Segundo capítulo; segundo prompt: Beso.


.

~Primeros instantes~

.

2. Por accidente

Todo había sido un extraño accidente provocado por algún destino que, él creía, debía estar divirtiéndose a su costa. Era un prisionero que al final no era tal. Había acabado dándole de comer, dándole cobijo bajo su techo, prestando atención de que no se lastimara… y él había acabado combatiendo a su lado. Era extraño como se habían ido sucediendo los acontecimientos. El italiano en sí era algo que Alemania no terminaba de comprender, al igual que no entendía cómo había cambiado todo sin apenas darse cuenta, de ir a su tierra creyéndolo temible por su vínculo con el Imperio Romano, a tenerlo en su casa cocinando pasta para la cena. Si le hubieran planteado esa escena antes de conocerle se habría reído.

Como también había creído Alemania en un principio que fue un accidente que le besase. Habían terminado de cenar hacía ya una hora.

-Será mejor ir a dormir –propuso Ludwig apartando el libro que estaba leyendo en la sala, dejándolo sobre la mesita que había delante del sofá-. Mañana hay entrenamiento a primera hora –le recordó a Italia. No guardaba demasiada esperanza con que se levantase puntual, lo más probable era que Feliciano se presentase media hora después de la hora-. Vamos. Y esta vez quédate en tu cuarto –lo reprendió el alemán conduciéndole por el pasillo de su casa. No sería la primera vez que amanecía y descubría que Italia se había refugiado en su cama durante la noche cuando estaba durmiendo.

Feliciano asintió, deteniéndose frente a su puerta.

-Vamos –le instó él a que entrase.

-Buenas noches –se despidió Italia entrando en el cuarto. Alemania se giró para ir a su cuarto, al otro lado del pasillo cuando de pronto oyó a sus espaldas:

-¡Doitsu!

-¿Qué pas…? –fue a preguntar girándose con un suspiro. Siendo Italia podía esperarse cualquier cosa y lo que él quería era dormir, no otra cosa…

Cualquier cosa menos encontrarse con las manos del italiano sobre sus mejillas y sus labios sobre los suyos. Besándole. El alemán tardó unos segundos de más en registrar la escena. Cuando se separaron, dijo, envarado y con voz tensa:

-¿Qué haces? –sonó más como un ladrido que como una pregunta, más violento de lo que pretendía incluso pero… es que era eso, ¿qué se suponía que hacía Italia?

-De buenas noches –explicó él con una amplia sonrisa.

-… -antes de que Ludwig pudiera reaccionar ante la naturalidad del italiano, éste se giró y entró en su cuarto. Se encontró mirando pasmado una puerta mientras al otro lado Feliciano se metía en la cama como una sonrisa.

Llevaba días queriendo saber cómo sabía.