Resumen: Confesiones. La Profecía en Runas Antiguas. Llegada de baúl con cristal a la joyería. Harry habla sobre Los Conjurados a tres de Los Dragones. La cuenta regresiva en los dos vórtices mágicos. Problemas de salud y traducciones.
Confesiones, Profecía y Cuenta Regresiva
—¿De qué hablas padrino? —le preguntó Harry cuando logró coordinar sus ideas, sin atreverse a mirar a los otros tres.
—Hemos terminado de traducir la profecía en rúnico y es indispensable que ustedes cuatro dejen a un lado el temor de herir a sus amigos, se sinceren en lo que sienten consigo mismos y con la persona a quien realmente aman, o nos arrastrarán a todos a algo irreversible —le respondió Sirius con firmeza. Al ver la agitación en las esmeraldas del chico a quien quería como un hijo propio suspiró, deseando conseguir una forma de hacerle el trago menos amargo para que no se sintiese una vez más presionado por el bienestar de los demás a hacer algo que no quería, o para lo que no estaba listo aún—. Sé perfectamente que no es fácil el discernir a quién pertenece nuestro corazón, que incluso algunos de nosotros no nos atrevemos a acercarnos a esa persona luego de descubrirlo porque tememos herirla o a alguien a quien también queremos mucho, pero debes buscar tu felicidad, Harry.
—No sabes lo que me estás pidiendo. —le replicó él con voz temblorosa, sin poder evitar que sus nervios se notasen.
—¿No? ¿Estás seguro? —le preguntó Sirius levantando una ceja, colocando en medio de los dos su mano unida a la de Ginny. Al ver que intentaría replicar le indicó con su otra mano que aguardase, sonriendo paternalmente al ver su expresión de molestia pero que asentía y permanecía en silencio. Decidió confesarse para mostrarle a su ahijado un camino para llegar a su propio corazón, aunque estaba aterrado de tener que hacerlo.
»Tú sabes que, al morir James, yo me sentí el ser más desgraciado, solo y miserable del planeta; que él era más que mi mejor amigo mi hermano. Por eso fui tras Peter, ciego de la rabia, el dolor y la impotencia. Cuando al escapar de Azkaban vine a verte, ibas por una calle de Little Whinging arrastrando tu baúl y con una mezcla de rabia, miedo y tristeza en tu mirada.
»Me sentí tan dichoso y tan desgraciado al mismo tiempo. Una multitud de culpas vinieron a mí por no haber tenido la fortaleza de carácter para sobreponerme a la situación cuando murieron Lily y James, reclamar mi derecho como padrino a cuidarte y haberte formado como querían tus padres si ellos faltaban, en lugar de ir tras la rata sin medir consecuencias de mis actos.
»Nuestro encuentro en La Casa de los Gritos me llenó de mucha alegría, porque aunque mi mente no coordinaba aún bien lo hacía lo suficiente para comprender que no sólo eras idéntico a James en el físico, aunque con los ojos de Lily, sino que eras un gran chico, el hijo con el que soñamos los tres. Porque eso eres para mí desde que mi pelirroja y regañona amiga nos anunció que estaba embarazada, el hijo de los tres.
»Molly muchas veces me recordaba que no eras James, creyendo que yo sólo te estaba confundiendo con quien fue mi mejor amigo. Pero aunque la larga estancia en Azkaban me afectó, tú eras más que James, eras el hijo de los tres. Por eso ellos me permitieron ser tu padrino aunque no tuvieses madrina, porque Lily y James comprendieron lo que significabas para mí.
»Estoy seguro que justo ahora comprendes lo terriblemente mal que me sentí cuando me di cuenta que me había enamorado de Ginny. Antes de conocerla personalmente Remus me había dicho que era una chiquilla que estaba enamorada de ti, y que sospechaba que tú lo estabas de ella aunque con la vida tan complicada que te había tocado experimentar no te habías dado cuenta.
»Cuando te llevaron los de la O.D.F. a Grimmauld me esforcé por encontrar en ti sentimientos por ella, para sellar mi corazón a la fuerza. Pero tuve la impresión que estabas más atraído por Hermione que por Ginny y casi enloquezco, pues suponía que me estaba engañando a mí mismo por lo que sentía por mi adorable pelirroja.
»Entonces me aferré a la percepción de Molly: me había enloquecido Azkaban y mi aislamiento, no sentía realmente amor por Ginny, sólo estaba confundido me repetía una y otra vez. Pero cuando supe que los dos estaban en peligro en el Departamento de Misterios hice caso omiso de Remus, Albus, mis confusiones o cualquier cosa que me impidiese ir allí y hacer mi mejor esfuerzo para que los dos saliesen vivos y sanos. Esa era mi única preocupación cuando combatía allí, también mientras estuve tras el Velo de la Muerte y cuando me rescataron.
»Una noche durante mi recuperación, creyéndome dormido Molly empezó a hablar en voz alta de su preocupación por ustedes dos, el noviazgo que tuvieron y que tú habías terminado, tu cambio, el sufrimiento de Ginny inicialmente y su cambio luego de mi rescate. Me sentía al mismo tiempo feliz, confundido, asustado y preocupado. Eran las dos personas a quienes más quería, por las que haría cualquier cosa, en eso estaba muy claro, pero no estaba ni remotamente seguro de lo que sentía ni mucho menos de lo que sentían ustedes.
»Pero Remus descubrió lo que yo sentía por Ginny y me hizo enfrentarme con mis sentimientos. Me quería morir, Harry, no podía aceptar que me hubiese enamorado por primera vez en mi vida y precisamente de Ginny, pues estaba seguro que tú sí la querías pero te habías alejado de ella para protegerla de Voldemort. —Al oír a su novia retener el aire y ver a su ahijado abrir sus esmeraldas al máximo suspiró y asintió.
»Sí, Harry. Tus barreras siempre han funcionado con todos menos conmigo. Por eso supe con certeza en el momento en que me dijiste que te alejabas de una chica que querías por ese maldito que me hablabas de ella.
»Acepté dar clases en el colegio porque ustedes dos me lo pidieron y no soy capaz de negarles nada, pero decidido a cuidar y velar de Ginny como la chica de la que estabas enamorado. Mientras tanto me esforzaba en nuestros encuentros por lograr que comprendieses tu error y volvieses con ella pues no me permitías ir contigo y ayudarte. Al mismo tiempo intentaba hacerle ver a Ginny que la separación entre dos personas que se aman podía ser sólo un hibernar del amor antes del florecer de la primavera.
»También me esforzaba en recordarme a mí mismo que ustedes terminarían juntos, aunque no podía evitar el tener detalles de enamorado con ella. Eso me hacía sentir culpable muchas veces, pero me era imposible el contenerme. Remus me regañó cuando se enteró que yo le había comprado la varita al romperse la suya, adelantándome a ti, pero aunque sabía que tenía razón hice oídos sordos.
»Me sentía el peor de los hombres por haberme enamorado precisamente de la chica que querías. Sin embargo, las veces que viniste a verme luego de cada una de tus expediciones de guerra noté que algo estaba cambiado en ti, sutil y gradualmente. Pero una vez más pensé que me estaba engañando, dejándome llevar por lo que sentía y quería.
»El día de la graduación de Ginny, mi preciosa pelirroja me dejó en claro sus sentimientos y yo me dejé llevar, Harry, la amaba demasiado y ya estaba casi seguro que lo que había existido entre ustedes había muerto. Pero el no tener la certeza me llenó de culpa e inseguridades, difícilmente aplacadas por Ginny que con sutiles comentarios durante los seis meses antes de la batalla final con Voldemort intentaba que entendiese por mí mismo el cambio que ella ya había entendido. Antes de ese encuentro tu corazón ya le pertenecía a la persona que amas, sólo que no lo sabías y yo no podía verlo tampoco porque me sentía demasiado culpable por la relación que tenía con mi adorable pecosa.
»Cuando caíste luego de detener a ese maldito me esforcé para llegar hasta ti. Pero al tomarte en mis brazos te despediste y… —le intentó explicar, pero la voz le tembló y no pudo evitar que una lágrima rodase de sus ojos grises, cerrándolos. Tragó saliva al sentir las manos de su ahijado en las suyas. Abrió los párpados y lo miró con expresión de disculpa.
—Ginny me ha contado lo sucedido y quiero que sepas que eso es lo único que no te perdonaría, Sirius. Por favor, prométeme por la memoria de mis padres que pase lo que pase conmigo jamás volverás a hacer algo así. —le pidió Harry, con voz firme pero llena de afecto.
—Te lo prometo si tú me prometes que desde ahora me permitirás estar a tu lado en cada dificultad, sin importar mi enfermedad, ayudándote como el padre que me siento y quiero ser para ti. —le respondió Sirius, manteniendo su mirada gris firme en las esmeraldas de él. Sonrió al verlo claudicar luego de dudar mucho y asentir, soltando las manos de su prometida para atrapar a su ahijado en un abrazo lleno de amor paternal.
—Pero entiende que yo te quiero como un hijo a su padre y haré lo imposible porque estés a salvo. —replicó Harry entre sus brazos, sonriendo entre sus lágrimas al oír su respuesta.
—Eso es hacer trampa, cervatillo —protestó Sirius. Soltó el abrazo y le revolvió el rebelde cabello negro con cariño—. Pero no me sorprende, no después que Ginny y tú casi me ocasionan un ataque al corazón en el hospital con la trampa que me tendieron —bromeó sonriente, decidido a distender un poco el ambiente—. Lo cierto es que luego de esa conversación, en que con absoluta sinceridad me dijiste que ya no querías a Ginny, pude estar seguro que lo que ella me decía y yo había creído notar era cierto. Intenté entonces ayudarte a que lo entendieras, pues en el aspecto emotivo eres igual a tu mamá.
—¿A mamá? —preguntó desconcertado Harry.
—James supo desde que la conoció que ella era la mujer de su vida, aunque sólo era un chiquillo de once años. Pero a Lily le tomó siete años darse cuenta que si lo rechazaba una y otra vez, pero seguía sus pasos para regañarlo y quitarle puntos, era porque lo quería —le respondió con una pequeña sonrisa llena de cariño y melancolía, la cual se amplió al ver a su ahijado sonrojarse—. Al igual que a ella, a ti te ha tomado muchísimo tiempo el comprender porqué no puedes evitar el estar cerca de la mujer que amas, a la que siempre has intentado proteger pero sin tolerar que esté lejos de ti.
Harry tragó saliva, pues sabía que tenía razón, pero…
—Cuando estudiábamos en el colegio llegamos a la conclusión que las chicas tenían una capacidad especial para comprender lo relacionado con los afectos que nosotros no teníamos —intervino con tono tranquilo Ron al ver las esmeraldas de su mejor amigo llenarse de nuevo de preocupación y ver los castaños de su mejor amiga bajar a la mesa mientras se mordía el labio inferior—. Y aunque la guerra nos hizo madurar en muchos sentidos ni tú ni yo mejoramos en la comprensión de ese fenómeno, e incluso creo que le contagiamos nuestra ceguera a nuestra acompañante. —afirmó, sonriendo al ver que los dos entrecerraban sus ojos con enojo pero sin mirarlo.
»Después que te encerraste en la muralla que construiste alrededor de tus pensamientos y sentimientos me sentí muy solo, amigo —empezó de nuevo luego de suspirar y removerse inquieto en su asiento. Sabía que sólo si él se confesaba podrían ellos tres aceptar lo que sentían, pero eso le estaba pareciendo terriblemente complicado. Sin embargo no podía ser más difícil que lo que había hecho Sirius, así que tenía que intentarlo, especialmente por ella, la mujer que amaba—. Ya sabes que soy bastante torpe, tanto que muchas veces lastimo a otros con mis inseguridades sin ser consciente totalmente de ello, como lo hice contigo cuando me alejé de ti durante el Torneo de los Tres Magos.
»Pero ahí estaba Hermione para hacerme ver mis errores, ése y otros más que iba cometiendo. No sólo era la mejor estudiante, sino que su inteligencia la demostraba también al hacerme comprender lo que yo no entendía. Claro que yo no admitía mis errores de buena gana y por lo tanto discutíamos continuamente. Me costó bastante entenderlo, pero en algún momento yo empecé a buscar inconscientemente razones para que me regañase porque así la tenía a mi lado. —contó pensativo. Se contuvo de gritar al sentir una patada en su espinilla cortesía de su hermana, interrogándola con la mirada. Comprendió al seguir la dirección de su mirada y ver que Katy, Hermione y Harry habían cerrado los ojos y bajado la cabeza.
»Lo que no entendí hasta hace poco fue que no estaba enamorado de Hermione, sino de su forma de ser, pues hasta que no conocí a Katherine y compartí con ella no me había enamorado —aclaró rápidamente. Sonrió al ver que los tres levantaban rápidamente sus cabezas y las giraban hacia él con los ojos muy abiertos, aunque el ruido de los cuellos de los tres le hizo pensar que necesitarían luego un buen masaje en esa zona—. No saben como lamento el lío enorme que he causado, pero recién que conocí a Katy no entendía lo que sentía cada vez que estaba cerca y después… —Se detuvo con el rostro y sus orejas tan rojo como su pelo, bajando la cabeza. Al sentir la delicada mano de ella en la suya levantó su mirada hacia los ojos azules que amaba.
»Yo no sé decir lindos poemas ni escoger la sortija perfecta, tampoco preparar una velada especial con la mujer que amo. Sólo sé de Quidditch, estrategias y… Te amo Katherine, pero… —intentó disculparse por no haberle dicho antes lo que sentía por ella, deteniéndolo la mano suave que se posó en sus labios y la mirada de los ojos azules que le hacían olvidar cualquier otra cosa.
—Y yo te amo a ti, Ron —afirmó ella con una sonrisa llena de amor y alegría—. A Dani lo quise, a Harry también, pero sólo me he enamorado una vez y ha sido de ti —continuó con seguridad—. Y, aunque para una chica son muy halagadores los poemas, las joyas y los detalles, lo realmente importante es que la persona que amas también te ame a ti y tenga el valor para decírtelo. —finalizó con dulzura, correspondiendo feliz al beso que él en seguida le dio en sus labios.
—Herm… Yo… El día que me cuidabas de mi herida en el brazo… yo… —intentó Harry explicarle luego de oír a la detective, muy nervioso, sin entender la forma en que ella lo estaba mirando.
—Ese día los dos comprendimos finalmente lo que sentíamos, con ese beso inolvidable. Pero justo entonces llegó Ron a interrumpirnos y decirte que había terminado con Susan para intentar reconquistarme. Ni tú ni yo haríamos nada que lo lastimase a él, porque es nuestro mejor amigo. Así que tú te volcaste en enamorar e intentar enamorarte de Katy, mientras que yo aceptaba ser novia de él aunque me moría de dolor. —explicó Hermione con seguridad, sonriendo al ver su expresión de sorpresa y aturdimiento. Con sus ojos fijos en los de él acercó su rostro y cerró sus párpados poco antes que los labios de ambos se uniesen.
Ginny le giró con dulzura el rostro a Sirius hacia ella, uniendo sus labios a los de él, depositando en ese beso todo el amor que sentía por su amado, así como el orgullo que palpitaba en su pecho por la forma en que había manejado la difícil situación y la explosión de emociones en ella por lo que se atrevió a confesar para lograrlo.
—¿Qué haces, hermanita? —preguntó intrigado Johan varios minutos después al verla ubicar una pancarta sobre la entrada al comedor, rompiendo a reír sin poder evitarlo al ver lo que había escrito en ella con el segundo movimiento de su varita.
—Sólo utilizo lo que me ha enseñado Remus para ponerle un nombre adecuado al lugar. Tengo que buscar en Internet cuáles serán los muebles adecuados para que cambiemos esta vieja mesa de madera, porque el comedor tendremos que mudarlo a otro lugar. —le respondió con fingida seriedad, supuestamente pensativa.
Julie, Christine y Anthony, que hasta ese momento se habían sentido muy incómodos al igual que Johan y Anya por estar presentes en aquella conversación, estaban ahora haciendo esfuerzos enormes para contener la risa. Esto se les hizo casi imposible de lograr al ver que Sirius, Harry, Hermione, Ron y Katherine se giraban a mirar interrogantes lo que la mujer en silla de ruedas apuntaba con su varita, no pudiendo contenerse más al oír la risa de Ginny.
La pancarta decía en letras grandes:
El Confesionario.
No se admiten supuestos pecadores, sólo enamorados confundidos.
—¡Anya! —protestaron al unísono los cinco que habían abierto sus corazones.
—¿Qué? —preguntó ella con fingida inocencia, sonriendo al verlos entrecerrar los ojos en su dirección—. Lo siento, pero si ustedes acaban de pasar por una experiencia difícil, nosotros hemos estado muy incómodos siendo observadores involuntarios. Era complicado salir de aquí sin hacerlos sentir peor. Además tenía que separarlos después cuando parecían fundidos por sus bocas, pues Christine, Julie y Johan no tienen aquí a Harrison, Robin y Nataly para disfrutar del amor que estaba inundando el lugar.
—¡Anya! —protestaron ahora los tres nombrados.
—Eres adorablemente incorregible. —afirmó Anthony sonriente, besándola en la mejilla, soltándose a reír al oír a todos sus acompañantes carraspear.
—Como ya se han aclarado Harry, Hermione, Ron y Katherine, es hora de decirles la traducción de la profecía en rúnico. —opinó Ginny con una sonrisa, abrazada a Sirius por la cintura.
Al ver que todos se giraban a mirarlo Sirius se sintió incómodo, pero el abrazo de su novia le dio fuerzas y leyó el pergamino en que habían escrito la forma definitiva de la traducción que tanto les había costado hacer.
Por temor a morir un mago lleno de odio abrirá sin saberlo lo que había sido sellado. Sólo aquél que con la madurez recibió además del propio, el poder de dos que por él dieron su vida, podrá detener el horror y devolver el equilibrio físico y mágico a siete.
Las esmeraldas leerán los pergaminos olvidados, siguiendo sus instrucciones para anular dos vórtices en los dos sitios de mayor poder mágico desde el centro del oculto tras la puerta sellada. La persona amada y otras once parejas le ayudarán, unidos miembros de dos comunidades que en tres mil años habían estado separadas.
Pero ten cuidado, pues si tu corazón, tu mente y tus acciones no son coherentes, si no es quien realmente amas quien a tu lado está, en lugar de un bien un gran mal harás.
—Está un poco confusa, ¿no? —rompió el silencio Ron después de varios minutos.
—Por eso la adivinación es una materia difícil —afirmó Johan, sintiéndose incómodo cuando todos se giraron a mirarlo con expresión de incredulidad—. Eso me decía mamá cuando me enseñaba, que no podías pretender obtener respuestas claras y precisas sobre cómo será el futuro porque éste cambiaba con las decisiones que cada ser humano toma a cada minuto de sus vidas. Luego me ponía en frente el número de personas vivas según los últimos censos y me desafiaba a que dijese cómo afectaría el que sólo el diez por ciento de ellas decidieran cambiar algo de sus vidas simultáneamente.
—Visto así, es muy difícil. —asintió Sirius mirando a su hijo con curiosidad.
—Además los pequeños destellos sobre posibles futuros a los que posiblemente nos enfrentaremos se presentan sólo eventualmente, cuando algo muy fuerte y determinante se ha de producir por lo que ese suceso o evento se hace casi invariable. —continuó explicando Johan, nervioso por la mirada de su padre sobre él pero comprendiendo que debía explicarse por la actitud que tenía Hermione en contra de la Adivinación y las profecías.
»Es por eso que personas como la profesora Trelawney, que en alguna oportunidad de su vida han logrado ser canales para transmitir algo de ese tipo de eventos, se sienten extrañas, distintas a los demás, obligadas de alguna manera a seguir consiguiendo ese tipo de información. Incluso algunos como ella llegan a fingir que lo hacen cuando no lo logran, pues no puede controlarse ese tipo de cosas.
»Mamá me enseñó Astrología para que estuviese al pendiente de posibles eventos importantes en las vidas de las personas que quiero, o a quienes ellas quieren, pero me insistió mucho en que jamás me cegase por lo que pudiese averiguar por ese medio sino que buscase siempre mi propio rumbo en los dictados de mi corazón y los consejos de mi mente. Ella estaba muy contenta cuando decidí estudiar medicina y, ahora lo entiendo, en un par de ocasiones intentó hacerme ver el sentimiento que nos unía a Nataly y a mí. —finalizó avergonzado.
—¿Por qué hiciste entonces un estudio astrológico sobre mí? —preguntó Harry con bien fingida curiosidad, pues estaba casi seguro de la respuesta y también que a él le gustaría oírla.
—Porque Luna me contó en sus cartas que a papá le importaba mucho lo que te pudiese ocurrir. —respondió Johan con sinceridad, mirando nervioso a su padre. Se tranquilizó al verlo sonreírle con cariño paternal.
—Creo que el título de la pancarta necesita aún algunos ajustes. —planteó Anya con supuesta preocupación después de varios minutos, para romper el silencio que se había posado en el lugar.
—Tal vez el subtítulo, porque "El Confesionario" sigue quedándole bien. —respondió Anthony con una sonrisa llena de picardía, la cual se amplió al oír a los demás bufar.
—La profecía no es totalmente clara, eso es cierto, pero hay algunas cosas que están bastante claras a mi parecer —retomó Christine la conversación luego de dirigirles una mirada de regaño a los dos—. En la primera parte me parece que hablan de Voldemort, de Harry y de siete personas que se vieron afectadas por lo ocurrido en la batalla final.
—Y ahí es donde nos empezamos a confundir, pues hasta ahora sólo sabemos de cinco —continuó Julie—. Tenemos al propio Harry, que fue quien liberó parte de su poder; a Hermione y a Ginny, que eran los blancos de maldiciones asesinas en ese momento; a la señora Weasley y a Sirius, que intentaron proteger a Ginny; pero evidentemente faltan dos personas más. ¿Saben de alguien que justo en ese momento fuese blanco de maldiciones asesinas pero no muriesen? ¿O tal vez que estuviesen protegiendo a otros?
—Eso tiene sentido —asintió Hermione, explicándose mejor al ver las esmeraldas a su lado mirarla interrogantes—. Me has contado que lo que hiciste fue contrarrestar con amor el odio de las maldiciones, y tú has demostrado siempre tener un corazón muy generoso. Estoy segura que esa liberación abarcó a cualquiera que en ese instante estuviese siendo atacado con esa maldición y no pudiese defenderse.
—En ese caso incluyamos en la lista a mi prima Narcissa, porque justo en ese momento Dawlish la intentaba asesinar por la espalda. Por lo que me ha dicho en sus cartas y lo poco que he logrado sacarle a Li Tieguai, su enfermedad es extraña pero producida por aquello. —afirmó Sirius pensativo.
—No estoy segura, pero Neville dicta Herbología en Hogwarts a petición de la profesora Sprout, pues ella se vio obligada a retirarse por su salud luego de la batalla final contra Voldemort. —planteó Ginny pensativa.
—Hablemos con Li Tieguai, los Charaka Sushruta y el resto del equipo de medimagia sobre esto y lo que conseguimos en los Pergaminos de la Muerte con Anthony —propuso Johan serio—. Estoy seguro que si los leen Nataly, Jonathan, Laurence, Maggie y Robin podremos sacar más cosas en claro, porque habían términos médicos que Anthony no podía entender y a mí no me aceptan las protecciones que tienen al ser squib y no muggle.
—Tienes razón —asintió la menuda pelirroja, girándose en seguida a mirar a Harry—. Ya que nos has prohibido salir de aquí, tendrás que arreglar esa reunión y ubicar lo antes posible los tres pergaminos restantes, así como recuperar el que se llevaron los mortífagos.
—Yo me ocupo de eso y tú ayudas a Anthony en que Anya y Sirius no intenten salir de aquí y ponerse en peligro. —le respondió él manteniéndole la mirada, sonriendo al verla bufar pero asentir.
—En cuanto a la segunda parte de la profecía, creo que lo último se refiere a la unión de muggles y magos para resolver el problema. —planteó Anthony, tanto para distraer a su prometida de lo ordenado por el hermano como para retomar el análisis que intentaban hacer de la misma.
—Estoy de acuerdo. —confirmó Hermione.
—Al comienzo dice que mi dominante hermanito tendrá que leer algo en pergaminos antiguos— afirmó Anya, aún molesta con él por su orden de encerrarla allí. Hizo caso omiso al verlo girar los ojos y continuó con su planteamiento—. Pero yo no estoy de acuerdo con ellos en que se refiera a los Papiros de la Muerte, porque el enfoque de éstos es hacia la medicina y la medimagia, nada que tenga que ver con vórtices y sitios de poder mágico.
—Continua, por favor. —le pidió Harry con tono suave al verla dudar, sonriéndole suavemente al ver que lo miraba con los ojos entrecerrados y evidente molestia. Su sonrisa se amplió al ver que suspiraba y asentía, con sus avellanas mostrando resignación por su encierro y decisión en cuanto a plantear lo que la inquietaba.
—Uniendo cuando dice en la primera parte: "Por temor a morir un mago lleno de odio abrirá sin saberlo lo que había sido sellado", que en la segunda dice: "anular dos vórtices en los dos sitios de mayor poder mágico desde el centro del oculto tras la puerta sellada", las dificultades para encontrar los cristales, la pirámide, los Pergaminos de la Muerte e investigar sobre el poder tras la Puerta Sellada en el Ministerio de Magia, y el que nadie supiese de ellos antes, creo que quien sea que nos haya estado usando para buscarlos se ha enterado cuando aún Voldemort vivía sobre el gran poder mágico que implicará la pirámide con los nueve cristales en ella, así como de alguna conexión entre esto y la información médica.
»Pienso que inventó la información referente a los lazos para distraer a su amo de lo conseguido y que no intentase con él o ella Legilimancia, interrogatorios o algo similar que le delatase. Mientras los mortífagos seguían a Voldemort ciegamente y Harry con quienes lo ayudaban los enfrentaban, esta persona tenía cierta libertad de movimientos para investigar, viéndose favorecido por lo ocurrido en la batalla final porque le quitó de encima a quien se creía su amo.
»He deducido que quien ocultó los cristales lo hizo hace muchísimo tiempo, seguramente dejando por escrito alguna explicación sobre el porqué y qué hacer en caso de presentarse el problema del que habla esta profecía, pues al parecer Voldemort generó algo al crear alguno de sus horcruxes, o al hacer tantos, pues dice que "abrirá sin saberlo lo que había sido sellado" y por lo que ustedes nos han explicado más nadie había intentado antes hacer más de un horcrux.
—Estoy de acuerdo con tu planteamiento, pero eso implica que tenemos que averiguar de qué pergaminos antiguos habla la profecía y dónde están. —planteó Harry luego de escucharla atentamente, preocupado.
—Sitios de gran poder mágico no hay muchos —rompió el silencio Hermione después de varios minutos, mirando pensativa el pergamino en manos de Sirius—. Están Hogwarts y el Ministerio de Magia, en menor grado hay otros pero no se comparan con esos en poder mágico.
—¿Si quieres ocultar algo importante dónde lo harías? —le preguntó Johan.
—Gringotts o Hogwarts. —le respondió ella sin dudarlo.
—Pero Tom Riddle investigó del castillo tanto como pudo durante su estadía en el colegio, mientras que a los secretos que guardan los duendes sólo tienen acceso los de más alto rango de su raza y algunos magos que trabajan para ellos. Cuento con los dedos de mi mano derecha los magos que tienen acceso a lo más importante y antiguo que resguardan en el banco. —completó Ron.
—Fleur Weasley, Khelina Hogge, Rick Laycock, Eddie Carmichael y Bill Weasley —confirmó Ginny—. Pero Fleur, Khelina y Rick trabajan exclusivamente con las cámaras de las familias más pudientes y antiguas, mientras que Eddie y Bill trabajan tanto con esto como con cámaras personales antiguas. No creo que en las de familias esté un pergamino antiguo que quisiese alguien ocultar como hicieron con los cristales.
—Tanto Bill como Eddie son de confianza, así que… —empezó a plantear Hermione tranquila, mirando sorprendida a Harry cuando la interrumpió.
—Yo hablaré personalmente con Eddie y no quiero que ninguno de ustedes se le acerque a menos que yo le diga que puede hacerlo.
—¿Por qué? —preguntó Ron, tan confundido como la castaña.
—Porque podría peligrar Laura si tenemos razón en lo que estamos pensando y los rezagados los relacionan a Eddie y a ella con lo que estoy investigando con ayuda de mis amigos —respondió Harry con una verdad a medias. No podía decirles aún lo que sabía y lo que sospechaba de "La Sombra" y los Conjurados, no hasta que estuviese seguro si era Pansy o Blaise quien estaba realmente tras todo aquello, pues el propio Draco desconfiaba de los dos con la misma intensidad—. Ella nunca ha sido buena en Defensa Contra las Artes Oscuras y está embarazada. No me perdonaría que se repitiese una situación como la de Luna o peor.
—Tienes razón en parte, pero lo mejor será que no hables tú con él sino que lo haga yo —lo contradijo Sirius, pidiéndole con una mano que detuviese la protesta que veía venir—. Eddie es quien controla las cámaras de los Black en Gringotts, así que a nadie le extrañará que pida una reunión privada con él. A Ragnok le he avisado por lechuza hace unos días que quería entrevistarme personalmente con él y con Eddie sobre un cambio testamentario y mover parte de mis bienes a una cámara nueva, así que puedo conseguir quedar con él a solas en un sitio totalmente seguro sin poner en riesgo ni a Eddie, ni a Laura, ni a nadie.
—Yo puedo hacer lo mismo, porque he fijado una reunión con Ragnok y Eddie para hablar sobre la cámara de los Potter. —le replicó Harry mirándolo fijamente.
—Quien está manipulando a "La Sombra" ya está presionando a ése Eddie Carmichael, porque con Bill no lograrían nada y los otros tres magos no tienen acceso. Así que no importa cuál de los dos hable con él igual lo pondrán en un aprieto —intervino Anya con firmeza, rompiendo el duelo de miradas. Enarcó la ceja derecha al ver que su hermano se giraba a mirarla con expresión de alarma—. "La Sombra" empezó a reunir y organizar a los rezagados hace poco, por lo que he logrado sacarle a cuentagotas al señor Gawain Robards, así que es sólo alguien que está intentando controlar desde adentro la situación que ha generado quien engañó a Voldemort luego de averiguar sobre la pirámide, los cristales o esos pergaminos. Ya deben tener por lo tanto controlado a Carmichael así que nuestra opción segura es Bill.
—Anya tiene razón. Además Bill tiene más tiempo en el banco y Ragnok confía más en él que en Eddie, en los niveles en que un duende llega a confiar en un mago —la apoyó Hermione, mirando con un brillo de sospecha al hombre que amaba—. Por otro lado, a Bill le podemos hablar de esta profecía para que nos ayude a averiguar sobre algo de lo que sabemos tan poco, mientras que a Eddie no.
—De acuerdo. —aceptó Harry con su vista fija de nuevo en el pergamino en manos de su padrino, pensativo.
—En cuanto a la tercera parte, tendrán que Hermione y Harry profundizar en las investigaciones que llevan Tania y Steve Hart sobre el poder tras la Puerta Sellada, pues es evidente que entrarán los dos para "anular dos vórtices en los dos sitios de mayor poder mágico desde el centro del oculto tras la puerta sellada", los cuales según lo que Hermione ha dicho antes estarán en Hogwarts y en el propio Ministerio de Magia. —concluyó Christine mirándolos con una mezcla de preocupación por lo que aquello podría significar e intrigada por el comportamiento del hombre de ojos esmeralda antes.
No podía estar segura, pero sospechaba que no les había dicho toda la información que tenía sobre "La Sombra" y al parecer Anya ya había deducido gran parte de lo que él ocultaba. De hecho Daryll, Jerry, Katherine y ella tenían algún tiempo con esa idea, a la que gradualmente se habían ido uniendo los otros miembros de los Halcones, incluido Anthony que los miraba con mucha preocupación.
Harry denegó inconscientemente al oírla, pues también había entendido eso y no le gustaba en lo más mínimo la idea de la mujer que amaba a su lado en algo que intuía sería tan o más peligroso que su enfrentamiento con Voldemort.
—Sé que tú quieres a Hermione ahí adentro contigo tanto como yo quiero a Katherine a mi lado el 27 de marzo, si Johan tiene razón en cuanto a su estudio astrológico —le dijo Ron con tono sereno. Siguió al ver las esmeraldas de su mejor amigo clavadas en sus ojos azules con intensidad, buscando el apoyo del amigo como escasas veces hacía desde que estaban en el colegio después que falleciese el director—. Pero esta reunión empezó con ellos obligándonos a confesar nuestros verdaderos sentimientos porque es muy importante que estés con la mujer que amas ese día. Recuerda que el profesor Dumbledore te dijo que el poder que tienes es ése, el amor.
Harry suspiró y asintió. Sabía que tenía razón, pero detestaba en ese momento que fuese así. Sin embargo no pudo alejarla cuando iba a sus expediciones de guerra, mucho menos lograría hacerlo ahora.
—Hola —entró saludando Remus con expresión cansada, su esposa y su hijo mayor tras él con expresiones molestas. No le extrañaba ver a Anya mirando a Harry con el ceño fruncido porque ya todos se lo esperaban luego de la orden que le diese en Oxford, pero al ver a Johan mirando a su amigo con una expresión similar suspiró—. Por lo que veo ya les han dicho y ellos tampoco han aceptado.
—Te dije que no lo harían. —replicó Robin seguro.
Harry y Sirius denegaron rápidamente en dirección a Remus, pero la deducción errónea que él había hecho ya los había metido en problemas como evidenció la reacción inmediata de Anya y Johan.
—¿Qué se supone que nos dijeron y no aceptamos? —preguntó de inmediato Johan.
—Sin evadirse. —amenazó Anya al ver a los dos castaños de ojos miel comprender su error y dudar en responder.
—Harry, Sirius y Remus pretenden reconocernos como Anya Potter, Johan Black y Robin Lupin, tanto en el aspecto legal mágico como en el aspecto económico. —respondió su hermano, pues nunca se ocultaban nada entre los tres.
—Las reuniones con Ragnok y Eddie Carmichael. —gruñeron al unísono los dos, pues desde que hablaron de ellas sospechaban algo similar.
—Claro que no haríamos nada sin hablarlo primero con ustedes. —aseguró Harry con tono suave y convincente, intentando aplacar la explosión de enojo que veía en los dos.
—Anthony, ve con los demás a explicarles a Robin, Remus y Nymph lo que ha ocurrido antes que llegaran mientras Johan y yo hablamos con su papá y mi hermanito. —le ordenó Anya con sus ojos avellanas clavados en los esmeraldas de Harry.
—Ahora mismo, cuñadito. —gruñó Johan al ver de reojo que intentaría convencerla de quedarse.
Robin denegó levemente en dirección a Hermione y Ginny para que no intentasen quedarse, pues sabía que sería peor si los contradecían en ese momento.
Christine, Julie y Katherine fueron las primeras en levantarse, arrastrando lo más disimuladamente posible a Ginny, Anthony y Hermione fuera de allí.
Veinte minutos más tarde, en la habitación aledaña al comedor donde se metieron por indicaciones de Robin a hablar resumidamente lo ocurrido mientras oían las discusiones en el comedor, escucharon claramente a Harry llamar a Robin y a Remus, los cuales salieron hacia allí rápidamente.
Los dos hombres de ojos miel estaban contentos porque Hermione, Harry, Katherine y Ron se habían aclarado en cuanto a sus sentimientos y se sentían preocupados por lo de la profecía, pero más aún por lo que estaba sucediendo en el comedor, lo cual suscitaron sin intención.
—¿También piensas que irrespetamos las memorias de sus mamás por querer que Johan y tú lleven nuestros apellidos? —le preguntó Sirius a Robin apenas verlo entrar, con el ceño fruncido y enojo en su voz.
—No tergiverses mis palabras y no pongas en mi boca cosas que no he dicho. —protestó de inmediato Johan.
—Yo no pienso que irrespeten a nuestras madres con lo que quieren y estoy seguro que mis hermanos tampoco —aseguró con aplomo Robin, adelantándose a la réplica de Sirius—. Pero Anya, Johan y yo ya somos adultos. La época en que hubiésemos querido tener a nuestros padres y hermanos con nosotros fue en nuestra niñez y nuestra adolescencia, la cual vivimos lejos de ustedes por el miedo de tía Madeleine y la tristeza de tía Johana y mamá. —continuó con tono sereno, suspirando al ver que tanto su padre como el de su hermano de crianza y el hermano de sangre de quien siempre vería como su hermana bajaban la cabeza.
»Aunque llevamos sólo un par de meses de conocerlos personalmente a los tres les tenemos mucho cariño, los consideramos nuestra familia. Pero el darnos los apellidos Potter, Black y Lupin no hará que lo seamos más de lo que ya lo somos. —aclaró sentándose junto a sus hermanos, sonriendo al ver que Anya y Johan asentían apenas ver a Remus, Sirius y Harry levantar la cabeza para mirarlos.
»En cuanto al dinero, no somos ricos pero en esta casa vivimos cómodamente los tres, Johan y yo tenemos nuestro trabajo como médicos y con un poquito de esfuerzo sacaremos las especialidades que nos darán mayor holgura económica, y Anya gana para sus gastos con lo que hace con sus equipos desde aquí, por medio de Internet.
—Además que Anthony velará por ella en cuanto se casen —completó Johan—. ¡Ay! —se quejó al recibir un codazo de ella en sus costillas.
—Al menos podrían aceptar un fondo común de dinero de los tres para los estudios de postgrado de ustedes dos y mejorar los equipos que hay aquí, por favor —les pidió Sirius—. No me digas que no necesitas mejorar tus equipos porque te quejaste de ellos mientras trabajábamos en la profecía —se adelantó a la protesta de ella—. Y ya Maggie me ha dicho que ni ella ni Laurence pudieron continuar con sus estudios por problemas económicos, así que sé de buena fuente que sus especializaciones son costosas —añadió rápido antes que su hijo abriese la boca—. De hecho quiero ayudar a Nataly, Jonathan, Maggie y Laurence también con eso, aunque supongo que no será fácil convencerlos tampoco.
—A menos que lo que nos den a todos sea un préstamo. —planteó Anya pensativa, pues sabía que sus hermanos tenían serias dificultades y que habían estado pensando suspender unas materias para reunir el dinero para unos exámenes que tendrían que hacerle pronto a ella.
—Traidora. —gruñó el de ojos azules.
—Johan, sabes porqué lo hace. —lo regañó Robin.
—¿Por qué? —preguntó de inmediato Harry.
—Ahora se lo dices y te aguantas a Anya. —desafió Johan a Robin.
—Pues nuestra hermana no se habría enterado si Nataly hubiese guardado el secreto. —protestó el castaño.
—Como si no conocieras a Anya cuando se empeña en saber algo. —replicó Johan molesto, dispuesto a defender a su novia.
—¡Oigan, que no soy invisible! —protestó la aludida.
—Chicos, alto al fuego —los detuvo Remus con tranquilidad pero tono firme—. Ya sé que son adultos, pero justo ahora eran tres hermanos discutiendo. —se adelantó a sus protestas, conteniendo con dificultad la sonrisa que afloró a sus labios al verlos mascullarlas entre dientes pero asentir. Cada vez que los veía a los tres reunidos y discutiendo de esa manera sentía una mezcla de melancolía y alegría, pues le recordaban su mejor época en el colegio con sus mejores amigos.
»¿Podrían por favor decirnos porqué Anya ha aceptado parcialmente o tendremos que abordar a Nataly para saberlo? —les preguntó con el tono de profesor que usaba con los tres mientras les enseñaba, pues a Johan le enseñaban Sirius y él sobre Runas, Historia de la Magia, Astronomía y todo lo que no requiriese varita, completando lo que no le habían enseñado la mamá y los que quiso como tías y abuelos, aunque no lo fueran por sangre.
—En dos semanas tienen que hacerme unos exámenes en el hospital, que me hacen una vez al año desde que quedé paralítica para evaluar el deterioro en mi columna y sistema nervioso. Son bastante costosos y es por eso que Johan y Robin han decidido suspender unas materias de sus postgrados para poder pagarlos. —se decidió a responder Anya al ver de reojo a sus dos hermanos fruncir el ceño y clavar sus miradas en la mesa.
—Cuando les pregunté a Ginny y a ti sobre su evaluación como medimaga de tu caso no me dijiste nada. —la regañó Harry.
—Te dije la verdad sobre mi parálisis, no puedo recuperar la movilidad en la parte inferior de mi cuerpo pero sí la sensibilidad —le aclaró ella, suspirando al verlo denegar con el ceño fruncido—. Los médicos no sabían lo ocurrido cuando me atendieron, así que no tenían cómo saber que debían darme calmantes suaves continuamente las primeras horas luego de recibir la Maldición Cruciatus y no lo hicieron, porque creían que eso podía interferir con la evolución de mi problema de movilidad. Con el diagnóstico incorrecto y tratamientos erróneos, sin escuchar a Johan y Robin porque aún no se habían graduado, me generaron más problemas de los necesarios a largo plazo.
Harry y Sirius maldijeron entre dientes mientras apretaban sus puños con impotencia.
—¿Estás segura que no te pueden ayudar Li Tieguai y los Charaka Sushruta con eso? —le preguntó Remus serio.
—Ginny me planteó que les consultásemos, pero yo no quise molestarlos con mi problema y distraerlos de la investigación con ellos cinco. —confesó Anya en voz baja.
—¡¿QUÉ?! —explotaron sus oyentes a coro.
—Estaba buscando la forma de convencer a Johan y Robin en diferir el hacerme esos exámenes hasta después que se resolviese lo de Harry, Hermione, Sirius, Ginny y la señora Weasley, cuando les consultaría a esos medimagos mi caso. —respondió en voz muy baja, levemente encogida en su silla de ruedas.
—Ahora mismo te llevo a Grimmauld para que te examinen. Ni siquiera se te ocurra intentar protestar ni un poco. —gruñó Harry.
—Llévame con ustedes, por favor. —le pidió Anthony que había estado escuchando tras la puerta y se había atrevido en ese momento a entrar, preocupado al máximo por lo último que había oído.
—Claro que sí, vamos —aceptó Harry de inmediato—. Johan, Robin, ustedes también, ya luego hablaremos del fondo económico para los estudios de ustedes y nuestros cuatro amigos, así como los equipos de ella.
—De acuerdo, luego hablaremos de las condiciones del préstamo. —aceptó Johan en nombre de los tres, pues sabía que seguirían insistiendo.
Robin asintió en señal de estar de acuerdo.
Anya suspiró y les sonrió con cariño, poniendo expresión de niña arrepentida al ver que todos la miraban con ganas de reñirla.
Ginny, Hermione y Nymph, que habían estado escuchando junto al detective rubio, entraron tras él.
—Nosotras iremos con ustedes, mientras Katherine y Ron les informan a los demás lo que haga falta. —afirmó la menuda pelirroja, sonriendo al ver a Harry asentir y apuntar con su varita al mantel sobre la mesa.
Anya tuvo que escuchar resignada el regaño de Molly Weasley, después de tener que oír el de los tres medimagos durante las evaluaciones que le hicieron, mientras Li Tieguai, Bela Charaka y Ksharapani Sushruta analizaban en conjunto los resultados obtenidos y decidían el tratamiento a seguir con ella.
Estaba cansada y le dolía la cabeza, pero no les diría nada hasta que no saliesen ellos tres de la biblioteca y les dijesen las conclusiones a las que habían llegado. Estaba acostumbrada a los exámenes de los médicos y no tenían comparación con los que le hicieran poco antes, ni siquiera los que le hizo Ginny casi dos meses atrás habían sido tan extraños y exhaustivos.
Anthony con suavidad la recostó a su cuerpo, pues los medimagos habían recomendado que esperase en un mueble cómodo y no en la silla de ruedas, por lo que estaban en la sala, sentada ella entre Harry y él. Le empezó a acariciar lentamente la cabeza con cariño mientras en voz muy baja le tarareaba una canción que a ella le gustaba mucho, pues por sus ojeras y mirada apagada sospechaba que se sentía mal.
Molly se dio cuenta y empezó a suavizar cada vez más su tono, pasando de ser un regaño a ser consejos llenos de afecto.
Harry se había dado cuenta al igual que su cuñado del estado de su hermana, por lo que asintió en su dirección con una pequeña sonrisa cuando vio que la atraía hacia él por los hombros, concentrándose y enviándole la sugestión de destensarse, así como pequeñas dosis de su magia para ayudarla.
Todos en la sala se pusieron alerta cuando entraron los tres medimagos, atentos a lo que dirían.
—La señorita Ginevra Weasley tiene razón en que la inmovilidad desde su cintura hacia abajo es irreversible, pero tanto su sensibilidad como el problema en su sistema nervioso se pueden recuperar totalmente con el adecuado reposo, que tome las pociones que le indicaremos a sus horas y un tratamiento de hechizos sanadores dos veces a la semana durante seis meses —enumeró el anciano chino con seguridad, sonriendo al ver que todos se alegraban al oír las noticias que había dado en nombre de los tres—. ¿Cómo se siente después de los exámenes que le hicimos, joven? —le preguntó preocupado al verla demacrada.
—Cansada y me duele un poquito la cabeza pero no es nada serio, gracias. —le respondió ella con una verdad a medias y una suave sonrisa, bastante adormilada gracias a su prometido y su hermano.
—Lo cual viniendo de un Potter se traduce en: "me siento bastante mal pero puedo soportarlo y no quiero molestar". —denegó el anciano con expresión de regaño, desafiando con su mirada al de ojos esmeralda a que lo contradijese al verlo fruncir el ceño.
Bhela había sonreído al ver a la chica ruborizarse un poco y morderse el labio inferior, tendiéndole en seguida un vial con una poción de color ocre.
Anthony no sabía lo que era aquello, pero suponía que ayudaría a su novia así que se la recibió a la medimaga, para con cariño y persistencia obligar a Anya a tomársela. Sonrió al ver que le hacía pucheros y muecas de desagrado pero finalmente se la bebía toda, recostándose luego en su pecho y durmiéndose casi en seguida.
—Aquí están las indicaciones. No es bueno para ella que la sometan a exámenes con radiaciones de ningún tipo mientras sigue este tratamiento —completó Li Tieguai mientras le entregaba dos pergaminos con instrucciones detalladas a Johan, sonriendo al verlo leerlas rápidamente y asentir. Se acercó al ver que miraba interrogante la penúltima—. Su columna vertebral estaba empezando a sufrir un leve trastorno, pero en un par de semanas estará como nueva. —le aseguró, palmeándole en la espalda al verlo denegar mientras miraba a la chica con preocupación.
Le agradaba ese chico y quería proponerle el entrenarlo personalmente en algunas áreas de la medimagia que podría desarrollar perfectamente aún siendo squib, pues era muy intuitivo y tenía un don especial para las pociones.
Robin y Harry ayudaron mientras tanto a Anthony a incorporarse con una ya dormida Anya, para llevarla a la casa zoo a descansar.
Amy y Daphne contuvieron el aliento al ver el cristal en la tapa del baúl de madera fina que les había llegado de Italia, pues ya ninguna de las dos tenía dudas sobre lo que era. Era evidente que al no ser conservado en un ambiente bajo 0ºC no tenía el brillo extraordinario que los caracterizaba, pero aún así era hermoso.
—Es magnífico, sin duda la mejor pieza de las que nos han llegado. —afirmó Narcissa entusiasmada, interpretando que las expresiones de sus acompañantes se debían a eso.
—¡No! —exclamaron a coro Amy y Daphne al verla acercarse a tocar el cristal.
—¿Qué pasa? —preguntó asustada, habiendo retrocedido bruscamente al oírlas.
—Aún no lo examinamos y podría tener algún maleficio. —le respondió con suavidad Amy, esforzándose para no dejar traslucir sus nervios.
—¿Creen que Francesco tendría esta belleza sin haberla revisado? —denegó Narcissa incrédula acercándose de nuevo al cristal para tocarlo. Le fascinaba la forma en que reflejaba la luz.
—Por favor, permítenos revisarlo. Draco me mata si algo te pasa. —le suplicó Daphne reteniéndole la mano.
—Tranquila hija —le sonrió con cariño Narcissa, suspirando al ver los ojos azules de quien pronto sería su nuera llenos de ansiedad—. Está bien. Acércame mi varita y les demostraré que no hay ningún maleficio en este baúl.
Daphne asintió sonriente y se incorporó, mirando a la esposa del Ministro de forma elocuente para que la ayudase.
Amy asintió levemente en su dirección en señal de haber comprendido. No importaba cuál era el interés de cada una en el cristal, no podían permitir que Narcissa lo tocase sin hacer antes el encantamiento adecuado para estabilizarlo luego de tanto tiempo sin estar congelado.
—Yo tampoco creo que Francesco tuviese nada con maleficios, pero igual hay que revisar cada una de las cosas que hemos recibido. Betsy, Patty, terminemos de abrir las otras cajas con cuidado y vayan poniéndolas cerca para que la señora Malfoy, las vaya examinando, enseñándonos la forma correcta de hacerlo a todas. —les ordenó con una sonrisa, aplicando simuladamente un maleficio a la caja más cercana a la primera, que era la más impulsiva.
—¡Ay! —se quejó audiblemente la chica al sacar del estuche que venía en esa caja una pulsera, sollozando por el fuerte ardor en la mano.
—¡Betsy! Ven acá, ¡rápido! —le indicó Narcissa preocupada, examinando con habilidad la prenda con la varita que le entregaba Daphne mientras Patty sentaba a su compañera donde ella indicó. Suspiró con alivio al ver que era una maldición sencilla y el efecto fácilmente reversible, atendiendo de inmediato a la joven vendedora.
Daphne asintió levemente en dirección a Amy, haciéndole comprender que su suegra y las dos vendedoras estaban distraídas y no la verían. Un minuto después suspiraba con alivio al ver que la esposa del Ministro había aplicado el encantamiento y el cristal brillaba con un tono levemente azulado, lo que indicaba que ya no era peligroso. Pero sólo tenían dieciocho horas para ponerlo en un sitio congelado.
Amy tragó saliva. Tenía que entregárselo a su esposo para que lo pusiese en la pirámide antes que el efecto atenuante del encantamiento que había hecho pasase. "¿Cómo hacerlo sin despertar sospechas? A menos que…"
—Narcissa, este baúl es magnífico, me tiene fascinada. ¿Puedo pedirle a Kingsley que venga a verlo antes de ponerlo en exhibición? Pronto será mi cumpleaños y me gustaría sugerirle discretamente que sería un regalo apropiado.
—A mí también me gustaría mostrárselo a Draco. —intervino de inmediato Daphne, pues no podía dejar de mostrar interés luego de lo ocurrido minutos atrás.
—Será mejor que tenga más cuidado con lo que pida para la tienda o los llevaréis a la quiebra —bromeó Narcissa mirándolas alternativamente—. Por supuesto que les pueden avisar, pero sólo después que revisemos tanto el baúl como cada pieza que ha llegado. Betsy, Patty, ponedme bien atención a la forma en que lo haremos para que no tengamos más contratiempos y recordadme luego enviarle una lechuza a Francesco para informarle de lo ocurrido con esta pulsera.
—Sí señora. —asintieron las dos de inmediato, contentas porque la señora Malfoy había aliviado a la primera rápidamente.
Daphne y Amy disimuladamente colocaron un par de maleficios más en otras piezas, tan inocuos y fáciles de revertir como el primero, para no generar sospechas. Estos fueron rápidamente detectados por Narcissa, quien les enseñó a sus acompañantes cómo examinar cada pieza para no dañarla, pero detectar tanto ese tipo como algunos más peligrosos.
—… Los que hemos encontrado han sido muy básicos, pero no debemos descuidarnos en ningún momento. Gracias a Amy y Daphne por recordármelo —les sonrió con gratitud, correspondiendo a sus asentimientos—. Estoy casi segura que han sido puestos por alguien del transporte y no venían así de la tienda de Francesco, probablemente buscando luego que los vendiésemos a menor precio. De todos modos le informaré lo ocurrido para que tenga cuidado allí. Betsy, Patty, dejen el baúl allí para que el señor Shacklebolt y Draco lo vean y vamos a la tienda para indicarles dónde quiero que ubiquen cada una de las piezas mañana a primera hora.
Las dos vendedoras asintieron y la siguieron de inmediato, mientras Amy y Daphne les escribían a sus parejas los mensajes en clave que les enviarían por lechuza.
—Harry, quiero que te sinceres conmigo. ¿Por qué quisiste involucrar en la joyería a Draco y Narcissa Malfoy? —le preguntó Kingsley serio, sentado tras su escritorio y con el mensaje de su esposa en sus manos, el que les acababa de leer a sus tres acompañantes—. Sabes perfectamente que Amy podía llevarla adelante sola y no me gusta ni un poco lo que me ha dicho aquí de la actitud de Daphne Greengrass con la llegada del cristal en la tapa del baúl. —agregó al ver al hombre de ojos esmeraldas mirar fijamente el pergamino, pensativo.
Harry suspiró y bajó sus barreras, sellando la oficina para que sólo Hermione y Gawain que estaban con ellos escuchasen lo que les diría. Estaba agotado por todo lo ocurrido ese día y preocupado por la salud de su hermana. La llamada de su jefe para una reunión de emergencia en la oficina del Ministro lo había tomado por sorpresa.
—"La Sombra" es Draco Malfoy, que ha conformado con Daphne Greengrass, Pansy Parkinson y Blaise Zabini un grupo que se autodenomina Los Conjurados, para intentar desde dentro de los mortífagos rezagados averiguar lo que sabían sobre posiblemente hacer retornar a Voldemort —les empezó a revelar, pidiéndoles con sus manos que no le preguntasen nada antes de poder terminar de decirles lo que había decidido revelarles—. La información la tenían los hermanos Carrow y no era completa, asesinándolos entre Pansy y Draco luego de interrogarlos. Pero como ya Amycus y Alecto habían hablado con otros rezagados conformaron el grupo, asimilando hace aproximadamente dos meses a Eddie Carmichael y Theodore Nott.
»Hasta ahora no tienen mucha más información que nosotros, además que sospechan que o Pansy o Blaise los traiciona. Pero como ninguno de ellos confía realmente en los otros, a excepción de Daphne y Draco entre ellos, es complicado el saber cuál de los dos es el traidor. Últimamente he tenido más problemas que antes para averiguar sobre ellos.
»A Eddie lo vigilan constantemente porque no confían en él, al igual que a Laura, por lo que no me le he podido acercar. Theodore no sabe de sus movimientos de ataque, pero está preparando la poción especial que se requerirá para sumergir los nueve cristales antes de introducirlos simultáneamente en la pirámide y me ha asegurado que si está con ellos es porque sólo en los Slytherins confían los mortífagos rezagados para lo que están planeando, queriendo estar dentro para poder actuar en el momento adecuado.
—¿Desde cuándo sabes sobre ellos? —le preguntó enojado Gawain.
—Un par de semanas luego del arresto de Jugson, pues se reunieron cerca de un lugar en que me encontraba y… No pude evitar enterarme de lo que ocurría, por las facilidades mágicas que tengo desde que cumplí la mayoría de edad. —le respondió Harry con sinceridad.
—Pero no nos dijiste porque sólo oirías fragmentos de las conversaciones sin despertar sospechas en quienes te rodeábamos —afirmó Hermione, suspirando al ver las expresiones de sorpresa de sus acompañantes luego de él asentir. Ella se había sentido igual cuando él se había sincerado sobre esa capacidad y otras, durante las charlas nocturnas en el Valle de Godric mientras estudiaban en la Academia—. Los Conjurados aparentemente intentan hacer lo que R.A.B. hizo en la Primera Guerra, pero no podemos confiarnos porque la información no es completa. En Eddie y Theodore confío completamente, pero ni un poco en los otros cuatro.
—¿Por qué involucraste a mi esposa en la joyería con los Malfoy y aceptaste a Greengrass allí si ya sabías de Los Conjurados? —insistió Kingsley serio, mirando fijamente a Harry. Confiaba en él, pero Amy estaba embarazada y le aterraba que se viese en una situación similar a la de la joven Longbottom.
—Porque quería que Amy estuviese protegida luego de lo ocurrido con Luna —le respondió con firmeza Harry, explicándose más al ver las expresiones de incredulidad de sus tres acompañantes—. Draco Malfoy no permitirá que ocurra nada allí que ponga en peligro la vida de la mamá, por lo que pidió que la novia estuviese presente siempre con ella ya que lo ha ayudado con la salud de Narcissa Malfoy desde que salieron de Azkaban.
»Por otro lado, aunque no voy a entrar en detalles, durante la guerra me enteré de algunas maniobras que hicieron Draco y Narcissa Malfoy para salvar vidas y ayudar en la medida de sus posibilidades de entonces a los prisioneros de los mortífagos, especialmente ella. Así que también la quería protegida por mí. Bill, Fred, George y Hermione me ayudaron a colocar en la joyería unas protecciones especiales.
—Jamás dejaríamos a Amy en una situación peligrosa, especialmente Harry. Lo sabes, Kingsley. —le aseguró Hermione.
—Pansy Parkinson dirigía el ataque a casa de los Longbottom. —refutó Gawain, que le molestaba que el hombre de ojos esmeraldas hubiese guardado silencio en algo tan grave hasta ahora.
—Sí, por lo que logró evitar que asesinasen a Luna o que ella perdiese el bebé —completó Harry—. Si estuvieses en su posición, ¿habrías podido hacer más siendo quien supuestamente diriges a un grupo de asesinos?
—No, supongo que no. —tuvo que aceptar el jefe de los aurores a su pesar.
—A mí tampoco me gusta ni un poco, pero si hay algo que aprendí en la guerra es que a veces tienes que hacer cosas que van contra tu forma de pensar para lograr un objetivo mayor —siguió Harry con firmeza, aunque en su rostro se translucía su malestar y cansancio—. Si no les dije nada antes es por dos razones: a excepción de Hermione más nadie sabía que puedo oír a cierta distancia lo dicho por magos, y la información que tengo sobre ellos no es completa.
—¿Sólo puedes oír a magos? —le preguntó Kingsley.
—Y a squibs, según pude comprobar hace poco con Johan. Con los muggles aprendí a leer los labios, pero tengo que estar a cierta distancia para poder verlos con un hechizo especial que Hermione y yo diseñamos. Ella también aprendió a leer los labios, Ron no lo logra hacer bien. —le respondió con sinceridad.
—Sólo Hermione, Gawain y yo sabremos sobre tu capacidad especial y Los Conjurados por ahora. Confío tanto en Los Dragones como en Los Halcones, pero tú no necesitas que te presionen por las decisiones que has tenido que tomar y luego de lo ocurrido en la mansión Longbottom algunos no tendrán la madurez para comprender el porqué guardaste silencio. —decidió Kingsley, continuando al ver que Harry asentía en su dirección con evidente agradecimiento en su expresión.
»Mañana a primera hora iré a comprarle un regalo de cumpleaños a mi esposa y supongo que me costará algún dinero extra el ayudar a Malfoy a mantener su mascarada si tienes razón sobre él, pero me preocupa que si no es así se presente una situación crítica dentro de la joyería.
—No correremos riesgos ni con Amy ni con el cristal —aseguró Harry—. Yo tomaré el lugar de tu esposa con poción multijugos y cambiaré el baúl por uno falso antes que Draco y tú empiecen a pelear por un precio justo para comprarlo.
—La que tomará el lugar de Amy seré yo, se me hará más fácil como mujer simular su embarazo y distraerlos a todos mientras haces el cambio del baúl por el falso. —lo contradijo Hermione, manteniéndole la mirada hasta que lo vio acceder luego de rodar los ojos.
—¿Cómo les fue con los prisioneros de la casa zoo? —preguntó Gawain, que estaba intrigado desde que los había visto llegar tan… compenetrados.
—Larga historia. —respondió Harry.
—Tenemos tiempo. —replicó Kingsley, que estaba tan intrigado como su amigo.
Hermione sonrió y empezó a explicarles lo más resumido posible, pues sabía que Harry estaba exhausto.
—No sabía que Black tenía dotes de cupido. —bromeó Gawain cuando terminó la castaña de contarles lo de ellos dos, Katy y Ron, sonriendo al ver a Harry reírse y destensarse.
Le preocupaba como lo estaba viendo desde que llegaron los dos a la reunión, pues el equipo médico les había advertido a Lancelot, John, Kingsley y él sobre las señales que debían alertarlos de una posible recaída en Harry, puesto que Potter no era dado a dejar saber cuando se sentía mal.
—¿Tienen con ustedes una copia de la traducción de la profecía rúnica? —preguntó Kingsley, que también había notado que algo iba mal con Harry y quería retenerlos allí un poco más mientras llegaba Li Tieguai, a quien acababa de avisarle simuladamente por medio del celular especial que le había dado Anya.
—Sí, nos dio Sirius una copia después que dejamos a Anya durmiendo por el efecto de la poción. —le respondió Hermione.
—Por cierto Gawain, ten más cuidado con las preguntas aparentemente inocentes de mi hermana. —le aconsejó Harry.
—¿De qué hablan ustedes dos? —preguntó intrigado el auror.
—¿Qué pasa con Anya? —preguntó preocupado el Ministro.
Estaban terminando de responderles Hermione y Harry cuando le entró una llamada al celular a Kingsley, poniéndose sus tres acompañantes en alerta. La única forma que funcionase un equipo de esos en un lugar tan cargado de magia como el Ministerio era que fuese uno de los especialmente diseñados por Anya el que llamase y también el receptor.
—Harry, quita el bloqueo que le pusiste a la oficina y compórtate cuando entren Li Tieguai y los Charaka Sushruta. —le ordenó Kingsley serio, que ahora comprendía que estaba preocupado por la hermana pero aún así eso no justificaba lo demacrado que lo veía.
—¿Tú los llamaste? —preguntó Harry molesto.
—Es una orden la que te he dado. —recalcó Kingsley serio, sonriendo al verlo bufar con enojo pero asentir y quitar el bloqueo.
La mirada agradecida de Hermione al moreno hizo molestar un poco más al de ojos esmeralda, pero se dejó examinar sin dar problemas y resignado permitió que lo llevaran a Grimmauld a descansar, donde quedó bajo el cuidado de los tres medimagos, al igual que Hermione y Molly que también estaban experimentando una recaída.
Maggie, Johan y Robin vigilaron en la casa zoo a Ginny, Anya y Sirius, que le avisó a Draco estuviese al pendiente esa noche de la salud de Narcissa, prometiéndole que al día siguiente le explicaría en una reunión.
Neville fue personalmente a la casa de la profesora Sprout, luego que Ginny les contase a Luna y a él de las sospechas que tenían, confirmando que ella era la séptima afectada por lo ocurrido el día de la batalla final contra Voldemort y asegurándose que la auxiliar en medimagia que la cuidaba por sus órdenes velase especialmente de ella esa noche.
—No tenías cómo saberlo, Minerva —intentó tranquilizarla Lancelot mientras la veía tomarse el té—. Esperemos las noticias de Albus.
—¿Podremos detenerlo? —le preguntó asustada por lo que habían visto.
—Tenemos que hacerlo y ya estamos trabajando en ello. —le respondió el inefable, sin atreverse a darle una certeza porque sabía la pregunta que seguiría.
—Pero eso está avanzando muy rápido. ¿Cuánto tiempo crees que le tomará arrasar con el colegio? —le planteó angustiada, respirando profundo para controlarse al ver la expresión de su acompañante—. Al menos dame un estimado de cuánto tiempo debo controlar la situación aquí antes de enviar a los alumnos a sus casas.
—Llegará a un límite peligroso a mediados de las vacaciones de Pascua. —le respondió él con sinceridad. Asintió al comprender de la expresión de su amiga que había pensado en lo mismo que él, la fecha investigada por Johan Mintaka Hawking.
—¿Hay alguna forma de traer de regreso a Myrtle y a Peeves? —quiso saber la directora en cuanto logró recuperar un poco la calma.
—A Myrtle habrá que ayudarla a continuar, porque no podrá regresar a su condición de fantasma aquí luego de estar ahí —le respondió con sinceridad, suspirando al verla denegar con expresión triste. Esa chica no había tenido una vida fácil cuando estuvo viva, murió por culpa de Riddle al ver a los ojos a un basilisco, y aún como fantasma había sido víctima de burlas y malos tratos. No sería nada sencillo que sobreviviese al infierno que estaba viviendo y mucho menos que consiguiese el camino para continuar más allá, como espíritu—. Peeves es un poltergeist, será complicado pero tal vez se le pueda ayudar a regresar si sobrevive a lo que está viviendo allí.
—Sirius sobrevivió, pero… Cuando Molly me avisó desesperada que Harry iría allí con sus amigos a rescatarlo intenté ayudarla a detenerlos, pero nos fue imposible. La información que se tenía de ese lugar era terrible, aunque ahora tenemos una mayor comprensión de lo que sucede en ese mundo y la forma en que nuestro fénix humano logró sobrevivir. Pero la mayoría no tiene la extraordinaria capacidad de Sirius Orión Black Black para sobreponerse a algo tan terrible. Si ese vórtice mágico no es detenido será la destrucción no sólo de Hogwarts, sino de todo el mundo mágico y el muggle. —afirmó deprimida.
—No sucederá. Harry Potter detendrá lo que generó Tom Riddle al crear ese horcrux en este colegio —le aseguró Albus que regresaba en ese momento a su retrato, con el tono de voz que siempre usaba para tranquilizarla—. Ragnok los recibirá a Harry y a ti para darles acceso a una bóveda especial que es legada a la línea de los fénix de generación en generación, pero que no le había sido cedida a Harry porque le había pedido a Ragnok que esperásemos a que él estuviese mejor de salud —le indicó al inefable—. Ahora comprendo que una vez más me he equivocado intentando protegerlo.
—Si te soy sincero yo tampoco quería hablarle de esto por la misma razón, pero me temo que Kingsley tiene razón en que intentando protegerlo le hacemos más daño que bien. —aceptó resignado el inefable.
—Por favor, mantenme informada Lancelot. —le pidió la directora.
—Y tú avísame de cualquier cambio, Minerva. —le solicitó el inefable.
—Así lo haré. Sólo El Fraile Gordo, La Dama Gris, Nick Casi Decapitado y El Barón Sanguinario tendrán acceso a ese pasillo, evitando que cualquiera se acerque además de informarme cualquier cambio. —le aseguró, despidiéndose en seguida con un leve apretón de manos.
—Steve, Tania, necesito de su ayuda ahora mismo —los detuvo Parvati antes que entraran al cuarto circular, luego de fingir salir del Ministerio con los demás empleados como había hecho ella también—. El Velo de la Muerte se ha activado —resumió antes que intentasen evadirla, suspirando al ver que abrían sus ojos al máximo, asustados—. Exacto, por eso les estoy pidiendo que vengan conmigo a verlo.
—¡Por Merlín! —exclamaron los hermanos Hart al unísono al entrar a la sala en que estaba aislada la peligrosa estructura y ver que, en lugar de la tela harapienta, se veía una escena en que una mujer vestida con ropas medievales huía aterrada con un pequeño en brazos de unos hombres que la seguían a caballo—. ¿Desde cuándo está así el arco? —preguntó con voz estrangulada Steve, sospechando la respuesta.
—Hace mes y medio empezaron los cambios, pero hace quince días empecé a ver lo que está detrás al desvanecerse lo que parecía una tela y ser sustituido por eso —le respondió Parvati—. No —retuvo a Tania que había intentado bajar los escalones para acercarse a mirar—. Tienes que usar el hechizo de aislamiento especial si no quieres que te arrastre adentro. Antes sólo ocurría si estabas en el estrado, pero hace unas horas se expandió bastante y como no sé lo que lo ocasiona no sé hasta donde ha llegado su efecto.
—Tenemos que contenerlo en esta sala hasta que averigüemos como regresarlo a su estado anterior o destruirlo. —afirmó Steve preocupado.
—¿Alguna idea de cómo hacerlo? —preguntó Parvati.
—Los cristales. —respondieron los hermanos al unísono, saliendo con la Gryffindor de allí para ir a buscarlos y regresar con ellos. Tenían que usarlos rápido para crear una malla de contención mágica hasta que pudiesen averiguar cómo detener ese vórtice mágico y el del colegio, por el que habían averiguado unos minutos antes la forma de bloquear ese tipo de vórtices parcialmente con ayuda de lo que aceleró la cuenta atrás.
—En resumen, hemos logrado descifrar la profecía y tenemos en nuestras manos los siete Pergaminos de la Muerte además de seis de los nueve cristales, pero hemos acelerado sin saberlo los dos vórtices mágicos de los que somos advertidos en la profecía rúnica y aunque tengo en mi poder los pergaminos antiguos es necesario empezar de cero con una traducción que aparentemente será muy complicada porque nadie conoce el idioma en que están escritos, además de haber empeorado la salud de los siete porque estamos conectados con esos dos vórtices de alguna manera. —enumeró Harry con expresión preocupada.
Mientras tanto Ginny, Robin y Jonathan luchaban por estabilizarlo en plena reunión de todos Los Halcones y Los Dragones en la casa zoo, luego del enfrentamiento en el Museo Británico en que arrestaron a varios mortífagos y recuperaron los Pergaminos de la Muerte faltantes, pero no a los que lideraban a los rezagados.
—Sólo una observación. Esos pergaminos están escritos en una mezcla de arameo antiguo, celtíbero, galo, huno, egipcio clásico y griego antiguo —enumeró Katherine mirándolos con interés. Se sonrojó al levantar la vista, por el profundo silencio a su alrededor, y conseguirse con que todos la estaban mirando con asombro—. Soy especialista en literatura, lenguas tribales y muertas. Lo menos que puedo hacer es reconocer algo escrito en lenguas muertas cuando lo veo.
—¿Puedes traducir lo que dicen? —le preguntó Ron.
—Sí, pero necesitaría dedicarme por completo a esto y posiblemente la ayuda de Julie además de la de Anya. —le respondió con sinceridad.
—Esa herida de bala fue muy seria y nuestro principal sospechoso en el caso silabario está tras de ti, así que mientras recuperas el conocimiento te tengo oculta con un amigo médico y me hago cargo de todo lo que ocurre en la oficina. —improvisó Jerry mirándola con firmeza.
—Te haces entonces cargo de mi desaparición en el hospital diciendo luego que yo soy quien cuida de ella, porque me quedo con Katherine, Hermione, Anya y Sirius aquí. —afirmó de inmediato Robin, sin esperar la respuesta de la detective.
—Pues inventen algo también para mí porque me quedo con ellos. —lo apoyó Johan mirando significativamente a Ginny y luego a Daryll, sonriendo al verlo asentir.
—Se los agradezco mucho a los dos, pero aunque la herida es molesta no es tan seria y yo puedo seguir con mi trabajo y hacer esto. —intentó convencerlos la detective, aunque sabía que después que llegasen con ella inconsciente a esa casa y la debilidad que aún tenía luego que perdió bastante sangre eso sería casi imposible.
—Por favor mi amor, es muy importante que traduzcas esos pergaminos antiguos. —le insistió con tono meloso Ron, su mirada azul preocupada clavada en los azules agotados de ella. Sonrió al verla asentir aunque mascullaba una protesta entre dientes.
—Tú te quedas aquí con ellos de reposo —le ordenó Gawain a Harry quitándole la varita con habilidad, ayudado por la distracción que le proporcionó Hermione, que no había protestado porque sabía que debía ayudar a retener a su novio—. Ya una vez te había dicho que te la quitaría y te encerraría en San Mungo de ser necesario, agradece que no sea en el hospital sino en esta casa con tu hermana, tu padrino y tus amigos. —se adelantó a la protesta de su subordinado.
—Yo me quedaré aquí con los jóvenes Hawking y Groombridge a cuidar a los que se quedarán de reposo en esta casa, mientras los Charaka Sushruta velan por la salud de las señoras Weasley y Sprout en Grimmauld. —ofreció el anciano medimago chino, sonriendo al ver a casi todos asentir mientras su joven paciente de ojos esmeralda rodaba los ojos.
