Title: Mistake II: Butterflies and explosions.

Pairing: Sakura Haruno/Kakashi Hatake

Disclaimer: Naruto es propiedad de Kishimoto Masashi. La siguiente historia, es de la mía.

Author Note: Para aquel que lo note. Sí, edite los drabbles. Cambie algunas partes, especifique otras y arregle un poco la ortografía. Anyway, espero que disfruten de la lectura.


Definitivamente, hay errores y errores.



x.

-Aun no estoy segura, ¿tú qué dices? ¿Rosa o Blanco?

No hubo respuesta, ni siquiera un sonido o un asentimiento de cabeza. Ausente, otra vez.

-Sakura

Nada.

-Sakura

Absolutamente nada.

-¡Diablos Sakura!

Se sobresalto, ella y las otras quince personas que estaban en la cafetería. Ino podía ser muy llamativa cuando se lo proponía.

-Cálmate Ino, ya no grites-pidió a su amiga

-¡Como pretendes que no grite si te estoy hablando y no me contestas!-dio un largo suspiro-Hay Sakura, no sé qué te pasa frentona. Últimamente estas muy rara. ¿Está todo bien?

-Claro Ino, ¿que debería andar mal?

Últimamente su amiga estabaextraña. Anda muy distraída. Se quedaba todo el día en casa y parecía pensativa. Y lo más loco de todo, ¡no la había insultado ni una sola vez!

Definitivamente algo muy raro le estaba pasando a su amiga.

-Sakura no soy idiota, ¿sabes?. Si no deseas contármelo, estas en todo tu derecho de no hacerlo, pero por favor no mientas. Si no eres sincera contigo misma, nadie lo será por ti

Definitivamente eso había sido un golpe bajo.

-Ino-¿había melancolía en su mirada?-Será mejor que me valla, ya es tarde

-¿Sabes?-la observo con una sonrisa-Será blanco, ¡así que más te vale ir!

No pudo más que sonreírle.

---x---

Hacía ya dos semanas que no asistía al entrenamiento, culpa de una contagiosa enfermedad. O por lo menos eso había dicho.

No, no tenía cara para verlo. Lo pensó mucho, pero le era imposible, lo sabía.

Pero también sabía que algún día lo volvería a ver. Porque las enfermedades no duran toda la vida, ¿o sí?

En que mierda pensaba, tendría que dar la cara tarde o temprano. Aunque fuese más temprano de lo que le hubiera gustado.

Soltó su cabello y arrojo la toalla húmeda sobre la cama. Darse un refrescante baño siempre la ayuda a ordenar sus ideas, pero esta vez parecía que nada podía ayudarla.

Se miro de cuerpo entero al espejo, por lo menos las marcas ya habían desaparecido, sin embargo eso no ayudaba en mucho. Los recuerdos aun seguían latentes.

Escucho el timbre sonar. Observo el reloj, las once y cuarto. ¿Quién diablos seria a esa hora?

Se coloco las bragas y su camisón rápidamente mientras bajaba por las escaleras. Hacía tiempo que vivía sola.

Una vez delante de la puerta, asomo su rostro a la pequeña mirilla que había en esta.

Dios

¡Oh Dios!

Quito rápidamente su vista de ahí. ¿Era su imaginación no? tenía que serlo. Volvió su rostro a la mirilla esperando no ver nadie, pero la suerte nunca estuvo de su lado, y ahí, delante de su puerta estaba el hombre por el cual le era casi imposible su reflejo.

¿Qué se supone que debía hacer? No podía dejarlo allá afuera. El seguramente ya sabía que ella estaba detrás de la puerta.

Tomo aire y acerco su mano a la perilla. La lenta imagen de la puerta abriéndose era una tortura. Y por fin, delante de ella cara a cara estaba su sensei mirándola sorprendido.

-¿Sensei?

-Sakura, lamento la hora-se disculpo agachando la mirada-Es que veras, estamos preocupados por ti

-Oh, claro. Lo siento, pasa

Caminaron hasta la cocina donde tomaron asiento.

-Quieres, ¿quieres tomar algo?

-No, en realidad no-seguía con la mirada gacha-Y, ¿cómo vas con tu salud?

-Pues bien, ando mejor. No sé cuando voy a poder volver. Es algo, complicado…-

-Sakura basta-su voz fría, tanto que dolía. El la miraba fijamente con, ¿tristeza? No, había más. Arrepentimiento, culpa, dolor, vergüenza. Y entonces comprendió todo.

-Sensei

-Sakura yo. ¡Mierda!, lo siento. Lo siento tanto. Jamás quise causarte daño…-pero todas las palabras quedaron agarrotas en su garganta cuando escucho el débil sollozo.

Allí estaba ella, con la cabeza gacha, llorando. Dios, como odiaba verla sufrir. Hubiese matado a cualquier idiota que la hubiera lastimado. Qué irónica que es la vida, él es ese idiota.

-Lo siento-un murmullo muerto salió de sus labios.

Y el silencio se adueño de la sala.

-No tienes la culpa…-

-¿Qué? ¿Que no tengo la culpa? Por dios Sakura, ¡me acosté contigo! ¿Qué no lo entiendes? Robe tu inocencia, ¡de la peor manera! Dios soy un monstruo-sus palabras estaban tan llenas de dolor. La culpa lo carcomía por dentro. Lo recordaba, lo recordaba perfectamente. Y todos esos días, la ausencia de Sakura era la prueba de la aberración que había cometido.

Entonces fue cuando lo siento. Sakura estaba de pie, enfrente suyo. Aferrada a su camisa, con la cabeza gacha.

-Sensei yo-las lagrimas caían libres por sus mejillas-Yo-en ese momento sus ojos se alzaron con determinación-Yo lo amo más que a nada en este mundo

El tiempo se detuvo, al mismo tiempo que su corazón. De repente, el aire cambio a su alrededor. Y callo de sopetón, ¿Acaso había escuchado bien?

-Y si sigue hablando yo…-Ella también sintió sus palabras atascadas en la garganta. Pero más allá de eso sintió los labios de Kakashi, sobre los suyos. Y se dejo llevar, envolviéndose en un beso. Uno apasionado, lleno de desenfreno y de euforia.

No podía creerlo, ¿Realmente estaba pasando? Sentía como sus cuerpos se pegaban, y lentamente se iban deslizando hacia el dormitorio. Como de pronto se llenaba de sensaciones desconocidas, totalmente placenteras. Y comprendió que nunca más podría separarse de él.

No recuerda en qué momento cayeron abruptamente sobre el colchón. O cuando comenzaron a desear palpar más allá de sus ropas, quitarlas desesperadamente como si quemaran. Él quería demostrarle cuanto la añoraba, enseñarle a amar. Porque la necesitaba, a ella y todo lo que ella implicara. Necesitaba su amor.

Acaricio cada rincón de su cuerpo, erizándole la piel. Beso lentamente su cuello. Demostrándole en cada caricia, la verdad de sus palabras. La amaba, y no podía negarlo.

Pudo comprender que ella lo deseaba tanto como él, y pronto, ya eran uno. Era exquisito, el erotismo sutil. El vaivén de sus cuerpos chocando. Como encajaban el uno en el otro. Perfecto

Pudo sentirla estremecer bajo su cuerpo. Y al igual que el sintió su vientre colapsar, millones de mariposas y una explosión deliciosa. El clímax. Sintieron rozar el paraíso con sus dedos, tocando sus puertas.

Y al volver a la realidad, no encontraron diferencia alguna. Cualquier lugar era el paraíso si estaban juntos.

x.


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