Dulce ViCio

Atención Por favor leer para que la lectura de la historia sea de mayor claridad:

Las "" son pensamientos de los personajes,

En el caso de Crhistoper (Chris) es el hermano menor del detective Leon y para quienes no están al tanto del manga este no puede hablar. Sin embargo el conde lee los pensamientos de los animales y del mismo niño, e incluso León entiende a la perfección a su hermanito mediante gestos y en ocasiones especiales puede llegar a escuchar sus pensamientos (esto definitivamente sin percatarse de eso) animales de la tienda al igual que D. Crhis, tiene la habilidad de ver a los animales en su forma humana y además de hablar con ellos mentalmente.

Momentáneamente, en cuanto a las mascotas de la tienda trabajare con tet-chan que es una especie de cabra devora hombres (le llaman también totetsu) típica de china. Y también con Pon chan que es un mapache muy adorable.

Los (N / A) son notas del autor.

Dulce ViCio

"Más de una flor despliega con pesar su perfume

dulce como un secreto en las

soledades profundas ".

Baudelaire

Capitulo II

Disturbio: Una criatura de alas azabaches

Ahí, frente al conde, estaba la famosa escritora a quién habían dado por desaparecida en todo Estados Unidos. Una mujer de mediana edad, tez pálida y cabellos largos color violeta; su mirada era serena, pero analítica, en su mano derecha traía un portapapeles en cuyo interior de seguro vendría un adelanto de su próxima obra. No obstante aquello no era el motivo de su visita a la tienda.

-Es un honor poder recibir a una escritora de su altura- dijo el conde haciendo una leve y elegante reverencia

-Al contrario el gusto es mío, conde D-sonrió la mujer, complacida por las palabras que le habían dedicado

-¿En qué puedo ayudar? - Pregunto sin mayor interés

-Dicen, que usted lo sabe todo. Por esto creo que entiende el motivo de mi visita ¿No es así?

-Agradezco sus adulaciones, pero si eso fuera cierto me temo que no tendría a cargo una tienda de mascotas - Confesó el conde con aire mordaz, para luego continuar-Aun así me gustaría que me permitiera sugerirle, primeramente que sería de buena educación que se manifestara en su verdadera esencia.

-No entiendo a qué se refiere. Lo que soy está aquí frente a usted...

-Disculpe mi imprudencia entonces, estimada Dama, sucede que a veces suelo confundirme- confesó D con aire reservado y una pequeña sonrisa en sus finos labios

-Entiendo, no es un problema.

La mujer se sentó y no dijo más por unos minutos. A ratos cruzaba su mirada con la de D quien no cesaba en observarla con una expresión extraña en sus ojos bicolores, era inevitable entonces para Solange sentir frente a la presencia del conde cierto escalofrió embargado de un dejo de espanto por aquel comportamiento apático de parte del joven chino.

-Bien, creo que se me ha hecho tarde, lamentablemente debo marcharme a la editorial, pasare por aquí en otra ocasión para ver si entonces encuentro lo que estoy buscando.

-Le deseo la mayor de las suertes - dijo D

-Gracias...- contestó mientras se alistaba

-Por cierto, antes que se marche, hay una pregunta que me gustaría hacer, si no le molesta…

-Solo pregunte Conde

-Estaba pensando en… ¿Cuál es su motivación para tomar el nombre y la vida de un fallecido?- preguntó con fingida inocencia

La mujer se puso pálida y un sudor frio se instauro en su frente, comenzó a apresurarse a para salir casi corriendo de la tienda, no sin antes voltear en un segundo y dirigir al chino unas últimas frases:

-Nos volveremos a ver conde.

-Si señora, de eso estoy completamente seguro- La sonrisa de D esta vez era sombría

Mientras la mujer avanza en dirección a la salida Crhis recordó que su hermano había comentado que le habían asignado investigar parte de la desaparición de la escritora que ahora había aparecido en él lugar. Por eso el pequeño pensó que podría ser de ayuda a su hermano si conseguía seguir a la escritora y averiguar donde se estaba quedando. Sin embargo, al dar el primer paso para perseguirla, fue retenido firmemente por el conde, quien se anticipó leyendo sus pensamientos como de costumbre.

-No Crhis. No está bien que le sigas – dijo D mientras escuchaba como los pasos de la mujer se extinguían afuera en la acera.

-"Pero, a mi hermano le ayudaría mucho si yo…" - dijo el pequeño con esos ojos azules suplicantes

-Crhis, la mujer que se acaba de retirar no es la escritora desaparecida, que busca tu hermano. Por eso es necesario que por favor no le digas nada de lo que acaba de suceder - Explico D con expresión preocupada – necesito que prometas que no harás nada-

Crhis analizó detenidamente la petición y llego a la conclusión que el conde rara vez pedía favores. Además por algún motivo sabía que D no le haría daño a su hermano deliberadamente.

- "Esta bien Conde, lo prometo"

-Muy bien – dijo satisfecho - Es bueno saber que eres más accesible que keiji san. Ahora ve a jugar con Pon Chan y Tet Chan mientras atiendo la tienda – alentó el chino al pequeño Chris mientras le daba una caricia dócil en la cabeza, instándolo a dejar el lugar.

Una vez cuando el oriental estuvo seguro de que Crhis había abandonado la sala de estar. Se encaminó por uno de los amplios pasillos de la tienda hacia una de las salas más pequeñas del lugar, en ella todo estaba muy ordenado. Dentro de esa sala existía un escritorio esculpido en roble, el que por su aspecto daba cuenta de su antigüedad. El conde se acercó deslizado una de sus pálidas manos a aquel cajón principal que tenía el mueble para abrirlo y revelar en su interior pilas de contratos que la tienda guardaba desde tiempos remotos. D comenzó de inmediato a hurgar entre ellos, hasta que luego de un rato, encontró el documento que buscaba.

-Ahora comprendo- se dijo para sí- ella está buscando un nuevo amo, pero ¿por qué adoptar una identidad que no era suya?

- "¡Kii! ¡Kii!"

Q-chan revoloteo inquieto agitándose en el aire, antes de volver a posarse en el delicado hombro de D; en definitiva había algo que no estaba del todo bien.

Mientras tanto en las oficinas de la policía Leon aun no paraba de protestar por la decisión recién acogida por su jefe; Pues este último lo había citado aquella mañana para informarle que desde ahora sería el asistente del agente Rodger del FBI.

-¡Ahh! ¡Por qué se supone que tengo que ser el ayudante de este tipo! ¡Esto es un insulto al departamento de policías de esta ciudad! -reclamaba Leon mientras dejaba caer uno de sus puños sobre el escritorio, el cual estaba lleno de papeles para archivar.

-Leon… Rodger se ve bastante amable ¿no crees que quizás estas exagerando? - le dijo su compañero Max, mientras veía como el rubio hacía volar a todos los informes por los aires.

-¡Diablos Max no he pasado todo este tiempo aquí para ser asistente del primer imbécil que venga del FBI!

-Lo sé, amigo, pero ¿No crees que estas exagerando? además es una orden que te dio el jefe, y por eso debes de hacerlo lo mejor posible.

-¡Tú no tienes que trabajar con ese idiota que cree que tiene todo el caso resuelto! - reclamo nuevamente el detective

-¡Leon! Aquí estas- saludo Jill- ¿es verdad que eres el nuevo ayudante de Rodger? – preguntó integrándose a la conversación

- Mejor que no se lo recuerdes Jill digamos que Leon está un poco alterado por la decisión del jefe- explicó Max

-¡Jesucristo! ¡Porque que tengo que ser yo y no uno de ustedes lo que ayuden a ese tipo!

-Bueno creo que eso es, porque eres eficiente. Además, como Rodger no conoce en su totalidad estos lugares que mejor que tenerte como compañero guía - dijo la joven secretaria guiando un ojo en un intento de alivianar el carácter de Orcot.

-Bah, si ese tarado no se sabe mover por un área no es mi problema- se quejó cruzándose de brazos- Además hoy es el aniversario de la muerte de mi madre y el cumpleaños de Chris, le prometí que lo pasaría con el

-¿Tú hermano menor está en la ciudad?

-Si. Él quería pasar estas fechas conmigo por eso se lo dejé al Conde...

-¡Dejaste a tu pequeño hermanito a cargo del conde D! - grito Max impresionado

-¿Si, por qué? ¿Qué hay con eso?, además no es la primera vez que D se queda con él - afirmó León, esta vez un poco confundido por la reacción de su compañero

-Es que como siempre andas maldiciendo al conde y tratando de arrestarlo. Me es difícil creer que le confíes a alguien tan importante para tí, como lo es tu único hermano

-Así es, esto sí que es una sorpresa. Jamás imaginé, que realmente te llevarías tan bien con el conde– mencionó Jill sugestivamente

-Esperen un momento, el Conde y yo…

Ambos se rieron, haciendo que el rubio refunfuñara frente a la indirecta; mientras que este último intentó defenderse vanamente

-¡El hecho de que D cuide a mi hermano no significa nada! Además a Crhis no le gusta quedarse solo en mi departamento y D dice que no es buen ambiente para él ¡Ah que Demonios!

Cada vez que el detective hablaba más empeoraba las circunstancias; Consiente de ello y con un muy mal humor, León se levantó de su asiento retirándose a grandes pasos del lugar. Definitivamente no quería seguir siendo el blanco de risa de sus "amigos" y menos aún; Si le estaban ligando la conde. Esa sola idea le revolvía el estómago y hacia que su sangre hirviera y se agolpara vertiginosamente en sus venas.

-¡No me quedare aquí para escuchar como ustedes se la pasan pensando estupideces!- les gritó

Orcot se metió a otra de las oficinas del recinto. Pues, sabía que no podía irse ya que había acumulado una gran cantidad de informes que requerían revisión inmediata. Suspirando, se resignó. Sabía muy bien que solo un milagro le haría llegar hoy a la tienda de mascotas a tiempo para pasar la tarde con su hermanito.

Fue así, que un tanto desalentado y con el mal humor que le acompaño en ese momento, comenzó a revisar los papeles lo más raudo posible. Estaba tan metido en ello que no se percató cuando alguien se acerco dándole un apretón de hombros.

-¡Detective Orcot al fin lo encuentro!

Leon rogó para sus adentros que no se trata de "esa" persona, ya que este no era el momento indicado para hacer una de sus apariciones en las que desea convertirse en el "compañero ideal". No obstante al levantar la vista. Se percató de que lamentablemente su corazonada no le había fallado, se trataba nada más ni menos que de Rodger.

-Detective, me entere por su jefe que usted quería tomarse esta tarde libre-

-Rodger escucha, entiendo que seas nuevo por acá, pero los asuntos entre el jefe y yo no son de tú incumbencia – le dijo Leon con voz tensa

-Hey no seas descortés y escúchame. Como sabes soy amigo del jefe y puedo convencerlo de que te ceda esta tarde libre- hizo una pausa -Ya que dudo que termines con tus informes a tiempo antes que anochezca. Terminó mirando gran parte de los papeles que Leon tenía entre sus manos.

-Esto sí, solo sería posible siempre que usted reponga esas horas haciendo un turno completo mañana. Y así de paso avanzamos en la investigación.

Leon. Se quejó mientras lo miraba con desconfianza, este tipo realmente era demasiado amable con él. Y eso era una actitud muy sospechosa, sin embargo, luego pensó detenidamente en la promesa que le había hecho a su hermano y lo mucho que quería cumplirla. Porque no podría decepcionar al pequeño, no se permitiría hacerlo. De esta manera y convencido de lo que requería sobre las ganas tremendas de enviar al infierno al sonriente agente del FBI tomo aire y tratando de guardar su orgullo respondió un poco molesto:

-No me parece nada mal, además, es la única opción que me queda. Nos veremos mañana temprano- se Despidió juntando sus cosas y alistándose para salir.

-¡Espere detective Leon! Yo quería pedirle un favor personal antes que se marchara

-De que se trata- pregunto con una mirada hastiada en sus ojos azules.

-Me han informado que usted es muy buen amigo del conde D. Por lo que me gustaría abusar de su buena voluntad para que le entregara esta carta y presente de mi parte.

-Si es una carta para el conde entréguesela usted mismo. No soy su recadero ni tengo la intención de serlo.

-Supuse que me iba a decir algo así. La verdad yo lo haría pero tengo planeado quedarme en la oficina esta noche recolectando evidencias sobre el caso. A menos que quiera quedarse a terminar esos informes y hacerme compañía- sonrió irónicamente

-"Maldito hijo de ..." - pensó León para sus adentros- Esta bien. Le entregare esta carta al conde D solo por esta vez y más vale que sepas que desde ahora estás en deuda conmigo.

-Completamente enterado – Le aseguró alegremente mientras levantaba su mano en señal de aceptación, mientras veía como León abandonaba el lugar.

El detective se había apresurado a salir del cuartel de policías y ya iba en camino a la tienda del conde mientras pensaba en la estúpida petición que le había hecho Rodger.

-Ese cretino cree que soy su mensajero-

Repentinamente el rubio se halló mirando de reojo la carta que estaba en el asiento del lado del conductor. Se centró en ella como si quisiera buscar una excusa lo suficientemente buena; No obstante recordó la hora y viniéndosele por inercia el rostro de Crhis; Aumento la velocidad hacia la tienda de mascotas. No sin antes echar una última mirada de extrañeza sobre la enmienda, haciendo que de paso, una duda comenzara a tomar fuerza...

-¿Que tendrá ese sujeto que decirle al conde? – Se preguntó, para sobre la misma contestarse- Esto no es de mi incumbencia así que no debe porque preocuparme.

Leon conducía camino a Chinatown con apuro, hoy había sido un día de esos en los que parecía que una extraña fuerza vengativa quería tomarlo como objetivo y eje de todos sus males. No solo había tenido que soportar la bastarda sonrisa de su compañero nuevo; Si no además había tenido que soportar los comentarios de Jill y Max.

El detective Orcot se exaspero recordar nuevamente su día en el trabajo. Mientras las últimas palabras resonaron nuevamente en la cabeza de León.

"Asignar un encargo al conde". La verdad él estaba involucrado en dar un recado al hombre que tenía como sospechoso de cometer innumerables crímenes, y para empeorar la situación aquel encargo era nada más ni menos que enviado por su igual y altamente sospechoso compañero del FBI.

El rubio ladeo la cabeza buscando obtener un mejor ángulo del documento / carta que había dejado en el asiento a su costado. Se veía como una carta común; dentro de un sobre blanco sencillo y acompañado de una caja de chocolates también de aspecto normal.

¡Mierda!- Exclamo mientras conducía- Esto era demasiado normal para estar bien, nuevamente puso su atención en la carta, esta ves demostrando una desconfianza evidente en su propio contenido. Ya que la repentina posibilidad en que D y el agente del FBI estaban asociados no se volvía tan remota.

Leon detuvo sus pensamientos, en tanto dejaba que otra idea cobrara vida en su cabeza, que ahora ya era una máquina de conspiraciones.

Que tal si esa "inocente" carta, traía en su interior un trato de drogas o incluso peor, ¡alguna venta ilegal de menores! O quizás, ¡Una nueva orden de asesinato!; ¡No! definitivamente él no lo permitiría; El sola pensamiento acababa por desesperar al detective quien ya no vacilaría en su siguiente movimiento.

La luz roja de un semáforo le indico entonces que era la oportunidad propicia. Así, el americano de manera ágil tomo en sus manos la carta para abrirla sin mayor reparo. Leon trago duro, mientras que su garganta se secaba y su adrenalina subía, un vacío en el estómago, ya que era posible que, entre sus manos tenían la prueba necesaria para por fin atrapar a D.

Rápidamente desdobló el papel para apresurarse a leer; en su mente la frase "te atrape D" cantaba victoria, una semi sonrisa asomándose en sus labios...

Mi estimado conde

Permítame disculparme por haberlo forzado a salir de su tienda el otro día a testificar de aquella manera tan brusca, por eso me sentiría enormemente honrado si me permite compensarle, no solo con este obsequio. Si no, además invitándolo a una cena digna de una bella y delicada flor como lo es usted...

Sin mayores comentarios y esperando impaciente su respuesta se despide

RS

Leon se vio obligado a estacionar el auto. La impresión de la frase "una bella y delicada flor como lo es usted" le helo la sangre; al punto de casi había chocado de golpe, producto de la conmoción.

Orcot levanto una ceja, repasando el escrito, aún no se convencía de la inocencia total del dueño de la tienda de mascotas y menos de Rodger, haciéndole buscar así en el papel alguna anomalía que le indicara que "esta" era la prueba que tanto anhelaba, así mientras lo hacía no podía evitar preguntarse.

¿Por qué siempre ocurrió lo mismo con ese Joven chino de apariencia tan femenina? Siempre que Leon tenía un caso realmente importante, aparecía el nombre de D y su tienda causando estragos. Y lo que es peor no era cualquier tipo de problema. ¡No! Leon Orcot sabía a la perfección que cuando el nombre del conde D aparecía las cosas se tornaban realmente turbias, peligrosas y sobre todo extrañas.

Por ahora eso ya no interesaba. Había cometido un error, más bien un delito al haber abierto la carta; Y si Rodger, el "amigo" de su jefe se enteraba de eso seguro lo despedirían.

-¡No puede estar sucediendo! ¡Porque tuve que abrir este estúpido sobre! ¡Ese Maldito de D y ese bastardo! - gritó mientras se percataba de que en el asiento de al lado aún estaba la pequeña caja de chocolates que Rodger le había entregado. Leon de nuevo, no pudo evitar sentir una ira incomprensible al contemplar el delicado encargo de chocolates.

Más aun luego leer el contenido de la carta. ¿Podría ser que estaba enojado, porque D podía salir con Rodger? ¡No! Por Ningún Motivo, esa era la idea más estúpida que se le podría cruzar por su mente y menos en un momento como ese.

Ahí con el vehículo inmóvil, el hombre de ojos azules extendió su cuerpo hacia atrás hundiendo su peso en el asiento. Estaba cansado de siempre fallar en sus corazonadas con respecto al hombre chino. Se puso a pensar en algún lugar remoto en cómo manejar su frustración. Sin embargo lo único que venía a su cabeza era el rostro de porcelana fina del conde. Movió su cabeza entonces de un lado a otro intentando quitar aquella imagen que acababa por empeorar su estado de ánimo. Lamentablemente no lo consiguió. Nuevamente su mal carácter le ganaba a todo vestigio de tolerancia y autocontrol existente en él. Fue cuando sus atención fue directo como un imán hasta aquel paquete con chocolates. El detective, no lo pensó dos veces ¡Definitivamente en esa caja debía haber algo! Ya que si la carta no tenía nada era solo para despistarlo. ¡Si! De seguro era eso, la carta no era más que un método de distracción, de esta forma y de paso auto convencido por sus propias hipótesis, abrió la caja de chocolates encontrando nada más que unos bombones de chocolate y mazapán. Una vez más León fracasó. Sin embargo, esta vez la usurpación había sido irreparable. ¿Quién era el para destruir el regalo de D? Más importante, ¿Que haría ahora?

Cualquiera que fuera el caso ya era tarde, lo había hecho y ahora tendría que enfrentar el disgusto del conde y las consecuencias con su nuevo compañero.

Resignado, con la evidencia entre sus manos no podía salir de su asombro. Tal vez no era tan mala idea desaparecer la caja junto con la carta. O mejor que podría suceder si probaba uno de esos chocolates. La tentación era grande. ¿Y porque no? El apetito del americano también lo era; Después de todo hoy no había comido nada...

Casi una hora después en el Pet Shop, las amplias puertas sonaron como de costumbre produciendo el sonido de uno de los cascabeles puestos en ellas. Indicando al conde que debía salir a recibir una nueva visita. De esta forma la delgada silueta del joven chino se divisó casi de inmediato con pasos agraciados, luciendo un cheongasam negro, con extensiones enredaderas floridas bordadas en color oro, un diseño que pese a ser sencillo acentuaba aún más la belleza exótica de D. Las telas de seda fina se mecían delicadas alrededor de la fina figura del Kami, quien caminaba al encuentro del recién llegado León, quien como de costumbre hacia su visita diaria.

-Señor detective ¡Es bueno verle, el pequeño Crhis lo estaba esperando!

-Conde- saludo de forma cortante para luego preguntar - Donde está mi hermano.-

-Kiii Kiiu!- Chillo Q chan mientras revoloteaba entre ellos

-Al parecer no está de muy buen humor -Una leve mueca se divisó en los oscuros labios del Conde - El joven Crhis fue a comprar unos encargos junto a Pon chan y Tet chan pero deben de regresar en pocos minutos. ¿Por qué no los espera, mientras toma una taza de té? Tal vez eso arregle su mal carácter detective- señalo D mientras en un gesto delicado levantaba una ceja.

-No quiero té. Por cierto, esto es suyo. Lo envía Rodger - Respondió Leon acentuando esa última frase en tono abiertamente sarcástico

-¿El señor Rodger? Si lo recuerdo - dijo D con tono casi alegre- ¿Qué querrá ese señor?- se preguntó

-No intentes mentir sobre que no sabes por qué te envían este tipo de cosas- le recriminó

-No sé a qué se refiere detective.

-¡Ese siempre es el maldito problema nunca sabes nada!-grito León- No sabes cuánto odio a ustedes los malditos orientales

-Por lo que veo hoy no ha sido un buen día para usted. Sin embargo, no debe descargar su ira en la tienda- dijo el conde mientras se sentaba a disfrutar de una taza de té, casi ignorando a un León muy molesto.

Así se mantuvieron los dos, D ignorándolo y el americano sentando con los brazos cruzados en señal de antipatía. Estaban así, cuando el sonido de la puerta se hizo notar; Era el pequeño Crhis quien acababa de llegar con su encargo. El niño entrego los paquetes al conde luego de un fugaz abrazo a su hermano mayor, para así luego regresar a donde el detective, esperando que León anunciara su tan esperada salida.

-Traeré tarde a Chris para que estés pendiente – Anunció el detective mientras tomaba la mano del niño y se dirigía a la salida

-Debería pedirme que " Por favor " lo esperara hasta tarde –corrigió el conde mientras bebía nuevamente un poco de té con sus ojos cerrados

- ¿Quieres que te ruegue, cómo ese otro idiota? ¡Maldición D por que no hace las cosas más simples!- se quejó

-Sería "más simple" Si usted pidiera "por favor" - sugirió D con notable animo de molestar al rubio.

-¡Haz lo que quieras!- ¡vámonos Crihs!

-"Si hermano; ¡Nos vemos conde!"-gritó el niño diciendo adiós

-Adiós joven Crhis. Espero que este bien en el departamento de su hermano mayor.

-¡Vamos! Leon tiro entonces de la mano del niño saliendo de la tienda mientras daba largas zancadas. Realmente estaba irritado y lo último que quería en esos momentos era D comenzara a molestarlo nuevamente con sus juegos.

Sin embargo, León estaba tan molesto que ni si quisiera se dio el trabajo de voltear a ver al conde, de haberlo hecho habría notado entonces que en el rostro de D se apreciaba una sonrisa apacible y triunfante.

-Kiiu Kiii; kiiiiii

-Tranquilo Q- Chan- dijo D mientras acariciaba al conejo murciélago sentado en sus hombros; ya verás que hoy mismo el regresará con Crihstopher…

Continuará

¡Hola! Que difícil decir algo luego de tanto tiempo ... Como ya habrán visto eh empezado a reeditar este fanfictión con la idea de finalmente terminarlo. (Demostraciones de gracias a la cuarentena que me dio el tiempo de hacerlo) la verdad siempre envió una deuda con esta historia, Pet Shop of Horrors tiene un lugar especial en mi corazón. Solo deseo que les gusten los cambios y que vallamos pronto al final. ¡Gracias por leer, me hace mucha ilusión que aún lo sigan, un abrazo gigante!