CAPÍTULO 4: DÍA DE CUMPLEAÑOS.

Pensaron que no iban a poder conciliar el sueño teniendo al otro tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos, pero resultó todo lo contrario. Agotados y felices se durmieron enseguida.

Booth, arriba! Hace un día precioso!

Humm! Déjame dormir un poco más Huesos!

Ni hablar! – Dijo entrando en la habitación de su compañero y tirando de las sábanas.

Huesos, qué haces? Estoy desnudo!

Yo… Yo, lo siento, no sabía que dormías desnudo…

Bueno pues ahora ya lo sabes!

Voy a preparar el desayuno.

Llegó a la pequeña cocina sin respiración. Ese hombre iba a matarla. Cómo se podía estar tan bueno?

Mientras, Booth intentaba recuperarse de la visión del esbelto cuerpo de Huesos en un ligero camisón de gasa. Es que esa mujer quiere matarme. Cómo puede estar tan buena?

Se unió rápidamente a ella y juntos prepararon algo ligero. Esa mañana iban a ir de compras al mercadillo local para abastecerse para su cena de cumpleaños.

El mercadillo era genial. Estaba lleno de gente recorriendo los pequeños puestos de colores y había de todo. Compraron lo que necesitaban y después lo recorrieron sin rumbo fijo.

No sabía muy bien en qué momento, el brazo de Booth se había apoyado en su hombro para señalarle algo y allí se había quedado. La sensación era electrizante. Sobre todo cuando sus dedos le acariciaban el hombro desnudo como sin darse cuenta de lo que hacían.

Cuando se cansaron de dar vueltas se acercaron hasta el pueblo. Los recibió un pintoresco muelle de pescadores, y la mente de ambos voló sin darse cuenta al día en que Sully se fue navegando en el Temperance.

Esto me recuerda a Sully.

Sí, yo estaba pensando lo mismo.

Te arrepientes Huesos?

De no haberme ido con él? Para nada.

Claro, por lo de la vida insustancial y todo eso.

Sabes Booth? Odio la psicología. En realidad me quedé porque me encanta mi vida y no tengo intención de irme a ningún sitio.

Bueno, te has venido conmigo a Hawai.

Sí, pero tú eres mi vida, y contigo me iría a cualquier parte.

Pero antes de que Booth pudiera responder Brennan había visto una preciosa terraza y decidido que quería comer allí.

Vamos Booth. - Dijo tirando de su mano. - Vamos a preguntar si tienen sitio para nosotros.

Lo tenían, y la comida era deliciosa. Era todo tan fácil, tan sencillo. Como si siempre hubieran estado juntos. Como si realmente fueran una pareja. De hecho debían parecerlo, porque desde que habían llegado no habían dejado de confundirlos con unos de recién casados lo que, inevitablemente, hacía que ambos se sonrojaran.

Se está genial aquí. - Comentó Huesos mientras terminaban el postre compartido. - Pero deberíamos irnos para empezar a preparar tu cena.

Mi cena de cumpleaños, contigo, no tienes ni idea de la ilusión que me hace Huesos.

A mi también. Además tengo una sorpresa!

Una sorpresa? En serio? Qué es?

Si te lo digo ya no es sorpresa Booth. - Pero ante su increíble sonrisa no pudo resistirse.

Bueno, vale! Te he comprado un regalo!

Pero… Pero, si tú opinas que los regalos no son más que incitaciones al consumismo y no se qué más!

Sí, pero tú me has enseñado que no. Que los regalos más valiosos no son precisamente los que más cuestan.

O sea, que no me has comprado una súper tele de plasma?

Claro que no Booth, cómo iba a traer la tele hasta aquí? Pero si quieres cuando volvamos…

Es broma Huesos! Qué estabas diciendo?

Pues que nadie me había hecho nunca regalitos como los tuyos, ya sabes, Jasper, el pitufo, el árbol de navidad. - Sus ojos brillaban sólo con recordar este último y, al notarlo, Booth se arrepintió de no haber tenido, en aquél momento, el valor de pronunciar las palabras que luchaban por salir de su garganta, pero aún ahora le daba miedo pensar en ello. - Y esta vez quiero ser yo la que te de algo especial a ti.

Huesos, sólo con pasar esta noche contigo me considero el hombre más afortunado del mundo.

Pasar la noche conmigo?

Me refiero a cenar juntos y eso.

Ah!

Bueno, y cuándo me vas a dar el regalo?

Después de cenar.

Ahora que lo pienso. Todavía no me has felicitado Huesos!

Dijiste que habías nacido a las diez de la noche así que, estrictamente, hasta esa hora aún no es tu cumple.

Tendré que esperar entonces. - Dijo mirándola pícaramente.

Pues si, venga vámonos.

Volvieron al bungalow y prepararon la cena entre los dos. Cuando por fin todo estaba en el horno, se sentaron en el porche con unos zumos tropicales a disfrutar de la tarde.

Creo que podría quedarme a vivir aquí Huesos.

Bueno, a vivir no, pero podríamos venir de vez en cuando o, mejor aún, deberíamos viajar más. Ya sabes, conocer todos los lugares maravillosos que hay en el mundo. España, por ejemplo, me encantaría ir a España, a ti no te gustaría? Tal vez en las próximas vacaciones.

Estás haciendo planes para unas próximas vacaciones? Conmigo?

Bueno, creo que nos lo estamos pasando muy bien. Es evidente que no sólo somos un buen equipo en el trabajo sino también en otros campos, así que por qué no vamos a profundizar en ellos?

Si, por qué no? – Brennan tenía la impresión de que se estaba perdiendo algo por la cara que ponía Booth, pero casi prefirió no preguntar.

Por qué no me das mi regalo ahora? Ya no aguanto más!

Booth eres como un niño pequeño. Está bien!

Entró en el bungalow y volvió a salir con un pequeño paquete. Se lo dio a Booth y se sentó a su lado. Booth estaba tan contento que no pudo evitar reírse.

Pero si ni siquera lo has abierto todavía! No sabes si te va a gustar!

Se que me va a encantar Huesos. Porque me lo has comprado tú.

En realidad no te lo he comprado.

No?

No. Te lo he hecho. Y ábrelo con cuidado porque se puede romper.

Ahora si que se moría de curiosidad. Aún así abrió el paquete con infinito cuidado, y cuando vio lo que había dentro se le llenaron los ojos de lágrimas.

Era un pequeño nacimiento con las figuras de San José, La Virgen y el Niño, perfectamente esculpidas en barro y pintadas de vivos colores.

Te… Te gusta? - Preguntó Huesos con aprensión.

Él no podía responder. No confiaba en que no se le quebrara la voz así que, simplemente, dejó el diminuto portal en una mesita, llevó una mano a la carita que lo miraba impaciente, y le dio un suave beso en los labios. Luego la soltó, volvió a coger su regalo, y siguió mirándolo embelesado.

Ahora era Brennan la que estaba sin habla.

Eso, eso… Quiere decir que te gusta?

Me encanta Huesos, es el regalo más bonito que me han hecho nunca.

Ya se que aún falta un poco para navidad, pero quería que lo tuvieras antes para que lo pudieras poner este año. Pensé que a Parker le gustaría y bueno, si quieres, para navidad te puedo hacer alguna figurita más. Tal vez los reyes o los pastores. Lo que quieras. Me relaja bastante esto de la alfarería y… - Sabía que estaba hablando sin sentido pero no podía parar.

Pero tú no crees en nada de esto Huesos, cómo se te ocurrió?

Bueno tú si crees, y yo de pequeña tenía uno y me gustaba bastante, no por el aspecto religioso pero las figuras eran tan bonitas. No se qué fue de él y pensé en hacer uno, pero como no tiene sentido ponerlo en mi casa, se me ocurrido regalártelo y así, por lo menos, podré disfrutarlo en la tuya.

Es una idea maravillosa. Podemos ir aumentándolo cada año, y ya verás qué divertido es decorar la casa y, a lo mejor, incluso podemos hacer una cena todos juntos, ya sabes con tu padre, Russ y su familia, y Parker, tú y yo. Tal vez no el mismo día de navidad, porque Parker tendrá que estar con su madre, pero otro día. Da igual. La cuestión es estar todos juntos. Qué te parece?

Ahora era ella la que casi lloraba. Tenía una verdadera familia. Por fin! Y eso era todo en lo que necesitaba creer.

Huesos estás llorando???

No, no, es sólo que estoy tan contenta de que te guste que…

En ese momento el reloj dio las diez y Brennan saltó como una cría dando palmas.

Es tu cumple! Es tu cumple! FELICIDADES!!

Jaja, vale, vale, estás tú más emocionada que yo pero… No me vas a dar ni un abrazo?

Brennan se arrojó en sus brazos y él la estrechó con fuerza. Pasados unos instantes, Booth enredó sus dedos en el suave pelo de Brennan y ella se acurrucó aún más contra su pecho.

Booth?

Si?

Este es un abrazo de tíos?

Jaja, me temo que no Huesos.

Ya me parecía.

Sabes qué Huesos? Ninguno de los abrazos que te he dado han sido abrazos de tíos. - Ella se separó, sorprendida, lo estrictamente indispensable para poder verle los ojos. Le brillaban divertidos.

Pues sabes qué Booth? - Volvió a esconder la cara en su hombro para atreverse a decir esto - El beso que te di bajo el muérdago no era un beso de hermano.

Booth se moría de risa.

Ya me había dado cuenta Huesos!! Creo que nadie, nunca, me había besado con tanta pasión.

En serio?

En serio.

Y, entonces… Qué hacemos ahora? - En su voz había una mezcla de angustia y expectación que hizo temblar a Booth.

Ahora vamos a tomarnos mi cena de cumpleaños… Y después ya veremos - Le susurró al oído.

Vale.