Harry miraba a su maestro sin saber qué hacer, tal vez debía irse, pero si no terminaba su castigo tendría que hacerlo por muchos días más. Y eso sí sería una tortura... Así que inicio una vez más a revisar las pociones y anotar el resultado en el pergamino. El tiempo pasaba y el ojiverde miraba de reojo a su maestro, pensando que dormido se veía... ¿hermoso?
Un año antes el Gryffindor se había dado cuenta que los chicos le atraían, por lo que tuvo su primera relación amorosa con un chico de Ravenclaw. Aunque nadie se había enterado ya que habían decidido que se quedara en secreto, ni siquiera Ron y Hermione sabían. Sin embargo esa relación termino cuando Harry caminaba por uno de los pasillos del castillo y para su sorpresa se encontró con su novio y otro chico en una situación muy comprometedora. Por lo que termino con él.
Y ahora estaba ahí, junto a su maestro, observando un lado que no sabía de él. Se dio cuenta de que había terminado de revisar las pociones, por lo que dejo el pergamino sobre la mesa y por última vez lo volteo a ver para después salir de la habitación. Entro a la otra y observo una túnica en el sillón... ¿habría estado cuando él estuvo ahí?
Se acerco hasta el sofá y tomo la túnica, podía percibir un aroma agradable por lo que sin pensar en lo que hacía la acerco a su rostro e inhalo aquella fragancia... cerró los ojos disfrutando de ese momento.
– ¿Qué cree que hace Potter? –Cuestionó Severus observando como el menor tenía una de sus túnicas, Harry abrió los ojos sorprendido para voltear a ver a su maestro, observando que volvía a tener su expresión de fastidio
–Y-yo... b-bueno –balbuceaba mientras sus mejillas se sonrojaban
–Deme eso –ordenó extendiendo su mano, el menor le dio la túnica mirándolo a los ojos –puede irse –dijo de mal humor.
Observo como el Gryffindor salía y recordó el sonrojo de éste y la manera en que lo había encontrado
–Potter –dijo en voz alta dejando la túnica sobre el sofá –al menos termino su castigo –comentó entrando a su habitación.
Se recostó en la cama dejando que sus pies tocaran el suelo, su cabello se había regado por el colchón y su mirada estaba en el techo recordando lo que minutos antes había estado soñando
–Todo estaba perfecto... pero apareció él –susurró apretando los puños
Harry caminaba de regreso a la sala común, cuando llego descubrió que sus amigos aún lo esperaban
– ¿Cómo te fue? –Cuestionó la castaña levantando la mirada del libro que estaba leyendo
–... bien –respondió sonriéndole mientras caminaba hasta sentarse frente a ellos
–Tardaste mucho... Snape sólo nos hace la vida imposible –exclamó Ron que estaba jugando con cartas explosivas
–... ustedes, bueno –decía Harry logrando que lo volvieran a mirar –piensan que Snape pueda... ¿le pueda gustar alguien? –Preguntó intentando parecer indiferente.
Sus amigos lo miraron sorprendidos, pues no esperaban esa clase de pregunta, era raro que el ojiverde se interesara por la vida sentimental de un profesor y sobre todo de Severus Snape.
– ¡Por supuesto que no! –Gritó el pelirrojo haciendo que las castas le explotaran –en todo caso... ¿quién en su sano juicio se interesaría en él? –Cuestionó arrugando el entrecejo para comenzar a recoger las cartas
–Ron no digas eso –regañó la castaña –ahora que lo dices –dijo llevando su mano a su mentón –en varias ocasiones lo he visto con la profesora de astronomía –finalizó encogiéndose de hombros.
Sin saber el porqué Harry al escuchar las últimas palabras sintió coraje, quedándose callado meditando porque sentía eso
–Bueno Harry ¿por qué preguntaste eso? –Interrogó Hermione con una ceja levantada
–... eh –dijo el ojiverde mirándola
– ¿Por qué preguntaste eso? –volvió a repetir su amiga
–Curiosidad –respondió levantándose –será mejor irnos a dormir –diciendo esto se fue a su habitación dejando a sus amigos no muy convencidos de su respuesta.
