Te niegas a aceptarlo.
(#9 Verdad)
Estás haciendo tu caminata habitual de los ¿martes? (No sabes, estás confundida), cuando bajas la mirada y observas en el suelo algo que definitivamente no es una hoja o una fruta. No.
Te agachas y recoges la pequeña botita tejida, esa que le tejiste a Aaron cuando aún estabas embarazada, y piensas que no puede ser bueno que no esté en su piececito.
La aprietas contra tu pecho y lágrimas comienzan a brotar de tus ojos, lo extrañas y te niegas a creer que es mal presagio que su botita esté en la isla. Te niegas a aceptar que quizás Aaron no vuelva tampoco.
Llegas a tu campamento, tiempo después, y guardas la botita junto a la F de Fate que Charlie tenía en su mano. Por lo menos puedes seguir aferrándote.
