Dulce Vicio
El mundo se derrumbo ese día, dejándome solo, mire arriba hacia el pesado cielo, su color marchito. Sigo preguntándome que le sucedió al sol que debería haber estado brillando ahí…
Stigma
Capitulo XXII
Danza, en el escenario de los olvidos
Oscuridad, no hay mas que oscuridad, ¿que donde estoy?, no estoy muy seguro, tal ves estoy soñando de nuevo, si de seguro ha de ser eso, pero mi cabeza me duele demasiado para ser un sueño. No quiero abrir mis ojos pero de igual forma tengo que hacerlo. ¿Que es eso?, esa voz, la conozco, es… ¡es esa persona de mis sueños!, es sobre aquel que siempre me aturde con su recuerdo y sus largos cabellos negros delicados, su expresión perfecta.
¡Ah Howell!, eres un idiota-me digo a mi mismo- han pasado 20 años y jamás fuiste capaz de olvidarle, ese fantasma se convirtió en el motor de tus convicciones se adueño de tu razón, de tu cordura, hurgó y se enterró en tus entrañas pero aun así… no me arrepiento. No me arrepiento de haberle amado, de amarle, seguirle y de ahora haberle hallado y sea cual sea el resultado no me arrepiento.
Tengo que abrir los ojos,
Pero tengo miedo,
Tengo ansias,
Pero es hora de que el dragón se muerda la cola y cerrar el ciclo
-por fin despiertas Vesca Howell, es que no sabes que es de mala educación hacer esperar-
La voz inconfundible de papa D hizo que el humano saliera de su ensueño de forma inmediata, Vesca poco a poco empezó a reincorporarse, aun la cabeza le dolía y las marejadas de nauseas no le dejaban en paz, se sentó esta ves intentando visualizar y enfocar su alrededor, su vista aun estaba un poco nublada producto del golpe certero que había recibido anteriormente. Aun así en medio de todo pudo distinguir la presencia de mucho verde, lo que al tacto de sus manos en el suelo pudieron aseverar que se trataba de césped y plantas y en medio de aquel enorme prado en el que el ahora estaba la figura esbelta envuelta en un qui pao de sedas rojas.
Sin duda,
Esa elegancia desmedida
Esa arrogancia…
Era D
-D…-dijo Howell asegurándose de que era real y no se trataba de un sueño o alguna alucinación nueva.
-te lo dije Howell, mucho tiempo ha transcurrido desde que no nos veíamos-
Contesto complaciente el kami acercándose hasta donde estaba el humano sentado en aquel gigantesco prado de flores y plantas, en el que solo había un gigantesco árbol que lucia sus raíces antiguas, largas y firmes en el centro.
Despacio, y de forma sigilosa con movimientos agraciados y ligeros como los de un felino se acerco hasta el humano, inclinándose frente a este mientras le observaba con toda su atención, sus ojos violetas, brillaban translucidos como un espejo en el que solo se reflejaba la figura de aquel hombre que yacía frente a si.
Vesca, le veía perplejo aun, no se convencía de que lo que sucedía era real, quería, no mas bien, tenia que tocarle, saberle ahí para poder creer que no había llegado al borde de la locura, entonces, sin ningún preámbulo mas, el americano levanto una de sus manos y la acerco lentamente al rostro del kami, primero extendió las yemas de sus dedos y sigiloso, como si se tratara de una ilusión o de una burbuja que cuando tocas desaparece rozo la mejilla del oriental.
El kami solo hizo una mueca ampliando su sonrisa, perfecta, inclino su rostro para llenar su mejilla con la palma de la mano del humano.
-eres tu, no puedo creerlo- dijo inseguro, desconcertado, mientras un temblor cruzaba su garganta
-estas mas viejo de lo que pensaba Howell- pareció ronronear el kami mientras cerraba los ojos centrándose en esa mano calida
-20 años no son en vano D- susurro aquel humano disfrutando en su tacto la piel suave y lisa
-mas de 20 años Vesca-
-¿por…por que por que huiste sin decir nada?-
-huir, ah, querido, fuiste tu el que te olvidaste de mi, de nosotros-
Howell enredo sus dedos en los finos y suaves cabellos del oriental cogiendo un poco de estos, cuando D dijo esto ultimo, curiosamente había sentido una punzada en su pecho y a la ves los agrios bordes escondidos en las palabras anteriores del kami, como si existiera, algo que por mas que el quisiera saber, no podía, por que sencillamente lo había arrojado al rincón mas profundo de su inconciente.
Y en ese momento los ojos color miel se encontraron con los violetas, y el tiempo se detuvo, los recuerdos, los sueños, aquella persona que le visitaba con insistencia cada noche en sus vigilias estaba ahí, por fin se hacía realidad.
-es una promesa, en esta vida o en la otra nos encontraremos-
-¿por que Howell, por que nos traicionaste? – susurro el kami torciendo sus finos labios
-¿traicionarles?-
-por que te olvidaste de nosotros, cuando tu…. ¡juraste que no lo harías!-
Grito empujando lejos al humano y poniéndose de pie frente a este viéndole con una mirada fulminante…
- yo prometí cuidarte y encontrarme nuevamente contigo pero, no entiendo por que huiste de mi cuando nos hallamos hace 20 años atrás- dijo Howell defendiéndose mientras se paraba frente al kami para encararle
-¡Dijiste que me amabas, me juraste que me amarías solo a mi!-
-¡y eso no ha cambiado!-
-¡mientes!-grito con furia el asiático haciendo que las plantas a su alrededor comenzaran a brotar ágilmente convirtiéndose en enredaderas llenas de espinas que formaban un muro
-¡que haces!, escúchame D tienes que escucharme- dijo el humano al percatarse de cómo las plantas crecían sin control al rededor del
-¡No! Ya no quiero escuchar mas, ya no es necesario
-¡crees que te estuve persiguiendo estos 20 años para oírte decir esto! -
-¡No me interesa lo que tengas que decirme ahora, no me importan tus intenciones o tus sentimientos actuales, de todo lo que sentía ya no me queda nada oíste!
-mierda hablas demasiado, tu tampoco estuviste solo esperándome, o crees que no conocí a tu hijo, ¡Ja! ¡ felicidades es tu copia exacta!
-¿conociste a D?- pregunto desorientado, la noticia le tomo por sorpresa ya que jamás se hubiera esperado algo así
-si y también a su bebe, ¿debería felicitarte? tienes una familia perfecta, debes haber tenido una muy buena esposa-
-esposa, ¿de que hablas?…-volvió a preguntar sin entender bien lo que Howell decía
-digo que debió haber sido muy diestra para concebir semejante criatura- rebatió el humano molesto y de forma aguda. Howell buscaba molestar al kami con su comentario, estaba dolido, se sentía herido y traicionado, desde cuando se había enterado de la existencia del hijo de asiático.
-Incompetente, ¡eres un imbésil ignorante como todos los de tu raza!- estallo el kami mientras jalaba al hombre por la parte delantera de su camisa para arrinconarle contra la pared de espinas que se habían formado ensartándolo en ellas- escucha bien, estúpido humano, el único padre de mi hijo, es aquel con el que hice esa estúpida promesa de la que hoy me arrepiento y con el único con el que me acosté
-que… que acabas de, decir…-pregunto vacilante el hombre
-¡Se te olvida que no soy humano, se te olvida todo lo que te di y lo que deje para estar junto a ti, Howell has olvidado demasiadas cosas, y yo, ya no puedo perdonarte!
-ese chico es mi hijo… no, eso no es posible…- redundo el americano que aun no lograba digerir las palabras, ¡que ese chico era el hijo de ambos! Y si era así debieron haberle concebido años atrás antes que el muriera, pero el no recordaba haber sido conciente de aquello, por que si el hubiera sabido, jamás hubiera aceptado morir sin luchar por ambos, entonces, ¿Por que D le hubiera ocultado algo tan importante?, Oh… es que ni si quiera D mismo consiente de su condición en el momento en el que se sucedieron las cosas, y se ser así, quizás podría comenzar a entender la ira que el kami derramaba a diestra y siniestra cegado por el odio y la frustración de sentirse olvidado.
El humano sabia muy bien que la naturaleza de los kamis les hacia ser sumamente posesivos cuando se emparejaban sobretodo si se tenia en cuenta la vida solitaria a la que estaban condenados a llevar por que ellos sin ayuda de nadie podían concebir y aun así había querido molestarle al habarle de una esposa, también sabia que no eran seres que comprendían por si mismos la naturaleza de los sentimientos como tales ya que los humanos habían creado conceptos para nombrar las sensaciones que tenían y así tratar de comprenderlas, en cambio los kamis, ¡Dios! eran divinidades, semi dioses guardianes que estaba avocados a otras cosas y que además les veían a ellos a los seres humanos como los depredadores y enemigos mas grandes de toda la cadena alimenticia. Si se veía a si era obvio que el asiático sintiera que le habían traicionado al olvidarse por completo de su existencia, y aunque no fuera culpa de Howell los factores externos como la misma carga de llevar el estigma y pesar de su especie le habían echo actuar de esta manera.
-no me importa si no crees que es tu hijo, blanco o negro, rico o pobre ustedes los humanos siguen siendo siempre los mismos, y yo el muy idiota pensé que podían cambiar-
En ese momento el olor intenso a flores mezclado con otros aromas dulces empezó a llenar el lugar, el humano aun aprisionado por las enredaderas de espinas que se habían incrustado en su piel, sangraba lentamente, impotente ante lo que estaba viendo.
Aquel árbol ubicado en el centro era de donde una extraña flor brotaba y caía en forma de esporas que se repartían por el aire algo muy sospechoso si obviamente se estaba hablando de papa D.
-¿que es lo que vas a hacer?- cuestiono el hombre quien tenia por cierto un mal presentimiento al respecto
-debes recordar que en la universidad era muy respetado por mis estudios
- genética… ¡que- que locura estas planeando!
-voy a acabar de una vez con todo este espectáculo de traición, sufrimiento y rabia, la destrucción de los inocentes de la misma tierra debe ser de una vez vengada y ¡ustedes los humanos deben pagar toda nuestra cólera!
-¡estas loco!- grito el hombre
El kami sonrío dirigiéndose donde el humano a quien toco en el pecho donde habían rastros de sangre emanando producto de las espinas de las plantas, el asiático empapo sus dedos con la sangre del humano para después llevarla hasta sus labios y lamerlos manteniendo ese tinte enigmático de siempre…
-si, Howell, quizás este loco, tan loco como para matarte a ti antes que al resto de la humanidad…
En la tienda de mascotas Leon había decidido salir a buscar a D, el detective había cargado sus armas y llevaba municiones extras, tenia que estar preparado para lo que pudiera venir, el gran inconveniente de Leon en esos momentos era que no tenia idea de donde diablos podía ser su paradero pero eso no era algo que le iba a detener, el rubio estaba con la cabeza fría y decidido a hallarle, el americano se despidió de las mascotas y echó un vistazo a Chris quien sabia que había algo que andaba mal
-tranquilo estaré bien, traeré a D de regreso ¿rigth?- dijo Leon dándole una palmada de consuelo al pequeño
-pero hermano…
-campeón, tu eres el hombre de la casa ahora ¿bien? Debes encargarte de Darien, Pon Chan con madame sultana y tetzu te ayudaran, te prometo que regresare lo antes posible
-¿no vas a morir como mamá verdad?
-no, no moriré y traeré a D de regreso te lo juro Chris-
El rubio abrazo a su hermano le beso en la mejilla para después tomar a Darien y depositarle un beso en la frente mientras le decía
-Hey bebe, papi y mami tienen que arreglar un asunto pendiente, te portaras bien con tu tío Chris ok?- el bebe sonrió y extendió los brazos, entonces Leon supo al ver los rostros de ambos niños que morir no seria una opción en ninguna circunstancia.
El americano luego de despedirse se dirigió a la puerta de entrada del acceso principal de la tienda, giro la manilla y se disponía a salir cuando se encontró frente a frente con el mas viejo de los D.
-¿ sofu D?
-es bueno encontrarte aun aquí-dijo el viejo kami
-viejo, si andas buscando a D…
-lo se, es por eso que vine a verte, necesito que detengamos esta locura
-¿a que te refieres?
-mi hijo esta planeando liberar un virus que viaja a través de las esporas de las plantas, el virus es altamente contagioso y en poco tiempo es capaz de acabar con centenares de humanos, hay que detenerlo antes que…
-¡Que fucking locura es esa!, ¡espera un momento! ¿A ti no te conviene que desaparezca nuestra especie también?
-así es, pero no podemos sacarla de golpe, algo así desbarataría la cadena alimenticia y las consecuencias serian irremediables para todas las especies, además mi nieto es un mestizo y mi bisnieto también, y también podrían verse afectados
-entiendo, sabes donde se encuentran
-eso creo, no perdamos mas tiempo vamos.
-ok…
Había perdido la cuenta de cuantos tejados había saltado, y de también, cuanto tiempo llevaba circulando ágilmente por aquellos lugares. El viento tibio resoplaba contra su rostro mientras se paseaba por aquella senda con la gracia propia de un felino, verdaderamente D era el mito vivo de que los chinos también podían volar, y en aquel momento actuaba con la sutileza necesaria para no ser captado por el resto de las personas que circulaban por las calles a esas horas de la tarde, ignorantes además, de los peligros que se escondían de ellos.
El conde salto uno de los techos hasta posarse en lo que fuera una azotea de un edificio abandonado, parecía la vieja bodega de alguna de las tiendas de retail antiguas, D se detuvo para tomar un poco de aire, ya que ha decir verdad hacia tiempo en el que él no había echo aquel ejercicio y aunque su estado físico no era malo, debía acostumbrarse al ritmo de aquellas maniobras que resultaban ser bastante efectivas.
D se afirmo al borde de una de las barandas del lugar, mientras se detenía a mirar a la ciudad, la vista que le brindaba aquel sector era esplendida, respiro profundamente mientras intentaba calmarse, sabia que el tiempo que tenia para encontrar a su padre cada vez se hacia menos y de alguna manera tenia que ingeniar la forma de hallarle, para que le respondiera las preguntas que tenia pendientes.
Ya que aunque el asiático fuera prudente respecto a los peligros que le traería el encarar a su padre y con ello a su misma ira, también sabia a la perfección que eso era algo que tenia que hacer para acabar de una vez con todo lo que había empezado hace muchos años atrás, incluso antes de su mismo nacimiento. Por que de no ponerle un fin al asunto estaría exponiendo a sus seres queridos y D no quería ver sufrir a nadie más, aunque aquello le costara un precio demasiado alto.
El conde intento despejar una vez mas su cabeza cuando el rostro de Leon antes de salir de la tienda se le cruzo en su mente, él sabia, que quizás el americano no le perdonaría que le hubiera mentido de esa manera, ya que Leon a diferencia de él, había sido sincero. Le había dicho pese a todos los problemas que le traería la verdad, aún cuando nadie mas se había atrevido y le había contenido pese a la misma ira que el oriental había demostrado. En cambio él, el sencillamente había pensado egoístamente y había planeado la manera de abandonar todo inclusive a su mismo hijo para correr en búsqueda de un ajuste de cuentas que solo le serviría para satisfacer su ego adolorido. Y del cual incluso ni el, sabia si volvería en buen estado.
-Ah… Leon tendrás que perdonarme, pero yo…, no puedo…- se dijo una vez mas mientras se mordía su labio inferior haciendo que de este empezara a manar sangre.
Era un echo, el amaba a ese humano
Pero su naturaleza, su orgullo, su raza, era algo que iba mas allá del mismo
Por que aunque D hubiera decidido darle otro rumbo a su vida no podía renegar de su esencia, de la misma fuerza de su sangre y incluso de su verdadera naturaleza
Por que una rosa aunque se le trate de disfrazar siempre será una rosa
Jamás una Lila.
El conde suspiro, antes de emprender nuevamente el viaje, entonces a lo lejos sus ojos impares se centraron en uno de los rascacielos que a la lejanía parecía emitir un aspecto distinto, D observo de inmediato como la esencia de la madre tierra surgía desde aquel edificio y entonces supo, finalmente que había hallado a su padre.
Howell había caído al piso, luego de haber sido torturado tras varias horas, finalmente había sido liberado de enredaderas con espinas que le sostenían y le azotaban, dejándole caer semi inconciente y muy dañado. El humano miro de reojo a su alrededor enfocando con su vista entorpecida con la sangre lo que a pocos metros del acontecía, ahí estaba papa D sentado ignorándole casi por completo mientras tarareaba para si una melodía que hacia que las vid que estaban a su alrededor brotasen de forma vivaz enredándose unas con otras formando diminutos capullos.
-D…por favor…deja esta locura tu no puedes pretender hacer esto-
-¡Oh! Vesca querido aun estas con vida- dijo entonces el semi dios saludando al humano mientras sonreía
-¡D maldición atiende a lo que te digo, no puedes hacer pagar a todos por un asunto que es únicamente entre tu y yo! – grito Howell con las pocas fuerzas que le quedaban tratando de arrastrarse hasta donde el kami estaba sentado
- Shhh, Howell, no quiero escuchar mas, te lo dije- Dijo con rostro sonriente papa D, mientras jugueteaba con uno de los brotes que había crecido del césped el que tomo entre sus manos para arrancarle de un movimiento, mostrando sus raíces gruesas y ofuscadas.
-¿Qué-… que estas planeando?- pregunto no estando seguro siquiera de lo que decía…
-Mi querido, hay que darle un buen final al espectáculo antes de que se baje el telón ¿no crees?-
El hombre sintió una sacudida eléctrica en su cuerpo al escuchar esas palabras, ya que tubo la certeza de que ya no habría manera de hacer entender a D, sin embargo Howell no pararía de intentarlo, no se rendiría al menos hasta que esa mirada que el conde enfocaba en sus ojos violáceos desapareciera por completo, por que aquellos ojos reflejaban la bondad que ahora trataba de ser opacada, la misma bondad de hace años atrás en aquella época de las estaciones relucientes… cuando ambos eran felices…
Mientras tanto
Leon conducía lo mas rápido que podía su vehiculo por las calles de LA, a su costado, el mas viejo de los D iba sentado en el asiento del copiloto.
Aunque el kami intentara aparentar compostura era un echo, la tensión del mismo ambiente y mas aun la presión de ir en contra el tiempo le repercutía incluso a el mismo, y para que hablar de Detective quien trataba de concentrarse con toda su fuerza de voluntad posible, ya que, aunque el americano estaba acostumbrado a trabajar bajo presión, las cosas tomaban una postura totalmente distinta en el momento en el que se trataba de D.
Pronto estarían en el lugar, al menos eso le había indicado Sofu D al rubio cuando su perspectiva dio un vuelco total al ver la inmensa y estrecha fila de autos arrumbada en la larga avenida.
-¡Mierda, esto es lo que faltaba atrapados en la hora de mas trafico!, ¿y ahora que demonios se supone que haremos abuelo?- dijo el rubio muy molesto por lo que estaba viendo, ya que sacando cuentas no podrían salir de allí por al menos en la próxima hora
-deberías controlar tu vocabulario, no entiendo como mi nieto pudo fijarse en un ejemplar tan vulgar como tu – contesto el oriental mientras se cruzaba de brazos y levantaba su nariz al aire
-¿que no lo ves?, obviamente callo rendido a mi por mi gran parecido- alardeo el rubio
-definitivamente cualquier cosa menos tu lengua- asevero esta vez- aunque, mi pobre nieto ha de haber estado muy enfermo cuando se decidió por ti-gruño el mas viejo…
-¡Ok Ok!, ya basta , ahora entiendo de donde D saca todas las cosas que me dice a diario- se dijo para si mientras se rascaba la cabeza al borde de los nervios- escucha abuelo lo que necesitamos ahora es la manera de llegar rápido a…¿eh? ¿Que haces?
-espero que este en buena forma detective, lamentablemente tendremos que correr y dudo que usted quiera ser derrotado por un anciano o ¿me equivoco?-
-eres un… ¡esta bien!, pero ¡Hey! espérame-
Leon dejo el vehiculo prácticamente abandonado en medio del trafico, para salir corriendo tras Sofu D, quien a su sorpresa resultaba ser mucho mas ágil de lo que aparentaba con su frágil apariencia, no obstante Orcot se percato de que el a diferencia de D no se agotaba, ni descompensaba, y pensándolo así quizás se debía a que el era un descendiente puro de sus antepasados, no un mestizo como era el caso de D.
-Hey viejo, hay algo que no comprendo bien, ¿como es que Howell desconoce incluso la existencia de D?
-no la desconoce
-que, pe, pero si el dijo que…
-el sabia muy bien que serian padres, y por eso decidió adelantar su muerte y reencarnarse para poder estar con su familia.
-pero ¿no era mas fácil ir a la fuente de la juventud y obtener la eternidad?
- imposible, su estado era tan delicado que una simple fiebre le hubiera matado, y tu sabes que para que la fuente surja efecto debes adaptar tu cuerpo al cambio que puede resultar ser muy violento.
-aun así, eso no es una justificación, si yo hubiera estado en su lugar hubiera corrido el riesgo pero jamás hubiera abandonado a la persona que amo-
-lo se, sé muy bien que la clase de amor que experimentas por mi nieto es diferente a la que uno puede imaginar, pero ese hombre también amaba con locura a mi hijo-
-¿entonces por que los abandono?
-mi hijo le convenció de hacer aquello, después de todo el periodo de crecimiento durante el embarazo de un kami es relativo, ya ves a mi nieto aparenta tener 20 años humanos pero lleva en sus hombros mas de 100 años mortales, el creyó que si conseguía que Howell se reencarnara en un cuerpo mas saludable, luego podrían ser finalmente felices como una familia
-pero no resulto, el se olvido de ellos- volvió a remarcar Leon
-no, el no se olvido
-entonces…- pregunto el americano cruzándose de brazos
-yo fui, quien…. le hizo olvidar
-¿¡que usted hizo que!
-yo, fui muy soberbio, y cuando me entere de lo que estaba sucediendo, la sola idea de un mestizo en mi familia me trastornaba, pero aun así amaba demasiado a mi hijo como para enfrentarle, por eso planee todo con mucha cautela, pensaba que si ese hombre olvidaba a mi hijo y a mi nieto el jamás lo perdonaría, así fue que cuando me entere de que finalmente Howell se había reencarnado y que ya estaba en edad de recordar le hice una visita. Borre de su cabeza lo mas importante y lo demás lo deje en su inconciente para que solo lo viera en sueños, cuando mi hijo se encontró con el hombre sencillamente no le reconoció, y eso le quebró el corazón a D, nunca pensé que el enloquecería por la tristeza hasta llegar a este punto…
-¡que Diablos, todo esto es su maldita culpa!- exclamo el rubio no estando aun seguro de que lo que había escuchado era cierto
-asi es, fue un calculo impropio y desafortunado de mi parte- dijo el mayor de los kamis
Leo se le quedo viendo aturdido, es que sencillamente no podía creer que aquel hombre hablara de aquello con tanta tranquilidad, no era posible que mantuviera la calma aun reconociendo que el mismo era el causante de tanto dolor en su misma sangre.
La rabia cegaba poco a poco al detective con grandes marejadas de inconsistencia inyectadas a sus mismas emociones, por que si bien, bajo los años de experiencia en su profesión había tenido que presenciar diversas atrocidades, siempre existía un instante en el que el arrepentimiento hacia amago y aquel lado lleno de luz afloraba por si solo.
Pero en este caso no era lo mismo, quizás se debía a que no sentía remordimiento por lo ocurrido, o tal vez por que sencillamente no era humano.
Aun así, todo ser vivo si importar cual sea, tiene el don de sentir, y Leon se rehusaba a creer en lo contrario.
Por eso en un intento desesperado empujo al kami mientras lo tomaba por los hombros para sacudirlo duramente.
- ¡Su hijo y su nieto, podrían terminar matándose por esto, y usted no hace nada mas que decirlo con la frialdad de un desconocido, o es que no entiende las consecuencias de sus actos maldito estupido arrogante!-
Sofu D le miro detenidamente, intuyo de por si y se admiro de paso por aquella pasión con la que Leon le estaba confrontando, y entonces por fin supo lo que su nieto había visto en aquel humano.
El kami se deshizo de las manos del rubio mientras le miraba fijo y le decía:
-podemos quedarnos aquí a discutir mientras usted me golpea o podemos aun intentar evitar lo inevitable-
-eres un bastardo egoísta acaso, ¿no sabes lo que es sentir culpa?-
-¿Crees que si no me importara lo que esta sucediendo estaría hablando contigo?
-tskk…
- escuche señor Orcot, no le pido que confíe en mi, solo quiero que cooperemos entre nosotros por esta ocasión, yo pienso que mi hijo me escuchara en algún momento y creo también que mi nieto al único que oirá es a usted, pero para eso necesitamos agilizarnos y llegar a ellos lo antes posible -
-y como pretendes hacer eso genio, o acaso ¿volaremos hasta allá?- dijo Leon irónicamente
-no es una mala idea- contestó con una media sonrisa el oriental
- No definitivamente ¡no!, solo vamos por tierra Right?- se retracto el americano nervioso
-muy bien como usted desee, estimado detective-
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Llevaba viéndole durante minutos, quizás horas, aquella planta extraña que papa D tenia entre sus manos no hacia mas que inquietarle era diferente a las otras que brotaban a su alrededor, La raíz gruesa, larga, dividida en dos ramificaciones de color blancuzco, con hojas de color verdoso y flores blancas, ligeramente teñidas de púrpura, sabia que antes la había visto, pero ¿donde? Aún así, ahora que demonios importaba.
-¿te gusta?- dijo el conde capturándole con la mirada
Vesca aun estaba muy mal herido, le costaba moverse por los cortes que había recibido de los rosales, los que aún no dejaban de sangrar, y a razón de ello el hombre estaba sentado afirmando su espalda en lo que venia siendo un muro de hiedras.
El hombre fijo sus ojos miel en aquel asiático viendo esta vez como de un movimiento el conde arrancaba aquella planta ocasionando que un chillido increíble fuera emitido por aquella misma, Howell pensó que la falta de sangre le estaba ocasionando alucinaciones.
-no es tu imaginación
-que?
-así es, esta planta cuando se le arranca del suelo lanza un chillido. Antiguamente decían que estaba poseída o que era un humano que había caído con algún tipo de maldición, se llama Mandrágora al menos, así le llaman ustedes, los humanos.
Howell le seguía observando en silencio, sinceramente no sabia que demonios decir en aquellos instantes, ni menos aun como reaccionar, repentinamente parecía que la ira en el papa D se había disipado, aunque el no daba fe de ello, quizás era por el momento, si de seguro tendría que ser eso
-hacia mucho que no arrancaba una de estas- susurro el kami con bordes agrietados
-¿por que?- se atrevió a preguntar Howell al ver esa expresión de desolación, esa expresión casi humana.
-¿por que?, ajaja, no es posible, acaso tampoco recuerdas ¿eso?
-¿eso ?-pregunto de nuevo el humano que ya estaba agotado de no saber que estaba sucediendo, – D, se que debería saber mas de lo que aparento, pero por alguna razón no logro recordar nada, los únicos recuerdos que tengo son vagos y casi borrosos, pero aun así, aun así cuando te vi de nuevo, me volví a enamorar de ti.
-¿verdaderamente me amaste antes?- cuestiono ausente el asiático jugueteando con la planta mostrando una sonrisa hueca
- por su puesto-
-¿como puedes saberlo si no lo recuerdas Vesca?-
-yo, no lo se, pero estoy seguro que este sentimiento no fue forjado de un día a otro- dijo el hombre acercándose con todas sus fuerzas hasta el oriental, lo suficiente como para poder tocarle
-¿como?-
-¿que?-
-¿Cómo puedo confiar en ti nuevamente y pasar por alto tanto dolor?- dijo finalmente acongojado el semi dios, Howell se quedo sin palabras, no sabia muy bien que responder pero tenia que decirle algo de alguna manera
-no te pido que confíes en mi, solo te pido que…-
Entonces un dedo fino se posesiono en sus labios haciéndolo callar mientras mecía su cabeza de un lado a otro en señal negativa
-shh…-
-¿D?
-ya es tarde amor mío ya te lo dije, es muy tarde para dar si quiera un paso atrás…- susurro el kami en uno de los oídos del humano
-¡No puedes querer, eso, el D que yo conocía no podría jamás haber querido eso!
- Ese D, murió el mismo día en que lo olvidaste
-¡No, eso no es verdad! ¡No puedes pensar de esa manera, No ahora que por fin te encontré maldición ¡
-¿me preguntaste que era esta planta recuerdas?
-si pero…
-con esta planta hace muchos años a tras te di muerte Vesca-
Mencionó el kami mientras le susurraba muy de cerca, tan cerca que incluso le robo un beso leve, ligero, y quizás el último, dejando atónito al humano antes de separarse de el y posicionarse de frente para decirle…
-Y con esta misma planta pondremos fin a todo este asunto-
ConTiNuaRa…
