N/A: OMG, 5 meses sin actualizar esto *esconde la cabeza y se pone colorada hasta la frente*. Vale, voy a excusarme. Me quedé atrancada en esta viñeta a finales de julio. En Agosto, no la retomé porque medio me encapriché con un chico y en fin... ya saben, solo tenía tiempo para hablar con él jaja En septiembre, entre compra los libros, averigua el colegio nuevo (me cambié porque mi anterior bachillerato era de pago) y aprovecha los últimos días de libertad... pff. Y luego ya empezó el curso y morí. Literalmente. Por lo mucho que estudiar y porque este año llevo un grupo de niños de 12 años para los 'Grupos de Amistad' de mi anterior colegio. Pero una tarde de noviembre retomé esto, escribí un trozo y.. desde hace una semana lo vengo trabajando, con muchísisisima frustración porque no me salía nada.
Y al fin.. voilà! Salió esto! Es un capítulo mucho más largo, pero también más variadito. Y con un Draco que no consigue lo que quiere, no hay nueces que partir por tanto...
Muahahaha! Juzguen ustedes a un Draco insatisfecho! :)
4. Mucho ruido y pocas nueces
Un desagradable grito de dolor rasga la mañana en uno de las decenas de cuartos que pueblan Hogwarts. Una cortina deslizándose con pereza y un brusco ronquido completan el despertar más atípico que Draco Malfoy ha tenido nunca.
- ¡Joder!
¿Pero qué cojones…? Se levanta de un salto gracias a un inoportuno tirón muscular en el tobillo y cae de boca sobre sus sábanas extrañamente sin deshacer. Hunde la boca en la almohada y grita hasta que sus cuerdas vocales se niegan a continuar la tortura. Una vez calmado, sudoroso y con la sensación de haber jugado 50 partidos de quidditch, se pone boca arriba y cierra los ojos un momento. Pero ese momento no dura más de una décima de segundo, pues cientos de recuerdos -demasiados para un par de horas, cree tener la sensación- le hacen abrirlos de nuevo, tanto que casi le duele.
No.
De hecho, sí.
No.
Que sí.
¡Que no!
Sin embargo mira hacia su izquierda y… sí. Theo duerme apaciblemente con una sonrisa en la cara, los brazos desnudos –y Draco juraría que no solo eso, pero prefiere no confirmar sus sospechas- y la colcha verde arrollada en el suelo. Draco atrapa su cara entre una de sus manos con desesperación y deja escapar un profundo bufido. ¿A eso le llamas una charlita nocturna, estúpido? Su mente inventa toda clase de reprimendas y explicaciones lógicas por las cuales DEBERÍA encontrar alguna puta forma de volver atrás en el tiempo. Lo que más le apetece en ese momento es arrancarle la lengua a esa molesta "vocecita" que chirría en su cabeza con saña y recreación, pero hay algo más urgente. Una explicación, una excusa. ¡Corre, eres un Malfoy! ¡Emplea tu inteligencia!
Y es que realmente cree que cualquier asomo de vida inteligente ha huido del tifón en que se ha convertido su cabeza. Tal vez no sea tan malo, nada que no pueda remediar una charla con advertencia incluida… pero es que sí lo es. ¿En qué momento de su vida, qué confusión, qué embaucamiento le ha llevado a…? ¡Maldito marica de mierda! ¡Un filtro amoroso!
Se levanta aun más rápido que antes, rojo de ira y dispuesto a olvidar toda amabilidad pasada para partirle la cara a Nott.
- ¡Nott! – le susurra con insistencia zarandeándolo con cuidado de no dejar al descubierto más de lo necesario. – Gilipollas, ¡despierta! ¡Tenemos que hablar!
- Hmm… Draco…
- ¡No vuelvas a hacer eso! – gruñe Draco intentando no subir la voz, aunque tiene ganas de destrozarle los tímpanos. – ¡Ni en tus mejores sueños! – lo coge por los hombros y sigue agitándolo. – Nott… ¿me has oído?
Lo suelta con desesperación y se pasa una mano por el pelo mirando hacia el techo como implorando un remedio divino que le saque de la pesadilla que parece estar viviendo. Mientras tanto Nott se despereza con amplitud, sorprendentemente sin importarle que la sábana se deslice hasta su cadera con el arqueamiento de su espalda. Vuelve a caer mansamente sobre el colchón y abre los ojos poco a poco, sensiblemente molesto por el rayo solar que le fulmina desde la ventana. Con un ojo cerrado y otro abierto advierte la presencia de Draco, con la cara encendida de rabia.
- Buenos días – sonríe con inusual expresión de felicidad.
- Dime ahora mismo qué has hecho – se inclina sobre su recién odiado compañero, apretando los dientes con fiereza. – Qué.. ¡Ya!
Nott no da muestras de nerviosismo, miedo o cualquier sensación equiparable al humo rabioso y amenazante que despide Draco. Tan solo se retira prudentemente de su campo de acción, echándose hacia atrás e irguiéndose sobre las manos. Levanta una ceja con desconcierto y contesta:
- Mejor di qué hemos hecho.
- ¡Yo no he hecho nada!
- ¿Estás seguro? - contraataca haciendo su expresión más y más divertida conforme aumenta la furia de su contrincante.
- ¡No es eso lo que te he preguntado! – gime agitando las manos en un intento por contener el puñetazo que se está formando al final de su mano. – Dime, ¿tan absolutamente en celo estás que no has podido esperar a montártelo esta tarde con cualquier otro marica antisocial y sosainas como tú?
Esta vez es Nott quien nota la rabia ascender tornando el frío suelo de mármol en una superficie más propia del cráter de un volcán. No alcanza a imaginar qué rayos puede estar pasando por la cabeza de Draco. Pero si por asomo se acerca a lo que él mismo está pensando, Draco es mucho más débil e irresponsable de lo que nunca ha pensado.
- Da gracias, Malfoy, de que soy yo y no otro. Porque esa nariz perfecta que te adorna ya no estaría en su sitio, te lo puedo asegurar.
- ¡No me amenaces! ¡No eres el más indicado para hacerlo! Dime, ¿desde cuándo lo llevas planeando? ¿Desde cuándo… llevas mirándome con asquerosa lascivia?
- Desde que te vi poner por primera vez esa cara de asco que tienes ahora mismo – concluye Nott con una mueca de burla (¿o es de superioridad?), y es que Draco sí es mucho más tonto de lo que pensaba. – Voy a vestirme. Y creo que tú deberías hacer lo mismo, no creo que perderte el desayuno sea bueno, esta noche has gastado mucha energía y no querrás ser un zombie en la clase de Snape, ¿verdad?
Se da media vuelta y comienza a vestirse con despreocupación, ante la mirada atónita de Draco, que se debate entre abrirse la cabeza contra el poste de la cama o meterse en ella para no volver a salir en mucho tiempo. Finalmente se sienta y decide comenzar a vestirse, al fin y al cabo, Nott no parece dispuesto a ceder y él está demasiado cansado y colapsado como para pensar una buena solución –o las fuerzas para poner fin– a lo que ha ocurrido hace escasas horas.
Draco entra en el comedor malhumorado, con la mirada encendida y dando empujones a todo el que se cruza en su camino. No tiene nada de hambre. No. En realidad no sabe ni qué hace en el comedor. Ah, vale. ¿Por qué diablos obedeces a Nott?
Ocupa su sitio habitual en el centro de la mesa cuando aún todos siguen de pie, comentando lo preocupados que están por su próximo examen de Pociones –y escucha varios 'estúpido Snape' que le hacen hervir la sangre– o intentando enterarse de algún bombazo –mayormente relacionado con él–. Y más me vale que no se enteren. Porque a las 8 de la mañana de un lunes cualquiera, Draco está seguro de varias cosas: primero, no es un maldito marica; segundo, Nott tiene DEMASIADO que ver en 'eso' que pasó, lo cual recuerda a pesar de los múltiples intentos de mantener su mente ocupada; y tercero y último, debe encontrar una solución rápida.
Y esa solución se presenta evidente y arrolladora, y con un olor francamente agradable.
- Buenos días, Draco – Pansy termina la frase en su boca, haciendo que por primera vez le agradezca infinitamente su pesada existencia.
Ella se sienta a su lado, sonriente y guapa como nunca antes Draco había advertido, y sus rasgos son femeninos. Y claro, es una mujer. Y su figura moldeada a imagen y semejanza de una pálida guitarra le hace relamerse y recordar lo mucho que le gusta. De hecho, sí… me gusta, piensa mientras la acerca por la cintura y finge escuchar lo que con tanto entusiasmo está relatándole.
Suenan un par de palmadas y las mesas comienzan a llenarse, de alumnos y comida, pero Draco no presta atención a los croissants humeantes que tiene frente a él, incluso ha olvidado la reciente admiración por las curvas de Pansy. Su mirada se desvía sola, inerte, hacia las grandes puertas del comedor, casi cerradas, por las cuales se inmiscuye una figura presurosa con varios libros en la mano. Nott avanza con la cabeza gacha, deseando pasar desapercibido, exactamente igual que siempre, sin el más mínimo atisbo de acumular dos escasas horas de sueño por haber enredado a un Malfoy entre sus sábanas.
Y él lo observa, sigue minuciosamente su recorrido sorteando a alumnos Slytherin y Gryffindor con la misma insana indiferencia, sigue el suspiro de alivio que sale de sus labios al soltar los libros sobre el asiento, las manos al desabrocharse el primer y único botón de la túnica y la avidez de su mirada frente a los croissants. Los únicos que impiden que aún no le haya mirado a los ojos.
Y no es que espere que le mire, no, solo que… es cuestión de cortesía, ¿no? Y otra cosa no, pero Nott siempre ha sido muy educado con él, no solo porque sabe lo que le conviene, sino porque una relación inusual y extrañamente sólida entre ellos lo obliga a ello. Porque tal vez, solo tal vez, la única persona de su misma edad que ha estado junto a él en su vida, le despierte algo de necesidad. Aunque sean simples y escuetos saludos al salir de Herbología o al encontrarse en la Sala Común, o una tímida felicitación tras un partido de quidditch bien jugado.
Pero Nott parece ni siquiera haberse dando cuenta de su presencia. De todas las idioteces que está pensando, de la cara entre la confusión y el odio con que le mira, de su poco corriente falta de apetito. Resignado, gira la cabeza hacia Pansy intentando escuchar la animada conversación que mantiene con alguna de sus guapas y estiradas amigas, pero una voz lo hace salir de su obligado letargo:
- ¿No comes, Draco? Estos croissants están tremendos…
Nott habla con un deje distraído que Draco no sabe cómo interpretar. Le dirige una mirada de interrogación y él le responde con una media sonrisa, lo máximo que le permite el croissant. Draco reprime su propia sonrisa y desvía la mirada para tomar el asa de la jarra de zumo de calabaza, porque al fin y al cabo, puede que incluso sí necesite reponer fuerzas.
Nott parece decidido a dejarlo estar. Y no es que eso sea malo, ni mucho menos, es la reacción que Draco comprendió desde el principio que necesitaba para solucionar su pequeño problemilla. De hecho, su relación incluso ha mejorado. El fin de semana pasado, bajo un sol espléndido -raro en Hogwarts cuando está entrando el invierno- Draco salió a leer con Nott bajo la sombra de un gran sauce junto al lago. Bueno, más bien para verlo leer, a pesar de que Pansy dificultara considerablemente la cuestión con su constante y voraz apetito. Y ya no solo se saludan a la salida de Herbología o se propinan sendas sonrisas al finalizar un partido de quidditch, ahora disfrutan de conversaciones algo más largas en las gradas del estadio antes de los entrenamientos, estudian alguna vez juntos y juegan al ajedrez mágico –que Draco realmente detesta, pero sabe que a Nott le apasiona– en la Sala Común algún sábado por la tarde.
Parecen un poco más amigos. Sí, esa es la definición perfecta.
Lo que Draco no entiende es por qué si son solo un poco más amigos, no puede evitar fijarse en que Nott tiene unos ojos realmente oscuros, francamente difíciles de leer. Él siempre ha creído tener una mirada impenetrable, dura, de hielo, pero ahora se da cuenta de que no conocía su antítesis, los ojos demasiado negros. Ya no está seguro de ser fuerte e indescifrable. Ya no está seguro de nada.
Y es que tampoco entiende por qué juega al ajedrez mágico. Por qué soporta largas horas sentado en un sillón frente a un insulso tablero hasta que la cabeza está a punto de estallarle. Por qué Nott se retuerce un mechón de pelo mientras piensa, o por qué frunce el ceño de esa forma cuando ha decidido qué golpe asestar. Y es que Theodore Nott tiene un tono de piel abrumadoramente pálido, pero no como el suyo, brillante y aristocrático, sino apagado, como si siempre estuviera a la sombra de aquel sauce bajo el que pasa las tardes enteras leyendo. Y es que Theodore Nott es delgado y flacucho, incluso demasiado para su edad, y sus movimientos son lentos, controlados, excepto cuando llega tarde a clase (que suele ser siempre por la calma con que hace todo), y su sonrisa es esquiva y escasa, porque no se relaciona mucho ni siquiera con los Slytherin, y no le gustan los rumores retorcidos, y nunca es regañado por ningún profesor, y su sillón preferido en la Sala Común es el de almohadones rayados que está justo debajo de la ventana…
Draco no entiende nada. Sólo sabe que algo está ocurriendo y va demasiado rápido. Las horas pasan y no puede evitar contar los días para que el curso acabe, para que todo acabe, para poder volver a casa y recuperar la cotidianidad, la seguridad en sí mismo. Los veranos en que ver a Nott no suponía algo más que una leve y cortés indiferencia.
Sin embargo, es consciente de que nada puede seguir igual. Porque desde hace dos meses (y ahora está seguro que no bajo el efecto de ningún filtro amoroso) varias inesperadas horas dieron la vuelta a su vida. Apenas ve a Pansy, que lo aborda a la vuelta de cada esquina con proposiciones que Draco oye desde un lugar muy remoto, sonando como ecos en su cabeza. Ha perdido el gusto por todo, excepto por sus rutas infundiendo temor a todo alumno de primero que pase frente a él. Últimamente, incluso pasa más horas de lo normal en la Sala de Menesteres, arreglando distraída y, la mayoría de veces, equívocamente el armario. Porque la mayor parte del tiempo se pregunta qué estará haciendo Nott en ese instante, si habrá tomado alguna decisión o si no siente necesidad de Draco más allá de la joven e intermitente amistad que los ha unido.
Tal vez simplemente deba relajarse, pero el hecho de ver a Nott acercándose a él, con una sonrisa en los labios y la frente perlada de sudor por el esfuerzo y la satisfacción del trabajo bien hecho durante Pociones, sabe que le va a ser muy difícil.
¿Desde cuándo se me resiste algo 'difícil'?
El invierno ha llegado a Hogwarts en todo su esplendor, cubriendo los campos de nieve. Nieve fría al tacto incluso a través de los guantes, nieve blanca y resbaladiza que Draco adora desde que tiene memoria. La nieve le recuerda a su madre, a Malfoy's Manor, a la chimenea ardiente y chispeante durante la cena de Navidad.
Le recuerda a él mismo. Pequeño, asustado, helado. El jardín de su casa, completamente extasiado de nieve. La puerta cerrada. Unas varitas de juguete abandonadas en el suelo. Su padre y el padre de Nott discutiendo en el despacho. Dos cabezas demasiado bajitas inclinadas de puntillas. Frases incomprensibles que hablan de un Lord terrible, de serpientes, muerte y marcas en el brazo. De cuestiones de sangre.
"(…) Ellos son nuestra esperanza, Lucius. Severus cuidará de ellos. No te preocupes más, todo acabará pronto y ellos deberán hacer honor a la pureza que corre por sus venas. No hay nada que lamentar. "
Draco y Theo se miran. La nariz roja por el frío, los ojos tristes y confusos. Porque ellos son la esperanza. La esperanza de no saben qué, pero suena grande, adulto, importante. Son la esperanza y no deben decepcionarlos. Y se giran, un poco menos niños que unos minutos antes, aún no conscientes de que ese recuerdo quedará en la mente de ambos. Para unirlos. Para siempre.
Y el joven heredero mira por la ventana, sumido en sus recuerdos, mientras que a su alrededor el invierno despliega sus encantos y todos están alegres, felices, exultantes porque solo les separan 2 días de pasar unas vacaciones rodeadas de luces y regalos, y charlan animadamente mientras buscan en el baúl las bufandas más largas y los abrigos más mullidos para su visita a Hogsmeade.
Draco no irá este año. Ha acumulado demasiado atraso en su misión y las pocas horas libres que eso le deja las dedica a estudiar. O a no hacer nada. O a jugar al ajedrez mágico. O a maldecir su suerte. O a pensar en Nott. Hace unas semanas dejó el quidditch. Una lástima, le gustaba descargar la adrenalina y la impotencia acumuladas durante la semana sobre la escoba, y a poder ser contra el hombro de Potter.
Baja la mirada y se pasa una mano por el pelo, dejándola reposar sobre la frente. Definitivamente, necesita que el año acabe. Y que acabe bien. Se sienta en la cama y echa la espalda, observando sin prestar demasiada atención el labrado techo de madera.
- ¿No te vistes?– Nott acaba de abrir la puerta y asoma la cabeza a través de ella. Él tampoco lleva abrigo ni bufanda.
- No puedo ir – responde Draco mientras se incorpora y se dirige hacia su compañero. – Veo que tú tampoco te estás dando demasiada prisa.
- Tampoco voy. Ya sabes, mucho que estudiar – Nott voltea los ojos en una mueca de exasperación y abre la puerta completamente para entrar en el cuarto. – Historia de la Magia.
- Aún no entiendo por qué has elegido esa asignatura. Es absolutamente infumable.
- Prefiero estudiar en la Sala Común junto a la chimenea que soportar gritos de mandrágora y manchas de barro y raíces por culpa de Herbología – objeta Nott cerrando la puerta a sus espaldas y dirigiéndose hacia la ventana.
Tiene las ideas claras. Draco lo sabe. No habla mucho, pero eso no implica que no sea una persona segura de sí misma. Odia ser el centro de atención, pero no por timidez, sino simplemente porque no considera suficientemente importante hacerse notar entre cientos de alumnos comunes, faltos de cualquier interés posible. Y Draco entiende que no solo está frente a su antítesis física. Su carácter es tan sumamente contrario al suyo que podrían ser los rivales perfectos.
Podrían serlo. Podrían, de no ser porque llevan juntos desde que apenas levantaban un palmo del suelo.
De no ser por eso…
… podría estar destrozándolo a golpes en este justo momento. Podría por la frustración, la agonía, la tortura, la desesperación, la confusión, el anhelo. Por el terrible huracán en el que ha sumido su vida.
El anhelo.
- Nott, tenemos que hablar.
El aludido se gira con el mismo gesto de siempre. No le asusta la declaración de intenciones de Draco, no le asusta una conversación seria con él. Su indiferencia es tan sólida que raya la inexistencia del miedo.
- Tú dirás.
- Verás… – Draco mira hacia abajo, hacia un lado, hacia otro, se muerde el labio, duda, confunde, teme – lo que pasó…
- ¿Quieres hablar de ello? – Nott agacha la cabeza en un intento por ver los ojos de Draco, que se refugia bajo el flequillo despeinado por las horas de preocupación.
- No, bueno… sí.
- Creí que preferías dejarlo estar. Al fin y al cabo, la culpa es mía, ¿no? Usé un filtro amoroso contigo, creo recordar – Nott habla con una ceja levantada, casi con esa sorna tan habitual en Draco.
- No tengo ganas de tonterías. Voy a estar por aquí todo el día, no creo que salga, así que cuando quieras hablar en serio, avísame.
Draco sale dando un portazo y Nott se queda estático sobre suelo de la habitación, sorprendido, confuso y expectante a la vez.
Puede que, de un modo u otro, el día acabe por resultar incluso interesante.
El cielo está gris. Pero no un gris oscuro y opaco como cuando amenaza tormenta. Es un gris luminoso. Está nevando. En el suelo y sobre Draco. Sentado junto al sauce pero fuera de su cobijo, se funde con el suelo y el aire. Sus manos están alrededor de sus rodillas. Su cabeza gacha, dócil. Dispuesta a confundirse eternamente con la nevada.
Nott lo dejará estar. Seguirá intentado borrar cualquier vestigio de una víspera de lunes. Lo que no sabe es que seguirá haciendo ruido, estruendoso y maldito ruido en la cabeza de Draco. Varias horas al día. Casi todas.
O quizá todas.
N/A: Ah, y algunos de ustedes dirán, ¿por qué siempre cortas en la mejor parte? Pues porque ahí se acaba mi refrán ^^ Ya sabemos que Draco solo oye ruido por todas partes pero ¡ay! no le dejan partir unas poquitas de nueces...
Como dije en la primera viñeta, quiero hacer un Draco mío. Y para mí, es hedonista e inmoral. Cuando quiere algo, lo quiere ya, y no se para a cuestionar el valor ético de su deseo. Lucha contra los sangre-sucia, no piensa si está bien o está mal. Es así. Algo pasó hace dos meses y él no puede olvidarlo, quiere que vuelva a salir a la luz. ¿Correcto o incorrecto? Qué diablos le importa...
Vale, mejor dejo de divagar y simplemente les deseo Feliz Año Nuevo!
Espero sus reviews! :)
P.D.: Prometo solemnemente actualizar con más asiduidad. Al menos, una vez al mes, pero procuraré que sean más. RLY!
