Brennan acercó más el taburete al de Booth y se sentó.

- ¿Va todo bien? - le preguntó al oído.

- Si, claro, es genial, me lo estoy pasando muy bien. ¿Por qué lo preguntas? - Dijo sin mirarla.

- Pues porque ya llevas cinco copas, y no te has movido de esta silla. Porque normalmente tú eres el líder de las reuniones sociales y hoy no has participado nada, y porque hasta yo me doy cuenta de que estás triste. Sabes que puedes confiar en mi, somos amigos.

Booth sonrió. Échaba de menos sus confidencias, sus "no secretos".

- No pasa nada, Huesos, un mal día, eso es todo - mintió.

- ¿Y se puede saber qué ha hecho que el día haya sido malo? -preguntó ella inocentemente.

- ¿No deberías estar con Mike?, seguro que te está echando de menos.

- No, es imposible que me eche de menos, hace tan solo un minuto que estoy aquí.

Booth la miró. No bromeaba, ella era así. Y por eso él la adoraba, por eso era su Huesos.

Ella le miró también. Y por un momento ambos parecieron recordar todas las miradas que habían compartido, todas las cosas que se habían dicho sin palabras ... y con ello todo lo que habían vivido juntos hasta entonces.

Brennan tuvo que tragar saliva, los ojos se le llenaron de lágrimas y por su gesto parecía que iba a ponerse a llorar.

-Eh, eh, Huesos ¿qué te pasa? - le preguntó Booth mientras pasaba su brazo por los hombros de ella acercando sus caras.

Ella hundió su rostro en el hombro de él y no pudo contener un sollozo. Le echó los brazos alrededor del cuello y le abrazó. Él la rodeo con su cuerpo acariciándole suavemente la espalda con las manos. Fue como siempre había sido, su "abrazo de tíos".

Se mantuvieron unidos, para ellos el tiempo se había detenido.

Las caras ocultas en el cuello del otro, intentando contener las lágrimas que se escapaban sin control, apretando tanto el abrazo que podían sentir los latidos del corazón del otro.

Booth la atraía contra él, quería tenerla todavía más cerca. ¡Dios como la había echado de menos!. No podía dejarla ir una vez más, no podría sobrevivir sin ella. No quería volver a engañarse con respecto a eso.

Brennan no quería soltarle, se sentía bien cuando Booth la abrazaba, se sentía segura y protegida, y sobre todo, se sentía querida.

Echaba tanto de menos esos abrazos… ella era consciente de que las cosas habían cambiado. Ella y Booth se habían distanciado.

Los abrazos eran una de tantas cosas que habían dejado de compartir. Sin embargo hoy lo necesitaba, necesitaba sentir una vez más lo que solo los brazos de su compañero podían darle.

Ella, por fin, había aceptado su pérdida, había asumido que él, definitivamente había pasado página y que ahora era su turno de hacer lo mismo. Éste, probablemente sería su último abrazo. y esas lágrimas que no podía contener le estaban dejando claro lo poco que a su corazón le gustaba la idea.

Cam y Ángela les observaban desde la otra punta del bar. Se miraron e hicieron un gesto de mutua comprensión. Ambas sabían lo que estaba pasando y que aquello tenía una única solución posible.

Ángela buscó a Mike con la mirada. No quería que nadie fastidiara ese momento que Booth y Brennan tanto estaban necesitando. No había peligro, el arqueólogo estaba entretenido hablando con Hodgins.

Sin embargo, Hannah acababa de entrar en el bar y se dirigía directamente hacia Booth y Brennan.

Ángela la llamó intentado desviar su atención, Cam corrió hacia ella... pero no le dió tiempo. Hannah ya estaba hablando con ellos:

- Eh, dejad algo para los demás ¿no?. - Les dijo en tono aparentemente alegre. - Supongo que este será un abrazo de compañeros ¿verdad?

- ¡Hannah! – exclamó Booth limpiándose las lágrimas y separándose con desgana de Brennan - al final has podido venir, que bien.

- Si, acabamos antes de lo previsto ¿ha ocurrido algo malo? - preguntó.

- No, no ¿por qué lo preguntas? - Booth miraba a Brennan que vuelta de espaldas se secaba la cara con un pañuelo.

- Pues porque vosotros dos no teneis caras de alegría precisamente... - contestó mirando con detenimiento la cara de su novio.

- Oh, no, nada de eso. ¿Quieres una copa? - cambió de tema.

- Si, por favor, ¿Brennan tú quieres otra? - Ahora era el rostro de Brennan el que atraía la atención de Hannah.

- Eh, no, gracias, yo… tengo que ir al baño. - contestó Brennan mientras se alejaba de la pareja.

Hannah observaba el rostro de Booth mientras él seguía a Brennan con la mirada.

Cuando se volvió se encontró con la inquisidora cara de su novia.

- ¿Y bien? – preguntó ella – ¿me lo vas a contar o voy a tener que averiguarlo por mis propios medios?

- ¿El qué, exactamente? – se hizo el tonto Booth mientras hacia un gesto al camarero pidiéndole una copa para Hannah y otra para él.

- Oh, vamos, Seeley, ¿crees que soy tonta? Cualquiera podría darse cuenta de que aquí está pasando algo. Así que venga, habla, te escucho.

Booth necesitaba pensar algo rápido.

Hannah era muy lista, y muy observadora. Iba a ser muy complicado explicarle porque él y Brennan se estaban abrazando y porque los ojos de ambos estaban llenos de lágrimas. Él ni siquiera sabía porque Brennan estaba tan triste, lo único que sabía es que ella le había necesitado y él había estado ahí para ella, y eso, en el fondo, le hacía sentir bien.

- Sigo esperando, cariño – se impacientó Hannah,

- ¿Eh?, Nada, en serio, no ha pasado nada. Solo le estaba dando la enhorabuena a Brennan por su nuevo novio, ella está muy feliz y yo me alegro mucho por ella – mintió- Yo le he conocido esta noche. Te va a encantar, es como Indiana Jones pero sin sombrero – intentó bromear.

-¿En serio? Eso tengo que verlo… Brennan, Brennan – la llamó al verla salir del baño. ¿Es cierto que tienes un nuevo novio? Tienes que presentármelo ¿Cómo no me habías dicho nada?

Brennan todavía estaba un poco aturdida. Pero no tardó en reaccionar.

- ¿Novio? Ah, si, Mike, ven te lo presentaré, está allí hablando con Hodgins.

Las dos mujeres se dirigieron al otro lado del bar en busca de Mike.

Booth suspiró aliviado, de momento se había librado del chaparrón, pero sabía que esa tormenta tenía que estallar más pronto o más tarde.

Veía desde su posición como Brennan presentaba a Mike y a Hannah, y como ésta interrogaba a ambos, se imaginó que sobre su relación. Él ya sabía todo lo que necesitaba saber, es más, ojalá no hubiera sabido nada…

Observaba a Brennan. Le preocupaba. Algo no iba bien, ella no lloraba así como así.

En otros tiempos la habría llevado a casa, se habrían tomado unas copas y habrían hablado tranquilamente. Ella le habría contado sus penas y él la hubiera consolado. Pero ahora, maldita sea, no podía ni siquiera ejercer de mejor amigo.

Apuró su copa una vez más.

Hannah tendrá que conducir de vuelta a casa –pensó- creo que he bebido demasiado.

Aún así pidió otra copa.