Y he aquí, por fin, el último capitulo de este minific de viñetas sobre Alemania e Italia. Como siempre un agradecimiento a los que han ido comentando conforme iba subiendo capítulos y los que han faveado la historia. Relamente me ha gustado mucho escribirla, son tan monos los dos~

Espero que el final sea de vuestro agrado.

Quinto y último prompt: Caricia.


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~Primeros instantes~

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5. Informes

Estaban tumbados en el sofá; frente a ellos, en la televisión daban un programa de poco interés. Alemania estaba leyendo unos informes que le había dado su superior sobre la situación actual del país e Italia intentaba encontrar algo de interés en el salón, sin éxito, removiéndose aburrido pero sin querer molestar en exceso a Ludwig que parecía tan concentrado.

Todo estaba en silencio, no se oía nada. Feliciano se estiró en el sofá, incapaz de quedarse quieto un segundo.

-¿Qué te ocurre? –suspiró por fin el alemán, despegando la mirada de los documentos para clavarla en su amigo, el cual se sonrojo-. Si te aburres deberías probar a dormir un poco –le ofreció.

El italiano pareció pensarlo un rato y después asintió, acomodándose en el sofá. Le avergonzaba haber desconcentrado a Ludwig y que hubiera tenido que "llamarle la atención" más o menos. A veces cuando estaba junto a él se ponía tan nervioso… no quería cometer ningún error y al final acababan saliéndole por las orejas, como ahora mismo. No creía que teniéndolo tan cerca pudiera dormir pero lo intentó, cerrando los ojos y acurrucándose y todo.

Ludwig continuó leyendo. De pronto sintió como algo se apoyaba contra él y dejó inconscientemente que Italia acomodase la cabeza contra su pecho, pasando el brazo por encima mientras seguía leyendo. Varios minutos después, cuando se dio cuenta de este hecho también se percató de que el otro estaba ya dormido. Se le quedó mirando unos instantes y le apartó el pelo castaño de la cara. Verle así dormido era una imagen relajante y hermosa que le arrancó una sonrisa. Casi le daba lástima despertarlo, de modo que lo dejó así.

Trató de regresar a su lectura. Eran los últimos informes de las fronteras, aburridos, largos y tediosos pero necesarios para el buen funcionamiento de su hogar. Pero no podía evitar volver a mirar una y otra vez a la figura dormida de Feliciano.

Hasta que finalmente se agachó sobre su cara, tratando de no despertarlo, y depositó sobre su frente un suave beso, volviendo a sus asuntos. Creyó que no había perturbado su sueño, pero entonces el italiano abrió los ojos dorados y le miró. Alemania seguía con la vista fija en sus papeles e Italia se incorporó un poco, devolviéndole aquel gesto, aquel beso, con igual suavidad sobre los labios.

Feliciano le había besado muchas veces antes, emocionado, alegre… pero aquella fue diferente, ambos se dieron cuenta de ello.

Dejaron que pasara el tiempo que tarda un grano de arena en caer en un reloj antiguo. Y después Ludwig volvió a inclinarse sobre Feliciano, juntando de nuevo sus labios y el segundo los abrió, dejándole paso libre y colocando sus brazos alrededor de su cuello.

Los informes quedaban en la mesita frente a ellos, olvidados.