Resumen: Reuniendo información para rescate y preparación para "la hora cero". Escape de encierro mágico y rescate oportuno. Combates en Hogwarts y el Ministerio de Magia.
Rescate y Enfrentamientos
Remus contuvo el aire al ver a Minerva acercarse a él con aquella expresión que le había conocido tan bien como miembro de la Orden del Fénix, cuando en las dos guerras ella se había visto en la obligación de dar alguna mala noticia.
—¿Quién? —preguntó en un susurro asustado.
—Nymph, Sirius, Ginny, Anya, Anthony y Daryll llevan dos horas sin responder llamadas y no hemos podido ubicarlos, ni tampoco la camioneta de Sirius. Fawkes ha podido aparecer donde están, pero no sacarlos o llevar a alguien allí pues varios lo han intentado —le respondió la directora con sinceridad, apretándole un brazo al ex licántropo al ver que dejaba caer su cabeza hacia el frente—. Harry dice que el fénix le ha comunicado que ninguno está herido seriamente y, aunque están asustados, están buscando una forma de salir de donde estén.
—¿Ya lo saben Johan y Robin? —le preguntó Remus con voz temblorosa.
—Kingsley está con Harry y ellos en la casa zoo, además de buena parte de Los Dragones y Los Halcones —le respondió ella—. Ve con ellos, yo le pediré a Filius que me sustituya aquí y me reuniré en unos minutos con ustedes.
—¿Cuántos alumnos se han quedado? —le preguntó inquieto Remus.
—Sólo tres no han ido a sus casas por las vacaciones de Pascua, los otros profesores los cuidarán. Penny Majors y Jefferson Heigh acompañan a Theodore bajo las órdenes de Tom Harris, como aurores. Penélope y Steve preparan todo frente a los baños en que por años vivió el fantasma de Myrtle como inefables, con el respaldo de Alicia y Ernie como aurores, Luna y Neville como Dragones. —le respondió ella con suavidad.
—Entonces Parvati, Tania y Lancelot actuarán en el Departamento de Misterios como inefables con el respaldo de Padma, Fred y George, hasta que Dorothy, Laurence y los otros se nos unan —completó Remus—. ¿Cómo es que los han atrapado en la camioneta de Sirius si Daryll y él estaban con Anya en la casa zoo.
—Al parecer la joven e impulsiva hija de James Potter no soportaba más el encierro y los convenció de salir, por lo que les pidieron a Ginny, Anthony y Nymph que los acompañaran como refuerzo. —le respondió ella.
—El encerrar a Sirius por su seguridad ya provocó algo grave y aún así no aprendimos la lección. —denegó Remus con frustración.
—Ve a la casa zoo. Harry, Johan, Robin y los Weasley te necesitan allí. —le insistió Minerva, suspirando al verlo asentir y dirigirse a la dirección para viajar por polvos flú.
Aunque el golpe fue leve, porque al sentir el trasladador Sirius soltó el acelerador y pisó el freno por reflejo, sobre la camioneta cayeron trozos de roca golpeándola y haciendo estallar los vidrios, penetrando algunos por las ventanas destruidas. Los cinturones de seguridad y la bolsa de aire impidieron que las heridas fuesen serias, pero tenían golpes y algunos pequeños cortes por el estallido de los vidrios y algunos trozos de piedra afilados.
—Rápido, el plasma. —les pidió Ginny a los que iban atrás al girarse y ver los pequeños cortes en los brazos de su novio.
—Tranquila, no es nada —le aseguró él mientras desinflaba la bolsa de aire—. ¿Cómo están ustedes?
—Sólo rasguños y golpes pero a nosotros nos cerrarán rápido los cortes así que deja que te atiendan a ti primero. —lo regañó Anya.
—De acuerdo. —aceptó con tono resignado. No quería que se preocuparan tanto por él, aunque sabía que tenían razón porque el brazo izquierdo le estaba doliendo demasiado.
Ginny desvaneció el trozo de vidrio que tenía incrustado en el antebrazo.
—¡Maldición! —exclamó ante el sangrado inmediato y con una profusión que indicaba que le había alcanzado probablemente una arteria.
El detective moreno se apresuró desde atrás a hacerle un torniquete sobre la herida, maldiciendo entre dientes.
—Nymph y Daryll, pasen hacia acá con Anya —les indicó Anthony desde el último asiento, ayudándolos a echar hacia delante el respaldo del asiento medio de la camioneta para que lo hicieran y moviéndose él para tomar su lugar—. Yo soy O negativo, así que seré tu donante para completar lo que está haciendo el plasma —le indicó a Sirius palmeándole en el hombro—. Anya está preocupada, por favor acepta sin protestar —le susurró al oído mientras movilizaba la palanca lateral para echar el asiento hacia atrás, sonriendo al verlo asentir con expresión mezcla de dolor y de frustración—. Prepara rápido lo necesario, Ginny. —se giró a pedirle con una suave sonrisa.
Veinte minutos después suspendieron la transfusión al ver que cesaba la hemorragia y que Sirius recuperaba el color en el rostro que había empezado a perder. La siguiente en ser atendida fue Anya, después Nymph, la propia Ginny por Anthony y Anya, luego el detective rubio y por último el moreno, que había estado alerta y con su arma afuera desde que cesó la caída de los pedruscos sobre el vehículo al igual que la metamórfaga con su varita.
—Sirius, pon la marcha atrás para con las luces de retroceso iluminar, pero no muevas la camioneta hasta que no sepamos lo que provocaríamos al hacerlo. —le indicó Daryll en voz baja, mientras apuntaba con su arma por el vidrio trasero.
El aludido hizo lo indicado mirando atentamente por el retrovisor y con su varita en su mano derecha. Maldecía entre dientes su mala suerte, pues había sido el único en recibir un corte serio, aunque le preocupaba el moratón que le había visto a la hija de su fallecido amigo sobre la rodilla de la pierna izquierda y el corte que tenía su novia en la mejilla derecha. Pero él era el único con un corte profundo.
—Voy a asomarme con mi linterna de bolsillo por la ventanilla para ver mejor los laterales y el frente. —les avisó Anthony.
Los otros se tensaron pero ninguno se negó. Nymph asomó la varita por la ventanilla a su lado y convocó luz con ella para también explorar.
—Parece una cueva natural y creo que puedes retroceder sin que se desplome más nada. —informó Anthony.
—No se ve nada peligroso en el suelo y al parecer quien nos ha traído aquí no le importa que ilumine un poco con mi varita o es tan cobarde que no quiere mostrar su rostro. —dijo Nymph en voz alta y clara, queriendo tantear el terreno para saber a cuántos tendrían que enfrentar.
—O no está aquí. —planteó Anya cuando sus palabras hicieron un leve eco en el lugar y sólo fueron seguidas de silencio.
—Antes de intentar mover la camioneta o bajarnos vamos a explorar con la linterna grande —sugirió Daryll luego que a las palabras de ellas dos sólo siguiese silencio. Sabía el porqué la metamórfaga había hecho aquello y al igual que ella quería saber cuál era su situación real—. Conéctala al tablero, ahí. —le pidió a la pelirroja.
—Ginny, por favor quédate con Anya y con Sirius mientras nosotros exploramos un poco. —le pidió Anthony luego que el examen con el potente faro les mostrase el interior de una cueva de aproximadamente cinco metros de ancho, tres de alto y bastante larga hasta donde podían ver con la luz desde el auto, bastante irregular y con apariencia de ser natural.
La pelirroja y su novio mascullaron sus protestas mientras la tercera suspiraba, pero los tres se quedaron en la camioneta procurando iluminarles Anya mientras los otros dos seguían con sus varitas el desplazamiento de los tres.
Estaban al límite de la iluminación proveniente desde la camioneta cuando Nymph decidió convocar una fuerte luz con su varita, con la cual los seis pudieron ver que unos metros más adelante se encontraba una pared que no era parte natural de la cueva, sino una lisa y artificial. Moviéndose cautelosamente exploraron todo el lugar.
—Retrocede con la camioneta despacio. —le indicó Daryll a Sirius luego de intercambiar miradas con Nymph y Anthony, mezcla de alivio y preocupación.
Al despegarla de la pared vieron que el rubio tenía razón en que no habrían más desprendimientos, además que la malla frente a las luces delanteras había cumplido su función absorbiendo el impacto al no ser éste tan fuerte. Sirius la hizo rodar un par de metros y la detuvo.
—Las buenas noticias son que estamos solos y la camioneta parece estar en buenas condiciones en cuanto a partes mecánicas y eléctricas, así que nos servirá para salir —resumió Daryll, ya de pie con sus dos compañeros de exploración junto a la camioneta—. Las malas son que alguien selló la entrada a la cueva con un muro alto y que supongo no será derribado simplemente por estrellar la camioneta contra él. Además que aún no sabemos si el comité de bienvenida está retrasado o si los invitaríamos a venir al intentar algo contra esa pared.
—Sellada totalmente no está la cueva puesto que tenemos aire, así que lo primero es investigar por dónde está entrando —opinó Anya—. Lo segundo a averiguar son nuestros límites en cuanto a magia, comunicación y transporte.
Sus cinco acompañantes asintieron en señal de estar de acuerdo y de inmediato los seis empezaron a organizarse sobre las pruebas a hacer para definir claramente su situación.
—Es mi culpa que estemos atrapados aquí. —estalló Anya cuando su tercer intento por hacer funcionar su celular como localizador falló.
—Tranquila, conseguiremos la forma de salir. —le aseguró Anthony abrazándola.
—Claro que sí, estás con un escapista profesional —bromeó Sirius acariciándole la cabeza con cariño, suspirando al oírla llorando—. Por favor hija, confía en mí.
Anya hizo un esfuerzo por tranquilizarse, pero estaba muy asustada luego que los seis habían hecho varios intentos para salir de allí sin ningún resultado. Su reloj marcaba las diez de la noche y por las altas ventanas que daban ventilación al lugar en que se encontraban se filtraba muy poca luz.
—Intenten dormir unas horas, yo haré la primera guardia y les avisaré si ocurre algo —les sugirió Daryll, suspirando al ver que lo miraban con expresión de "¿Estás loco?"—. Debemos estar lo más descansados y lúcidos posibles para enfrentar a nuestros captores cuando se presenten, además que con la luz del día será más factible encontrar una forma efectiva de salir de aquí.
—Él tiene razón —lo apoyó Nymph—. Yo haré la segunda guardia.
—Y yo la tercera. —afirmó de inmediato Anthony, adelantándose a Ginny y Sirius, señalando con una leve cabezadita a su novia para que no se opusieran.
—De acuerdo. —aceptaron los dos, pues comprendieron que debían permanecer tranquilos por su propia salud y la de ella.
El dormir fue imposible, pues aunque fingieron hacerlo para lograr dormirla con la nana que Anthony le cantaba, ella sólo lograba conciliar el sueño por breves lapsos de tiempo y despertaba llorando por la pesadilla recurrente después del ataque en que murió su mamá, su abuela y las que quiso como tías, la cual había desaparecido desde su compromiso con el detective rubio pero que había regresado con mayor fuerza por la situación.
A las tres de la madrugada Ginny se decidió a sedarla, pues era más dañino para ella el estado de nervios en que se encontraba que alterar el tratamiento que le venían aplicando.
—Al maldito que nos tiene aquí lo voy a machacar hasta volverlo polvo en cuanto le ponga las manos encima. —amenazó furioso Anthony.
—Será a lo que quede de él después que le de el tratamiento adecuado con mi varita. —gruñó Ginny mirando preocupada a su pareja.
—Estaremos en unas horas en casa. —la intentó tranquilizar Sirius, aunque sospechaba que no sería así.
—Descansen ustedes dos para que esta situación no se nos complique. —les indicó serio Daryll, asintiendo al verlos bufar pero acomodarse en el asiento delantero, abrazarse e intentar descansar.
Nymph y él se decidieron a bajar de nuevo de la camioneta a explorar. El detective moreno le pidió en susurros que averiguase cómo habían hecho llegar un trasladador a la camioneta, pues no se explicaba cómo Zabini había logrado alterar en algo el vehículo cuando todos estaban muy pendientes de Sirius. Tanto Los Halcones como Los Dragones sabían que él sería el blanco del Slytherin para manipular a Harry.
Mientras la metamórfaga examinaba con su varita detenidamente la camioneta, él se dedicó a mascullar su rabia consigo mismo por haberse dejado convencer por su prima para salir de la casa zoo con los dos, además de examinar con detenimiento el sitio en que se encontraban con una linterna. Al pasar cerca del auto se dio cuenta que ni el hombre de ojos grises ni la menuda pelirroja dormían, aunque fingían hacerlo, así que se dirigió a ellos.
—Prepara otro sedante para ustedes. Tú le aplicas la mitad a él y yo la otra mitad a ti. —le ordenó a la menuda pelirroja, manteniéndose firme al verles intenciones de negarse. Sonrió cuando la vio rodar los ojos pero hacer lo que le había indicado y convencer a su pareja de permitirlo.
Justo ahora agradecía que Laurence lo hubiese convencido para que los detectives de Los Halcones aprendiesen a inyectar y otras cosas básicas de medicina, a cambio de ellos hacerlo sobre disparar y lo básico sobre defensa personal con y sin armas. Él no tenía el toque suave de su amada Maggie, pero era uno de los pocos que lograba conseguir cualquier vena por difícil que fuera. Sólo cinco de los detectives lograban aplicar intravenosas, los demás sólo inyecciones intramusculares.
Anthony se bajó del auto en cuanto los vio quedarse dormidos, pues había estado al pendiente tanto del sueño de su novia como del estado de los dos que habían estado fingiendo dormir.
—¿Has encontrado algo de utilidad? —le preguntó al moreno.
—Creo que sí. Quien nos atrapó piensa como mago y pretende retenernos como tal, así que creo que se le olvidaron algunos detallitos sobre seguridad al modo muggle —le respondió mientras lo llevaba a la pared posterior respecto a la forma en que había quedado ubicada la camioneta, la que tenía en la parte superior los ventanales—. Ilumíname y pon atención a los sonidos. —le indicó entregándole la linterna. Luego le empezó a dar golpecitos a la pared en diferentes puntos con el viejo revólver que le habían dado en la Academia y aún tenía con él, luego de quitarle las balas. La idea se la había dado Sirius un poco antes, por la forma en que exploraba con sus manos el lugar en el que estaban pegando el oído a las paredes.
—Detrás de esta zona es hueco. —asintió Anthony después de oír atentamente lo que hacía su amigo por varios minutos.
—El trasladador era la estúpida calcomanía de circulación vial que se vio obligado a cambiar ayer en la mañana, para poder continuar circulando en Londres sin inconvenientes con las autoridades muggles. —se acercó a informarles Nymph con evidente frustración.
—Aprende rápido sobre nosotros, será mejor no confiarnos. —comentó Daryll con el ceño fruncido luego de oírla, mirando de nuevo la pared.
—Por la diferencia en el ruido al golpear en distintos puntos creemos que detrás de esta zona hay un espacio hueco. —le explicó Anthony a la metamórfaga, al ver la expresión interrogante de la mujer con mechones de diferentes colores pastel debido a su embarazo.
—Llamaré a Fawkes y le pediré que explore el otro lado —decidió Nymph—. Yo no le entiendo como Harry, pero él a mí sí. —les aclaró al ver que la miraban interrogantes, sonriendo al verlos asentir.
Minutos después escuchaban el canto del ave fénix al otro lado de la pared, con sus oídos pegados a ella para poder oírlo, aunque no era uno que le hubiesen oído antes al ave.
—La buena noticia es que efectivamente existe un espacio vacío al otro lado, la mala es que nos costó bastante escucharlo así que la pared es gruesa. —resumió Anthony.
—No hemos podido desaparecernos, conjurar trasladadores, salir con ayuda de Fawkes, ni actuar contra paredes, techo o piso con nuestras varitas, pero podemos hacer magia con ellas aquí adentro —enumeró Nymph pensativa—. Creo que si logramos empezar a derribarla al modo muggle podríamos avanzar luego con la varita. —se explicó al ver que los dos detectives la miraban interrogantes.
—Hasta ahora nadie ha venido a decirnos nada, ni siquiera con todo el ruido que hemos hecho. Sospecho que Zabini nos envió a un lugar aislado del que supuso no podríamos escapar por nuestros propios medios con esos bloqueos y se aseguró que nadie pudiese ubicarnos —enumeró Daryll—. Pienso que la idea es retenernos aquí hasta mañana miércoles, para presionar de ese modo a Harry con Sirius, pero que hasta entonces no veremos a nadie ni será problema el hacer ruido para derribar la pared. No creo que haya hablado con nadie de sus planes y no confía en los rezagados, así que preparó este sitio para aislarnos sin tener que aparecer él por aquí ni necesitar otros que actuasen como guardias.
—Sin embargo será mejor que esperemos unas horas para hacer algo grande, mientras comprobamos si estás en lo cierto o no. —opinó Nymph.
—Podemos empezar por algo pequeño, tanto para averiguar con qué de lo que tiene Sirius en la camioneta podemos lograrlo mejor como para probar tu teoría sobre el que puedas ayudarnos con magia si logramos hacerle un pequeño boquete a la pared. —propuso Anthony.
Sus dos acompañantes asintieron y los tres se movilizaron hasta la camioneta, para comenzar a buscar entre las cosas con que los detectives habían equipado el vehículo del mago para que "se pudiese defender como muggle ante cualquier avería o eventualidad que se le presentase". Justo ahora se alegraban de aquello.
—¡¿CÓMO LOGRÓ LLEGAR A LA CAMIONETA DE SIRIUS?! —preguntó a gritos Harry, sin lograr contenerse más.
—Es lo que estoy averiguando, amigo. —le respondió con calma Harrison, tecleando rápido algunos códigos en el computador de Anya, con Dorothy, Andrew, Terry y Ernie a su lado dictándole los apuntes de sus libretas de su seguimiento al hombre de ojos grises y pelo negro azulado.
—Tenemos que conseguir la forma de traer a Sirius cuanto antes, deberíamos haberle hecho una transfusión con Johan y el tiempo corre en su contra. —expuso Nataly seria.
Robin la regañó con la mirada, señalándoles con una cabezadita a Harry y su hermano que estaban bastante desesperados.
—Lo que quiero decir es que han intentado ir Los Dragones por ellos, pero no lo hemos intentado Los Halcones. Tal vez Zabini no nos haya tomado en cuenta porque según nos han dicho nos desprecia a los muggles —se explicó, ruborizándose al notar que todos los que estaban en la casa zoo dejaban lo que estaban haciendo para mirarla—. Es sólo una idea. —musitó removiéndose nerviosa.
—Una excelente idea —sonrió Remus, girándose a mirar a Harry—. Tenemos que intentarlo. Pueden ayudarles a idear una forma de escapar, si estamos en lo cierto y no pensó en sus posibilidades sin magia.
—De acuerdo —aceptó luego de dudar un par de minutos—. Fawkes, amigo. —llamó al fénix. En cuanto apareció y se posó en su hombro se quedó mirando con las cejas enarcadas a los detectives, que estaban discutiendo cuál de ellos debería ir.
—Allá ya están dos policías, mientras que Ginny necesitará ayuda en el aspecto médico. —dijo con firmeza Laurence, mientras sacaba de su maletín equipo médico y lo metía en el morral que Johan había acercado.
En éste había ya puesto el médico squib una bolsa conteniendo fruta, pan y unos envases térmicos con comida cocida y jugo.
—En ese caso voy yo. —dijeron a coro Nataly, Maggie y Jonathan, mirándose en seguida los cuatro con el ceño fruncido.
—Lo intentará Laurence. Si logra Fawkes llevarlo allí entonces coordinaremos quién más irá. —decidió Kingsley, manteniendo su expresión firme y serena al ver que el resto de Los Halcones lo miraba con molestia. Sonrió levemente al verlos mascullar protestas entre dientes pero asentir.
—El plasma con el factor anticoagulante que necesita Sirius. —le entregó rápido Robin a su amigo.
—Los traeremos de vuelta pronto. —les aseguró Laurence mientras metía en sus bolsillos más material médico, así como lo necesario para los tratamientos de Anya y Ginny.
Media hora después se sentaba cabizbajo, pues habían hecho varios intentos con él y los otros sin conseguir nada.
—La calcomanía de circulación vial que le pusieron ayer en la mañana a la camioneta de Sirius. El verdadero oficial de tránsito acaba de reportarse a la estación de policía cercana a su casa, golpeado en la cabeza, diciendo que fue atacado el domingo en la noche. —rompió el silencio Harrison a las cinco de la madrugada.
Lunes y martes se les habían convertido en un solo día muy largo. Esperaban que pudiesen rescatarlos y después descansar al menos unas horas antes de "la hora cero".
—Zabini ha estado aprendiendo bastante de los muggles. —gruñó enojado Laurence.
—Eliminó a los que había contactado para el trabajo sucio. Seguro interrogó a algunos antes de terminar con ellos. —opinó Madox serio.
—Daphne dice que Zabini ha fingido absoluta naturalidad cuando Draco ha dado órdenes casi a medianoche de atacar en unas horas en la casa de Sirius en Nottingham, para retenerlo hasta mañana. Incluso ayudó a "afinar el plan para organizar el cómo capturar al padrino de Potter en su propia casa sin despertar sospechas". —les contó Kingsley el resumen del mensaje de su esposa, que le acababa de entregar su lechuza, luego de traducir la supuesta carta sobre los objetos que llegarían pronto a la joyería y quería que él le comprase. Ésa era la forma en que le comunicaba lo que la joven rubia le había dicho apenas abrir el negocio.
—Ese maldito lo va a… —masculló Fred furioso.
—… pagar muy caro. —completó George de la misma forma.
—Mis dragones se divertirán con lo que quede de él. —afirmó Charlie feroz.
—Debemos coordinar en paralelo al rescate de los secuestrados por Zabini, quién tomará el lugar de Sirius en su casa y en compañía de quiénes. —opinó Hermione.
—¿Qué? —preguntó confundida Nataly.
—Yo tomaré el lugar de Sirius en Nottingham. —decidió Bill.
—Se supone que estás siguiendo un tratamiento, así que podrás tomar la poción multijugos sin problema —le empezó a aconsejar Ron luego de asentir—. Sólo practica un poco la mirada aristocrática que en él es tan natural y recuerda que aunque se desenvuelve casi normal desde que se recuperó. Ese pequeño margen debes tomarlo en cuenta.
—No entiendo. —se atrevió a expresar Christine su propia confusión y la de la mayoría de los presentes.
—Debemos seguir con el teatro para evitar que los rezagados vayan contra Hogwarts y descubran el vórtice allí, buscando a Theodore directamente al enterarse que uno de los otros mortífagos o uno de Los Conjurados ha capturado a padrino a espaldas de los otros —explicó Harry—. Fleur, Lavender y Dean se turnarán con Katie, Lee y Terry las "guardias para cuidar de Sirius" en Nottingham.
—De acuerdo. —aceptaron los seis de inmediato, trasladándose con Bill allí luego que Neville les consiguiese la poción multijugos y Harry proporcionase los cabellos que tomó del cepillo de cabello de su padrino.
—¿Estás seguro que ese maldito no sabe que soy un squib sino que cree que soy un muggle? —le preguntó Johan a Harry luego de verlos irse, después de haber estado absorto mirando salir el sol, sus ojos azules con un destello de haberse dado cuenta de algo importante.
—Totalmente seguro. ¿Por qué lo preguntas? —quiso saber el de ojos esmeralda.
—Dices que tu fénix no ha podido trasladar a ninguno, ni adentro ni a un sitio a una distancia cercana razonable para ubicarlos con rastreadores mágicos o visualmente. Pero ¿podría traer una ramita de algún árbol cercano al lugar en que se encuentran, o algo de tierra, o algo natural del contorno del sitio en que están? —planteó sin responderle, mientras terminaba de armar los detalles en su cabeza.
Todos lo miraron con curiosidad, pues después de los primeros tres gritos desesperados la noche antes había caído en un extraño mutismo. Había estado moviendo de aquí para allá lo que le pedían, sin intervenir ni hacer ningún gesto de molestia, con expresión concentrada.
—¿Podría traer algo del contorno tu fénix? —insistió Johan, empezando a exasperarse un poco por el silencio de su interlocutor.
—No lo sé, le pediré que lo intente. —le respondió Harry con sinceridad, enarcando una ceja al verlo asentir y salir luego hacia la parte posterior de la casa.
—No es mala idea. —pensó Robin en voz alta mirándolo alejarse hacia las mascotas de su hermana, dando un paso hacia la puerta para ir tras él.
—Te agradecería que la compartas con nosotros. —lo retuvo Remus.
—¿Qué? —preguntó el hijo desubicado, pues lo sacó de sus pensamientos su planteamiento.
—La idea de Johan que dices que no es mala. —le aclaró el ex licántropo, que por su reacción comprendió que había hablado en voz alta lo que estaba pensando y no se había dado cuenta de ello.
—La paloma del Arca de Noe y que Zabini no sepa que hay un squib en el grupo que ayuda a Harry en esta situación —le respondió Robin al comprender—. En el libro principal de una de las religiones del mundo muggle hay un relato sobre una paloma que lleva hojas en su pico a un hombre llamado Noe, para avisarle cuando el nivel de las aguas ha bajado y ellos poder salir del bote gigante en que se metieron para sobrevivir a un diluvio universal. — explicó al ver que los muggles asentían pero, a excepción de Hermione, los magos lo miraban sin comprender.
»Es una historia larga y enredada, pero lo importante es que si Fawkes logra traer algo del contorno podrían las mascotas de Anya rastrear el lugar en el que los retienen desde el sitio más cercano en que puede dejarnos el fénix. Sus instintos como animales les permitirían hacerlo, aunque para nosotros la tierra roja de aquí sea igual a la del Parque Nacional Yorkshire Dales.
—Excelente idea. —le brillaron las esmeraldas a Harry.
—Yo puedo ir con los cachorros de Anya y algunos míos, pues a nadie le extrañará que no participe en la defensa de Sirius ya que no lo he hecho hasta ahora por el problema de mi brazo izquierdo desde la guerra. —dijo de inmediato Hagrid, pidiéndole a su joven amigo que esta vez lo dejase ayudar. Sonrió ampliamente al verlo asentir en aceptación.
—Fawkes, por favor, ya sabes lo que necesitamos de ti —le pidió Harry luego de ver la expresión de su amigo semigigante, girándose a mirar el sitio en que Johan estaba rodeado por las mascotas de su hermana—. Robin, explícale a él que no debe excederse con una transfusión de sangre si padrino está mal, porque los necesitaremos a los dos en condiciones de correr mientras logramos sacarlos del sitio que está bloqueado mágicamente.
—Se lo haré entender. —afirmó en seguida. Después salió hacia donde su hermano estaba con las mascotas de su hermana, con el semigigante tras él.
—Debemos coordinar nuestras acciones pensando en que posiblemente Zabini haya puesto guardias a vigilar fuera de los límites del bloqueo mágico, o algún tipo de detectores de magia que le avisen que alguien se acerca y presentarse entonces con refuerzos para impedir que llegue alguien a ellos. —planteó Ron serio.
—Pienso que Los Halcones debemos ir tras los animales a buscarlos mientras que Los Dragones se concentran en preparar las cosas en el Departamento de Misterios —opinó Katherine, pidiéndole con la mano a Harry que aguardase—. Nosotros no podemos presentarnos en el Ministerio de Magia antes de "la hora cero" porque le daríamos armas a Zabini para presionar a Kingsley. Por otro lado, podemos ayudar a desplazarse más rápido a los que él tiene secuestrados mientras los sacamos del área en que los haya aislado, para llegar hasta un sitio desde el que puedan trasladarse con magia.
—Ni a mí me va a presionar con la presencia de muggles en el Ministerio ni a Harry con haber retenido a Sirius, así que seguiremos trabajando Los Halcones y Los Dragones en conjunto —se opuso de inmediato Kingsley—. No sabemos si tiene a algunos de los rezagados además de muggles preparados para evitar que nuestros amigos salgan del área que ha sellado mágicamente, así que algunos de nosotros iremos con ustedes a buscarlos.
—Y la profecía en rúnico dice que actuaremos unidos los dos mundos, lo cual ha sido confirmado por la traducción de los papiros antiguos que hiciste con tus conocimientos —continuó serio Harry—. Requeriremos de muggles para actuar en contra de los dos vórtices, pues los nueve cristales sólo pueden ser colocados por parejas mezcladas de los dos mundos.
—Totalmente de acuerdo. —opinó Madox, sonriendo al ver que todos se giraban a mirarlo sorprendidos. Le había costado bastante al principio el trabajar en conjunto con los magos, por lo que no le extrañaba la reacción.
—Mi turno —dijo Sirius mientras agarraba la pesada llave que hasta ahora había estado usando Anthony para abrir el boquete, sobresaltando a los dos detectives y la metamórfaga que por estar entretenidos en lo que hacían no se dieron cuenta que Ginny y él se les habían acercado—. Sin protestas, ustedes dos están agotados. —añadió al ver que tanto el rubio como el moreno querían oponerse.
—Y tú no debes intentarlo porque cualquier otro pequeño corte, o una lastimadura en el que ya tienes, o alguna interna, puede generarte una hemorragia incontrolable. —le retuvo su novia la mano.
—Si no salimos de aquí antes de "la hora cero" no tendremos que preocuparnos por eso, porque "pequeño Apolo" aún está enojado conmigo y estoy seguro que me ubicará con rapidez en cuanto llegue aquí. —le respondió Sirius.
—Yo tomo tu lugar. —le gruñó Ginny a Nymph luego de asentir en dirección a su pareja, quitándole el punzón y el martillo a la metamórfaga con el que ayudaba a ampliar el boquete que habían estado abriendo Anthony y Daryll a fuerza, aunque aún no lograban terminar de perforar totalmente la gruesa pared.
La metamórfaga y los dos detectives se sentaron cerca, recostados a la pared lateral izquierda de la cueva, agotados.
—Está amaneciendo. —comentó Nymph al ver los primeros rayos de sol entrando por las altas ventanas.
—No. Amaneció hace casi media hora. —denegó Anthony mirando aquello pensativo.
—¿Qué? —preguntó Daryll con curiosidad.
—Hace un rato, cuando tomamos el último descanso, escuchamos un pequeño alboroto cerca. ¿Lo recuerdan? —les planteó Anthony.
—Claro, creímos que alguien se acercaba. —respondió Nymph encogiéndose de hombros, sin entender.
—Pero no apareció nadie porque lo que oímos fue a muchos animales dándole la bienvenida a un nuevo día. —explicó el detective rubio.
—Claro, como ocurre siempre cerca de casa de los primos y la mía —asintió Daryll, que ahora comprendía porqué el sonido se le había hecho extrañamente familiar—. Lo que traduce que estamos en medio de un sitio boscoso, porque el ruido era bastante alto y eso significa que hay muchos animales ahí fuera.
—No sólo eso, sino que estamos en la base de una montaña bastante alta, que ha estado bloqueando la luz del sol a este sitio hasta ahora. Además que el frío es demasiado intenso para la época del año —afirmó Anthony, entrecerrando los ojos pensativo por unos momentos—. Nymph, hazme flotar nuevamente hasta las ventanas.
La metamórfaga y el detective moreno se miraron con curiosidad, encogiéndose de hombros los dos. Ella en seguida hizo lo que él le pedía, luego que lo viese tomar los prismáticos de la parte posterior de la camioneta.
—Estamos a los pies del Ben Nevis, al noreste de Fort William —aseveró Anthony luego de mirar durante un par de minutos por las ventanas con detenimiento—. Desde aquí diviso los restos del viejo Castillo Inverlochy, que papá y yo visitamos cuando era niño. —agregó señalando con su brazo hacia la dirección en que miraba en ese momento.
—Con razón hace un frío de los mil demonios. —se quejó Anya mientras se esforzaba en alcanzar la silla de ruedas.
—Se suponía que deberías estar durmiendo. —dijo Ginny mirándola en shock, al igual que los otros cuatro.
—Supongo que debí decirles antes que los sedantes tienen un efecto menos prolongado desde que estoy en el tratamiento especial. —confesó luego de morderse el labio inferior.
—¿Qué voy a hacer contigo? —denegó preocupado Anthony mientras Nymph lo bajaba, apresurándose a ir junto a ella en cuanto tocó tierra.
—¿Mimarme mucho? —planteó ella con tono de niña pequeña, sonriendo cuando él suspiró pero la abrazó y la besó en la boca, correspondiendo con intensidad al beso. Después se dejó abrigar más por él con la manta extra que habían llevado para que ella se tendiese en la grama tras la casa del primo. Dejó que él le movilizase la silla de ruedas y la acomodase sin decir ni hacer nada, para que no la regañasen.
—Escocia —murmuró Daryll mientras asimilaba lo dicho por su amigo—. Más nos vale que nos podamos desplazar con magia hasta Londres o jamás llegaremos a tiempo. —agregó preocupado.
—Ginny, Sirius y yo podremos conjurar un trasladador en cuanto estemos fuera de aquí, además que estoy segura que esta trampa estaba pensada sólo para ellos dos —replicó Nymph pensativa—. Tiene que haber otra razón para que Zabini pensase en este lugar.
—Charlie dijo que habían aislado mágicamente amplias zonas del Ben Nevis, el Ben Macdui y el Scafell Pike para que no funcionen apariciones ni trasladadores, con el fin de evitar accidentes con brujas y magos inexpertos por las colonias de dragones que han conseguido en ellos —les recordó Anya—. Supongo que pudo hacernos aparecer aquí adentro porque él formó parte de alguno de los grupos que establecieron las protecciones hace unos quince días. Según nos ha transmitido Draco se desenvuelve muy bien en domesticar animales mágicos y no creo que se haya presentado con su nombre y apariencia reales.
—¡Maldición! —exclamaron a coro la metamórfaga y la menuda pelirroja, sólo que por diferentes motivos.
—¡Sirius! —gritaron a coro los cuatro que se habían distraído con su posible ubicación, pues al girarse al oír a la menuda pelirroja y el grito de dolor de él lo vieron en el piso, con la mano derecha sujetándose la mano izquierda y en su rostro una expresión de dolor.
—¿Qué pasó? —preguntó Nymph, mientras los dos detectives ayudaban rápido a Ginny a acomodarlo para que lo atendiese.
—Algo entró con fuerza un minuto después de lograr atravesar el muro y me alcanzó cuando removía los escombros pequeños con ayuda del destornillador. —respondió agitado Sirius, apretando los dientes al sacudirlo una oleada de dolor.
Junto con una ola de viento helado entró una lluvia de piedrecillas, cubriendo Daryll con su cuerpo a Ginny y Nymph mientras Anthony lo hacía con Sirius.
—Oye, deja de hacer eso —le gritó el detective rubio al animal que oía chillar a través de la abertura, haciendo en seguida el fuerte gruñido que le había enseñado el gorila macho mascota de su novia—. Mucho mejor —asintió al oír alejarse al animal—. ¿Qué? —preguntó al girar su rostro y ver como lo estaban mirando cuatro de sus acompañantes—. Stormer me enseñó porque dice que debo saber proteger a Anya. —añadió encogiéndose de hombros.
—Se suponía que tú le quitarías mañas a mi prima y no que ella te las enseñaría a ti. —denegó Daryll luego de rodar los ojos.
Anya y Anthony se miraron sonrientes por un momento, girándose en seguida los dos a prestarle atención a Sirius.
—¿Qué tan serio es? —le preguntó Nymph preocupada a Ginny al verla tragar saliva, luego de agitar su varita sobre la herida en la muñeca de la mano que algo muy afilado le había hecho.
—Hemorragia. —resumió Ginny.
—Trae la bolsa de plasma con anticoagulante que nos enviaron anoche —le pidió Anthony a Daryll—. Le haremos otra transfusión conmigo, pues ya vimos que acepta mi sangre al ser O negativo. — le dijo decidido a la pelirroja.
—Pero no eres totalmente compatible mientras que yo sí lo soy y siendo la segunda hemorragia será mejor una transfusión directa conmigo. —le contrarió el médico de ojos azules y pelo negro con tono tranquilo, quien acababa de aparecer cerca de la camioneta con Fawkes.
—¡Johan! —exclamaron los seis a coro.
—Hola, espero que no les moleste que me una a la fiesta —bromeó acercándose, sonriendo ampliamente cuando vio a su hermana mover la silla de ruedas hacia él para abrazarlo. Avanzó rápido hacia ella y se agachó para estrecharla con cariño—. Tranquila, ya la caballería viene en camino. Yo sólo he aprovechado que Zabini no sabía que en el grupo hay un squib para poder unírmeles antes.
—Te preferiría en un sitio seguro. Pero al mismo tiempo me alegra muchísimo que hayas venido, hijo. —le dijo con una sonrisa Sirius, apretando en seguida los ojos al acometerlo otra oleada de dolor.
—Tranquilo papá, todo va a estar bien —le aseguró acariciándole la cabeza con cariño, apresurándose a quitarse la chaqueta y tenderle a Ginny lo necesario para la transfusión—. Ponle un calmante fuerte aquí, Anya. —le indicó el lugar con la mano izquierda luego de examinarle las dos heridas, pues ya la vena del brazo derecho estaba siendo pinchada por la menuda pelirroja.
—Gracias. —musitó Sirius al sentir que se aliviaba el fuerte dolor, luego que la chica lo hubiese inyectado al sentarla Anthony en el piso junto a él.
—Bonito boquete, chicos. —los felicitó Johan mirando el hueco en la pared.
—Intentaré sacar mi mano con la varita para… —empezó a proponer Nymph.
—No —la interrumpió Daryll con firmeza—. Puede regresar el animal que ha alejado Anthony con el rugido que le enseñó Stormer y amplió el eco de este lugar. Tengo la fuerte sospecha que no está ahí fuera por casualidad, sino que fue dejado por Zabini como vigilancia "especial". —se explicó al ver que lo miraban interrogantes.
—Hagamos una prueba para saber si estás en lo cierto —propuso Johan, entregándole al detective moreno la cubierta desechable de la jeringuilla con que le habían puesto el calmante a su padre rodeada de la gasa con que le habían limpiado la sangre de la herida en la muñeca—. Vale, nadie asoma varitas ni manos por ahí. —afirmó cuando algo le arrancó aquello a su amigo de las manos.
—¿Qué vamos a hacer? —preguntó preocupada Nymph.
—La pared es muy gruesa, pero para salir tendremos que hacerlo dentro de la camioneta que al menos nos dará algo de protección mientras vemos contra qué tenemos que pelear para poder huir. Así que tendremos que ampliar el boquete hasta su tamaño, cuidando de no atravesar totalmente la pared hasta que estemos seguros de poder salir en ella. —planteó Johan rompiendo el silencio de varios minutos que se había instalado en el lugar.
Quince minutos después daban por concluida la transfusión, pues Sirius no había perdido mucha sangre y Johan sabía que debía tener fuerzas para ayudarlos a salir. Les aplicó a Ginny, a Anya y a su padre sus tratamientos mientras Anthony y Daryll hacían con el punzón y el martillo un trazado aproximado del área a trabajar.
—Mi turno de trabajar y el de ustedes de descansar —les dijo serio Johan luego de examinar con más detenimiento las heridas de Sirius y vendar Ginny la muñeca, después de los dos quedar satisfechos con la forma en que reaccionaba al tratamiento combinado que le aplicaron y la transfusión—. Sin protestas, que tendremos que rotarnos porque el trabajo es bastante. —añadió rápidamente al verles intención de hacerlo.
—Él tiene razón. Ustedes tres no han dormido nada y es necesario que recuperen fuerzas para que nos puedan relevar luego. —lo apoyó Anya.
—No me gusta ese plural. —replicó Johan frunciendo el ceño.
—Ginny iba bien con el punzón y el martillo, mientras que yo voy a modificar el motor de mi silla de ruedas para hacer un pequeño láser que me permita ayudar. —explicó ella encogiéndose de hombros.
—No avanzaremos mucho, pero al menos lograremos algo mientras ellos reposan y recuperan fuerzas. —aprobó Ginny.
—De acuerdo. —aceptaron con expresiones resignadas Nymph, Anthony y Daryll, gruñendo mientras Sirius se reía al ver que Ginny les preparaba unos sedantes para obligarlos a dormir de verdad.
Cuando despertaron se había unido de nuevo Sirius a los golpes contra la pared, habiendo entre Ginny, Anya, Johan y él logrado avanzar bastante en ampliar la demolición hasta el tamaño de la camioneta pero con una profundidad que apenas alcanzaba a ser una tercera parte del grosor del muro.
—Deténganse y vamos todos a comer algo de lo que logró traer Johan consigo en el morral. —les propuso Daryll, sonriendo al ver que asentían en aceptación porque estaban cansados.
Mientras comían el médico squib les contó lo que sabía sobre el ataque planeado a Nottingham, así como también que Hagrid había sido dejado por Fawkes con sus mascotas y las de Anya en la zona más cercana a ese lugar fuera del área bloqueada contra traslados mágicos.
—A eso te referías temprano con la caballería. —comprendió su hermana.
—Sí. Tus amigos podrán ubicarnos y guiar aquí a Los Halcones y Los Dragones, que vienen a rescatarnos de lo que haya preparado Zabini para evitar que lleguemos a Londres. Todos sabemos que a Sirius Black le gusta escaparse de sitios imposibles, tanto nosotros como nuestros enemigos, así que debe haber preparado varios tipos de contención. —afirmó él.
—El estar encerrado y acorralado incrementa mi creatividad, la cual es de por sí muy alta y efectiva. —opinó el aludido encogiéndose de hombros.
—E inversamente proporcional a tu modestia, casi al mismo nivel que la de Johan. —agregó Daryll, riéndose todos seguidamente.
—Muy bien, hora de ustedes descansar y nosotros continuar. —aseveró Anthony.
A las diez de la noche se acostaron agotados, haciendo guardia primero Anya, que era la menos cansada, siguiendo luego Ginny, Nymph, Anthony, Johan, Daryll y Sirius, en espera de oír algo fuera que indicase la llegada de amigos o el enemigo.
—Sugiero que nos ayudemos de los ganchos y las sogas que habíamos buscado para la mudanza de Christine. Los atamos a la camioneta para tensarlos y derribar con un solo tirón lo que nos falta excavar en el muro, abriendo otros tres pequeños boquetes para ubicarlos en puntos estratégicos que hagan estallar la pared. — planteó Anya cuando el sol estaba en el punto más alto del cielo, luego de mirar pensativa el hueco que habían logrado hacer en la gruesa pared.
—Buena idea —aprobó Daryll—. Anthony, Johan y yo los haremos.
Sirius suspiró y asintió en aceptación. La verdad era que se sentía agotado por todo lo hecho el día antes y esa mañana, además de un poco mareado por la alteración involuntaria en su tratamiento. Sabía que Ginny tampoco estaba bien, así que no podría engañarlos fingiendo "estoy bien, aquí no ha pasado nada".
Un par de horas después chirriaban los neumáticos de la camioneta seguidos de un sordo estallido. A pesar que Anya, Ginny y Sirius se encontraban dentro de la camioneta para que no los alcanzaran trozos de los escombros, quedaron cubiertos de una capa de polvo.
—¿Están bien? —preguntaron a coro Anya, Ginny y Sirius a Johan (que estaba al volante), Nymph (que estaba en la parte posterior vigilando que las cuerdas no se corriesen), Anthony y Daryll (que estaban en las esquinas entre la pared del boquete y las laterales con sus armas apuntando hacia fuera).
—Yo sí. —respondió la metamórfaga mientras tosía.
—También yo. —afirmó el médico squib, también tosiendo y sobándose la muñeca izquierda por la fuerza con que tuvo que sostener el volante para evitar que la camioneta se girase, moviendo en pequeños círculos el tobillo derecho luego de haber puesto el freno de mano. Había logrado evitar que el estallido del muro los impulsase con fuerza en retroceso contra la parte posterior de la cueva, pues habían girado la camioneta para salir de frente y rápido, pero lo brusco del movimiento para lograrlo le hacía sentir adolorido.
El silencio que siguió no les gustó a los cinco, que intentaban a través de la nube de polvo mirar hacia el punto en que debían encontrarse los detectives. El sonido de un disparo seguido de un chillido hizo sacar sus varitas a Ginny, Nymph y Sirius, mientras Anya y Johan empuñaban unas pequeñas armas semiautomáticas que se habían visto obligados a aprender a usar, al igual que Robin. El sonido de tres disparos más y unos chillidos lastimeros que se alejaban fue lo único que escucharon por un par de minutos.
—Todos acomódense dentro de la camioneta, rápido. —les ordenó Daryll.
—Ginny, Sirius y Anya al centro adelante, al medio y atrás respectivamente. Nymph, quédate atrás. —organizó Anthony.
Al alivio de oírlos se le unió pronto la preocupación por lo que habían oído y no entendían, obedeciéndoles sin embargo de inmediato.
Cuando Johan acercó la camioneta al ahora gran agujero, con Ginny a su lado, Sirius en el asiento tras él, mientras Nymph y Anya iba en el posterior recogiendo con sus varitas las sogas y ganchos, se sobresaltó al abrirse la puerta del copiloto y la que estaba tras él, subiéndose por la primera Daryll y por la segunda Anthony con rapidez y sus armas fuera a pesar que el vehículo estaba en movimiento.
—Me van a matar de un susto. —les reprochó, pues no los había visto acercarse al auto a pesar de haber intentado ver a través de la nube de polvo e ir avanzando despacio.
—Somos tres, porque a mí y a mi bebé nos han aterrado. —aseguró Nymph con la mano izquierda en su vientre y la derecha en su corazón.
—Lo siento, pero donde estábamos teníamos visibilidad de los bichos raros que intentaban entrar y debíamos mantener ángulo de tiro hasta el último minuto en que estuviésemos aquí —se disculpó Daryll—. Ahora acelera y sácanos de aquí.
Johan lo hizo de inmediato, aunque aún no veía mucho, sintiendo alivio cuando se despejó el polvo pero tragando saliva al ver el bosque por el que tendría que maniobrar con cuidado pero celeridad.
—¿Bichos raros? —preguntó intrigada Anya.
—Descríbenos lo que viste. —le pidió Ginny preocupada.
—Cabeza y patas frontales de águila gigante con cuerpo y patas traseras de león. —le respondió Daryll mirando atentamente alrededor.
—Grifos y son al menos tres —aseguró Anthony, antes de descargar dos disparos por la ventanilla hacia la parte posterior de la camioneta. Los reconocía porque esculturas de ellos eran muy usadas para adornar construcciones antiguas, de las que su padre tanto le habló en su infancia—. La pared está adornada con animales muertos por fuera.
—Aseguren los cinturones de seguridad porque esto se va a poner más movido que carril de montaña rusa. —les indicó Johan con tono bromista, intentando mantenerlos tranquilos mientras maniobraba con habilidad entre los árboles y esquivaba al mismo tiempo a tres enfurecidos grifos, pues el cuarto había caído detrás del auto ante la combinación de un disparo de Daryll y un hechizo de Nymph.
Lograron derribar uno más a la izquierda entre Ginny y Anthony antes que otro cayese sobre la camioneta, estallando el vidrio posterior con su pico. Johan lo vio por el retrovisor y aceleró para pasar bajo unas ramas bajas, las cuales cumplieron con su objetivo de tumbar al animal, pero sabía que volvería a la carga y le preocupaba no poder desplazarse más rápido en la dirección en que Fawkes los guiaba.
—Justo a tiempo. —afirmó con alivio cuando vio las mascotas de su hermana y las del semigigante a unos metros frente a ellos, sonriendo al ver las dos manchas veloces de los guepardos arrojarse sobre uno de los grifos restantes mientras hacia el otro se abalanzaban dos thestrals.
—No cantemos victoria. Hagrid está herido lo que significa que no sólo los grifos eran custodios para evitar el escape. —opinó Sirius mirando preocupado a su amigo semigigante.
—No se detengan, sigan a Fawkes —les gritó Hagrid al ver que la camioneta se dirigía a su ubicación—. Yo volveré al colegio con mis pequeños y los de Anya llegarán a su casa en cuanto ustedes estén a salvo de esos grifos.
—Haz lo que dice. —le ordenó Daryll a Johan al verlo dudar.
—Anya, Anthony y tú tienen que llegar a salvo a Londres, así que no te detengas. —le insistió Ginny pues había disminuido la velocidad.
—Ellos tienen razón, hijo. Además que Hagrid sabe cuidarse cuando se trata de bichejos y no tendrá problemas para salir con bien de esta situación. —le aseguró Sirius, sonriendo al sentir que de nuevo aceleraba.
A unos kilómetros se consiguieron con lo que supusieron, acertadamente, era el límite del bloqueo para traslados mágicos. Allí estaban peleando fieramente sus amigos con un grupo grande de rezagados encabezado por Travers.
Al ver la camioneta de su padrino con abolladuras, pero avanzando con seguridad hacia su posición, Harry sintió que el pecho se le llenaba de alegría y esperanza. Arreció en los ataques como también lo estaban haciendo quienes lo acompañaban. Pero justo en ese momento aparecieron más mortífagos rezagados y en segundos pasó de ser una situación medianamente equilibrada a ser totalmente desigual.
Justo cuando Johan lograba maniobrar con la camioneta, atravesando por entre los combates la línea invisible para los traslados, sintió que la sangre se le helaba en las venas al ver caer muerto por un rayo verde a Madox Brown.
—¡NO! —gritaron Anya y él simultáneamente, mientras Daryll tenía que saltar por delante de la menuda pelirroja y hacer girar con fuerza el volante para evitar que la camioneta colisionase con unos cuerpos que estaban siendo arrojados frente a ellos.
—¡EL TRASLADADOR, AHORA! —le gritó el detective moreno a Ginny—. ¡JOHAN, FRENA! —le gritó a su primo al verla asentir y apuntar con su varita al volante.
El joven hombre de ojos azules y pelo negro hizo lo que le ordenaba Daryll, porque le había obedecido desde niño cuando se encontraban en una emergencia al igual que sus hermanos de crianza. Pero su mente estaba mezclando la imagen del amigo cayendo con lo vivido el día en que murió su mamá, así como las tías y abuela que no siéndolo por sangre le dieron calor de hogar. Ni siquiera el tirón por el ombligo del trasladador lo hizo reaccionar.
—¿Anya? ¿Johan? —preguntó Nymph preocupada luego de un par de minutos de aparecer en el jardín posterior de la casa zoo, cuando aparecieron allí tanto las mascotas de ella como Los Halcones y ninguno de los dos se movió ni un poco.
—Anya, mi amor —la llamó con delicadeza Anthony, tomando con cariño entre sus dedos la primera de las lágrimas que se escapó de sus ojos abiertos y fijos, acariciándole con cariño la mejilla—. Sé que es difícil cariño, pero es necesario que te serenes un poco para que vayamos al Ministerio de Magia y pongamos entre los dos uno de los cristales en la pirámide. —le recordó con cariño, besándola en la mejilla con dulzura al ver que ante sus palabras cerraba los ojos y asentía mientras empezaba a llorar silenciosamente.
—Johan, yo… —se acercó con cautela Nataly a la puerta del conductor.
—Aléjate de mí —la interrumpió él, abriendo bruscamente la puerta de la camioneta para bajarse e irse lejos de ella—. No te me acerques, aléjate, no quiero que tú también mueras por mi culpa.
—Ni Madox, ni Johana, ni Madeleine, ni Danielle, ni la señora Marie Dyson murieron por culpa tuya —lo detuvo Sirius con firmeza, pues se había bajado rápido al esperarse una reacción así de su hijo—. Pero el dolor que le estás ocasionando a Nataly, al apartarla de ti cuando ella también está sufriendo, sí es tu responsabilidad. Así como lo será el que no logremos detener los dos vórtices en unas horas si no vas allí con nosotros, a poner con ella el cristal que les corresponde a ustedes dos. —agregó mientras lo estrechaba en sus brazos para que no huyese. Sintió que el corazón se le llenaba de dolor al sentirlo sollozar contra su pecho. Odiaba haber tenido que ser tan duro, pero sabía que de otra manera no lograría hacerlo reaccionar.
—Perdona Nataly, yo… —se giró a pedirle Johan luego de unos minutos, en cuanto logró serenarse un poco, con su rostro aún lleno de lágrimas.
—Shhh —lo interrumpió ella con dulzura colocando su mano sobre sus labios. Se acercó y lo abrazó, queriendo expresarle de esa forma lo que no lograba decirle con palabras—. Te comprendo y te amo. —afirmó cuando sintió que él la acunaba contra su pecho, empezando a sollozar sin poder contenerse.
Julie estaba abrazada a Robin a unos pasos de allí, que con los ojos cerrados la apretaba contra su cuerpo. Necesitaba desesperadamente sentirla viva para no hundirse en la desesperación.
Media hora después aparecieron el resto de Los Dragones con los cuerpos sin vida de Madox Brown, Anthony Goldstein y Michael Corner, los tres que habían fallecido de su grupo luchando contra los asesinos que envió Blaise Zabini contra ellos intentando evitar el escape de Sirius Black de sus garras.
—Los traje aquí antes que los enviemos al Hospital San Mungo y nosotros vayamos al Ministerio de Magia, para presentarles nuestro respeto a nuestros compañeros. —anunció Kingsley con solemnidad.
Todos los presentes asintieron en señal de estar de acuerdo, arreglándolos Ginny y Li Tieguai con sus varitas lo mejor posible. Luego hicieron un respetuoso círculo rodeándolos en silencio, observando como los últimos rayos del sol acariciaban sus rostros en aquél atardecer antes que la noche cayese.
Kingsley le dio una breve nota con su firma mágica al anciano medimago chino, para que se presentase en el hospital mágico con los tres cuerpos sin tener que explicar nada a nadie hasta que él llegase allí. La actividad en el Ministerio de Magia era su prioridad, pues si no resolvían esa situación lo demás carecería de sentido.
Justo al desaparecer el anciano con los cuerpos, todos retuvieron el aliento al ver aparecer a Pansy, Daphne y Draco con el trasladador de emergencia que les había dado Harry un par de semanas antes, malheridos seriamente los tres.
—Blaise nos ha delatado al llegar a la reunión el único mortífago que se les escapó en el enfrentamiento al sur del Ben Nevis. —explicó la rubia mientras ayudaba a sostenerse a su novio y la de pelo negro caía de rodillas.
Nataly, Maggie, Jonathan, Laurence, Robin y Johan se precipitaron hacia ellos, seguidos un par de minutos después por Ginny que tenía el rostro tan rojo como su pelo. Ksharapani Sushruta apareció en ese momento y se apresuró a ayudarlos mientras informaba:
—Le acaba de llegar una lechuza a la señora Malfoy diciéndole que el hijo ha muerto, que tienen a la nuera embarazada y la arrojarán a lo que hay en el colegio si no les entrega a Sirius Black.
—Maldito Zabini. —gruñó Draco furioso con las pocas fuerzas que tenía.
—Vamos a la casa usted y yo para tranquilizarla, mientras su novio se recupera y nos unimos luego a los que irán al Ministerio de Magia. —le planteó Arthur a Daphne con tono suave.
—Lamento tener que desinflarle las ilusiones a Narcissa, pero aún no viene un bebé en camino —respondió Daphne la muda interrogante que veía en los ojos grises de su amado—. Pero trabajaremos en ello en cuanto resolvamos el lío que ha creado ese idiota. —le aseguró luego de besarlo en la boca.
—Yo quiero ir con Theo, por favor. —le pidió Pansy a Harry mientras la curaban, haciendo un esfuerzo para no quejarse y lucir tan firme como le era posible.
—Irás con Terry, Justin y Oliver a unirte a los que están allí, pero no esperes una cálida bienvenida de Luna y Neville Longbottom. —le respondió él mirándola serio.
—No tenía opción ese día, pero entiendo que no soy del agrado ni de ellos ni de muchos de ustedes. —le respondió ella con tono cansado.
—No eres de nuestro agrado, pero sabemos el porqué te viste obligada a hacerlo y también que hiciste lo posible para que Luna no muriese ni perdiese a su bebé —le aseguró Ginny seria—. Pero de eso hablaremos con calma luego que resolvamos el problema de los vórtices.
—Gracias Weasley. —le dijo Pansy con sinceridad luego de parpadear, pues notó de las miradas de quienes las rodeaban que apoyaban lo dicho por la menuda pelirroja.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó Draco preocupado a Sirius al verle el brazo y la muñeca vendadas que el medimago de la india empezaba a examinar.
—Mejor que tú. Soy un hueso duro de roer. —bromeó el animago con una sonrisa.
—¿Ya saben Zabini y los rezagados que puedo hacer magia sin varita? —le preguntó preocupado Harry.
—No con certeza, pero lo sospechan. —le respondió el rubio con sinceridad.
—¿Pudiste averiguar cómo pretenden entrar a los dos lugares más seguros del mundo mágico? —preguntó serio Kingsley.
—Al colegio entrarán por un túnel que existe entre las mazmorras de Slytherin y Hogsmeade, el cual descubrieron por casualidad Pansy, Theodore y Blaise cuando estudiaban séptimo año —le respondió Draco—. Sólo se puede acceder si se ha llegado al último año, con una clave especial que es transmitida de generación en generación por un código especial a las habitaciones de "los estudiantes líderes de la casa". Theodore intentó bloquear el acceso como Jefe de la Casa Slytherin en cuanto se enteró del vórtice, pero sólo puede hacerlo alguien que hable parsel como lo hacía el fundador.
—Y a estas horas ya deben haber entrado Zabini y sus seguidores así que el que vaya a sellarla es inútil. —refunfuñó Harry.
—No totalmente, les cortarías la retirada. —opinó Ron.
—Voy con Hermione y Draco a hacerlo y los alcanzo en el Departamento de Misterios. —decidió Harry.
—Espera —le pidió el rubio, girándose a mirar al Ministro sin esperar respuesta—. Al Ministerio de Magia van a acceder por medio del hermano menor de Dawlish, que me acabo de enterar que está con Blaise en esto desde el inicio. Conoce un modo de acceder debido a su hermano directo a la oficina de los aurores —les dijo rápido, deteniéndose al sentirse un poco mareado. La poción que le habían dado todavía no lo terminaba de estabilizar y aún sentía los efectos colaterales de las Maldiciones Cruciatus con que los alcanzaron a los tres antes de poder huir—. Algo sobre un retrato de un Yaxley que trabajó en los inicios del Ministerio.
—¡Maldición! —exclamó Kingsley.
—No, es lo mejor que puede ocurrir —aseguró Hermione mientras con rapidez ayudaba al rubio a apoyarse, fingiendo no darse cuenta de la expresión de sorpresa en su rostro que captó de reojo—. Así atraparemos a todos los rezagados tanto en el colegio como en el Ministerio y no nos quedarán cabos sueltos como la última vez. —aclaró al ver que la mayoría la miraba como si hubiese dicho una barbaridad.
—Totalmente de acuerdo. —la apoyó Gawain con expresión fiera.
—Kingsley, reorganízalos de acuerdo a la nueva situación y avisa al colegio, pero recuerda que nuestra prioridad es primero detener los vórtices. En cuanto resolvamos eso se detendrá definitivamente a esos malditos. —afirmó Harry.
—Y usted nos ayudará a detenerlos como el auror que es, señor Potter. —lo presionó el moreno mirándolo fijamente.
—Eso espero, amigo. Tú sabes que eso es lo que deseo y lucharé por lograrlo. Pero si no logramos salir Hermione y yo de la Esfera de Poder ustedes seguirán adelante y velarán por los que quiero. —le respondió Harry, correspondiendo en seguida al abrazo que le dio Kingsley luego de asentir.
Draco frunció el ceño, pues aunque la emotividad del momento le hacía sentir incómodo no podía negarse a si mismo el nudo que tenía en la garganta. Miró de reojo los ojos de la castaña a su lado, brillando con desafío y decisión, que le recordaron el golpe que le dio cuando estudiaban tercer año por lo del hipogrifo. Rememoró la mirada de su novia un par de días antes, tan similar a la de ella ahora, cuando le planteó algo que le pareció una locura en ese momento. Tomó una decisión que esperaba poder cumplir.
Anthony apretó levemente la mano derecha de su novia mirándola con preocupación, sonriendo al verla tomar aire profundamente y asentir. No era una combatiente, en eso Daryll tenía razón, pero definitivamente si se presentaba una situación difícil la enfrentaba. Luna aseguraba que hubiese sido una excelente Ravenclaw y, por lo que había entendido de la explicación de las "casas" del colegio de magia, estaba totalmente de acuerdo.
Con un leve asentimiento todos los presentes le indicaron al Ministro de Magia que estaban listos, activando éste el trasladador especial que había hecho con Gawain y Lancelot mediante los celulares que meses atrás preparasen Anya, Harrison y Harry, mientras este último desaparecía con su novia y el rubio hacia el colegio.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Theodore asustado a Pansy al verla aparecer con los amigos de Harry y evidentemente malherida, corriendo a abrazarla.
—Blaise nos ha descubierto a los verdaderos Conjurados frente a los rezagados. Viene un grupo para acá y el otro va al Ministerio —le respondió ella estrechándolo entre sus brazos, temblando levemente—. Te amo, no sé lo que vaya a pasar hoy pero necesito que lo sepas antes que…
—Yo también te amo y vamos a salir con bien de esto. —le aseguró él, interrumpiéndola para que no se despidiese.
—En cuanto la poción esté lista, Terry los puede llevar con los alumnos que se quedaron para que los otros profesores los protejan, mientras Justin y Oliver trasladan la poción y Penny, Jefferson, Luna y yo vamos hacia el vórtice en el segundo piso. —les propuso Neville serio, como líder nombrado por Harry para defender el colegio.
—Yo voy a pelear para evitar que esos malditos lleguen a generar problemas. —le replicó firme Theodore.
—Y yo con él —aseveró Pansy—. No quiero imponérmeles y si consideran que en otro lugar mi varita será de más utilidad seguiré sus instrucciones, pero quisiera luchar al lado de Theo. —agregó al ver que la mayoría de quienes los rodeaban la estaban mirando serios y con el ceño fruncido.
—Mi pequeña Mary Alice pudo nacer gracias a la forma en que manejaste la situación ese día, aunque no pudiste evitar que mi padre y mis suegros muriesen —le dijo Luna con una suave sonrisa—. Gracias.
—Le pusiste un nombre bonito a la niña. —respondió Pansy luego de parpadear, sin saber que otra cosa decir. Era por ese tipo de reacciones y las excentricidades de la rubia frente a ella que sus compañeros de curso siempre la habían llamado "lunática" Lovegood.
—Terry y Justin llevarán la poción al Ministerio en cuanto esté lista, desplazándonos los demás al baño en que vivía el fantasma de Myrtle antes de verse atrapada por el vórtice. —decidió Neville.
—¿Cómo está la fantasma? —preguntó con sincera curiosidad Pansy.
—Ha logrado trascender luego de unas charlas muy… interesantes con Luna. —le respondió el Jefe de la Casa Slytherin con expresión de "cada loco con su tema".
—Mi esposa es Ravenclaw, como lo fue Myrtle, creo que por eso logró entenderse con ella. —comentó Neville encogiéndose de hombros.
—Era una chica lista a quien sólo le faltó comprensión de la actitud complicada que las mentes menos agudas usan para desenvolverse diariamente. —explicó Luna tranquilamente.
Pansy, Penny, Jefferson, Terry, Justin, Oliver y Theodore la miraron con asombro, sacudiendo seguidamente la cabeza sin decir nada. Todos habían conocido a "Myrtle la Llorona" cuando estudiaron en el colegio y a ninguno le cuadraba exactamente con lo dicho por ella, pero tampoco comprendían la forma de pensar de la rubia de ojos plateados así que prefirieron permanecer en silencio.
Neville sonrió levemente al notar sus reacciones, abrazando a su esposa por los hombros mientras veía a Theodore agregar el último de los ingredientes y ajustar la llama.
—Está lista. —aseguró el Slytherin al verla tomar un color verde oscuro brillante como el de la hojas de los árboles en mitad de la primavera, apagando en seguida la llama bajo el caldero y trasvasando a nueve envases el contenido del mismo.
—Justo a tiempo. —afirmó Jefferson al oír unos ruidos de combate afuera.
Estaban en la oficina del profesor de Pociones, cerca de las mazmorras.
—Sería conveniente que alguien más los cubriese a ellos, para que puedan llevar la poción con seguridad. —sugirió Pansy empuñando su varita hacia fuera y señalando con una cabezadita a Terry y Justin.
—No es necesario y aquí se necesitarán varias varitas por lo que se oye ahí fuera. —replicó el segundo.
—Buena suerte y si pueden regresen a ayudar. —los despidió Neville.
Pansy se encogió de hombros y salió rápidamente con Theodore a su lado, pues sabían a dónde dirigirse y también que los otros no querrían darles la espalda.
Luna se dio cuenta que la Slytherin había tenido razón cuando vio que se precipitaban los rezagados a bloquear a los dos que intentaban separarse de ellos, ayudándola a evitar que los alcanzaran.
—Ella y yo los cubriremos mientras llegan a destino, ustedes reténganlos en la medida de lo posible. —le dijo con seguridad a su esposo, haciéndolo luego de verlo mascullar una protesta entre dientes pero asentir. No le extrañó ni un poco que enviase a Jefferson con ellas a proteger a los dos que llevaban los nueve envases con la poción.
El joven auror se sorprendió cuando la Slytherin lo empujó para que no le acertasen con una maldición mientras con habilidad atacaba a quien la había lanzado.
—Blaise tiene razón en que eres una tonta que sigue ciegamente a Draco Malfoy hacia su destrucción. —le dijo el mortífago a Pansy.
—Los tontos son ustedes que siguen a ese idiota sin comprender que ha desatado un peligro que él no sabe detener y nos puede matar a todos, ni dio oportunidad que otros puedan hacerlo con seguridad. —le respondió ella enojada, con un brillo peligroso en sus ojos negros, su brazo izquierdo sangrando pero sin detenerse por ello, moviéndose con habilidad para cubrir a los que llevaban la poción.
—Eso es mentira. —rugió el asesino alto y fornido lanzándose hacia ella para quitarla de en medio y que los otros que venían con él pudiesen detener a los otros.
—Lástima que no sea mentira. —comentó la Slytherin luego de noquearlo a él y a otro con una de las peores maldiciones que su padre le había enseñado.
—¿Es cierto? —preguntó uno de los tres mortífagos más jóvenes que iban tras los otros dos como refuerzos.
—En el baño en que pernoctaba Myrtle está la mejor respuesta a tu pregunta. —respondió con tranquilidad Luna.
—Moveos, ahora, no debemos confiarnos y podrían venir otros. —susurró Pansy al ver que Terry y Justin se habían detenido asombrados al verlos alejarse.
—Vamos, rápido. —la apoyaron Luna y Jefferson en voz baja.
Unos minutos después los vieron desaparecer por la chimenea de la dirección mediante polvos flú, mientras Luna curaba con habilidad y celeridad a los dos que se quedaban.
—Gracias. —le agradeció la Slytherin sintiéndose incómoda.
—Bajemos al segundo piso para asegurarnos que Theodore y Neville no hacen ninguna tontería aprovechando que no estamos con ellos. —le respondió la rubia con una sonrisa.
—Sellado —aseveró Harry bajando la varita, pensando en que Severus Snape no había sabido de aquél túnel porque nunca fue considerado parte de "los estudiantes líderes de la casa Slytherin" y que si su enemigo no lo había usado en su época era porque seguramente Albus Dumbledore se había enterado de alguna manera, o Tom Riddle lo había creído ya que siempre le temió—. Nosotros tenemos que ir al Ministerio. ¿Te quedas aquí y envió a Daphne para que se te una? —le preguntó al que fue su rival en el colegio.
—No, voy con ustedes. —le respondió con seguridad Draco.
—Como gustes. —se encogió de hombros Hermione.
—¿Ya aprendiste a montar una escoba, Granger? —le preguntó con una sonrisa pícara el rubio—. Daphne será una de mis cazadoras en el partido de Quidditch que tenemos pautado tu novio y yo. —agregó con tranquilidad al ver que se giraba a mirarlo con los ojos entrecerrados.
—¿Cómo lo lograste? —le preguntó asombrado Harry.
—Le dije que si lo hacía por mí yo habría logrado algo que tú no. —le respondió Draco encogiéndose de hombros.
—Yo seré una de tus cazadoras, Harry —gruñó la castaña molesta, enojándose más al ver a las esmeraldas que amaba mirarla con asombro mientras el rubio se soltaba a reír—. El trasladador al Ministerio, cariño. —le dijo con expresión molesta.
—Te amo. — afirmó Harry feliz antes de besarla y abrazarla con pasión.
Draco rodó los ojos y carraspeó.
—Tan molesto e inoportuno como siempre. —protestó Harry.
—Sólo cumplo con mi trabajo, Potter. —sonrió el rubio, ampliándose su sonrisa al verlos a los dos bufar.
—Tú lo que tienes es envidia porque Daphne no está aquí. —aseveró Hermione.
—Sigues siendo fastidiosamente lista. —replicó Draco mientras tocaba el pergamino que Harry acababa de transformar en trasladador.
El de ojos esmeraldas sonrió mientras el pergamino brillaba con una luz azulada y sentía el familiar tirón en el ombligo. Una vez más agradecía en silencio que él pudiese hacer trasladadores hacia y en Hogwarts desde que cumplió la mayoría de edad, quebrantando lo que decía el famoso libro que tanto le había gustado a su hermosa castaña restregarles a él y a su mejor amigo que nunca habían leído, Historia de Hogwarts.
Al aparecer en el nivel nueve del Ministerio de Magia, frente a las puertas del Departamento de Misterios, los tres se tensaron.
—¿Subirás al nivel dos a pelear o te quedas con nosotros? —preguntó Hermione seria.
—Me quedo con ustedes. —le respondió el rubio igual.
Harry se limitó a asentir y entrar con su novia tomada de la mano. Avanzó por el largo corredor que tantas veces le obligó a ver Voldemort en sueños durante su quinto año para conducirlo a una trampa mortal, atravesando luego la puerta negra que llevaba a la sala circular, la cual giraba una vez se cerraba la que acababa de atravesar hasta detenerse. Tenía meses bajando allí, pero ésa era la primera vez en que los recuerdos de la vez en que Sirius cayó tras el Velo de la Muerte lo golpeaban con tanta fuerza.
—¿Cómo sabéis cuál es la puerta correcta? —preguntó Draco con fingida curiosidad, rompiendo el silencio porque había sentido a sus acompañantes tensarse.
—Hacia el vórtice —señaló Harry una puerta hacia la derecha— o hacia el destino que a Hermione y a mí nos espera. —señaló la que estaba frente a él.
—Con ustedes. —respondió el rubio tenso.
—Daphne podría estar con los otros. —le planteó la castaña mirándolo de reojo con una leve sospecha en sus ojos marrones.
—Estará donde ustedes tienen que ir, te lo aseguro. —le respondió el rubio sin mirarla, sus ojos grises clavados en la puerta que había señalado el de pelo negro.
—Me gustaría tener el tiempo para entender el porqué de eso pero no lo tengo —dijo Harry en voz baja, suspirando en seguida—. Vamos mi amor, nuestra ceremonia de bodas nos espera. Quien lo iba a decir, Draco Malfoy será uno de nuestros testigos.
—La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. —tarareó ella el coro de una canción muggle, intentando en vano calmarse con ese recuerdo de sus padres.
—Si me hubiesen avisado que veníamos a eso me hubiese puesto mi mejor túnica —comentó Draco con fingida molestia, sonriendo al verlos rodar los ojos—. Ustedes tendrán que decirle a Daphne que no vino adecuadamente vestida para tan magnífico acto y soportar su enojo por ello. —agregó con alegría al notar que se habían destensado un poco.
—Ah no, yo bastante tengo con mi mujer. Tú tendrás que hacerte cargo de la tuya. —le respondió Harry con una gran sonrisa, agradeciéndole con su mirada lo que intentaba hacer.
—Hombres, son todos iguales. —denegó la castaña fingiendo expresión de fastidio, soltándose a reír los tres.
Tomaron aire profundamente y entraron. Daphne se apresuró a ir junto a su prometido, que le tomó la mano de inmediato, mirando luego con curiosidad la pirámide negra que estaba ubicada frente a…
—¡Increíble! —murmuró sin poder contenerse.
—Ni que lo digas. —asintió Harry.
—Es la tercera vez que la vemos y siempre nos produce esa sensación de vértigo, respeto y paz. —comentó Hermione mirándola absorta.
El ruido de un enfrentamiento con maldiciones que bajaba hacia el lugar los hizo reaccionar, sellando Harry la puerta tras ellos con su varita en su mano derecha.
—¿Listos amigos? —preguntó Harry a quienes los estaban esperando.
Las diez parejas que estaban allí se miraron.
—¿Quién apostó porque ellos serían la doceava pareja? —preguntó Sirius con tono bromista.
—Ninguno. —le respondió Ron mirando los dos rubios junto a su mejor amiga con incredulidad.
—Yo lo hice. —le contradijo Anya con una pícara sonrisa.
—¿Qué? —preguntaron todos los demás con curiosidad, incluidos Daphne y Draco que sospechaban de lo que estaban hablando.
—Sólo por contradecir a Fred y George. Me divierte hacerlo. —respondió ella encogiéndose de hombros.
—Absolutamente incorregible. —afirmó Anthony antes de soltarse a reír.
—Daphne, Draco, les presento a mi hermana por parte de padre, Anya Dyson, y a su prometido Anthony Bennett —comenzó a presentarlos con una amplia sonrisa Harry—. A su lado están Nataly Harvey que es la prometida de Johan Hawking, hijo de Sirius y por lo tanto como si fuese mi hermano. Julie Powell y su prometido Robin Groombridge, quien es hijo de Remus y por consiguiente se podría considerar mi primo hermano. Jonathan Medawar, novio de Hannah. Andrew Forde, novio de Angelina. Dorothy Ford, pronto esposa de Lancelot White. Laurence Dahl, prometido de Tania Hart. Michael Spencer, novio de Susan. Katherine Stewart, prometida de Ron. Ellos son las nueve parejas encargadas de colocar los nueve cristales en la pirámide negra luego de ser sumergidas en la poción que preparó Theodore.
—Mucho gusto. —afirmaron los dos Slytherin a coro.
—Un muggle y un mago en cada pareja, a excepción de Johan Hawking. —agregó Draco con curiosidad.
—Los mundos mágico y no mágico unidos, incluyendo además a los que no pertenecemos totalmente ni al uno ni al otro sino que estamos justo a la mitad, lo que nos hace los más especiales. —explicó Johan con una sonrisa satisfecha y el porte aristocrático que había heredado de su padre.
—Sin duda un Black, aunque no lleve el apellido formalmente. —afirmó Daphne con una gran sonrisa.
—Les presento también a nuestros otros testigos, Kathleen Middleton y Jerry Fleming, Christine Lean y Harrison Simmons, Maggie Bracknell y Daryll Conrad quienes deberán asegurarse en cada cara de la pirámide que ninguno de nuestros amigos ceda en la presión que deben ejercer con sus manos para evitar que los cristales se intenten salir por la energía que Hermione y yo liberemos una vez que estemos ahí adentro. —completó Harry.
—Mucho gusto. —aseveraron en seguida los dos Slytherin.
—Ginny y Sirius están aquí porque una profecía en rúnico antiguo decía que once parejas nos ayudarían hoy con lo que tenemos que hacer, aunque hasta ahora no habían podido atravesar esa puerta ninguna de las otras parejas que lo intentaron ni sabemos para qué tienen que estar ustedes cuatro aquí. —explicó Hermione al ver que los rubios los miraban con curiosidad evidente.
—Bueno, ellos serán los padrinos de boda de Harry y nosotros los tuyos. —dijo Draco encogiéndose de hombros.
—¿Qué? —preguntaron a coro los detectives con curiosidad y los magos con asombro.
—¿No se los dijimos? Nos estamos casando Hermione y yo. —le siguió la corriente Harry.
—Tenemos que estar vestidas adecuadamente, madrina. —agregó Hermione luego de cambiar con su varita su túnica por una blanca y la de Daphne por una verde claro, sonriendo por la expresión de asombro de los dos Slytherin.
—¿Se han vuelto locos? —preguntó asustado Ron.
—No creo, pero hasta que no sepamos para qué estamos aquí es una buena excusa. ¿No te parece? —le respondió Anya, sonriendo ampliamente al ver a su hermano asentir. Estaba intentando con su actitud y mirada transmitirle su amor fraterno y apoyo.
—Vale, pero Katy y yo somos los padrinos en su boda formal y de su primer hijo. —respondió Ron mirando significativamente a sus dos mejores amigos.
Los tres se sonrieron, tomaron aire profundamente y asintieron.
—Comencemos. —les indicó Harry una vez que Hermione y él estaban ubicados frente a la enorme esfera que iluminaba la estancia con una luz blanca brillante, sin ser molesta para la vista, en la cual se veían varias escenas de nacimiento de galaxias, soles, planetas, criaturas de diferentes especies, pasando de una a otra con asombrosa rapidez y suavidad, sin que se notase una brusquedad en los cambios.
Las nueve parejas sumergieron los cristales en la poción hasta que los vieron adquirir un color dorado, momento en que los extrajeron para insertarlos en la pirámide. Hermione y Harry miraron a Daphne y Draco ubicados a su izquierda, luego a Ginny y Sirius ubicados a su derecha, tomaron aire profundamente y con sus manos apretadas avanzaron hacia la esfera.
—¡Mamá! —exclamaron asustados los gemelos pelirrojos al ver entrar flotando en su silla a Molly Weasley a la sala en que se encontraba el Velo de la Muerte.
—¿Qué haces aquí? —preguntó intranquilo Charlie, mientras retrocedía en el combate que tenía con un mortífago y lo estaba empujando adentro así como a los otros miembros de Los Dragones que intentaban impedir que llegasen al vórtice.
—Ayudar a mi familia, como siempre he hecho y seguiré haciendo mientras exista. —le respondió ella mientras con su varita lanzaba un rápido hechizo de defensa que dejaba fuera de combate a otro mortífago, que pretendía atacar a su hijo mayor por la espalda.
—Gracias por eso. —le guiñó el ojo derecho Bill, que sabía sería una pérdida de tiempo intentar sacarla de allí.
—Pero… —protestaron Charlie y los gemelos a coro.
—A concentrarse en lo que hay que hacer. —los regañó Molly con el tono que siempre había usado con sus hijos para que la obedecieran.
—Sí mamá. —aceptaron a regañadientes.
Gawain miró de reojo a Arthur, que se limitó a suspirar y encogerse de hombros para luego seguir combatiendo. El jefe de los aurores rodó los ojos e hizo lo posible por alejar de los dos a los mortífagos que combatían mejor, interponiéndose en su camino.
Parvati se esforzaba en mantenerse concentrada en el cántico que hacía en dirección al vórtice ondeando su varita con precisión, a pesar de los combates a su alrededor. Padma, Fred y George luchaban fieramente para evitar que ningún mortífago o maldición se acercase a ella.
Durante un instante a Molly y Arthur les pareció que la lucha a su alrededor se congelaba, mientras Yaxley avanzaba por un costado hacia los cuatro con expresión enloquecida. Las miradas de los esposos se cruzaron y en un acuerdo sin palabras se lanzaron hacia el mortífago, alcanzando a unirse en un abrazo lleno de amor y mutuo consuelo mientras los tres caían hacia el vórtice mágico.
—¡NO! —retumbó el grito de dolor de Bill, Charlie, Fred y George, haciéndoles coro Los Dragones, reverberando en la sala la sílaba cargada de sentimiento durante varios minutos.
Los mortífagos se congelaron ante la visión que se presentó ante ellos, suspendiendo lo sucedido todos los combates.
—Escuchad a Pansy. —los urgió Narcissa al verlos dudar por las palabras de la mejor amiga de su hijo.
—No es cierto lo que Pansy dice —les gritó Blaise a los mortífagos que iban con él, al notar que retrocedían levemente al ver el vórtice y oír las palabras de quien hasta poco antes habían considerado una de sus líderes y las de la aristocrática rubia—. Se los demostraré. —rugió enojado lanzando una maldición de onda explosiva hacia Penélope Clearwater y Steve Hart que hacían un extraño cántico ondeando sus varitas hacia el extraño fenómeno mágico concentrados, protegidos por Ernie Macmillan, Alicia Spinnet, Luna y Neville Longbottom, que eran los que luchaban más cerca del vórtice contra él y quienes lo acompañaban.
—¡NO! —gritaron a coro Narcissa, Pansy y Theodore, arrojándose hacia ellos.
Pansy logró sacar de la trayectoria a Luna, Narcissa a Neville y Theodore a Alicia y Steve, pero la onda explosiva arrastró hacia el vórtice mágico a Penélope, Ernie y el propio Blaise Zabini.
En el último instante, mientras caían dentro del vórtice mágico, Penélope y Ernie unieron sus manos y se miraron directo a los ojos confesándose el amor del que hasta ahora no habían sido capaces de hablar.
Los rezagados que estaban en el colegio bajaron sus varitas mientras veían paralizados lo que estaba ocurriendo.
