El veneno
"dime Sagitarria ¿que estamos esperando?" podía escuchar una voz masculina y metálica, mi oído se había agudizado desde mi transformación y podía escuchar mas allá de lo que oía antes.
"a que despierte Valdox… si lo matamos ahora, no sabremos donde están esas bestias y decepcionaríamos a la jefa" el susurro de la voz femenina en la que me perdí horas tempranas golpeo el ambiente mientras trataba de abrir mis ojos lentamente, la luz los inundo, mientras los pocos reflejos distorsionados y borrosos tomaban forma ante mi para mirar a la joven. Sus brillantes ojos turquesa tenían ese brillo maliciosos que resaltaba en la oscuridad que adornaba la habitación, la única fuente de luz eran los ojos de Valdox, un joven alto y moreno, su complexión musculosa y su cuerpo estaban cubiertos por extrañas ropas metálicas que me recordaban a mi viejo compañero, sus ojos brillaban de un amarillo intenso como dos pequeños faroles, mientras esa luz recorría mi cuerpo buscando algo.
"¿Quiénes son ustedes?... ¿Qué quieren de mi?" logre liberar en una voz débil, buscando una luz de fuerza en mi interior pero mi cuerpo pesado solo podía obedecer a la ansiedad del colapso y el cansancio.
"me sorprende que sigas con vida… después de todo el sedante que te di era una potente combinación de venenos" dijo Sagitarria antes de sujetarme de la barbilla y examinarme. "me sorprende… que espécimen mas interesante y a la vez… tan…"
"no vale la pena perder nuestro tiempo en hibrido-morpho del clan lycano… hay que matarlo de una vez y buscar a los grandes" la voz de Valdox se alzo, mientras la joven solo daba una risita casi inaudible examinándome los ojos mientras los suyos se volvían blancos. "¿Qué es tan gracioso?"
"que aunque esta sea una presa pequeña… tiene gran valor… sabe donde podemos encontrar al alfa de los lycanos… también tengo sospechas de que sabe donde podemos encontrar una presa vampirica" mis ojos no pudieron ocultar una expresión de sorpresa ante sus palabras, podía sentir sus dedos rozando mi barbilla para soltarme y mirarme sádicamente. "Valdox, analízalo dime que obtienes y si es necesaria la violencia para sacarle información… no lo mates"
"como ordenes" Valdox se acerco a mi para sacarme una muestra de sangre y alejarse en la oscuridad, me quede en completa soledad cubierto por barrotes de miedo y ansiedad, sentía toda la adrenalina recorriendo mi cuerpo, enloqueciendo mis sistema nerviosos, mientras mis músculos pesados pero plásticos solo sentían el cansancio. No paso mucho rato asta que Valdox apareció entre las sombras, manteniendo una distancia amenazante e imponente dejando relucir una estatura de 2.10.
"Sagitaria no quiere que te mate, pero nunca dijo que no te podría lastimar tortuosa, lenta y dolorosamente" su mano izquierda aprisionaba algo, algo pequeño y de cristal pude notar el un pequeño brillo que se asomaba entre las cortinas carnosas de sus dedos. Lentamente fue liberándolo mostrándome un pequeños frasco con un liquido rojizo. La pequeña prisión de cristal impedía que escapara algún olor o gota errante de liquido que pudiera distinguir. "¿sabes que es esto duende?"
"no se, ni me importa" solté un fuerte grito, mientras mis cejas se clavaban sobre mis ojos, mostrando una expresión furica de mi estado ansioso por quererme liberar de mi prisión.
"debería de importarte duende, esta pequeña gota de sangre, contiene la suficiente información genética que puede crear el veneno mas poderoso, pero… este veneno no afectara a nadie mas que a ti, con el simple rose de tu piel, sucumbirás hasta la muerte" solte una pequeña risa inaudible mientras mi rostro se distorsionaba en una sonrisa, casi espeluznante ante la poca luz que había en la habitación.
"si mal no recuerdo, la mocosa dijo que no me mataras"
"ho si, pero no dijo que podría torturarte con mi pequeña contribución a las artes oscuras y ciencias mágicas" sujetando mi brazo con fuerza procedió a tomar una especie de varilla, una luz roja brillaba desde su punta mientras que este pequeño ojo al contacto con mi piel, derritió inmediatamente las capas superiores abriendo una pequeña herida, después de esto coloco un parche que se congelo con mi sangre, volviendo a regenerar mi piel instantáneamente.
"grrr… ¿Qué rayos estas haciendo?" mire rápidamente con la sensación picante de mi piel al sentir el rayos y el parche penetrar mi piel, mientras sentía como dejaba caer una gota de veneno sobre esta herida.
No habían pasado ni el segundo cuando mi mundo se oscureció, sentía el aire, sentía el calor y el frió aprisionando mi piel, pero nada a mi alrededor, era como si mi mundo se hubiera destruido y una inmensa sobra de tinieblas hubiera cubierto con su manto todo mi alrededor. No sentía dolor, no sentía miedo, mas bien la fría de un sentimiento inexistente que carcomía mi pecho congelantemente, mandando sensaciones estáticas y heladas por todo mi cuerpo. Un vació recorría mi mente y mi cuerpo en una horrible sensación estática.
La oscuridad era inmensa hasta que pude percatarme de varios pares de ojos rojizos rodeándome, pequeños flashazos de luz descubrían a animales en los que me había transformado a lo largo de mi vida, todos verdes y con una aspecto feroz. Cada uno lanzándose soltando un rugido desgarrador, rasgando mi piel, destrozando mi cuerpo en terribles notas de dolor con cada rugido y aliento soltado por los feroces. Mi piel contra las fauces y las garras gritaba a sangre la música del dolor indescriptible mientras de mis labios no se liberaba ningún sonido.
Las imágenes se fueron como vinieron despertando en una calida y suave cama, mis manos eran mas pequeñas, eran las manos de un niño mientras que mis ropas miniaturas acopladas a mi cuerpo eran de divertidos colores, de pronto a mi desordenaba habitación entro la visión de una imagen que creí no volver a ver. Mi querida madre entraba con su amplia sonrisa y se acercaba a mi cama para saludarme a un nuevo día como lo hacia siempre. Su rostro era tan hermoso y angelical como recordaba, pero sus arrugas cada vez mas se marcaban en su piel desfigurándola lentamente como la será al fuego. El calor inundaba la habitación mientras que de mi madre solo quedaba un charco de lo que solía ser, marcado en el suelo de mis recuerdos mientras estos se volvían más lejanos como mis pesadillas.
Creía estar en el suelo abrazándome a mi mismo sin sumergido en la tristeza el dolor y la agonía, mi cuerpo cubierto por mi propia sangre estaba desnudo y casi podía sentir heridas reales abriéndose con cada movimiento de mis músculos. Sus manos calidas, las caricias de aquellas manos eran una sensación tan delicada como el de una rosa contra el concreto, tan suave como la seda, mis ojos podían distinguir su silueta desnuda junto a mi, quería abrazarla en ese momento, pero temía lastimarla, temía mancharla con la sangre de mis heridas, y de mis miedos el pánico domino mis huesos fríos en otro nivel de dolor.
"¿y bien Valdox?" podía escuchar la voz de la joven en mi mente como un eco silencioso.
"jeje… fue fácil… todo lo que necesitas esta aquí Sagitaria"
El pequeño reloj resonaba en su tic tac de horas en el viejo reloj, las pequeñas nubes de vapor de los cafés resaltaban en la luz tenue del café mientras una joven ya conocida esperaba a su acompañante. Hasta que sus ojos encontraron lo que buscaba con tanto esmero, el joven vampiro de cabellera castaña, en una mesa en la oscuridad de las sombras.
"hola querida… me trajiste lo que te pedí" dijo el joven recargándose en el respaldo de su silla mirando a la joven dama oscura, la cual metía su mano en su capa mostrándole un pequeño libro con pasta rojiza. "perfecto… puedes hojearlo un poco" la joven oscura sacudió las hojas frente al vampiro comprobándole que cada pagina estaba escrita delicadamente mientras la joven guardaba rápidamente el libro antes de que David pudiera tomarlas.
"dime antes lo que quiero saber"
"muy bien… un trato es un trato querida" susurro mientras tomaba sus lentes para limpiarlos
Continuara
Y como dije antes… volví… para quedarme… quien sabe…
