DuLcE ViCio
"Este es el barrio chino; un lugar misterioso donde puedes encontrar objetos exóticos de todos los tiempos y el mundo; solo lee las cláusulas; y si estas de acuerdo; firma el contrato..."
Capitulo I
Distancia
La tímida nieve comenzaba a caer sobre los suburbios de la ciudad formando capas en los techos de las casas, tiendas y edificios, con su aspecto pulcro y brillante.
A lo lejos, a traves del cristal de la venta del cuartel de policias, el detective Orcot observaba el espectáculo que brindaban los tumultos de personas en su andar.
Si bien esta anomalía en el clima era demasiado rara en la ciudad de california; el comportamiento actual de Leon lo era aún más. Últimamente se había encontrado con un apego incomprensible al contemplar la ciudad, casi sintiendo esta acción como una necesidad oculta en él. Continúo así, admirando lo que sucedìa en el exterior, ahoral era más perfecto que antes, puesto que la nieve habìa cubierto las calles en su totalidad.
Parecía que la nevada no se detendría pronto.
Se mantuvo ahí, quieto, perdiendo la noción del tiempo cuando sin saber cómo, su atención se centró en un rincón en especial en lo quenparecìa ser los suburbios del "barrio chino". O para ser más exactos la entrada de la tienda de mascotas del conde D, la que pese a la nieve y la distancia se veía con difusa claridad.
-¿Aún estas con esa idea de capturar al Conde D, Leon?
El aludido contuvo la respiración al sentirse atrapado. Su compañera como siempre habia logrado leerlo. No obstante, no contesto. Su cabeza ahora estaba dando vueltas en algun pensamiento.
-Algún día lo atraparé y mientras eso no suceda yo lo seguiré intentando.- dijo Leon con resignación fingida.
La muchacha esbozo una sonrrisa al obtener la respuesta que buscaba, se apoyo contra el escritorio y cruzando sus brazos dijo:
-Si mal no recuerdo el jefe te advirtió que si seguías con tus ideas sobre Chinatown terminaría despidiéndote; además, recuerda que ya ha pasado más de un año y aún no has conseguido ningún argumento para inculpar al Conde de absolutamente nada.
- Lo sé Jill. Sin embargo, nadie me puede convencer de que D no este ocultando algo; Si revisas todos los casos extraños y no resueltos en los expedientes; la única conexión siempre es él , la tienda y sus extrañas mascotas.
-¡Oh por Dios; detente ahi Orcot!- Es verdad que el conde D es un hombre con gustos muy particulares pero su perfil no coincide con el de un asesino, ni con el de un psicópata en lo más mínimo. Además, si no lo recuerdas es considerado como uno de los ciudadanos más ejemplares de todo el distrito.
-¡Exactamente ese es el problema! Eso es lo que nos ha hecho creer hasta ahora. Pero estoy seguro de que más allá de esa fachada que mantiene con la tienda, está escondiendo algún negocio con drogas y asesinatos y quièn sabe cuanto...
Jill soltó un quejido, estaba a punto de comentar lo ridiculas que eran las acusaciones de Leon cuando repentinamente cambio de idea. La mujer clavo sus ojos en la puerta de entrada de la oficina, con una expresión confusa. Esto hizo que león dejara de hablar para girarse en direción a donde Jill estaba viendo. Fue entonces que pudo reconocer a aquella mezcla de murciélago y conejo: Q-chan. Y eso sólo podía significar una cosa ; El conde D estaba en la agencia de Policías.
-¡Ya basta por favor! Le he dicho señor que el lema de nuestra tienda es vender amor y sueños no ningún tipo de droga o alucinógeno.
León caminó hacia donde venía el alboroto para poder comprobar si se trataba de la persona de la que ahora sospechaba. Y tal como esperaba su instinto efectivamente no le había fallado. Esa voz era inconfundible tanto por su sutileza y por su elegancia, no podìa ser otro...
- ¡Pero que demonios hace aquí Conde D!- exclamó Leon perdiendo su atención en las muñecas firmemente unidas del oriental. ¿Acaso esas eran esposas?
-¡Oh Señor Detective que casualidad encontrarnos aquí!- constestó D con alegría
Orcot se paró frente al conde mientras este último permanecía son su sonrisa implacable…
- ¿Casualidad? ¡Por si no lo sabes este es mi lugar de trabajo! Lo que quiero saber es porque tú estás aquí.
- No lo sé- dijo quejandose- Yo solo abrí la puerta de la tienda cuando aquel hombre maleducado me arrastro hasta aquí; Ni siquiera me dejo cambiarme apropiadamente mi pijama o cerrar mi tienda, esto es terrible.- dijo miserablemente- ¡Oh! ¡Si le pasara algo a alguno de mis inocentes animales, no me lo perdonaría nunca!…
- ¿ Inocentes animales?; Leon no podía creer que los había llamado de esa manera. ¿Cómo podía haber dicho que sus mascotas eran inocentes? Bastaba con recordar el caso de la coneja "Alice" o aquella "sirena devora hombres" o la "lagartija" más conocida como Medusa. ¿Pero un momento? ¿Desde cuando había comenzado a creer los cuentos que D le había contado?- Esto está muy mal pensó el rubio mientras despejaba esos pensamientos tan extraños de su mente.
D era un asesino y eso era lo importante.
Leon echo un vistazo al conde comprobando que aún se hallaba con su pijama. Lo que a su vez, corroboraba que lo que decía era cierto; No obstante, la sobre exageración de D hacia los asuntos relacionados con las mascotas era algo a lo que Orcot también se había acostumbrado, sin embargo, la interrogante más importante aún no había sido resuelta y esta era:
-¿Porqué y quién había traído al conde hasta la estación de policias?
Y la pregunta fue resuelta cuando vió, por encima su hombro, a un hombre alto de buena presencia, cabellos grises y test marfil casi acechándolo.
-Usted ¿quién demonios es? -masculló Leon toscamente
- Al parecer, aún no nos han presentado. Pero por su carácter y apariencia creo que usted debe ser el Detective Leon Orcot - dijo extendiendo una mano- Usted es el detective más sobresaliente entre los que se encuentran en su rango – continuó muy sonriente y ameno.
-Eso no es lo que importa en este momento – respondió Leon- ¿Quién es usted?
- ¡Oh que descortés de mí parte! A decir verdad pensé que lo sabía- se disculpó- Mi nombre es Rodger y soy agente especial del FBI; me encuentro aquí por el caso de la desaparecida escritora Solange Miranda, supongo que usted sabrá que la última persona en ver a nuestra víctima fue el Conde D. Es por esto que al llegar hoy mismo a New York me tomado la atribución de detenerlo para pedir que testifique.
-Usted…- ¿Qué diablos le pasa? ¿Es un Idiota? ¿No sabe que el perímetro de Chinatown es como una ciudad completamente aparte? ¡No se puede llegar y detener a quien se le antoje!
- Detective Leon, a decir verdad estoy al tanto de ello. Sin embargo, su jefe tiene una pequeña deuda conmigo por algunas circunstancias que no vale la pena nombrar. Así que no creo que le molestara en lo absoluto, que me haya tomado esta "pequeña" libertad. Ahora si me disculpa, tengo que interrogar a nuestro joven invitado - dijo Rodger mientras caminaba hacia el conde.
-¡Maldición! - gruño Leon en el instante en que Rodger comenzó a llevar al Conde hacia la sala de interrogaciones.
No lo podía creer. Cómo este hombre quen era un total desconocido, había llegado y hecho todo lo que él no había logrado en todo ese tiempo con D, frente a sus narices. Eso hería por una parte su orgullo, y por otro le causaba una enorme sensación de ira. ¿Celos?. No.
Definitivamente no era eso, de seguro le estaban afectando las horas extras.
Pero celos, no. Eso era algo que nunca ocurriría, jamás tendría celos y menos a causa de D. El detective intentó nuevamente tranquilizarse, se sentó en su lugar de trabajo y comenzó a terminar el último informe que le quedaba del día. Dios, como odiaba hacer papeleo.
-Leon, aquí estas-
-Que quieres Jill-
-Leon, queria hacerte una pregunta- continuó sentandose a su lado y captando su atención-¿Qué piensas de Rodger?-
-Es un imbécil…
-Vamos Leon no te lo tomes así. Sabes muy bien que puedes llevarle un pastel de Madam C al Conde D y con eso conseguirás mucho más que una simple confesión de su parte.
-Lo se Jill- respondió con exasperación- No me gusta tener a ese tipo aquí. Ese caso había sido asignado para nosotros…
-Tal vez el jefe te está poniendo a prueba para ver tu reacción y efectividad. Eh odio que en ocasiones es el motivo que usan para llamar a alguien de mayor rango…
- No lo sé.Quizás estés en lo correcto. Pero ese maldito de D le está haciendo las cosas muy fáciles...
Leon con un gesto hizo que Jill echara un vistazo a la habitación de interrogaciones donde se hallaba un muy sonriente oriental hablando de manera amistosa con Rodger.
-No sé porque aún sigo tratando de capturarlo. Hay ocasiones en que realmente pienso que debería dejarlo- suspiró Leon- Aun así no entiendo porque no lo he hecho…
Cuando el reloj marcó las 12:00 pm, el Conde por fin fue dejado en libertad luego de una exhaustiva ronda de preguntas. Al salir de aquellas cuatro paredes, D por fin se relajó. Aún consideraba una gran ofensa lo que ese tal agente Rodger le acababa de hacer, pero lo pasaría por alto por ahora. Luego de ser librado de aquellas horribles esposas que marcaron su perfecta piel, el oriental bajó las escaleras del edificio de policías junto a Q-chan, molesto por la desfachatez de aquel agente que ni siquiera lo había ido a dejar a la tienda de donde lo habia secuestrado. No obstante por ahora, tenía en su cabeza cosas más importantes que atender como para seguir dándole vueltas aquel mismo asunto. Con su cabeza en eso, D deslizo uno de sus pies hacia el último peldaño de la escalera que daba finalmente a la acera. Al hacer este movimiento, el oriental se detuvo en seco al reconocer una voz que le llamaba…
-¡ Conde, espera!
-¡Sr Detective! Pensé que usted estaba trabajando
-Para ser honestos acabo de terminar, así que decidí salir antes que me vuelvan a llamar…
- Ya veo- dijo D sin prestar mucha atención, se le veía cansado. Orcot se le quedó mirando con un poco de lástima puesto que sabía que el oriental tendría que regresar caminando a Chinatown.
-Hey ¿Quieres que te lleve?- Le preguntó de repente.
Una sonrrisa diminuta se asomo en sus labios mientras respondía- Se lo agradecería mucho detective.
Mientras avanzaban por las ahora nocturnas calles de LA (Los Ángeles). León pensó que ese era el momento ideal para intentar hacer algunas preguntas para así obtener la mayor cantidad posible de información acerca de lo que el conde había testificado.
-Y entonces… ¿Para qué te quería ese agente del FBI?
- Quería preguntarme por la señorita Solange Miranda; Al parecer fui el último en verla – respondió fríamente -¡Qué terrible coincidencia! ¿No lo cree?-
-Si como todas las otras coincidencias, con los otros casos -farfullo el rubio
El silencio volvió a adueñarse del momento cuando el conde decidió esta ves ser quien comenzara a preguntar.
-¿Pasa algo Señor detective?
-En realidad no lo sé. Pero ese tipo me da mala espina
-¿Se refiere al Señor Rodger?, Debo decir que se ve un hombre muy aplicado.
- Exactamente es eso, hay algo que me dice que no debería fiarme de sus investigaciones.
- ¿En que se basa?
- En mi instinto como detective- contestó seguro
- El instinto de una fiera sin domar- Corrigió el oriental
- Prefiero ser una fiera antes de usar esos "vestidos"
- ¡Cuantas veces le diré que no son vestidos detective! – Se quejó- se llaman…
- Sí, ya sé. Se llaman Cheongsam y es parte de la vestimenta típica de china… ¡Bah! Esa historia me la sé de memoria- murmuro
-Pero al parecer por alguna razón su cerebro, aún no le deja entenderla Keiji san
-¿¡Que has querido decir!?...
El resto del camino transcurrió con Leon descalificando al joven chino mientras este no paraba de enfadarse soltando sus mejores insultos. Así las calles avanzaban convirtiéndose en cuadras y en kilómetros; mientras en el interior del vehículo los insultos continuaban floreciendo como mala hierba. Fue de esta manera que el auto por fin se detuvo cuando finalmente se encontraron en la entrada de la tienda de mascotas del barrio chino.
-Hemos llegado- anunció Leon
-¿Supongo que ahora querrá tomar el té, señor detective? –dijo D con tono sarcástico
- ¿Tomar el té a estas horas?- pensó ignorando la acidez del Conde- Que más da- se dijo- bajándose del auto- Además tengo hambre…
- Siempre tienes que ver esto como una cafetería – se quejó D abriendo la puerta
- ¿Dijiste algo?
- ¡Nada, no he dicho nada!- protestó- Olvídalo y pasa de una ves.
- ¿Y ahora que te pasa? Le dijo el rubio sin entender que le sucedía. Nunca lograre entender a ustedes los chinos
Al entrar a la tienda Leon se sentó en su sofá habitual buscando reconfortarse. El detective se inclinó hacia atrás hundiéndose en el respaldo y descargando la mayor parte de su cansado cuerpo en los finos y blandos cojines recargados de adornos.
Mientras tanto el conde luego de saludar a sus alegres mascotas y darles una mirada severa de advertencia (Para que se comportaran y no hicieran nada que causara sospechas al detective). Se retiró a preparar algunas bandejas para tomar aquella maravillosa infusión de té, que Leon nunca sabía apreciar como tal. Acompañada del toque dulce infaltable para el paladar del conde, una tarta de frutillas de aspecto muy apetitoso.
Así, cuando todo estuvo listo y dispuesto, el joven chino tomo una de sus bandejas llevándola a la mesa de té que estaba en la sala de estar. Allí depositó en aquellas delicadas tazas de porcelanas el líquido ofreciéndosela con posterioridad a León quien no tardo en recibirlas con satisfacción, puesto que el detective no había podido comer en todo el día.
Luego de un rato los ánimos de ambos se habían estabilizado. Continuaron disfrutando de la merienda, cuando el pálido Conde rompió el hielo al ver el estado de abstracción en el que se encontraba el americano.
-¿Qué sucede detective?-
El detective no respondió de inmediato, solo se quedo pensando si debía o no explicar su preocupación.
-Estaba pensando en que mañana llegara Crhis...
-¡Oh, su hermano menor viene a quedarse!
-Sí, es algo así...
-¿Si mal no recuerdo, se suponía que estaba al cuidado de sus tíos?-
- Si pero, mañana es el aniversario de la muerte de mamá y Crhis quiere estar conmigo.
-Oh, eso es comprensible...- Dijo D, mientras Leon comenzaba a ponerse nervioso.
- Yo... bueno…quería saber… sí... bueno tú…lo puedes cuidar
- ¿Cómo?- dijo sorprendido
-Sólo será por mañana y Crhis no te causara ningún problema, él es muy tranquilo- insistió
-Ese no es el punto, ya le he dicho que esto es una tienda de mascotas, no una guardería.
-Lo sé, créeme. Pero no tengo a quien dejárselo. Además sabes que mi trabajo es demasiado complicado y no puedo abandonar a ninguno de los dos.
-No Leon. No cuidaré de esa criatura. Me basta con mis animales, la tienda y tus interrogaciones.
-¡Pero D por favor!- suplicó
- Esa es mi última palabra.
-¡No puedes hacerme esto!
-¡Que no puedo! Estoy en mi derecho además es mi tienda y hago lo que yo quiero
-¡Maldición solo será por un día. Además ya lo has hecho antes!
-No. Y esa es mi respuesta. Ahora haga el favor de retirarse.
Al día siguiente en la tienda.
El joven oriental estaba confundido, ya que toda su fuerza de voluntad había cedido cuando el detective había llevado a su pequeño hermanito hasta su puerta.
- No puedo creer que me halla convencido
Se dijo el conde mientras contemplaba al tímido niño escondido entre sus ropas.
-¡Que se ha creído ese detective, porque no respeta las decisiones ajenas!- Sé dijo frustrado en voz alta, mientras se apostaba el delantal que utilizaba para hacer el aseo del lugar. Sin darse cuenta que era contemplado por los animales que ahora estaba francamente asustados, ya que si había algo que temían era al carácter del conde, y no solo ellos si no también Crhis el pequeño hermano de Leon. Quien ahora estaba escondiéndose detrás de una de las mesas de la sala de estar.
"Tranquilo ya se le pasara, lo que pasa es que tu hermano sabe cómo hacer enfadar al conde"- le dijo Q chan al niño
Chris sonrió, temeroso aún al comentario del conejo murciélago, pues de alguna manera le reconfortaba saber que el único lugar en el mundo donde era considerado como tal era entre aquellos muros, en medio de aquellas mascotas a las que él veía con su forma humana normal y a las que él podía escuchar sin necesidad de hacer algún esfuerzo. Sabía que en ese lugar se hallaba en una burbuja en la que no debería exponerse a ningún prejuicio ni sufrir, pues su gran problema que era no hablar estaba solucionado entre aquellos individuos; Ya que los animales y el conde podían leer sus corrientes mentales e incluso su hermano por ultimo también lo había aprendido a hacer. Eso sí sin ser conciente aún, de que sus corazonadas eran ciertas.
De manera abrupta unos golpes se dejaron caer en las puertas de la tienda de mascotas.
Eso sólo podía significar algo...
Un cliente había llegado, un comprador que de seguro sería muy especial.
D dejo de lado su quehacer al tiempo en que los animales retomaban sus lugares, así el joven y hermoso chino se sacudió sus prendas luego de quitarse el delantal. Camino hacia la entrada, apoyando una mano en la amplia puerta dejando ver sus perfectas uñas. Entonces, sin más la abrió. Mostrando una sonrisa fría, quizás perversa, en aquellos labios purpurinos al prever lo que vendría.
- ¡Bienvenido al barrio chino un lugar donde los placeres y comodidades abundan por doquier! Soy el Conde D. Hoy hallara algo que desee- Saludó
-Mi nombre es Solange Miranda. Y es todo un gusto conocerle Conde D.
Sus miradas se cruzaron. Repentinamente el ambiente se puso espeso, y una mala sensación se asentó en el estomago del chino…
