N/A: Hola de nuevo! Me he tirado casi todo julio fuera, y una semana y media de junio con la mente en encefalograma plano totalmente... Pero estoy de vuelta, y con ideas nuevas para terminar esta tabla.
Este refrán me gusta, me ha resultado muy agradable de escribir aunque me lo he tomado más por el sentido de la torpeza que por el de la maña, pero bah. La tabla es solo una excusa para la historia, aunque me esté gustando mucho usarla para retratar a estos dos.
He encontrado una canción que me recuerda muchísimo a estos dos. Es de un vocal español y andaluz llamado Zenet -que tiene una voz y un alma y un de todo que pa qué- y se llama'El mismo lado de la cama' (porque yo estoy segura de que a estos dos les gusta el mismo, sísí xDD).
Link a youtube: http : / / www . youtube . com / watch?v (insertar signo de igual) DuuwUF3iybI [quitar los espacios cuando se copie en el navegador]
Letra:
"Dime si de aquí a la eternidad
o si no nos quedan ya ni tres telediarios
Dime si empezó la cuenta atrás
o debemos de tachar otra fecha del calendario
Somos dos signos del mismo día
dos pistolas de mentira enfrentadas en un duelo
Dime si te trato de olvidar
o si tengo que pensar que siempre volvemos de nuevo
Dueños del derecho de un bis a bis, de dos penas por cumplir
un billete de retorno
Locos por querernos sin querer, por colarnos otra vez
en la fila de los tontos
Somos los dos polos de una noria, los dos protas de una historia
de malos y de buenos
Dime si te trato de olvidar
o si tengo que pensar que siempre volvemos de nuevo
Que siempre nos ganan las ganas
porque a los dos nos gusta dormir
en el mismo lado de la cama
Dime si de aquí a la eternidad
o si no nos quedan ya ni tres telediarios
Dime si empezó la cuenta atrás
o debemos de tachar otra fecha del calendario
Somos dos signos del mismo día
dos pistolas de mentira enfrentadas en un duelo
Dime si te trato de olvidar
o si tengo que pensar que siempre volvemos de nuevo
Que siempre nos ganan las ganas
porque a los dos nos gusta dormir
en el mismo lado de la cama"
Nada más, solo ¡disfruten!
6. Más vale maña que fuerza
Hay un revuelo especial en todo el castillo, un murmullo de baúles abriéndose y cerrándose, de armarios vacíos y despedidas sonrientes. Incluso si se afina el oído, puede escucharse el tintineo chispeante del muérdago floreciendo y labios rozándose, fríos y tímidos como un invierno adolescente.
Y Draco no es bueno haciendo maletas. No porque no pueda o no tenga las suficientes facultades, sino porque la falta de práctica es un lastre curioso. Ser el resultado de dos apellidos tan distinguidos como Black y Malfoy tiene sus consecuencias –o desgracias-. Y no poder ayudar a Theo, que está agachado sobre las rodillas -agachado, sí, con la cinturilla del pantalón algo más allá de lo que sería sano para la salud de Draco, y la nuca sudorosa, la camisa por los codos, los dientes mordiendo distraídamente el labio blanquecino- tiene más de maldita desgracia que de clase alta. Resignado a su excelsa suerte, observa cómo dobla y desdobla una y otra vez pantalones, túnicas y camisas, e intenta hacer hueco para los calcetines y los calzoncillos -¿pero qué coño son todos esos dibujos…?-.
- La Navidad ha llegado a Hogwarts, Draco – dice Nott sacándole de su letargo desde su posición arrodillada ante el baúl.
Joder, qué negros se ven sus ojos desde aquí.
- Me temo que sí, a este castillo del demonio también llega.
Draco esboza una mueca asqueada y Theo le mira a medio camino entre la risa y la desaprobación, moviendo la cabeza a ambos lados y dirigiéndole una mirada que le maldice por no tener el mismo poder de persuasión –o amenaza- sobre los elfos domésticos de Hogwarts.
- Sé que no vas a mover un dedo para ayudarme porque eres crónicamente perezoso tanto para aprender a doblar ropa como para hacerlo, pero incluso sería capaz de perdonarte si te quedaras a comer.
Draco mira el reloj con resignación. La una del mediodía. Unas horas y estaré solo en esta maldita cárcel.
- Tranquilo, acaba de llegar el águila de mi padre - hace una mueca de desagrado. - Pasaré la Navidad aquí. Pero tengo cosas que hacer... - se acerca a él con un brillo pícaro en los ojos. - Solo aceptaré sugerencias realmente buenas.
- Tengo una sorpresa para ti – responde Nott cerrando con suavidad el baúl. Se gira y le dedica una sonrisa enigmática, advirtiendo la tensión ascender por el cuerpo de Draco y la súbita palidez que asola su cara. Si es posible que su piel adquiera un tono aún más claro.
Pero en apenas un instante, Nott observa cómo esa tensión se convierte en autosuficiencia. O confianza. Algo de vanidad. Tal vez seguridad. ¿O es morbo?
- Me gustan tus sorpresas.
Durante el almuerzo, el familiar ruido de la alegría navideña inunda el ambiente, incluso la comida desprende ese olor especial de las vacaciones, los regalos, de tirar la casa por la ventana. Draco come en silencio, observando por encima del humeante lomo relleno los abrazos y los baúles moviéndose de un lado a otro, y escuchando con desagrado el hilo musical por excelencia: los villancicos que el viejo Dumbledore logra imponer uno y otro año durante las fiestas de invierno.
En la mesa de al lado, la sabelotodo Granger se despide de sus amigos Weasel y Potty con un beso en la frente que casi le cuesta a Draco la respiración – demasiado rosa y pastel como para no atragantarse. La Gryffindor pasa por su lado y le mira sin disimulo, regalándole esa habitual y desagradable mueca que rezuma sangre sucia por todos los poros. Pretende mostrar algo de desprecio con esa habilidad nula que le caracteriza, piensa Draco mientras selecciona entre su surtido la mirada más irónica que puede dedicarle por encima del zumo de calabaza.
- ¿Aún no te has ido, Draco? Nott me dijo que estabas listo para salir a la una.
A su derecha se ha sentado Daphne Greengrass, blandiendo esa sonrisa suya demasiado inocente para ser Slytherin y demasiado bonita para ser Gryffindor.
- He cambiado de planes.
- Entonces creo que podemos comer juntos – afirma oliendo con los ojos entrecerrados el inmenso surtido culinario que está ante ellos. – Voy a pasar todas las vacaciones en Francia con mis abuelos, demasiado frío por aquí. ¿Tú te vas a quedar en Malfoy's Manor?
- No, voy a pasar la Navidad en Hogwarts. Mi padre acaba de avisarme – contesta Draco sin mucho entusiasmo.
- No te preocupes – le pasa una mano por la espalda, del omoplato derecho al izquierdo pasando por la columna, despacio. Draco se estremece, definitivamente NECESITA esa sorpresa de Nott. – Puedes enviarnos una lechuza cuando quieras a Theo y a mí.
- ¿A Theo y a ti? – el ceño fruncido hace reír a Daphne. Con qué poco se ríe esta chica.
- Sí, vamos a pasar unos días juntos en Francia. Nott ha insistido mucho en ver el París navideño.
Sus ojos castaños brillan por efecto de la ilusión y la alegría, y por algo más que asusta un poco a Draco. Le quiere. Joder. ¿Ver el París navideño?.¡Pero qué cojones…!
Y no es que Daphne le caiga mal. Al contrario, es distinta a la mayoría de Slytherin cercanos a él, no tiene ese aura sombría y en ocasiones tan cercana al lado oscuro que le atormenta y le sume en una vigilancia continua, esa preservación excesiva de sí mismo que impone el muro por el que Draco Malfoy es conocido. Con ella es frío y es Malfoy, pero un poco –solo un poco– más Draco que con el resto. Como ahora, cuando siente su brazo delgado y cálido rodeando sus hombros, y a pesar de la tensión y la desconfianza innata, no se aparta e intenta relajarse, escuchar la conversación, pensar respuestas elocuentes, pensar en algo más que no sea…
No lo hagas, para ya. Es una buena chica, es sangre pura, es Slytherin, es Greengrass, es preciosa… ¡por Merlín, que está con Theo!
El pensamiento se revela caprichoso e indomable en su mente y se traduce en un escalofrío que hace dar un respingo a Daphne y aparta su mano sin pretenderlo.
- Merlín, Draco, ¡no sabía que te afectara tanto el frío!
- Lo siento, Daphne – sonríe cortésmente. – Creo que ya he terminado, voy a bajar a la Sala Común. Por si no nos vemos, que tengas una feliz Navidad, Greengrass.
Y se marcha sin darle oportunidad de réplica, descompuesto como nunca ha estado, con los nervios y –por primera vez– los sentimientos a flor de piel.
Cuando llega al séptimo piso, se ha confundido varias veces de escalera, pero el ritmo frenético que ha imprimido en cada uno de sus pasos le ha permitido relajar la mente y dejar de pensar durante unos minutos. Su corazón retumba bajo la pulcra camisa que ha sustituido a la túnica mientras se apoya en una columna y cierra los ojos. Nott, piensa con intensidad, y con los ojos entreabiertos vislumbra la enorme puerta de la Sala de Requerimientos perfilándose en cada detalle ante él.
Sentado en un sofá, con un libro grueso y azul en las manos, Theodore está vestido con los vaqueros negros de siempre, su jersey de punto a rayas y en el pelo azabache el reflejo claro de la chimenea que chispea frente a él. Sus manos se deslizan por cada página y de vez en cuando estira el cuello hacia un lado, sin dejar un solo momento su lectura. Theo lee demasiado de lo que sería saludable para Draco. Es lo que comúnmente se llama un ratón de biblioteca.
- ¿Y bien, ratón de biblioteca?– la voz del Malfoy procede de la sombra de una estantería, haciendo que Nott alce la cabeza y cierre el libro despacio, aunque no sin acabar con avidez el último párrafo.
Se miran durante unos segundos, uno, dos minutos, y Draco siente como poco a poco su corazón se va sumiendo en ese estado de calma tan familiar. Es casi confianza. Es esa calidez sencilla, esa que no puede apartar de su mente en todo el día, haciéndole desear hasta el dolor un nuevo momento así. Sólo de los dos.
Se aproxima al sofá y sostiene con ansia –o lo que otros llamarían posesión– la cara de Nott entre sus manos. Le mira apenas un segundo a los ojos, sintiendo como chocan los polos opuestos, y le besa hundiéndole la cabeza en el suave respaldo, que se resiente con un leve quejido. Draco pone una, dos rodillas sobre el sofá, se deja atrapar por sus almohadones, apoya poco a poco su peso en Nott y siente la mano del Slytherin tantear despacio, casi con torpeza, la línea de carne nívea que ha escapado de la camisa al final de la espalda. El vello se eriza caprichoso y Draco arquea la columna, separando, despegando ambos labios, escuchando el rasgueado como el trazo final de la pluma sobre el papel.
Theo siente como sus músculos comienzan a relajarse, empezando por las piernas y acabando por el cuello, dejando que el sofá absorba esa relajación. Draco observa sus ojos cerrados, sus pestañas y cejas oscuras, su aspecto deshecho y algo ratonil. Agita la cabeza lentamente y sonríe.
- No es por ser inoportuno, Nott – se acerca y le habla al oído, con palabras algo turbias, como si el deseo le pesara al final de la lengua. – Ni porque no me guste, pero me gustaría conocer esa sorpresa. Llámame lo que quieras, pero esto no es nada nuevo…– dice soltando una carcajada.
- Tú lo has querido – contesta Theo encogiéndose de hombros.
Empuja a Draco y éste cae en la otra esquina del sofá de espaldas, con el ceño fruncido y la curiosidad pintada en la cara. Nott se levanta y coge una bolsa de la estantería. Cuando se gira para mirar a su compañero, las mejillas están ardiéndole.
- Me alegra saber que sigo haciendo ese efecto sobre ti – dice mientras se coloca bien la ropa, se atusa el pelo y se irgue con elegancia. – Supongo que es lo que conlleva ser guapo y follarte en mis ratos libres.
- No deberías ser tan vanidoso cuando tu boca sabe a lomo relleno – inclina la cabeza hacia delante. – ¿O es que a eso sabéis todos los tíos buenos?
- No es un mal sabor, ¿no te parece? – Nott vuelve los ojos con exasperación. Draco adopta un semblante algo más serio. – Por cierto, ¿qué es eso de que te vas a Francia con Daphne?
- Ésa es parte de mi sorpresa.
Se sienta a su lado y mete la mano en la bolsa. Pero lo que saca no cumple las expectativas de Draco. No es que no las cumpla, más bien las supera.
Y con creces.
¿Un sujetador?
Pues sí, va a resultar que Nott es aún más raro de lo que pensaba. Y más vicioso, por Merlín.
- ¿Y quién de los dos se supone que se lo tiene que poner? – pregunta Draco, incrédulo y expectante.
- Tú mejor, creo.
- Eh, Nott, esto es… - su expresión se va tornando más seria por momentos. ¿De verdad quiere que me lo ponga?.¿Y te lo vas a poner, Draco?
- Solo quiero que me eches una mano – ahora es él el incrédulo. – ¿No pensarás que…? ¡Draco!
- ¡Qué quieres que piense entonces!
- No soy un donjuán como tú, señorito Malfoy. Hay ciertas cosas en las que soy un poco torpe y tal vez tu –enfatiza el tono– experiencia me pueda ser útil – dice sujetándose el estómago, la risa ascendiendo con demasiada intensidad. – ¿Recuerdas que me voy unos días a Francia? ¡Lo del sujetador es por Daphne!
N/A: Espero que este "mal intento" de humor os haya gustado, así como ver a un Draco y a un Nott torpes y mañosos en diferentes aspectos.
Por cierto, cada vez quiero más a Daphne! Y tranquilos, va a salir más y no como un personaje meramente anecdótico ^^
Espero sus reviews!!
