N/A: ¡Hola de nuevo! Hace un tiempecito, sí... No sé. Yo creo que mis musas están locas, rly. Lo mismo no tengo inspiración en 3 meses que en un día un capítulo entero toma forma en mi cabeza. Supongo que es ley de vida, y tendré que convivir con ello siempre (o por lo menos por ahora).

Hoy traigo uno de esos chaps enrevesados, como a mí me gustan, que muchas veces dejan demasiadas cosas entrelíneas. Pero soy así, no puedo evitarlo, lo mío no es ir al grano xDD Para mí es el capítulo más sincero tanto para Draco como para Nott. Incluso para Daphne.

Recomendación musical: Thinking about you - Radiohead [http : / / www . youtube . com / watch?v (insertar signo de igual) uG3R7conSuc]

ENJOY!!


7. Ojos que no ven, corazón que no siente

Los días se suceden lentos. Y nevados. Y fríos. Pero esto es Escocia, nada de eso resulta raro. Las comidas se sirven deliciosas, a la misma hora y con las mismas personas. El castillo guarda un silencio, esta vez sí, extraño. Una soledad lejana, llena de fantasmas reales e imaginarios, que cala los músculos y llega a los huesos. Se asienta dolorosa, profundamente, y la ausencia del más mínimo sonido se une a la rutina navideña.

Todo se vuelve normal. Los villancicos, el muérdago, los buenos modales, eso sí, simplemente ocasionales. Filch sonriendo. La señora Norris ronroneando.

La Navidad lo cambia todo, eso dicen por ahí. Quince maravillosos días de buenos deseos y reuniones familiares, eso dicen.

Lo que no dicen es que en la otra cara del mundo, esa en la que la magia impera sobre buenos y malos, un mago cuya alma es un mapa de sangre derramada y corazones corrompidos, teje hilo por hilo la sombra que los envolverá a todos. Lo que no dicen es que esa conciencia, esa alma, tiene una inocencia más que cargar.

Draco Malfoy trabaja, exhausto y obcecado, en la reparación de ese objeto maldito. La Navidad de 1996 no es para él. Su casa, su familia, no están en ella, por decisión del propio Lucius. Por los pasillos ha visto pulular algún Hufflepuff, nada realmente relevante. Ninguna chica –y en circunstancias TAN especiales hasta una Gryffindor le valdría–.

Qué diablos, una chica no le valdría.

A menudo sueña que logra arreglar el armario y no son los mortífagos quienes logran atravesarlo, sino Nott, que le saluda con un acento raro y un tímido abrazo.

- Quizá no sea el momento.
- Cállate – pequeñas manos rodean su cuello sin ningún pudor. Aprietan y acarician. Se enredan. La lengua empuja. Sube. – Me encanta cómo sabes.

A menudo sueña que juega al quidditch. Que él le observa, le sonríe desde la grada. Tranquilo. Sin esa euforia plagada de testosterona. Esa euforia suya, tan Malfoy. Esa que le regala cuando sus miradas se cruzan durante una aburrida clase de Historia de la Magia, esa que le hace revolverse entre las sábanas y mirarle, solo para saber que aún sigue ahí, solo para no olvidar su suerte. Solo para recordar la calidez.

Una gota se desliza sobre la frente, otra le sigue, despacio. Perlan su piel y su mente, distorsionan su visión. Parece estar al fondo, muy al fondo, donde el agua es turbia y oscura, donde el sol apenas llega y cualquier sombra puede ser un peligro. Su pelo oscuro lo empaña todo. Es tan largo y tan cálido. Desliza la cabeza, huele, prueba. Siente su euforia.

Pero esta vez no hay rastro de testosterona.

Y a menudo evita soñar que su suerte se acaba. Se desliza entre sus manos. Esquiva. Se siente ridículo, acumula recuerdos, uno tras otro, ávido de recuerdos, de pasado. Porque no sabe hasta cuándo tendrá un pasado. Es ridículo, jodidamente ridículo. Es estúpido. Es sentimental. Y su mente se desploma, cansada, tan cansada de fingir.

Quiere un pasado. Sí, definitivamente lo quiere. Tiene que ganar la partida. El reloj corre incesante, pero ganará. No hay derrota para un Malfoy. No la hay. Y lo desea con tal intensidad que le tiemblan los sentidos. El mundo parpadea a su alrededor. Su pasado será suyo. Es lo único que no puede arrebatarle.

Lo deseaba tanto. Lo necesitaba tanto. Lo llevaba tan dentro. Le quema, ahora le quema. Su corazón arde. Están juntos. Lo deseaba, lo deseaba. Lo quería. Le quiere tanto. No puede emitir sonidos coherentes. Le enmudece. Le nubla. Su torpeza la embriaga tanto…

- Te quiero, te quiero tanto.

Es egoísta anhelar tan desmedidamente atarte a alguien. Atar de ese modo que tiene el pasado para no dejarte vivir. Pero el egoísmo no es malo, si se usa en la dosis adecuada. Solo que Draco nunca ha tomado una dosis, así que opta por lo que –según su criterio– ambos necesitan. Lo justo para que no duela tanto. Se está esforzando como nunca antes ha hecho con nada ni nadie, el armario es su sentencia de muerte y sigue siendo tan secundario que el otro lado de su mente – sí, ese que desde hace un tiempo se ha olvidado de pensar– le avisa.

Los avisos son molestos. Poco a poco el momento se acerca, y no es que no lo sepa. Solo que le quiere a él y no al armario. Se hace tan difícil soportar el tiempo vacío que Draco admite con disgusto la dependencia en que se ha sumido su vida. La doble dependencia.

Sus manos paran. Su boca se seca. Su mente activa las alertas. Demasiado dentro. Demasiado dolor para ella. No me quieras tanto, no lo hagas, por favor. Porque me sentiré obligado a reconocerlo.

- ¿Qué…? – nota las lágrimas ascender. – ¿Pasa algo? ¿Estoy haciendo algo mal?

La mira a los ojos, su iris humedecido. Cierra sus párpados con los dedos y la besa con toda esa fuerza que guarda en su interior. Deja que sienta su euforia, la une a él, el sudor los pega y los funde.

¿Algo mal? No es eso. Es todo lo contrario.

Draco llega a una conclusión. Nada es malo si se sabe parar a tiempo. Sin embargo, ¿cuál es la parada correcta? No conoce la respuesta y tampoco quiere hacerlo. Tal vez sea simple cuestión de dejarse llevar. Justo como hasta ahora. No le ha ido tan mal, Nott le ayuda a soportar la carga. Alivia su peso, le regala esas pequeñas treguas en las cuales se vislumbran promesas de un futuro mejor. Duelen demasiado. Y parece que nada tenga fin. Parece como si de verdad fuera feliz.

Es inútil intentar respirar. No queda aire alguno del que adueñarse. Solo sudor y algo de satisfacción. Ella le sonríe mientras sus ojos caen lentamente y su respiración se pausa. Se acerca a él renqueando, usando una vagueza que algo tiene de femenino y de francés. Levanta un brazo y envuelve sus hombros, notando en su pecho como aspira y expira. Huele su pelo. Sigue igual que al principio. Tal vez un poco distinto. Parece más claro. Y más corto. Tal vez demasiado corto y demasiado claro.

Solo está seguro de una cosa. Nadie podrá arrebatarle a Theodore Nott. Quizá comparta cosas parecidas a las que con él compartió en el que pronto será un pasado irrecuperable, pero nunca esa sensación única, esa unión, ese vínculo extraño. Lo que Draco no sabe es que esa es la euforia que los ata y los obliga a necesitarse. Que no es puro egoísmo lo que le mueve.

Nota la somnolencia ascender hasta la sien. Se acerca a su oído y no logra interpretar las señales que su mente y sus sentidos le envían. No logra ser consciente de qué quiere decir, las palabras se mezclan y se traban. Solo respira junto a su oído, esperando una coherencia que llega, trémula y torpe, al final de su lengua.

- No me dejes – vacila. Siente rabia. – Tú no.

Cualquiera podría saber que –por esta vez– no se trata de egoísmo. Pero él no puede ver más allá. Es esa obsesión que envenena su juicio. Nott es suyo. Ya nadie puede cambiar eso.

Nott no le dejará nunca, aunque él lo haga.


N/A: El monotema se está acabando, creo que los sentimientos han quedado más o menos definidos. Así, en los tres últimos capítulos voy a tirar más del canon, de todos los sucesos que ya saben que pasaron durante el 6º curso y tal.

La cosa se complica... ¿qué le está pasando a Nott? ¿Por qué Draco está tan seguro, aun viéndolo todo negativamente? ¿Cuán alto pueden hablar las acciones de Daphne?

Ya estoy trabajando en el 8, esta vez no habrá tanta espera =)

ESPERO LES HAYA GUSTADO, AGRADEZCO TODOS SUS REVIEWS!