CAPÍTULO 5: NOCHE DE CUMPLEAÑOS.

Cenaron en el mismo porche. Con el ruido del agua de fondo y la iluminación de la luz de la luna. Cuando acabaron el segundo plato, Booth extendió su mano sobre la mesa y cogió la de Brennan. Ella se estremeció de placer. Booth sonrió.

Gracias Huesos, ha sido, sin duda, el mejor cumpleaños de mi vida.

Pues aún queda lo mejor!

Qué??

La tarta!!

La tarta, claro! Qué si no?

Brennan entró un momento y salió con la increíble tarta de chocolate y nata que habían comprado en la pastelería del pueblo y dos velas con los números 3 y 6.

Huesos, te dije que no quería velas!

Oh, vamos Booth! Tienes que pedir un deseo y apagar las velas!

Estááá bieeen… Voy a pedir…

No! No puedes decirlo! Si lo dices no se cumplirá!

Nunca pensé que fueras supersticiosa.

No lo soy, pero es una tradición. Me gustan las tradiciones, soy antropóloga. Me dan seguridad.

Ya no necesitas las tradiciones para eso. Ahora me tienes a mí.

La parte feminista de Brennan se dispuso a proclamar que no lo necesitaba, que era autosuficiente, pero un súbito pensamiento la hizo callarse. Es cierto, no lo necesitaba… Pero lo quería, y precisamente porque ese deseo no tenía nada que ver con la necesidad, porque era libre e independiente, la dejó sin defensa posible.

Tienes razón Booth, ahora te tengo a ti, pero aún así me gustan las tradiciones, la única diferencia es que ahora las quiero compartir contigo, así que… Pide un deseo!

Lo hizo, mirándola intensamente, y luego apagó las velas.

Qué has pedido?

Pero no me acabas de decir que si lo digo no se cumple??

Es verdad.

Aunque, sabes qué? Estoy seguro de que se va a cumplir. Ven aquí Huesos.

Y sin más, la rodeó con sus brazos y la besó con pasión. Cuando por fin se separaron, la cogió de la mano y la arrastró hacia dentro.

Espera Booth!

Qué pasa?

La tarta!

Me da igual la tarta Huesos!

Pero es tu tarta de cumple, deberíamos probarla por lo menos.

Está bien. Trae la tarta.

Dejó la tarta sobre la mesa del saloncito y, sin más contemplaciones, aplastó a Brennan contra la pared. Este si es un gran regalo de cumpleaños, pensó mientras le besaba el cuello e introducía las manos por debajo de su top.

Brennan gimió al contacto de sus labios y apartó la cabeza para facilitarle el acceso, mientras luchaba por hacer desaparecer el obstáculo ente ella y el paraíso que representaba su camiseta.

Booth se dio cuenta, se separó un poco y se quitó la camiseta. Las manos de Brennan volaron sobre su pecho y las de él tuvieron envidia.

Tú también, Huesos.

No hizo falta que se lo pidiera dos veces. El top de Brennan siguió el mismo camino que la camiseta y los dos se miraron respirando dificultosamente.

Luego se abalanzaron el uno sobre el otro. Labios con labios, labios con piel, piel con manos.

Huesos introdujo las manos en la parte posterior de su bañador y, cogiéndole las nalgas, lo apretó contra ella. Eso fue más de lo que Booth podía soportar.

Se deshizo de su falda y de sus propios shorts y se apoyó en un brazo estirado sobre ella contra la pared.

Huesos, en ropa interior, admiraba el espectáculo que tenía delante y temblaba sin poder evitarlo.

Booth sonrió una vez más y la acarició por encima del suave algodón blanco. Brennan se quiso fundir con esas manos pero ya habían desaparecido, aunque sólo para desnudarla completamente y dejar que su lugar lo ocuparan unos aún más traviesos labios.

Cuando sintió la boca de Booth en sus pechos las rodillas le temblaron, e incapaz de aguantar más la presión lo empujó hasta el sofá y se sentó sobre él.

Huesos tranquila.

Tranquila! Llevo tres años esperando por esto! No puedo estar tranquila!

De acuerdo!

Le cogió las nalgas con las manos y, sin dejar de besarla, la elevó hasta colocarla donde quería. Luego la soltó para que ella controlara el descenso.

Brennan se demoró un poco, disfrutando de la sensación, y luego lenta y conscientemente, sin dejar de mirarlo, lo rodeó con su cuerpo.

Él la apretó contra si, impidiéndole moverse, mientras le susurraba dulces palabras sin sentido.

Pero Brennan no soportó mucho la inactividad y, con un simple movimiento de caderas, le hizo gemir su nombre.

Animada por su respuesta, y por su propio estado febril, empezó a deslizarse sobre él.

Booth inclinó la cabeza sobre el respaldo del sofá y cerró los ojos pero, pensando en lo que se estaba perdiendo, los abrió.

La visión de Huesos, desnuda, sobre él, con sus propios ojos cerrados y gimiendo de placer casi acaba con él, pero consiguió controlarse y empezó a acariciarla, a besarla.

Sus atenciones hicieron que Brennan aumentase el ritmo, y tuvo que hacer otro esfuerzo sobrehumano para no dejarse llevar.

Booth!

Qué Huesos?

No voy a aguantar mucho más!

Genial, porque a mí me tienes al borde del abismo.

Ella abrió los ojos, confundida.

Que me vuelves loco Huesos, y quiero ver cómo terminas para mí.

Sus palabras lo precipitaron todo y Huesos se agarró a Booth con fuerza, mientras el orgasmo la atravesaba y se mezclaba con el de él.

Luego, temblorosa, se dejó caer en su pecho.

Booth consiguió reunir algo de fuerza y la arrastró con él a una posición más cómoda y así, acostados en el sofá, de lado, con Booth abrazándola por detrás y ella cogiendo sus manos, se quedaron dormidos.

Huesos se despertó unas horas después. Estaba feliz y no recordaba por qué. Entonces sintió el calor en su espalda y su vientre. Booth! Estaba con ella! Por fin! Extendió una pequeña manta sobre ellos y siguió durmiendo.

Por la mañana, sin embargo, fue Booth el primero en despertarse. Algo le hacía cosquillas en la nariz. Oh, Dios! Era el pelo de SU HUESOS. Hundió la cabeza en él y la estrechó con fuerza contra sí.

Humm!

Buenos días preciosa!

Buenos días!

Cómo has dormido?

Como nunca.

Brennan se dio la vuelta hacia él y ahora fue ella la que lo abrazó hasta casi estrujarlo.

Esto es real, verdad? Quiero decir… No te vas a ir a ningún sitio? Vas a estar siempre conmigo?

Siempre Huesos. Siempre voy a estar contigo. Como hasta ahora. Para siempre.

Para siempre.

Le gustaba como sonaba aquello. Sabía que era imposible pero, después de todo, lo que había pasado esa noche no había sido casi un milagro?

Y encima tenían tarta de chocolate y nata para desayunar! La felicidad absoluta, jaja!