-Inexplicablemente Perfecto-
Capítulo 02
A la mañana siguiente, después del desayuno, se podían oír ruidos de batalla en el dojo del palacio. Cualquiera que pasara por ahí pensaría que se estaba llevando a cabo una batalla campal entre dos demonios. Sin embargo, la realidad era muy diferente y todos en el castillo estaban acostumbrados a ella.
Seshoumaru atacaba con fuerza y rapidez mientras Rin intentaba defenderse como podía. Sus espadas volvieron a chocar y Seshoumaru le lanzó una patada. Rin lo vio a tiempo y consiguió esquivarla saltando hacia atrás y cayendo en la otra esquina de la habitación. Seshoumaru y Rin intercambiaron miradas frías y analíticas esperando el momento oportuno para atacar. Al instante, ambos corren hacia el contrario con las espadas listas. Unos segundos antes de volver a chocar las espadas los dos se detienen bruscamente y giran la cabeza hacia la entrada del dojo.
-Entra, Soujiro. –la voz de Seshoumaru se dejó oír fuerte y grave.
-Señor, –un demonio con toda la pinta de volver de una misión apareció arrodillado en la entrada de la estancia, a la espera de poder dar su informe. –hay ciertos disturbios en los alrededores.
-Llama a Yashamaru y reuniros conmigo en mi despacho.
-Si señor –acto seguido el demonio desapareció.
-Rin, se acabó el entrenamiento. Refréscate y cámbiate de ropa. Te estaremos esperando, no tardes.
-Sí señor.
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Momentos después Seshoumaru estaba en su despacho acompañado de sus consejeros de guerra.
-Seshoumaru-sama, no creo que debamos pasarlo por alto. –la voz de Yashamaru sonaba ligeramente alterada. –Aunque solo sean rumores no sería bueno que se salieran de control. Deberíamos asegurarnos.
-Pero Yashamaru, ¿quién sería tan estúpido como para causar revueltas en las tierras del Señor del oeste?
-Rin, no digo que sea verdad. Personalmente creo que solo un suicida sería tan temerario como para cometer un acto tan estúpido, pero el pueblo sí que se lo cree y dejarlo estar sería peligroso para la reputación del Señor.
-Eso podría ser cierto, pero si desplegamos las tropas por una nimiedad así se podría tomar como si tuviéramos miedo, y eso sí que sería una mancha en la reputación del Señor.
-Pero si no hacemos nada…
Seshoumaru escuchaba con tranquilidad la discusión de sus consejeros desde su escritorio. El que discutieran como niños hasta el punto de casi hacerse burla por un tema tan simple le resultaba hasta cierto punto gracioso.
-Rin.
-¿Señor?
-Forma un grupo con tres de tus hombres más discretos e investigad por los alrededores. Sed tan sigilosos como sea posible. Evitad que os vean y así nos aseguraremos sin que haya rumor alguno.
-Sí señor.
Yashihiro, que se había mantenido al margen durante la conversación, levantó la vista y se dirigió a Seshoumaru con preocupación.
-Pero señor, el Señor Hidesuke vendrá con su hija dentro de una semana para formalizar el compromiso. Si la dama Rin no se encuentra definitivamente sospechará que algo va mal y podría replantearse el matrimonio.
-Rin es perfectamente capaz de resolver el asunto en una semana. Para cuando llegue Hidesuke, Rin estará aquí. Rin.
-¿Sí señor?
-No importa donde estés o como vallas en la investigación, lo dejarás y estarás aquí para la semana que viene, ¿entendido?
-Sí señor.
-Bien, prepara todo lo que necesites.
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En las puertas del palacio se podía ver a tres soldados a la espera de su capitán y saber la razón de haber sido convocados de forma tan repentina.
-¿Por qué nos habrá llamado la capitana? Oye Ryoma-niisan, ¿tú lo sabes? –el que parecía ser el más joven preguntó con impaciencia al más serio del grupo.
-¿Eres tonto o qué Kurama? –el tercer soldado se acerco a Kurama y le rodeó el cuello con un brazo para frotarle la cabeza con los nudillos de la otra mano cual hermano mayor a su hermano pequeño. –¿Cómo va a saberlo si estaba con nosotros cuando nos llamaron?
-Jo, Takuma-niichan. Deja de hacer eso, sabes que me molesta.
-¿Por qué crees que lo hago?
-¡Abusón! Te aprovechas de ser mayor que yo. Dile algo Ryoma-niisan.
-Chicos, comportaos.
Ambos se giraron para mirar a Ryoma. Este había dejado de apoyarse en el muro y se encontraba arrodillado en el suelo. Al instante giraron hacia las puertas y vieron a Rin acercarse a ellos con su armadura y espada firmemente sujetas a su cuerpo. Atada a la cintura, lucía la característica cinta de color naranja oscuro* con detalles en violeta propia de todo soldado bajo las órdenes directas del Amo. Como un resorte ambos se apartaron del camino y se arrodillaron al igual que su hermano.
Rin se acercó a ellos a paso lento, con un aura de serenidad propia de un noble, que provocaba respeto ante cualquier ser que encontrara por los alrededores.
-Chicos, podéis levantaros. –Al instante los tres se levantaron para ponerse en fila frente a Rin. –Bien, la misión consiste en inspeccionar los alrededores y averiguar todo lo que podamos sobre el supuesto alborotador que merodea por estas tierras. De momento solo es un rumor, así que nadie debe enterarse de nuestra presencia. Si veis algún aldeano impedid a toda costa que os vea, ¿entendido?
-Sí señora. –Contestaron los tres a la vez.
Y acto seguido los cuatro comenzaron a caminar y se adentraron en la espesura del bosque.
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-¿Despidiéndote silenciosamente?
Seshoumau apartó la vista de la ventana y le dirigió una mirada penetrante a su general.
-No me mires así. Me limito a decir lo que veo. –Seshoumaru apartó su mirada de Yashamaru y la volvió hacia la ventana. –No entiendo tu manera de actuar. Si quieres despedirte, ve y despídete. Deséale buen viaje o algo. Pero no, el señorito tiene que hacerse el duro y quedarse en su estudio mirando por la ventana como un niño castigado. Los príncipes siempre lo complicáis todo, no os entiendo.
-Por eso no eres príncipe. Y me plantearé el hecho de que sigas siendo general si te tomas libertades que no te corresponden con tu Señor, hasta el punto de inmiscuirte en su vida privada.
-Puf, que carácter. Si fueras una mujer pensaría que funcionas al revés que las demás y tienes el periodo veintiocho días al mes.
Seshoumaru se volvió hacia Yashamaru y le envió una de sus miradas más envenenadas.
-Yashamaru, estás cruzando la línea. Si tienes tiempo de estar aquí vagueando, también lo tienes para organizar la seguridad para cuando lleguen Hidesuke y su hija.
-Ah, sí señor. Me encargaré de todo. Con su permiso.
Cuando Yashamaru salió del estudio, Seshoumaru pudo relajarse y dirigir su mirada nuevamente hacia la ventana. Complicar las coses, ¿eh? ¿Qué remedio quedaba? Con mucho gusto hubiera ido a las puertas a despedirse como es debido besándola hasta que ambos se quedaran sin aliento. Con mucho gusto iría a su cuarto por las noches para quedarse encerrados durante todo el día.
Pero eso era imposible. Como Señor de las tierras del oeste, tenía deberes y obligaciones que cumplir. Debía dar ejemplo al resto de los demonios y asegurar su linaje con una descendencia de sangre demonio pura. No podía permitirse el lujo de andar tonteando con una humana, como hizo su padre. Se casaría con Shizuka y tendría hijos demonio de sangre pura. Y no había otra salida.
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En la oscuridad del bosque cuatro sombras se deslizaban sigilosas e invisibles para cualquier ojo, humano o demonio. De pronto, una de las sombras se detuvo en la rama de un árbol. Las otras tres permanecieron detrás de ella.
-Pararemos aquí esta noche. Mañana al alba continuaremos la búsqueda.
Rin descendió al suelo tan sigilosamente como le fue posible. Teniendo en cuenta que ni los demonios que la acompañaban pudieron oír su movimiento, fue bastante.
Los tres demonios bajaron igualmente y entre los cuatro prepararon lo que sería su campamento esa noche.
Mientras sus soldados dormían, Rin se mantenía despierta observando la hoguera, incapaz de conciliar el sueño. Sin mediar palabra, alzó la vista hacia el cielo nocturno estrellado y lo miró con fijeza.
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Seshoumaru observó las estrellas con atención desde la ventana de su despacho. Algo lo llamaba y prácticamente le obligaba a no despegar su mirada de ellas. Dos suaves golpes en la puerta llamaron su atención.
-Señor Seshoumaru, es tarde. Debería descansar. –Jaken entró en la estancia con palpable preocupación en el rostro. A pesar de lo que su amo quisiera aparentar, no conseguía disimular ante él la dejadez que le ocasionaba la ausencia de Rin. Resultaba evidente que el Señor disfrutaba día a día las prácticas y los encuentros con la niña, y la falta de ellos ocasionaba que el ambiente en el palacio fuera mucho más lúgubre. Faltaban las risas que solo esa niña era capaz de atreverse a emitir. Con tan solo dos días de ausencia, el castillo parecía vacío.
Seshoumaru se levantó de su escritorio y se encaminó estoico hacia sus aposentos. Los dos últimos días los había pasado entre papeles, reuniones y preparativos. Por los dioses, se le habían hecho eternos. Cuando Rin salía a patrullar siempre acababa aburriéndose. Por eso odiaba tener que mandarla de misión sin él. Era un precio que tenía que pagar por nombrarla capitán.
Una vez en su cuarto, levantó la mirada hacia el cielo y se quedó absorto mirando la luna.
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Estaba segura. Esas huellas eran sospechosas. A simple vista eran de un hombre, seguramente demonio. Estaban frescas en el barro, por lo que debió de pasar por ahí como mucho a la caída del sol. Ningún humano se aventuraría por esa zona del bosque al caer la noche. Sin embargo, había algo extraño. Rin conocía todo tipo de huellas, desde los demonios más simples hasta los que poseían forma humana. Todas tenían características únicas. Pero esahuella tenía algo diferente. Por la forma se diría que pertenecía a un demonio con forma humana, pero esas muescas en el centro… tal vez usara un artilugio extraño en los pies. Cabía la posibilidad de que fuera un demonio extranjero. Pero en ese caso, ¿qué hacía un demonio extranjero caminando como por su casa por las tierras del señor Seshoumaru?
Decidida, Rin se volvió a sus seguidores.
-Seguiremos estas huellas. Yo iré delante. Vosotros seguidme a cuatro metro en fila de a uno, a paso ligero. ¿Entendido?
-Sí, señora
Por fin, después de cuatro días, encontraban algo. Con suerte, al acabar la semana podría llevarle la cabeza del intruso a su señor.
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-Señor Seshoumaru.
Seshoumaru levantó la cabeza del escritorio para mirar fijamente a Jaken. Desde hace un par de días que se sentía irritable. Se aburría muchísimo, y la pila de documentos e informes que le entregaba Yoshihiro no ayudaba a combatir el aburrimiento.
-Disculpe señor Seshoumaru, nos han llegado noticias del Señor Hidesuke. Al parecer él y su hija llegarán en tres días más.
-Bien. –Seshoumaru respondió sin darle mayor importancia y volvió a bajar la mirada al escritorio. Tres días, Rin debería volver también en ese tiempo.
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Estaba en lo cierto, era extranjero. Si bien el cabello negro era algo común en esa región, las extrañas ropas que vestía eran, claramente, de una región totalmente distinta. A parte de lo extraño de sus ropas, su apariencia era de lo más simple.
Se encontraba en un claro del bosque con la mirada fija en las alturas, como si algo hubiera captado su atención. Era una gran oportunidad y no perecía suponer un problema para ella el derrotarle. No obstante, era mejor asegurarse. Multitud de batallas se habían perdido a causa de cometer el error de subestimar al enemigo.
Mediante gestos, Rin dio instrucciones a los hermanos para rodear al sujeto. Kurama subiría a los árboles para cubrir el flanco izquierdo desde las alturas, Ryoma se ocultaría en los matorrales detrás del demonio mientras Takuma permanecía en las sombras a la derecha. Ella se quedaría al frente, actuando como señuelo mientras los otros le emboscaban.
Cuando todos estaban en sus posiciones y Rin se disponía a atacar, una voz profunda resonó en el claro.
-No es necesario que os escondáis, joven. Vuestro fresco olor a flores silvestres es perfectamente perceptible desde aquí. ¿No soy amable al permanecer inmóvil mientras me acecháis?
"Es él". Eso fue lo que pasó por la mente de Rin un segundo antes de arremeter contra el demonio. Con una velocidad sorprendente para una humana, Rin cargó contra él, espada en mano, a la vez que Ryoma, Takuma y Kurama salían de sus posiciones con las espadas listas para atravesar a ese individuo sabiendo que el plan inicial había fallado.
Sin cambiar un ápice su expresión y con una facilidad pasmosa, el demonio los esquivó uno a uno sin demostrar mayor interés.
-Oh, que brusca. Yo que quería presentarme adecuadamente y ser educado con una damita tan encantadora. –en un instante, sin que ninguno de los presentes se percataran, el demonio se ubicó detrás de Rin colocando una garra de forma amenazante en su garganta.
-Un cuello tan hermoso y fino… una mujer como vos no debería manejar un arma tan peligrosa. Podría hacerse daño por accidente. –el demonio afiló su mirada mientras apretaba el agarre en el cuello de Rin.
-¡Dama Rin! –Kurama arremetió contra él con los ojos colmados de furia y la espada lista para decapitar a ese ser insolente.
El demonio, usando el propio impulso de Kurama, le sujetó del cuello del haori y le lanzó contra el árbol a su espalda. De pronto, soltó a Rin y la impulsó contra Ryoma mientras le lanzaba una mirada interesada.
-"Dama Rin", ¿eh? He oído hablar de vos. Sois un miembro importante e influyente del ejército del Señor de estas tierras, ¿verdad? Debí imaginarlo, no se ven muchas mujeres humanas blandiendo espadas con demonios bajo su mando. –de improviso, lanzó una especie de daga hacia Rin.
Rin solo sintió cómo algo la golpeaba y un pinchazo en el hombro. Sin ser aún consciente de lo que había ocurrido, solo pudo ver cómo unas sombras se lanzaban contra otra mientras el suelo se acercaba a ella. Antes de impactar contra él, el mundo de Rin se oscureció.
La sangre salpicó a Ryoma, quien se encontraba detrás de Rin, antes de que la sujetara para que no callera al suelo. Inmediatamente, sacó la daga que había atravesado el hombro izquierdo de Rin mientras Takuma y Kurama se lanzabas hacia el demonio.
Sin embargo, para cuando llegaron al punto donde se supone debía estar el demonio, solo pudieron atravesar el aire. El demonio había desaparecido.
-Mi nombre es Kamui.
Sin tiempo para sorprenderse, ambos se acercaron a Rin alarmaados.
-¿Cómo está? –preguntó Takuma con voz afectada.
-Le he hecho un torniquete para que parara la hemorragia, pero no funciona. Debemos llevarla de regreso al castillo de inmediato.
-¡No debiste sacar el puñal, idiota! Dámela, la cargaré. –Kurama subió a Rin a su espalda mientras Takuma recogía la daga. Acto seguido, los tres salieron corriendo con todas sus fuerzas de vuelta al castillo.
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Seshoumaru estaba sentado en el jardín interior del palacio. Cualquiera habría dicho que estaba escondiéndose de la pila de preparativos que se amontonaban en su despacho para la llegada de Hidesuke y su hija, pero se habría equivocado. El señor Seshoumaru no se escondía. ¿Quién decía que no podía estar en su propio jardín, al que casi nunca prestaba atención, sin que lo supiera el consejero que no dejaba de darle nuevos deberes?
Entonces el suave viento le trajo un arome familiar. Seshoumaru entrecerró los ojos y prestó más atención al viento. Sí, no había duda. Era el aroma de Rin. Concretamente, su sangre.
Seshoumaru se levantó y justo cuando estaba a punto de seguir el rastro, Jaken llegó alarmado.
-¡Señor Seshoumaru! –el pequeño demonio llegó sin aliento y entre suspiros y con voz alarmada, dijo lo que el Señor temía oír. – ¡Rin ha sido atacada!
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El cuarto de Rin estaba en silencio cuando Seshoumaru entró. Dentro estaban la nana de Rin, el curandero del palacio y uno del los soldados que había ido con Rin. En el centro, postrada en su futón, estaba Rin. Se encontraba pálida y apacible, cosa normal estando inconsciente. La herida había sido tratada. Así lo indicaban las gasas manchadas y los ungüentos que sujetaba el curandero. Con voz impasible, se dirigió a él.
-¿Cómo está?
-Se encuentra estable. La daga atravesó el hombro, pero no dañó ningún punto vital. Ha perdido mucha sangre, pero con reposo y tratamiento se recuperará. Aunque quedará cicatriz.
Cicatriz. La preciosa e inmaculada piel de Rin tendría una cicatriz. Con furia contenida se dirigió al soldado presente en la habitación.
-¿Cómo ha ocurrido esto?
Ryoma, con la mirada gacha y el terror recorriéndole el cuerpo, se acercó a Seshoumaru y procedió a informarle de todo lo sucedido.
-Fue muy rápido, señor. Estaba jugando con nosotros y sin más atacó a la capitana. A nosotros nos ignoró. Mi hermano Takuma recogió esto. –Ryoma le extendió la daga que el demonio había lanzado a Rin. Era una daga de aproximadamente 18cm de hoja curvada con una empuñadura de12cm de oro mazizo. –Dijo que se llamaba Kamui.
Sehoumaru miró fijamente la daga.
–Fuera todos.
Al instante, todos los presentes salieron cerrando la puerta tras de sí y dejando al Señor del castillo a solas con su protegida.
Seshoumaru se sentó al lado del futón sin dejar de mirar a Rin. El vendaje podía verse por el borde de la bata de dormir que le habían puesto. Entonces pensó en lo sucedido. Ese tal Kamui había atacado expresamente a Rin al saber quién era. Sabía que Rin era alguien sumamente importante para él. Le había mandado una daga ensangrentada y se había asegurado de que supiera su nombre. Seshoumaru no era tonto, él sabía perfectamente lo que esto significaba.
Declaración de guerra. Muy bien, tendría guerra. El gran Seshoumaru no iba a dejar pasar una afrenta semejante.
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-Hitomi, ¿cómo está el amito bonito? –Hitomi se giró hacia Jaken, que la miraba preocupado.
-Jaken, -Hitomi le lanzó una mirada entristecida. –Sigue igual. Está sentado junto a Rin velando su sueño. Ya han pasado dos días desde que la trajeron y el señor no se ha separado de ella ni un momento.
-Más vale que se despierte pronto.
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La noche cayó sumiendo todo en penumbras mientras el brillo de la luna iluminaba de forma tenue la habitación en la que se encontraba Rin, postrada en el futón.
En silencio y sin apartar la mirada de ella, estaba Seshoumaru sentado a su lado con la espalda apoyada en la pared. Entonces, un fugaz y suave movimiento en los párpados de Rin llamó su atención.
Rin comenzó a abrir los ojos lentamente. Lo primero que vio fue el techo de su cuarto. ¿Cómo había llegado al castillo? Lo último que recordaba era estar frente al demonio intruso y que de pronto se le viniera el suelo encima. ¿Se había desmallado? Intentó incorporarse, pero un tirón en el hombro le hizo desistir y caer al futón de nuevo. Vio por el rabillo del ojo un brillo dorado en las sombras que captó su atención.
El señor Seshoumaru no quitaba la mirada de ella. De nuevo intentó levantarse, pero la herida del hombro volvió a tirar, y cayó.
-Quédate recostada, Rin.
-Señor Sehoumaru, ¿qué ha ocurrido?
-Os enfrentasteis a un intruso. Te hirió y desapareció. Los soldados con los que ibas te trajeron de vuelta. Eso fue hace dos días. Has estado inconsciente desde entonces.
Entonces Rin vio la bandeja de comida el lado de Seshoumaru. ¿Habría cenado en su cuarto? No, espera. ¿Cuánto tiempo estuvo el señor Seshoumaru en su habitación? ¿Habría estado los dos días apostado a su lado y velando su sueño? Pero el señor Sehoumaru tendría deberes y obligaciones que atender. ¡La princesa! Si había estado inconsciente dos días, entonces eso significaba que la princesa llegaría por la mañana. ¿Habría sido capaz el señor Seshoumaru de dejar de lado todos los preparativos para estar con ella?
-Señor, esto… la llegada de la princesa…
-No te preocupes por eso, Rin. Encárgate de descansar y sanarte.
Lo había hecho. No cabía duda. El señor Seshoumaru se volvía increíblemente irresponsable en algunas ocasiones. Que su protegida estuviese herida e inconsciente en su cuarto, era una de ellas. Podía recordar con exactitud las veces que de niña enfermaba y él se quedaba con ella mientras dormía. Exactamente como ahora.
Resultaba evidente que para su amo, ella era muy importante. Demasiado para su propio bien. Que mostrara tanta preocupación por una humana era otro motivo por el que los rumores sobre supuestas segundas relaciones eran cada día más sonados. Por eso guardaba cierta distancia con él, pero el interesado no ponía mucho interés en eso. Tenía la sensación de que si no fuera porque ella intentaba férreamente de disimular su atracción por Seshoumaru, esta se le habría lanzada encima hacía mucho tiempo. Maldita su suerte. Nunca había deseado tanto haber nacido demonio como en ese momento.
Con el recuerdo de los ojos penetrantes de su amo clavados en ella, y un sonrojo en sus mejillas que rezaba porque no fuera muy notorio, Rin cerró los párpados dispuesta a dormir.
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A la mañana siguiente, los sirvientes más importantes del palacio junto al Señor del mismo, daban la bienvenida a la comitiva del Señor Hidesuke y su hija Shizuka.
El Señor Hidesuke, con su cabello azabache y sus ojos jade, saludaba a Seshoumaru con porte elegante pero relajado, intentando hacer la atmósfera lo menos tensa posible.
La princesa iba detrás de él. Tenía el pelo, de un color violeta oscuro, recogido en un elegante peinado que dejaba parte de su melena caer en cascada por su espalda. Sus ojos carmesí brillaban con el sol. Su postura era erguida y refinada, haciendo que cada porción de tela de su kimono se moviera en sintonía con su cuerpo.
Rin observaba la escena desde una posición algo alejada en la fila. Era una elegante y refinada princesa diga de su señor, sin duda. Una simple humana no tendría ni por dónde empezar a competir. Esa princesa sería la esposa de su amo y ella se quedaría al margen de eso. Tal vez no pudiera acompañar a su señor en su vida y su alcoba, pero estría a su lado en la batalla. Eso era lo mejor que podía esperar.
Bien, aquí está el segundo capítulo. Antes de nada quiero aclarar el por qué de mi ausencia tanto tiempo. Lo que yo quería era acabar el fic antes de seguir subiendo para evitar que me diera una bajada de inspiración durante el clímax de la historia. Aún me faltan algunos capítulos, pero había alguien realmente impaciente que deseaba que lo continuara cuanto antes, y a modo de regalo he decidido subirlo. Asique a partir de ahora subiré un capítulo al mes. Intentaré acabarlo antes de llegar a la parte que aún no tengo escrita. Muchas gracias por vuestra paciencia. Realmente me emocionaron mucho los reviews, muchas gracias.
SEXO!: A partir del siguiente capi, el fic se llamará "Inexplicablemente perfecto". Decidí cambiarle el título para darle más gancho.
Otra vez muchas gracias por su paciencia. Nos leemos el mes que viene. ^^
