Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su autor Kishimoto-sama, este fic lo hice solo y únicamente como diversión

Parejas: SasuxNaru

Aclaraciones: Este fic está basado en el anime y novela: "Hakushaku To Yousei" cuyo autor Mizue Tani y Asako Takaboshi.

Advertencia: Este es AU (Universo alterno) Contiene Yaoi, posible Mpreg, fantasía y Aventura.

Beta: Usarechan

Notas:

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Capitulo 9.- Adiós x Rey biju

Minato estaba sorprendido, el estado en el que se encontraba el pelirrojo –quien por muchos años había sido su piedra angular –, era realmente deplorable. Sus cabellos de fuego mostraban algunos hilos blancos; su respiración parecía difícil y pesada.

—Kyuubi —Minato ayudó al zorro a sentarse en el sofá —. ¿Qué tienes?

—No es nada… —respondió apenas audible.

El hada miró al biju con cierta preocupación y confusión; no comprendió como una criatura tan poderosa como él podría estar en una situación como esa, fue entonces cuando se percató de algo extraño, ¿Podría ser posible que él…?

—Hada… —la llamó Kyuubi quien parecía haberse percatado de la forma en que era observado —déjame… hablar con Minato… a solas… —Melusine iba a replicar pero no lo hizo, tan solo asintió con la cabeza y se desvaneció.

—Kyuubi… —susurró Minato acariciando el rostro del pelirrojo. Ver al zorro en esa condición hacia que se le partiera el corazón.

—Vine… a responder tus pregun-tas… an-tes de q-que yo…

— ¡No lo digas! —exclamó el rubio levantando la voz —No te atrevas a decirlo —le advirtió —. Tú te pondrás bien, ¿Entiendes? —el zorro sonrió con tristeza y cansancio.

—No soy inmortal Minato… aunque mi vida sea tan larga que lo haga parecer —comentó tratando de reír.

—Te pondrás bien —le aseguró el ex doctor de hadas. Kyuubi sonrió con cierta pena. Si tan solo fuese cierto.

El zorro prefirió cambiar de tema. Su vida se acercaba al fin con mayor rapidez y debía contarle todo a Minato antes de que eso sucediera.

—Mi-Minato… e-escucha… vine p-por que segu-ramente… quieres u-una explicación… Naruto…

—Olvida eso —lo interrumpió —. Cuando te sientas mejor me lo explicaras —el pelirrojo sonrió débilmente; cerró los ojos y tomó un poco de aire.

—Moriré… pron-to… —aquella afirmación cayó como un balde de agua fría sobre el rubio.

No podía estar pasando, no de nuevo; debía ser una broma, Kyuubi no podía morir no soportaría perderlo. Había sido el zorro quien con sus regaños y raras muestras de cariño lo había ayudado a superar la muerte de su querida Kushina. Con el tiempo aquel agradecimiento se fue transformando en cariño y el cariño en amor.

¡Sí! lo amaba como jamás creyó poder hacerlo, lo amaba incluso más de lo que llegó a amar a Kushina y sabía que él no le era indiferente a Kyuubi. Muchas veces llegaron a compartir apasionados besos que siempre culminaban con Kyuubi escapando de él y evitándolo por varios días.

—Kyuubi sabes que te amo y confió plenamente en ti —tomó la palabra el Namikaze, después de unos segundos de silencio. El zorro mostró su más melancólica sonrisa; no era la primera vez que el rubio le decía que le amaba pero él –aun cuando lo deseaba más que a nada en el mundo –, no podía corresponderle. Minato le pertenecía a Kushina y jamás se atrevería a lastimarla.

—L-La princesa… Kushina e-era el ma-yor tesoro d-del rey… —comenzó a hablar el zorro —cu-cuando ella l-le dijo q-que se ca-casaría con-tigo… el rey se… negó… —Minato frunció el ceño, nunca llegó a conocer a su suegro pues éste ni siquiera se había dignado a conocerlo o siquiera visitarlo.

—El… rey cre-creía que… su hi-hija solo estaba enca-pricha-da… e-era lo q-que de-deseaba creer… —hizo una pausa para tratar de recuperar el aliento —así que le propuso un trato…

— ¿Qué clase de trato? —preguntó algo molesto y preocupado por la salud del zorro.

—L-le permi… tiría ca-casarse contigo… pe-pero se-ria él…quien e-elegirí-a con qui-en de-debía su… primer… hijo… —Minato encolerizó, tomó al pelirrojo de las ropas levantándolo ligeramente olvidándose por completo del estado del zorro.

— ¿Por qué nunca me lo dijiste? —le cuestionó, afirmando aun mas su agarre.

Kyuubi le respondió que no podía pues le había jurado a Kushina y aun al mismo rey que no le diría nada hasta que llegara el momento en que Naruto conociera a su prometido y se encontrara en el reino biju.

— ¿Quién es el prometido de mi hijo? —preguntó cortante.

—Su nombre… Gaara… —el zorro dio una última inhalación de aire antes de cerrar los ojos y perder por completo la fuerza de su cuerpo.

— ¿Kyuubi? —lo llamó, sin embargo el zorro no respondió.

Minato sintió que el mundo se le venía encima. Kyuubi estaba entre sus brazos, su cuerpo perdía rápidamente su calor. Las lágrimas caían como cascada de los ojos de Minato.

Su amado estaba muerto, nuevamente el destino le arrebataba la oportunidad de ser feliz… nuevamente le habían arrebatado su vida.

Ajeno a todo lo que estaba sucediendo en el mundo humano. Naruto se encontraba en la habitación en la que había pasado la noche. Resulto ser la misma que en antaño había pertenecido a su madre.

Como todo en aquel palacio tenía piso de oro y paredes de mármol y plata. La cama era enorme y muy suave, las sábanas eran de las más finas sedas. Había una cantidad impresionante de peluches y figurillas de diferentes materiales. Un hermoso sofá en forma de media luna decoraba también los aposentos, junto a una mesa de fina madera con tallados exquisitos.

En esos momentos el rubio no se encontraba solo pues algunos miembros de la familia habían ido a visitarlo, eran sus primos y tíos.

—Madre tiene razón —habló un chico de rasgos felinos muy parecido a Nekomata — ¡Eres realmente lindo! —exclamó restregándose contra el doctor de hadas mientras movía su peluda cola de un lado a otro.

— ¡Tora, compórtate! —le regañó una mujer rubia con orejas de perro. El felino le dedicó una mirada de molestia la cual le regresó la canina enfrascándose en una batalla de gruñidos y miradas como si se tratara de un gato y un perro a punto de luchar.

—Déjense de tonterías —los regañó una joven con hermosas alas multicolor. Sin embargo los dos aludidos ya tenían sus colas erizadas y Tora no soltaba a Naruto, quien sonreía nerviosamente —. Son tan infantiles —finalizó antes de tomar un sorbo de té.

—Terminarán casados —agregó un joven con dientes de tiburón y cabellos blancos.

— ¡No es verdad! —chillaron ambos, ocasionando que todos soltaran una risita.

—Son tan inmaduros —se quejó una niña de cabello negro, gris y blanco.

Los dos chicos se cruzaron de brazos e hicieron un puchero ocasionando que los otros volvieran a reír.

—Ya es suficiente —habló un joven de largo cabello rojo, curiosas orejas y esponjosa cola de zorro.

—Siempre tan aguafiestas —comentó una chica idéntica a él —. Deberías relajarte un poco, Gingi.

El aludido puso los ojos en blanco ante el comentario de su melliza.

—Como sea… —dijo el peliplata haciendo un puchero.

Naruto se sentía muy bien estando junto a esas siete personas; eran muy agradables y lo trataban como si se conocieran desde siempre.

—Hoy hace una mañana muy linda —mencionó Kotori, la joven de alas multicolor —. ¿Por qué no tomamos el desayuno en el jardín sur?

— ¡Es buena idea! —exclamaron todos.

—Le diré a los sirvientes —dijo Miaka; la niña de cabello tricolor levantándose de su lugar.

—Te acompaño —habló Suigetsu; el chico con rasgos de tiburón, también levantándose de su lugar para acompañar a su prima.

— ¿Por qué no solo los llaman usando la campana, genios? —mencionó la chica inu: Imari, con una sonrisita burlona.

—Era lo que pensaba hacer —comentó Miaka ocultando un leve sonrojo al verse descubierta por su prima.

Media hora después; Naruto compartía un delicioso almuerzo junto a los siete, mas Gaara, sus hermanos y dos hombres morenos y muy musculosos –uno de ellos se hacía llamar Killer Bee y hablaba como si estuviese rapeando –; Sasuke y Sai también se encontraban.

El Conde había comprobado por si mismo lo celosa y posesiva que podía ser la familia real con el menor de sus miembros; quienes realmente iban a los extremos eran Gingi y Kaori, los dos mellizos eran los hermanos mayores de Kushina y no deseaban que su pequeño y adorable sobrino pasara por algo similar a su querida hermana.

Cuando el almuerzo terminó, un sirviente les comunicó que el rey esperaba a Naruto en la sala del trono.

El joven doctor de hadas estaba nervioso ¡Conocería a su abuelo! No podía evitar sentir cierta preocupación pero al mismo tiempo una infinita paz como si ya conociera a ese hombre; quizás era por la infinidad de historias que sus primos y tíos le contaron sobre él o por las palabras que Kyuubi le dijo antes de partir, no importaba realmente.

Por otro lado, Sasuke se encontraba molesto con todos esos príncipes y princesas que no hacían más que alejarlo de su dobe. Con el llamado del rey no fue la excepción; ninguno de los presentes querían permitirle acompañar al rubio pero gracias al mismo, no tuvieron más opción que aceptar.

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Era algo intimidante ver a aquellos ocho seres con rasgos animales a cada lado del trono que estaba protegido por una cortina semitransparente que solo permitía distinguir una figura difusa sentada.

—El rey solo convoco al príncipe Naruto —habló el mayor de los nueve: Shukaku con el ceño fruncido al ver al noble y su sirviente entrar con el rubio, junto a su hijo.

—Les pedimos que se retiren —habló la segunda: Nekomata, dirigiéndose a Sasuke y Sai en tono cortante.

—No lo haré —siseó el azabache.

—Conde Caballero Sharingan, esta reunión solo le concierne a la familia real biju —dijo un tercero con apariencia de tiburón: Sanbi con enojo.

Sasuke frunció el ceño; se acercó a Naruto, lo tomó por la cintura para plantarle un apasionado beso ante los sorprendidos y molestos mayores.

— ¡Suelte a mi sobrino! —siseó un cuarto: Yonbi de alas multicolor.

—Yo lo amo —habló el azabache rompiendo el beso sin separarse del doctor de hadas quien parecía estar en estado de shock.

— ¡Que insolencia! —exclamó un quinto: Gobi quien tenía orejas y cola de perro con el cabello largo y plateado como la luna.

Sasuke podía sentir la mirada de todos sobre él como si quisieran matarlo solo con eso. Robuki, el sexto hermano que poseía cabello castaño y ojos alargados se acercó a la pareja en pose amenazante; al sentir el peligro, Sai se colocó delante de su amo preparado para pelear. Shichibi, el séptimo, de cabello tricolor se acercó a su hermano para apoyarlo.

—Un simple duendecillo como tú no representa ningún desafío para nosotros —habló Shichibi.

El octavo de nombre Yamata que tenía apariencia de minotauro, se adentró a la cortina para acercarse a su hermano menor quien lo había llamado. El rey le susurró algunas palabras y el mayor salió cuidando de no descubrir al menor. Observó a Sasuke sin apartar aquella mirada reprobatoria y de odio que dominaba a todos sus hermanos mayores en ese momento.

El rey había pedido a Yamata que les dijera a sus hermanos que abandonaran la habitación, pues quería hablar a solas con su nieto. Aunque de mala gana todos a excepción de Gaara, quien no deseaba dejar a Naruto con ese azabache, dejaron la habitación. A pesar de que en realidad no lo amaba no pensaba dejarlo solo con el supuesto Conde Caballero Sharingan. Sabía perfectamente que el azabache no era el verdadero sucesor del señor de los merrow, a quien había tenido el placer de conocer en el pasado. A Naruto no parecía importarle aquel detalle, al contrario, parecía amarlo y es que no deseaba que su pequeño hermano se mezclara con alguien como él.

El sentir de Gaara era compartido por sus hermanos, primos y por supuesto su padre y tíos.

—Gaara —lo llamó su rey con voz dulce —, por favor déjame a solas con ellos… y lleva contigo al duendecillo de la sangre —dijo refiriéndose a Sai.

—Su nombre es Sai —habló Naruto con el ceño fruncido, aunque algo confundido; la voz del rey se le hacía tan conocida.

El monarca sonrió bajo su máscara y pidió disculpas a su nieto y al pelinegro. Repitió su petición sin perder esa dulzura en la voz.

—No me iré —habló Gaara cruzándose de brazos. El príncipe sabía perfectamente lo que su tío y rey debía estar pasando en aquellos momentos y deseaba apoyarlo.

—Estaré bien —le aseguró. Gaara lo meditó unos instantes antes de asentir y salir de la habitación junto con Sai.

El rey permaneció en silencio unos instantes, finalmente habló:

—Sasuke Uchiha —habló en tono neutro —, recién nombrado Conde Caballero Sharingan… yo soy el rey biju, aquel al que han de obedecer todos en este reino y también… el abuelo de Naruto: hijo de la princesa Kushina y el antiguo doctor de hadas Minato Namikaze.

Sasuke frunció el ceño, miró a la figura sentada en el trono con altivez y prepotencia.

—No me interesa quien seas —habló sin dejar su pose altiva —. Solo hemos venido para romper de una maldita vez ese compromiso.

— ¿Por qué es que al señor de los merrow le interesa la unión de los miembros de la familia real biju?

—No pienso permitir que case a Naruto con nadie —siseó molesto, abrazando a Naruto con posesividad.

— ¿Por qué? —volvió a cuestionar el monarca.

—Porque lo amo —a pesar de que ya lo había dicho momentos antes; aquella confesión tomo por sorpresa al rey, quien se levantó de su asiento sin dejar la seguridad que le proporcionaba la cortina.

— ¿Lo amas? —preguntó sorprendido.

—Si… más que cualquier cosa en el mundo —el rey lo meditó un poco antes de volver a sentarse.

— ¿Los sentimientos que dices profesar son verdaderos? —Sasuke asintió afirmando que no había sentido nada igual jamás, que por su honor era verdad. El rey asintió.

El rey confesó que el compromiso no había sido nada más que un plan suyo para poder conocer a Naruto.

Ciertamente el rey le había propuesto a Kushina que le permitiría casarse con el rubio, pero a cambio de ser él quien elegiría al prometido de su vástago. El monarca quería creer que su hija solo estaba encaprichada con el rubio y creyó inocentemente que aquella propuesta la haría desistir… sin embargo ella se negó a aceptar y aunque amaba a su padre, no le permitiría interferir en su felicidad.

El rey estaba molesto, no… muy triste pues comprendió que su niña estaba en verdad enamorada de ese rubio humano pero aun sobre de él, amaba al bebé que aun no llegaba. La atrajo en un abrazo y la sentó en sus piernas y besó su frente diciéndole lo mucho que la amaba y que, aun cuando no pudiera ir a verla, buscaría la forma de estar con ella y su familia.

Finalizado el relato, en la habitación era palpable el enojo del azabache; quería golpearlo, deseaba hacerlo más que nada.

—Ahora que sabes la verdad… —habló nuevamente el gobernante —te suplico me dejes hablar con mi nieto a solas.

—De ninguna manera —dijo cortante. No dejaría al menor a solas con ese tipo que no había hecho más que mentir.

—Por favor… —esta vez fue Naruto quien se lo pidió con ojos suplicantes. Quería hablar con su abuelo, conocerlo, preguntarle tantas cosas. Derrotado, el Conde suspiró pesadamente, tomó al rubio del mentón para depositar un ligero beso en sus labios, antes de salir le dedicó una mirada de odio al monarca, aunque en el fondo sabía que el rey no podía distinguir nada gracias a la cortina.

Una vez que el Uchiha abandonó el salón; el rey le pidió al rubio que entrara y así lo hizo.

El rey poseía un largo cabello de fuego amarrado en una coleta baja, su cuerpo era delgado; estaba vestido con un traje estilo chino de color rojo con las mangas verdes, su rostro estaba cubierto por una máscara blanca. Poseía graciosas orejas y una esponjosa cola de zorro.

— ¿Tú… eres mi abuelo? —preguntó algo cohibido.

—Si mi pequeño —dijo dulcemente invitándolo a sentarse en sus piernas.

Por inercia, Naruto lo hizo. El calor y aroma que el biju emanaba era tan agradable… tan familiar.

Naruto se dejó llevar por la calidez que emanaba del mayor, el cual le hizo cerrar los ojos y dejarse llevar por la tranquilidad. Fue cuando lo sintió: un cálido beso fue depositado en su frente obligándolo a abrir los ojos nuevamente encontrándose con una sorpresa.

—No puede ser… —musitó no pudiendo evitar sonreír al ver el rostro del monarca. Se lanzó contra él atrapándolo por el cuello; estaba tan feliz de ver a….

Continuará…