Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, sino a su autor Kishimoto-sama, este fic lo hice solo y únicamente como diversión

Parejas: SasuxNaru

Aclaraciones: Este fic está basado en el anime y novela: "Hakushaku To Yousei" cuyo autor Mizue Tani y Asako Takaboshi.

Advertencia: Este es AU (Universo alterno) Contiene Yaoi, posible Mpreg, fantasía y Aventura.

Beta: Usarechan

Notas:

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Capitulo 11.- Sed de venganza x sufrimiento x dolor

Decir que Sasuke no odiaba a Kirin sería la mentira más grande que pudiese decir. El Conde repudiaba al príncipe por sobre cualquier cosa y el biju compartía los mismos sentimientos.

Kirin creía que Sasuke era un impostor que había usurpado el lugar del verdadero Conde caballero Sharingan y utilizado a su sobrino para sus oscuros propósitos. Para empeorar su molestia, uno de sus espías le había informado que el bastardo doctor de hadas que le había arrebatado a su pequeña hermanita se dirigía al reino, como si tener que lidiar con ese farsante Conde no fuera suficiente.

— ¿Qué te sucede, Kirin? —le preguntó una voluptuosa mujer rubia, su mirada café lo observaba con cierta perspicacia.

—Tsunade —dijo simplemente el aludido. La mujer era una biju de la nobleza, una sanadora sin igual y una adversaria aterradora.

— ¿Qué es lo que te preocupa? —lo cuestionó colocándose a su lado. Desde ese lugar del castillo, podía ver la ciudad y parte del bosque a la lejanía.

—Ese humano se acerca —gruñó molesto. Tsunade estaba sorprendida; era la primera vez que su príncipe hablaba expresando tanto odio y furia.

Kirin era poco expresivo e incluso introvertido; era difícil hacerlo enojar o perturbar, el saber que existía alguien que podía enfurecerlo con la sola mención de su nombre o presencia no era para nada bueno.

— ¿Se refiere a ese mocoso que se hace llamar el Conde caballero Sharingan? —Kirin apretó los puños murmurando un escueto "no" entre dientes.

—Ese bastardo doctor de hadas… —Tsunade parpadeó un par de veces. ¿Doctor de hadas? Solo existía un doctor de hadas al que Kirin odiaba más que cualquier otra cosa y ese era Namikaze Minato.

La Condesa no pudo evitar preguntarse el motivo por el cual ese hombre se atrevía a poner un pie en el reino, ¿Es que deseaba morir?

—Entretén a mi padre —habló Kirin sacando a la biju de sus pensamientos. La voz del príncipe sonaba tan cargada de odio que le dio un escalofrío a la rubia.

— ¿Qué planeas hacer? —lo cuestionó la mujer.

—No pienso permitirle llegar al palacio —sentenció, mientras la forma de un enorme zorro desapareció volando.

La Condesa dejó escapar un ligero suspiro, definitivamente sentía lástima por ese doctor de hadas: Kirin podía ser muy cruel y sanguinario cuando se enfurecía.

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Minato y Melusine se encontraban en la orilla de un empinado risco por donde podía ver la ciudad principal biju y a lo lejos, el castillo.

—Es hermosa —comentó Minato quedando maravillado ante tal esplendor.

—Lo es —aceptó el hada quien estaba a su lado. Melusine tenía la altura de un humano pero mantenía sus alas y poderes gracias a que se encontraban en la tierra de las hadas.

Ambos se quedaron en silencio un par de minutos, tan solo admirando el paisaje y aspirando el dulce y puro aire del lugar, tan diferente al de Inglaterra.

—En el mundo humano no existen lugares así —comentó más para sí que para su compañera.

—Me alegra que te guste, porque será lo último que veras —dijo Kirin destilando tanto veneno como una cobra.

El hada y Minato se sobresaltaron al ver aquel enorme zorro de nueve colas levitando frente a ellos unos metros arriba de sus cabezas y rodeado de un aura tan oscura como violenta.

— ¿Qué eres? —preguntó Melusine colocándose frente al rubio. El zorro gruñó más fuerte mostrando sus afilados colmillos — ¿Le negarás tu nombre a una hija de la tierra de las hadas?

Gruñó nuevamente, pero esta vez, tomó su forma "humana". El hermoso rostro del príncipe estaba desencajado en una mueca de odio.

—Kirin… —habló Minato sorprendido. El doctor de hadas había conocido al primogénito príncipe muchos años antes que a Kushina. Eran buenos amigos pero después de que le confesara su relación con la pelirroja, éste simplemente desapareció sin volver a dar señales de vida.

—Se los advertiré por última vez… —habló nuevamente sin disimular su odio —lárguense de una vez si no quieren morir en mis manos.

—Kirin —lo llamó el rubio —. Soy Minato, ¿No me recuerdas? —el biju se colocó frente al ex doctor de hadas a la velocidad de un parpadeo, frunció el ceño.

—Se quién eres, maldito asesino —Melusine y Minato se sobresaltaron, ¿Asesino?

El Namikaze estaba confundido; él jamás había matado a nadie y esperaba nunca tener que hacerlo. ¿Por qué Kirin parecía odiarlo tanto?

Melusine también estaba sorprendida y asustada. De todos los miembros de la familia real biju, Kirin era el único reconocido como tal y tenía fama de ser alguien –si bien no muy expresivo –, muy amable y justo, verlo en tal estado no podía significar nada bueno.

Los corazones de ambos palpitaban con mucha fuerza; el aura violenta del biju no solo era sentida también era visible, aun para los ojos de un simple humano, dándole a su dueño un aspecto aun más aterrador.

Los dedos de Kirin se cerraron alrededor de su katana, lo que tensó mas a la pareja que no esperaba tener un enfrentamiento con él, pero eso no significaba que no le darían pelea. A como diera lugar, Minato vería al rey.

—Yo cumplí con advertirles —habló nuevamente el biju desenvainando su espada con pose amenazante. Minato frunció el ceño molesto. Si ese idiota engreído creía que solo con eso daría media vuelta y se iría, estaba muy equivocado.

Kirin estaba a punto de atacar pero un enorme lobo gris con una banda sobre uno de sus ojos se lo impidió colocándose entre el zorro y la pareja. El príncipe miró desafiante a la criatura que se había atrevido a interponerse entre él y su presa.

—Quítate, Kakashi —gruñó con el odio impregnado en sus ojos y tono de voz.

—No —respondió el lobo con tranquilidad —. Su majestad me ha ordenado que los escolte ante su presencia —Kirin apretó los puños y chirrió los dientes; claro, era más que obvio que su padre se había percatado de los intrusos incluso mucho antes que él mismo —. Su padre me pidió que le informara que él sería quien se encargará de sus "invitados".

Kirin gruñó por lo bajo; le dedicó una última mirada asesina al ex doctor de hadas antes de desaparecer. Melusine dejó escapar un suspiro de alivio liberándose de toda la tensión del momento, sin embargo Minato se mantenía igual, esperando que el lobo hiciera algún movimiento.

—Hola —saludó tomando la forma de un hombre de cabello plata, tenía parte del rostro cubierto con una banda sobre uno de sus ojos —. Mi nombre es Hatake Kakashi —hizo una ligera inclinación con la cabeza a modo de respeto —, es un placer.

—Yo soy el hada Melusine —se presentó la mujer aun sin poder salir de su confusión —. Él es Minato, un doctor de hadas.

El biju de cabellos plata cabeceó un asentimiento, hizo un ademán con la mano señalando la ciudad —. El rey los espera.

Kirin había regresado al palacio; en esos momentos estaba frente a su padre reclamándole por la intervención del general del ejercitó biju.

— ¡Ese bastardo fue el responsable de la muerte de Kushina! —gritó fuera de sí. La furia lo cegaba completamente y en ese momento no le importaba que le estuviera gritando a su padre y rey frente a los ancianos del consejo y uno de sus tíos.

—Kirin, cálmate —le ordenó Yamata con el ceño fruncido. No le agradaba que su sobrino –ni nadie –, le hablara de esa forma a su hermanito.

El biju mayor y Kirin se enfrascaron en una batalla de miradas; el ambiente en aquella sala era tan denso que casi se podía palpar. Los dos ancianos sentados a cada lado del monarca miraban la escena con absoluto fastidio.

—Kirin… hermano —los llamó Kyuubi con parsimonia, aquel simple acto fue suficiente para que tío y sobrino dejaran de mirarse como si se fueran a atacar en cualquier momento —. Hijo, se que te resulta difícil entender mi proceder… se que estás furioso y…

— ¡¿Cómo es que tú no? —bramó interrumpiéndolo —Ese bastardo mató a mi hermana…

—La muerte de Kushina no fue culpa de él —lo defendió el pelirrojo. Su voz estaba cargada de dolor, pesar y tristeza, había perdido a su más amada hija, sí, pero no culpaba a Minato de lo sucedido —Comprendo tu dolor, hijo mío —aseguró Kyuubi tratando que su voz no se quebrara pero a esas alturas era casi imposible.

—No parece que lo entiendas —le recriminó entre dientes. En verdad que en esos momentos no pensaba lo que decía y seguramente se arrepentiría después. Kyuubi guardó silencio un par de segundos antes de ordenar que los dejaran a solas.

Aunque Yamata no quería dejar a su hermano solo, pues temía que aquel ser oscuro se desatara si llegaba a enojarse; podría significar el fin de todo. Finalmente tuvo que salir pero se mantenía afuera por si algo llegara a ocurrir.

Una vez se quedaron solos, Kyuubi le explicó que la muerte de Kushina había sido un duro golpe para él, pero estaba consciente que Minato no tenía culpa alguna en su muerte.

Kushina no Youko había renunciado a ser un biju, a su título de princesa y a su mundo por estar con el hombre que amaba. Se convirtió en una humana y como tal, estaba expuesta a todo a lo que un simple mortal se exponía: enfermedades, hambre, dolor. Aunque Minato era la razón por la que ella aceptó aquel sufrimiento, no era el verdadero culpable y simplemente, no existía ninguno.

Kushina fue feliz con su amado hasta el último momento de su vida mortal.

—Lo siento mucho padre… —se disculpó ya calmado. Estaba muy arrepentido de haberle gritado a su padre frente al consejo —dejé que la furia me cegara, yo…

—Está bien —le cortó conciliadoramente, su voz estaba cargada de ternura y comprensión —. Amabas a tu hermana, tanto que dejaste que la furia te dominara.

—Padre… —Kirin no sabía que mas decir. Nunca quiso gritarle a su progenitor ni mucho menos faltarle al respeto, ni herirlo.

—Nuestros invitados acaban de llegar —le anunció con dulce voz —. ¿Podrías dejarme a solas con ellos? —Kirin asintió, hizo una ligera reverencia y salió de la habitación.

Yamata que se encontraba afuera, vio salir a su sobrino y pasar a su lado sin decir palabra alguna; entró rápidamente dejando escapar un sonoro suspiro de alivio al cerciorarse de que su hermano se encontraba bien.

—Te agradezco todas tus atenciones, Yamata —le dijo sonriendo bajo la máscara —. Tú y los demás han sido muy buenos…

—Deja de hablar de esa forma —le recriminó —, parece como si te estuvieras despidiendo.

Ninguno pudo continuar con la plática, pues en ese momento, Kakashi hizo su aparición, junto con Minato y Melusine.

—Majestad —habló el biju de cabello plata —, he traído a sus "invitados" —Kyuubi le agradeció y le pidió a él y Yamata que los dejaran a solas. Cuando estuvieron solos el primero en hablar fue Kyuubi.

—Sean bienvenidos y les pido una disculpa por el comportamiento de mi hijo…

—No vinimos a este maldito lugar por gusto —lo interrumpió Minato, estaba tan furioso que parecía querer sacar fuego por los ojos —. Escucha desgraciado, me importa muy poco quien seas. No voy a permitir que mi hijo se case con alguien que no desea.

Minato continuó gritando infinidad de ofensas y amenazas que no afectaban al monarca, quien se mantenía tranquilamente sentado tras aquella cortina como si el asunto no fuese con él.

Melusine también se mantenía al margen de la "discusión", tan solo esperaba que Minato se cansara de gritar cuanto insulto se le pasaba por la cabeza; después de un par de minutos, Minato se quedó callado, tenía las mejillas algo rojas y respiraba con cierta dificultad a causa de la falta de aire.

—Comprendo su molestia —habló Kyuubi con parsimonia —. Joven hada —la llamó —, ¿Podrías dejarnos a solas? Yamata le mostrará la habitación donde podrá descansar —Melusine no estaba dispuesta a dejar solo al rubio, sin embargo, podría cometer una locura, después de ver la mirada que Minato le dedicaba, optó por girar sobre sus talones y salir de la sala.

— ¿Dónde está mi hijo? —interrogó con acidez —Le exijo que lo deje ir. No voy a permitir que lo case contra su voluntad.

—El casarse o no, es decisión únicamente de mi nieto —objetó antes de hacer una pausa —. Usted fue el amor de mi hija, pero eso no le da derecho a irrumpir en mi reino sin ser invitado ni a gritarme en mi palacio…

Kyuubi en ningún momento se esperó que Minato traspasara la cortina y le proporcionara un fuerte golpe en el rostro, arrebatándole la máscara que cayó al suelo con sonido hueco.

—No puede ser… —murmuró con voz apenas audible a causa de la impresión. No, seguramente era un error. Aquel hombre frente a él no podía ser Kyuubi, pero era cierto; aunque el biju frente suyo se veía más maduro y sus ojos tenían un desolador brillo, como si solo hubiese dolor en ellos.

—Sal de aquí —le pidió colocándose nuevamente la máscara, sin embargo, Minato, no se movió; estaba demasiado sorprendido como para poder moverse o si quiera respirar —. Lárgate —le pidió un poco más fuerte. Aquello sacó a Minato de su turbación, se acercó nuevamente al pelirrojo; le arrebató la máscara, lo tomó por las muñecas, atrapándolo entre el trono y su cuerpo.

—Idiota —murmuró antes de besarlo con tanta pasión, deseo y brutalidad que lastimaba. Al principio, Kyuubi se dejó llevar por aquello, ¿Cuántas veces había imaginado estar en el lugar de su doble disfrutando de aquellos labios? ¡Infinidad de veces! A pesar del brusco contacto su sabor era tan dulce que…

— ¡No! —gritó tan fuerte que su garganta se lastimó. Lanzó al rubio tan lejos de sí, que lo hizo caer al suelo golpeándose la cabeza y llevándose la cortina en el proceso —No vuelvas a tocarme —siseó molesto, colocándose nuevamente la máscara.

—Porque… —la brusca entrada de Yamata lo interrumpió. El biju literalmente lo lanzó fuera de la habitación, cerrándole la puerta en la cara de un portazo sin darle la oportunidad de reaccionar.

Kyuubi estaba sentado en su trono, sus manos en el rostro y temblando ligeramente; a su alrededor había un aura de un rojo oscuro, casi negro.

—Kyuubi, Kyuubi —lo llamó su hermano mayor zarandeándolo con cierta fuerza —. Responde, ¿Ese maldito te hizo algo? ¿Estás bien? —lo cuestionó sin recibir respuesta.

—Si… solo… —el pelirrojo temblaba y su hermano comenzaba a preocuparse. El mayor se asustó al ver como el menor se tocaba la cabeza como si sufriera de dolores muy fuertes.

Minato se había quedado prácticamente plantado frente a la enorme y elegante puerta. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo era posible que Kyuubi siguiera con vida cuando lo había visto morir en sus brazos? De un momento a otro fue traído a la realidad cuando una voluptuosa rubia lo empujó bruscamente para entrar a la sala del trono, seguida por un hombre de cabellos blancos y uno más de cabello negro de cuerpo delgado, ¿una mujer? A juzgar por su complexión era lo más probable.

Podía escuchar el ajetreo dentro; los tres recién llegados hablando en lengua extraña, las maldiciones dedicadas a su persona por parte del biju toro y los quejidos de Kyuubi. Un grito de dolor sobresaltó al rubio. Minato no pudo soportarlo más, colocó una mano en la puerta con intenciones de abrirla pero una mano enguantada se lo impidió.

—No es prudente que entre ahora —era el biju lobo: Kakashi, quien lo miraba severamente.

— ¿Qué le sucede a Kyuubi? ¿Por qué grita de esa manera? —el único ojo visible de Kakashi brilló en confusión, seguramente causado por la confianza y poco respeto que mostraba el ex doctor de hadas al hablar del monarca biju.

—Su majestad solo se ha sentido indispuesto —le respondió con seriedad —. Lo llevaré a sus aposentos…

—No —le cortó. Él de ningún modo se movería de ahí hasta que le dijeran que le sucedía a Kyuubi.

—No me obligue a llevarlo por las malas —habló el biju poniendo más fuerza en el agarre y dedicándole una mirada fiera. Minato le sostuvo la mirada; lo miró con odio pero no retrocedió, él no iría a ninguna parte sin saber que le sucedía a Kyuubi.

Continuará…

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Espero les guste el nuevo capitulo y los invito a escuchar mi programa de radio "el rincon del fanfic" por la estacion de radio en internet RADIACION OTAKU

El programa es de 12 a 2 pm (hora de mexico) de lunes a viernes

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Hasta la proxima n.n