Un presentimiento.

Disclaimer: Los personajes que aquí aparecen son propiedad de Masami Kurumada ,esto es sin ningún fin de lucro

Llego al recinto del patriarca con la angustia en las manos pues su dictamen dependía del humor de su Ilustrisima, pero raramente se desprendía de sus obligaciones así que esta vez seria perdonado a su juicio.

Al abrir el portal pudo sentir la imponente presencia del Patriarca por lo que paso sin hacer mucho ruido y espero haciendo su típica reverencia alguna palabra de este personaje:

—Orfeo, que bueno que viniste, estaba preocupado por ti, ¿hay alguna razón por la cual se te haya olvidado nuestra reunión de la mañana?

—Disculpe Gran Maestro pero tuve un asunto personal que atender por lo que pido otorgue mi castigo por haber faltado a sus mandamientos.

—No diga eso—río—caballero, vamos que de suma importancia debió ser para que dejara esta charla para luego, así que hablemos.

Una hora había transcurrido hablando con el Patriarca respecto a la seguridad y prevenciones que se tenían que instalar para la protección de la Athena, cuando al dejar que el silencio tragara la última palabra el caballero de cabello azul se retiro de nuevo a visitar a Eurídice.

La chica por su parte había gastado el tiempo recordando a su abuela, empacando la ropa de la señora en maletas para guardarlas pues estas le recordaban en cada momento su presencia y a limpiar aquella cabaña.

Además preparo algo de verduras con consomé para la cena acordada con el caballero, que ahora era su apoyo.

Mientras sus manos se entretenían acomodando algunos platos en el pequeño comedor que poseía, no noto cuando unos ojos le miraban por la ventana desde hace unos minutos y se embriagaban de ella , al girar su mirada se asusto al percibirlos tirando el plato de su mano percatándose que era Orfeo y corrió a abrirle.

—Lo lamento—se disculpo el caballero—no quise asustarte.

—Pudiste tocar la puerta, casi haces que se me salga el corazón—dijo ella mientras tocaba su pecho relajándose.

—Lo siento pagare el plato, ahora dime ¿Por qué huele tan delicioso?

—Bueno te dije que te invitaba a cenar así que prepare algo, espero que no mueras de intoxicación—bromeo la rubia.

—Vaya que bien porque estoy hambriento, aunque no solo vine a comer también por tu compañía, así que no pienses que soy un tragón—sonrió el caballero.

—Bueno siéntate y te sirvo—dijo mientras saltaba rumbo a la cocina tomando en dos plato la cantidad correcta de caldo.

Ella tomo asiento y también disfruto de la cena, aún cuando sus mejillas se encendían al mirar comer al caballero pues era una visita muy peculiar.

Al terminar la cena ambos satisfechos se sentaron al calor de la chimenea aun cuando la hora pasaba de la media noche:

— ¿En que piensas?—comento el chico mirando el rostro de ella iluminado por las destellantes de leña.

—Simplemente creí que los caballeros eran diferentes.

—Hay de todo en esta vida pero también sentimos con la misma intensidad que cualquiera de ustedes, no tenemos nada en particular que no sea nuestra fuerza—sonrió amable el caballero.

— ¿Y aun estas triste por lo que sucedió en la mañana?—cuestiono el chico tranquilamente mientras la mirada de ella se nublaba.

—Tardare bastante en asimilarlo pero con tu ayuda no me dolerá tanto—una sonrisa ligera se mostro en la cara de la chica—gracias caballero.

Esa noche la pasaron platicando como nunca pues la complicidad que lograban ambos era sorprendente, y fue el comienzo de muchas donde él calmaba su soledad y ella compartía su tiempo.

Ya habían pasado las estaciones en el cielo y se había convertido en rutina del caballero ir todas las tardes a Rodorío buscando a la persona que se metió en sus sueños. Ellos buscaban manera de estar el tiempo juntos en diferentes lugares para contar anécdotas de cada recorrido pero hubo uno en particular el cual frecuentaban para sus encuentros, aquel donde se conocieron.

Orfeo no podía contener por mucho tiempo más lo que sentía por Eurídice por lo que se propuso revelar su corazón, aun con el miedo de perderla pero ya no podía simplemente tenerla cerca sin desear que sus labios estuvieran rozando su piel.

Esa tarde de otoño a la misma hora antes de caer el sol, la chica rubia con un modesto abrigo blanco le esperaba emocionada pues el chico le había dicho que ese día le daría una sorpresa por su cumpleaños.

A llegar la vio radiante que su aliento se pasmo junto con su mirada:

—Oye tardaste y casi me congelo—dijo la chica tiritando del frio.

—Perdóname—decía mientras la abrazaba—así estará mejor, bueno vamos a comer helado por ser tu cumpleaños.

— ¿Estas loco?—sonrió la chica con asombro ante la carcajada de Orfeo.

Se encaminaron a un lugar a tomar te con galletas platicando de trivialidades, sonriendo en cada momento, pues es bien sabido que el amor y el dinero es algo que no se puede ocultar.

Al salir del lugar unas horas después el caballero permaneció sumamente callado y los nervios crecían al ver a la chica.

—Espera—dijo el caballero deteniéndose de golpe en un callejón antes de llegar a la casa de la chica.

—Euridice, ¿recuerdas de la sorpresa de la que te hable?—miro hacia el suelo el caballero.

—Si ¿porque?—sonrió la chica aun comiendo una ultima galleta que se llevo para el camino.

—Bueno es momento de que te diga lo que siento y espero que no molestes por ello.

—Vamos me estas asustando, dime.

—Eurídice...—suspiro el caballero—desde que te conocí sabia que eras una persona muy especial para mi pero no imagine cuanto y el cariño que sentía ha cambiado.

—Orfeo, perdona si hice algo que te molestara yo no quise—preocupada contesto la dama.

—No me refiero a eso, si no que no dejo de pensar en ti y...—se contuvo el caballero con la voz entrecortada—te amo, te amo con todo mi corazón.

La chica se paralizo ante aquellas palabras pues era todo lo que esperaba oír del caballero y sus ojos se iluminaron ante el joven.

—Orfeo—se acerco la chica posando sus manos sobre las suyas—hace tanto necesitaba escuchar eso.

La joven acerco su rostro al chico mientras su aliento se contenía en su boca, miro pícaramente sus labios y sin pensar el chico no resistió mas, rozo sus labios suavemente tanto ella le correspondía dejándose llevar pues era la primera vez que ambos tenían un contacto.

Se separaron lentamente mirándose con gran intensidad y la emoción vino acompañada por un tierno abrazo por parte del chico que le susurro palabras tiernas al oído.

Después ella tomo el brazo del caballero y caminaron juntos hasta llegar a la casa de la chica donde al entrar, él la tomo de la cintura para girar junto con ella hasta llegar a caer justo en la cama sonriendo:

— ¿Acaso estas loco?—dijo la rubia mientras acomodaba sobre él sus brazos.

—Claro que si, por ti mi locura no es nada—rio ligeramente mientras se enfocaba sus ojos pardos—quedémonos esta noche aquí sin pensar en nada.

Esa noche no hubo caricias mi pasión simplemente amor en su expresión más pura al mirar caer los ojos del ser a quien mas amas junto con la noche.

Los días continuaban pero para ellos el tiempo no pasaba, alrededor de música y la felicidad que provocaba la compañía de ambos lo de menos era Cronos.

Pero para Orfeo todo cambio al saber de la muerte del antiguo Patriarca y del suceso de traición que según había cometido Aioros por lo que no deseaba poner un pie cerca de la sala patriarcal para no ver a Arles, que sabia que era un tipo de poca confianza, así que descuidaba sus deberes con él asumiendo ese tiempo para tocar a los pobladores de Rodorio pero principalmente a su Eurídice con la cual llevaba tiempo compartiendo el mismo techo.

La joven se conmovía con la tristeza en el rostro del caballero, sus ojos lo sabían y a pesar de que ella hacia todo lo posible porque no afectara tanto la muerte del Patriarca, el brillo en los vista no era el mismo.

— ¿Estas bien?—preguntaba angustiada Eurídice esa mañana bañada por la luz del sol en la entrada de la pequeña choza.

—Claro...—suspiro—solo que estaba pensando que si tu no estuvieras a mi lado, que si te perdiera no podría sobrevivir con el dolor.

—Tú un día me dijiste que no me dejarías más sola, así que ten en cuenta eso de mi parte también—se acerco ella hasta tomar su rostro con las manos—Amor, tranquilo aquí estoy para ayudarte con lo que te duele.

—Orfeo promete que nunca te iras de mi lado.

—Yo siempre estaré junto a ti y seguiré tocando mi lira para ti más allá de la muerte—sollozo el caballero abrazandola.

Pero es cierto que el destino es cruel e inesperado y perder la magia al vivir puede ser tan fatal como la muerte misma y ese juego cruel del destino estaba por venir.

Una mañana como cualquiera tocaron la puerta de la cabaña, Orfeo despertó repentinamente con un presentimiento, miró a su lado y observo el placido descanso de su amada pero su angustia regreso al levantarse de la cama para ir a abrir a quien tocaba desesperado.

—Mi señor lamento molestarle—jadeante un caballero de menor rango musito—pero Arles quiere que vaya a dar un recital a la sala Patriarcal y esta vez es sin ninguna excusa.

—Entiendo, gracias, iré en una hora—comento sumamente enfadado el caballero plateado mientras cerraba la puerta.

— ¿Amor sucede algo?—cuestiono aun con los ojos adormilados Eurídice.

—Nada, sólo que esta vez quiere verme Arles sin pretexto alguno, hubiera deseado no ir pero parece que no tengo opción.

—Lastima que no sirvan ahora tus mil excusas, arreglate y aquí te espero.

El caballero asintió para después ir a tomar un baño, colocarse su armadura y afinar su lira para presentarse adecuadamente mientras la chica preparaba un desayuno para el caballero que no tomo por su preocupación.

—Bueno, me voy a aunque no quisiera dejarte sola—decía el caballero afligido.

—No te preocupes voy a estar bien, solo iré atrás de Rodorio por algunas flores y alimentos y de ahí a esperar que regreses.

—Preferiría que hoy no salieras, porfavor espera a que regrese—bajaba la mirada el plateado— hoy tuve un mal presentimiento y aunque no quise decírtelo, siento como si no te volviera a ver.

—Orfeo no me va a pasar nada, ve tranquilo—convincente sonrió Eurídice al caballero para después unir sus labios en un beso diferente a todos. Era cálido y apasionado que sus ojos se emocionaron ante el hecho, sus alientos se detuvieron y si, era como si fuera un último beso.

—Te amo nunca lo olvides...—susurro ella antes de que el caballero se desprendiera de ella.

—Yo también te amo Euridice,siempre lo hare.

Con esa mirada partió el caballero sin saber la noticia que acontecería después.

CONTINUARA...