-Inexplicablemente Perfecto-
Capítulo 03
Esa noche, el Señor del palacio y sus invitados se reunieron para cenar. Habían pasado todo el día recorriendo de arriba abajo el edificio y mostrando cada recoveco oculto.
Presidiendo la mesa, Seshoumaru se erguía imponente con sus dos seguidores a los lados. El demonio Jaken a su izquierda, y Rin a la derecha. Hidesuke estaba situado frente a Seshoumaru, al otro lado de la larga mesa, con la princesa a su lado. La cena que normalmente transcurría en silencio, se veía amenizada con los elogios de Hidesuke hacia la morada de su anfitrión.
-¡Valla! Es un palacio inmenso y muy elegante, tal y como se esperaba del Señor de las tierras del oeste. Siento que podría perderme entre sus muros y no ser encontrado jamás. ¿No crees, hija?
Shizuka le respondió a su padre con timidez y un ligero rubor en su rostro.
-Sí, padre.
Un silencio abrumador se formó en la sala, pero Hidesuke se había decidido a crear un ambiente agradable y por su honor que lo iba a lograr. Aunque se tuviera que sacar temas de conversación de la manga. Asique con decisión y una sonrisa amable en los labios, se giró hacia Rin.
-Bueno, he de reconocer que es un auténtico placer ver con mis propios ojos a la famosa Rin. Cada vez se oye más sobre la humana que es capaz de capitanear a un ejército de demonios, y nada menos que bajo el servicio del Señor Seshoumaru.
Rin levantó la vista del plato y la dirigió a Hidesuke.
-¿Usted cree? No creo ser merecedora de tantas atenciones.
-¡Ja, ja, ja! Claro que sí. Sois casi una leyenda. No os quitéis mérito, muchacha. Es verdad que los rumores tienden a exagerarlo todo, pero vuestras hazañas sin duda son dignas de mención. Aunque hay una cosa que los rumores no exageraron lo más mínimo. Sois realmente hermosa. El hombre que os despose será muy afortunado.
De pronto se formó un pesado silencio que provocó que los presentas cesaran todo movimiento. Jaken se atragantó con la comida y Rin se quedó momentáneamente impactada sin saber qué hacer. Nunca le habían insinuado antes nada sobre matrimonios.
Por su parte, Sheshoumaru se quedó petrificado con la comida a medio llevar a la boca y los ojos dorados clavados fija y amenazadoramente en Hidesuke, que con una sonrisa congelada en el rostro, sudaba nerviosamente sin saber qué era lo que había hecho para ser merecedor de repentina furia.
Shizuka, al lado de su padre, trataba por todos los medios de camuflarse con el ambiente para pasar desapercibida ante la metedura de pata de su padre.
Con su cerebro trabajando con toda su capacidad, Hidesuke trataba de encontrar una forma de calmar el ambiente. Pero sin resultados. Para su suerte, Rin acudió a su rescate.
-Bueno, en realidad aún no he pensado en ese tema.
Viendo por dónde podía seguir, Hidesuke sonrió y se dirigió a Rin.
-Por supuesto. Aún sois muy joven, y sin duda con un cargo tan importante tendréis muchas cosas en qué pensar. Je, je. Aún es muy pronto.
Cuando Seshoumaru volvió a mirar su plato, los demás presentes pudieron respirar tranquilos.
Una vez terminada la cena sin mayores altercados, ambos Señores se quedaron solos mientras el resto se retiraba a sus habitaciones.
Cuando todos salieron, ambos se dirigieron a otra sala que había sido preparada para que pudieran hablar con tranquilidad.
-Bien, señor Seshoumaru. Es hora de que hablemos de asuntos serios. –La voz de Hidasuke dejó de ser jovial y pasó a ser fría, mientras tomaba asiento en la pequeña mesa.
Sehoumaru se sentó frente a él mientras ambos se analizaban con la mirada. Después de un momento de silencio, Hadesuke habló.
-Me gustaría que tomara a mi hija como esposa. ¿He de considerar la invitación a su palacio como una afirmativa?
Sin inmutarse ni mostrar el más mínimo interés, Seshoumaru contestó con una voz que no daba lugar a negativas.
-La ceremonia se celebrará aquí en cuatro meses. Será un acto sencillo. Peden invitar a quien quieran, pero no tolero multitudes en mi casa.
Hidesuke contestó afirmativamente sintiéndose contrariado con una respuesta tan directa por parte del otro demonio. Seshoumaru parecía ansioso por casarse. Sin embargo, no mostraba interés alguno en los detalles. Era como si le diera igual con quién se casara siempre y cuando lo hiciera. Como si fuese una tarea que quería terminar cuanto antes.
-Tengo una condición. Yo mismo prepararé lo pertinente por mi parte, pero Shizuka se quedará aquí hasta y después de la ceremonia. Es común en los demonios que las parejas vivan separadas, pero Shizuka permanecerá con usted.
-No tengo objeción.
-Entonces perfecto.
Con actitud solemne de quien acaba de cerrar un contrato, Sehoumaru y Hidesuke bebieron de las copas de sake que había en la mesa.
_._._._._
En su cuarto, Rin se dejaba vestir por su nana. Por un momento había creído que el señor Seshoumaru acabaría asesinando al noble. Le había sorprendido que el señor Hidesuke sacara el tema del matrimonio. Nunca le habían hablado del matrimonio como una posibilidad para ella ya que no recibían muchas visitas que no tuvieran que ver con asuntos militares, y desde luego los demás demonios que vivían en palacio nunca le mencionaron nada parecido. Al principio no sabía el motivo, pero esta noche lo había descubierto. Cualquiera evitaría ser el objeto de las miradas enfurecidas del señor del oeste. Que el señor Seshoumaru se comportara así con la mención de que ella pudiera estar atada a un hombre la hacía temblar de emoción. Le hacía recordar los días en los que era una niña y el demonio la protegía de todos los que intentaban dañarla.
A su lado, Hitomi intentaba mantener el silencio y aguantar las ganas de preguntarle a Rin si es que había ocurrido algo en la cena. Desde que había salido del comedor tenía esa expresión de tranquilidad, pero en ese momento aparecían muecas extrañas. Tan pronto estaba seria como le aparecía un sonrojo en las mejillas y le surgía una sonrisa boba. Luego negaba con la cabeza efusivamente y volvía a formar una expresión tranquila. Esa niña, ¿se acordaría de que no estaba sola?
Después del décimo sonrojo, Hitomi se decidió a preguntar.
-Niña, ¿pasó algo en la cena?
De pronto, el ligero sonrojo de Rin pasó a cubrirle la cara por completo como si fuera un tomate mientras Rin abría los ojos. Tartamudeando, Rin le contestó a su nana.
-¿Qué dices, nana? No pasó nada.
Levantando una ceja en una mueca incrédula, Hitomi dejó el tema estar y salió de la habitación dejando a Rin con sus pensamientos.
_._._._._
A la mañana siguiente Seshoumaru, Shizuka y Hidesuke compartieron un tranquilo desayuno con los fútiles intentos de Hidesuke de mantener una conversación. Seguido de eso, los tres se dirigieron a recorrer los jardines. En esa ocasión el demonio azabache intentó que su hija y Seshoumaru comenzaran a conversar entre ellos. Como supuso, fue un intento inútil.
Mientras tanto en el campo de entrenamiento, Rin se encontraba cruzando espadas con uno de los soldados. A pesar del leve tirón que sentía en el hombro de vez en cuando, Rin no vacilaba. Se concentraba en arremeter con su espada en busca de una abertura en la defensa del contrario. Cuando estaba a punto de atacar, una voz detuvo su movimiento.
-¡Los heridos deberían guardar reposo!
Yashamaru se acercó a Rin con sonrisa en los labios y una actitud completamente despreocupada.
Con un movimiento de cabeza, Rin le indicó al soldado que se retirara. El demonio se alejó inmediatamente, sabiendo que no era buena idea interrumpir las conversaciones de los dos capitanes.
-¿Qué haces aquí, princesita? Has sido herida, se supone que tienes que estar en cama sin molestar. Como buena chica.
Rin le contestó con una sonrisa burlona en el rostro.
-¿Cómo que herida? Estoy perfectamente. –entonces la sonrisa de Rin se volvió juguetona e inocente. –Que tú necesites una semana de coma por el arañazo de un gatito no significa que todo el mundo sea igual de enclenque que tú.
-¡Auch! Eso duele.
Con la cabeza en alto y sin quitar la sonrisa, Rin se sentó en el porche seguida del demonio. Permanecieron un rato en silencio mirando la nada, hasta que Yashamaru decidió hablar.
-Esa princesa parece bastante callada, ¿no crees? Al parecer su padre está intentando con esfuerzo que ella y Seshoumaru mantengan una conversación con algo más que monosílabos. Los he visto en el jardín. Je, pobre iluso.
-No deberías burlarte. Es lógico que el señor Hidesuke quiera que su hija y el señor Seshoumaru se conozcan más. Sobre todo si pretende que se casen.
Con una mueca aburrida, el demonio pelirrojo pensó en cómo sería la escena del Señor del oeste hablando amenamente con alguien. Un escalofrío le recorrió la columna.
-Como sea. Parece una mujer aburrida.
-¡Qué dices, idiota! –Rin se giró a verle, alarmada. –Es perfecta para el Señor. Es tranquila, hermosa, elegante, educada,…
-Sí, sí, ya lo entiendo. –Rin se vio interrumpida por el demonio. –Pero si me preguntas a mí, yo prefiero una mujer con más carácter. –con una sonrisilla juguetona y una mirada sugerente, Yashamaru se giró hacia Rin mientras subía y bajaba las cejas.
Rin le miró con expresión hastiada y volvió la cabeza, ignorándole por completo y trantando de contener la risa.
-¡Jo! Que aburrida estás hoy.
Rin le contestó conteniendo una sonrisa.
-No es cierto. Es que tú estás más idiota que de costumbre.
-Eso duele. Por cierto, ¿Qué ha sido de esos soldados que te acompañaron en el reconocimiento?
-Ah, intento quitármelos de encima. Se pasan todo el rato siguiéndome para no acabar de pedirme disculpas y tratarme como si fuera de cristal.
Entonces a Yashamaru le entró un ataque de risa que no pudo controlar.
-Deberías dejarlos que te mimen, princesita.
De pronto, una voz les sorprendió.
-¡Valla! Si son los capitanes, ¿qué hacen aquí tan solos?
Hidesuke se acercaba a ellos sonriente, con Seshoumaru y Shizuka siguiéndoles el paso.
Ambos capitanes se levantaron y les dirigieron una reverencia. Yashamaru sentía sobre sí la mirada fija de Seshoumaru. Si que era molesto. Era como el perro que no quiere su comida pero que descuartiza al que intenta comérsela. Aunque dicho intento fuera solo imaginación suya.
-En realidad nada importante, señor. –Yashamaru se irguió y se dirigió a Hidesuke. –Solo nos tomábamos un pequeño descanso.
-Mmm, los entrenamientos deben de ser duros, ¿eh? En ese caso no los distraeremos.
Entonces los tres nobles continuaron caminando por el pasillo. Por el rabillo del ojo, Rin pudo ver la mirada que su Señor le dirigía al pasar.
A la mañana siguiente, la comitiva del Señor Hidesuke le acompañaba de vuelta a sus tierras mientras Seshoumaru y el servicio le despedían desde la entrada.
_._._._._
Los días pasaron monótonos en el castillo. Los sirvientes se mantenían ocupados con los preparativos de la boda, Seshoumaru pasaba parte de su tiempo con Shizuka y la otra parte en su despacho con Yoshihiro tratando asuntos políticos, y por su parte, Rin se mantenía ocupada con lo que podía, tratando de no desperdiciar el tiempo aburriéndose. Entrenaba con los soldados, ayudaba a su nana o conversaba con Yashamaru.
Esa noche, después de la cena, Rin salió al jardín este para refrescar la cabeza. Ella y el señor Seshoumaru no habían tenido tiempo de pasar ni un momento juntos, por lo que los entrenamientos habían quedado en un tercer plano. Había sido así por las últimas dos semanas y Rin se temía que fuera a ser así hasta la boda. Era bueno que el señor encontrara una compañera, pero empezaba a lamentarse del tiempo perdido. Ella, en un momento de ingenuidad, pensó que a pesar de tener esposa, las cosas entre el señor Sehoumaru y ella no cambiarían. Debió preverlo mejor.
Entonces una sombra a sus pies le llamó la atención. Al levantar la cabeza, vio unos ojos dorados que la miraba de forma analítica. Luego, una voz grave empezó a escucharse.
-Es tarde, Rin. Deberías estar durmiendo.
El asombro de Rin se mostró en su rostro. ¿Qué hacía el señor Seshoumaru en ese sitio?
-Señor Seshoumaru.
El rostro de Seshoumaru permanecía impasible mientras en las mejillas de Rin aparecía un ligero sonrojo.
-Dispulpe, señor Seshoumaru. Ahora mismo…
-Acompáñame, Rin.
Seshoumaru empezó a caminar hacia el interior del palacio. Detrás de él, Rin le seguía en silencio. Estaba intrigada por el comportamiento de Seshoumaru. ¿Qué era lo que pretendía? Después de dos semanas, encontrárselo a altas horas de la noche en el jardín resultaba algo extraño. No sabía exactamente cómo actuar ahora.
Rin dirigió la mirara discretamente hacia Seshoumaru. Solo era capaz de ver su espalda y el largo cabello plateado. Siempre le había gustado el pelo de su señor. Reflejaba un brillo casi mágico y era tan liso y sedoso que le entraba unas ganas casi irrefrenables de hundir las manos en él y enredar cada hebra entre sus dedos. Si solo pudiera acariciarlos una vez, podría morir feliz.
Perdida en sus pensamientos, no se dio cuenta de que Seshoumaru se había detenido. Como consecuencia, se chocó con su espalda. Avergonzada, Rin se alejó un paso deseando que Seshoumaru no se hubiera dado cuenta. Entonces asomó la cabeza por el costado del demonio para ver la habitación donde habían ido.
El dojo.
El señor Seshoumaru se adentraba en el dojo mientras ella se quedaba parada en la puerta. ¿Qué pretendía hacer Seshoumaru en ese sitio? Entonces se giró hacia ella. Rin no sabía qué pensar cuando Seshoumaru le tendió una espada. Era su espada. ¿Por qué estaba su espada en el dojo? ¿La había traído Seshoumaru? Entonces él debía de saber que estaba levantada. Tal vez, ¿quería que entrenara con él?
-Al frente, Rin.
Fue en ese momento que Rin reaccionó. Se acercó al demonio y cogió su espada. Entonces Seshoumaru desenvainó su espada y ambos retrocedieron hasta apoyar la espalda contra la pared en pose defensiva. De pronto saltaron a la vez para cargar contra el contrario. Debido al fuerte impacto, las dos espadas salieron disparadas de las manos de ambos. Seshoumaru, sorprendiendo a Rin, le lanzó un puñetazo que a duras penas pudo esquivar. Aun sorprendida por el puñetazo, apenas vio la patada que le lanzaba el demonio. Rápidamente Rin retrocedió cuando Seshoumaru cargó contra ella y la empujó contra la pared. En cuanto su espalda tocó la fría madera, Rin sintió sobre sí la presión de otro cuerpo que la mantenía contra la pared. Entonces la voz de Seshoumaru resonó en la estancia.
-Defiéndete, Rin.
Con toda su fuerza, Rin dirigió un puño al rostro del demonio, pero Seshoumaru apartó de un suave movimiento la cabeza y sujetó con fuerza la muñeca de Rin. Cuando trató de soltarse con la ayuda de su otra mano, esta fue también sujetada con fuerza. Después el demonio posó ambas manos a los lados de la cabeza de Rin.
El corazón de Rin latía con fuerza. Estaba segura de que Seshoumaru podría oírlo también. No entendía el comportamiento de su señor. Trataba por todos los medios de pensar en una forma de liberarse del agarre, pero la cercanía del demonio embotaba sus sentidos. Podía sentir su calor por todo el cuerpo. Sentía su pecho contra el suyo y su suave respiración contra su rostro.
Seshoumaru no estaba en mejores condiciones. El olor de Rin le llagaba a la nariz y le enloquecía. La tenía contra la pared, con los ojos brillantes y las mejillas rojas. Sabía lo comprometido de la posición en la que estaban, y no dudaba de que Rin se hubiera dado cuenta. Pero no quería retirarse y ella no parecía poner mucho esfuerzo en apartarle. Se preguntó hasta dónde podía llegar sin que ella le apartara. Se vio acercándose más hasta sentir por completo su cuerpo contra el suyo. Ella no le apartó. Entonces vio su boca entreabierta y sus suaves labios. Y supo que tampoco lo apartaría.
Rin sintió los labios de Seshoumaru rozando los suyos y su boca se abrió para él por inercia. Entonces sus labios se juntaron por completo y Rin pudo sentir la lengua del demonio acariciando la suya con rapidez. Ella reaccionó inmediatamente y le permitió a su lengua jugar con la de su amo con efusiva pasión.
Sesoumaru soltó las manos de Rin y las llevó a su cintura mientras sentía como Rin enredaba las suyas en su pelo. Mientras su lengua jugaba con la de Rin, se dedicó a desatar el kimono, dejándola con el nagajuban –la prenda interior –para poder sentir mejor con sus manos la cintura de la chica. El aorma de Rin le embotaba la cabeza y su calor le llagaba como una ráfaga.
Cuando Rin sintió la mano de Seshoumaru en uno de sus pechos, apartó la cabeza para coger un poco de aire. Entonces reaccionó. Llevó sus mano a los hombros del demonio para sujetarse y le miró a los ojos.
Seshoumaru recuperó la cabeza cuando sintió a Rin apartar su cabeza y oírla inspirar con fuerza. Entonces abrió los ojos y vio a Rin mirándole con atención.
Bueno, aquí está el tercero. Espero que os guste.
