Hola!

Agradezco muchísimo los reviews que me han hecho llegar para esta historia!

La historia ya está terminada es un fic corto. Muy pronto tendrán el siguiente capítulo!

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Copyright: Candy Candy y todos sus personajes pertenecen a Kioko Misuki y Yumiko Igarashi así como a TOEI Animation 1976

Terry en Orión

Capítulo 1

24 Lunas

Candy ese día cumplía 6 lunas confinada a un encierro voluntario en su templo; solamente salía a cumplir con las responsabilidades que tenía ante los dioses y ante el pueblo humano pero ya no salía por iniciativa propia, se negaba a salir de caza, ya no hacía ninguna de sus "típicas travesuras" como visitar Atenas, Delfos, Egea o Delos en alguna de sus formas animales o incluso con alguna forma humana no propia. Así mismo estaba más irritable de lo normal, su padre había notado que el carácter de su hija había cambiado, ahora ya no era sonriente sino más bien hosca y taciturna; Neal por su parte estaba preocupada por su hermana no la veía más que en contadas ocasiones, se negaba a verle y él no podía visitarla en su templo puesto que estaba prohibida la entrada para los de su género, sí, incluso para su propio mellizo y no sería él quién se atreviera a profanar un templo sagrado y mucho menos el de su hermana; el único que tenía el privilegio de entrar al templo de Candy era Albert, su padre.

Candy se encontraba ahí en sus aposentos recostada en su lecho con los ojos cerrados y la respiración tranquila, quién la viera creería que estaba durmiendo.

Mi señora por favor le ruego disculpe mi intromisión –dijo una hermosa mujer de cabellos negros y piel bronceada inclinándose ante el lecho de Candy y manteniendo la cabeza viendo al piso, era una de sus sacerdotisas- tiene una visita importante.

Candy se sentó a la orilla de la cama y acariciando dulcemente los cabellos de la mujer le respondió: -Está bien Adrianne- Se levantó y salió de sus aposentos esperando ver la gallarda e imponente figura de su padre pero su sorpresa fue mayor cuando descubrió que quién la esperaba era una hermosa mujer, de cabellos negros cual ébano, piel blanca como el marfil y unos ojos azules tan profundos como el mar, quién la esperaba era nada más ni nada menos que Annie, la diosa del amor, de la belleza y de la atracción sexual.

Annie ¿A qué debo tu visita? -saludó Candy a su repentina invitada brindándole una hermosa sonrisa.

Candy ¿Acaso no te da gusto verme? –respondió Annie con una sonrisa encantadora.

-Vamos Annie si quisiera charlar contigo habría ido a buscarte, si me da gusto verte o no, es irrelevante, lo importante aquí es saber a qué has venido tú, no vale la pena perder el tiempo en charlas someras cuando ambas sabemos que hay algo que te trajo hasta aquí- terminó Candy con haciendo un leve gesto de hastió.

-Candy mi querida Candy, siempre tan impertinente y tan reacia a las buenas maneras… pero tienes razón – pronunció desviando un poco la vista para quitar alguna poluta de su hermosa túnica- estoy aquí porque he notado que últimamente estás muy "sensible" -pronunció matizando notablemente su última palabra- he notado que cierta energía emana de ti y por eso estoy aquí para ayudarte- le dijo con una sonrisa capaz de igualar al sol.

-Tu Annie ¿Quieres ayudarme a mí porque sientes algo extraño que proviene de mi sin pedir nada a cambio?– Los ojos de Candy se encendieron -¿Qué quieres?- inquirió molesta.

-Candy no deberías de tratarme así sabes… Llevo ya tiempo sintiendo esta molestia que sientes, te recuerdo que en cuanto a temas del "corazón" y otras partes de tu cuerpo– Le dijo viéndola de pies a cabeza –yo puedo sentir todo lo que sucede, no me habría tomado la molestia de investigar lo que ocurre pero tratándose de ti, mi querida Candy, quiero ayudarte, y en cuanto a que quiero a cambio de momento no quiero nada, poseo todo cuanto deseo.

Candy en ese momento supo que no podía mentirle Annie sabría en parte el suplicio que llevaba sufriendo desde aquel maldito día en que decidió salir de caza… -¿Qué te hace pensar que necesito tu ayuda Annie? ¿Cómo podrías tu ayudarme?- cuestionó nuevamente con recelo.

-Bien pues te estoy ofreciendo el poder a hablar con una amiga, alguien que entienda lo que sientes a la perfección o mejor aún decirte que te pasa, aunque no tengo una solución- Murmuró Annie viendo hacia el vasto horizonte.

-Annie, Annie nosotras no somos amigas pero entiendo tu punto. Está bien, dime ¿Por qué me siento así? ya no quiero pensar más en ese ser que se está robando mi vida, que se ha metido hasta el fondo de mis sentimientos, y que por algún motivo que desconozco, me causa angustia saber que día a día el va muriendo porque va envejeciendo como el simple mortal que es-

Annie soltó una risa perversa, no es lo mismo saber algo que tener el placer de escucharlo y respondió –Muy fácil Candy te diré lo que sucede todos esos sentimientos mezclados, angustias y sensaciones que sientes tienen un nombre: Amor, no sé cómo pudo sucederte- terminó Annie resoplando y temiéndose ver una reacción explosiva de la rubia.

-¿Amor? No Annie te equivocas, yo siento amor por mi padre, por Neal, por los animales, por la gente, por el cielo, por las ninfas, por los pegasos, y por lo tanto también por él, pero no es eso lo que siento- concluyó confusa.

-Oh Candy no me he explicado sientes amor puro y verdadero por él-

-No- Exclamó la rubia y en sus ojos Annie pudo leer claramente el temor –Yo no puedo sentir esa clase de amor por él ni ahora ni nunca, yo no fui concebida para esto ¿Cómo es esto posible? ¿No lo habrás planeado tú con Archie? –En sus ojos flameaba la furia contenida a causa de la idea de una posible traición- ¿No habrá Archie lanzado una flecha de oro hacia mí? ¡Contéstame!

-Por supuesto que no Candy, que cosas se te ocurren, mi hijo jamás haría algo así, ¡No lo acuses más! solamente he venido a decirte que lo que sientes se llama amor y que no es una enfermedad y que desgraciadamente para ti no pasará aunque te encierres y te escondas. Creí importante hacerte saber lo que sientes eso es todo –pronunció la pelinegra en un murmullo- Si puedo ayudare en algo sabes dónde encontrarme y confía en mí cuando te digo que me aflige que estés pasando por esto- Con esto la diosa del amor se desvaneció en el aire dejando a Candy con el corazón desbocado y llena de miedo.

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Después de la revelación que Annie le hiciera a Candy ella siguió en su encierro asustada y temerosa de sus propios sentimientos, habrían de pasar 24 lunas desde el día que decidió no volver más a sus bosques a cazar hasta que decidió salir a buscar al hombre que había revolucionado su eterna y tranquila existencia.

Ese día Candy decidió que vería a Terrence, no sabía con qué fin, si se dejaría ver por él o no, pero sabía que tenía que verle, y así con solo desearlo hizo que Terry súbitamente tuviera la necesidad impostergable de ir salir de caza y así lo hizo.

Candy veía a Terrence cazar a través de sus profundos ojos verdes. Cuando le vio llegar ella tuvo que contener el aliento y contener una maldición para que no llegara a oídos de su padre, él estaba aún más gallardo que la última vez que le vio, más alto mucho más alto, hábil, fuerte y ahí estaba él: Terrence el hombre-semidiós que sin saberlo había logrado cazar el corazón de una diosa…

Terrence no podía concentrase en su caza, el se sentía extraño, algo estaba pasando a su alrededor pero sus instintos no le decían nada, se sentía observado pero estaba seguro de que en ese bosque no había nadie más. El tiempo siguió pasando y comenzó a atardecer, el se disponía a atrapar a una última presa y volver a casa, así que el cazador cerró los ojos y se detuvo a escuchar los sonidos del bosque, poco a poco su instinto le dijo que pronto encontraría algo que cazar, alistó su arco y su flecha y justo cuando escuchó el sonido de rápidas pisadas sobre la hierba abrió los ojos y logró distinguir la silueta de un ciervo a la lejanía el estiró la cuerda de su arco y disparó su flecha convencido de que daría en el blanco: Él era el mejor cazador de toda Grecia, jamás fallaba un tiro, escucho un sonido y dedujo que había atinado a su presa así que se dispuso a caminar hacia donde yacía ahora el ciervo para darle una muerte rápida y sin dolor en caso de que su tiro no hubiera sido mortal.

Estaba a punto de llegar hacia donde estaba seguro encontraría a su presa cuando de pronto una ráfaga de viento pasó rozándole el brazo izquierdo, el instintivamente se echó hacia el otro lado, fijo su vista y se dio cuenta lo que le había rozado era una flecha que había partido la suya en dos pero no estaba sobre el cuerpo de un animal sino en un árbol. Él rápidamente se puso alerta, por instinto llevó su mano hacia donde estaba su espada, la sacó un poco de su empuñadora y se agazapó en espera del enemigo, quizás eran bandidos.

-¡Guarda eso humano, no te hará falta!-

Escuchó una dulce y melodiosa voz a sus espaldas, giro para ver quién le hablaba aún con la mano sobre la empuñadura de su espada y entonces la vio: Ahí estaba el ser más divino que había visto en toda su existencia, era una mujer que en ese preciso momento desmontaba un hermoso pegaso negro y se dirigía hacia donde estaba él, rápidamente calculó que ella tenía que ser una ninfa o alguien con algún ser especial puesto que para montar un animal de esos había que tener algún don o habilidad especial rara vez dada en los humanos. Era realmente hermosa, divina, etérea, parecía una reina o más aun una mismísima diosa del Olimpo.

-Quita esa cara de asombro, ¿Nunca has visto a una mujer como yo?- Sonrió la recién llegada coqueta y perversa.

Terry sintió que una energía le arrasó el cuerpo, había un cosquilleo que jamás había sentido, esa voz, ese toque de insolencia, pero él no se dejaría intimidar tan fácilmente aunque por dentro estuviera nervioso jamás lo aceptaría y ella jamás lo sabría, o al menos eso él creía.

-No nunca había visto a una mujer como tú a no ser que tengas una gemela- Pronunció arrogantemente sonriendo de lado –ó que tú me conozcas y yo te haya olvidado- concluyó.

¡Insolente! –Le dijo Candy con sus ojos verdes chispeantes- Créeme Terrence si me hubieras visto antes jamás habrías podido olvidarme.

¿Qué te hace pensar eso? –Río Terry aparentando incredulidad aunque estaba seguro de que él jamás olvidaría a esta aparición.

Yo lo sé todo –Respondió ella alzando una ceja.

Ni que fueras omnipotente –La retó

Terrence, Terrence yo que tú iba cuidando mis palabras, te responderé porque hoy amanecí de muy buen humor –mintió- no, no soy omnipotente pero puedo saber muchas cosas y hacer tantas otras con solo desearlo.

Terry soltó una sonora carcajada – Soy conocido en Grecia entera y sé perfectamente que no es tan difícil que alguien pueda montar un pegaso, así que niña no creas que porque sabes mi nombre y venías volando en un pegaso eres una diosa del Olimpo-

Candy solamente sonrió enigmáticamente y alzó una ceja viéndolo muy profundamente; ambos sintieron una fuerte energía corriendo por sus cuerpos cuando verde y azul se encontraron, ambos pretendieron no sentir nada y esconder sus sentimientos con la diferencia de que uno los logró esconder muy bien, y el otro sabía perfectamente que clase de emociones causaba su presencia en su apariencia natural.

Terrence poco a poco fue entendiendo lo que esa mirada profunda deseaba darle a entender hasta que la realización le tocó completamente –Por todos los dioses ¿Quién eres?- Preguntó Terry y bajo un momento su vista para intentar esconder todo lo que estaba sintiendo, esto tenía que ser un sueño del que pronto despertaría, esta divinidad pronto le dejaría y no volvería a verle más y el estaría maldito a recordar este momento como el mejor de su vida.

-Estás en mis bosques ¿Quién crees que soy?-

-Candy- Pronunció Terry en un susurro y recordó todas aquellas anécdotas en las que los afortunados que habían gozado de la presencia de la diosa la describían soberbia, hermosa, irreal y él pensó que así era, pero que no había una palabra para describir la perfección que él tenía frente a sí.

Muy bien Terrence, respuesta correcta –Dijo guiñándole un ojo y sonriéndole dulcemente.

¿En qué puedo servirte? –Preguntó Terry dando por hecho que si ella se había presentado ante él era porque ella deseaba algo.

Candy por primera vez en mucho tiempo no sabía que decir, no le quería para nada más que para amarlo y deleitarse con su presencia, ella le sonrió, se acercó a él le observó, lo rodeo viéndole de arriba abajo sin perder detalle y cuando llegó nuevamente frente a él le dijo: Solamente es mi deseo verte y charlar contigo.

Terrence estuvo a punto de saltar de alegría ella quería verle, solo para eso ella lo necesitaba, el no podía más que sentirse agradecido profundamente pero más allá de todo su corazón no dejaba de palpitarle muy rápido haciendo que él se preguntara si lo que sentía era impresión por ver a una diosa ó lo que el más temía: Sí aquello era amor a primera vista.

Candy se sintió complacida con la reacción de él y no pudo evitar que sentirse feliz; sabía que no podía tener nada físico con él pero podía verle y conocerle y así quizás se terminaría aburriendo de él; podría amarlo sin tocarle, podría disfrutar de su presencia, sí ella por primera vez disfrutaría de la compañía de alguien más.

¡Ven mañana temprano al bosque y no le digas a nadie de nuestro encuentro, si lo haces le daré tu corazón a los cuervos! –Dijo ella amenazante intentando esconder la emoción que sentía.

Terry se enterneció al ver lo que ella le pedía, lo amenazó para que él no dijera nada porque aún no confiaba en él, pero bien sabía que ella no le haría daño sino quería causar un conflicto entre los Olimpos, después de todo Richard no estaría contento si su hijo muriera, y él, bueno él ya se encargaría de ganarse la confianza de la diosa y de ser posible su amor, sin saber que sus deseos se habían cumplido desde hacía ya 24 lunas.

Continuará