A todos los lectores les debo una disculpa por haberme ausentado tanto tiempo y pues por no haber actualizado mis historias, asta ahora me di un tiempo y créanme necesitaba desquitarme escribiendo algo, intentare no retrazarme tanto con el único favor que les pido de recordármelo.
Truco y Trato"no puedo creer lo rápido que aceptaste querida" dijo al volverse a poner los lentes para mirarme con una sonrisa falsa.
"no soy tu querida... y me interesa la información que te puedo sacar...así que habla"
"jejeje... mis años de experiencia me dicen que... no hay peor enemigo del cual se deba uno cuidar que una mujer inteligente... te veré mañana a la misma hora... tráeme tu historia y yo te daré lo que quieres.."
su actitud me molesto, solo me incorpore de mi asiento y camine hacia la salida, ya no me interesaba nada. Todavía faltaban horas para que el sol saliera, pero la falta de sueño de las ultimas noches me había agotado. Necesitaba descansar un momento.
La torre estaba bañada en oscuridad, todos los espectros que la rodeaban dormían, asta el joven maravilla descansaba, tratando de olvidar lo que era para tratar de llevar una vida normal. Pero había algo que no estaba bien. Faltaba alguien. Alguien que seguía sus andadas esa noche fría.
El olor no me molestaba, la humedad menos, tampoco la compañía. Los lycanos tenían una vida simple, peleaban entre ellos y apostaban al mejor, los ganadores gastaban sus premios en sus pequeños vicios, drogas, alcoholes baratos o placenteras compañías, orgasmos de alquiler que solo saciaban su lujuria llenando de sangre la cama para reírse en la cara tiesa de sus pobres victimas.
Me sentía cansado de aquel circo, solo quería llegar a la torre y tumbarme sobre mi desarreglada cama.
"te sientes bien joven verde?" dijo lycano acercándose a paso lento y tambaleante con una botella de cerveza en la mano.
"si, solo algo cansado... regresare a la torre... solo estoy pediendo el tiempo aquí" me levante de la silla de tubos metálicos para comenzar a caminar a la salida del callejón, pero el sonido del cristal roto llama mi atención, mi vista se desvía ligeramente notando pequeños ríos de licor sobre la pared y algunos pedazos relucientes de vidrio empapados de este sobre el suelo.
"jejejeje... no aprendes nada joven cachorro por que no saber poner atención" lycano se acerco lentamente hacia, no estaba borracho, solo fingía estarlo, sus ojos no mostraban cansancio y sus pasos no eran torpes sino ágiles.
"será mejor que tu también vayas a descansar" murmure al mirar su silueta acercándose hacia mi, luego se detuvo me puso la pesada mano en el hombro y con una sonrisa que desenmascaraba sus colmillos me abrazo, al principio creí que solo estaba jugando, pero poco a poco fui perdiendo el aliento, mis huesos comenzaron a tronarse y no podía agarrar suficiente aire. Intente zafarme pero el no cedió. Inmediatamente me transforme en una serpiente, pero el me tomo de la cabeza y la cola para comenzar a estirarme con fuerza. Mi cuerpo reacciono y me transforme en un gorila pero el rápidamente salto sobre mi y me sujeto de los puños contra la espalda en una incomoda pose que me obligo a cambiar en un león, pero lo volvió a hacer, de una forma o otra no importaba cuanto cambiaba el encontraba la forma de inmovilizarme, asta que me rendí, tome mi aspecto normal y el solo me soltó.
"y... ¿que aprendimos hoy?" dijo para sacar un pequeño cigarro algo arrugado y maltratado para encenderlo y pasárselo por el labio expulsando suavemente el humo del tabaco.
"que me va a doler mucho en la mañana" dije adoloridamente robándome la cabeza intentando entenderlo, pero el en una sonrisa burlo me miro y luego a los demás.
"la confianza amigo... la confianza... algo tan valioso pero a la vez destructivo, debes aprender en que confiar y cuando confiar"
"a que te refieres solo me pateaste el trasero"
"numero uno confiaste en un indefenso borracho, numero dos te confiaste en tus fuerzas y numero tres te confiaste en tus poderes...es cierto que no tenemos limites y podemos hacer lo inimaginable pero...también tu oponente... tenlo en mente"
"gracias por la enseñanza pero no era necesario tanta violencia"
"jajajaja... lo es... es este mundo siniestro si no eres fuerte no sobrevives... ahora vete te quiero aquí mañana ara un trabajo especial"
"si, si como sea..." dicho esto me transforme en un halcón y salí rumbo a la torre.
Mi suave descenso sobre la azotea solo fue acompañado del eco de mis pies al chocar contra el suelo, entre a la t de concreto mientras esta se bañaba en oscuridad haciendo cada sombra una figura en un baile atroz mientras la luna se filtraba por los cuadros de cristales pálidos, entre a mi habitación tan tranquila y silenciosa, me tumbe en la cama tratando de conciliar el sueño. Pero no podía, mis párpados pesados no se juntaban para perderme en la inconciencia del mundo de nunca jamás.
Me quede pensativo, sumergiéndome en los confines absolutos de mi mente asta que sentí un llamado, un eco alejado de una voz femenina pidiéndome ayuda. Me incorpore pensando que era tal vez mi imaginación pero la voz se hizo mas fuerte y desesperada. Me levante y salí de mi habitación buscando una respuesta pero poco a poco me daba cuenta que la voz no venia de la torre si no de la ciudad. Silenciosamente salí de mi cálido hogar y volé rápidamente hacia donde podía escuchar el grito, el cual se hacia cada vez mas fuerte.
Al poco tiempo pude vislumbrar a una joven la cual corría rápidamente tratando de salvar su vida de dos tipos en motocicleta, los jóvenes armados con cadenas se divertían haciendo piruetas a su alrededor espantándola haciendo que el miedo fluyera por su cuerpo.
Sin pensarlo me transforme en un gorila y salte a la primera motocicleta tirando al joven que estaba en esta para estrellarla contra la segunda y saltar asta donde estaba la chica para tomarla de la mano y salir corriendo.
"vamos rápido!!!" la chica me obedeció, era una joven hermosa de cabello castaño claro sus ojos eran verde turquesa y su piel blanca. Vestía una minifalda negra con una camisa blanca ceñida al cuerpo y una chaqueta negra que combinaba con la falda, sus botas asta la rodilla eran de tacón alto de lo que parecían ser Andrea, y su piel emanaba a Chanel. A los pocos minutos doblamos en una esquina, pero al percatarme que nadie nos siguiera el olor de la pólvora me despertó y pude sentir como el piquete del acero hería mi cuello mientras mi vista se volvía borrosa y caía al suelo completamente inconsciente.
continuara
