó Anthony, haciendo esfuerzos para no dejar traslucir lo mal que se sentía mientras Ginny le aplicaba un hechizo sanador con su varita.
—No más investigaciones independientes de ustedes cuatro y es una orden. —les dijo con firmeza Harry, brillando sus esmeraldas al ver que asentían de inmediato con expresión de niños regañados.
—Blaise Zabini ha estado al frente de los últimos ataques y hoy todos los Mortífagos seguían sus órdenes de forma similar a como siguieron a Voldemort en la Segunda Guerra. Si no es La Sombra sabe quién es y les hace creer a esos malditos que es él. —afirmó Gawain.
—Totalmente de acuerdo —confirmó Kingsley—. Es hora de tenderle una trampa y capturarlo.
—Christine, Julie y Johan, los quiero encerrados con ellos cuatro en el punto tres por las próximas setenta y dos horas. Anthony, te hago responsable si alguno de tus compañeros de huidas se mete en líos en ese tiempo. —dijo Harry con tono firme, girándose a hablarles a los otros sin esperar respuesta por lo que no vio cuando su cuñado tragaba saliva.
»Hermione tomará el lugar de Anya, Jerry el de Anthony, Nymph el de Ginny y Gawain el de Sirius. Los cinco iremos mañana en la mañana al Museo Británico dando la impresión que estamos investigando allí sobre los Papiros faltantes. Daryll y Katherine, quiero que coordinen con Kingsley y Ron una redada cerca de allí que parezca hecha sólo por y con policías. Si tenemos razón en que nos están usando para conseguir sus objetivos les vamos a dar una cucharada de su propia poción.
—De acuerdo. —aceptaron de inmediato los aludidos, mientras Anya, Ginny y Sirius mascullaban en susurros sus protestas.
—Nosotros avanzaremos mientras tanto en la investigación del contenido de los tres Papiros de la Muerte que hemos conseguido. —les planteó Anthony con tono convincente para calmarlos un poco, sonriendo al ver que bufaban pero asentían.
—Señora Malfoy, señora Shacklebolt, nos ha llegado de Italia la mercancía que estábamos esperando. —entró a la oficina anunciándoles la dependienta más joven.
—Gracias Betsy. Por favor diles a Patty y Daphne que se nos unan a abrirlas mientras Sarah y Laura atienden a los clientes. —le respondió con una sonrisa Narcissa.
—Sí señora. —afirmó la chica sonriente, saliendo en seguida.
—Estoy tan contenta por la marcha de la joyería. Me alegra muchísimo que Harry y Draco hayan hecho a un lado sus diferencias para darnos la oportunidad de llevar a cabo este negocio. —le confesó a su acompañante la viuda Malfoy.
—Yo también. —le sonrió Amy, disimulando la preocupación que la embargaba desde que vio el brillo en los ojos azules de Daphne al ver el catálogo de lo que les enviarían. Era evidente que ella también sospechaba que una de las joyas en la tapa del baúl de madera fina era en realidad uno de los cristales.
—¿Cómo van con la traducción de la profecía en runas? —les preguntó Julie a Anya y a Sirius en cuanto llegaron a la casa zoo, para distraerlos.
—Ya las hemos traducido todas al inglés, pero no conseguimos armar con ellas algo que tenga sentido. —le respondió Anya con frustración.
—Llevan mucho tiempo trabajando en ella y pueden estar bloqueados. Si quieren le muestran a Julie lo que tienen mientras Ginny, Johan y Anthony ven los tres Papiros de la Muerte que trajimos y yo les preparo algo rico de comer. —planteó Christine con tono convincente.
—De acuerdo. —aceptaron los tres con una gran sonrisa, que se convirtieron en pequeñas risas al oír a Anthony suspirar con alivio evidente.
—TE DIGO QUE EL MOVIMIENTO DE HOY NOS HA DELATADO. —le gritó Blaise a Pansy.
—¿Y QUÉ QUERÍAS QUE HICIERA PARA EVITAR QUE ESOS DESCEREBRADOS ATACARAN A LOS CUATRO IDIOTAS QUE SE MUEVEN A DESCAMPADO COMO SI ESTUVIESEN BUSCANDO ALGÚN ESTÚPIDO PAPEL MUGGLE SIN IMPORTANCIA? —le devolvió ella de la misma manera.
—¡Ya basta los dos! —les ordenó Draco sin levantar la voz, pero con un tono tan helado que les hizo apretar los puños y contenerse—. Blaise tiene razón en que el ataque en Oxford nos pone en evidencia, pero también lo ha hecho con ellos —afirmó, sonriendo con malicia al ver que los dos lo miraban con curiosidad—. Los dos que seguían a la menor de los Weasley, el padrino de Potter, la mujer en silla de ruedas y el rubio alto eran muggles, policías para ser exactos, así como también varios de los que llegaron después junto al Ministro y los otros amigos del héroe mágico.
—Entonces han hablado con muggles sobre nuestro mundo. —comentó Pansy con tono incrédulo.
—No es comportamiento que se esperase del señor Ministro, por lo que es evidente que Potter debe saber que sólo muggles pueden tocar los Papiros de la Muerte. —agregó Blaise con el ceño fruncido, asimilando la idea.
—Exacto. Además que no han contactado con cualquier muggle, sino con el equivalente de los aurores entre los no mágicos —siguió Draco—. Otra cosa que me han dicho ustedes, aunque creo que no lo han analizado aún, es que también han hablado con el equivalente a medimagos, por lo que debemos investigar si los Papiros de la Muerte tienen alguna conexión con sanadores.
—Draco, la mujer en silla de ruedas debería haber coincidido con nosotros en Hogwarts y no la recuerdo. —comentó pensativa Pansy.
—Eso es porque no estudió en el colegio aunque es bruja. Aquí está lo que he logrado investigar sobre ella y el rubio alto que acompañan a Ginevra Weasley y Sirius Black en las salidas. Como verán él es un muggle y la mamá de ella estudió con Black. No sé si ésa sea la conexión de ellos con este asunto o no, eso lo está averiguando Eddie. —les explicó Draco mientras les tendía los pergaminos con sus notas y les resaltaba con un hechizo de su varita lo que quería que vieran mientras les hablaba.
—¿Cómo vamos a hacer para hacerles llegar el Papiro que nos trajimos sin que los rezagados se den cuenta? —preguntó Blaise después de analizar rápidamente lo que tenía en sus manos.
—Estoy seguro que seguirán buscando los tres Papiros que faltan, así que tú llevarás ése con la excusa de conectarlo mágicamente con los otros y recuperar los que se han llevado hoy de Oxford los del grupo de Potter. —le respondió Draco.
—Travers y Yaxley me han dicho que tienen información fresca sobre los lazos de Potter y Weasley con Voldemort. Me pidieron que La Sombra convoque una reunión para hablar de ello. —informó Pansy.
—Mañana en la noche. Así "aleccionaré" a algunos de las filas más bajas por lo de hoy para reafirmar "mi autoridad". —planteó Blaise.
—Buena idea, pero tengan cuidado. Esos dos son más inteligentes que los otros y ya hemos sospechado antes que no quieren realmente retornar a Voldemort como les hicimos creer a los rezagados sino hacerse ellos con el control de todo y usar a los Mortífagos para sus propios fines. —les recordó Draco.
—Igual que nosotros, sólo que nuestro objetivo final no es hacernos directamente con el poder sino ubicarnos donde nos corresponde, tras los hilos de quienes creen gobernar. —le replicó Blaise con cinismo, sonriendo con malicia al ver a sus acompañantes asentir. Las piezas lentamente se habían ido acomodando en "el gran tablero de ajedrez" y él haría su jugada maestra llegado el momento preciso.
—¡Por Merlín! ¿Sabes lo que significa esto, Steve? —le planteó muy asustada.
—Lo peor es que sin saberlo hemos acelerado el conteo atrás, Tania. —afirmó angustiado su hermano.
—Hola chicos —entró saludándolos su jefe sonriente, deteniéndose y cambiando su semblante al ver sus expresiones—. ¿Qué…? —intentó preguntar, congelándose por un momento al ver la imagen que flotaba frente a los dos—. ¡Por Merlín! Ese maldito Tom Riddle no debió nunca hacer su primer horcrux en un sitio como Hogwarts.
—No, no debió. —confirmaron a coro los hermanos Hart.
—Iré de inmediato al colegio para hablar con Minerva y el retrato de Albus. Tal vez consiga en la magia del propio castillo alguna forma de detener esto, o al menos frenarlo mientras Harry consigue con los demás lo necesario para evitar el desastre. No vayan a decirle ni a Kingsley, ni a Gawain ni mucho menos al joven Potter nada de esto, no hasta que yo regrese del colegio. —les pidió agitado, apresurándose a ir hacia el ascensor para subir hacia las chimeneas.
Kingsley había puesto como medida de seguridad, en cuanto se hizo Ministro, que nadie pudiese aparecerse ni desaparecerse en el Ministerio de Magia para evitar que los rezagados intentasen algo contra el gobierno de la comunidad mágica. Lancelot había estado de acuerdo, pero justo ahora maldecía entre dientes el no poder desplazarse de forma inmediata a Hogwarts.
Cuando Hermione, Katherine, Harry y Ron llegaron en la noche a la casa zoo, agotados por todo lo sucedido en Oxford, el papeleo y la pista falsa que siguieron después, lo menos que se esperaban era conseguir a Anya, Ginny, Sirius, Christine, Anthony, Johan y Julie volcados en la mesa del comedor, comiendo y hablando animadamente. Habían asumido que tendrían que llegar a ayudar a los cuatro últimos a lidiar con el mal genio de los tres primeros por el encierro.
—Sospecho que esto es peor que lo que pensábamos. —susurró la castaña.
—Estoy de acuerdo. —la apoyó la detective, pues notó que hablaban era sobre lenguas antiguas y criptografía.
—No seamos pesimistas, tal vez sólo han logrado distraerlos con intentar descifrar algo sobre la profecía en rúnico o de los Papiros que trajeron hoy. —intentó animarlos Ron, aunque tenía el fuerte presentimiento que ellas tenían razón.
—Por eso les pedí a Christine, Johan y Julie que viniesen con ellos, pero… O han conseguido descifrar algo o estamos en serios problemas. —dijo Harry analizándolos con cuidado.
—Buenas noches chicos —los saludó Sirius con una gran sonrisa, intentando ocultar el nudo que sentía en su pecho—. Entren, no se queden como estatuas. Christine ha preparado una comida excelente. Luego de comer hablaremos con ustedes sobre lo que hicimos en nuestro encierro.
Los cuatro tragaron saliva al unísono, el mal presentimiento que tenían desde unas horas atrás creciendo a pasos agigantados en su interior. Comieron lo más rápido que pudieron, mirando interrogantes a sus acompañantes que habían empezado a hablar sobre las mascotas de Anya en cuanto ellos se sentaron, evidentemente para distraerlos de lo que les hablarían luego.
—Bien, ya no debemos dilatar más esto —comenzó Sirius al ver que terminaban de comer y sus compañeros lo miraban de tal forma que entendía que debía ser él quien les transmitiese lo conseguido—. Hermione, Katherine, Ron, Harry, es muy importante que hablemos sobre los sentimientos y las relaciones de pareja de ustedes cuatro. —afirmó muy serio, con sus ojos grises clavados en las frías esmeraldas del último.
—¿¡QUÉ!? —gritaron los cuatro a coro, tomados totalmente por sorpresa pues se esperaban cualquier cosa menos eso.
—Lo que escucharon. Aquí y ahora vamos a hablar de ustedes cuatro porque, aunque no lo crean, la vida de muchos depende de ello. —les aseguró Sirius con tono calmado y firmeza en su voz, sonriendo internamente al ver desaparecer las barreras en su ahijado, que lo miraba confundido y muy asustado.
