N/A: ¡Hi again! Sé que hace dos semanas que dije que actualizaría un viernes, pero he tenido problemas con el Internete y con el puto Word. De todos modos, en cuanto he podido me he puesto manos a la obra, y aquí queda esto.
Recomendación musical: Muse - Plug in baby
8. El que la hace, la paga
- Estás cambiado.
- No.
- Sabes – succiona su boca con expresión crítica– distinto.
- ¿Qué te hace-
Besa golpea sus labios con el ímpetu y la necesidad que pesan al final de sus dedos, de sus ojos, de su piel. Pasa una mano por su nuca, profundiza, empuja e ignora los gemidos. Quizá sean de dolor. Poco importa, porque Nott reacciona con asombrosa rapidez, se revela y contraataca, impone su fuerza y tira de los últimos mechones de pelo blanquecino hacia atrás. Draco curva la boca en una expresión que difiere poco entre la lascivia y la diversión, le sujeta una muñeca y le obliga a llevarla hacia su erección. La desliza, obliga a deslizarla, de arriba a abajo, sin aflojar lo más mínimo la presión. Nott hace un movimiento con la cabeza, rompiendo el beso con brusquedad y se hunde en su cuello.
Un gemido de dolor y sorpresa rasga la habitación. Nott le ha mordido y lame la marca rojiza, subiendo con la lengua extendida por su mandíbula, excesiva saliva que hace brillar la carne blanca casi con obscenidad. Theodore interpone un brazo entre ambos torsos y empuja a su atacante, colocándose sobre él. Le levanta ambos brazos sobre la cabeza e inmoviliza las muñecas con una sola mano. Se acerca a su nariz, respira sobre su boca, roza sus pestañas. Draco empuja e intenta fundir sus alientos, haciendo sonreír amplia y perversamente a Nott como nunca le ha visto.
- ¿Tienes suficiente saliva? – pregunta Theodore con voz ahogada.
- He tenido tiempo de reservarme.
- Bien – mira de reojo, sopesando sus opciones. Sus ojos tienen un brillo inusual. – Porque voy a hacer que uses la lengua hasta que te duela.
Draco sonríe benévolo. Tengo suficiente para varios días.
A la hora de comer, sentada en la mesa de Slytherin, Daphne Greengrass atiende con expresión abstraída a la animada conversación que Pansy Parkinson mantiene con un grupo de compañeras. Hablan sobre la posible vuelta de Katie Bell – en palabras textuales de la maestra de ceremonias, esa horrible y poco femenina Gryffindor–. Pansy se esfuerza en exponer mil y una hipótesis, a cuál más descabellada y asustadiza, sobre el ataque a la jugadora de quidditch. No lo hace con crueldad ni por diversión, Daphne sabe que solo se trata de esa pequeña obsesión por su integridad física, pero no le interesa lo más mínimo. De vez en cuando, su amiga la mira esperando algún tipo de aprobación que ella le consiente con un leve asentimiento. A decir verdad, apenas la está escuchando. Cada día se levanta con una nueva solución al enigma, por lo cual Daphne suprime con asombrosa facilidad los episodios que ya se sabe de memoria.
Oye las voces, las exclamaciones y los susurros desde un lugar muy lejano. Uno en el cual toda esa gente se esfuma como humo de magia muggle, y vuelve a transportarse – por centésima vez desde que ocurrió – dos semanas atrás en el tiempo. Esto parece magia, una pausa ocupada por la sonrisa embelesada y los ojos luminosos, ¿crees que tal vez los muggles hayan aprendido algo de nosotros tras siglos temiéndonos? Daphne cierra los ojos. Se sitúa aún más lejos, las situaciones se vuelven poco a poco más nítidas en su mente. Casi siente poder aparecerse. Elevarse. Huir.
- Mis padres y Astoria van esta noche al centro, a patinar. Les he dicho que no nos apetece – le grita con evidente alegría desde la cocina.
- ¿Y qué nos apetece? – esboza Nott junto a su oído, haciéndole sentir un escalofrío.
Daphne nota un zarandeo brusco que le transmite un cosquilleo desagradable y le saca de su ensoñación. Abre los ojos y se encuentra a una Pansy sorprendida y disgustada a partes iguales, que le mira con obvio reproche.
- Con amigas como tú, ¿para qué quiere uno a los Gryffindor?
El grupo entero de chicas Slytherin sucede la indignada cuestión de Pansy con estridentes carcajadas. Daphne se une a ellas con una suave sonrisa que aún evidencia su falta de atención y levanta la cabeza intentando vislumbrar las puertas del Gran Comedor, por las cuales no hay ni rastro de Theodore. Vuelve su mirada hacia la mesa y empieza a comer despacio, con la mirada nuevamente perdida, masticando ralentizando la comida en su lengua, una lengua dormida, incapaz de reconocer el gusto cálido y humeante. Una lengua que extraña otros sabores, otros que también son cálidos y humeantes, y también se pueden morder, pero que tienen un color y un significado muy distinto.
El comedor se está quedando vacío y Pansy sigue a su lado, hablando de cualquier otra cosa que, una vez más, suene tan superficial como para no dejar ver quién es realmente. Las alumnas de quinto con quienes está hablando la miran atentamente, unas con expresión interesada, otras mortalmente aburridas. Daphne sabe que no está contándoles nada relevante. Nada en absoluto. Lo importante, lo suyo, lo Pansy y no lo Parkinson, es casi infranqueable. Daphne no comprende muchas de las acciones que realiza su amiga. No comprende, por ejemplo, por qué sale con Malfoy. Se lo ha preguntado muchas veces, y sigue pensando lo mismo. Pansy es guapa, líder e inteligente. Sabe cómo salir airosa de cualquier situación sin apenas despeinarse, un rasgo que desde primera hora la ha definido como una plena Slytherin. Casi podría estar con cualquier chico, serpiente o no, pero le ha elegido a él. En el fondo, Daphne siente una profunda compasión por ella. La conoce incluso mejor que a ella misma, la quiere y la necesita a su lado. Pero es consciente de que son nuestras elecciones las que definen quiénes somos, y Pansy se está decidiendo por un camino que las aleja, que alarga poco a poco y con un dolor suave, casi compasivo, la distancia entre ambas.
Sin embargo, hay una elección que se irgue como la más fuerte de todas. Siempre lo hace. Aquella en la que realmente reside nuestro poder.
- Pansy – le sonríe con complicidad – tengo que contarte algo.
- Draco.
Ambos están tumbados sobre la cama, de lado, la sábana verde hasta la cintura de Nott, Draco desnudo, de espaldas. Le habla por encima del hombro, sin poder ver la frustración en los ojos claros.
- Qué.
- ¿Me lo vas a decir o tengo que hacer uso, una vez más, de mis escasas dotes para la adivinación?
- Cállate – escupe mientras se sienta y busca sus calzoncillos.
Su dermis está surcada de marcas rojizas, alargadas, redondeadas. Algún arañazo. Las mejillas –excepcionalmente- también algo rosadas. Los pantalones se resisten a subir a la altura del muslo, el sudor irisado aún presente, y Draco salta sobre una pierna soltando pequeños bufidos que alertan de la pérdida gradual de su –poca e ineficaz– paciencia. Se dirige a grandes zancadas hacia el baño. Se oye el grifo y las pequeñas gotas salpicando furiosas el espejo.
Nott se pone también su ropa interior y suspira, resignado al maldito azar. Algo muy malo debo haber hecho en otra vida para merecer esto, piensa mientras se apoya silenciosamente en el marco de la puerta del baño.
- No me mires así – le espeta Draco con la boca llena de blanco. De esa pasta de dientes que tan ácida sabe. – O mejor, simplemente no me mires.
- Eres terco como Potter – sentencia Nott con aburrimiento.
- ¡Te prohíbo que vuelvas a decir eso una sola vez más! – ahora no está rosado, ha pasado un nivel más allá, puede que el tono más intransigente que pueda adquirir su piel. - ¡Una sola más y no respondo, Nott!
- Draco, tus prohibiciones son muy aburridas – se ha acercado a su oído, pronunciando con sorna y gozo cada una de las sílabas.
- ¿Ah, sí? ¿Tan aburrido te parezco? – y en efecto, ahí está, esa ceja alzada, arrogante y venenosa, esa que Nott tanto detesta. – De acuerdo – mete la boca bajo el grifo y se enjuaga los dientes. Le mira con una sonrisa de oreja a oreja. – Entonces seré considerado contigo y te libraré de mi soporífera presencia tanto tiempo como gustes.
Nott le dedica una mueca de interrogación y se aparta de la puerta sin dejar de mirarle. Draco sale, termina de vestirse y unos pasos amortiguados, acompañados de un silbido – ¿o está tarareando? – y un portazo, sutil pero contundente, indican a Nott que ya se ha ido.
Por la gloria de Circe.
Pansy la sigue con esa sonrisa, esa pícara y curiosa que dice a gritos cotilleocotilleocotilleo. Se sienta en la cama frente a ella y la observa con la suspicacia pintada en sus ojos oscuros, la que solo puede obtenerse tras años de arduo entrenamiento en el rumor femenino.
- No me mires así, sabes que me pones nerviosa – las mejillas de Daphne tienen un color cada vez más rojizo.
- Venga, suéltalo – la mira con exigencia y expresión crítica, intentando de alguna curiosa forma adivinar qué puede estar pasándosele por la cabeza. Resuelve con ágil rapidez utilizar EL recurso por excelencia. El recurso que nunca falla. – Vamos, si se te ve en la cara… - le dice mientras se acerca lentamente a ella sonriendo, una pizca de burla en sus labios oscuros.
- No digas eso – se cambia de cama, se sienta a su lado, y le dice, muy bajito, entre el pelo – Nott y yo…
- ¡Por fin! ¡Por fin!
Pansy se sube a la cama, salta sobre ella y lanza los zapatos por la habitación. Tira del brazo de Daphne y la sube a duras penas, haciendo caso omiso de la transparente vergüenza que asoma en el iris brillante de su amiga. La abraza y ambas ruedan por la cama, deshaciendo las sábanas por completo, y cayendo a los pies de la misma. Pansy la mira y se ríe compulsivamente, le hace burlas y forma un corazón con sus manos, haciendo que Daphne se tape la cara con la cortina.
- ¿Cuándo fue? – pregunta aún eufórica, pero se corrige al momento. – Ah, esa Francia… - su pálida cara muda el semblante, cambia hacia la mueca que evidencia ese reproche tan Parkinson. – ¿Pero cuándo pensabas decírmelo?
Daphne se ríe dejando que el flequillo tape sus ojos y Pansy le acaricia el pelo. Se pone un par de dedos en el mentón, cavilando, incubando bien las palabras que den paso a datos mucho más interesantes. Los que verdaderamente busca desde el inicio de la conversación, para qué mentir.
- ¿Y bien?
- No, Pansy – suena algo más seria – eso es algo mío y de Theo.
La susodicha suelta una estridente carcajada y se acerca a Daphne con ese aura de persuasión, esos aires de superioridad que constituyen su segundo apellido.
- Eso – hunde un dedo en su hombro – puedes reservarlo para decírselo a tu madre. – Se cruza de brazos, insolente y caprichosa a la mínima oportunidad, y la observa inmisericorde. – Conmigo, ya puedes empezar a soltar detalles o en la próxima clase te sientas al lado de Bullstrode.
En la biblioteca se respira una extraña tensión. Se rumorea que pronto Katie Bell volverá, aunque Nott no está pensando precisamente en eso. No le importa cuántos Gryffindor desaparezcan o salgan ardiendo. Ésa no es su guerra. Él es un Slytherin. Él es un alumno de Hogwarts. No es un Gryffindor, no es de los buenos, no es de los malos. Está donde está, porque es donde el destino le ha puesto. Salvar su pellejo y evitar llamar la atención ya requiere demasiado esfuerzo como para dedicarse a quienes ni siquiera conoce.
Daphne le observa desde el otro lado de la mesa. Su propia mirada está absorta en el ensimismamiento de Nott. Advierte cómo abre y cierra los ojos, su expresión concentrada, abstraída. La forma en que pasa las hojas, sin apenas leer. La mano que mantiene su cabeza, el pelo negro y opaco. Se levanta, devuelve a la estantería el volumen con el que aparenta estar estudiando, y se sienta a su lado. Él la mira y sonríe con esa figurada timidez que le caracteriza.
- Te echo de menos – le susurra Daphne paseando levemente la nariz por su cuello.
Nota en su propia piel el escalofrío de Theodore, que se gira hacia ella para besarla, pero se detiene a medio camino. Lo observa y ve aparecer una mueca en su cara que no augura nada bueno. Mira en dirección a la puerta, donde Draco Malfoy está anclado con las manos en los bolsillos y esa expresión triunfante e irónica que dibuja la comisura de su boca y la línea de su ceja. Se aleja lentamente de ellos, tarareando, y se interna en el laberinto de estanterías. Daphne se gira hacia Nott con confusión.
- ¿Por casualidad no sabrás qué bicho le ha picado esta vez a su majestad, no?
Theodore sonríe y se guarda para sí mismo la mueca socarrona y nada indiferente que su cerebro le impone, y contesta a Daphne mientras cierra el libro y se levanta:
- Asuntos de la realeza – la besa unos segundos. – Nunca se sabe.
La mira por última vez y se escabulle sin ninguna excusa coherente. Avanza por los pasillos con rapidez, casi corriendo, sudando, boqueando el aire entumecido y polvoroso que escapa entre los tomos. Llega hasta uno de los corredores laterales y se para. Gira la cabeza a ambos lados, molesto consigo mismo por acceder a los estúpidos juegos de un Malfoy y molesto con su contrincante por tener verdaderas razones – razones que ÉL mismo le ha dado– para tener tal seguridad.
Se apoya contra la pared y pasa una mano por la frente, compadeciéndose una vez más de su maldita suerte y de ese algo –sea lo que sea– que le guía ciegamente hacia un lugar que le es demasiado conocido.
- Vaya – la voz procede del pasillo frente a él – has tardado muy poco.
Nott se retira del oscuro mármol y se irgue, acercándose a él, desafiándole, mostrando estar plenamente armado si es una guerra lo que Draco desea.
- Así que era eso – le afirma con resolución. – Vamos, no es digno de ti – se acerca un poco más, salva esa pequeña diferencia de altura levantando los ojos hacia él. – Draco Malfoy, celoso – dice cambiando el tono de voz hacia un matiz más grandilocuente, con la burla brillándole en los ojos.
- Si estuviera celoso – el mentón apuntando al techo, el desdén en cada una de las palabras. Aún menos distancia. Baja la cabeza, acerca los labios a su oído. Sonríe para sí mismo. – Ahora mismo te estaría empujando contra la pared, estrujando tu cuello con una mano y arrancándote la túnica. Mordería tu jodido cuello y te marcaría hasta que lloraras de dolor. Te daría la vuelta y te follaría hasta partirte en dos. Te haría gemir incluso cuando no te quedara saliva. – respira un momento, cuidando de que Nott note su aliento exactamente donde le hace enloquecer. – Partiría cada puto hueso de tu cuerpo, cabrón.
Nott le coge por la nuca y lo empuja hacia sí, pero Draco se resiste, levantando ambos brazos. El forcejeo se prolonga durante unos segundos, saliendo ambos despedidos, el rubio hacia una estantería y el moreno hacia la pared. Respiran pesadamente, Draco masajeándose con una mueca de dolor la parte posterior del cuello y Nott haciendo lo propio con los antebrazos.
- No va a ser tan fácil, Nott –le habla bajo el flequillo, apoyándose sobre los libros. – No seas tan marica como para pensar que cederé a la primera de cambio.
- Creo que no eres el más apropiado para hablar de maricas, Malfoy –se recoloca la túnica y le habla con una seguridad y una parcialidad que Draco nunca antes le había escuchado. – Daphne no es tu problema, maldita sea. No voy a permitir que esto le salpique a ella.
- Haberlo pensado antes de follártela – escupe con rabia las palabras, incapaz de detener la vileza de la soledad. – Te recuerdo que estuve dos semanas aquí – enfatiza el reproche agitando las manos con energía – con el retrasado de Filch y los villancicos de Dumbledore sonando a todas horas.
Nott asiste a su acusación entre la confusión y la ira. Se acerca a él, apretando los dientes para intentar contener las palabras llenas de crueldad que pululan sobre su lengua.
- ¿Y qué quieres? – casi le grita haciendo un amplio ademán con ambas manos. - ¿Que estemos unidos para siempre? ¿Que nos casemos? Dime Draco, dime hasta qué punto llega tu desquicio.
- Vas a lamentar lo que acabas de decir – ha levantado la mirada, algo parecido al odio, la venganza, la agresividad ha aparecido en su rostro.
Draco se escabulle por uno de los pasillos. Nott se queda estático unos segundos, y después toma el mismo camino hasta encontrarse con Daphne. Ella le sonríe, y él siente que tal vez sea hora de volver al principio.
N/A: No saben las ganas que tenía de escribir un capítulo así... he disfrutado como una enana, en serio :)
Para más explicaciones y más frikadas, visiten mi LJ, cuyo link está en mi perfil.
¡¡Espero sus reviews!!
