Hola a todos!
Gracias por leer Terry en Orión como les comenté al principio de esta aventura es una historia corta basada en la leyenda de Artemisa y Orión; no conozco muchos detalles de la mitología griega., solamente me he inspirado una de mis historias favoritas y he querido plasmar con mis palabras lo bello de esta historia para mi pareja favorita Terry y Candy.
Les agradezco con el corazón los bellos comentarios que me hacen llegar, muchísimas gracias a quienes me leen en silencio y mil gracias a quienes me dejan un review, muchas gracias!
Este capítulo es el final de la historia pero antes de que me maten les cuento que tiene un epílogo vale!
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Copyright: Candy Candy y todos sus personajes pertenecen a Kioko Misuki y Yumiko Igarashi así como a TOEI Animation 1976
Terry en Orión
Capítulo 3
Orión
Desde aquella noche en que Candy y Terry se declararon su amor pasaron muchas, muchas lunas disfrutándose, queriéndose, conociéndose, hablando de cosas triviales y cosas importantes, compartieron muchas caricias, besos, abrazos, y aunque nunca llegaron a consumar su amor, ellos realmente podían palpar la felicidad completa con la punta de sus dedos. Annie les ayudó mucho para verse a escondidas, ayudó a Candy y Terrence ocultándolos bajo su manto para que Albert jamás se diera cuenta de que su hija se había enamorado de un mortal, y que deseaba fervientemente encontrar el momento y las palabras adecuadas para pedirle que rompiera aquella promesa.
A veces es imposible hacer lo que planeas, hasta los mismos dioses se llevan sorpresas del destino porque al final nada está escrito…
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Neal encontraba el cambio de su hermana muy drástico y sobretodo preocupante. Él aquella primera noche solamente los había visto muy juntos esperando el amanecer, pero él había acudido otras noches y había sido testigo mudo de los encuentros amorosos entre su amada hermana y el simple mortal. Él había intentado por todos los medios hablar con ella, disuadirla, explicarle que si él los había descubierto tan fácilmente cualquiera podría descubrirlos y seguramente el castigo para él sería una muerte dolorosa después de una larga tortura, pero a ella, a su dulce hermana,, no podía ni deseaba imaginarse el castigo que podría llevarse por haberse enamorado de un mortal y por estar a punto de romper su voto de castidad, ella sufriría castigos físicos indecibles además de llevar consigo la pena emocional de la muerte del hijo de Richard.
Neal había acudido al oráculo de Delfos y la respuestas a sus interrogantes siempre eran poco alentadoras, no habían ninguna solución en la que su hermana saliera victoriosa; Albert jamás perdonaría esta traición sobretodo porque ya había pasado tiempo desde que todo comenzó; si él mataba a Terrence su hermana no lo perdonaría jamás y a pesar de que ella quedaría destrozada aún así sufriría un castigo enorme por haber fallado al Olimpo, a él no le importaría sufrir un castigo de dos mil o tres mil años si con eso pudiera asegurar la "felicidad" de su hermana. Habían pasado ya muchas lunas buscando una solución y al parecer solamente quedaba una, él no deseaba llevarla a cabo pero sabía que sería con suerte la única salvación de Candy a un castigo infernal y ella al final lo perdonaría porque ella era buena, dulce y además era su melliza y él haría esto por el bien de ella, solamente por su bien.
Lo único que daba por hecho era que le quedaba muy poco tiempo para actuar, todo estaba a punto de descubrirse y él tenía que salvar a Candy, el ardid tendría que empezar pronto. Comenzó a entonces a figurarse un plan y muy pronto lo tuvo listo, más sin embargo decidió esperar todo el tiempo que pudo para, regalarle más momentos de felicidad a su hermana porque lo que vendría sería difícil.
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Amor todo este tiempo a tu lado he sido inmensamente feliz -dijo Terry viendo como los rayos nacientes del sol iluminaban el cabello de su amada- Quiero decirte que lo mejor de mi vida eres tú y que no importa si tengo que pasar el resto de mi vida viéndote a escondidas, mi amor por ti es tan grande que cuando llegue el momento de mi muerte volveré a nacer solamente para poder volver a verte.
Terry no digas eso –respondió Candy angustiada porque sabía que día a día el tiempo de Terry estaba en cuenta regresiva porque él momento a momento envejecía- Aun estaremos mucho tiempo juntos y espero poder encontrar pronto la manera de decirle a mi padre que te amo y que deseo estar contigo, aunque no será fácil soportaré cualquier castigo gustosa si después me permite amarte.
Mi bella Candy sé perfectamente cuán grande es el amor que me profesas, pero espero que también sepas que mi amor por ti es infinito y eterno –Murmuró acercando nuevamente sus labios a los de ella para besarla con fuerza, pasión y con todo el amor que sentía.
Me alegra que lo sepas Terry, te amo y eres mi vida –Dijo Candy poniéndose de pie, debo ver a mi padre ahora te veré esta noche amor mío.
Siempre estaré esperándote amor, te amo- Con estas palabras los 2 amantes se despidieron y se separaron.
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Terry al poco tiempo de haberse separado de Candy tuvo la sensación de que algo importante pasaría ese día pero no supo que, solamente sabía que tenía que ir a la playa lo más pronto posible así que dándole un beso de saludo y despedida a su hermosa madre se dirigió a donde su corazón le decía que acudiera; pero no era su corazón, era él llamado de otro dios.
Hasta que tengo el "placer" de conocerte –exclamó un apuesto hombre.
¿A sí? ¿Quién eres tú? – respondió Terry arrogante al hombre que tenía frente a si a la orilla del mar.
Me imaginé que no sabrías reconocerme, soy Neal, el hermano de Candy, aunque creo que a ella la conoces muy bien –le dijo mirándolo significativamente.
Yo no sé de que hablas- Terry tuvo el súbito deseo de salir corriendo de ahí, si él los había descubierto, quizás Albert también, el tenía que protegerla, no podía permitir que Candy sufriera por él.
Neal se sorprendió al descubrir que tan puros y fuertes eran los sentimientos que este mortal profesaba a su hermana, el sintió pena pero no podía detenerse ahora, al final él también deseaba proteger a Candy y es justamente lo que haría así le costara muy caro.
No te apures no voy a delatarlos, al contrario quiero ayudar –expresó Neal convincentemente.
¿Cómo sé que puedo confiar en ti? ¿Por qué querrías ayudarnos?- preguntó Terry derrotado al ver que Neal sabía todo y sería más estúpido intentar ocultarlo, él no sería un dios pero tenía habilidades y coraje para defender a Candy y a su amor por ella enfrentándose hasta contra el mismo Albert.
No puedes saber cómo confiar en mí, solamente tendrás que hacerlo, y respecto al por qué aunque te suene raro yo también amo a mi hermana y deseo su bienestar –expresó el moreno levantando una ceja- Tengo un plan para ayudarlos pero tu tendrás que poner mucho de tu parte.
Haré lo que sea no tengo miedo –respondió el ojiazul seguro.
Me alegra que así sea porque no será nada fácil- hizo una pausa y continuó -para empezar tendrás que hacer algunas pruebas comenzando por demostrar a los dioses tu valentía, ¿Estás dispuesto?
¿Qué ganaría con demostrar eso? –inquirió Terry sonriendo recelosamente.
Con suerte la aprobación de Albert para que te vea como un digno hombre y semidiós para mi hermana.
Acepto -dijo Terry sin pensar más
Muy bien, me da mucho gusto saber que aceptas, eres un hombre valeroso y estoy seguro de que tienes algo especial para haber logrado que Candy se enamorase de ti, ella te ama con todo su ser –dijo Neal dejando a un lado su natural prepotencia y dándole a Terry una alegría inmensa y el único regalo que el apuesto dios podría darle al mortal.
Gracias –respondió Terry feliz, él ya sabía que Candy lo amaba infinitamente pero que su propio hermano, el vanidoso y arrogante Neal se lo dijera era algo que no esperaba y que le hizo sentir la fuerza para enfrentarse a todo con tal de tenerla a ella.
Bien lo primero que deberás hacer es nadar a aquella isla –dijo el dios señalando un pequeño punto que se divisaba en el horizonte- con esto demostrarás tu fuerza y tu coraje, yo te veré ahí y te daré la siguiente instrucción, cuando comiences a nadar y estés lejos de esta orilla iré por Albert para que vea tu primera hazaña.
De acuerdo. Candy está ahora con tu padre, no dejes que se preocupe por mi, superaré todo –dijo Terry con convicción.
Por supuesto, no te preocupes tu enfócate a esto primero yo cuidaré de ella –Dijo Neal tocándole un hombro –Mucha suerte Terry que la fortuna te acompañe eternamente.
Sin decir más Terry se quitó las pesadas ropas y zapatos que le harían más difícil su tarea y se metió a las aguas del mar egeo.
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Neal pronto llegó al Olimpo para llevar a cabo la segunda parte de su plan.
Candy mi bella hermana, bellos son los días en que me permites gozar de tu presencia –expresó Neal sosteniendo la mano de su hermana al topársela.
No digas eso Neal nos vemos muy seguido –dijo la melliza mientras comenzaba a hacer círculos en la palma de la mano de su hermano.
No tanto como desearía mi querida hermana –respondió él abrazando fuertemente a su hermana de repente y sorprendiéndola gratamente, no era normal que ellos se abrazaran- tengo una idea me ha dicho un pajarito que hace mucho tiempo que no vas de caza, ¿te parece si nos vamos a de caza tú y yo?
Me encantaría Neal pero debo decirte que no podrás ganarme –dijo ella sonriéndole pícaramente.
Quién sabe estas fuera de práctica –Neal le sonrió al decir esto.
Jamás me ganarías Neal y si acepto tu reto, es más ponlo tú, jamás fallo un tiro.
Neal suspiró y guardó su dolor en lo más profundo de su ser, le dolía lo que le haría a su hermana pero tenía que hacerlo y todo estaba saliendo como él había planeado Candy había caído en la trampa. Muy bien, ya que insistes solamente tendrás una oportunidad, el segundo tiro lo haré yo Candy, ¿estás de acuerdo?
Lo estoy –dijo Candy sonriente- ¿Nos vamos?
Si pero no iremos a los bosques, iremos a la orilla del mar y buscaremos algún objetivo en movimiento.
Así fue ambos hermanos pronto estaban en la orilla de una hermosa playa preparados con sus arcos y flechas. Ella feliz de compartir el día con su hermano y atribulado por todo lo que pronto pasaría pero no había marcha atrás.
Pronto Neal y Candy divisaron un punto en el horizonte, era algo que se movía muy rápido, por la distancia no podrían saber con certeza que era, pero parecía ser un muy buen objetivo.
Candy según el acuerdo pronto sacó su flecha y la colocó sin prisas en el arco, lo levanto elegantemente y disparó un tiro que indudablemente dio en el blanco.
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Cuando depositas tus ilusiones, tu vida, tu amor, tu corazón en alguien más y ese alguien desaparece todo se obscurece, todo se queda vacío y carente de otro sentimiento que no sea el dolor por la pérdida, el dolor que no tiene comienzo y no tiene fin, el dolor que te consume en vida y te hace desear morir, pero la maldita muerte no llega; sólo te queda la vida como recordatorio de que un día fuiste feliz y al mismo tiempo el dolor recorriendo tus venas con fuego avisándote lo miserable que puede ser tu vida mientras esperas la muerte… pero cuando eres inmortal, cuando no te queda ni el infeliz consuelo de esperar la muerte para terminar con tu dolor, entonces lo único que queda es la ausencia.
Candy lloró, suplicó, maldijo una y otra vez la trampa de su hermano, deseo morir, intentó morir, quiso volver el tiempo atrás y detener todo, intento ir al inframundo y cambiar su vida eterna por la mortal de él, quiso hacer tratos hasta con el ser más vil del universo y no consiguió nada, él ya no estaba y no volvería jamás…
Albert se decepcionó mucho del comportamiento de su hija pero tal y como Neal había predicho él no la castigaría más porque era suficiente el castigo con haber perdido para siempre al amor de su eterna vida, sino que también tenía que cargar con la responsabilidad de saber que él murió por su culpa, sin siquiera poder dañar a su hermano porque él lo hizo por amor a ella.
Richard el dios de los mares, se enfureció y estuvo a punto de comenzar una guerra entre los Olimpos al saber que su hijo había sido asesinado a traición, pero al conocer la situación a fondo y saber todo lo que llevó a esta situación no le quedó más que maldecir la astucia de Neal y compadecer a la pobre de Candy ella cargaría con la pena más grande por toda la eternidad porque de lo único que él estaba seguro es que ni él ni Albert la dejarían morir y ese sería su más grande castigo.
Annie no quería demostrarlo pero lo acontecido le dolió mucho; para ella había sido maravilloso ver nacer y crecer el amor de esa pareja a pesar de todo lo que Candy hizo por evitarlo; ellos se habían amado como nadie más en el mundo ha podido amar a alguien más, había sido un amor único y quizás ella sabía que nadie en la tierra volvería a amar así, y por lo tanto sabía el gran dolor por el que Candy estaba pasando. Ella permanecía cerca de Candy la mayor parte del tiempo como apoyo a su dolor pero no podía hacer más; lo hecho, hecho estaba y no había vuelta atrás.
Candy un día llegó al Olimpo cuando Patty la diosa de la sabiduría y de la guerra estaba hablando con Albert, a ella no le importó que su padre estuviera enojado con ella, o que estuviera ocupado ella necesitaba pedirle, rogarle, hacer lo que fuera necesario, complacería a todos los dioses, dejaría su orgullo a un lado, haría y cumpliría mil promesas si tan solo pudieran volverlo a él a la vida.
No Candy he dicho no y mi voluntad tendrás que respetar –Dijo Albert de manera terminante después de haber escuchado nuevamente por mucho tiempo a Candy y de haberle negado cada una de las súplicas de su hija por revivir a Terrence.
Padre sé que no merezco ni debo pero quiero pedirte que por favor hagas que nadie más en el mundo pronuncie el nombre de Terry, has que su nombre se pierda porque no soporto escuchar que lo pronuncian me duele demasiado, nadie más deberá de llamarse así, nadie más será tan especial con él, nadie nunca ocupará su lugar ni el Olimpo ni en la tierra porque él era único –Imploró Candy llorando a los pies de Albert ante la conmovida mirada de Patty.
Eso Candy, mi dulce hija, si puedo concedértelo y lo haré gustoso pero dime entonces, ¿con qué nombre quieres que Terrence sea recordado? –Preguntó Albert demostrando una vez más su generosidad y bondad.
Orión padre –respondió de inmediato Candy- que los que lo conocieron lo recuerden como Orión y si sus hazañas como el gran hombre y cazador que fue han de pasar a la historia de la humanidad, será con este nombre también por favor padre –Dijo Candy con nuevas lágrimas.
Muy bien Candy así será de hoy en adelante solo nosotros, los Olimpos, sabremos el verdadero nombre de aquél hombre que capturó tu corazón y para el resto de los mortales será Orión. –dijo suavemente acariciando la cabeza de su hija- también te haré otro regalo y, aunque tú no te lo mereces un amor tan grande tiene su mérito:
Voy a pedirle a Sarah, la diosa de la muerte, que me entregue el alma de Orión y la colocaré en el cielo como una hermosa constelación así cada noche podrás verlo como hiciste tantas noches, solo que ahora su alma y su amor serán la constelación más hermosa que adorne el firmamento.
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Así de esta manera concluye nuestra historia, Candy destinada a vivir toda la eternidad extrañando y amando irremediablemente a aquél joven de ojos azules que cazó su corazón; a aquel joven que gustoso habría dado su vida por salvar de todo mal a su amada. Ella a partir de aquél día en que su padre subió al firmamento el alma de Terry como una constelación, al anochecer ella saldría cada noche a admirar las estrellas, a ver el alma de su amor.
Fin
Lady Annalise Grandchester
